miércoles, 26 de diciembre de 2007

FELIZ 2008 a LOS LECTORES


Reinaldo Cedeño Pineda


Hace casi dos meses inicié la aventura de un blog personal, desde mi experiencia periodística.

Un blog cultural, con artículos, poemas, relatos y opinión. Hecho desde Cuba, desde una modesta conexión. Hecho con sinceridad.

Es una botella lanzada al ciberespacio. Y ha sido más de lo esperado. Muchos han tomado sus mensajes.

Sepan que me han dado mucha alegría.

No tengo manos para abrazar a aquellos que se han tomado un tiempo para escribirme, los que me han visitado una vez, los que llegan ahora mismo, los que han decidido continuar visitándome. Y los colegas blogueros que incluso, con suma generosidad, han puesto un link en los suyos a La Isla y... LA ESPINA.

De todas formas les abrazo, donde estén, y ahora mismo.

He ganado amigos y amigas, que presumo, tal vez sean para siempre.

La isla...y LA ESPINA ha sido una aventura, un reto y una fiesta. En el top 10 de lectores, van marcando la punta: España (en especial Madrid y Barcelona), Estados Unidos y mi Cuba. De muy cerca, México, Argentina, Chile, Perú, Venezuela, Colombia y el Reino Unido.

Alguna vez, desde toda América Latina, desde Sudamérica y Centroamérica; desde mi querido Caribe: República Dominicana y Puerto Rico, alguien ha hecho clic.

También he ganado lectores en Francia, Suecia, Canadá, la República Checa, Italia, Grecia, Bulgaria, Italia, Holanda, Suiza, Austria, Bélgica…

Y en Australia, Japón, Sudáfrica, Afganistán, Israel, Marruecos, India…

Brindo por eso.

Ya les quiero.

PD: La ciudad de Santiago de Cuba, donde vivo, tiene la tradición de despedir el año en un acto público llamado Fiesta de la Bandera. Lo hace desde el albor del siglo veinte.

Descargas culturales, campanadas, la banda de música, el pueblo... todos se reúnen en el Parque de Céspedes, corazón de la ciudad, frente al Ayuntamiento. Justo a las doce de la noche, se iza la bandera en un mástil de su fachada.

La tradición afirma que si la bandera flota será un buen año; de lo contrario, no son buenos los augurios.

Para los santiagueros siempre flota en nuestro interior.

Yo, como muchos, despediremos el año en una cena familiar, con lechón asado, congrí y ñame. O con lo que podamos. Lo importante es que la familia esté junta.

En nombre de ellos y el mío, le deseo

FELIZ 2008

Reinaldo Cedeño Pineda


LA REVOLUCIÓN SECUESTRADA

Reinaldo Cedeño Pineda


He buscado todas las explicaciones a mi alcance: en los que alguna vez estudiaron allí, en las películas, en los habitantes de aquel enorme país que el azar me puso delante….

He buscado explicaciones en los libros y he leído más de uno… pero nunca encontré satisfacción para mis interrogantes. Nunca me convencían.

¿Cómo pudo suceder?

De la Unión Soviética nos llegaban las compotas de manzana y el petróleo, las cuchillas de afeitar y las locomotoras, los sistemas de construcción y la mantequilla, los bombillos y los aviones, las revistas de páginas en colores con que forrábamos los cuadernos escolares...

En televisores rusos vimos los impresionantes salones del PCUS con la efigie de Lenin y el Mausoleo, el Osita Misha y los gigantescos desfiles en la Plaza Roja, el despegue de sus cohetes al cosmos y los muñequitos… rusos.

Todavía recuerdo al lobo y la liebre en el eterno “Deja que yo te coja”. Y la princesa convertida en “Plumita de oro” por una maga anciana.

Ante el bloqueo norteamericano, la Unión Soviética nos había echado una mano; que digo una mano… el cuerpo entero.

¿Quién podía escamotear la admiración que la mayoría de los cubanos sentíamos por la Unión Soviética?

Octubre había tomado el cielo por asalto. En 1917, había asumido el poder el primer estado de obreros y campesinos de la historia de la humanidad; pero…

¿Cómo se pudo derrumbar todo aquello?

Me he encontrado un libro: Rusia del socialismo real al capitalismo real (Editorial de Ciencias Sociales, 2005, La Habana) que me ha conmovido.

Sus autores son los de los investigadores y profesores cubanos Ariel Dacal Díaz (Universidad de la Habana) y Francisco Brown Infante (Instituto Superior de Relaciones Internacionales, ISRI).


He leído sus páginas con avidez. Y me he quedado justo en aquel día, cuando comentaba con mis compañeritos de aula, el vuelo del cosmonauta cubano Arnaldo Tamayo en una nave Soyuz del programa Intercosmos.

Entonces, la Unión Soviética nos parecía tan grande como el espacio….

Ahora leo lo que dice en el prólogo Alan Woods desde Londres:

“Si en la Unión Soviética había socialismo de verdad, ¿cómo es posible que de la noche a la mañana, la aplastante mayoría de los dirigentes de ese partido se pasase al capitalismo, con la misma facilidad que un hombre se traslada de un vagón de fumadores a uno de no fumadores en un tren?

“La auténtica razón nos la proporciona los autores del libro, cuando explican que le derrumbe de la Unión Soviética no fue un mero accidente, como un rayo que cae de un cielo azul. Se trataba de un largo proceso de degeneración burocrática que apartaba a la Revolución de sus auténticas tradiciones proletarias, democráticas e internacionalistas.”[i]

Estas son algunas de las ideas del libro, algunas de mis propias vivencias que quiero compartir con usted:

La burguesía roja


“La desintegración de la URSS dejó tras de sí una enorme estela de preguntas, reflexiones, análisis, reconceptualizaciones, etc […][ii]

“Para iniciar el análisis […] y comprender el conjunto de aspectos y tendencias que se generó dentro y fuera de sus fronteras, es necesario dar respuesta, o al menos intentarlo, a la pregunta ¿quiénes detentaron el poder en la Unión Soviética? […] (p.4)

“[…] el poder soviético estuvo forzado a utilizar individuos del aparato gubernamental anterior, e incorporó al personal técnico y especializado que, posterior y progresivamente, sería un ingrediente esencial de la burocracia. Esto sedimentó el desempeñó pequeñoburgués de la nueva casta que se haría del poder, la que se expandió y creció durante el período soviético, con manifestaciones y características disímiles dormitando durante décadas los sedimentos, las aspiraciones y los intereses pequeñoburgueses en las capas dirigentes soviéticas, sin que fuera reconocida su existencia […] (p. 5)

“El proceso de burocratización tuvo sus orígenes desde el inicio mismo de la Revolución, frente a lo cual Lenin y otros revolucionarios destacados hicieron reiteradas –y en ocasiones agónicas– llamadas de alerta. […] Trostki destacó que estos hombres no hubieran s ido capaces de hacer la revolución, pero han sido los mejor adaptados para explotarla.[iii] […]

“Por mucho poder que adquiriera se necesitaba de ciertas fuerzas sociales que le sirvieran de base para su posición de control político, dando el viso de consenso y legitimidad a su dominación […] La capa burocrática se encargó de distribuir […], y se permitía privilegios importantes. (p.6)

“Como materia prima para la actividad “ideológica” de quienes detentaron el poder en la URSS estaban las grandes masas de analfabetos que fueron ciertamente sacadas de la oscuridad y del mismo modo manejadas fácilmente […] Con una burguesía débil ésta asimiló sus costumbres y fue la única capa social privilegiada y dominante. En este sentido algunos autores la denominan “burguesía roja”, que […] hasta los minutos finales del socialismo europeo, ocultó su prevalencia y fingió su existencia como grupo. (p.6)

“La burocracia se privilegió del poder estatal, pues estaba fuera del poder de las masas, y era en teoría la representante de sus intereses […] pero eran los que […] dirigían la economía, extendían o restringían tal o cual rama de la producción, fijaban los precios, articulaban el reparto y utilizaban los recursos para su autoreproducción. […] (p.7)

“El mariscal, el director de una empresa, el hijo de un ministro, disfrutan del apartamento, de villa de descanso, de automóviles, escuelas para sus hijos, clínicas reservadas y otras muchas prebendas a las que no tenían acceso la sirvienta del primero, el peón del segundo y el vagabundo: Para el primer grupo, esa diferencia no era un problema. Para el segundo era lo más importante. (p.7)

Con el transcurso del tiempo, sobre todo a fines de los años setentas (Sic), se acuñó en el campo socialista el término “ellos y nosotros”, manera de concientizar esas diferencias que se fueron revelando, que tenía raíces bien profundas, señaladas tempranamente por muchos revolucionarios y que manifestaban la estratificación de la sociedad. (p.7)

La verdad infalible

“[…] la principal y única fuerza política lo fue durante décadas el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), cuyos líderes tenían el monopolio del poder en sus manos. […] (p.9)

“[…] la estructura bolchevique se verticalizó en extremo, lo que impuso un carácter mesiánico al partido, el cual justificaba el monopolio del poder cada vez más generalizado […] la dirección que hizo Lenin del partido no fue totalitaria como la de su sucesor Iósif Stalin. Hasta 1921 había fracciones y tendencias diferentes dentro de los bolcheviques, quedaban algunos partidos legales […] nunca intentó imponer la unanimidad monolítica dentro de la organización, sino un espacio de discusión permanente, en la búsqueda de soluciones de izquierda frente a la situación adversa que vivía el país […] (p.9-10)

“Lenin había preparado al Partido Bolchevique para dirigir a los obreros, no para domarlos o subyugarlos.[iv]En esas circunstancias el llamado “centralismo democrático” se fue reduciendo a la primera palabra. (p.10)

“Como elemento distintivo del modelo político soviético desde la etapa de Stalin y hasta los últimos años de existencia de la Unión Soviética, el sistema requirió de una extrema supremacía del Partido Comunista de la Unión Soviética, mediante la supresión de todas las fuerzas sociales que no estaban controladas y subordinadas a él, o al menos de sus posibilidades de acción. El partido […] se hizo del gobierno y cumplió las funciones de éste (razón por la cual se le conoce como el partido-Estado). En la práctica política soviética se impuso como regla que el Buró Político siempre tenía razón y no cabía la opinión válida en su contra […] (p.11)

“En la sociedad política y civil no hubo una instancia de carácter masivo que estuviera fuera del alcance del partido-Estado; todas eran reproductoras de los dictámenes políticos […] (p.11)

Como efecto, el individuo creó un mecanismo casi instintivo de incapacidad para dar respuestas a los problemas que se le presentaban en su radio de acción […] se les privó de la capacidad de saber qué era bueno y qué era malo en correspondencia con su propia capacidad y criterios políticos. (p.13)

“El partido practicó la omnipotencia política. En esas circunstancias era un status social de importancia suprema la de pertenecer a la dirigencia partidista, aunque no fuera una garantía de total inmunidad pues mientras más bajo fuera el nivel de poder ostentado crecían las posibilidades de “sanciones por traicionar los intereses del pueblo”, modo típico de buscar “chivos expiatorios” para justificar errores de la alta dirigencia. (p.13)

“Aunque no es menos cierto que muchos dirigentes, principalmente en las primeras décadas, tenían una creencia genuina de que aquello era el socialismo y que lo estaban defendiendo de enemigos internos y externos, en esas condiciones fueron generados aspectos nocivos como la corrupción, el abuso de poder y el nepotismo. Cada vez quedaba más lejano el carácter de vanguardia del partido, su función de aglutinar lo mejor de la sociedad en su seno, y a su vez lo convertía en un vehículo para alcanzar privilegios y lograr ciertos espacios sociales […] (p.12)

“El tema de pertenecer a la organización política no sólo era necesario a quien pretendiese hacer “carrera política”, sino a todo ciudadano que aspiraba, desde el más diverso puesto profesional a ascender y tener éxito en la rama en la que laboraba. Puestos de trabajo, cargos, reconocimientos y otras valoraciones que debieron estar sujetas a la calidad profesional, al talento, al aporte social, eran cautivos de la pertenencia la partido, de la “tenencia del carné” lo que sin duda favoreció en muchos casos las ventajas de la mediocridad y el oportunismo frente a la virtud y el talento”. (p.14) […]

“Ese estado de cosas generaba rumores, chistes, apatía y conducía al estancamiento de los temas y las ideas. No se establecían espacios públicos para el esclarecimiento de informaciones con respecto a temas nacionales e internacionales […] la propaganda capitalista […] alentaba el descrédito del socialismo, basada fundamentalmente en la incitación al consumo y la libertad, lo que lógicamente surtía efecto en una población necesitada de consumo y libertades básicas. (p.16) […]

“En los años posteriores a la muerte de Lenin la teoría fue vulgarizada en manuales rígidos […] se desnaturalizó el marxismo y se le esgrimió como una doctrina recia, invariable, justificadora más que aclaradora. Al pensamiento social se le puso una camisa de fuerza […] (p. 17)

“Como tendencia general, los estudiantes, una vez que aprobaban el examen concerniente a la filosofía marxista-leninista, olvidaban todo lo que habían aprendido, pues el conocimiento que adquirían por ese método distaba mucho de ser útil”. (p.17)

Es sobre todo en su materia autoritaria donde debe buscarse la razón de la crisis que hundió al régimen soviético. Su falta de participación real y la inexistencia de espacios de contestación y control del poder afectaron todos los niveles de la vida, desde el funcionamiento económico hasta la lucha étnica. […] Frente a tal impunidad e imposibilidad de impugnación en su contra se sucedió la autocomplacencia de las autoridades soviéticas por los logros alcanzados, lo que hizo que perdieran credibilidad y fuerza moral ante las masas. (p.17) […]

“Bajo el pretexto de ser el guía de la sociedad, el PCUS se convirtió en una maquinaria que frenó, desvirtuó y violentó los procesos del desarrollo social que significaban la creación consciente de la nueva sociedad.

“Una muestra de ese desatino catastrófico fue intentar diluir la individualidad en un colectivo cada vez más abstracto, con irrespeto marcado a lo distinto, al esquematizar un modelo de ciudadano recio, inflexible, como si el hombre soñado pudiera realizarse por decreto […]

Un tema heredado de la burguesía fue el de la libertad de pensamiento. El marxismo dogmático retrocedió asustado ante el tema. Careció de imaginación democrática, y sin ella se pierde la condición revolucionaria. [v] Este y otros temas fueron manejados con peculiar torpeza (democracia, sociedad civil, derechos humanos) […] (p.18)

La economía

Ariel Dacal y Francisco Brown destacan en un capítulo titulado “Apuntes sobre la economía soviética” un inicio difícil para su economía: “la construcción de una nueva sociedad de modo aislada y hostigada” que tenía ante sí “la tarea colosal de modernizar aquel país heterogéneo y atrasado y sacarlo del oscurantismo” (p.20)

“El viejo capitalista era capaz de comerciar con el campesino, servirle las mercancías que éste necesitaba sin detenerse a “discutir sobre comunismo”. (p. 22)

“Los autores recuerdan los análisis leninistas sobre la emulación entre la empresa capitalista y la comunista: “o pasamos esta prueba con el capital privado o fracasamos por completo (…) lo que nos falta es cultura en el sector de los comunistas que desempeñan cargos de dirección”. (p. 22)

Y agregan:

“Esa cultura jamás fue alcanzada. La idea fue ahogada. Al morir el genio de la Revolución: Vladimir Ilich Lenin (1924), se hace del poder, mediante sucias maniobras, Iósif Stalin, quien desarrolló la llamada “Edad de Hierro” en la URSS, caracterizada en lo económico por una acometida industrializadora, más parecida a una campaña militar que a una empresa económica. (p. 22)

“A partir de 1928 se sustituyó la NEP (Nueva Política Económica) por los planes quinquenales […] que tenía el objetivo de crear grandes empresas más que gestionarlas eficientemente. Era un sistema de “ordeno y mando” que funcionaba en gran medida con el esfuerzo sobrehumano de la población. […] (p. 23)

Los autores insisten en las políticas forzadas o ineficientes de colectivización: “el tema del agro fue insoluble durante la época soviética”. (p. 24)

“Con la hipercentralización económica […] la casta dirigente soviética […] manejaba hasta el más mínimo detalle los hilos de la producción frente a un andamiaje mediocre de niveles intermedios compuestos por técnicos, gerentes y especialistas; fue una verdadera plaga que era imposible desmontar a lo largo de la existencia de la URSS […]. (p.24)

“El carácter socialista de la producción estatal no se materializó, pues ésta era dominada por los elementos burocráticos-administrativos, lo que impedía a las empresas unidades productivas la autorreproducción ampliada sobre la base de factores verdaderamente económicos” (p.25) y los trabajadores “no participaron de forma activa y real en disposición, utilización, dirección y apropiación del trabajo”. (p. 25)

Con estoicismo –pero a un costo que a la larga resultó agotador–, la URSS se convirtió en la segunda economía del mundo, tras la Segunda Guerra Mundial. Es admirable que un país de origen semifeudal haya sido capaz de superar a la Alemania nazi, rearmada e industrial, en una batalla decisiva para la humanidad.

Sin embargo, los ritmos económicos fueron decayendo “el modelo de ordeno y mando, basado en la vía extensiva de desarrollo, con déficit crónico de mercancías […] agotó sus posibilidades a partir de los años setentas (sic)” y durante la etapa de Brézhnev hubo una estabilidad aparente, “gracias a las divisas que recibió el erario soviético por sus ventas de crudos” […] lo que permitió a los administradores de la URSS llenar los almacenes con productos importados desde Occidente”. (p.28)

“Llegada la última década del socialismo real en la URSS, se había acumulado una situación explosiva, derivada en lo económico por el cúmulo de errores […] para 1985, más del 50 % de sus exportaciones eran sólo de petróleo y gas” (p.28-29)

Asombra leer esto del país más grande del mundo:

“La economía se tornaba cada vez más al trueque y la bolsa negra, era un mercado tan grande como el estatal.

La URSS presentaba una estructura comercial propia de países subdesarrollados. Era exportadora de materias primas y combustibles, e importadora de productos industriales y de alta tecnología […]”. (p.29)

En resumen, se fue acumulando un atraso tecnológico, hubo una ruptura “entre el crecimiento del bienestar y la actividad laboral de los trabajadores […] desatención a los costos, el proceso productivo y a la calidad y escasa competitividad de muchos productos […] la economía fue presa de una centralización estatal férrea supeditada al dogmatismo político.

Los ochenta

La historia de la URSS, a lo largo de sus 74 años de existencia, se puede sintetizar en alternativas entre reformismos y conservadurismo, con prevalencia, las más de las veces, de este último. Comenzando por el cambio de la economía de guerra a la NEP y de ésta a los cambios quinquenales, pasando del “deshielo” encabezado por Nikita Jrushchov al estancamiento del período de Brézhnev (1964-1982), hasta llegar a la última reforma realizada por Mijaíl Gorbachov, cada momento estuvo matizado no sólo por lo económico sino por temas de “tolerancia” política.

“Por tal razón las reformas iniciadas por la dirigencia encabezada por Gorbachov, ni tan siquiera tuvieron su primera manifestación desde ese momento.” (p.30)

Los autores refieren las modificaciones de la época de Jrushchov: “una inversión civil mayor (lanzamiento del primer sputnik), una campaña de roturación de tierras vírgenes”, cierta descentralización económica y “la disminución del miedo ciudadano […] que encontró el centro en las críticas en el “culto de la personalidad” (p.31-32)

En 1964, Jrushchov fue removido de su cargo.

Leo con pasmo las causas que entonces se esquivaron: había entrado “en contradicciones con los intereses del aparato partidista, en realidad contra los intereses del sector más conservador de la burocracia que ostentaba el poder […]”. (p.32)

Mis primeros recuerdos de la URSS son de los tiempos de Brézhnev, que según Ariel Dacal y Francisco Brown, resultaron “los años de mayor estancamiento y conservadurismo”. (p.32)

Un “grupo de burócratas veteranos se consagró durante el mandato de Brézhnev” (p.35) y es “precisamente en la década de los años ochentas (Sic) cuando se extiende el término nomenclatura para calificar a la burocracia del partido, convertidos sus miembros en funcionarios incompetentes y corruptos por mantener sus ámbitos de poder y los privilegios que de esto se derivaban […] “ (p.36).

Si usted ha seguido el recorrido recordará que la venta de petróleo le dio cierta holgura económica al mandato de Brézhnev, conocido como “el período del inmovilismo y el nepotismo”. El “régimen no podía permitirse ni siquiera la más mínima concesión a los derechos democráticos” […] porque la burocracia estaba en guerra contra su propio pueblo”[vi]

A mediados de los años ochenta en la Unión Soviética “se extendieron de manera antes no vista la corrupción, el alcoholismo, la indisciplina, la actividad delictiva, el ausentismo, la caída de los niveles de sanidad e higiene públicas […] el hacinamiento en las viviendas, la mortalidad en ascenso […] todo esto trajo desencanto, hipocresía generalizada, un profundo individualismo oportunista y el resquebrajamiento de la ética cívica […]. (p.37)

“Tal como estaban las cosas, la evidencia cotidiana de unos bienes de consumo de mala calidad, unas viviendas miserables y unos servicios médicos mediocres contrastaban con las afirmaciones del régimen sobre la superioridad de su sistema”. [vii] (p.37)

¿Cómo pudo mantenerse aquel estado de cosas?

“Los detentadores del poder en la URSS establecieron mecanismos para la dominación de las masas en lugar de dotarlas de espacios reales de gobierno o la evaluación necesaria de los delegados del poder”. (p.19)

Fueron años en que se exhibieron en Cuba títulos como la inquietante Estación para dos, la premiada Moscú no cree en lágrimas (Oscar a la mejor película extranjera, 1980) y el documental ¿Es fácil ser joven?

Este último resultó muy debatido en el popular programa Tanda del Domingo, que conducía Mario Rodríguez Alemán. En él se entrevistaban a representantes de la nueva generación soviética, entre ellos miembros de la guardia del Mausoleo de Lenin que afirmaban no sentir ningún honor, sólo frío. El final mostraba a varios jóvenes con una mirada escéptica en medio del agua.

No estábamos acostumbrados a semejantes realidades.

En publicaciones soviéticas como Novedades de Moscú y Sputnik, comenzaron a aparecer artículos con otra mirada sobre la historia soviética.

Tal vez el más célebre de estos artículos fue: “Brézhnev un líder cómodo” (Sputnik, febrero de 1989) que mostraba en su portada, cinco medallas que colgaban de una elegante butaca vacía.

La desintegración de la URSS

Recuerdo los funerales casi seguidos de Yuri Andrópov (febrero de 1984) y Konstantín Chernenko (marzo de 1985).

El primero, ex dirigente de la KGB se presentaba como una esperanza de que las cosas mejoraran por fin. Y efectivamente, hubo algunas sanciones ejemplarizantes; pero poco pudo hacer en quince meses de gobierno.

El rostro supremo de la Unión Soviética se “rejuveneció”, cuando Mijaíl Gorbachov ascendió a la máxima magistratura en 1985. No había cumplido los 60 años.

Durante mi época universitaria empecé a escuchar las frases perestroika y glásnot:, renovación, transparencia, pluralismo de opiniones.

En las pantallas internacionales (y en las cubanas) apareció una chica soviética rebelde, nada que ver con el edulcorado “realismo socialista” de antaño. Algunos quisieron ver en La pequeña Vera, el rostro de la perestroika.

En su libro Mi verdad, Vitali Vorotnikov, uno de los altos dirigentes del PCUS, comenta el análisis de los informes para el acto solemne por el aniversario 70 de la Revolución de Octubre, y apunta los criterios de Gorbachov tras “una prolongada conversación” en agosto de 1987:

“Hay que buscar la forma más objetiva, precisa, abierta y de principio para exponer el período trágico y contradictorio que siguió a la muerte de Lenin; la época de Satlin, las represiones, la actitud con los cuadros, la colectivización […] Hay que decirle al pueblo toda la verdad, pero sin emociones, sin exageraciones.

“Después, sentado en la propia mesa principal, Gorbachov comenzó a leerme documentos de archivo […] hechos horrorosos de arrestos de personas, veredictos, encomiendas de Stalin, de los miembros del Buró Político […] no sólo respecto a personas determinadas, sino también a grupos de 40, 100, 200 personas”[viii]

¿Era posible evitar las “emociones” al remover una historia largamente disimulada?

El resto está más cercano en el tiempo: una a una se sucedieron las medidas, los nuevos planes, los tratados, sin parar, casi superponiéndose.

Estas son las consideraciones de Dacal y Brown:

“Las transformaciones sucesivas y radicales del sistema político soviético introdujeron una desproporción peligrosa entre los ritmos de las reformas políticas y las económicas en detrimento de las últimas. Había dos cabezas de la reforma, ambas imprecisas e inconexas, y para este momento fuera de control” (p.51)

“La perestroika derivó hacia una reforma política y dejó el desorden indescifrable de las estructuras económicas. He aquí, a nuestro juicio donde debe situarse el principio del fin del socialismo soviético. Frente a la modificación inconclusa de las reformas productivas, donde se debieron concentrar todos los esfuerzos, se abrió el frente político” […] (p.44)

“[…] a partir de 1988 […] se pasó a un descontrol político-estatal en los medios intelectuales y periodísticos que desbordaron los proyectos iniciales de los gobernantes, tomaron la iniciativa y acabaron influyendo en los acontecimientos de un modo decisivo. En realidad, Gorbachov no dio libertad de prensa sino que las diferentes publicaciones se la fueron tomando”. (p.46)

La tragedia de la central electronuclear de Chernobil resultó un catalizador de los medios masivos de comunicación; en tanto, las confrontaciones étnicas y nacionales, antes solapadas, subieron de tono.

Por Cuba, por el Campamento de Tarará, pasaron miles de los niños afectados de Chernobil. Sus rostros encarnaban la tristeza.

Durante ese período de finales de los ochenta-principios de los noventa, se legalizó el trabajo particular, se pasó a la autogestión de muchas empresas y se hablaba en la Unión Soviética de “reforma de precios, las modificaciones profundas de la planificación […] nuevos conceptos de organización y dirección”.

A la par, los autores del citado libro apuntan como errores del convulso período, el descuido de la economía y del poderío militar… Y remarcan lo sucedido:

“[…] se procedió a derogar el artículo 6 de la Constitución, en el cual establecía que la fuerza dirigente y orientadora de la sociedad soviética y el núcleo de sus sistema político, de las organizaciones estatales y sociales es el Partido Comunista de la Unión Soviética”[ix] (p. 50)

“[…] la transferencia del centro de gravedad del poder desde el Partido hacia el Estado terminaría por remover los postulados y fundamentos constitucionales del sistema político soviético”. (p.50)

“Fue la propia dirección del partido quien renunció a ese papel histórico en el Pleno del Comité Central, celebrado en febrero de 1990 […]” (p.50).

Había comenzado el proceso de autodestrucción de PCUS, hasta que en agosto de 1991, por decreto del presidente de Rusia (Boris Eltsin) se le prohibiría sesionar en su territorio y se le confiscaban todos los bienes. Mijaíl Gorvachov había renunciado como secretario general.

En los seminarios universitarios de mis tiempos, hacíamos conjeturas, discutíamos. Los profesores también andaban turbados... mientras en Checoslovaquia se prohibía la enseñanza del marxismo-leninismo; en Rumanía, fusilaban al presidente Nicolai Ceacescu; se caía el socialismo en Bulgaria y Polonia; en 1989 se derribaba el muro de Berlín…

Todo se sucedía como una torrentera.

Todos mirábamos hacia la Unión Soviética

“La realidad era que el poder político iba alejándose cada vez más de Moscú en dirección a las repúblicas […] se pasaba no sólo del unipartidismo al pluripartidismo, con la evidencia de cambios sustanciales en el sistema político, sino que el Estado centralizado con predominio de la propiedad estatal cedía su lugar a un estado de predominio plural en la propiedad. Como resultado final de este proceso, se desdibujó la por décadas homogeneidad aparente del Estado soviético, y se sucedió un desgajamiento en quince repúblicas. (p.58)

He leído varias opiniones sobre Gorbachov. Estos autores sostienen que “sus códigos intelectuales pertenecían a la ortodoxia del sistema, por lo que no estuvo apto para enfrentar, desde el marxismo revolucionario, los retos que la URSS le deparó como dirigente máximo en aquellas circunstancias, aun cuando en su discurso inicial lo invocaba como guía de sus transformaciones” (p.43)

Muchos de estos análisis que hoy transcribo tranquilamente, entonces sólo eran un esbozo. Los cambios se vivirían con ardor en la URSS; pero llegaban a mí como referencias... casi incomprensibles.

No tenía antecedentes como los que comenta quince años después de la desaparición de la URSS, el libro Rusia del socialismo real al capitalismo real.

La Unión Soviética era una superpotencia. Y nada se sabía (o se decía) aquí del “socialismo cuartelario”, la burguesía “invisible”, el déficit crónico de mercancías, la corrupción galopante y la casta burocrática que había secuestrado el poder.

El 21 de diciembre de 1991, once repúblicas firmaron en Alma-Atá la constitución de la Comunidad de Estados Independientes (CEI).

Así sin consultar con nadie quedó extinta la URSS con las acciones anticonstitucionales de los líderes de las antiguas repúblicas. Esta se ejecutó desconociendo la voluntad de los pueblos del país y de esas repúblicas, lo cual se había expresado en el referéndum del 17 de marzo de 1991.”[x]

En aquella consulta sobre la conservación de la URSS había votado a favor de su preservación cerca del 74 % de la población.

El 25 de diciembre de 1991 “en el Kremlin se baja la bandera roja de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.”[xi]

Cualquier consideración aparte, la desintegración de la Unión Soviética -aún cuando Fidel lo había advertido-, fue un mazazo al borde de la perplejidad.

Ahora puedo comprender por qué sucedió.

“Una cosa son las fuerzas que promulgaron las reformas y otra son los actores que incidieron en el desenlace. Georgi Derluguian plantea como tesis que el colapso no vino desde abajo o desde arriba, se produjo cuando los jefes intermedios se sintieron amenazados por las vacilaciones de Gorbachov en la cúpula del sistema y presionados perentoriamente por sus subordinados[xii]. Por tanto, el estallido en pedazos del sistema emanó de “una implosión” desde dentro”. (p.37).

He leído con atención el libro Rusia del socialismo real al capitalismo real que no acaba con lo aquí comentado, sino que hace un análisis del trauma del cambio y de la primera década de la Rusia capitalista… pero ya este artículo anda bien pasado de páginas.

Todavía en mi hogar, mi madre bate sus frutas con una batidora rusa. Fea sí, pero lo ha resistido todo, cuando otras “de marca” han caducado.

Confieso que quisiera leer otras apreciaciones.

Todavía me cuesta creer que ya no exista aquel país de donde nos llegaban las compotas de manzana y el petróleo, las cuchillas de afeitar y las locomotoras, los sistemas de construcción y la mantequilla, los bombillos y los aviones, las revistas de páginas en colores con que forrábamos los cuadernos escolares...

Y aquella frase del lobo tras la liebre: “Deja que yo te coja”… aunque nunca la cogió.

Notas

[i] Alan Woods: Prólogo al libro Rusia del socialismo real al capitalismo real, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2005, p. XIV.
[ii] Ariel Dacal y Francisco Brown: Rusia del socialismo real al capitalismo real, Editorial Ciencias Sociales, 2005, La Habana, p. 3. Todas las notas corresponden al mismo volumen, por tanto se incorporará a la misma redacción, la página de la cita.

[iii] León Trostki: ¿Qué es y a dónde se dirige la Unión Soviética? La revolución traicionada. Editorial Pathfinder, Nueva York, 1992, apud. en Ariel Dacal y Francisco Brown: Rusia del socialismo real al capitalismo real, Editorial de Ciencias Sociales, 2005, La Habana, p.5-6.
[iv] Isaac Deutscher: La era de la Revolución Permanente. Antología de Escritos de León Trostki. Ediciones Saeta, México, 1967, p.31., apud en Ariel Dacal y Francisco Brown: Op.Cit., p.10
[v] Jorge Luis Acanda: Rosa Luxemburgo. Una rosa roja para el siglo XXI. Centro de Investigación de la Cultura Cubana Juan Marinello, La Habana 2001, p.72
[vi] Georgi Derluguian: “Reconsiderar Rusia”. En: New Left Reviuw, N.12 Enero-Febrero, 2001, p.68, Apud Cit. (p. 32-33).
[vii] Paul Kennedy: Hacia el siglo XXI. Plaza & Janes Editores, S.A., Barcelona, 1993, p.304, apud en Ariel Dacal y Francisco Brown, Op.Cit., p. 38.
[viii] Vitali Vorotnikov: Mi verdad, Editora Abril, La Habana, 1995, p. 159.
[ix] Nueva Constitución de la URSS, Editorial Progreso, Moscú, 1980, p.274 apud en Ariel Dacal y Francisco Brown: Op. Cit., p.50.
[x] Vitali Vorotnikov: Op. Cit, p. 483.
[xi] Ibid.
[xii] Georgi Derluguian: “Reconsiderar Rusia”, Op.Cit, p. 75, apud en Ariel Dacal y Francisco Brown: Op. Cit., p.37.

lunes, 24 de diciembre de 2007

CULTURA E IDENTIDAD CUBANA (IV) : EL CAMINO DE LA LIBERTAD

(Retrato al óleo de José Martí del pintor sueco Herman Norman, 1891)


Reinaldo Cedeño Pineda


Era hacendado, poeta, maestro, ajedrecista, políglota… pero ante todo, cubano. Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo (1819-1874), se vistió de paño impecable e hizo tocar la campana de su ingenio La Demajagua, en el Oriente de la Isla.

La larga etapa de conspiraciones de mesa había llegado a su fin.

10 de octubre de 1868: Grito de Yara. Campanazo a la conciencia nacional. Más de cuatro siglos de yugo español se conmovieron.

Ante una dotación de negros asombrada, dio la oportunidad de dejar de ser esclavos y pasar a ser cubanos.

Dejó sus riquezas y se abrazó a una causa. La historia le ha llamado “El Padre de la Patria”.

20 DE OCTUBRE DE 1868: LA NACIONALIDAD ENTRÓ CANTANDO

Las acciones militares se sucedieron tras la proclama de libertad, y los patriotas poco a poco, se unieron. El 18 de octubre estaban ya a las puertas de la ciudad de Bayamo y la guarnición española, capituló dos días después.

El pueblo de esa ciudad estalló en vivas y el himno “La Bayamesa” dejó escuchar sus compases… pero faltaba la letra.

Frente a la Plaza de la Iglesia Mayor, un espacio que hoy se denomina Plaza del Himno Nacional, el clamor unánime exige a Pedro Figueredo Cisneros (1819-1870), más conocido por Perucho, que ponga la letra a la marcha que él mismo había compuesto.

Cuenta la tradición popular que montado en su caballo y bajo un rapto de inspiración, escribió aquellos versos (octavas reales), inicialmente con seis estrofas; aunque luego se escogieran sólo las dos primeras como Himno Nacional.

Algunos historiadores afirman que ya aquellas estrofas las tenía en la mente su autor, y que sólo esperaba la ocasión ideal para darlas a conocer… y ¿cuándo mejor que ahora?

Allí mismo, con unas pocas copias y desbordados de ardor, se entonaron en público por primera vez sus notas:

Himno Nacional de Cuba

Al combate corred bayameses
que la patria os contempla orgullosa;
no temáis una muerte gloriosa
que morir por la patria es vivir.

En cadenas, vivir es vivir
en afrenta y oprobio sumido.
Del clarín escuchad el sonido,
¡A las armas, valientes, corred!

Ese día, 20 de octubre de 1868, fue escogido como Día de la Cultura Nacional, una conmemoración con carácter oficial desde 1980.

Se habían unido excepcionalmente en una sola jornada, la poesía y la música a la decisión de libertad de todo un pueblo.

El momento resultaba un crisol, o al modo de decir de la doctora Graziela Pogolotti, fue: el día en que la nacionalidad entró cantando”.

Algunos olvidan que en la Asamblea de Guáimaro, en 1869, donde nace la República en Armas, también se levanta la voz de la mujer, firme y adelantada:

“Ciudadanos: La mujer cubana en el rincón oscuro y tranquilo del hogar esperaba paciente y resignada esta hora sublime, en que una Revolución justa rompe el yugo y le desata las alas.

''Todo era esclavo en Cuba, la cuna, el color, el sexo. Vosotros queréis destruir la esclavitud de la cuna peleando hasta morir si es necesario. La esclavitud del color no existe ya.

''Cuando llegue el momento de libertar a la mujer, el cubano, que ha echado abajo la esclavitud del color, consagrará también su alma generosa a la conquista de los derechos de la que es hoy en la guerra su hermana de caridad, abnegada, que mañana será, como fue ayer, su compañera ejemplar."

La mujer también se había lanzado a conquistar su Patria.

JOSÉ MARTÍ: PATRIA ES HUMANIDAD

José Martí (1853-1895), apenas sale de la adolescencia cuando los sucesos de Yara, pero estos no pasarían inadvertidos él. Solo unos meses después, en febrero de 1869 publica en el periódico manuscrito El Siboney su soneto ¡10 de octubre!


No es un sueño es verdad, grito de guerra
Lanza el cubano pueblo, enfurecido;
El pueblo que tres siglos ha sufrido
Cuanto de negro la opresión encierra.
………………………………………

Gracias a Dios que ¡Al fin con enteraza
Rompe Cuba el dogal que la oprimía
Y altiva y libre yergue su cabeza!



Pronto, Martí debió soportar el trabajo forzado en presidio y luego el destierro, a raíz de haber enviado una carta a un joven cubano enrolado en la odiosa fila de los voluntarios españoles. Él y su amigo Fermín Valdés Domínguez, lo habían calificado de apóstata.

Martí había bebido la savia de uno de esos profesores que marcaron con su ejecutoria la cultura cubana: el patriota y poeta Rafael María Mendive (1821-1886), alumno por demás de José de la Luz y Caballero.

Una vez en el mismo corazón de la metrópoli, en la mismísima Madrid, publica El presidio político en Cuba, denuncia contra el atroz sistema carcelario impuesto en Cuba. En Zaragoza completará su formación académica (Licenciado en Derecho Civil y Canónico, y en Filosofía y Letras).

Su pensamiento y su actividad van in crescendo y al llegar a los Estados Unidos (por primera vez en 1880), su actividad como orador, periodista y organizador en pro de la independencia de Cuba, se perfilan.

Tras diez años de beligerancia contra España (1868 al 1878) en Cuba, transcurre un período que se ha dado en llamar “tregua fecunda o reposo turbulento”.

Martí, corresponsal consumado de varios periódicos de América (La Opinión Nacional de Caracas, El Partido Liberal de México y La Nación de Buenos Aires…). Anda escribiendo con urgencia

En su ensayo Nuestra América, escribe para todos los tiempos:

“Trincheras de ideas, valen más que trincheras de piedras. […] Es la hora del recuento, y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de Los Andes […]

“Los que no tienen fe en su tierra son hombres de siete meses […] ¿Ni en qué patria puede tener un hombre más orgullo que en nuestras repúblicas dolorosas de América? […]

“La incapacidad no está en el país naciente, que pide formas que se le acomoden y grandeza útil, sino en los que quieren regir pueblos originales, de composición singular y violenta, con leyes heredadas de cuatro siglos de práctica libre en los Estados Unidos, de diecinueve siglos de monarquía en Francia […] El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país […] Gobernante en un pueblo nuevo, quiere decir creador.

“Conocer el país, y gobernarlo acorde al conocimiento, es el único modo de librarlo de tiranías. […] Los políticos nacionales han de reemplazar a los políticos exóticos. Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas”.
[i]

La condición americana de Martí, no deviene de una pertenencia geográfica, sino de una pertenencia afectiva, de una aceptación conciente, de una elección. Y así lo dejaó escrito: “los americanos somos uno en el origen, en el peligro y en la esperanza”.

Para él no hay más dudas:

Patria es “algo más que pedazos de terrenos sin libertad y sin vida, algo más que derechos de posesión a la fuerza. Patria es comunidad de intereses, unidad de tradiciones, unidad de fines, fusión dulcísima y consoladora de amores y esperanzas”.[ii]

Martí es el fundador del Partido Revolucionario Cubano (1892), el primer partido independentista de América, aquel que organizará la guerra de 1895, en la que participarán patriotas enteros como el dominicano-cubano Máximo Gómez, Ignacio Agramonte y Antonio Maceo, El Titán de Bronce..

Valga decirlo, de Maceo también estamos hechos los cubanos. Y de su madre, Mariana Grajales. Estamos hechos de su veintena de heridas contra España; de su Protesta bajo los mangos de Baraguá cuando España le ofrecía una paz sin libertad (el Pacto del Zanjón); de su intransigencia.

Martí dijo de él que tenía tanta fuerza en la mente como en el brazo. Y así lo demuestra aquel pensamiento maceísta:

“Quien intente apropiarse a Cuba sólo recogerá le polvo de su suelo anegado en sangre si no perece en la lucha”.

Las ideas acompañaron siempre a la acción, y así apareció el periódico Patria (Nueva York, 1892-1898) como órgano escrito del Partido Revolucionario Cubano:

“[…] para contribuir, sin premura y sin descanso, a la organización de los hombres libres de Cuba y de Puerto Rico […] que persistan en el sacrificio de la emancipación”, tal como deja escrito en su primer número, el 14 de octubre.

La patria martiana queda delineada claramente en su pensamiento, y pasa en primerísimo lugar, por su carácter humano:

“Patria es humanidad. Es aquella porción de humanidad que vemos más de cerca y en la que nos tocó vivir”.[iii]

La Patria que quiere construir Martí era una patria independiente y plural de pensamiento:

“[…] alcémonos, para la república verdadera, los que por nuestra pasión por el derecho y por nuestro hábito de trabajo sabremos mantenerla […] Y pongamos alrededor de la estrella en la bandera nueva, esta fórmula del amor triunfante: “Con todos y para el bien de todos”. [iv]

Emociona ver como, desde su pensamiento, Martí delineo una república profundamente democrática:

“[…] yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”[v]

En la patria martiana cabrían todas las razas, que “Cubano es más que blanco, más que mulato, más que negro”. [vi]

La patria martiana era inclusiva, ecuménica, si se me permite tal vocablo en la ocasión. Nos asomamos a un documento que es la base de la guerra (El manifiesto de Montecristi), mas está libre de rencores, pleno de ética, cuando declara:

“[…] su limpieza de todo odio, –su indulgencia fraternal para con los cubanos tímidos y equivocados,– su radical respeto al decoro del hombre, nervio del combate y cimiento de la república […] y su terminante voluntad de respetar, y hacer que se respete, al español neutral y honrado, en la guerra y después de ella […]”.[vii]

José Martí fue un seguidor de las ideas de Varela, y llevó los conceptos de patria y patriotismo a su máximo esplendor.

Martí, en su célebre Vindicación de Cuba, había contestado la crítica injuriosa que sobre el ser cubano había publicado el diario The Manufacturer:

“No somos los cubanos ese pueblo de vagabundos míseros o pigmeos inmorales que a The Manufacturer le place describir; ni el país de inútiles verbosos, incapaces de acción, enemigos del trabajo recio […] Hemos sufrido impacientes bajo la tiranía: hemos peleado como hombres, y algunas veces como gigantes, para ser libres. […] Esos jóvenes de ciudad y mestizos de poco cuerpo supieron levantarse en un día contra un gobierno cruel […] obedecer como soldados, dormir en el fango, comer raíces, pelear diez años sin paga […]”.[viii]

“Sólo con la vida cesará entre nosotros la batalla por la libertad”.[ix]

Murió en los campos de Cuba, atravesado por balas españolas; mas su futuridad le había hecho mirar hacia el Norte:

“[…] ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber
–puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo– de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan con esa fuerza más sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy y haré es para eso […] Viví en el monstruo y le conozco las entrañas”.[x]

El investigador martiano Pedro Pablo Rodríguez, apuntó sobre el concepto identidad:

“Martí no manejó el término, pero habla del asunto con su lenguaje, de lo que hoy conocemos por identidad. En su tiempo hablaba del alma de los pueblos, el espíritu de los pueblos, de su autoctonía.”[xi]

Al caer en 1895, se cierra un ciclo. La nacionalidad cubana y su cultura daban ya, como el firmamento, no estrellas aisladas; sino toda una constelación.

Se había transitado de la defensa de la élite económica nacional (Francisco de Arango y Parreño), el antianexionismo con reservas raciales (José Antonio Saco), las ideas reformistas y autonómicas (José Agustín Caballero)… a las ideas precursoras de la independencia (Félix Varela) y a la clarinada de Martí.

Con José Martí llega a la cima el pensamiento cubano.

TIEMPO DE FUNDACIONES

En la cultura cubana, el período de las últimas cuatro décadas del siglo diecinueve, es también de fundaciones.

En el teatro Villanueva, se habían dado gritos a la tierra que produce la caña (1869), con la consiguiente masacre española contra los patriotas cubanos; aunque antes, gracias a Francisco Covarrubias (1775-1850) y su compañía de caricatos se habló “en cubano” en el teatro de la Isla.

Los trovadores –algunos de los cuales se hicieron a la manigua redentora–, sobrepasan las cancioncillas, definen el bolero cubano y la canción trovadoresca con Pepe Sánchez, Sindo Garay y una pléyade de cultores de la guitarra y la bohemia.

Ignacio Cervantes (1847-1905), alumno del famoso pianista Nicolás Ruiz Espadero, inicia desde la contradanza, el nacionalismo musical que empieza a dejar atrás los moldes europeos para asumir un nuevo espíritu.

Miguel Faílde creaba el primer danzón (Las alturas de Simpson) en 1879, convertido luego en nuestro baile nacional.

El propio Martí abría el modernismo con Ismaelillo (1882) y había entregado a la literatura continental, La Edad de Oro (1889), revista para los niños de América, y sus Versos Sencillos (1891).

Un intento inútil y desesperado esfuerzo resultó el gobierno autonómico implantado por España en la Isla en 1898. Desde su comienzo estaba destinado a desaparecer; mucha sangre se había derramado ya en Cuba por la independencia.

El temor martiano (y el maceísta) se hizo realidad: sobrevino la intervención norteamericana, tras la misteriosa explosión del acorazado norteño Maine, surto en la bahía habanera.

Los norteamericanos pelearon bien cómodos, visto el desgaste de la política hispana de “hasta el último hombre y la última peseta” frente al Ejército Libertador cubano, la caducidad tecnológica de sus adversarios, la asesoría de aquellos que conocían el terreno y la retaguardia segura, custodiada por los insurrectos.

Y como preveían maquiavélicamente, recogieron “la fruta madura”.

En julio de 1898 se desarrolló la Batalla Naval entre la “Armada Invencible” de Su Majestad y las modernas tropas yanquis. Aquello resultó un tiro al blanco: mientras salían una a una las embarcaciones españolas de la bahía de Santiago de Cuba, todo el poderío de fuego norteamericano les caía encima.

Aún la proa del acorazado Almirante Oquendo y su cañón herrumbroso puede verse en la playa Juan González, en la costa oriental de la Mayor de las Antillas.

Hasta hace poco seguía en pie la ceiba conocida como El Árbol de la Paz, a cuya sombra se negoció la capitulación española y la entrada norteamericana a la ciudad de Santiago de Cuba.

El 10 de diciembre de 1898 se firma el tratado leonino de París, por el cual España reconoce la derrota y cede a los Estados Unidos, no sólo Cuba, sino además Puerto Rico, la isla Guam y Filipinas.

En la capital francesa, los cubanos fueron ignorados. En la propia Cuba sucedió lo mismo, cuando no se autorizó a Calixto García –al frente del Ejército Libertador–, a entrar a Santiago y “festejar” la victoria.

Fue una decisión ominosa de las tropas yanquis encabezadas por el general William Shafter… apenas un adelanto de lo que vendría.

Máximo Gómez, el Generalísimo, señalaba entonces que Cuba no era libre ni independiente todavía, después de treinta años de un heroico batallar.

“Aunque el Ejército Libertador fuese totalmente marginado, los hombres y mujeres de Cuba se aprestaban a defender su derecho a la existencia como país independiente, costase lo que costase”.[xii]

Y es que cuando el siglo veinte tocaba a las puertas, las raíces de la identidad y la cultura cubana ya se habían afincado con firmeza.


En el próximo artículo abordaremos la primera mitad del siglo veinte, La República. ///


VER PARTES ANTERIORES de la Serie Cultura e identidad cubana



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5. ¡Que república era aquella! http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/01/cultura-e-identidad-cubana-v-que.html


Notas

[i] José Martí: Nuestra América, en Jose Marti: Obras Completas tomo 6, Editorial de Ciencias Sociales, La habana, 1975, p.15- 23 (Publicado el 30 de enero de 1891 en el Partido Liberal de México).
[ii] José Martí: “La República Española ante la Revolución Cubana” (Madrid 1873), en Obras Escogidas en tres tomos, T.I., Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p. 73.
[iii] José Martí: “En casa” (Nueva York, 26 de enero de 1895), Obras Completas… T.5, p.426.
[iv] José Martí: “Con todos y para el bien de todos” (Discurso pronunciado en el Liceo Cubano, Tampa, 26 de noviembre de 1891), en Obras Escogidas… p. 17.
[v] José Martí: “Discurso en el Liceo Cubano”, Tampa, 26 de noviembre de 1891.
[vi]José Martí: mi raza (Patria, 16 de abril de 1893) Obras Escogidas en Tres Tomos, Tomo III, p.206.
[vii] Manifiesto de Montecristi (firmado por Gómez y Martí, 25 de marzo de 1895) Obras Escogidas… T. III, p. 512.
[viii] José Martí: “Vindicación de Cuba” (The Evening Post , Nueva York, 25 de marzo de 1889), en Obras Escogidas, p-264-265.
[ix] José Martí: Ibid., p. 267.
[x] José Martí: “Carta inconclusa a su amigo mexicano Manuel Mercado”, en Obras Escogidas… Tomo III, p. 604.
[xi] Entrevista con el autor del presente trabajo, sostenida en la Feria Internacional del Libro, 25 de febrero de 2003.
[xii] Oscar Loyola: Historia de Cuba, 1492.1898, Editorial Pueblo y Educación 2001, p.397.





Imagen: Tomada de http://www.bnjm.cu/

CULTURA E IDENTIDAD CUBANA (III): Félix Varela, el precursor




Reinaldo Cedeño Pineda

Se aprieta el alma cubana cuando uno se asoma a la vida de Félix Varela y Morales (1788-1853), el primer intelectual cubano que señaló el camino de la independencia

Murió en el exilio, en la Florida, en su celda monacal y sin pertenencias. Las pocas que tenía, las había dado todas a los necesitados.

En la biografía de Varela escrita por monseñor Carlos Manuel de Céspedes, emergen su sacrificio y su fe, como una semilla echada al futuro.

Fue honrado hasta el final, y severo. De esa savia está hecha la senda de la independencia.

Hay algo en sus imágenes que ha sobrepasado los siglos, como una advertencia, un signo. Se le ve apretado a sus pequeños espejuelos. El alma se le escapa por la mirada. La energía se le adivina por encima del atuendo de sacerdote, que le cuelga de un cuerpo, sostenido más por el espíritu que por el alimento.

¿De dónde sacó este hombre toda nobleza, esa energía, ese heroísmo que le hace enfrentarse a España, desde las cuchilladas del exilio?

Hijo de un militar español, desde los seis hasta los catorce años, vivió en San Agustín de la Florida, hoy Estados Unidos y en ese momento territorio español.

Varela tomó los hábitos en 1806 y se ordenó sacerdote un lustro después, la misma fecha en que se acredita por oposición las cátedras de Latinidad y Retórica, y la de Filosofía en el Seminario de San Carlos. Luego, por breve tiempo podrá desempeñar la Cátedra de Constitución.

No hay que olvidar en sus inicios, su poca edad y que pudo desempeñar su magisterio gracias a una dispensa del obispo Espada, gran benefactor de la sociedad de su época.

Llegó más lejos que ninguno en la reforma de la enseñanza, incluido José Agustín Caballero. Dominaba el latín a la perfección, pero decidió escribir e impartir sus clases en español.

Fue el primero que inició los estudios de física experimental (con instrumentos) en suelo cubano, como demuestra su Miscelánea Filosófica.

Dicen que se agolpaban los seminaristas para escuchar su prédica.

En 1820 se restablece en España la constitución de 1812 y como diputado a las Cortes Españolas, abogó por un gobierno económico y político para las provincias de ultramar, elaboró un proyecto para que se reconociese la independencia de Hispanoamérica. Asimismo escribió una memoria contra la esclavitud.

Al reasumir el poder en España Fernando VII, el absolutismo se cierne sobre todas las ideas liberales y Varela es condenado a muerte. Llega a los Estados Unidos el diecisiete de diciembre de 1823 y nunca más volverá a Cuba.

En los Estados Unidos desarrolla una labor política sin precedentes y publica el primer periódico revolucionario cubano: El Habanero (Filadelfia 1824-1825; Nueva York 1825-1826), que entraba a Cuba clandestinamente.

Su influencia fue tal que las autoridades españolas emitieron “una Real Orden que prohibía su introducción y circulación en la Península, e islas adyacentes”.[i]

Allí publicó uno de sus más célebres artículos, Tranquilidad de la Isla de Cuba:

“Lo que más debe desearse en la Isla de Cuba sea cual fuere su situación, es que los hombres de provecho, los verdaderos patriotas se persuadan que ahora más que nunca están en la estrecha obligación de ser útiles a su patria […] con el desinterés de un hombre honrado, pero con toda la energía y firmeza de un patriota. […]

Hasta ahora el pecado político casi universal en aquella Isla, ha sido la indiferencia, todos han creído que con pensar en sus intereses y familia han hecho cuanto deben, sin acordarse de que estos mismos objetos de su aprecio siguen la suerte de la Patria, que será lamentable si no toman parte en ella los hombres que pueden mejorarla, y aún hacerla feliz.

¿Pero qué?, dirán algunos, ¿es la revolución de la Isla de Cuba lo que intenta persuadir un hijo de este suelo? ¡La revolución que equivale a la ruina del país […] ¿Es la sangre de sus compatriotas la que quiere que riegue unos campos donde ahora tranquilos y felices, recogen los frutos con que la naturaleza premia su trabajo, y los regala abundantemente? ¡Ah! Ese será el lenguaje con que el interés momentáneo procurará callar la voz imperiosa de la razón que manifiesta su inconstancia. Mas ¿qué importa? La verdad siempre ha tenido enemigos […]

Aun los más obstinados en la adhesión a España, creo que si no han perdido el sentido común confesarán que una gran parte de la población (para mí es casi toda) está por su independencia […]

Sea cual fuere la opinión política de cada uno, todos deben convenir en un hecho, y es que si la revolución no se forma por los de casa, se formará inevitablemente por los de fuera, y que el primer caso es mucho más ventajosa […].

Compatriotas: salvad una patria cuya suerte está en vuestras manos ¡Ah! ¿Y perecerá en ellas? Echad una sola mirada sobre un futuro, que ya tocamos: no permitáis que vuestro nombre pase con execración a las generaciones venideras.

Acúsese cuanto se quiera mi intención, pero respóndase, si es que se puede, a mis razones. Débiles: calumniadme; ese es el único recurso que os queda”.


Todavía haría tiempo para redactar la revista El Mensajero Semanal (Nueva York, Filadelfia 1828-1831) junto a José Antonio Saco, también en el exilio; pero nuevamente el Gobierno Español le puso trabas a su entrada a la Mayor de las Antillas.

Pero… no sólo fue el exilio, el Padre Varela también debió luchar para defender su fe católica en un país de protestantes. Su consagración fue tal que publicó revistas y libros al respecto, y llegó a ser nombrado vicario general de Nueva York (1837).

Cuando no pudo seguir publicando El Habanero, aparecieron en forma de epístola sus Cartas a Elpidio, un combate contra la impiedad, la superstición y el fanatismo.

Algunos suponen que “Elpidio” fue uno de sus discípulos, tal vez José de la Luz y Caballero, y otros suponen que es un nombre simbólico.

Varela vivió el eterno drama de los precursores: son los que develan las causas, alientan las ideas y desbrozan el camino; pero la vida no les alcanza para materializar aquello que fue el sentido de su existencia.

¿Cuántas veces ardiría el padre Varela, cubanísimo, solo, como una vela en la oscuridad de su reclusión?

Un eterno batallar fue su vida. Por eso mismo, sus huellas resultaron decisivas en el dilatado y difícil camino de la cubanidad:

“El concepto de patria, a la cubana y en lo cubano, nace en Félix Varela […].[ii]

“Sus primeros pasos se encaminaron a la liberación del pensamiento, de las ataduras escolásticas y de la dependencia de los sistemas foráneos. En la medida en que se abría paso la emancipación del pensamiento fue fundamentando la emancipación política.[iii]

“La permanente de Félix Varela es, no sólo haber iniciado el camino que conduce a la independencia económica, sino también haberle dado una sólida base ética a las aspiraciones del pueblo cubano […] Varela aprecia y fundamenta la verdad no en la élite económica e intelectual, sino en quienes él llama “rústicos”; es decir, los hombres sencillos. Al definir al criollo incluye al negro. En una etapa en que la oligarquía y sus acólitos usan con desprecio el concepto de “masas”, El Padre Fundador expresa su criterio de que en el pueblo hay una “ilustración popular” que lo hace actor en los acontecimientos sociales[iv]

La historia tiene sus caminos insondables. El mismo año que muere Varela (1853) en el frío del Norte; nace una llama en la calle de Paula en la Habana: José Julián Martí Pérez. Con él el concepto de patriotismo como nexo común, iniciado con Varela, se elevará a su más alta expresión.

La máxima distinción de la cultura cubana, con justeza, lleva el nombre sagrado de Félix Varela. ///


VER PARTES de la serie Cultura e identidad cubana:




Posterior:

4. La Independencia o El Camino de la libertad (http://laislaylaespina.blogspot.com/2007/12/cultura-e-identidad-iv-la-independencia.html)
5. !Qué república era aquella! http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/01/cultura-e-identidad-cubana-v-que.html

Notas

[i] El Habanero en Diccionario de la Literatura Cubana, Instituto de literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1980, p.425.
[ii] Eduardo Torres-Cuevas: Historia del Pensamiento Cubano, Tomo I, Editorial de Ciencias Sociales, LA Habana, 2004, p.339.
[iii] Ibid., p. 342.
[iv] Ibid., p. 344.


Imagen: www.elhabanero.cubaweb.cu

CULTURA E IDENTIDAD CUBANA (II): Reformistas, poetas, maestros y filósofos


Reinaldo Cedeño Pineda

Los siglos XVI y XVII resultaron centurias de gestación para la nación cubana; pero ya en 1722 surge en Santiago de Cuba el colegio San Basilio El Magno y en 1728, la Real y Pontificia Universidad de San Jerónimo de La Habana, tercera en Hispanoamérica.

El Real y Conciliar Colegio Seminario de San Carlos y San Ambrosio queda abierto en 1773. Por sus aulas pasarán, como maestros y alumnos, los fundadores de nuestro pensamiento. Sus piedras albergan parte de la gestación ideológica de una nación.

En la música, Esteban Salas (1725-1803) desde la Capilla de Música de la Catedral de Santiago, se había convertido en el primer clásico de la música cubana y en un auténtico espíritu del barroco americano, con sus villancicos, misas y aleluyas.

En las pechinas de la iglesia de Santa María del Rosario, Nicolás de la Escalera (1734-1804), nuestro primer pintor, dejaba manifestaciones de su arte “muy a tono con su época en que los pinceles de los pintores destilan sangre de mártires y candideces de vírgenes”[1]

Es definitivamente a finales del siglo XVIII que sobrevendrá la eclosión de las ideas. Su concreción se halla en la salida del Papel Periódico de la Havana (Sic), en 1790, y la constitución de la Sociedad Económica de Amigos del País (1792).

Alrededor de estas instituciones se agruparon las mentes del país, a saber: José Agustín Caballero, Tomás Romay –introductor de la vacuna en Cuba y responsable de la erradicación del enterramiento en las iglesias–, el poeta Manuel de Zequeira y por supuesto, Francisco de Arango y Parreño.

Ese período se ha dado en llamar el de la institucionalización literaria, la modernización técnica y también el de la Generación de 1792.

A Francisco de Arango y Parreño (1765-1837) se le conoce como el primer ensayista socioeconómico cubano, ideólogo de la sacarocracia criolla (la aristocracia del azúcar) y uno de los líderes de la Sociedad Económica de Amigos del País.

Para Alejandro de Humboldt fue “el estadista más eminente de su patria”[2] y para Jacobo de la Pezuela “el hombre que más ha influido en los destinos de su país”[3].

Consejero de Indias y director de la Real Intendencia de La Habana, su célebre Discurso sobre la agricultura de La Habana y medios de fomentarla constituye un resumen bien razonado de sus ideas, un muestrario de la situación del país.

El mejoramiento en la utilización de las tierras, la introducción de tecnologías en la manufactura azucarera, la necesidad del comercio y el desarrollo científico del país, son algunos de sus planteamientos.

“El proyecto, sin embargo, no se reduce a un contenido esclavista-plantacionista. Lo más significativo en él radica en la elaboración de un amplio plan de medidas que contrarresten los efectos de la esclavitud”[4]

No se limitó a la teoría, viajó con frecuencia y encabezó el movimiento que logró mejoras en el ámbito agrícola y tecnológico. También elaboró el Plan de Reformas de los Estudios en Cuba, especialmente de los superiores.

Arango demostró una clara identidad de clase y aunque no escapó a los marcos reformistas de la colonia; dejó sentada su diferenciación en los conceptos de español y de patria.

Su propósito de blanqueamiento y europeización del interior de la Isla, veía ya, lo que se presentó inevitable: el mestizaje racial y espiritual de la nación cubana, y a la larga, la radicalización de las iniciales “ideas sediciosas de los esclavos campestres”[5]

Para él y su generación “español, no es sólo el nacido en la Península, sino todos los que conforman la unidad cultural y política hispana, incluidos los criollos o “españoles americanos”[6] y “patria se refiere al lugar donde se nace dentro del conjunto imperial hispano y tiene un carácter regional o local”[7].

Arango y Parreño, mencionó a Cuba explícitamente como su patria; pero anduvo con “un pie en España y otro en Cuba, cogido en la tenaza de su patriotismo cubano y su lealtad ibérica […] No discutamos con don Francisco: su nación era España; pero su nacionalidad […] era cubana ya”[8]

Era el estreno de “una rivalidad económica entre la burguesía productora criolla (la élite pensante) y los comerciantes peninsulares”[9]. El valor de las exportaciones azucareras y cafetaleras de la Isla, sobrepasaban a la metrópoli europea.

Hacia 1830, el discurso nacional cubano va cristalizando y alcanza su espesor.

Arango y Parreño deja escritas sus ideas, en las que sueña para su patria con grandezas históricas –únicamente alcanzables en libertad–; pero aconseja la subordinación a España:

“[…] si se trastorna ese orden, le tocará de seguro, la suerte que al joven incauto, que antes de tiempo quiere gobernarse por sí mismo, y dar rienda suelta a sus pasiones: le sucederá mucho más; porque este, al menos, no tiene lejos ni cerca enemigos que la ataquen, y Cuba los tendrá sobre sí […] en el momento que trata de cualquier revolución. ¡Adorada patria mía, oye con atención lo que te digo con lágrimas! El Supremo Ser te puso donde serás algún día, para gran parte de la América lo que Albión es para Europa, y de ti depende el que nuestros descendientes ocupen tan prominente lugar”[10]

JOSÉ AGUSTÍN CABALLERO, el fundador de la filosofía cubana

Su rostro es adusto en las fotografías que han llegado a nosotros. A José Agustín Caballero tocan los primeros intentos de injertar la modernidad en la enseñanza cubana, y entrar en la época de la experimentación.

Es el autor de nuestra primera obra filosófica: Philosofía Electiva (1797).

“Murió para siempre el horrísono escolasticismo en Europa […] Entró en su lugar la antorcha de la verdad: el experimento. Repitiéronse éstos. Concordáronse sus efectos. Formóse la experiencia […] Salió sacudiéndose el polvo de los entes quiméricos, luminosa y brillante, la filosofía racional, la física experimental, la química metódica y todas las demás ciencias naturales […] En fin, ya no se disputa sino se demuestra […]

“¡Ay, señores! Así es en toda la Europa sabia, y así debía ser en todo el mundo. Pero ¿es así en la Habana? […]”[11]

Torres-Cuevas considera que la “filosofía de la experiencia” de José Agustín Caballero permitió “rectificar al conocimiento y terrenalizar el pensamiento”, aunque no llega a la ruptura total con los postulados anteriores.

Hay que recordar que en esa época, la física, la química y otras ciencias formaban parte del amplio campo de la filosofía.

Durante tres décadas –y hasta su muerte– desempeñó la cátedra de Escritura y Teología Moral en el Seminario de San Carlos, y redactó un Proyecto de Gobierno Autonómico para Cuba (1811)

Tocó a él iniciar la reforma de la enseñanza cubana y sacudir el escolasticismo, a la vez que afincar sus análisis en la propia realidad de la Isla.

José Agustín Caballero fue el pionero de una larga tradición de maestros insignes, que más que académicos formaba hombres de su tiempo, y cuya cima fue la prédica de Félix Varela, no por gusto uno de sus alumnos.

Fueron discípulos suyos además, José Antonio Saco y José de la Luz y Caballero, este último su sobrino, de quien fue preceptor.

Luz y Caballero (1800- 1862), es uno de los más legendarios profesores en la historia de la pedagogía cubana. Colgó los hábitos y se internó para siempre en la enseñanza.

No desmayó cuando se frustraron sus intentos de establecer un Instituto Cubano como escuela práctica de ciencias y una Academia Cubana de Literatura (uno de los motivos por el que Saco, a quien Luz y Caballero representaba, debe partir de suelo cubano).

Fundó el Colegio del Salvador, donde implantó métodos modernos de enseñanza y son famosas sus “pláticas de los sábados”.

José de la Luz y Caballero afirmó de Varela fue “quien nos enseñó primero en pensar”.

Sus Aforismos constituyen un legado peculiar dentro del pensamiento cubano y su médula ha sobrevivido incólume los siglos.

Entre ellos cabe destacar:

“Instruir puede cualquiera, educar sólo quien sea un evangelio vivo”

“Para todo se necesita ciencia y conciencia”

(VER Más sobre Pensadores Cubanos en http://misfrases1.blogspot.com/2007/12/de-pensadores-cubanos.html.)

SACO: El látigo contra el anexionismo

Alumno de Caballero y seguidor de Arango y Parreño, en la relación de notables patriotas no puede faltar el nombre de José Antonio Saco (1797-1879).

Algunos quieren hacerle zozobrar en sus contradicciones, en su condición de “reformista con prejuicios raciales”[12]; pero su recia posición de cubano salta de cualquier consideración.

Él fue uno de aquellos patriotas sin patria, miembro de una generación que ya sentía a Cuba en el centro del pecho.

Su Memoria sobre la vagancia en la Isla de Cuba –premio de la Sociedad Económica de Amigos del País, en la cual llegó a ser director de la célebre Revista Bimestre Cubana–, da prueba de una mirada profunda sobre su país:

“Dése al pueblo instrucción y ocupación, aliéntese la industria, persígase la indolencia, ármese la ley para herir a todo delincuente, y en breve quedará purgado nuestro suelo de la plaga que hoy le infecta”. [13]

Las polémicas de Saco contra la anexión de Cuba a los Estados Unidos y los anexionistas, marcan toda una época. Esa corriente cobraba fuerzas.

La sostuvo con verbo encendido, dentro y fuera de la Isla, frente a personalidades de la talla de Ramón de Palma, Gaspar Cisneros Betancourt y Cirilo Villaverde.

Valga citar su restallante verbo, desde el exilio que se vio obligado a asumir más una vez:

“[…] una isla que, es una de las más grandes del globo, y que encierra tantos elementos de poder y de grandeza, es una isla que puede tener un brillante porvenir […] ¿por qué he de cerrar mi corazón a la esperanza, convertirme en verdugo de las nacionalidad de mi patria? Quince años ha que suspiro por ella: resignado estoy a no verla nunca más; pero menos me parece que la vería, si tremolase sobre sus castillos y sus torres el pabellón americano […]”[14]

“Si los anexionistas […] me nieguen o den a entender, que no existe la nacionalidad cubana , y que quieran sostenerme, que aun en el caso de existir, ella no se perdería con la anexión, son errores que debo combatir […] ¿no existe en Cuba un pueblo que proceda del mismo origen, hable la misma lengua, tiene los mismos usos y costumbres, y profesa además una misma religión […] negar la nacionalidad cubana, es negar la luz del sol de los trópicos en punto del mediodía”[15]

Saco es el primero que se empeña en definir la nacionalidad cubana, concepto que entiende precede a la nación (que sólo será conquistada años después).

Sin embargo, aherrojado en sus prejuicios contra el negro, su concepto de nacionalidad cubana sólo se refiere a los individuos de la raza blanca (la hispano-cubana).

Será otra contradicción, pues se trata del mismo autor de la monumental Historia de la esclavitud, y su voz se había levantado contra la trata negrera.

HEREDIA, LA POESÍA PROFÉTICA

En materia literaria, hay un nombre insoslayable: José María Heredia (1803-1839). En sus 36 años, sólo vivió en Cuba algo más de seis; pero ya en Venezuela, México o la Florida, “decidió ser cubano se sintió cubano, vivió como cubano”.[16]

Si nos fijamos en sus años, veremos que no hay indicio alguno de la corriente independentista en una Isla españolizada, todo está lejos.

“Su gran proeza, por supuesto, fue darle forma estética a esa sensibilidad en ciernes y acelerar el proceso de gestación del espíritu cubano y la certidumbre de pertenecer a un patria distinta y reconocible […]”[17]

“[…] más que escribirla, Heredia de alguna manera estaba inventando la patria”[18]

En 1823 debe escapar de una muerte segura en Cuba a manos del gobierno español, por su participación en la Conspiración de los Soles y Rayos de Bolívar.

Un año después, ante el torrente del Niágara, conmueve. Busca las palmas deliciosas de su patria en la brumosa garganta. Apenas tenía 21 años.

Su tono se vuelve profético en “El himno del desterrado” (1825):

¡Cuba! al fin te verás libre y pura
Como el aire de luz que respiras,
Cual las ondas hirvientes que miras
De tus playas la arena besar.
Aunque viles traidores le sirvan
Del tirano es inútil la saña,
Que no en vano entre Cuba y España
Tiende inmenso sus olas el mar.

La poesía de Heredia se adelanta incluso, al discurso nacional cubano, algunos de cuyos ejemplos muestra este artículo.

No se conoce donde descansan los restos del poeta; pero su inmortalidad es la de un iluminado, sin justipreciar aún en toda su magnitud.

CECILIA VALDÉS. LOS POETAS ROMÁNTICOS

Valdrá la pena citar otra obra de las letras que se apropia de ese “ser cubano” –si bien desde una arista muy diferente: el costumbrismo y la mulatez–: Cecilia Valdés (1839) de Cirilo Villaverde; aunque la crítica considera que en materia de novelística cubana, Mi tío el empleado (Ramón Meza, 1887) es la mejor estructurada.

El carácter emblemático de Cecilia Valdés, no ha hecho más que aumentar con el tiempo; reforzado a partir de piezas que le toman como inspiración en el teatro, el cine, y sobre todo la zarzuela homónima, escrita –ya entrado el siglo veinte– por el maestro Gonzalo Roig.

Un poco después de Cecilia..., la camagüeyana Gertrudis Gómez de Avellaneda publica Sab (1841). Y con ella, ve la luz la primera obra abolicionista de nuestra literatura. La historia admite la pasión de una señorita blanca por su esclavo.

La Avellaneda (1814-1873) tendrá una obra integral sin igual en su época, en todos los géneros literarios: la poesía (“La pesca en el mar”, “Al partir”, “A él”, "…), la novela (Guatimozín, Espatolino), el teatro (Baltasar, Munio Alfonso, El millonario y la maleta), las tradiciones…

La salida póstuma de sus cartas íntimas (Diario de Amor), ya en el siglo veinte, reveló en la Avellaneda un carácter más propio de estos tiempos que de los 1800.

Ellos vivieron esa generación romántica que tuvo a otros representantes como José Jacinto Milanés (1814-1863; "El nido vacío", "La fuga de la tórtola", el drama "El conde Alarcos") y a "Plácido" (Gabriel de la Concepción Valdés, 1809-1844).

Este último, más por sus ideas separatistas que por haberse probado su implicación en la Conspiración de La Escalera, cae abatido por las balas de un pelotón de fusilamiento español. Un poeta mártir.

A la sombra de un árbol empinado
que está de un ancho valle a la salida
hay una sombra que a beber convida
de su líquido puro y argentado.

Allí fui yo por el deber llamado
y, haciendo altar la tierra endurecida
ante el sagrado código de vida,
extendidas mis manos he jurado

Ser enemigo eterno del tirano;
manchar, si me es posible, mis vestidos
con su execrable sangre, por mi mano

derramarla con golpes repetidos,
y morir a la smanos de un verdugo
si es necesario, por romper el yugo.

("El Juramento", Plácido)

La patria cubana mejorada desde el ensayo y las sociedades económicas, evocada desde la prédica filosófica y presentida desde la lírica, descritas sus tradiciones desde la narrativa... debía ser todavía materializada, conquistada.

El largo camino de las discusiones reformistas se encuentra con la voz del presbítero Félix Varela (1767-1853) que se radicaliza hasta preconizar el único camino: la independencia.

Murió antes del 10 de octubre de 1868. Ese día sonaron las campanas del ingenio La Demajagua, en el Oriente Cubano, y el rico hacendado Carlos Manuel de Céspedes llama a sus esclavos y a otros patriotas, a no ver más a España de rodillas.

Cuba se había levantado.

Las ideas precursoras de Varela, la fragua definitiva de la nacionalidad cubana y el pensamiento de José Martí serán temas de la tercera parte. ///

VER PARTES de la serie Cultura e identidad cubana:

Anterior

1. Indios, negros y criollos (http://laislaylaespina.blogspot.com/2007/12/cultura-e-identidad-cubana-de-hatuey-al.html)

Posteriores

3. Félix Varela: el precursor (http://laislaylaespina.blogspot.com/2007/12/cultura-e-identidad-cubana-iii-flix.html)

4. La Independencia o El Camino de la libertad (http://laislaylaespina.blogspot.com/2007/12/cultura-e-identidad-iv-la-independencia.html)

5. Que república era aquella http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/01/cultura-e-identidad-cubana-v-que.html


Notas

[1] José Nicolás de la Escalera y Domínguez: Extraído del Diccionario de Artistas Plásticos de Cuba, de Antonio Rodríguez Morey, inédito, en http://www.galeriacubarte.cult.cu/

Recientes investigaciones de las licenciadas Rosaida Savigne y Bárbara Argüelles (Santiago de Cuba) han hallado las huellas del pintor Tadeo Chirino, en el siglo diecisiete.
Eso sí, habrá que decir que las manifestaciones de las artes plásticas en Cuba datan de la centuria anterior. Sobre la torre del Castillo de la Real Fuerza –en fecha tan lejana como 1630-1634– se encontraba ya una veleta conocida como La Giraldilla, escogida en tiempos recientes como símbolo de la capital cubana. La pequeña escultura en bronce fue realizada por el habanero Gerónimo Martín (o Martínez) Pinzón.

[2] Citado por Eduardo Torres-Cuevas en Historia del Pensamiento Cubano, Volumen I, Tomo I, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2004, p. 171.
[3] Ibid.
[4] Eduardo Torres- Cuevas: Op. Cit., p. 174
[5] Francisco de Arango y Parreño: “Discurso sobre la Agricultura en La Habana y medios de fomentarla” en Eduardo Torres Cuevas: Op. Cit., p. 207.
[6] Eduardo Torres Cuevas: Op.Cit., p. 175
[7] Ibid..
[8] Sergio Aguirre: De nacionalidad a nación en Cuba, Editorial Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 1995, p. 18-19.
[9] Leonardo Padura: José María Heredia: La Patria y la vida, Ediciones Unión, La Habana, 2003, p. 21
[10] Francisco de Arango y Parreño: “Reflexiones de un habanero sobre la independencia de esta isla” en Obras de don Francisco Arango y Parreño, Publicaciones de la Dirección de Cultura de Educación 1952, p. 357.
[11] José Agustín Caballero “Discurso filosófico”, citado en Historia del pensamiento cubano, tomo I, p. 227 - 227
[12] Sergio Aguirre: Op. Cit,, p. 13
[13] José Antonio Saco: Memoria sobre la vagancia en la Isla de Cuba
[14] José Antonio Saco: Papeles sobre Cuba, T. III, La Habana, Editora delñ Consejo Nacional de Cultura, 1963, p. 464.
[15] Ibid.., p. 442.
[16] Leonardo Padura: Op. Cit., p. 9
[17] Ibid., p.48.
[18] Ibid., p. 52.