Reinaldo Cedeño Pineda
Mi amiga L. sacaba dardos
encendidos del envés de la oreja
te penetraba con su sonrisa
de trapo de papel
su desnudez
redonda estrafalaria
podía hacer olas en medio del
asfalto
era descomunal
cálida
libre.
Mi amiga L. se fue un día adonde
van todas las consonantes
y yo quedé fuera del alfabeto
sin aire
sin sonido
sin palabras.

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