Eric Caraballoso Díaz
♣ Presentación especial del libro Poemas del lente de
Reinaldo Cedeño Pineda en el teatro estudio de Radio Mambí. Una experiencia inédita, fértil y singular para la radio. 9
de marzo de 2013.
El cine es poesía,
puede ser poesía. No creo haya contradicción en esta frase: en su capacidad de
ser está su esencia, a veces inacabada, a veces luminosa. Entonces: el cine es
poesía porque puede serlo. Tal vez en ocasiones no llegue siquiera a ser cine,
quede apenas en burla, en vacía peripecia, pero cuando entre las imágenes en
movimiento asoma la belleza, cuando una escena, un sutil encuadre, un
parlamento, revelan una emoción insospechada, brota pues la poesía, límpida o
febril, refulgente o callada. Y basta estar frente a la pantalla para
descubrirla.
Es frente a la
pantalla que se completa el círculo, que acontece el milagro. Antes, otros hombres
y mujeres, actores, directores, camarógrafos, músicos, escenógrafos,
guionistas, dieron a la película toda su pasión, su halo poético. Pero si luego
el espectador no llega a percibirlos, al filme le aguardan las sombras, el
olvido.
No siempre brota
la poesía donde se le supone, donde sería lo más común o esperado. Tampoco todos
la descubrimos por igual. Pero si está, el ojo, el sentido aguzado, la abrazan,
la disfrutan, la inmortalizan en la memoria. Lo que fue no dejará de serlo.
En Poemas del lente late la memoria. Con
sus versos, Reinaldo Cedeño hace que la poesía cristalice en poesía. La poesía
del cine convertida en fermento, en carne de la literatura. Sus metáforas
evocan fotogramas, sus verbos y sustantivos rememoran –rehacen, en realidad- lo
que primero se manifestó veinticuatro cuadros por segundo. De esta forma, el
círculo se completa nuevamente: de la pantalla al papel, de la imagen fugaz a
las palabras.
¿Cuáles son los
filmes-poemas de Cedeño? ¿Por qué esos justamente, y no otros, más célebres,
quizás, más memorables para académicos o críticos cinematográficos? Difícil
mediar en cuestiones de gustos, de emociones. Lo verdaderamente esencial, sin
embargo, no son las películas incluidas en sí, las volcadas en versos, sino los
propios versos. No es el hecho de que en la página 29 del cuaderno se evoque a la
Casablanca de Michael Curtiz, o en
la 44 a Suite Habana, o en la 15 a Cuando vuelen las cigüeñas. No, lo bello, lo significativo, es que
lo escrito de ellas reviva su espíritu, su drama interior, incluso su tono, sea
sensual o terrible, tierno o desgarrado. Y, además, conmueva.
(Instante de la presentación del volumen POEMAS DEL LENTE en el teatro estudio de Radio Mambí, en el programa Buenas tardes, Santiago. De izquierda a derecha, la locutora Berenilce; Madelín Díaz Monterrey, Made, especialista del Centro Hermanos Loynaz, el autor Reinaldo Cedeño y el presentador Eric Caraballoso)
Personajes memorables
recorren este libro, muchos de ellos femeninos: Scarlett O’hara, Blanche Dubois,
Lucía-Raquel Revuelta, Lucía-Adela Legrá, Sor Juana, Cuba Váldes… Sus voces, sus
siluetas, sus presencias cinematográficas, se enseñorean en las páginas como si
se tratase del plató. ¿Cómo vivís sin memoria?, nos enjuicia Norma Desmond
desde El crepúsculo de los dioses, y
su interrogante, como justicia poética, se multiplica en cada poema, en cada
locación. La Plaza de la Revolución José Martí (el día cuatro a las cuatro y
cuarenta y cuatro de la tarde), una habitación en Roma, una azotea en Bangkok,
el Palacio del Emperador, la brasileña Ciudad de Dios, en todas ha sucedido o
sucederá algo hermoso o terrible que merece inmortalizarse en la hoja impresa.
Algún lector, o
cinéfilo suspicaz, podría apuntar la preponderancia de filmes-poemas de
determinada temática, no diré cuál o cuáles. Otros, al hablar de lo mismo,
podrían ponderar la coherencia estructural del cuaderno. No veo rompimiento
alguno entre ambas posturas y sí algo esencial en la poesía de Cedeño: emoción
y sinceridad. Estos poemas nacieron de lo más raigal, de lo más íntimo de su
autor, y por ello, aunque partan del cine y le rindan homenaje, hablan al final,
como toda poesía –como la propia poesía que asoma en las películas- de los
hombres, sus miedos, sus sueños, sus pasiones.
Hizo bien el
jurado del Premio Loynaz en reconocer este cuaderno de Cedeño. Poemas del lente nos convida a volver a
la sala oscura, a acomodarnos en silencio en nuestras butacas, y a disfrutar,
escena a escena, fotograma a fotograma, del germinar fúlgido o silencioso de la
poesía.
(Reinaldo Cedeño autografiando el libro a trabajadores y artistas de la radio)



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