
♣ Homenaje a Luis Mariano Carbonell Pullés en
el panel dedicado a figuras del Caribe desaparecidas recientemente, en el que
se rindió tributo también a Norman Girvan, intelectual y economista jamaicano,
el Nobel colombiano Gabriel García Márquez, la cantante dominicana Sonia
Silvestre, y el músico y compositor Juan Formell / XXXIV Festival
del Caribe Teatro Heredia, Santiago de Cuba, 5 de julio de 2014.
POR Reinaldo Cedeño Pineda
Si pudiera decirles quién fue Luis Carbonell…
pero ni él mismo lo sabía. No ando buscando palabras de ocasión. Un día, una
madrugada irrepetible, en el salón del aeropuerto, me confesó: “Yo no conozco a
Luis Carbonell, yo aprendo con él, me sorprendo, lo ando descubriendo todavía”.
No
vengo a repetir la biografía de este hombre nacido un 26 de julio, en 1923, en estas
calles. Me conmovió —me conmueve aún— su declaración de que “primero era santiaguero
y después cubano”. No lo expresó una, sino mucha veces. Lo sostenía firme, la
hacía flamear: era su bandera. La patria antes de ser conciencia asoma por el
pequeño pedazo bajo el sol.
Permítaseme
un salto, el primero de muchos. Después que la ciudad fuera arrasada por el
huracán Sandy, vino hasta aquí para estrenar una estampa de Santiago Carnago. Se
necesitaban todas las voces, todas las manos. El artista estaba dispuesto a
recoger piedras si era preciso, y así lo hizo saber a las máximas autoridades
del territorio. De ese tamaño era su desprendimiento de
cualquier fatuidad.
Si me
dieran a escoger una muestra de su estirpe tomaría uno de los sucesos
antológicos de la discografía cubana. Cuando en 1955 se graba Esther canta a dos, tres y cuatro voces, no se hablaba de
pistas y mucho menos de digitalización. Era un tributo a su amistad con Esther
Borja. Se necesitaba una disciplina inquebrantable, un nivel de detalle milimétrico.
Ambas cosas las tenía Luis y las tenía la intérprete.
Acometió los arreglos
musicales para la ocasión, el montaje de las voces, el acompañamiento
pianístico (junto con Numidia Vaillant) y la redacción de las notas. Un artista total.
Años después participó en la formación del Cuarteto del Rey ―con el que debutara Pablo Milanés—; en el de Los
Bucaneros, Los Cañas… Muchas agrupaciones siguieron consultándole en las
décadas siguientes.
Luis nació para enseñar, aunque no fuese derecho ni medicina como quería su madre. Y en ese camino no solo escaló, sino que supo espantar una montaña de prejuicios.
Luis nació para enseñar, aunque no fuese derecho ni medicina como quería su madre. Y en ese camino no solo escaló, sino que supo espantar una montaña de prejuicios.
¿Cómo
logró aprenderse la monumental Elegía
a Jesús Menéndez de Nicolás Guillén? ¿Cómo
seguir al Capitán Muerte? ¿Cómo decir
Jesús / caña / Manzanillo / ejército? También se lo
pregunté. “Estudiar”, fue su única
respuesta, lacónica respuesta. Algo debió notar en mi rostro, alguna sombra, cuando
decidió agregar. “En realidad son tres cosas: Estudiar, estudiar y estudiar”.
Vivió de la poesía, lo que no puede decirse
de nadie, de casi nadie. Y lo mejor, nos hizo vivir con ella. Le extrajo el
zumo a cada frase, llevó cada palabra al límite. De la cáscara a la médula descarnó el poema, y
luego lo vistió, capa por capa, dando la gentil impresión de no haberlo tocado
nunca.
Pepe Biondi, el artista argentino, le confesó un día: “Usted
no recita. Usted dibuja los versos, los pinta. Usted es un acuarelista de la
poesía”. Y aquel bautismo, con el aderezo
antillano, la acompañó para siempre en escenarios del Caribe, América del Sur,
Estados Unidos y Europa.
Hizo a
Lorca y a Camín, a Palés Matos y a Eloy Blanco, a Tallet y a Ballagas. Hizo
grandes poemas y grandes autores; pero también insufló vida a obras que no
parecían mucho. Las puso a levitar.
Se
empeñó en decir que no escribió poesía, intentó demostrárnoslo; pero ya sabemos
que la palabra rodaba por la punta de sus dedos, nos recorría, nos trajinaba,
nos llevaba donde quería y luego… le bastaba halar el cordel.
Si
pudiera decirles quién fue Luis Carbonell, pero no nos hará falta. Véanle
cruzar los brazos y mecer al bebé… diente de merengue, bemba de caimito… Mirad como sube el olor de la madera, el olor a hembra, a
macho y a rústico barracón… como se dibuja el aire, como un llamado
elástico hace el milagro: Fulóooo. Y como
llega aquel Niño, con guantes y
to, che ché; como aplaude, como grita,
como pronuncia su nombre, igual que el niño Valdés.

muy hermoso y reflexivo su texto , sin condenas ni culpabilidades que en definitivas nadie tiene el derecho de abrogarse el titulo de fiscal, de acuerdo con tu modo de decir hermano,yo tambien soy amigo de pacheco y cada quien que determine su vida y salud
ResponderEliminar