Reinaldo
Cedeño Pineda
Lo veía ir y venir. Surcar la ciudad en dos
ruedas. El saludo veloz. De la radio a las pantallas. De la pantalla a la
radio. Emisora CMKC, Revista Santiago, un pase a la Revista de la Mañana. Y todavía más: una
gala, un curso, un círculo de interés. No sé de qué estaba hecho, de dónde lo
sacaron; pero la suya era una pasión irrefrenable.
No
olvidaré un instante en el mítico Cornito, en la tierra de El Cucalambé.
Rodeado de amigos que no están. Con el filo de las palabras y la música; con el
filo de los silencios, trazó Sandrita, la niña con alas, la historia de quien
vino al mundo sin brazos. Él los puso. Dicen que la radio se escapa; pero pudiera dibujar aquel documental ahora
mismo. Pudiera darle tantos nombres.
Acudí a él cuando propuse a la radio
santiaguera, un pequeño programa: Cuerdas de
mujer. Su breve tiempo, nada tuvo que ver
con nosotros. Adoarropó mi idea con las suyas, sintonizó su espíritu. Guardo
esas grabaciones, como se guardan las cosas queridas, junto a su respeto.
Cuando
en 2011, en el parque Céspedes, en el pecho mismo de la ciudad, recibí el
Premio Cubadisco por las notas discográficas del álbum Veneración, Ado anunció aquel galardón. Nunca hubiera sido igual,
sin su voz, sin su abrazo.
Hizo de los estudios, su atalaya. Nos acostumbramos a
verle ganar en cuanto festival participara. Ora
como guionista, ora como director, o locutor. O lo que fuera. El premio era de Ado. Y
lo sentíamos nuestro.
Después de verle prendido a la máquina de escribir, a la computadora;
después de verle conversar con famosos o
desconocidos; después de escuchar La Ventana o Supershow o Tridimensional, o aquel especial suyo: Yesterday, la balada del siglo; nadie se acordaba del ingeniero Ado Sanz
Milá. El comunicador lo había arrasado.
La
vida le regaló páginas intensas. Otras, tuvo que arrancarlas. Su handicap era
el pelo, ya ausente. Cuando querían subirle la parada, ya sabían el camino.
Le vi
sonriente junto a su otra mitad en la pantalla, Leticia Rodríguez. Tantas
veces. Le vi demudado cuando anunció al país por la televisión, la huella
inmisericorde del huracán Sandy.
La ciudad tenía su rostro.
La ciudad tenía su rostro.
Pudo
caminar sobre las aguas, pudo volar; pero siguió subiendo y bajando las calles
empinadas de su ciudad. Nunca desmayó. Nunca le faltaron palabras.
Santiago lo llora.
(Un instante en el Palacio de las Convenciones en
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♣ ADO SANZ: ADIÓS AL PRÍNCIPE DE LAS PALABRAS . Texto de despedida del duelo
---Falleció Ado Sanz Milá. El impacto inicial:
Cedeño, le recuerdas de adulto, yo lo recuerdo de cuando imberbe aún, transitaba los pasillos de CMKC, con su siempre pasión. Serio, entusiasta, amable, respetuoso, cariñoso. No olvido sus lágrimas en la Sala de Conciertos "Dolores" al entregarme el Cañón de Cuero: su emoción impactó la mía. Adito fue una persona exquisita, sublime, especial. Siempre estará en mi corazón. QEPD.
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