domingo, 7 de octubre de 2018
“Hasta que no dejemos de creernos que es nuestra tarea cambiar a la gente para que quepan entre nosotros (…) estamos perdidos (…)”
ᴥ SERMÓN pronunciado por el pastor Eduardo González Hernández, el 16 de septiembre de 2018 en la
Iglesia Bautista "Enmanuel", Ciego de Ávila. Él es además Secretario
General de la Coordinación Obrero Estudiantil Bautista de Cuba)
En estos días en que se discute el Proyecto de
Reforma Constitucional en nuestro país donde hay un punto que favorece el
matrimonio entre personas del mismo sexo ha suscitado la incomodidad de muchas
personas cuyos prejuicios le hacen difícil entender tal cosa, y muchos basan su
inconformidad aludiendo el tratamiento que la Biblia hace del tema. Por tal
motivo este viernes nuestra iglesia convocó a un estudio de aquellos pasajes
que en nuestro Libro Sagrado hace del asunto, estudio que no pretendo repetir en
esta reflexión.
ᴥMuchas veces hablamos y promovemos una iglesia
“por todos y para todos” pero la mayoría de las veces que esto hacemos, estoy
convencido que no tenemos ni idea, de la magnitud y alcance, de nuestros
planteamientos y casi siempre el “traje” de nuestro discurso se queda mucho mas
pequeño que el “cuerpo”, que con el, pretendemos cubrir.
La inclusión o inclusividad es uno de esos temas de
los que nuestras palabras dicen mas, lo que queremos que otros crean que somos
que lo que realmente sentimos o pensamos en lo más profundo de nuestro
ser.
El espíritu conquistador y excluyente que movió a los
cristianos a aquellas sangrientas Cruzadas, con la excusa de “convertir”
a otros al cristianismo, todavía vive en lo más profundo de nuestro ser, donde
no concebimos a nada, o a nadie que sea, piense o actúe diferente a nosotros.
En honor a la verdad también debo decir que me siento
orgulloso de ser parte de esta familia donde hemos aprendido bastante a aceptar
la diversidad de los seres humanos, pero no obstante todavía hay mucho que en
ese campo tenemos que lograr y es con ese ambicioso espíritu, que trataré con
mi reflexión hoy, de empujarlos un poquito mas hacia donde creo que Dios
quiere que vallamos, en lo que podamos alcanzar como familia de fe, que a otros
y otras respecta, aunque en esto también seamos minoría.
Según los especialistas en la materia, la orientación
sexual es, después de la esclavitud, el tema que más ha dividido a la
iglesia universal. Mejor dicho, no es el tema lo que divide las iglesias, sino,
la manera tan diversa también, en que todos, tratamos de entenderlo
y asumirlo.
Así como para la iglesia neotestamentaria, quienes
estaban convencidos que los gentiles solo podían ser Cristianos, si primero se
convertían al Judaísmo (y que conste, que este proceso costo bastante
sufrimiento), hay una parte de la iglesia hoy, quienes piensan, que si nosotros
agrandamos el techo de nuestra “cabaña” para incluir a las personas “gay”
todo en nuestro alrededor se vendrá abajo. Según ellos debemos “evangelizarlos”
es decir: transformarlos a “nuestra imagen” antes de que entren, porque si no,
el techo de la “cabaña” no aguantará.
La historia de Felipe y el Eunuco Etiope, un texto del
que siempre hemos oído utilizado para la “evangelización”, o “la conversión del
Eunuco” como se le conoce.
Siempre se me ha dicho que este texto es la prueba
Bíblica de que debemos hablar de Jesús a todo el que encontremos en nuestro
camino, porque haciendo esto los “salvamos”, tenemos que “convertir” a la
gente, “debemos cambiarlos para que sean como nosotros”.
Pero hoy en día, les confieso que no estoy seguro que
sea esto lo que Dios quiera que hagamos, porque si el Eunuco estaba leyendo
Isaías cuando regresaba de Jerusalén, donde había ido a adorar a Dios,
entonces, sí conocía Isaías, también conocía Deuteronomio 23:1 “Noentrará
en la congregación de Dios el que tenga magullado los testículos o amputado su
miembro viril...”
Esta ley, estrictamente, prohibía a un Eunuco entrar a
la Sinagoga para adorar al Señor, Su “trasgresión” de género, el hecho de
ser Eunuco, quienes eran hombres que habían sido castrados, o en buen cubano:
que les habían cortado sus testículos , los privaba de estar en la “categoría”
correcta, los hacia inmundos por naturaleza, ellos no cabían en “la cabaña” ,
pero a pesar de eso, sin importarle esto, aquel Eunuco había ido a Jerusalén, a
adorar a aquel Dios, Dios para el cual, según, aquella ley y los
religiosos de la época, él, no le era una persona grata, precisamente porque le
faltaban sus órganos sexuales ,pero dando muestras, de que a pesar de no
tenerlos ya en su sitio, aun le sobraban…….las agallas, El Eunuco buscaba y
adoraba al verdadero Dios, por encima de todo y a todo riesgo, como
debiéramos hacer todos los que nos decimos cristianos, aunque eso nos cueste el
desprecio, la incomprensión y rechazo de otros que apuntan con ser mayoría.
Quiero invitarlos a que miremos el pasaje pensando que
cuando el Espíritu guió a Felipe a ese camino en el desierto, lo estaba guiando
a su propia conversión, cuando el se acercaba al carro debió haber estado
pensando: “ah ahora le meteré las Escrituras por la cabeza
hasta que se convierta como yo”, pero cuando Felipe se unió a esta
persona que buscaba de Dios por sobre todas las cosas, a pesar de lo difícil
que esto le resultaba muchas veces, cuando no era admitido en la sinagoga,
quizás fue Felipe quien se convirtió a la verdadera fe de Cristo,
Quizás, ¿quién sabe?, fue una conversión mutua, a lo
mejor en la soledad y el calor del desierto se hicieron mil preguntas como nos
las hemos estados haciendo nosotros durante estas semanas, en que hemos estado
oyendo diferentes comentarios de temas punzantes para nuestra fe.
Pero valga decir que el único imperativo en esta
historia, viene del Espíritu, porque Felipe y el Eunuco solo se hicieron
preguntas, el único mandato u orden, vino de Dios y fue: “acércate y
júntate” , ve y júntate al otro o la otra, no sabemos si el
Espíritu también le dijo al Eunuco que se juntara con Felipe , que se juntara
con aquel Judío que era un representante de aquella ley y de los que no
le dejan entrar en la casa de Dios. Invítalo a sentarse a tu lado, Ve…júntate
con el……estudia las Escrituras… Hazle preguntas, enséñale que tú también eres
un ser humano hecho a imagen y semejanza de Dios.
Tal vez Felipe en este encuentro con este
extranjero, sexualmente extraño, aprendió lo que realmente era buscar de Dios,
en persona que tenía que vencer obstáculos.
Este viernes en el Estudio Bíblico, cuando ya
estábamos al finalizar un joven de nuestra congregación alzó la mano y pidió la
palabra, lo hizo para contarnos como en su búsqueda de un lugar donde cultivar
su fe, donde aprender de ese Dios que es amor llegó aquí con temor y temblor,
con la esperanza que alguien le infundiera de que éramos una iglesia diferente
de las que él conocía y donde las personas como el, de orientación sexual
diferente a la de la mayoría no tenían cabida. Entre lágrimas y sollozos
tuvimos la bendición de escuchar como para él, su experiencia de aceptación y
amor, en esta iglesia había representado una experiencia de conversión al Dios
del amor que no hace distinción de personas, de cómo el amor y la aceptación de
esta iglesia lo habían ayudado a ser mejor persona y sobre todo a entenderse y
aceptarse, aun, cuando hay integrantes de su familia biológica que ni lo
entienden ni lo aceptan.
A cuantos de ustedes, u otras personas que ustedes
conocen, alguien, alguna vez, no les han dicho que tienen que cambiar para ser
parte de alguna institución, o de una iglesia, porque de lo contrario no puedes
entrar en la “cabaña”. “Cambia tu orientación sexual”, “cambia
tu…..... Amaneramiento”,
tu personalidad, tu inseguridad, “deja tus vicios”, “cambia tu historia”, “tu
fragilidad”, y si no puedes, al menos esfuérzate delante de la gentes”, pero
sin embargo, a pesar de esta actitud excluyente, aquí o allí hay todavía,
`personas como estas, convirtiéndonos con su persistencia y constancia en la
búsqueda de Dios una vez más a esta fe del Dios que es amor.
¿Qué mejor manera de aprender de seguir a Cristo
de alguien que ha vencido todo tipo de obstáculo para hacerlo?
Es por eso que creo que tenemos una deuda con
esos hermanos y hermanas, no solo en iglesias, sino también en escuelas,
centros de trabajo donde han tenido que oír de sus semejantes: “no
te queremos aquí, al menos que cambies en lo que nosotros pensamos o creemos
que debes ser”, y no me refiero solo a personas homosexuales, sino
también a aquellas que tienen algún trastorno de personalidad, o tienen alguna
discapacidad física o mental o una orientación política diferente, que les
imposibilita tener un espacio en determinada “ cabaña”.
Quizás cuando pensamos en inclusividad, creemos que es
a otros, los que Dios quiere que alcancemos pero quizás sea que Dios quiere que
aprendamos de otros y otras que es seguirle y amarle. La realidad es que
necesitamos nuestros “eunucos etíopes” para que nos ayuden a entender:
que es la fe.
Hermanos y hermanas continuamente necesitamos al
extraño, al foráneo, al “otro” o la “otra” para que nos enseñen donde esta “el
agua” en “el desierto” de nuestras vidas.
Necesitamos oír “aquí hay agua, que me impide a
mi, que soy eunuco, ser bautizado”, o a mí que soy homosexual, bisexual o
travesti, o a mi que soy analfabeto, o a mi que no creo como tu crees,
Pero hasta que no nos encontremos con la dificultad de
esa interrogante y como Felipe, no encontremos ninguna respuesta, hasta que no
dejemos de mirar la “cabaña” como un espacio limitado.
Hasta que no dejemos de creernos que es nuestra tarea
cambiar a la gente para que quepan entre nosotros o aumentar “el techo de la
cabaña” para que otros quepan, estamos perdidos, porque no es nuestra “cabaña”,
no es nuestro techo, ¡es la cabaña de Dios!.
La diversidad y la amplitud de la “cabaña” solo debe
importarnos por el mero hecho que ilustra la gracia y el amor de Dios, que es
para todos y todas, sin distinción, ese gran techo donde todos y todas somos
bienvenidos, como hijos e hijas .
Lo amplio y diverso en la “cabaña” solo debe tenerse
en cuenta para ver la gran misericordia de ese Dios, que fue capaz de hacerse
“carne” para entrar en nuestro mundo.
Porque hemos entendido la grandeza de Dios en esta
iglesia es que somos una comunidad abierta a todo ser humano, aquí estamos para
amar y ser esa comunidad donde Dios añade “cada día los que han de ser salvo”.
No estamos aquí para salvar o cambiar a nadie, estamos aquí para amar, abrazar
y recibir, solo Dios es quien salva y cambia lo que entiende deba ser cambiado
en nosotros.
Es Dios, quien ha rasgado el velo en el templo, para
que no seamos mas, ni judíos, ni gentiles;” ni esclavos, ni libres; ni hombre,
ni mujer”; ni homosexual ni heterosexual; ni liberal ni conservador, sino uno
solo en Cristo.
Quizás sea en esta historia de conversión de Felipe y
el Eunuco, donde encontremos hoy, una nueva esperanza para la iglesia y porque
no, también para nuestro país en estos controversiales tiempos.
Hermanos y hermanas:
Que en la inmensa cabaña de Dios, -podamos hacer
preguntas difíciles, aunque no encontremos respuestas, o no estamos de
acuerdo -que podamos invitar a otros y otras a que se sienten a
nuestro lado, -que podamos leer juntos las Escrituras, para ser convertidos una
vez mas, por lo extraño o los extraños.-que en el desierto de nuestras vidas,
podamos ver donde hay agua y entrar completamente en la aguas del inclusivo
amor de Dios, junto a aquellos que nos son “raros” o “que no son” como
nosotros. Y que podamos así, también, después, seguir nuestro camino, con el
gozo de habernos convertido los unos a los otros, a esta maravillosa,
peligrosa y explosiva fe. Son mis oraciones. AMÉN
(NOTA Publicado con la autorización expresa de su autor. Agradecimiento
al periodista José Aurelio Paz)
sábado, 11 de agosto de 2018
SE LE FUE LA NEURONA a la NEURONA INTRANQUILA….
Reinaldo Cedeño Pineda
La TV CUBANA no
cesa de sumar un NEGRO EXPEDIENTE hacia la imagen que construye sobre los
ORIENTALES, los nacidos en el este de Cuba... Cuando parece que se ha visto
todo, que va… la televisión cubana vuelve a poner lo suyo.
EL SELECTO CLUB DE
LA NEURONA INTRANQUILA (Televisión cubana, 10 de agosto de 2018) es un espacio
de conocimientos que suele proponer también pruebas y asociaciones de agilidad
mental, por cierto algunas un tanto rebuscadas...
Pues bien, ante mi
asombro y tomando un ejemplo INFELIZ preguntan acerca de un ladrón que sirve de
protección en el Oriente… Respuesta… “el CACO” (por CaSco, claro está. El viejo
chiste de la S ausente)
Me parecía estar
escuchando un chistecillo de barrio, de corrillo, viejo y de muy mal gusto… y
NO un espacio de cierta factura como este...
Braudilio Espinosa,
su conductor acentúa lo dicho haciendo la observación de que resulta un cliché
sobre del MODO DE HABLAR en el Oriente cubano pero oyeeeeeeeeee le zumba
escuchar en un programa de televisión de corte educativo semejante cosa, a
estas alturas…
Un chiste podría parecer poco, mas suele sostenerse en una red de consensos, sicologías y asociaciones. A veces resulta un monumento a la imaginación y otras, un sablazo, Humor es ética... y ya hay tantas gotas que han derramado
tantas copas y tantas palanganas de… cosas por el estilo. Cuál es el papel del
asesor?, quién certifica los mejores ejemplos, sin mirar más allá de sus
narices? Quién evalúa?
Hace muchos vengo
escribiendo del tema. Lo he dicho aquí y allá, pero la canallada, la
ignorancia, la generalización reduccionista y folclórica, la estigmatización, el IRRESPONSABLE EJERCICIO DEL PODER MEDIÁTICO, la INDIFERENCIA, el chiste falso, el látigo
fácil, siempre insisten
A la hora de
conformar la imagen del oriental en la televisión cubana, a veces se actúa con
una ligereza de espanto, como si los orientales NO fueran (fueramos) parte del
entramado espiritual y afectivo de la nación, sino otra parte de la que sí, qué
caramba!... uno se puede burlar.
Ya sabemos los
flacos favores que los facilismos le han hecho a la televisión y a la cultura
cubana en general… Mejor no recordar algunos ni sumar otros...
sábado, 14 de julio de 2018
FIDELIDAD NO ES SILENCIO: Mis encuentros con Antonio Moltó, quien fuera presidente de la Unión de de Periodistas de Cuba
POR Reinaldo Cedeño Pineda
Haciendo Radio me arropaba las madrugadas, las
voces de sus presentadores me seguían por los caminos y las guardarrayas. El
gigante programa de Radio Rebelde afirmaba
(afirma) estar al ritmo de la vida. Allí escuché el nombre de Antonio
Moltó Martorell por vez primera Aprendí
a admirar al director de aquel concierto de informaciones. Cuatro horas
diarias, con inicio a las cinco de la mañana, resulta un reto formidable.
Y, en sortilegio, aquella familia que entraba día por día a mi casa,
llegó a Santiago de Cuba. Buscaban algunas historias del período especial y yo
tenía la mía. Cumplido mi servicio social en Guantánamo a principios de los
noventa (en tiempos en que un bombillo encendido era noticia, cuatro ruedas una excentricidad
y una hamburguesa la bendicion) decidí volver a mi casa. Razones familiares muy
poderosas me llamaban.
Entonces debí vender maní, pregonar por las calles de Santiago de Cuba,
bajo sus soles. No tendré que decir la multitud de anécdotas que sumé como
periodista manisero. Esa historia fue contada en Haciendo Radio. Una más de esa época tan tremenda. Recuerdo al santiaguero
Moltó, escuchando atentamente, con la mejilla
en la mano. Recuerdo el diálogo franco
con la guantanamera Arleen Rodríguez Derivet, conductora entonces del espacio.
Me alegré cuando fue elegido presidente de la Unión de Periodistas de
Cuba, En primer lugar, lo respetaba.
Coincidimos luego en muchas reuniones y proyectos. Quise incluir sus
vivencias en el libro A Capa y espada.
La aventura de la pantalla (Editorial Oriente, Fundación Caguayo, 2011). Si
se hablaba de Tele Rebelde, primer canal de televisión fundado tras el triunfo
de la Revolución, no debían faltar sus palabras, pues él fue uno de los
artífices de la parte informativa.
Sé que organizó algunos recuerdos de aquella épica, de aquellos
soñadores que se lanzaron a conquistar la imagen de su territorio. Me leyó
incluso unas líneas, mas el proceso editorial apremiaba, y en medio de tantas
cosas, no le dio tiempo a terminarlo. No tuve sus palabras, pero tuve su
aliento.
Igualmente llegó su apoyo mientras tomábamos los testimonios del asombro, el desastre, la
resurrección y la solidaridad que significó el paso del huracán Sandy por
terrtiorio oriental en aquella madrugada de finales de octubre de 2012. Sé de
su alegría cuando tuvo en las manos La
noche más larga. Sabía compartir el éxito de sus colegas.
(Antonio Moltó en la calle Heredia, sede santiaguera de la UNEAC (2014) , entregando a Rodolfo Tamayo el premio principal del Concurso Nacional de Promoción de la Lectura Caridad Pineda In Memoriam)
Me asombré cuando lo vi en la sede de la Uneac de Santiago de Cuba. Calle Heredia, 9 de septiembre de 2014.
Premiábamos el Concurso Nacional de Promoción de la Lectura Caridad Pineda In
Memoriam. Bajo la cobija de ese nombre, el de mi madre, tratábamos de incentivar
la pasión por la los libros Se sentó entre el público como uno más y me hizo el
honor de entregar el galardón principal. Guardo aquel gesto donde nadie me lo
puede quitar.
Ser periodista, ser Quijote
(Antonio Moltó durante la presentación de nuestro libro SER PERIODISTA, SER QUIJOTE)
Siempre he entendido el
periodismo como una vocación, como un servicio inexcusable y lo he hecho desde una recia austeridad. Cuando
en 1991 obtuve el título de Licenciado en Periodismo, lo recibí con la certeza
de que un periodista no escribe para complacer a nadie. No es la primera vez
que lo digo. Fidelidad no es silencio.
Por eso, porque debía hacerlo; porque sabía
que me recibiría, me fui a ver Antonio
Moltó Martorell en la sede de la Unión de Periodistas de Cuba, en el Vedado
capitalino. Le solté de un tirón todo aquello que me preocupaba del periodismo
cubano. La tarde ardía.
No podré repetirlo palabra por palabra, mas
temas como el llevado y traído secretismo, el tributo a tanto evento y no al
análisis, la necesidad de mayor apoyo
legal a nuestro desempeño, las publicaciones alternativas, la poca compensación
salarial a los periodistas, las dilatadas respuestas… fueron algunos de ellos.
El
periodismo cubano necesita una sacudida, le solté. Moltó me escuchó con
respeto. Luego me expuso sus criterios y los esfuerzos de la organización que
presidía. No siempre coincidimos, debo decir la verdad; pero le devolví el
mismo respeto. Fue un intercambio inolvidable, intenso, de colega a colega.
La última vez que vi a Moltó fue en la
presentación de mi libro Ser periodista ser Quijote, dedicado a
los 70 años de fundación de la Universidad de Oriente. Gracias a esa propia
institución y al Proyecto Claustrofobias pudo ver la luz, justo el día de la
Prensa Cubana, el 14 de marzo de 2017.
La asistencia de lujo incluía a varios Premios José Martí de Periodismo y
a galardonados con el anual Juan Gualberto Gómez, además de a mis colegas más cercanos.
En
unas pocas páginas intentaba resumir mi experiencia de un cuarto de siglo
haciendo periodismo y exponer algunas ideas sobre el periodismo cultural, la crónica, la entrevista. Sobre la ética del periodismo,
que hunde sus raíces en primera y última instancia en el reflejo de los éxitos junto a las angustias de la
población cubana. Uno no puede venir sin lo otro.
Y de pronto, cuando ya finalizaba la
presentación, Pepe Alejandro Rodríguez se apareció con un abrazo. Y Antonio
Moltó se levantó para justipreciar mi modesto esfuerzo. Fue harto generoso. Su
estatura humana le llevó incluso a excusarse por errores ajenos, por ajenas
excrecencias que suelen salirle al paso a un periodista cuando se enfrenta a
quienes solo quieren escuchar loas. No tendré como agradecerle.
En el fondo, proyectado en la pared, como
escenario de sus palabras, aparecía la cubierta de mi libro. En agosto de ese
propio año, Moltó falleció. Y en más de una publicación, aquella foto tomada en
la Universidad de Oriente con la imagen
de Ser periodista, ser Quijote,
acompañó la consternación. No fue casualidad, fue congruencia. Los molinos
suelen tener aspas filosas, pero un Quijote siempre apuesta a su cabalgadura.
TOMADO DE LA JIRIBILLA
jueves, 14 de junio de 2018
Dedicarán El elogio oportuno al periodista, poeta e investigador Reinaldo Cedeño Pineda, a propósito de su aniversario 50
Al periodista, poeta, investigador y animador cultural Reinaldo Cedeño Pineda estará
dedicado, en ocasión del aniversario 50 de su natalicio, el espacio El
elogio oportuno que, conducido por el periodista y crítico Fernando
Rodríguez Sosa, se llevará a cabo, el jueves 21 de junio, a las cuatro de la
tarde, en la Librería Fayad Jamís, en Obispo 261 entre Cuba y Aguiar, en el
Centro Histórico habanero.
Autor de más de una decena de títulos,
entre las obras publicadas por Cedeño Pineda aparecen el cuaderno de versos Poemas del lente, el libro de periodismo
El hueso en el papel, el volumen de
cuentos La edad de la insolencia y la
investigación audiovisual A capa y
espada, la aventura de la pantalla.
Avalan su labor periodística y literaria,
entre otros reconocimientos, los premios Nacional de Periodismo Cultural, Periodístico 26 de
Julio y 1º de Mayo, VI Encuentro Iberoamericano sobre Dulce María Loynaz,
Nacional de Poesía Regino Pedroso, Hermanos Loynaz de Poesía, Nacional de la
Crónica Miguel Ángel de la Torre y accésit del Concurso Internacional de
Cuentos Hilando Historias de Mujer de Asturias.
Licenciado en Periodismo y Máster en Comunicación
Social por la Universidad de Oriente, Reinaldo
Cedeño Pineda, quien nace en Santiago de Cuba, en 1968, creó el Concurso
Caridad Pineda In Memoriam de Promoción de la Lectura y es redactor-reportero
de la emisora Radio Siboney, redactor de la página web La isla y la espina y vicepresidente de la Unión de Escritores y
Artistas de Cuba en Santiago de Cuba.
(El promotor, profesor y periodista Fernando Rodriguez Sosa intercambia con Reinaldo Cedeño)
El elogio oportuno
—que se propone homenajear a escritores, libros e instituciones que arriben a
aniversario cerrado— toma su nombre del aforismo martiano «el elogio oportuno
fomenta el mérito; y la falta del elogio oportuno lo desanima», que aparece en
las páginas del periódico Patria, en abril de 1892.
Dedicado al aniversario 50 del natalicio
del periodista, poeta, investigador
y animador cultural Reinaldo Cedeño
Pineda este espacio El elogio oportuno, el jueves 21 de
junio, a las cuatro de la tarde, en la Librería Fayad Jamís, en La Habana
Vieja, es con entrada libre.
Dirección de Comunicación. Instituto Cubano del Libro
domingo, 15 de octubre de 2017
EXCLUSIVA/ PUERTO RICO tras María: “El País de nomeacuerdo”
Por: MsC. Yarimar Marrero Rodríguez
Nunca había escuchado el sonido del viento, como
un grito vital, como un rugido desde la tierra que lo desgarraba todo y después
del ruido la nada.
La mañana 20 de septiembre los puertorriqueños
se debatían entre la histeria de los medios y la habitual incredulidad ante los
avisos anuales de huracanes que nunca llegan. Apenas dos semanas antes se había
anunciado el paso del Huracán Irma y pese a que este desastre natural sí afectó
a países hermanos, en Puerto Rico el mayor daño fue el colapso del sistema
eléctrico.
Con la noticia del huracán María no fue la
excepción, la preparación de contingencia casi siempre se vive como una fiesta,
con la algarabía que presupone varios días sin escuela o trabajo, la pelea en
los supermercados por arrasar con las velas, las latas de salchicha y chef
boyardee, las linternas, las baterías D, las cervezas (por aquello de la
imposición de la ley seca) y el consabido juego de dominó, la alegría de lo
impredecible, la adrenalina del miedo ¿vendrá esta vez? pero esta vez si pasó y
acabó con la incredulidad de todos y comenzó a hacernos creer en otras cosas,
como nuestra fuerza para reponernos, nuestra capacidad de aguante y el renacer
de la resiliencia de un pueblo.
El
desasosiego, la incertidumbre y el caos que dejó el huracán de categoría 4 ,
que tocó tierra por el este de la isla con vientos de 155 millas por hora y
salió por un punto del norte entre los municipios de Barceloneta y Arecibo,
tiene una explicación generacional y es que el puertorriqueño promedio no tiene
una retrospectiva histórica de haber presenciado el embate de un ciclón como
este ya que el único huracán comparable a la fuerza del azote de María fue el huracán
San Felipe de categoría 5 que ocurrió en 1928, casi un siglo atrás.
No
teníamos un punto de referencia, una historia parecida a la que asirnos, una
anécdota reconfortante, una leyenda de barrio que nos narrara lo sucedido, eso
jugó un papel fundamental en el desconcierto colectivo.
Se dice que después de la tormenta llega la
calma y en este caso cuando ese refrán hace referencia a la calma he llegado a
entender que se trata más bien a la nada, esa quietud casi apacible del asombro
de unos ojos que no pueden creer que perdieron su casa, ese llanto bajito que
por no ser histérico y público es más profundo del dolor de ver a tu País en
ruinas.
Caído el telón, comenzamos a ver a Puerto Rico
desde otra óptica, la pobreza de los ancianos, niños, los deambulantes, hasta
de los animales de la calle, la vulnerabilidad de los sectores más pobres con
ayudas que no llegan, los pueblos que quedaron incomunicados y que días después
aún estaban sin comida, el desconcierto de las personas que no tenían noticias
de sus familiares tras el colapso del sistema de comunicación, los miles
de puertorriqueños que emigraron a
Estados Unidos tras promesas de bienestar y ayudas, las muertes y las epidemias
que comienzan a aflorar por la falta de agua potable, la pérdida de empleos, la
falta del sistema eléctrico, el miedo y la desesperanza.
Comenzamos a vernos viviendo el ahora, en medio
de una crisis humanitaria que no parece tener un plan de acción concreto por
parte de los dirigentes del gobierno, dentro de un País que ya se había
declarado en quiebra, con un estatus colonial que asfixia y que se manifiesta
como un golpe en la cara cuando Estados Unidos decide qué ayudas
internacionales podemos aceptar y cuáles no, con la carencia de soberanía
alimentaria y una dependencia humillante que hace que del otro lado de la foto
en la que Trump lanza un rollo de papel a los damnificados del huracán hayan
muchas manos abiertas intentando atraparlo.
Las grandes crisis también ponen de relieve la verdadera esencia del ser humano y en ese sentido Puerto Rico es una isla con gente de corazón grande.
Muchas historias se seguirán haciendo sobre las
experiencias vividas tras el paso de María, como la de mi hermano menor
que tuvo que salir huyendo de una
vivienda inundada cargando en brazos a su novia de nueve 8 meses de embarazo, o
de las personas que pasaron la noche pidiendo ayuda en los techos de sus
viviendas tapadas por el agua, de los que perdieron la vida por el azote de un
objeto contundente arrastrado por el viento, pero también se contaran las
historias de los vecinos que abrieron el paso de una carretera obstruida a
fuerza de machete para ayudar a su comunidad, de la solidaridad del desconocido
que compartió su comida, de la brigada de voluntarios que vinieron a la Isla
para aportar a la reconstrucción del País, de los meses sin luz y las formas
creativas en que empezamos a compartir más con nuestros familiares, del asombro
de darnos cuenta que tenemos más fortaleza y resistencia de la que creíamos
tener porque al final todos tenemos algo de esa fuerza arrolladora que es capaz
de transformar.
Ojalá no
pase como en el “País de nomeacuerdo” y esta vez sí nos acordemos, porque el
que tiene memoria tiene vivencias, tiene soluciones y puede salir del estupor
con más ahínco y se enorgullece de lo que fue, de lo que logró, el que tiene
memoria sabe que formó parte de un momento histórico, que es un actor social
cambiante, ojalá no olvidemos que fuimos capaces de unirnos y levantarnos.
Desde mi ventana, mientras escribo, veo
reverdecer las espigas de los árboles que quedaron en pie ¿es esta una lección?
Ojalá tampoco la olvidemos.
lunes, 28 de agosto de 2017
Eduard Encina: “La poesía trabaja con lo imposible”
Tomado de LA JIRIBILLA
Cada vez que Eduard aparece, tiene algo que contar. Es un espíritu, un
alambre vivo, un poeta. Trae la palabra de Cuba adentro, como un risco, como un trino. Su selección Manigua acaba de acreditarse el Premio de Poesía de
La Gaceta. No podía ser otro el nombre…
La
niñez, suele ser oasis del tiempo, reservorio infinito de experiencias que no se
repiten jamás. ¿Dónde hallar los lazos o asideros que comuniquen tu pensamiento
con esos tiempos y luego, con la infancia de tus propios hijos?
“En la niñez está el hombre
completo. Mi padre se levantaba por la madrugada para ir a tumbar monte (solo
por tres pesos con veinte centavos) en un lugar que le decían Las Playitas,
donde solo había cansancio y manigua. La palabra manigua me es familiar, desde
el nacimiento.
“A pesar de la pobreza fui
feliz, había un oasis, un gran oasis de amor
en cualquier rincón de mi casa; apenas tengo fotos de pequeño, pero sí
una memoria llena de historias que entretejía mi padre, un guajiro imaginativo.
Él era un poeta, pero no lo sabía. Siempre quise que me comprara un juego de
pistolero, sin embargo se las arreglaba para dejarme suspirando al demostrarme
que Guamá y Hatuey fueron más valientes que Triniti o el más pinto del Oeste; enseguida nos
poníamos a armar arcos y flechas con una rama de güira o palo bronco.
“Nada más asomarse a lo que digo,
o a lo que escribo y uno comprende esa resistencia, esa manera de convertir la
carroña en belleza, la impotencia en solución. A mis hijos no le interesan los
pistoleros, sueñan tener una tablet; apenas leen lo que escribo, pero son
mejores que yo. Sin que lo supiera, hicieron una alcancía y hace muy poco
comenzaron a criar dos puercos: salen de la escuela, lavan el corral y les
echan comida. A ellos tampoco les importa la peste: están concentrados en convertir
la mierda en dinero”.
El colega Arnoldo Fernández, tan cercano a
tu obra, ha dicho que el poemario Lupus (Premio Hermanos Loynaz 2016) “apuesta
a la resistencia, a las zonas de fe que necesita el ser humano para imponerse
en el reino cotidiano”. ¿Puede la poesía, acaso, ennoblecer las desgarraduras?
¿Cuáles son esas zonas de fe?
“La poesía es una llaga, una
enfermedad. Los poetas no somos felices, tal vez por eso buscamos el modo de
que el Otro lo sea, la imagen no es mía, es de Martí, que siempre mete su
sombra telúrica en lo que escribo. La poesía es conciencia y desgarradura, lo
único que hace es mostrarnos un horizonte cuando en realidad no existe, la
poesía trabaja con lo imposible. Moisés no sabía lo que tenía en la mano, el
poeta sí, está seguro que es un poder que logra abrir el Mar Rojo para
maravilla de algunos, y también golpea contra la roca para escándalo de otros
que, como al patriarca, lo excluirán de la tierra prometida.
“Lupus es un libro para mirar raso en la familia. Es sistémico, por
tanto, viene de muy adentro, a veces contra sí mismo. La poesía cubana, por un
lado, parece de lágrima fácil, y por otro muestra una impotencia, una guapería
de tambor, mientras más vacía, más duro suena, de ahí viene la resistencia, me
parece que hay que ser consecuente con el lenguaje y con la actitud ante la
realidad.
“La poesía no sirve como bálsamo,
sino como herida infestada, como pierna que hay que cortar. No creo en la idea
edulcorada de la literatura en medio del caos, la poesía también es caos.
Construir zonas de fe es trabajar con la memoria, despojarla de lo verborraico,
lo tullido, y recuperar la libertad individual para poder participar en el
sueño de todos. Una zona de fe es un territorio libre de apatía. ¿Cómo detener
el desánimo, la abulia? ¿Cómo entenderse con la realidad sin participar? Esa es
la resistencia”.
¿Cómo dialoga la poesía de Eduard Encina, aquella
publicada en cuadernos como De ángel y
perverso, El perdón del agua o Golpes bajos… con la que le ha merecido
ahora mismo un galardón tan prestigioso como el Premio de Poesía de La Gaceta?
¿Abrazos o contrapunteos?
“No había pensado en eso. Cuando
los escribí, sobre todo los dos primeros, sentí esa hermosa ingenuidad de quien
se acerca a una mujer seducido por su caderamen, iba a comérmela, dispuesto a
chupar hasta el último huesito. Golpes bajos es otra cosa, ahí comencé un
espíritu patricida, no para negar lo que había aprendido, sino para
cuestionarlo, pues el camino de la poesía es diverso, ahora mismo muchos no lo
entienden, pero eso no cambia nada y lo que es peor, no los hace mejores. Con
Lecturas de Patmos, Lupus y estos poemas de Manigua que ganaron el Premio de La
Gaceta hubo, evidentemente, un cambio de posición.
“Después de tanto hueso y
caderamen descubrí que con una mujer también se puede fundar familia y hogar.
No se puede escribir con el corazón, hay que hacerlo con palabras, por tanto,
hay un aprendizaje que al mismo tiempo conecta la concepción de esos textos,
pero también los separa como entidades diferentes.
“De un libro a otro hay una experiencia con el lenguaje y con la
realidad, la voz se ha ido concentrando, digo lo ineludible; cuando tengo que
callar, callo. Cada vez he ido acercándome más a la vox populi, exploro ahí
porque me interesa reconstruir el habla de la gente, su sensibilidad, hacer
potable la desidia y dialogar desde el poema como un predicador: la verdad os
hará libres”.
Soy
partidario de aquellos que afirman que somos municipios del mundo, provincias
del universo; mas no hay que negarlo, la lejanía de los círculos literarios y
artísticos más visibles resulta un reto formidable. ¿Cuánto te ha costado tocar
el país desde tu natal Baire, Oriente adentro? ¿Cuánto te han ayudado las
instituciones o los premios a lograr ese reconocimiento? ¿Cuántos gritos de
Baire suma tu vida?
“No se hace literatura desde una entidad geográfica, sino desde una
parcela espiritual que se rompe y se cultiva en el ardor de la cotidianidad. Es
cierto, resulta un reto formidable, sobre todo cuando muchos de los que viven
en esos centros de poder cultural dilapidan tales ventajas y se afincan de la
teta que les brindan las instituciones, como terneros que no quieren crecer, y
se acostumbran a los viajecitos y la vida literaria, pero no se concentran en
hacer literatura. Mientras tanto uno tiene que mantener la observancia de que
la rudeza de vivir en la manigua no te haga perder concentración.
“Lo importante es saber cuándo
hay que levantar el campamento y salir de operaciones, ya sea hasta los
libreros de Reynaldo García Blanco, o en la biblioteca de la prefectura de Rito
Ramón Aroche en Marianao, pero siempre hay que volver a la manigua, retirarse
—diría Nietzsche— hacia la montaña, a conversar con uno mismo.
“Es cierto que hay una crisis
institucional, métodos y mecanismos paralíticos que se hicieron para otro
momento de la cultura y que ahora mismo son incompatibles con la realidad, a
eso súmesele una creciente burocracia apoltronada en los recursos y poderes que
el Estado ha puesto en sus manos, y no quiere reaccionar. Ahora, en lo que sí
no caería nunca es en negar la visibilidad y la jerarquía que en mi caso me han
dado esas mismas instituciones y concursos.
“Cuando gané el Premio Calendario me sentí muy representado por la AHS,
hoy mismo es unos de los acontecimientos de la Feria del Libro en Cuba que más
público y mejor promoción tiene. Los premios no hacen tu literatura, pero sí la
ponen a dialogar en el mapa poético nacional.
“Por mucho tiempo se hizo difícil
descapitalizar los premios literarios, pero inevitablemente eso tomó otro
camino, se ha abierto un abanico de posibilidades que denota cierta diversidad
y se ha borrado un poco aquella imagen que parecía demasiado fatal para los
ʻautores de provinciaʼ.
“Por eso tienes toda la razón en que es un reto formidable asumir esta
condición. Tocar el país desde el Oriente nos obliga a ser más eficientes
porque el tiempo es profundo y real, vivimos en estado de sitio, la manigua nos
libera y al mismo tiempo acorrala, es una especie de cimarronaje, se baja al
llano cultural por provisiones,
luego hay que subir los altos de Baire para
dar un grito lírico, así, tan grande como el de Saturnino Lora”.
jueves, 17 de agosto de 2017
ANNIA PORTUONDO: Una medalla partida en dos
Reinaldo Cedeño Pineda
escribanode@gmail.com
La tengo frente a mí, ahora mismo. Su traje de lunares parecía tan simple y
su mirada tan serena, que dejé mis ojos en ella. La sigo mientras toma impulso,
se apoya en el caballo y gira. Hago de juez desde las gradas: la caída es
perfecta. Vuelve en manos libres: concierto en el tapiz. El público estalla.
Cuando anuncian su edad, temo un error y aguardo. Diez años,
repiten. ¡Diez años y es ya la mejor gimnasta de Cuba!
Su nombre reunía curiosamente a dos de mis cantantes
favoritas. Annia Linares y Omara Portuondo. Tal vez por eso lo fijé
inmediatamente: Annia Portuondo. Ella alcanzará el título de Cuba en siete
oportunidades.
No me asombró cuando dos años después, en los Juegos
Centroamericanos y del Caribe de México en 1990, la muchacha ganó cinco
medallas de oro y una de bronce, incluido el all around o
máxima acumuladora.
En el periódico Granma del 26 de noviembre de
1990, el titular fue “Annia ya dejó su nombre grabado en la gimnástica”,
mientras en la revista Bohemia del día 30, se hablaba de
“Annia y su magia”. Leía cuanto publicaban sobre ella. Me convertí en su fan.
Era muy seria en sus ejecuciones. Algún comentarista le señaló
la falta de una sonrisa, de una expresión más dulce… pero la concentración era
una de sus claves.
De vuelta a los Centro-Caribe (Ponce, 1993), la cubana arrasó: seis títulos de seis posibles. Incluso, en uno de ellos ¡mereció la calificación de 10 puntos!
En los Panamericanos de Mar del Plata 1995, Estados Unidos
acudió con una armada encabezada por la campeona mundial Shannon Miller. Sólo
así pudo vencer a la cubanita que se las arregló para ganar, no obstante,
tres medallas en la final por aparatos, ocasión en la que también se abrió
espacio su compañera Leyanet González.
1996 fue el año de su consagración… y su retiro. En el
Campeonato Mundial por Especialidades que tuvo lugar en Puerto Rico, el público
ya la conocía y la adoptó como suya. El apoyo fue delirante.
Según afirma más de un experto, fue la mejor en el caballo de
salto, pero los jueces decidieron adelantar unas décimas a las rumanas Gina
Gogean (9,800) y Simona Amanar (9,787), por sobre la
Portuondo (9,756). Que una chica caribeña le arrebatase el oro a las
seguidoras de la Comaneci, tal vez les pareció un sacrilegio.
Annia Portuondo se convirtió con ese disputado metal bronceado, en el primer gimnasta cubano ―sin distinción de sexo ―, que conquistaba una medalla en una cita del mundo. Antes que la plata de Eric López en barras paralelas en el Mundial de Gante, Bélgica en 2001. Yerran varias páginas cuando le dan la distinción a este último.
Aunque había logrado el mérito, no fue incluida previamente en
la nómina de la delegación cubana para los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996.
Las autoridades deportivas de entonces, pifiaron. Los resultados en tierra
boricua, fueron un campanazo que cayó sobre sus cabezas. Según la prensa, hubo
gestiones para incluirla a última hora… pero ya todo era inútil.
Annia decidió retirarse a los 18 años. Y la perdí de vista…
Cuál no sería mi sorpresa cuando la vi aparecer en la cuna del
olimpismo, en Atenas 2004. Era toda una mujer, pero conservaba intacta su
prestancia. El matrimonio con el preparador Alan Hatch, no sólo le dio un nuevo
apellido, sino que la sacó del retiro. De nuevo había mirado a Cuba, a su
antigua compañera Leyanet González ―longeva en ese deporte―, quien seguía
cosechando lauros después de ser madre.
Debió imponerse a trabas, a lesiones. Tenía que
demostrar su valía en su país de residencia. Representando a los Estados
Unidos, logró el sueño. Sumó dos preseas de plata durante la cita
griega en la final de caballo de salto y en la competencia por
equipos.
A los 26 años, cuando ya muchas han
abandonado, Annia se convirtió en la primera gimnasta de origen
latinoamericano en ganar una medalla olímpica.
Por la televisión aplaudí sus saltos, aplaudí su
excelencia; aunque el resultado no fuese para Cuba. Y cuando tomó la carrera de
impulso, en algún lugar, adiviné a la niña guantanamera de traje de lunares y
mirada serena que no se rindió jamás.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)












