lunes, 29 de diciembre de 2008

CRÓNICAS de CINE


♠ LAS MEJORES PELÍCULAS DEL CINE CUBANO en su historia
http://laislaylaespina.blogspot.com/2009/04/las-mejores-peliculas-del-cine-cubano.html

CIUDAD EN ROJO: SOBRAN balas y FALTAN latidos

ttp://laislaylaespina.blogspot.com/2009/04/ciudad-en-rojo-sobran-balas-y-faltan.html

♠CIUDAD en ROJO apunta al desacierto:

http://laislaylaespina.blogspot.com/2009/04/ciudad-en-rojo-apunta-al-desacierto.html

---Sinfonía (inconclusa) para cine cubano de Frank Padrón http://laislaylaespina.blogspot.com/2009/01/la-sinfonia-inconclusa-para-cine-cubano.html

---LA TARDE inacabable con Humberto Solás: http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/09/aquella-tarde-con-humberto-sols.html

---LA MIRADA que estremeció al cine cubano: http://laislaylaespina.blogspot.com/2009/01/una-mirada-que-estremeci-al-cine-cubano.html

---EL CINE MADE IN ASIA
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/01/el-increble-cine-made-in-asia.html

---Los ángeles de ABDIEL BERMÚDEZ
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/12/los-ngeles-de-abdiel-bermdez.html

---CINE LATINOAMERICANO: El milagro de la persistencia
http://laislaylaespina.blogspot.com/2007/09/cine-latinoamericano-el-milagro-de-la.html

--KANGAMBA: Detrás del combate
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/10/no-hay-que-olvidar-que-el-propio-autor.html

--EL CINE “FUCK” made in USA o las malditas, las jodidas películas norteamericanas
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/10/el-cine-fuck-made-in-usa-o-las-malditas.html

---LA INTENSA POESÍA del CINE Oriental
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/03/el-arco-la-intensa-poesa-del-cine.html

---El PRIMER VIDEO CLIP DEL MUNDO
http://laislaylaespina.blogspot.com/2007/11/el-primer-vdeo-clip-del-mundo.html

---Cine Cubano: Omerta incumple...
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/12/cine-cubano-omerta-incumple-con-su.html

---El Viajero Inmóvil: Barroquismo a lo Piard? http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/07/el-viajero-inmvil-barroquismo-lo-piard.html

(ALGUNAS CRÏTICAS) Recomendamos revisar los links originales)







♠ Los ángeles de ABDIEL BERMÚDEZ

Reinaldo Cedeño Pineda
escribanode@gmail.com

En una esquina de la pantalla, veo sus lentes. Quiero adivinarle el rostro a Abdiel Bermúdez mientras conversa con estos ángeles caídos, ángeles deambulantes, ángeles sucios. Quiero preguntarle como pudo, entre los huecos negros, ver la luz.

En Los ángeles no tiene alas, este joven periodista holguinero extrajo el aceite esencial de cada testimonio sin permitirse un segundo de más. Sacude el drama de esas vidas hasta dejarlo en el espinazo. La filigrana del guión anda tejida con los versos de otro ángel (de las letras) Luis Yuseff. Cada frase es un desgarrón... pero el dolor subyace en la raíz, sin concesiones lacrimógenas.

Acaso sospechando un descuido
el mínimo descuido que me transforme
en un animal que llora…

La obra ―Roger Carballosa y Rafael Oramas en la fotografía― explora la angustia, la dura resignación, la locura, la huella tenebrosa del alcohol, la esperanza acaso… se envuelve como un perro en la noche, abre las manos en las escaleras y las esquinas, desanda por los parques...

No es casual que Los ángeles no tiene alas (Tele Cristal, Holguín, 2007), ostente entre sus galardones, el Premio Especial de Documentales “Rolando González” en el XXIV Festival Caracol Santiago 2007, así como los de guión, dirección y fotografía en la propia cita; el primer premio en guión en el Festival Nacional de Telecentros, Guantánamo, 2008, así como el acreditativo a la Mejor Obra no dramatizada en el Caracol de la UNEAC de La Habana, también este año a punto de expirar.

En la solución dramatúrgica final, Los ángeles… se toca con Suite Havana (Fernando Pérez), en la rebúsqueda del sueño transformado en pesadilla, la identificación y los subrayados. Emerge el homenaje, el homenaje del artista en ciernes, mas ni así cede la altura de una pieza cinematográfica coral como esta. Hubiese sostenido, eso sí, la atmósfera cuasi fantasmal de la música hasta el mismo cierre; la contextualización y la ruptura ya habían sido marcadas.

Que no se vaya el 2008 sin estas letras que debí escribir antes. Abdiel Bermúdez es un nombre a seguir. Su carrera como documentalista es una verdadera promesa. Él le ha devuelto alas a estos ángeles, sobre todo nos ha invitado a nosotros (los indiferentes mortales)… a levantar vuelo.

Ojalá miradas como esta (la de los Festivales de Jóvenes Realizadores, otras), logren al fin el espacio que largamente merecen en nuestra TV, que nuestra TV necesita…


Publicado por Reinaldo Cedeño Pineda (CUBA) en 12/28/2008 09:48:00 PM

1 comentarios:
Harold Santana Gaínza dijo...
Reynaldo: Qué acertada tu elección de publicar sobre el documental de Abdiel Bermúdez. Desde China, he tenido noticias de su Premio Caracol, que lo tiene muy merecido. Tuve el placer de ser profesor de Abdiel, aunque por poco tiempo, en la Universidad de Oriente. Después, fue increíble la oportunidad que tuve de ser el oponente de su Tesis de Grado con este documental. Fue difícil asumir un rol, donde el malo de la película (yo, en calidad de oponente), solo pudo hacer consideracioens teóricas ante una obra llena de poesía y simbolismos. !Enhorabuena a Abdiel y sus Ángeles! Muchos éxitos le esperan.

Saludos, Harold Santana diciembre 30, 2008 6:31 PM

CINE CUBANO: Omerta incumple con su reglamento...

Enrique Pérez Fumero
(Estudiante de Periodismo/guionista radial)

Un amigo me preguntó que por qué en Cuba no se hacían películas de mafia o tiroteos, y entonces, yo le dije que iba a hacer una película de gánsteres. Con esas palabras, Pavel Giroud inició la presentación de su largometraje Omerta en el cine Charles Chaplin, la cual aspiraba un coral del XXX Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, que se celebró el 2 al 12 de diciembre de 2008 en Ciudad de la Habana.


Más allá de las expectativas por los presentes, la sesión transcurrió muy normal, y entre risas y admiraciones, la película fue colmada de ovaciones. En realidad el largometraje Omerta utiliza a la mafia como un personaje secundario, pues su tesis recrea el conflicto existencial de Rolo Santos, un temible guardaespaldas de antes del triunfo de la Revolución que no puede soportar el paso de los años. De repente, afronta una última misión consistente en rescatar el oro escondido en la mansión de su antiguo jefe, donde al ser rodeado por la policía deberá hacer uso de sus antiguas y empolvadas facultades.

El guión de la película Omerta, ganador del Festival de Cine de La Habana en 2005, nos presenta una serie de hechos que no avanzan en una línea continua, es decir, el ritmo de la película nos hace ir al futuro y regresar al pasado en constantes ocasiones para descubrir antecedentes o puntos de giro imprescindibles. Al tiempo que Rolo Santos ―interpretado por Manuel Porto―, acepta una nueva misión, deberá lidiar con dos jóvenes aspirantes a su oficio, los cuales no cumplen todos los requisitos para pertenecer a su grupo. Sardiñas y Yoyi son encarnados por Kike Quiñones y Yadier Fernández respectivamente.

Sin embargo, el guión en algunas escenas lucha con textos poco inteligentes y respuestas predeterminadas; deja cabos sueltos al no especificar el año en que se desarrolla el relato. Tampoco se conoce si las autoridades policiales ya habían comenzado una investigación con este gángster para atraparlo en acción, además sus posibles relaciones internacionales con organizaciones contra revolucionarias. La única fecha posible de determinar, nos llega de manera indirecta a través de una pieza que Los Van Van popularizaron por el setenta.

Después de 1959 se especuló mucho en el seguro regreso de los norteamericanos y las riquezas que habían guardado en algunas casas, pero en este sentido el largometraje sólo recrea un plano general donde se reúnen todos los mafiosos y por el diálogo es posible conocer a un español y un yanqui… los demás forman parte del montaje.

Si tomamos en cuenta el subtítulo del largometraje “Lo peor de envejecer es haber sido joven”, como una idea persistente, nos percataremos que el texto dramatizado cumplió con sus requerimientos, pues recrea precisamente el accionar de un gángster cansado que jamás volverá a ser el mismo y tendrá que aceptar una derrota frente a su antagónico, el teniente Dopico.

En torno a la fotografía es admirable advertir varios tiros de cámaras que se entusiasman con los movimientos y las expresiones faciales de los actores. Una fotografía que desafía la fuerza de gravedad para moverse rápidamente, otras con paneos muy ilustrativos e incluso un convite entre primerísimos planos donde se desfasan otras imágenes igual de ricas por su contenido. La música ―en esta ocasión por Pascal Gaigne―, motiva a crear una atmósfera de interés, miedo y hasta persistencia para descubrir qué va a pasar.

Hay un detalle que perdura en toda la película y es el referido a su título. Recordemos que el término italiano Omertá es de origen incierto y entre sus significados se entiende la obstinación al silencio, esto es la decisión de no hablar de cualquier cosa que se haya sentido o visto. En la cultura de la Mafia, romper el juramento de omertá es castigable con la muerte. En el largometraje se realiza el pacto a través del intercambio de la sangre, pero con un poco de humor, porque los personajes practicaban una mínima incisión en el dedo índice donde se advertía apenas una gota de sangre. En este caso, habría que conocer cuáles fueron las verdaderas intenciones del guionista-director.

Omerta, en verdad ha incumplido con su reglamento relacionado con el férreo silencio, pues aunque no haya obtenido lauros en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano y la crítica nacional no la favorezca en muchos sentidos, ciertamente ha sido un éxito ―al menos de taquilla― en todos los cines que se ha exhibido. Basta la aplicación del método investigativo de observación para percatarse que el público la ha aceptado.

Aplausos al cine cubano que esta vez no se viste con el traje de humor característico y también al joven Pavel Giroud por mostrar colores nuevos a la vida cotidiana nuestra.

OTRO TRABAJO DEL AUTOR:

-- LA RADIO: Puedo ser Dios, un mortal, quizás nadie
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/10/puedo-ser-dios-un-mortal-quizs-nadie.html

Publicado por Reinaldo Cedeño Pineda (CUBA) en 12/28/2008 05:04:00

KANGAMBA: Detrás del combate...

Reinaldo Cedeño Pineda

Si me pidieran escoger la mejor escena de Kangamba (Rogelio París, 2008), el último estreno del cine cubano, sería el beso entre el capitán Mayito (Rafael Lahera) y la angolana María (Linnet Hernández).


Y es que ese beso deviene todo un símbolo. En un segundo, emerge un tema hasta ahora virgen para la pantalla cubana: las relaciones amorosas entre los soldados cubanos y la población africana.

El amor no cree en geografías, en grados, en prohibiciones ni en culturas.

Todavía escogería otra escena: aquella en que el propio capitán Mayito acude al médico Joao porque “tiene eso”. Y “eso” es una enfermedad venérea. Aunque no se dice donde la adquirió, es obvio.

El amor y el deseo no son lo mismo, pero andan estrechamente ligados. No hay que olvidar las edades de aquellos cubanos que, en un acto de generosidad sin límites, expusieron sus vidas, (y algunos las dejaron) en esos lejanos territorios.

Suele castrarse al heroísmo de la cuota humana que lo propugna y rebasa. Se repite como un sonsonete que no debemos crear figuras pétreas, pero casi siempre se acaba puliendo el mármol, y quedan fuera las urgencias de todo mortal y las circunstancias que lo rodean.

Por eso creo que esos “detalles” que ocupan sólo algunos fotogramas, son tan importantes como los combates. Además hemos de brindar por la oportunidad de que los actores negros hayan salido de los papeles de esclavos, sirvientes y apalencados de tantos filmes precedentes.

No hay que olvidar que el propio autor afirmó que se trata esta no de una “película de guerra”, sino de “hombres en guerra”.

Kangamba, en mi opinión, es superior a Caravana, cinta del mismo director sobre la participación de los combatientes cubanos en el continente negro. Superior en su guión (París y Jorge Fuentes), en su óptica y en su visualidad.

Según las palabras del protagonista, Cangamba “es un pueblecito en casa del carajo, construido por los portugueses, no tan lejos de la frontera con Namibia, de apenas ocho mil personas”. Allí fue donde combatientes de la FAPLA y cubanos, son cercados por fuerzas de la UNITA en agosto de 1983. Allí fue el lugar donde resistieron días sin apenas alimentos ni agua…

Estos son los hechos que se cuentan.

La película contó con la asesoría de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba (FAR). Varios testimonios aseveran la cercanía de las imágenes a la realidad y los recuerdos renacen… pero no se puede soslayar que se trata de una obra artística y no de un calco.

Kangamba, en mi opinión, tiene un final atropellado, quizás una torcedura que resiente la estructura dramatúrgica sostenida; y aunque en ocasiones puntuales se adivina cierta prefabricación, las explosiones reales, las imágenes digitales para la aviación y la construcción general, marcan un punto superior en la visualidad del tema bélico en la filmografía cubana.

No importa que sean las llanuras del Camagüey las que remeden al suelo angolano, sino la verosimilitud que logró el equipo de la película (sumar a las actuaciones y a una dirección que se advierte compleja, la fotografía, el maquillaje, la asesoría…) en la mayoría de sus noventa y cuatro minutos de duración.

Angola, la participación combativa cubana en el continente africano, es un tema sensible al que se deben seguramente muchas obras y análisis ―no sólo épicos―, mas aquí hemos hablado de una obra concreta. Esa responsabilidad le toca a futuras propuestas.

Ha pasado un cuarto de siglo desde Cangamba (la historia real) mas, resulta inevitable la evocación para los protagonistas, y para los miles de cubanos que participaron en las misiones en África.

Por mi parte, recuerdo (como si fuera hoy) la “Operación Tributo” (1989), momento en que se repatriaron los restos de los mártires cubanos internacionalistas.

Hice una larga fila luctuosa hasta la sede del gobierno en el corazón de Santiago de Cuba. El silencio era pasmoso. Ver aquellos osarios, aquellas cajas de metal; y las fotos de los jóvenes ―jovencísimos―, que habían caído… resultó para mi uno de los momentos más difíciles de mi vida.

Kangamba es también un tributo, un hermoso tributo.

Ficha Técnica:

Filme cubano coproducido por el ICAIC y los Estudios Fílmicos del MINFAR (2008) / Director: Rogelio Paris / Guión: Rogelio París y Jorge Fuentes / Productor: Rafael Rey / Música: Edesio Alejandro / Dir. Fot: Adriano Moreno / Asesor militar principal: General Enrique Acevedo / Interpretes principales: Armando Tomey (Tte. Coronel Lorenzo), Rafael Lahera (Capitán Mayito), Samuel Claxton (el Soba), Félix Beatón (Artemisio), Renny Arozarena (Gral. UNITA), Linnet Hernández (Maria), Jorge Enrique Caballero, Andrés Banderas.


Artículo relacionado: KANGAMBA (Reflexión de Fidel)
http://www.granma.cubaweb.cu/secciones/ref-fidel/art54.html

Publicado por Reinaldo Cedeño Pineda (CUBA) en 10/04/2008 09:21:00 PM



El CINE FUCK made in USA /o/ las MALDITAS, las JODIDAS películas norteamericanas

Reinaldo Cedeño Pineda

Será que llevo muchas horas de cine made in USA, y ando ya empachado con tantos fuck you, fuck esto y fuck lo otro…





Cualquier cosa para ese último cine, cualquiera, hasta lo más inimaginable, puede ser maldita, jodida, estúpida, imbécil, perra… y otras “bellezas por el estilo”.

¿Cuándo ocurrió esto?

El otro día me puse a contarlo en una película, y perdí la cuenta en 43 fuck… No fue nada. Alguien ha contado más de doscientos…

¿Será una competencia?

Aunque en la TV cubana, por suerte, hay espacios cinematográficos de alta factura artística y la pantalla se abrió al cine del mundo... todavía se exhibe (y se seguirán exhibiendo en Cuba y en media humanidad, que para eso controlan las distribuidoras y los mecanismo de promoción) mucha cinta norteña clase B, o más bien clase F...uck

Desparpajo, vulgaridad, prepotencia y violencia parecen estar detrás de todo eso.

Al lado del cine de autor, del gran cine norteño… pululan estos filmes decantados y ligeros, soeces y vacuos, sin historia alguna. Y se consume, lo consumimos... y hasta nos hemos acostumbrado.

No soy antinorteamericano, en absoluto. De hecho, algunas de mis cintas favoritas son estadounidenses. Sólo detesto ese cine―basura, venga de donde venga.

Asomarme al cine siempre lo he considerado un acto divino, una revelación; y no una sesión para mascar chicle o para comer rositas de maíz. Entre la fantasía creativa y la tontería, hay un abismo.

El buen cine es como una eyaculación. El otro es peor que un "coitus interrumptus".

LOS ESQUEMAS DEL “CINE FUCK”

El cine FUCK norteamericano es por excelencia un cine de fórmulas hechas, de clichés, de simplificación… que cualquiera puede adelantar y adivinar.

¿Dígame cuantas veces no lo ha visto?

• En el momento de mayor tensión, el auto no arranca.

• Los celulares no tiene cobertura justo cuando comunicarse sería la salvación.

• El auto siempre se rompe… en medio de la nada

• Los autos son voladores, o pueden dar mil vueltas… y siguen andando.

• Si hay una persecución de autos… un tren o una rastra se atraviesan justo a tiempo.

• Si la “chica soñada”, “la sexy” debe aparecer, la escena es la siguiente: Portezuela que se abre, pierna que asoma, cámara a los zapatos (siempre altos)… y luego chica bamboleándose y pelo suelto al aire, por supuesto con ropa vaporosa y todo en cámara lenta. También puede agregársele un celular por el que habla mientras camina. Este celular, por supuesto, siempre comunica.

• En cualquier grupo siempre hay un negro, un negro buena gente que “debe” morir antes del final.

• En un tiroteo, nunca se acaban las balas, no importa el tipo de arma que se use.

• En los grupos, expediciones y similares, hay dos tipos de mujeres: una “con figura masculina” y valiente que también muere; o una inútil y delicada que si hay que correr se tuerce el tobillo, o si le sale un “bicho” sólo sabe gritar.

• Si hay un combate de boxeo, de kung fu o una pelea prolongada, el que sale herido primero, al que casi mata su rival, es al final… el ganador.

• Si la actriz principal se cae y queda enganchada de una rama que sobresale en el abismo, no le preocupa morir… sino que se le ha rasgado el vestido, ¡pobre!, o se ha dañado el cabello.

• Si hay un crimen y llega el especialista, no repara en el cráneo hundido o la herida abierta, sino… en el par de zapatos de tal marca. Y hasta puede agregar ¡qué lástima!... no por el muerto, sino por el calzado, claro está.

• En la escena de la visita a la prisión ―teléfono levantado y ventana separadora incluidas―, visitante y prisionero unen las manos a través del cristal.

• Pueden estar acuchillando a alguien que grita despavorido, pero el que lo puede salvar tiene audífonos, y nada oye.

• El hermano mayor, casi siempre drogadicto, delincuente o con un trabajo de menor remuneración, o es “la oveja negra” de la familia y acaba sacrificándose por el hermano menor, el intelectual, el bueno.

• Cuando el final se acerca, cuando los "buenos" triunfan sobre "los malos" y el escenario es un castillo, en una cueva, en una fábrica, una empresa enorme, fantástioca y casi siempre recóndita... todo se cae a pedazos, todo estalla.
• Si ante un robo, un asesinato, un hecho policial, acude la prensa, se apiña la prensa queriendo conseguir detalles… los encargados nunca tienen declaraciones que hacer. Y los implicados se abren paso entre la prensa apiñada.

• Si hay complicaciones con la policía y ya no hay otra salida… pues muy fácil… para eso está México. Y, cómo no, allá se van… rumbo al México “bullanguero de bailes y tequilas” donde están seguros que la mano de la justicia no les alcanzará…

Y cuál sumas tú?

Publicado por Reinaldo Cedeño Pineda (CUBA) en 10/06/2008 03:04:00 PM

1 comentarios:
A Cuban In London dijo...
Estoy de acuerdo contigo Reinaldo, en ingles se dice "gratuitous swearing/violence" y desgraciadamente es un fenomeno que ha pervertido el buen cine.

Saludos desde Londres. octubre 09, 2008 7:38 AM

--- EL ARCO: La intensa poesía del cine oriental

Reinaldo Cedeño Pineda

Hace algún tiempo he iniciado un juego cada vez que veo una película: tratar de adivinar que viene después, atrapando las señales del guión.

Como ya sumo muchas horas de vuelo como espectador, como en Cuba se pone tanto cine norteamericano clase B (persecuciones, drogas, disparos, sexo... y esos diálogos insulsos y petulantes tan típicos), no es nada notable que cada vez vaya logrando mayores aciertos.

Una cosa muy diferente es el cine asiático.
No hay finales a la vista, hasta bien avanzada la historia. Es el cine del detalle. Y si se me piden otras palabras: un ritmo sin apremios, un delicado tono filosófico, un regodeo fotográfico. Y un diálogo con la cámara sin estridencias, justo y empático. El cine como arte.

No es la primera vez que voy al tema, pero la proyección de la cinta coreana El arco (2005) en el programa “La séptima puerta” (¡salud para Rolando Pérez Betancourt!) me hace regresar con júbilo.

Kim Ki Duk, su director se va volviendo un nombre de culto. Recuerdo perfectamente su cinta anterior Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera (2003), exhibida hace unos meses atrás.

Ahora vuelve con un escenario parecido: un barco en medio del mar.

Se trata de un viejo pescador que ha recogido a una niña y la ha criado en la desvencijada embarcación durante una década. En un almanaque, va tachando los días que faltan hasta la marca del corazón, porque los planes son casarse con la joven, cuando esta cumpla diecisiete años.

El barco es escenario de pesca para algunos, que se atreven con la joven… pero reciben un flechazo de advertencia desde el arco, manejado con maestría por el dueño.

Sin embargo, un día la chica ve subir a cubierta a un joven, y se despiertan simpatías mutuas. Al irse, el visitante le deja una reproductora… y comienzan los problemas de aquella singular pareja en medio del agua.

La genialidad de KKD es como lo va contando todo. Y las escenas que reproduce:

El viejo es también adivinador. El barco tiene un Buda pintado, y según caiga la flecha, así será el mensaje… pero estas caen, mientras la joven se mueve en un columpio…. ¡Ese rostro inocente y sugestivo columpiándose en el mar, el suspenso del arco tensado, el peligro, el rostro del anciano… Es un momento que se repite con su carga de misticismo visual e intrínseco.

El arco es tocado en lo alto, en las noches. ¡Y ese sonido, sugiere tantas cosas!….

En las noches, en una litera, el viejo toma la mano de la joven y duerme con satisfacción…

La boda se acerca pero todo se complica. La joven ya no quiere que el anciano la bañe. Con los audífonos puestos, disfruta de la música… en su imaginación. La reproductora ha sido lanzada al mar.

El joven regresa a buscar a la joven. Y en una barca más pequeña, esta decide irse. Sin que lo sepan, el anciano se amarra la cuerda al cuello…

Lo que parecía el final, vuelve sobre sus pasos. La joven regresa, abraza al anciano y finalmente accede a la boda.
Lo baña, en un rejuego de roles. Se visten de gala, la joven queda semidesnuda sobre cubierta en la pequeña barca, duerme… y el viejo se lanza al mar. Antes, una flecha es lanzada al cielo.

Gira la barcaza, regresa al barco–madre, y ante los ojos asombrados del joven (y de los espectadores) la flecha cae en la entrepierna de la joven que se siente invadida por el eros, se tuerce, gime… y al final su bata se mancha de sangre.

Esta escena, criticada por algunos, no rompe a mi modo de ver la poesía anterior. Es un giro con otra dosis de poesía; una escena erótica que nunca deja de ser onírica.

Hace el amor. La flecha carga el simbolismo.

Al partir, ante del fin, la vieja embarcación que ha sido su hogar, se hunde. La cámara sigue a lo lejos el Buda que se hunde. La vela deja una estela en el agua, mientras la chica dice adiós.

El Arco es pura poesía, tiene razón el crítico.

He leído que fueron días de dura filmación, que el director no tiene estudios de cine, que el mismo dirige la fotografía y los encuadres.

Di por muy buen empleado el tiempo que dediqué al filme. Y desde ya estoy esperando otros filmes suyos, otras propuestas asiáticas. Por suerte, en Cuba se ha visto en los últimos tiempos cine chino, hindú, japonés, vietnamita, thailandés, iraní y hasta de Buthán, botones de muestra suficientes para saber la fragancia de la flor. Ese cine de los ojos rasgados que sigue enamorándome.

VER MÁS SOBRE CINE ORIENTAL O ASIÁTICO:

http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/01/el-increble-cine-made-in-asia.html
Publicado por Reinaldo Cedeño Pineda (CUBA) en 3/22/2008 04:25:00

♠ EL PRIMER VÍDEO CLIP DEL MUNDO

Reinaldo Cedeño Pineda

El vídeo clip es un género de la contemporaneidad, que hoy nos parece debió existir siempre… pero su aparición se debió a una evolución natural.

La polémica siempre es ardua cuando se trata de señalar a los primeros, pero un cubano, Santiago Álvarez Román, y una fecha, el 1965 son definitorias.


En ese año, el famoso artista produjo una verdadera revolución en el montaje cinematográfico con su documental NOW.

Santiago Álvarez animó un exuberante material de archivo sobre la discriminación racial en Estados Unidos: perros, policías, palos alzados, ¡rostros!, y encadenó las secuencias in crescendo, a una canción interpretada por Lena Horne.

Es un material fundacional de una forma de la visualidad.

Santiago fue director de seiscientos noticiarios cinematográficos (Noticiero ICAIC Latinoamericano) y de centenar y medio de documentales.

Frente al mar Caribe, en una tarde memorable de confesiones, en 1996; tuve la oportunidad de conversar con él sobre su pasión testimoniante. Lázara Herrera, su esposa, fue nuestra acompañante.

Now ocupó un lugar especial.

-¿Está de acuerdo en la afirmación de qué es el precursor del vídeo clip?

"Sí, pudiera decirse así, porque el documental dura apenas los seis minutos, lo mismo que la canción de Lena Horne.

“Comprobando todo lo que se hizo ese año en el mundo, todo lo que nos ha llegado, puede concluirse que fue el primer vídeo clip. No tengo a menos ni vergüenza decirlo”.

-¿Se propuso crear un nuevo estilo?

“Las estructuras de Now nacen así, como un montaje dinámico, un collage de imágenes que surgen por la propia necesidad.

“Las carencias llevan a la invención y este fue el caso de Now.

“Me hizo recordar mis experiencias sobre la discriminación racial en Estados Unidos, donde trabajé como minero en los años cuarenta".

-¿Puede acercarnos a esa historia?

"El caso es que tuve que abandonar mis estudios de medicina en Cuba. Me fui a los Estados Unidos porque no quería ser una carga, y en el trayecto de un ómnibus de Miami a Nueva York, intenté darle el asiento a una negra que llevaba a un niño en brazos.

“Muchos comenzaron a decirme horrores en inglés, y yo le dije a la negra que me diera el niño para llevarlo y le contesté a todos que...! había que matarme para quitármelo!.

"Entonces, había una ley que permitía a los negros sentarse… sólo en la parte de atrás de los ómnibus. Aquel pasaje se me quedó grabado y la oportunidad fue Now".

¿Cuánto ha filmado?

"Todo lo que se mueva, quiero filmarlo. En el documental no hay maquillaje, no se puede decir: ¡para la guerra… que la toma no quedó buena! Eso es lo difícil y lo hermoso”.

Varias de las imágenes de Santiago Álvarez, forman parte del patrimonio fílmico universal:

Las palabras del presidente chileno Salvador Allende denunciando las conspiraciones contra él (¿Cómo, por qué y para qué se asesina a un general?, 1971) y Ernesto "Che" Guevara manejando un tractor (Hasta la victoria siempre, 1968).

Igualmente, captó las imágenes del primer bombardeo norteamericano sobre la capital vietnamita (Hanoi, Martes 13; 1967) y a Ho Chi Minh jugando con los niños (79 primaveras, 1969).

-¿Mi estilo, preguntas?... “Un maremoto de secuencias trabajadas”.

Cada año, Santiago de Cuba le rinde un homenaje a su memoria en el Festival Internacional de Documentales “Santiago Álvarez”.

Cuando en 1998, muy afectado ya por el mal de Parkinson, dejó de existir, abrí el libro que aquella tarde frente al mar, puso en mis manos: El cine urgente de Santiago Álvarez, del brasileño Amir Labaki.

Allí, en su portada, había dejado escrito de su puño y letra: ¡Viva el cine documental!, como una firma, como un auto de fe…
Publicado por Reinaldo Cedeño Pineda (CUBA) en 11/22/2007 07:04:00













♣ El VIAJERO INMÓVIL : ¿Barroquismo a lo Piard?

Reinaldo Cedeño Pineda

No soy de los adoradores de Lezama, ni lo conocí en persona. Era un niño cuando este murió, en medio de un áspero olvido.

Tomás Piard, el director del último estreno del cine cubano: El viajero inmóvil, tuvo la suerte de estrechar su mano.

No me leí Paradiso por obligatoriedad ni como ejercicio de un plan de estudios. En mi tiempo universitario no se estudiaba, ni la novela estaba disponible por más que se buscara.

Cuando al fin la pude tener, en 1991, −tras su reaparición un cuarto de siglo después de la edición príncipe− comencé por el capítulo del “escándalo”, el VIII: aventura del eros sin barreras sexuales.

Por supuesto, tuve que empezar desde el principio para entenderla; mas Paradiso se resiste.

Lezama era de un pensamiento enciclopédico, y allí está volcado. Hay metáforas deslumbrantes, rebuscamientos, cubanías, exotismos, alardes del idioma… todo entremezclado. Cintio Vitier ha dicho que el verdadero protagonista es el lenguaje.

También me leí, y hasta me imaginé en el suculento almuerzo lezamiano, almuerzo simbólico y literario; casi imposible de resistir en la realidad.

Entre “leptosomático”, “sirte”, “homúnculos” y “flamígero”… no me da vergüenza confesar que debí llegarme al diccionario más de una vez; pero con todo, Paradiso fue una aventura que me gustó recorrer, degustar, domeñar. Detesto los facilismos y las obviedades, por eso le recomiendo la novela a todos.

He leído a Lezama Lima narrador, y algunos de sus versos. Leí sobre él. Y acabé metiéndome en su mundo irreal, profundo, transgresor y barroco. Sigo sin ser de sus adoradores, pero guardo ese gallardo respeto que se tiene ante la grandeza.

Lezama (1910-1976) fue un patriarca de la cultura cubana. Uno de los que contribuyó al espesor y trascendencia de la literatura latinoamericana. Incluso, la vida me ha llevado hace poco a conocer a su médico, José Luis Moreno del Toro.

Por todas esas razones, asistí con expectativas al estreno de El viajero inmóvil de Tomás Piard.

En la puerta del cine Cuba (Santiago de Cuba), algunos fotogramas se prestaban al rejuego de la taquilla: un hombre desnudo con las piernas cruzadas y una mujer sobre el lecho con la cabeza colgando. Hubo a quien le brilló la pupila, preparándose tal vez para una cinta de mucho sexo explícito. En la realidad, esa fotografía correspondió a una escena brevísima e insignificante en pantalla.

Por cierto, leí algunas informaciones de publicaciones internacionales sobre este estreno, que hurgaban en viejos anatemas alrededor de Lezama, como si el tiempo y las circunstancias fuesen también inmóviles. Craso error.

En la TV, la promoción fue continua… así pues asistí, repito, con muchas expectativas.

¿Qué rostros llevarían Cemí, sus amigos Fronesis y Foción, el maestro Oppiano Licario; y por supuesto, Doña Augusta?

¿BARROQUISMO “LEZAMIANO” O “PIARDANO”?

El viajero inmóvil es un rejuego simbólico basado en Paradiso, en el universo de esa familia creada en las letras; rebusca en el pensamiento lezamiano. ¿Quiso emular el director con el escritor, transfigurarlo, insuflarle vida desde la visualidad?

Tal vez era casi impensable atrapar el surrealismo lezamiano desde una cinta contada a la usanza más clásica. Por ello Piard acude a cuanto hay: escenas de gran movimiento, sensualidad desbordada, símbolos por aquí y allá; puras escenas teatrales, expresividad al estilo silente, las palabras del propio Lezama, la intervención de grandes figuras de nuestras letras (César López, Pablo Armando Fernández, Reinaldo González…), etcétera…

El barroquismo a lo Piard pecó por exceso.

Cuando Herminia Sánchez se nos aparece casi en éxtasis en su papel de anfitriona como Doña Augusta (tanto que nunca podré imaginar otro rostro); cuando los platos del asombro desfilan en el famoso almuerzo (ya referencial en Fresa y chocolate); cuando el ambiente onírico está a punto de envolvernos; ahí mismo sobreviene la violenta ruptura: las declaraciones de grandes figuras, desde el análisis, sobre el significado de Paradiso, de Lezama, del banquete…

Son piezas valiosas, pero no encajan.

Fue mucho el riesgo, y en el salto no se llegó al otro lado. Todo se quiebra como una piedra que golpea al vitral, justo en el centro. No importa que Cemí (corporizado por el joven Georbis Martínez) mire por detrás del asiento, en un halo místico.

Un buen destello guardo de la escena de la protesta estudiantil. La puesta se anota tal vez el mejor momento del filme, en su contraste entre el miedo, el asma y el asombro; y el joven luchador, exultante en su presencia física (el Apolo aparecido que interpreta Rafael Hernández), el palo de los gendarmes, y la huida del propio Lezama ya viejo (sobrecoge, casi podemos “tocarlo”)…

Sólo otros minutos, en mi opinión, se salvan del entramado caleidoscópico: la brocha que sube y baja, lenguaje a modo de puente / separador entre el sexo desbocado y enhiesto (“La lombriz sonrosada, la Niké fálica” de la que hablaba Lezama) que cede ante el encanto seductor femenino, y también… a las redondeces masculinas, en una insinuación inequívoca y subrayada, pocas veces vista en el cine cubano.

Es poco para más de una hora.

Los desnudos abundan en El viajero inmóvil. Y no es que a estas alturas tenga reparo alguno, que los he visto en el teatro, la danza, el cine… con mejores y peores planteos estéticos…

El cuerpo humano desnudo es el mayor tributo a la vida. Nada sobre esta tierra lo supera; pero en más de un momento no halla asideros en la “historia”, por más fragmentaria y anti aristotélica que esta se presente. Los cuerpos podrán estar deleitosos, pero van largamente sobrados.

Súmele a ello un regodeo homosexual −por el regodeo y no por homosexual, basta ya de dogmas− que, tal vez por su sostenida recurrencia, abre más de un paréntesis, recarga la historia, y por momentos, bifurca aún más el discurso visual. .

Tendré que darle otra ojeada a Paradiso…. Los que nunca se han asomado a esas páginas, creo, se habrán quedado con muchas interrogantes, con otros tantos puntos suspensivos, con las alegorías en el aire…Ojalá pueda funcionar como una invitación a su lectura…

Siempre recordaré a un gran escritor que admiro, el poeta y ensayista, Marino Wilson Jay: “un libro no es para alfabetizar a nadie”. Que me permita aplicarlo aquí: “una película no es para alfabetizar a nadie”. Es una obra de arte, con sus códigos, maneras y propuestas, tan variadas como directores hay… Eso es cierto, pero…

El viajero inmóvil propone, acaso, un deleite visual, un ahondamiento. Un intento, quizá, de atrapar ese espíritu inasible que dejó el escritor en todo lo que hizo…
Un intento....

Lezama es la inspiración y la tela; mas Piard es el nervio y el pintor. Más que las brumas de sus trazos, es la amalgama la que no logra cuajar; los hilos que sueltos, no se tocan en el entramado…

El viajero inmóvil logra destellos, sólo eso. El camino entre la literatura y el cine, resultó de nuevo una senda de abrojos.

(VER ¿Se aventura a un almuerzo lezamiano? en: http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/01/se-aventura-un-almuerzo-lezamiano.html )

(VER fragmentos del capitulo VIII de la novela Paradiso de Lezama Lima http://laislaylaespina.blogspot.com/2007/12/no-somos-dios-hitos-del-arte-gay-en.html

(VER poema "Lezama toma el Té": http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/06/lezama-toma-el-t.html )

Publicado por Reinaldo Cedeño Pineda (CUBA) en 7/09/2008 04:33:00 PM

Cine Latinoamericano: EL MILAGRO DE LA PERSISTENCIA

Reinaldo Cedeño Pineda

¿Nuevo cine latinoamericano? Cada diciembre, la interrogante halla su respuesta con la amplia muestra del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana.

Es un festival que ha sido fiel a su compromiso de ser punto de reunión, vitrina para la filmografía de la región. Una cita fiel y sin interrupciones, a contrapelo incluso de una economía de la Isla que tras la desintegración de Europa del Este, sufrió un golpe demoledor en los años noventa.

Sin embargo, la historia no comienza en la capital de la mayor de las Antillas, ni es tan reciente como pudiera acaso suponerse.

Pero… ¿cuándo nació el nuevo cine latinoamericano? ¿Existe acaso una identidad entre países tan diversos? ¿Puede acaso lograr espacio entre la invasión de cintas norteamericanas y su sistema de estrellas?

Primero habrá que afirmar con orgullo que la historia del séptimo arte en esta parte de América comenzó por México, poco tiempo después que el cinematógrafo de los Lumiere entregase sus asombros en París, en el estertor del siglo diecinueve.

Luego el lente azteca abrió paso a sus historias.

Algunos críticos a la vista de los años, se atreven a mirar aquel cine de oro por encima del hombro, insistiendo en su carácter comercial o en la reiteración de fórmulas estéticas… olvidando tal vez que de esas tragedias pueblerinas, que de esas sensibilidades y esa tradición también estamos hechos.

Olvidan tal vez que fue un cine que pudo resistir el embate de Hollywood. Un cine que habló en español con sus propias estrellas:

Cine hecho desde los ojazos de La Doña, María Félix y de María Candelaria- Dolores del Río; desde las gargantas y el sombrerón de Jorge Negrete o Pedro Infante.

Cine desde la mano mágica de Emilio “El Indio” Fernández, la fotografía de Gabriel Figueroa y la versatilidad de Pedro Armendáriz. De los enredos de Cantinflas, y por supuesto, del cine grande de Don Luis Buñuel de Los olvidados (1949) que jamás se olvidan. Y de la épica inconclusa de Eisenstein con ¡Que viva México!

Más al sur, Argentina dio paso a un cine aséptico de señoritas casaderas y grandes mansiones, lo que se ha dado en llamar “las películas de teléfonos blancos”. Un cine de tanguedias…. pero que rescató el sonido inmortal de Carlos Gardel y entregó una madreselva a Libertad Lamarque.

Desde la Pampa, llegaron también, un clásico de ambiente rural: Las aguas bajan turbias (1952, con Hugo del Carrill). Leopoldo Torre Nilsson dará un puntapié a la decadencia de la alta burguesía tradicional con La casa del ángel (1956). Fernando Birri trae un muestrario de la infancia paupérrima de la gran ciudad en su documental Tire- Dié (1958), las inolvidables manos tendidas de los niños tras un tren.

Hay un intento de gran sacudida: La hora de los hornos, (Fernando “Pino” Solanas y Octavio Getino, 1960) pero sobrevendrá la larga noche de la dictadura...

Por otra parte, el gigante sudamericano asombra al mundo. Brasil deja atrás la comedia fácil y el pintoresquismo con samba incluida, para girar hacia las profundidades.

El Cinema Novo constituyó una revolución estética que tuvo su eclosión en los cincuenta y cuya influencia no se ha apagado jamás. Sus obras emblemáticas se movieron entre la experimentación y el delirio, la tragedia desgarradora de la ficción y el afán testimonial cercano a la documentalística.

Desde esa exuberancia casi barroca, emergieron las antológicas Dios y el Diablo en la tierra del sol (1964) y Antonio das Mortes (1969), de Glauber Rocha o Vidas secas (Nelson Periera Dos Santos, 1963)

Y es que América Latina urgía de una mirada hacía sí, hacia sus dramas y bellezas... un nuevo cine.

ENTRE EL DRAMA Y LA ESPERANZA

Un cine múltiple, hecho con los riñones y las ansias. Cine entre el drama y la esperanza de la gente común. Cine de coproducciones, de alianzas entre la técnica, el arte y el financiamiento.

Cine desnudo que en sus mejores títulos alcanza también alta factura estética. Cine de afectos especiales y no de efectos especiales.

Viña del Mar en 1967, tal vez fue un punto de partida, con el entusiasta apoyo del inolvidable Aldo Francia y su conocido Club; pero La Habana retoma en 1979 aquel intento frustrado en Chile. Sin olvidar, por supuesto, a Cartagena de Indias, la cita más antigua de la región.

Nuevos íconos y nuevos nombres integran la imagen latinoamericana.

Desde el estaño y las alturas de Bolivia, Jorge Sanjinés fundó el grupo Ukamau (1963) para captar las realidades del altiplano. En sus filmes, el dolor y la luz cobran nombre: Yawar Malku (Sangre de Cóndor, 1969) y La nación clandestina (1989).

El maestro Sanjinés, uno de los padres del nuevo cine latinoamericano, intentó explicar la singularidad del séptimo arte de la región:

“Los latinoamericanos podemos hacer el mejor cine del mundo, porque somos ricos en humanidad, en sinceridad, porque somos una potencia en historia y en ternura”

Argentina es pura lava, explota el volcán desgarrador de sus desaparecidos con La noche de los lápices (1986, Héctor Olivera), el vuelo de la muerte en Garaje Olimpo (1999, Marcos Bechis) o La historia oficial (Luis Puenzo, 1984, Oscar a la mejor película extranjera), con una pareja de lujo: Norma Aleandro y Héctor Alterio).

La mirada de María Luisa Bemberg se mueve en la trama de historias íntimas y exclusivas con Camila (1984) o Yo, la peor de todas (1990), esta última sobre la musa increíble de Sor Juana Inés de la Cruz.

Federico Luppi conmueve al tajar su lengua en la célebre Tiempo de revancha (1981) y encarna el miedo en Últimos días de la víctima (1982), ambas de Adolfo Aristaraín. Mientras, Fernando “Pino” Solanas canta la gran oda, la de la emigración (Tangos, el exilio de Gardel, 1985), la nostalgia: Sur (1987) y el latrocinio infamante del desgobierno en Memoria del saqueo (2003).

Una para la sonrisa, la maestría de Antonio Gasalla como la inolvidable Mamá Cora en Esperando la carroza (Alejandro Doria, 1985). Y otra para la persistencia de filmar en cualquier circunstancia, cine dentro del cine en la excelente La película del rey (1985) de Carlos Sorín.

Argentina y el episodio desastroso, el drama oculto de Las Malvinas revisado por Tristán Bauer en Iluminados por el Fuego (2005)

México vuelve.

Y se abre de par en para a un ícono de las artes plásticas americanas, Frida Khalo en Frida, naturaleza viva (Paul Leduc 1983) con Doña Ofelia Medina. Para filmar, el director debió hipotecar sus bienes.

María Rojo se afirma gran dama del cine latinoamericano tras la versatilidad mostrada en cintas de la talla de María de mi corazón (1979) o La Tarea prohibida (1992), ambas de Jaime Humberto Hermosillo; El callejón de los milagros (1995, Jorge Fons) o Danzón (1991, María Novarro).

Ernesto Gómez Cruz recuerda al cine de oro con su interpretación de El imperio de la fortuna (1985) y en Profundo Carmesí (1996) ambas de la mano directriz de un clásico de nuestro cine, Arturo Ripstein.

Alejandro González logra el éxito con el drama entrelazado de Amores perros (2000), mediada una revelación, la de Gael García el mismo al que tocará corporizar nada menos que al Che en Diarios de motocicleta (2004), la cinta brasileña de Walter Salles.

Brasil sigue escribiendo con imágenes su historia más reciente.

La música de Chico Buharque hace bailar a todo el continente al compás de una historia callejera, Ópera del Malandro (1986, Ruy Guerra). Sonia Braga hipnotiza con Doña Flor y sus dos maridos (1976, Bruno Barreto) y convence en Tieta de Agreste (1996, Carlos Diegues). Ambas toman el argumento del maestro de la novela, Jorge Amado.

Brasil mira a sus demonios: Memorias de la cárcel (Nelson Pereira Dos Santos, 1984), sus luchas: Ellos no usan smoking (1985, León Hirszman) o Bye, bye Brasil (Carlos Diegues, 1979) y a sus fabelas: Ciudad de Dios (Fernando Meirelles, 2002).

El corazón de un país rico lleno de pobres, se dibuja en la premiadísima Estación Central de Brasil (Walter Salles, 1998) con el dúo inolvidable de la cartomántica Dora (Fernanda Montenegro en una actuación perfecta) y el niño Josué (Vinicuis de Oliveira).

Cuba desde su reto permanente, aporta su visión al cine latinoamericano.

Humberto Solás presenta la historia de la Isla a través de una mujer en diferentes épocas: Lucía (1968 y una indomable Raquel Revuelta), retrata el oportunismo (Un hombre de éxito, 1996) y hace un magnífico retrato coral de una sociedad en Barrio Cuba (2005)

Tomás Gutiérrez Alea analiza la revolución cubana desde la perspectiva de un intelectual en Memorias del subdesarrollo (1968). La película ha sido considerada en más de una encuesta, como el mejor filme en la historia del cine latinoamericano.

Alea –más conocido por “Titón”- construye una oda a la tolerancia sexual y de pensamiento desde Fresa y Chocolate (1993), mientras su compatriota Enrique Pineda Barnet atrapa a una artista de teatro enfrentada a la miseria de su tiempo (La bella del Alhambra, 1989, Premio Goya, con el protagónico de Beatriz Valdés).

El cubano Santiago Álvarez es uno de los precursores del vídeo clip en el mundo con seis minutos sobre la discriminación en los Estados Unidos al compás de la música de Lena Horne en la fuerza de Now! (1965).

Daysi Granados –para algunos, el rostro del cine cubano- logra el reconocimiento internacional al encarnar a una mujer que exige la igualdad en Retrato de Teresa (Pastor Vega, 1979); mientras desde el animado, Juan Padrón crea un verdadero ícono, un héroe criollo contra el colonialismo español, Elpidio Valdés y su larga saga.

En tiempos recientes, Fernando Pérez, actualiza la imagen Cuba, con sus desesperanzas y sueños en su trilogía Madagascar (1996), La vida es silbar (1998) y Suite Habana (2003).

Otras cinematografías se acercan, debutan. Algunos títulos se hacen su lugar en la preferencia internacional.

Francisco Lombardi (Perú) es ya todo un clásico con La ciudad y los perros (1985) y con Caídos del cielo de1990, logra el Goya a la mejor cinta extranjera de habla hispana.

Colombia en la memoria fílmica con La estrategia del caracol (Sergio Cabrera, 1993), la descarnada realidad de la droga (La vendedora de rosas (Víctor Gaviria 1998) o la reciente Rosario Tijeras (Emilio Maillé, 2005, con la eficiente actuación de Flora Martínez). Y con la mejor cinta de aquella serie basada en historias del “Gabo”, Gabriel García Márquez, la fantástica Milagro en Roma (1987) de Lisandro Duque.

Venezuela destaca con la crónica de la conquista de América en Jericó (Luis Alberto Lamata 1998), las obras de maestro Ramón Chalbaud (El pez que fuma, 1977) y una reciente lista de propuestas.

Desde República Dominicana, Ángel Muñiz logra todo un suceso con el encontronazo demoledor de un caribeño en el monstruo neoyorquino, Nueba Yol (1995) y Jacobo Morales (Puerto Rico) descubre la sonrisa y traza el perfil cotidiano en Lo que la pasó a Santiago (1989). Uruguay abre su pequeña ventana con Whisky (Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll, 2004)

Chile vive hoy una eclosión, tras aquel clásico del cine latinoamericano, El chacal de Nahueltoro (1969) de Miguel Littin, retrato sobre la huella corrosiva del poder. Y el imprescindible Patricio Guzmán con La batalla de Chile, 1977), sobre el gorilazo de Pinochet, el golpe de estado en el país más largo del mundo.

¿Quién podrá negar a estas alturas, la existencia del cine latinoamericano?

Un cine que se renueve en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños (Cuba), en la creación de maestros y novísimos, en el aliento permanente de Gabriel García Márquez. Cine de los Tucanes de Río y Las Indias Catalinas de Cartagena.

Un cine irreductible que sabe emerger de las soledades, siempre en campaña. Cine enhiesto frente a las distribuidoras y los monopolios, que no ocupa aún el espacio merecido; pero al que no se ha podido ningunear.

El cine latinoamericano es un asombro. Es un milagro que siempre aprovecha el último aguacero para echar nuevos brotes.

Publicado por Reinaldo Cedeño Pineda (CUBA) en 9/26/2007 06:21:00





--- EL CINE MADE IN ASIA

Reinaldo Cedeño Pineda




Siempre me pregunté si además del kong fu de Bruce Lee, y los samurais de Toshiro Mifune y Akira Kurosawa, no había nada más en el cine asiático…

Alguna que otra crítica y los frecuentes premios concedidos a cineastas de Asia, nos hablaban de otra realidad; pero salvo alguna muestra especial, esas películas seguían hundidas en el misterio para la mayoría de los cubanos.

¿Había temor a romper el molde?

La respuesta tardó en llegar.

Por suerte, en el nuevo milenio, la televisión cubana decidió ampliar la geografía del séptimo arte.

Así nos enteramos, poco a poco, de la excelencia del cine producido más allá de Hollywood, que sólo había sido modificado en la mayor de las Antillas por la larga sobresaturación del cine soviético, y la increíble sobrevivencia del viejo cine latinoamericano.

El cine made in Asia, nos subyugó primero por su lenguaje diferente, nos cautivó por su fotografía y su economía de palabras… y acabó convirtiéndonos en adeptos a su estética.

Nunca acabaremos de agradecer a espacios como: La séptima puerta (Cubavisión) y El espectador crítico (Canal Educativo) –bajo la conducción de Rolando Pérez Betancourt y Magda Resik, respectivamente– que hayan decidido correr el riesgo.

ZHANG YIMOU Y EL CINE CHINO

Algunos creían que el cine chino era Jackie Chang y Jet Li (con sus patadas, poses y risas)… Y es que no habían llegado las superproducciones de Zhang Yimou, todo un símbolo de la magnificencia visual, la exhuberancia del color, y de escenas inusitadas, francamente espectaculares.

Lo primero que se pasó en Cuba de su autoría, casi como una curiosidad, fue Sorgo rojo (1987). Años después, cada estreno de sus filmes ha sido un suceso comentado a nivel de la crítica, y también popular.

Así, vimos inundarse la pantalla con la historia opresiva y delirante de la Linterna roja, 1991 (cuatro concubinas disputándose los favores de su señor en la China medieval); mientras el rostro de la estrella china Gong Li comenzó a sernos familiar. (http://laislaylaespina.blogspot.com/2007/12/la-linterna-roja.html )

Ambos filmes –y también el conmovedor relato de una maestra aldeana buscando a su alumno en el moderno Beijing: Ni uno menos, 1999–; fueron exhibidos en la pantalla doméstica muchos años después de su realización, lo mismo que La semilla de crisantemo (1990).

Una vez despejado el camino no ocurrió lo mismo con títulos más recientes, con mucha menor diferencia entre su estreno internacional y su muestra en la pantalla cubana: Héroe (2002), La casa de las dagas voladoras (2004) y La maldición de la flor dorada (2006).

Héroe nos permitió ver, tal vez, la mejor interpretación de Jet Li, despojado de sus repetitivos papeles de tantas citas.

La casa de las dagas voladoras nos trajo la estilización de las artes marciales y esa escena danzaria en que la protagonista debe imitar el sonido de los guisantes contra los tambores. Para guardar.

Ese mismo título nos entregó la vitalidad de una nueva figura, Zhang Ziyi. El impacto de su presencia fue de tal magnitud que sería convocada para la película Memorias de una Geisha (Rob Marshall, USA, 2005), al lado de la propia Gong Li y del japonés Ken Watanabe, por suerte, también vista en casa.

La maldición de la flor dorada toma como escenario (aun más que Héroe) a la Ciudad Prohibida o Palacio Imperial Chino, y nos deja boquiabiertos.

El rojo intenso de los trajes imperiales y el amarillo de los crisantemos, se mezclan con una sórdida intriga palaciega. El cierre se presenta alucinante, con el movimiento de grandes masas, manejado con la habitual maestría de Yimou.

Zhang Yimou es ya un nombre de culto y los cubanos estamos a la expectativa de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Beijing –doblemente–, cuando nos enteramos de que la ceremonia inaugural correrá a su cargo.

La calidad del cine del gigante asiático contemporáneo se ha podido comprobar en casi todos los espacios cinematográficos de la televisión que ya exhiben con asiduidad cine chino, lo mismo de autor que comedias, dramas, cintas de terror, fantásticas y de otros géneros, por lo que se ha sobrepasado la inicial proyección épico-histórica.

Entre las que llegan ahora a mi memoria están: los dramas La bicicleta de Beijing (Wang Xiaoshuai, 2001) y Mi mamá juez (Mu Deyuan 2002); la fantasía de artes marciales Kong Fu sion (Stephen Chow-Sing Chi, 2004), y las emocionales Padre e Hijo (Hong Kong, director Fu Zi) y La ducha (Zhang Yang, 1999).

A eso habrá que sumarle el nombre del maestro Chen Kaige, aunque su cinta Adiós a mi concubina, Palma de Oro de Cannes 1993 –con Zhang Fengyi y Leslie Cheung, considerada en más de una encuesta la mejor película del cine chino–, continúa siendo una gran deuda para la televisión cubana.

En el circuito de pantalla grande se exhibió El emperador y el asesino (1999), un filme extenso y consagratorio.

Aunque no recuerdo que se haya exhibido en la pequeña pantalla, vale destacar la exhibición en muestras del drama de temática homosexual Happy Together con descarnadas escenas eróticas y que permitió evaluar el calibre del hongkonés Wong Kar Wai que mereciera por esta realización el reconocimiento de mejor director en Cannes 97.

Tigre y Dragón (Ang Lee, 2000), con su célebre escena de pelea en los bambúes, marcó un soplo renovador en la manera de abordar la visualidad de las artes marciales.

El director taiwanés Ang Lee –hoy residente en los Estados Unidos–, desde la visión peculiar que aporta su sustrato asiático, también se ha puntado otras éxitos, incluido el de Brokeback Mountain (2005), cuando derribó el mito del machismo de los vaqueros del Oeste y se atrevió a hilar una lírica historia de amor entre dos hombres.

Desafortunadamente, la TV cubana continúa esquiva a esa muestra, y también a su célebre Banquete de bodas (1993), la que hemos podido disfrutar en muestras privadas.

¿UN CINE DE POCAS PALABRAS?

El cine chino ha funcionado como la ventana, el “rompehielos” sobre el cine asiático.

La televisión cubana ha exhibido cintas procedentes de Vietnam, la largamente postergada cinematografía de la India (¡!Por fin Bollywood ¡), las sorprendentes películas de Corea; así como producciones de Tailandia y hasta…. Bhután.

Hay que reconocer ese esfuerzo por mover la pantalla, y por actualizarnos. Se ha roto el temor al tempo más sosegado, a la mirada detenida de los asiáticos.

De Vietnam, lo que más recuerdo es El olor de la papaya verde (Tran Anh Hung, 1993), más que una historia, un largo paseo sobre esa cultura. Me recuerda el texto de José Martí sobre los anamitas en La Edad de Oro.

Es una de esas propuestas que hipnotiza, delicada como un jazmín. Guiados por la deliciosa Mui, la película nos permitió penetrar en la sencillez de su vida. De él mismo, la TV exhibió la más dinámica y premiada Cyclo (1995).

Las palabras son escasas en las películas coreanas, y ¡caramba! no les hace falta para comunicarnos. Ellos acuden a lo medular, a una fotografía de grandes paisajes, primeros planos hacia los rostros, historias singulares.

El cine coreano es un descubrimiento, al menos en los botones de muestras exhibidos, aunque es pronto para emitir juicios conclusivos.

Tal es una belleza como El largo camino a casa (Hyang Lee, 2002) una abuela aldeana y analfabeta que debe cuidar a su nieto unos días, mientras la madre desarrolla sus actividades en la estresante Seúl.

Esa relación inicial tan complicada (¡dan ganas de sacudir a ese niño malcriado que quiere pollo Kentucky! en medio de la nada), da paso a una ternura impensada entre el infante y la anciana.

Casi no hay palabras, sólo acciones y miradas. Al final, el niño enseña a leer a la abuela y el afecto florece como los cerezos. Un filme muy recomendable.

Otros regalos recientes han sido de cine de autor, con Kim Ki Duk, a todas luces un cineasta fuera de serie.

El espíritu de la pasión (Kim Ki duk, 2004) dejó honda impresión cuando los minutos de la película van mostrando a un muchacho-ángel-vendedor que penetra en casas opulentas sin ningún interés material, se toma fotos, arregla objetos descompuestos… hasta que su vida también vacua encuentra a una chica víctima del maltrato de su esposo…

Las escenas del muchacho escondido en su celda y detrás del esposo, son inolvidables.

Primavera, verano, otoño, invierno... y primavera (2003) o también conocida como Las estaciones de la vida, es la historia cíclica de la vida, a partir de un recién nacido abandonado y su maestro, el amor descubierto en eclosión y la ida, el regreso tras la traición, la muerte del maestro y el niño reconvertido en maestro. Todo en una isla flotante, aislada del mundo.

Una cinta moderna que rompe con la sequía de escenas sexuales típicas del cine asiático, sin toque alguno de grosería.

De la India han llegado varias. Por fin Cuba se asoma a la cinematografía más abundante del planeta, largamente vedada a nuestros ojos…

De Mira Nair ha llegado La boda del monzón (2001) y Kamasutra (1996). También gustó la filosófica Samsara (Pal Nalin, 2001), un joven budista que emerge a la vida sexual… pero en verdad el éxito total se produjo con Laagan (Ashutosh Gowariker, 2002) y el protagónico de un estrella hindú, Aamir Khan.

Esta última fue pedida en reiteración por el público cubano.

En un partido de cricket en la India-colonia inglesa de finales del siglo diecinueve, una aldea se juega la vida: se doblará el impuesto si pierde, o se quitará si vencen. Los indios nunca han jugado cricket… pero ya no hay nada que hacer, hay que jugar.

Una superproducción musical extensa que no tiene un minuto de desperdicio, directa y candorosa.

Del cine iraní han llegado unas pocas películas que ha sido visto en nuestras pantallas como la premiada El sabor de las cerezas (Palma de Oro, Cannes, 1997) de Abbas Kiarostami; aunque fue Niños del cielo (Majid Majidi, 1997) la que se me ha quedado más grabada.

Sobrarán algunos casos y escenas moralizantes; pero esa historia del niño que pierde los únicos zapatos de su hermanita, y debe compartir los suyos, toca hondo. De un suceso simple (tal vez en el primer mundo), Majidi sabe sacar jugo del bueno.

Al final, el niño (un tierno Mir Farrohk en el papel de Alí.) se enrola en una carrera, cuyo premio será…. un par de zapatos… Los barrios sucios de Teherán, afloran.

Un nombre que ha empezado asonar, y de que manera es el del actor tailandés Tony Jaa. Ya se habla de que es el sustituto de Bruce Lee.

En realidad e practicante de teakwondo y lo que se ve en la pantalla es una mezcla de estilo libre y lucha que recuerda el muay thai (estilo tailandés)… pero no lo es.

La cinta Ong Bac: El guerrero Muay thai (2003), vista acá, atrajo la atención internacional sobre él. Sus volteretas y agilidad inundan la pantalla; y es ya la línea que se le ha explotado internacionalmente en sus siguientes películas, que en cualquier momento llegan a la pantalla chica de la Isla.

Japón, por suerte, pudo abrirse paso hace muchos años, pero esta vez llegó con un dibujo que se encumbró en Berlín (Oso de Oro , 2002) El viaje de Chichiro de Hayao Miyazaki. El "muñequito", como se le dice popularmente en Cuba a los animados, quitó el aliento a grandes y chicos durante su transmisión en la televisión de la Mayor de las Antillas. También se han visto filmes con el actor Takeshi Kitano.

Para completar esta panorámica, valga mencionar que todos nos asombramos con un filme de Bhután. Muchos se enteraron del nombre de una nación del Himalaya, aislada naturalmente y ausente de todas las noticias.

Sin embargo, el poder del cine trajo las alturas y las costumbres del reino montañoso de Bhután hasta nuestras pantallas (lo habíamos visto en la cinta francesa Himalaya). Se trata de Magos y viajeros del 2003 (Khyentse Norbu en la dirección, guión y producción).

Dondup, un universitario graduado decide que estaría mejor cosechando manzanas en los Estados Unidos, que en su remota aldea… y se encamina con ese fin hacia la capital, Thimbú.

En aquel camino ignoto y polvoriento, se encuentran varios personajes entre ellos una joven y un monje. Este último hace partícipe a todos, a modo de parábola de una historia de deseo y muerte, mientras advierte al joven: "ten cuidado con las tierras de ensueño, cuando despiertes, puede resultar desagradable"….

Está claro que no podremos evaluar a toda la producción continental, que ha habido un rigurosa selección; pero el cine asiático que hemos visto en los últimos tiempos en las pantallas cubanas, ha venido a refrescar el panorama visual contemporáneo…

Un cine lejos de las persecuciones de autos, de esos socorridos enredos de drogas, computadoras y policías; así como de los diálogos insulsos de tantas películas made in USA, con su correspondiente fuck you a diestra y siniestra.

Brindo por más.

Y usted, ¿tiene algo que decir?

Publicado por Reinaldo Cedeño Pineda (CUBA) en 1/07/2008 08:46:00 AM
2 comentarios:
cinemadicta dijo...
Hola reinaldo,
me animé a visitar tu espacio y me gustó mucho tu acercamiento al cine asiatico, en el Perú no hemos tenido la suerte de apreciar casi ninguno de estos títulos, al menos no en televisión nacional, felizmente siempre quedan los cineclubs o las muestras en las universidades...

enero 07, 2008 1:12 PM
David C. dijo...
Reinaldo:

Muchas gracias por tus palabras. He leido tu artículo con mucha atención y me ha provocado ver más cine asiático. Lo bueno es que aca en Lima abundan los cineclubs donde pasan películas europeas y asiáticas y latinas. En otra parte del Perú (en Arequipa) también hay un cineclub que pasa de lunes a viernes películas europeas muy interesantes y a un costo barato.

Justo este último fin de semana estuve viendo unas cintas argentinas que ya comentare en su momento. Me falta tiempo.

Ponga un link al suyo con mi blog. No hay ningun problema.

Saludos desde Lima

David C.

enero 07, 2008 5:03 PM
Publicar un comentario en la entrada