viernes, 30 de enero de 2009

La SINFONÍA (inconclusa) para cine cubano de Frank Padrón


Reinaldo Cedeño Pineda
escribanode@gmail.com

¿Qué Habanas está observando Sergio desde su telescopio, cuáles está diseccionando? ¿En realidad, qué Habanas quiere encontrar? ¿Qué Habanas le miran hoy, a Sergio y a Titón, desde un catalejo puesto al revés?

Frank Padrón también sube al balcón, se quita la camisa, dirige su objetivo hacia ese país de las sombras y las luces largas, en el cual habitamos irremediablemente: el cine. Y lo hace con la autoridad de treinta años en la crítica cinematográfica, en esa profesión maldita, como él mismo dijera alguna vez; si bien no sólo es la suya la que merece tal calificativo.

Cierto juego de espejos se desliza entre esta Sinfonía Inconclusa para cine cubano de Frank Padrón y aquella Pieza Inconclusa para piano mecánico de Nikita Mijalkov, al menos en el título, que nunca será simple referencia en la cubierta; sino grito, sustancia, síntesis y latido del libro.

Valen estos destellos pues ―aunque las cintas de esas geografías que antaño inundaron nuestra pantalla, hoy parecen excomulgadas―, una línea de esencialidad en el pensamiento, es capaz de establecer los lazos entre un filme soviético y este recorrido cubanísimo por el cine que ha parido a titones, fernandos y humbertos.

Frank Padrón nos entrega con este, un libro puente. En verdad, una primera temporada, pues ya se encargará en su último capítulo ―perdón, en su última página―, de advertirnos la saga que vendrá.

La obertura valora desde sus presupuestos artísticos, la multiplicidad de la Muestra de Nuevos Realizadores, acercándonos a nombres y títulos recientes de un audiovisual alternativo, hasta hace poco “cuasi clandestino”; a un cine que toca la marginalidad, la memoria, la historia íntima; a un cine otro, cuya mirada escrutadora sobre la realidad cubana merece salir ya de marcos estrechos, de premios in situ… y reconvertirse, de cine sumergido en patrimonio de mayorías.

El autor nos participa de un largo dolly por el cine cubano de los ochenta: década entre escándalos y populismos, entre la Cecilia de Solás (1980) ―a la que se quiso escamotear magnitud, enquistados en la trinchera de la fidelidad literaria―, la vanguardia de Papeles Secundarios (Orlando Rojas, 1989), La bella del Alhambra (Pineda Barnet, 1989) y aquella hipercriticada Alicia en el pueblo de Maravillas (Daniel Díaz Torres,1990), por la cual hicimos en su momento ―yo y mis compañeros universitarios―, una cola interminable de nueve horas en el cine Cuba de la calle Enramadas…

El autor nos lega nuevas lecturas a la luz del tiempo, del tiempo que todo lo sanciona, y acaba justipreciando las valías de unos y las falencias de otros, aunque sea trastocando lo que entonces se suponía intocable.

A mi modo de ver, el ensayo “Fresas no tan silvestres” ―otro rejuego titular con Bergman―, constituye la ejecución más acabada de esta sinfonía. Frank Padrón demuestra, al asumir el abordaje del sujeto homo- bi- transexual en el audiovisual cubano, a la par de su acostumbrada apreciación estética, un calibre investigativo y periodizador bien atendible. El crítico se decanta por una búsqueda documentada e histórica del tema, desde los circunloquios iniciales y los abordajes indirectos, hasta la clarinada de Fresa y Chocolate (Alea-Tabío, 1993), desde los antecedentes en Norteamérica, América Latina y Europa hasta la evolución en Cuba después de 1959.

“Fresas no tan silvestres” ensayo finalista del Concurso Internacional Pensar a Contracorriente 2006, no se cierra exclusivamente al ámbito cinematográfico, sino que suministra elementos del marco social en los que se debate la obra artística ―los movimientos de reivindicación, la UMAP, los setenta, el SIDA, el CENESEX―, así como las resultantes de la homofobia-la polémica-la aceptación-la ausencia-el desafío.

La incursión toca también algunos productos de la pantalla chica como aquella “abrupta satanización del gay” encarnada por el personaje central de la telenovela La cara oculta de la Luna (2006).

El último movimiento del libro (molto vivace, podría decirse) es la ventana a la producción del cine nacional en el bienio 2006-2007, en el cual se incluyen algunas cintas como La edad de la peseta (Pavel Giroud), las altas y bajas de El Benny (Jorge Luis Sánchez), Madrigal (Fernando Pérez) o La pared (Alejandro Gil). Padrón se introduce en la vena de cada filme, y en su tono abarcador se arriesga ―que toda opinión irremediablemente implica riesgos― a sopesar estas entregas del séptimo arte en la Isla, en plena gestación, apenas estrenada la obra, caliente aún el plató…

Hay más en este libro: “el largo matrimonio entre cine y música”, las huellas del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, la revista Cine Cubano… pero sólo quiero amplificar una idea más tratada por el autor: el lente nacional posado en el escenario urbano capitalino, La Habana “como una verdadera obsesión del cine cubano… al punto de que muchos… hablan de un cine ‘habanero’ más que cubano”.

Me alegra que un analista de su talla ―sin complejos provincianos ni exageraciones espurias― esboce también en el cine, un asunto arduo y de largas consecuencias en casi todas las esferas: el abuso de la Imagen Habana como Imagen Cuba, erigido ya en vicio ―al que siempre se le buscan “razones” y analogías―; la suplantación, la reconversión de La Habana, no en la capital del país, sino en “el país”.


Un libro de cine es siempre un libro parlante, un libro con el que se dialoga muy de cerca ―a golpe de discrepancias/congruencias―, un libro al que se vuelve siempre. La Editorial Oriente se anota con Sinfonía Inconclusa para cine cubano de Frank Padrón ―edición de Lina González Madlum― otro aserto en la línea de publicación de volúmenes sobre la temática, que incluye, por ejemplo, las valiosas Coordenadas del cine cubano.



Sólo queda esperar que tantas concurrencias ejerzan sus buenos augurios sobre las salas oscuras de Santiago de Cuba, reducidas dramáticamente, colocadas al borde de la extinción ―tal vez habrá que seleccionar un balcón santiaguero para esperar la vuelta de Sergio con su telescopio―. Y que el autor, con la misma apostura del narrador que es, cumpla la promesa que advierte en la página 132: CONTINUARÁ.

Santiago (de Cuba), en el glorioso día del 28 de enero (de 2009)

lunes, 26 de enero de 2009

PEÑA MINERVA: No hay edad para la alegría


Reinaldo Cedeño Pineda
escribanode@gmail.com

Este 24 de enero de 2008 quiero marcarlo en mi agenda como un día feliz. (En la imagen, la juvenil octogenaria María Esther Rivas recitando el poema Yugo y Estrella)

“Monumentos que caminan” llamó José Martí a los ancianos. La reverencia ante las canas, ennoblece. Crece uno cuando ve el ímpetu reverdecido, la alegría irrenunciable, la poesía… Y es que no hay edades para la alegría.

¿Cuántos años sumarían los asistentes ―las asistentes en su mayoría― a la Peña Minerva en la Casa de los Abuelos Corazones Contentos, en el Reparto Sueño de Santiago de Cuba?


Muchos seguramente.... pero aquí se extrae del pasado, esencia para el presente. Este 24 de enero asistí a este círculo cargado de energías que encabeza la entusiasta Yolanda Franco Sagué, quien hoy jubilada, se desempeñó como instructora de arte, maestra, trabajadora de la televisión… y no ha renunciado a su activismo cultural.

En sus balances, con sus canas, son flores engalanadas, como penachos de nieve en las altas montañas.

La Peña Minerva rindió homenaje a José Martí, adelantándose al 156 aniversario de su natalicio (28 de enero de 1853).

La profesora y escritora Gladys Horruitiner (A la derecha. En la foto aparece además la profesora Silvia Santos) comentó sobre la efeméride y su conmemoración en la época republicana. Tuvimos el lujo de ver, además, un ejemplar del periódico El MUNDO, justamente del 28 de enero de 1953.


La premiada escritora para niños, Ana Belkis Luna Beatón (varias veces galardonada en el concurso La Edad de Oro), comentó el eros leve en algunos versos sencillos martianos ( la acompaña en la foto, la poetisa María Antonia Castro)

Por tus ojos encendidos
Y lo mal puesto de un broche,
Pensé que estuviste anoche
Jugando a juegos prohibidos

María Esther Rivas, la indomable María Esther entregó como sólo ella sabe desde la declamación Yugo y Estrella, todo un himno.

Teresa Madlum, museóloga jubilada, ferviente martiana, destacó la eticidad y la vigencia del pensamiento martiano.


Caridad Pineda Anglada, maestra jubilada, leyó sus décimas, incluida las que intercambiaron ella y la poeta chilena Bárbara Calderón en la red. Leímos a dúo, porque esta maestra que escribe es mi madre. Y ando orgulloso de esto.

La trovadora, Carmen Álvarez (toda una artista en la manipulación de muñecos en la televisión), entregó poemas musicalizados de Martí, y “La era está pariendo un corazón”, de Silvio Rodríguez.

Tengo el honor de haber sido invitado ―mediados los oficios de la poeta Belkis Crespo y de la propia Yolanda―, de haber estrenado algunas crónicas íntimas, como las dedicadas a mis bisabuelos. Y de que aquellas manos venerables me hayan aplaudido. No tengo como agradecer.

Un pequeño brindis, al final.

La próxima Peña Minerva está dedicada al amor. Será el sábado 6 de febrero a las cuatro de la tarde. Lugar: Casa de los Abuelos Corazones Contentos, Avenida de Céspedes entre K y L, Reparto Sueño, Santiago de Cuba.

Apoyaré la idea de un boletín que el grupo quiere fundar.

―¿Y si alguien quiere acudir, Yolanda?
―Sólo tiene que asistir y decir… quiero participar.

jueves, 15 de enero de 2009

TOM de FINLANDIA: El lápiz de APOLO



Reinaldo Cedeño Pineda
escribanode@gmail.com


No tuvo iguales con la tinta y el lápiz. Su estudio de la anatomía masculina resulta emblemático en la historia de las artes gráficas. Creó íconos eróticos que inflamaron y traspasaron el arte mismo. Se llamaba Touko Laaksonen y el mundo lo conoció como Tom de Finlandia.

Asomarse a su obra, exige una perspectiva abierta, libre de prejuicios para que el artista se devele ante nuestros ojos con toda su maestría.


Dibujó a leñadores, vaqueros, soldados, policías, motoristas, marineros…

Los dibujó como nadie. Sus puntos de fuga y volumen son impresionantes. Sombras y líneas que trazan a unos personajes inolvidables.

Tom de Finlandia es la perfección del arte homoerótico, visto desde la utopía artística.

Pintó a hombres vestidos de cuero, super musculados, con “pantalones y camisetas entalladas gloriosamente en puntos estratégicos de la anatomía viril” [1], con órganos sexuales desbordados, en plena posición erótica. Pintó a negros y a blancos... en bares, bosques, saunas... siempre libres y sin afectación. Pintó sobre todo un sueño, y como todo artista raigal y fundador, su trascendencia...


Sus figuras podrán erotizar a más de uno ―lo que no es ningún demérito, claro está― pero su valor no radica en el morbo, sino en una estética construida desde la esencialidad.





La propuesta estética de Tom de Finlandia, aún cuando se halla fusionado con el eros ―el erotismo desbocado muchas veces―, en su excelencia, lo sobrepasa con largueza. El arte es ARTE, sin apellidos.

Arte legítimo que exploró una zona tabú, redimensionó el eros homo, lo liberó del ghetto y le dotó de referencias que recobran cada vez nuevos significados.

El muchacho deslumbrado

Nació en Kaarina, Finlandia el 8 de mayo de 1920 y murió en Helsinki el 7 de noviembre de 1991. Estudió arte en la capital, Helsinki y “allí comenzó a dibujar a los varoniles trabajadores finlandeses que tanto le atraían”. [2]

El mundo militar le entra de primera mano: fue soldado en la Segunda Guerra Mundial, y ese contacto también queda marcado en su obra. Tras apagarse los tambores de la guerra, trabaja en publicidad y sus dibujos van ganado espesor: “hombres avasalladores por su desmesurada masculinidad y de escenas homo fuertes pero empapadas de un aire de teatralidad” [3]

Touko adquirió su universal seudónimo cuando envió sus dibujos a la revista americana Physique Pictorial (1957) bajo el seudónimo de Tom de Finlandia “para evitar problemas de discriminación en su país de origen”. [4]

Luego vendrán sus álbumes cómicos y eróticos, sus muestras… El personaje del marino Kake le alcanza notoriedad.

La lucha por los derechos del colectivo homosexual en los años siguientes, relanzaron su obra, expuestas en medio mundo.
La línea de Tom de Finlandia es aprovechada en la industria de la moda, especialmente la perfumería, el arte del cabello y la ropa masculina (camisetas y chaquetas de cuero). Numerosas pasarelas y casas han adoptado modelos a su estilo…

Durante el 2008, la galería Espacio Mínimo de Madrid, exhibió obras de Tom, y estas fueron algunas de las palabras:

“Si la anterior exposición se centraba exclusivamente en los dibujos preparatorios de sus publicaciones, realizados a lápiz y que muestran la rapidez y frescura de su ejecución, el título de la nueva exposición, Masterpieces, nos da pistas sobre su contenido: piezas maestras de su producción, la gran mayoría solamente para su exhibición y no para la venta” [4]


En la ciudad estadounidense de Los Ángeles, se preservan valiosos fondos del artista en la colección permanente de la Fundación Tom of Finland (creada por él) y obras suyas se atesoran en el Museo de Arte Moderno de San Francisco y el Kiasma de Helsinki.

Su influencia, no parece conocer fin, aunque todavía ante él se levantan ciertos muros… que acabarán abriéndose a su talento excepcional.

NOTAS:



[1] y [3] Miguel Alonso Hernández Victoria: “Tom de Finlandia el imaginario de la masculinidad ruda” http://www.enkidumagazine.com/art/2004/080504/E_001_080504.htm

[2] Tom de Finlandia: http://es.wikipedia.org/wiki/Tom_de_Finlandia

[4] Masterpieces Tom of Finland. Galería Espacio Mínimo.(ARTE10) www.arte10.com/noticias/propuesta-441.html


TRADUCCIÓN AL INGLÉS: Leonard Alfred Mbago Echavarría

http://laislaylaespina.blogspot.com/2011/11/tom-of-finland-apolos-pencil-tom-de.html




 La industria de la moda y le modelaje se inspira una y otra vez  en Tom de Finlandia

 

LA MIRADA que estremeció al cine cubano




Reinaldo Cedeño Pineda
escribanode@gmail.com

Es puro desafío. Su mirada descarna. Casi no se le puede sostener de frente…y sin embargo, en los labios, anda posada toda la juventud, toda la pasión...

La Lucía de los sesenta, la Lucía (1968) de Solás encarnada por Adela Legrá, protegida del sol y de la sal, en plena batalla por su liberación como mujer, es sin dudas uno de los rostros del cine cubano.

Un radialista apasionado como Lázaro Sarmiento (en su excelente blog Buena suerte viviendo) preguntaba cuál era el rostro del cine cubano… ¿Y es qué acaso hay uno solo?

Cuarenta años distan de esta imagen, pero Adela no puede sujetarse al papel, su energía se le sale por los poros.

Este es sólo un intento. Y esta, la historia de una mirada que estremeció al cine cubano… de primera mano, con su protagonista:

“Humberto [Solás] siempre tuvo en mente hacer la película Lucía en Gibara y sus alrededores, y allí se hizo. Lo único que yo sé que se cambió fue lo de las salinas, porque la locación era en Caimanera, pero había pasado un ciclón, un temporal, y se había deteriorado el lugar. No se pudo filmar allá. Yo estaba muy contenta de que se filmara allí, porque era Caimanera, donde yo me había criado y me iba a sentir en mi tierra… pero se filmó en Nuevitas...

“La escena final de las salinas fue violenta, aquello fue… apoteósico. No sé si era el mismo ciclón, pero las cabañas que había, estaban demolidas, los colchones eran sal y agua, las cabañas estaban llenas de cangrejos, había un solo ventilador, todo daba pena… y al otro día, vino el agotamiento. Yo me sentía agotada, pero no lo expresaba.

“Y entonces Humberto quería que se me viera en la mirada, que lo viviera… y no me salía. Fue tanta y tanta la insistencia… porque yo estaba toda quemada del día anterior, las piernas y los pies estaban todos quemados, como si fuera una quemadura cuando te revientas una ampolla… te puedes imaginar el ardor.

“El día anterior habíamos empezado a filmar escenas de las salinas… y al otro día había que ponerse la misma ropa, aquellas mismas botas de agua, que me quedaban grandes, me rozaban, ¡imagínate tú! Yo soy una que no puedo poner los pies en el piso. Ya todo el mundo estaba tirado por el piso y era como las doce del día en una salina, y yo le dije: ‛pero tú quieres que yo corra, que yo corra de verdad… ¡¿Seguro que quieres que yo corra?!’ Y agarré, me quité todo aquello… y empecé a correr…

“Las salinas tienen una barrera donde van dejando lo que sacan del agua. Imagínate mis pies sobre aquellas cosas, pero yo no las sentía… Y entonces decían: ¡Ay, mi madre, se fue para La Habana esta mujer! El de la iluminación; Rafael, iba detrás de mí en un jeep, porque dicen que lo que veían de mí era un puntito, te puedes imaginar a qué distancia yo corrí… Cuando yo regreso, me desmayo, me desmayo con la cabeza para el agua… me hubiera ahogado. Me llevan para recuperarme.

“Cuando llega la maquillista, me pone una toalla, el sombrero normal, y viene a retocarme. Y Humberto dice: ‛¡No, no la toques que eso es lo que yo quería!’ Era yo mirándolo a él. Esa foto que creen que era lo que yo quería hacerle al actor, no era al actor… sino al director: quería comérmelo vivo…”

(Fragmento de la conversación sostenida con Adela Legrá a petición de la revista Cine Cubano ―en una colaboración para al colega Magda Resik―, en su propia casa en Cuabitas, en las afueras de Santiago de Cuba, a finales de 2008. Fue un día inolvidable, un día sincero. Y por si fuera poco tomé café cosechado en su patio, por sus propias manos.)

ARTÍCULOS RELACIONADOS:

---La tarde inacabable con Humberto Solás (Reinaldo Cedeño)
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/09/aquella-tarde-con-humberto-sols.html

---El estreno de Lucía (Antonio Desquirón)
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/10/el-estreno-de-luca.html

---El abrazo de una diva (Adrián Quintero)
http://convozpropiabril.blogspot.com/2008/10/40-aos-del-filme-luca-el-abrazo-de-una.html

DONA el escritor colombiano Oscar Collazos guayabera a colección espirituana


Carlo Figueroa
carlo700@gmail.com

Sancti Spíritus. - El escritor colombiano Oscar Collazos (Bahía
Solano, Colombia, 1942) donó a esta ciudad cubana una de sus
guayaberas para la colección que promueve el Proyecto Cultural de
igual nombre y que reúne ya una treintena de piezas similares
pertenecientes a destacadas personalidades de la política, la cultura
y la sociedad.

Collazos se convierte así en el primer extranjero en aceptar entregar
a Sancti Spíritus una guayabera utilizada por él en múltiples
ocasiones. La camisa, blanca y de mangas largas y con elementos que la
acercan a su país se entregará al Museo Provincial este sábado 17 de
enero a las 10:00 am.

Esta previsto que con la donación del autor de El verano también moja
las espaldas
(1966), Esta mañana del mundo (1969), A golpes (1974), o
Adiós Europa, adiós (1990), Las trampas del exilio (1992), La ballena
varada
(1997), El exilio y la culpa (2002) y Batallas en el monte de
Venus
(2004), entre otras obras, quede abierta al público una sala
dedicada a la popular prenda de vestir que nació en estas tierras del
centro de Cuba, se propagó por todo el continente en múltiples
variantes y estilos, y hoy se considera identitaria de la cultura
latina.




(La guayabera, una prenda cubanísima y elegante, que hace muchos años ha traspasado las fronteras de Cuba)


En Sancti Spíritus se promueve la fundación de la Casa de la Guayabera
como un centro dedicado al estudio y rehabilitación del patrimonio
local. Entre sus acciones más notables se encuentra la creación de una
colección de guayaberas única en el mundo y en la que ya se incluyen
dos del General de Ejército Raúl Castro, Presidente de los Consejos de
Estado y de Ministros, Ricardo Alarcón de Quesada, Presidente de la
Asamblea Nacional del Poder Popular, así como de un considerable
número de personalidades locales y de la vida social, política y
cultural cubana.

En la curaduría de ese sui-géneris fondo patrimonial intervienen el
periodista Ciro Bianchi Ross y su esposa Sylvia Mayra Gómez, quienes
han logrado traer a esta ciudad distante unos 300 kilómetros de La
Habana piezas de un alto valor como son las guayaberas utilizadas por
las Heroínas Vilma Espín, Melba Hernández y la prima ballerina
assoluta Alicia Alonso.

La única pieza que difiere del resto es un reboso de Haydeé
Santamaría, fundadora de Casa de las Américas, y que fue donado por su
hija Celia María, días antes de fallecer en un lamentable accidente de
tránsito.

Oscar Collazos, quien se considera "un escritor con conciencia de
época", aceptó donar a Sancti Spíritus una de sus guayaberas a partir
de los nexos que guarda con la isla donde vivió durante un largo
exilio que también lo llevó a residir en diferentes países.

En la gestión para traerla hasta Cuba fue crucial el empeño de Alberto
Abello Vives, Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y
Administrativas de la Universidad Tecnológica de Bolívar en Cartagena
de Indias, Colombia, donde reside el escritor.

La novela más reciente de Collazos se titula Rencor, la trama
transcurre en Cartagena y trata de una niña de 16 años, mulata, pobre,
bonita, desplazada, violada a los 11, prostituida a los 14, según ha
descrito el diario El Tiempo, donde mantiene una columna de opinión.


miércoles, 14 de enero de 2009

INFATIGABLE


Antonio Desquirón Oliva
desquiron@gmail.com

Creo que nunca se llegará a definir si en los dominios del arte existe lo que se conoce como progreso. En otros dominios el hecho me parece incontestable: si antes nos alumbrábamos con velas o con carburo y ahora con bombillos ahorradores, ahora es mejor. En el arte no tanto. No creo que haya estilos o técnicas superiores a otros. El Impresionismo no contiene, como comunicación estética, nada que lo haga superior al Gótico o al Cinquecentto. En gran parte, ello depende del qué diga el artista y cómo.
En última instancia, el ritmo, los gestos del momento y hasta los colores siempre serán los del momento histórico en que se plasma la obra (en el caso de Miguel Ángel Botalín, cuando se pinta el cuadro).

Cuando Botalín escoge (o “se le impone”) el paisaje urbano de Santiago de Cuba como tema central de su pintura, -algo con una tradición que se remonta a “La Antigua Alameda” de Joaquín Cuadras, pasando por Tejada, Bofill Cayol, los dibujos de Serra, las escalinatas de Aguilera, las agrupaciones de Horruitinier-, no está repitiendo un esquema, sino reinterpretándolo: algo parecido a lo que hace un sonero actual con respecto a lo que hizo Sindo Garay.

No creo inútil decir lo anterior, ya que si existen magníficos creadores cuya visión del paisaje santiaguero los lleva por caminos diferentes y válidos, el hecho de que Botalín apueste por una modalidad más o menos “consagrada” no constituye un juego al seguro sino lo contrario: hacerlo “en casa del trompo” . Los colores –que no desprecian al blanco-, los contrastes luminosos, los formatos, la informalidad dentro de lo formal –las rectas que no son rectas, pero que tampoco dejan de serlo- tan santiagueras, y tantas otras cosas que nos definen como ciudad y como seres humanos, revelan que Botalín mira, ve y trasmite. No reproduce maquinalmente una determinada visual de la ciudad sino que reflexiona sobre ella y dice cosas de sustancia.


Hace unos días le pregunté al pintor si esta muestra tenía título. Me respondió, “si alguien me pregunta, le pondría La Infatigable Santiago”. Y a sus cuadros, “De la Serie La infatigable Santiago”. Incluso, me explicó por qué ese título: son las palabras de Alguien aunque no recuerdo Quién. Hay que preguntarle al artista.



El asunto es que la palabra infatigable me recuerda, no a la cualidad de incansable y a cualquier hora de los santiagueros, sino a la índole constructiva de los cuadros de Botalín, donde los colores puestos con espátula parecen objetos duros (ni un profesor soviético sería capaz de negar a la pintura de este señor la calidad de plástica) que ha sido necesario acarrear, levantar y colocar. De la misma manera que un Rodolfo Hernández Giró se apoyaba en la transparencia del color, Botalín lo hace en la materialidad de cada objeto –muro, alero, sombra, montaña, palma- Labor de constructor, donde al igual que en la realidad de la ciudad, existen las líneas rectas solamente en la intención, que es como decir, que el que construye, el que pinta, es una persona, no una entelequia de cartabón y lápiz fino. He ahí quizá lo que me encariña más con esta obra: que ostenta su falibilidad, su muy relativa trascendencia.

A mi manera de ver ese es el valor supremo del “lo santiaguero”, si es que ese término existe (y espero que así sea), que viaja infatigablemente por el Tiempo, pero no sobre como sobre un Corcel, sino por dentro como una bala de ciencia/ficción por una arteria.

Eso me hizo ver Botalín con sus paisajes.

Santiago de Cuba, enero 2009

OTROS ARTÍCULOS DEL AUTOR:

--Serie CUABITAS, un lugar en el mundo
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/09/cuabitas-viii-y-final-cuabitas-hoy-y.html

La aventura santiaguera de un viaje en moto




Reinaldo Cedeño Pineda
escribanode@gmail.com

A Santiago de Cuba le va saliendo otro sobrenombre al lado de los ganados por su heroísmo y su condición montañosa. Es ya “La ciudad de las motos”.

Se trata de la variante santiaguera de “los almendrones” habaneros, los autos de alquiler de los cincuenta, “el museo rodante capitalino” (y no sólo capitalino, claro está)

Muchos amigos de otras partes de Cuba, me han solicitado que les cuente, porque lo que es tan natural para los lugareños… es toda una aventura para los forasteros.

El calificativo de aventura para un simple viaje en moto no me lo puedo adjudicar, no es de factura propia… lo tomo de José Luis Moreno del Toro, el poeta holguinero, el médico de Lezama, quien llegó a la sede santiaguera de la UNEAC con un toque de asombro... después de un viaje en dos ruedas.

(Es de suponer que la palabra ha de haberse aplicado mucho antes, por otros visitantes)

Durante el 2008, una colega de la televisión (casco en mano) afirmó que en Santiago de Cuba hay no menos de 17 000 motos… pero creo que definitivamente, se quedó corta.

En ocasiones, puedes pensar que andas en una pista de carreras, y que en cualquier momento… bajarán la bandera a cuadros.

(Entre los lugares más notables para esta imagen están la Avenida de los Libertadores, más conocida por Carretera Central: exactamente entre el edificio de 18 plantas de Martí y el policlínico Julián Grimau. También en la Avenida Victoriano Garzón, frente al Preuniversitario Cuqui Bosch)

No recuerdo cuando aparecieron las motos en estos lares en semejante magnitud; pero eso sí, las que ruedan aquí pueden ser de cualquier sitio de la Isla, sobre todo de otras ciudades del Oriente…

Algunos se saben todas las direcciones: las de la bahía y la de las montañas, las de los famosos Distritos y la de cualquier callejón, los kilómetros de las autopistas y las arterias céntricas… a otros (los recién atraídos por este emporio) tendrás que indicarle donde queda tu destino… pero despreocúpate, la mayoría son muy amables… siempre llegarás, siempre habrá una solución.

Se trata de un viaje PERSONALIZADO, palabreja muy de moda en el ámbito electrónicol. Ah, una cosa: Los motoristas siempre tienen cambio, o lo procuran... no como ciertas cafeterías o comercios por ahí... que tantas veces te dicen ramplonamente, con toda la calma del mundo que no tienen, que lo sienten (si lo sienten) ... y a otra cosa, mariposa. La cosa no es con ellos. Y no insistas por favor, no te amargues el día...

Volvemos. A las motos habrá que hacerle una oda, lo mismo que al “plátano burro”, salvador de la cocina cubana, “el zorro” como algunos le marcaron (o plátano macho, fongo, cambute, jumbo, cuatro esquinas… según sea la zona del país).

De motoristas, cascos y precios…

Las motos “de alquiler” no son baratas… pero van a donde tú elijas, se mueven a cualquier hora, te acortan el tiempo (prepárate que una cosa lleva a la otra), difícilmente quedan embotelladas o se detienen por un bache o un desvío (que no son nada escasos, sea dicho). En una palabra, te salvan…

Y no es que no haya transporte en Santiago de Cuba, que no hayan mejorado algunas rutas locales (algunas)… pero no alcanza, ni de lejos. Recuérdese, se trata este del municipio más poblado de Cuba, no hay concentración mayor de personas en ninguna parte de la Isla, y hay largos años de camionetas, de a pie...

Diez pesos es el saldo mínimo de una moto… siempre que se muevan en el centro de la ciudad. Cuando le mencionas otros sitios, de las afueras…. se ponen cariacontecidos, se revuelven en sus estrechos y esponjosos asientos, enarcan las cejas, carraspean, te miran fijo… A usted, como pasajero inteligente, le tocará consolarlos… consuelo aquí quiere decir el doble, el triple… También te pueden sonar el precio a sopetón, como una pedrada… pero tu resistirás a pie firme (a bolsillo firme), porque quieres llegar… y ese propósito no habrá nada que lo pueda frustrar.

(Si lo sabré yo que vivo… en las afueras, en el “municipio especial” de Boniato)

Si es de noche… ya sabes hay que pagar nocturnidad… y si es de madrugada, madrugadidad… si no es que acabo de inventar esa palabra.

(La madrugada es una sorpresa)

No importa si vas a tu trabajo, a una cita amorosa, a un hospital… Ellas siempre están (las motos digo), y ellos (los motoristas)… Conste que no es lenguaje sexista ni discriminación, es que son hombres (al menos no he visto ninguna chica en esos menesteres) , muchachones casi todos…

Los hay conversadores… pero como las palabras se las lleva el viento (y aquí no se trata de una metáfora) tendrás que acercarte un poco más, si quieres seguir el hilo de una conversación sobre ruedas. Todo un fotograma de un road movie, donde usted ya no es espectador... sino el protagonista

Los hay que no dicen una sola palabra y les basta con el lenguaje más universal y antiguo: el de las señas.

Los hay de short y chancletas, de pantalón largo y Adidas, de mangas y desmangados… Tal vez hasta ganes un amigo...

Si se trata de una gestión rápida, el motorista le puede devolver a donde le recogió. Un viaje de ida y vuelta que ningún otro vehículo le garantiza así de fácil....

(No voy haciendo propaganda, que lamentablemente no tengo moto propia, sólo refiero mi propia experiencia).

¿Qué… de qué marcas son las motos? Me piden demasiado… todas tiene dos ruedas, con un chofer delante y un espacio detrás…

¿Qué… de quién son las motos? Del que la maneja… o de un primo… de la mujer… de un amigo… y eso qué importa cuando te vas amontar.

¿Cómo identificar una moto de alquiler? Por un casco que cuelga del timón… y es que todos han de llevar uno, motorista y pasajero. La ley lo exige y así se cumple, pero… hay de todo.

Lo mismo puedes llevar un casco que te embutes cabeza abajo, casi asfixiante, modelo de película… que un cascarón que se sujeta por obra de milagro, que lleva debajo trapo, poliespuma recortada, una jabita plástica... ya se sabe que esas jabitas son el sumum de la polifuncionalidad.

Con todo, el acápite casco ha mejorado: aquí se vieron cascos de todo tipo: de pelotero, patinador, de eléctrico, los famosos “cascos blancos” de los constructores e incluso de minero, con ciertas modificaciones…
―Ehhhh… un momento… no te lleves el casco, pasajero…

Sacar la mano en cualquier esquina, que la moto venga a tus pies, confesar el destino, alzar una pierna, depositarte ( por favor que alguien me explique como una mujer mantiene el equilibrio en una moto sentándose de costado), hundirte el casco que te dan, recibir esa descarga de aire (ahí está un refrán ad hoc: pelo suelto y carretera... le recomiendo unas gafas para proteger sus ojos de previstos e imprevistos), sujetarte del tronco del motorista o del aro metálico al final del asiento (depende), vivir esa sensación de fuerza, de libertad, mientras “vuela bajito”… es una aventura santiaguera inolvidable.

(Ahora, si presume que el motorista quiere batir récords de velocidad con usted arriba, si ve pasar los árboles, las casas y apenas las distingue… llámelo a capítulo, exíjale cordura, no lo dude un solo instante, no lo postergue...)

¿Se anima?

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FOTOGRAFÍAS: Francis Castillo

jueves, 8 de enero de 2009

DAVID VIRELLES en TONO MAYOR



Enrique Pérez Fumero

Primer concierto del calendario 2009 en la Sala Dolores de Santiago de Cuba y toda la ciudad esperó ansiosa la aparición del joven jazzista cubano canadiense David Virelles. Con apenas 26 años, el talento y la experimentación le salen por los poros, al compartir el mismo escenario con el pintor y escultor santiaguero Alberto Lescay. La música y la pintura, varias maneras de decir y comunicar: manos prodigiosas se confundían en la armonía exquisita del sonido suave que dejaba marcas relucientes sobre el papel.

David Virelles se interesó en la música desde temprana edad gracias a la colección musical de su abuelo. Siendo un mozalbete participó en varios certámenes de la Asociación Hermanos Saíz y el Jozjazz. En el año 2001 es invitado a Canadá por la saxofonista Jane Bunnett, donde perfeccionó sus conocimientos y pudo formar su propia orquesta. Ha sido galardonado con los premios “Oscar Peterson”, “Rising Star Award”, así como los nacionales del Adolfo Guzmán.


Al tocar David emana una fuerza increíble. Sus dedos golpeaban con suave presencia las teclas del piano. La música, ¬ veces mezclada con sintetizadores y otros efectos― transmitía

sentimientos de queja, alegría, placer instantáneo, evocaciones del ayer y un pensamiento claro para el mañana. La música se convirtió en la novia apasionada de los colores. Tonalidades de negro, azul, amarillo y verde se confundían en las mezclas y ausencias de figuras reconocidas. Las brochas y los pinceles antojadizos de Alberto Lescay, eran incapaces de revelar su identidad. Decían todo lo que el ser humano puede sentir cuando está entre amigos, gente de pueblo… Imágenes que reniegan estar solamente en el papel y exigen un boleto de sobrevivencia en la vida externa, real.

Notas duras, otras veces enérgicas pasearon repertorios conocidos y acompañaron la destreza como si el convite marcara una ilusión de encuentro en otros mundos paralelos. El joven jazzista interpretó cerca de seis piezas, al tiempo que la sala se decoraba con instantáneas del también escultor santiaguero. Parecía que el tiempo les abría un paréntesis en busca de un abrazo… Cada uno tiene sus códigos, religiones, política.

Juegos de informalidad y riqueza vespertina a la usanza de las costumbres santiagueras: padre e hijo se deleitan con los cuentos del abuelo. David ahora se mostraba en apariencia simple y clara. David Virelles vivía la música que hacía y escuchaba.
De pronto, un escorpión desata su ira, rompe esquemas y ofrece su voz como un manantial de leche fresca y miel. La ciudad que los vio nacer, es otra vez una de las motivaciones principales en esta jornada: sirve de casa, paciencia, luz… José Aquiles sale a escena y entonces padre e hijo se encuentran en la canción, que es en su lenguaje, la vida misma. Poesía que se queda en el aire.

Todavía incentivado por el arte que compone, muestra un poco más de él. Se relaciona con el público el cual le agradece su virtuosismo y lo colma de aplausos…

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---David Virelles: “Mis composiciones son un trampolín para crear”
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---Cine Cubano: Omerta incumple con su reglamento
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martes, 6 de enero de 2009

DAVID VIRELLES: “Mis composiciones son un trampolín para crear”


Reinaldo Cedeño Pineda
escribanode@gmail.com

―¿Dónde queda Cuba en tu música?

― ¡Ohh!... eso está en primer plano, porque las raíces para mí son muy importantes, de dónde tú vienes… hasta inconscientemente eso queda en tu música, aunque tú no lo hagas deliberadamente. Yo creo que eso siempre va a salir a relucir en tu arte, por alguna razón, cualquiera que sea la disciplina; pienso que el arte es una expresión de quienes somos nosotros. Yo crecí y nací aquí, y soy eso: un producto de esta cultura, y eso sale siempre…

David Virelles (Santiago de Cuba, 10 de noviembre de 1983) nació para tocar el piano, para el jazz. En la apertura del año, este lunes 5 de enero, ha ofrecido un memorable concierto en la acústica excepcional de la Sala Dolores, en su ciudad natal.

Es la vuelta, y las emociones no se hicieron esperar.

―Es el primer público al que yo pude enseñar mi arte, es como darle la vuelta al círculo y volver al punto de inicio, y para mí es un gran honor. Estoy muy contento de que Lescay (1) dentro de su tiempo, tuvo la gran amabilidad de aceptar venir, estar aquí y compartir con nosotros…


En mayo próximo hará ocho años que reside en Toronto (Canadá). Invitado por la afamada saxofonista Jane Bunnet, completó su formación musical en la Universidad de esa ciudad y en Humber Collage.

Desde allí, se ha labrado un nombre internacional.

En el 2003, de manera excepcional le fue otorgado el Premio Oscar Peterson, entregado al cubano por el legendario pianista, en persona.

Su talento le hizo merecedor además de los premios Rising Star Award (Nacional Jazz Awards de Canadá) el Best Emerging Artist (Distillery Jazz Festival, 2004) y su Quinteto fue ganador del Grand Prix de Jazz General Motors en el Festival de Jazz de Montreal, 2006.

En Cuba, obtuvo los premios de orquestación en el más importante concurso de música, el Adolfo Guzmán (2000 y 2002), con los temas Será y Mira de la autoría de su padre, el trovador José Aquiles. Por supuesto, fue él uno de los invitados al concierto.

Ahora, estoy a cuatro manos con el artista en la propia sala Dolores.

“Ante todo soy un ser humano…”

―Estoy tocando con el Quinteto algunas cosas, en giras por Canadá. Tengo la gran suerte de estar tocando con muy buenos músicos de los cuales aprendo mucho siempre que toco con ellos, a veces solamente de hablar puedes aprender de alguien...

― ¿Y tu propio Quinteto?

David Virelles Quintet, ya sabes… no es nada original ese nombre… pero toda la música que tocamos es música mía, ha sido algo que se ha ido formando poco a poco. Yo le llevo algo al grupo, allí los trabajamos entre todos y se convierte en otra cosa diferente a lo que originalmente tenía concebido. Mis composiciones son un trampolín para crear, la música puede ir en cualquier dirección, y trato de no editar los impulsos…

― ¿Quiénes te acompañan?

―Un cubano al que ya conocía de Cuba, Luis Denis, que toca saxofón alto, a quien respeto y admiro muchísimo, es un gran músico y un gran amigo; Luis Orbegosa, el percusionista que es de Perú; el baterista se llama Ethan Ardelli y Devon Henderson, el bajista, ambos son canadienses. Son gente que conocí en la escuela…

―¿Dónde se presentan?

―Cambian mucho los lugares… hay algunos club de jazz, pero siempre estamos buscando nuevos lugares…

―¿Discos?

―Como líder, dos discos: uno con mi grupo, y otro con un trío para una disquera en Japon, pero aún no se distribuye en Norteamérica y Europa.

―¿Cuanto va de aquel joven que ganó el concurso JOJAZZ de 1999 en La Habana, al David de hoy?

―Pienso que la esencia es la misma, pero es como cualquier cosa: nosotros en la vida crecemos. Yo pienso, me gustaría pensar, que he crecido musicalmente en todos estos años. Pienso que he crecido y esa es mi meta también para el futuro, crecer como persona. Yo amo la música, es mi pasión… pero la música es solo que lo que yo hago, la música no es quien soy yo. Ante todo soy un ser humano, y mi meta es crecer en todo sentido y con eso mi música también.

NOTA: Alberto Lescay Merencio, importante escultor y pintor cubano, con obras emplazadas y en colecciones de Cuba y el exterior. Es presidente de la Fundación Caguayo para las Artes Monumentales y Aplicadas.

sábado, 3 de enero de 2009

HERMAN PUIG: Los cuerpos de la luz


Reinaldo Cedeño Pineda
“Creo que la diferencia esencial entre pornografía y trabajo artístico es que este último no busca establecer esa complicidad con el comprador o con el voyeur, a quienes no me da la gana acercarme. Mi único objetivo es decir cosas inéditas sobre el cuerpo del hombre”.

Y la afirmación es tan rotunda, que en su fotografía apenas hay rostros.

“Yo pretendo mostrar al hombre a través de su cuerpo”, señaló el fotógrafo y también cineasta cubano Herman Puig, al diario español El País en 1979

El autor afirma que su obra no es ni para homosexuales ni para heterosexuales. “Es una obra artística, que se defiende y existe por sí misma, sin más connotaciones ni anécdotas”

Sus exposiciones lo han llevado hasta las capitales francesas y española ―reside en Barcelona―, así como a otras ciudades de Alemania y Estados Unidos… Sin embargo, Puig apenas es conocido en Cuba.



Un fundador
German (así con G) Puig Paredes nació en Sagua La Grande (25 de febrero de 1928 / otras fuentes afirman que en La Habana), estudió pintura y escultura en la Isla, y Técnicas Audiovisuales en París.

El crítico Juan Antonio García Borrero, autor de la Guía crítica del cine cubano de ficción destacó algunos hechos alrededor de su figura y la de Ricardo Vigón, en un debate sobre la fundación de la Cinemateca de Cuba:

“Hasta donde puedo apreciar, no he inventado nada: me he limitado a mencionar los hechos. Esos hechos van desde la creación del Cine Club en 1948, la carta de Titón comunicando a Germán Puig que este ya estaba inscripto como Cinemateca Cubana, el vinculo a la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo, las misivas de Vigón hablando antes de morir de la intención de reanimar eso que ya había funcionado y creado adeptos, aunque cesara por falta de apoyo…
…………………………………………………………………………………………..

“El que accede a los documentos que conserva en su poder Puig, y a sus propios testimonios, reconoce de inmediato a un testigo de lujo de su época, un apasionado del cine, un alucinado (como Vigón) que fue capaz con solo veinte años de aglutinar a su alrededor (y no a la inversa) a personalidades hoy reconocidas como Néstor Almendros, Guillermo Cabrera Infante, o Tomás Gutiérrez Alea. Fueron ellos los que se acercaron a Puig, los que tuvieron el privilegio de haberlo conocido e iniciarse en ese campo que tanta notoriedad le trajo después. Sencillamente es escandaloso que otros, con menos méritos, hoy figuren en la “Historia del cine cubano”, y los nombres de Puig y Vigón ni siquiera se mencionen. En Cuba ni siquiera saben que Puig ha conseguido destacarse en el mundo de la fotografía, con exposiciones en diversas partes del planeta”

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-->


En blanco y negro

La obra de Puig, en verdad, se trata de un revelación, de un develamiento. La revista Grand Angle anota que: “Este artista cubano sabe perfectamente expresar la fuerza y los sentimientos que pueden hacernos sentir la luz proyectada sobre un cuerpo”.


Y el propio Puig declaraba: “No es que yo sea lo que los ingleses llaman un male chauvinist (un chovinista macho). Precisamente mi postura, contraria a ese machismo, es la que me lleva a fotografiar al hombre, que ha ocultado siempre su cuerpo por pudor, por miedo a su propia imagen, quizá por temor a un reflejo homosexual”.

Hablamos aquí de un Herman Puig sin elementos extra artísticos: su eros parte de un compromiso estético de altura. En el manejo de las luces y los cuerpos, él es todo un maestro.

ARTÍCULOS RELACIONADOS:

SITIO DE HERMAN PUIG 
-->www.hermanpuig.info 
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jueves, 1 de enero de 2009

2009: La imagen del estreno

Reinaldo Cedeño Pineda
escribanode@gmail.com

Hoy quise guardar para mí la imagen de parte de mi familia. Y he tomado la cámara para atraparlos en el corredor de la casa, al lado de las plantas ornamentales. Estoy detrás de la cámara.

El primero mi padre Reinaldo, que de él llevo el nombre. Mi sobrino Esteban, bailarín y coreógrafo, echa una mano sobre el hombro a su hermana, mi sobrina Magda, custodiada por su esposo Daniel.

Delante, mi hermana Esther y el benjamín, su nieto Marcos. (Falta mi madre Caridad, todavía en los quehaceres)
Con esta imagen quiero abrir el 2009.

Esta es mi familia de la sangre. De ella me viene la fuerza, y de aquella otra que uno va cosechando por el camino, la familia del espíritu.

El 1 de enero en Cuba es una fecha inolvidable. En este 2009, quiero sumar nuevas razones, quiero contar contigo…

El mejor regalo de 2009

(Mi padre Reinaldo y mi sobrina Magda Esther en mi propia casa)

Hacía años no veía a mi padre tan feliz, ni tan animada la casa. Una fiesta familiar, como es mi familia, pequeña y unida. Unas palabras antes de la cena, y luego el tradicional cerdo asado ―macho asado, como decimos por acá―.

(Alguien me ha llamado tempranito para desearme feliz año. La ha pasado sola. Su hija está lejos…)

Así, lo que para mi resultó tan natural, no lo es tanto. La familia unida es el mejor regalo del 2009. Y la alegría…

Que así sea, por mucho tiempo.

(Reinaldo Cedeño Pineda)

PALABRAS URGENTES






Marcos Cuevas Catasús
(ESPECIAL desde el país del sol, Perú)
emejota64@hotmail.com

Ante la inminencia de lo inevitable, el inicio de un año incierto, no me provoca hacer propósitos de enmienda ni promesas ni cábalas ni nada; hay como un vacío expectante, eso sí, a pesar de uno mismo, puesto que la fuerza de la costumbre es telúrica y machacona. Aunque de sobra uno sospecha que el cambio no ocurre mágicamente, que el paso de una noche a un día no es más significativo que cualquier otro día, se impone la reflexión y la silenciosa, desesperada, esperanza.

Uno puede pensar que la sucesión ineluctable de amaneceres y anocheres, de tardes muertas y madrugadas febriles, componen una especie de movimiento, de avance quizá, y en días como este convencerse de que solamente dejamos que las cosas sucedieran, que no hicimos nada más que contemplar lo que nos ocurría, como si de otra persona se tratase. En fogonazos breves, empero, participamos activamente de los hechos, sudamos, dejamos huella, y son esas luces las que, al fin y al cabo, nos sostienen y nos ayudan a vivir.

En uno no está la maldad intrínseca ni los sentimientos de odio al semejante, pero no puede evitar cultivar ciertos vicios, algunas curiosidades innatas, descreimientos y omisiones que pueden ser malinterpretadas muy a menudo. Sin querer hacemos daño, sin querer regamos colitas de felicidad, y el titiritero mayor que en algún lugar gobierna el gran teatro se regocija o espanta.

Como a mi me sucede, sospecho que a muchos no se les cumplieron los deseos, y el río desatado se impuso con fuerza. Queríamos viajar y no lo hicimos, por ejemplo; o viajamos a un lugar completamente inesperado. Necesitábamos ese trabajo y no lo conseguimos, pero en cambio descubrimos talento para otras labores.

Perdimos amigos, encontramos amigos, y siempre todo ello constituyó una sorpresa. Como la sorpresa misma de seguir aquí, en este planeta convulso. Algunos planes se cumplieron, claro, muy pocos, pero para otros fueron fundamentales: hubieron quienes se casaron, por fin; otros se dejaron sin remedio también; nacieron seres hermosos que nos reconciliaron con la vida ...

Saciamos algunos deseos, probamos nuevos platos, tuvimos maravillosos sueños, vestimos nuevos ropajes. Y soportamos a pie firme la incomprensión, los celos, la envidia, el engaño. Al cabo, pocas cosas importan, tan sólo una sonrisa inocente, unos primeros pasitos vacilantes, un beso, un olor. Y todo termina acomodándose en los recuerdos que tendremos en el otoño.

Tal vez por eso no me prometo nada, pero, empecinado, mantengo viva la ilusión, como el niño que secretamente aún creo ser todavía: eso me basta.

A mis amigas y amigos, que son pocos, pero son; a la familia, que es la familia; a los que bien me tienen: que este año que asoma, anunciado difícil por los que saben, se produzca en sus vidas el punto de quiebre, el faro definitivo, el impulso que siempre han necesitado para hacer, de una vez por todas, sólo aquello que quieren hacer.
31 de diciembre del 2008, mediodía