domingo, 28 de diciembre de 2008

CINE CUBANO: Omerta incumple con su reglamento...



Enrique Pérez Fumero
(Estudiante de Periodismo/guionista radial)

Un amigo me preguntó que por qué en Cuba no se hacían películas de mafia o tiroteos, y entonces, yo le dije que iba a hacer una película de gánsteres. Con esas palabras, Pavel Giroud inició la presentación de su largometraje Omerta en el cine Charles Chaplin, la cual aspiraba un coral del XXX Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, que se celebró el 2 al 12 de diciembre de 2008 en Ciudad de la Habana.

Más allá de las expectativas por los presentes, la sesión transcurrió muy normal, y entre risas y admiraciones, la película fue colmada de ovaciones. En realidad el largometraje Omerta utiliza a la mafia como un personaje secundario, pues su tesis recrea el conflicto existencial de Rolo Santos, un temible guardaespaldas de antes del triunfo de la Revolución que no puede soportar el paso de los años. De repente, afronta una última misión consistente en rescatar el oro escondido en la mansión de su antiguo jefe, donde al ser rodeado por la policía deberá hacer uso de sus antiguas y empolvadas facultades.

El guión de la película Omerta, ganador del Festival de Cine de La Habana en 2005, nos presenta una serie de hechos que no avanzan en una línea continua, es decir, el ritmo de la película nos hace ir al futuro y regresar al pasado en constantes ocasiones para descubrir antecedentes o puntos de giro imprescindibles. Al tiempo que Rolo Santos ―interpretado por Manuel Porto―, acepta una nueva misión, deberá lidiar con dos jóvenes aspirantes a su oficio, los cuales no cumplen todos los requisitos para pertenecer a su grupo. Sardiñas y Yoyi son encarnados por Kike Quiñones y Yadier Fernández respectivamente.

Sin embargo, el guión en algunas escenas lucha con textos poco inteligentes y respuestas predeterminadas; deja cabos sueltos al no especificar el año en que se desarrolla el relato. Tampoco se conoce si las autoridades policiales ya habían comenzado una investigación con este gángster para atraparlo en acción, además sus posibles relaciones internacionales con organizaciones contra revolucionarias. La única fecha posible de determinar, nos llega de manera indirecta a través de una pieza que Los Van Van popularizaron por el setenta.

Después de 1959 se especuló mucho en el seguro regreso de los norteamericanos y las riquezas que habían guardado en algunas casas, pero en este sentido el largometraje sólo recrea un plano general donde se reúnen todos los mafiosos y por el diálogo es posible conocer a un español y un yanqui… los demás forman parte del montaje.

Si tomamos en cuenta el subtítulo del largometraje “Lo peor de envejecer es haber sido joven”, como una idea persistente, nos percataremos que el texto dramatizado cumplió con sus requerimientos, pues recrea precisamente el accionar de un gángster cansado que jamás volverá a ser el mismo y tendrá que aceptar una derrota frente a su antagónico, el teniente Dopico.


En torno a la fotografía es admirable advertir varios tiros de cámaras que se entusiasman con los movimientos y las expresiones faciales de los actores. Una fotografía que desafía la fuerza de gravedad para moverse rápidamente, otras con paneos muy ilustrativos e incluso un convite entre primerísimos planos donde se desfasan otras imágenes igual de ricas por su contenido. La música ―en esta ocasión por Pascal Gaigne―, motiva a crear una atmósfera de interés, miedo y hasta persistencia para descubrir qué va a pasar.

Hay un detalle que perdura en toda la película y es el referido a su título. Recordemos que el término italiano Omertá es de origen incierto y entre sus significados se entiende la obstinación al silencio, esto es la decisión de no hablar de cualquier cosa que se haya sentido o visto. En la cultura de la Mafia, romper el juramento de omertá es castigable con la muerte. En el largometraje se realiza el pacto a través del intercambio de la sangre, pero con un poco de humor, porque los personajes practicaban una mínima incisión en el dedo índice donde se advertía apenas una gota de sangre. En este caso, habría que conocer cuáles fueron las verdaderas intenciones del guionista-director.



(Pavel Giroud, uno de los jóvenes directores del cine cubano, también realizador de La edad de la peseta)

Omerta, en verdad ha incumplido con su reglamento relacionado con el férreo silencio, pues aunque no haya obtenido lauros en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano y la crítica nacional no la favorezca en muchos sentidos, ciertamente ha sido un éxito ―al menos de taquilla― en todos los cines que se ha exhibido. Basta la aplicación del método investigativo de observación para percatarse que el público la ha aceptado.

Aplausos al cine cubano que esta vez no se viste con el traje de humor característico y también al joven Pavel Giroud por mostrar colores nuevos a la vida cotidiana nuestra.

OTRO TRABAJO DEL AUTOR:

-- LA RADIO: Puedo ser Dios, un mortal, quizás nadie
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/10/puedo-ser-dios-un-mortal-quizs-nadie.html