sábado, 6 de diciembre de 2008

NANCY MOREJÓN: Palabra eternizada

(Reinaldo Cedeño, un instante de la presentación del libro Pluma al viento de Nancy Morejón, Premio Nacional de Literatura, durante la Feria Internacional del Libro 2006, en la sala Soler Puig del teatro Heredia, Santiago de Cuba)

Reinaldo Cedeño Pineda
escribanode@gmail.com

“Ella se fue al restaurante Monseñor, envuelta aún en la perplejidad de Drumi Mobila , para redescubrir al poeta Ignacio Villa mientras escuchaba al Bola; ella se rindió a los olores del Amazonas y la Patria del Agua, cuando el demiurgo Thiago de Mello convirtió los martes más grises en mañanas de domingo ; ella rasgó el vuelo final de Moraima, la libélula de las avenidas sin sueño , para traérnosla de vuelta en la alta noche del Sans Souci; ella recibió el latigazo sin piedad un cinco de noviembre, el más terrible cinco de noviembre de este mundo, cuando las ráfagas del huracán Mitchel arrancaban los pulmones de Adolfo Llauradó; ella aspiró la fragancia de la rosa y aún de la espina, en aquel cartel de Rostgaard que sostuvo a una generación, en apenas una gota; ella asistió sujetando, sujetándose tal vez de una pequeñísima copa de vodka , al diálogo cruzado entre Eliseo y Nicolás, entre Diego y Guillén que era decir el infante Juan Manuel y Garcilaso; ella abrió las cajas de zapatos donde Martínez Furé albergaba sus apuntes, hizo el elogio de Furé Tutuola o Furé Soyinka, de Furé Yoruba y de su voz iluminada por la sombra serena de su abuela ; ella visitó el planeta de seda donde Miguel Barnet entona sus orikis para exorcizar a los demonios, los ancestrales y aquellos que nos acompañan, tenazmente; ella subió al barco de su isla dorada con una carta náutica al costado para abrazar a Lamming, navegando hacia sí mismo en las Barbados y abrazar a Marta Jean Claude, arcoiris de Haití, designio de los loas y abrazar a Walcott, el Nobel que hizo girar las cabezas nórdicas hacia los minúsculos y encantados corales del Caribe; ella pintó con Eduardo Roca sus colibríes y papagayos, y baja ahora mismo las escaleras del Instituto con Sartre y Sara Gómez y mira más allá de la luz para encontrarla; ella hace una fiesta para Alice Walker y otra para Toni, la Morrison , que es decir el Sur, el Sur que el viento sigue llevándose y el púrpura encendido; ella despide a Elena Sentimiento que nunca hizo una canción igual, Duele mucho, duele…

Ella, por supuesto, es Nancy Morejón, aquella que aprendió con las iluminaciones de Rimbaud, que siempre sabe a Richard con la flauta. Premio Nacional de Literatura 2001, que nos trae en Pluma al viento (título de la Editorial Oriente 2005, edición de Lina González Madlum, diseño de Luis Antonio Casanella), artículos publicados en periódicos y revistas; así como textos conmemorativos, palabras de inauguración y agradecimiento… escritas o pronunciadas alguna vez, con la pasión y los colores con que sabe tocarlo todo. Pluma el viento, más que eso, es ya palabra eternizada, vuelo.

Solo algo más, que la próxima vez que asista al Monseñor para escuchar al Bola, me permita acompañarla.”

(XV Feria Internacional del Libro 2006)

---Morejón calificó la intervención de Cedeño como “texto bellísimo”, y agradeció la presencia de muchas personas que incluso en otras ocasiones la han acompañado en sus visitas a Santiago de Cuba, “que tengo muy adentro, en el corazón”. Y agregó:

“Quería agradecer a Teresa Melo por su antología de mis poemas; a Aida Bahr, a Lina González por su edición de Pluma al Viento, que acaba de ser presentada aquí de una forma magistral, realmente, por este amigo (Cedeño)... que como persona acabo de conocer. Me divertí mucho con su texto, que tiene una tremenda profundidad; hemos podido ir de la alegría a la evocación de santiagueros tan contemporáneos”.

(Tomado de http://www.cultstgo.cult.cu/070306-2.htm)