viernes, 14 de diciembre de 2007

PÁGINAS DEL INFIERNO



Reinaldo Cedeño Pineda

Esto que leeréis aquí no son palabras, son desgarraduras. Lo narra un ser humano que ha estado ¡31 años preso!

Me bebí sus páginas en una noche, en la intimidad de mi cuarto. A solas, lloré

No puedo saber desde aquí lo que sucedió exactamente, sólo puedo leer; y sentir como me duelen las manos contra los barrotes.

Por eso, quiero transmitir, de cualquier modo, las ideas de este libro.

En el prefacio de Escritos desde la Cárcel de Leonard Peltier, el ex fiscal general de los Estados Unidos, Ramzey Clark, aclara el momento de la prisión de este líder indígena, y las circunstancias de su juicio:

“Pienso que más allá de toda duda fundada que Lonard Peltier no ha cometido delito alguno […] ni un solo testigo creíble dijo haber visto a Leonard Peltier apuntar a alguien en aquel trágico día de junio de 1975 en Oglala, en la reserva de Pine Ridge, en Dakota del Sur. No hubo prueba alguna de que matara a alguien. Salvo pruebas inventadas y puramente circunstanciales”.[i]

Se vivían momentos de gran violencia contra los pobladores originarios, y el Movimiento Indígena Americano (AIM):

“Con complicidad oficial, se brindó armas, entrenamiento y motivación a un grupo paramilitar de delincuentes que orgullosamente se dio el nombre de GOON (Guardianes de la Nación Oglala), a fin de crear una ola de violencia, que todavía se recuerda como “reinado del terror” contra los indios tradicionales […]”[ii]

“Durante el juicio a Leonard Peltier celebrado en Fargo, Dakota del Norte, en 1977, se excluyó gran parte de las pruebas esenciales sobre los antecedentes del caso. La mayor exclusión fue la de toda esa violencia instigada oficialmente, que había dado origen a la tragedia y conducido a la muerte de sus propios agentes”[iii]

Todo comienza cuando el consejo de ancianos del rancho Jumping Bull, cerca del pueblo de Oglala, le había pidió protección al AIM, del cual Peltier era miembro. Y allá instalaron un campamento.

El 26 de junio de 1975, dos agentes del FBI, Jack Coler y Ron Williamsen, se dirigieron al lugar… se afirma que en búsqueda de Jimmy Eagle, un joven que se había robado un par de botas vaqueras:

“Una balacera comenzó entre los agentes del FBI y estos individuos, atrapando a una familia en el fuego cruzado. Varias madres huyeron del área con sus hijos mientras otras personas dispararon en defensa propia. Miembros del SWAT [iv]del FBI, policías de la Oficina de Asuntos Indios, y paramilitares rodearon a unos 30 hombres, mujeres y niños de AIM y abrieron fuego. Leonard Peltier ayudó a un grupo de jóvenes a escapar entre la lluvia de balas.

“Al final encontraron a Joseph Killsright Stuntz, integrante de AIM, muerto de un disparo en la cabeza. Su muerte nunca ha sido investigada.

“Coler y Williamsen fueron heridos durante la balacera y después asesinados de un disparo a quemarropa […]

“Según documentos del FBI, más de cuarenta indígenas participaron en la balacera, pero solo cuatro fueron acusados del asesinato de los agentes: tres líderes de AIM –– Dino Butler, Bob Robideau, y Leonard Peltier–– y Jimmy Eagle[…][v]

Peltier, ayudado por su gente, escapa a Canadá:

“No me sentí más culpable al escapar de mis opresores que lo que un judío en la Alemania nazi se hubiera sentido al escapar de la GESTAPO” [vi]

Un año después, será extraditado, bajo las pruebas de una “testigo ocular”. Para Leonard Peltier había comenzado el calvario:

ESCRITOS DESDE LA CÁRCEL

“Desde el día de mi captura por la Real Policía Montada Canadiense, mi vida se ha convertido en un interminable desfile borroso de cárceles y prisiones […] [vii]

“El 1 de junio de 1977, a las 9.00 a.m., recibí mis dos cadenas perpetuas en la sala del tribunal de Fargo y fui sacado de inmediato por la puerta, fuertemente custodiado […] Un par de horas después aterricé en el Aeropuerto Internacional de Kanzas y me llevaron en carro a la Penintenciaría de Leavenworth […]

“Un escalofrío me recorrió por la nuca cuando pasamos el largo muro de dieciocho pies de alto […] El tamaño abrumador del lugar era aterrador y lo hacían incluso más estrafalario su cúpula central pintada de plateado, que recordaba con sorna el capitolio de Washington D.C. […]

“Subí con mis grilletes y hierros los peldaños frontales de la primera de una serie al parecer infinita de puertas de acero. Creí escuchar gritos distantes procedentes de algún lugar del edificio. O tal vez fuera solo que el viento aullara en el alambre de púas colocado sobre los muros […]”
[viii]

“Cuando volví la cabeza hacia uno de los alguaciles que me conducían […] no vi un rostro, sino un máscara cara de odio […] Sonrió con la sonrisa de un diablo y dijo en voz casi jovial: “estás muerto, jodido indio degenerado. No saldrás vivo de este lugar” […]
[ix]

“Cuando uno es huésped del infierno, aprende que el diablo tiene muchas mansiones y uno va y viene de una a otra sin razón conocida”
[x]
………………………………………………………………….

“En mi audiencia de 1986 para un nuevo juicio, el Tribunal de Apelaciones del Octavo Circuito reconoció que había habido invención de pruebas, retención de pruebas exculpatorias exculpatorias, coerción de testigos y conducta impropia del FBI. ¿Por qué entonces no se me liberó […]?
[xi]

“Más tarde en 1992, se falló que aunque no había un atisbo de pruebas creíbles que demostrar mi culpa, seguía siendo culpable de “complicidad” en la muerte de los agentes sencillamente por haber estado en Jumping Bull aquel día, y que por tanto, seguiría sirviendo las condenas consecutivas de cadena perpetua […]
[xii]
…………………………………………………………………..
“Llevo cayendo así, en caída libre de ningún lugar a ningún lugar, casi un cuarto de siglo […]
[xiii]
……………………………………………………………

“Un día me transfirieron inexplicablemente y sin aviso previo, de la cárcel de máxima seguridad de Marion, Illinois –uno de los verdaderos infiernos de esta tierra […] donde pasé casi todo el tiempo aislado– a la instalación carcelaria de baja seguridad compartida de Lompoc, en […] California […] ¿Qué estaba ocurriendo? ¿se habían ablandado de repente? […]

“El hombre que se suponía originalmente me asesinara, un preso indio de Marion –y un ser humano enormemente valiente– llamado Robert Standing Deer Wilson […] me había alertado sobre el plan. […]

“En retrospectiva, pienso que eso es exactamente lo que deseara que hiciera… hacerme temer por mi vida para que intentara escapar y poderme matar por fuga. […]
[xiv] Mis días en Lompoc estaban sin dudas contados. […] de todos modos, en retrospectiva, lemanto profundamente haberlo intentado. Fue un montaje y caí en la trampa. […]

“Aquí no lo matan a uno una sola vez: lo matan todos los días. Y cada día renacemos, gústenos o no a la vida… y morimos… una vez más.

“Cuando me descubrieron a unas cuantas millas de distancia, no intenté oponer resistencia, sino que me entregué pacíficamente. Dada toda la publicidad sobre mi fuga, hubiera sido incómodo dispararme a sangre fría […]
[xv]

“Me esposaron y devolvieron a la cárcel de Lompoc […] y luego […] me volaron en un chárter privado a aquel infierno de máxima seguridad donde había comenzado todo el plan de asesinato: la penitenciaría federal de Marion, Illinois. Celebraron un juicio uy añadieron siete años más a mis dos cadenas perpetuas […]”
[xvi]
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“Nunca he perdido la esperanza o una fe absoluta en la rectificación de mi causa, que es la supervivencia de mi pueblo […] Sitting Bull dijo: “Del mismo modo que es posible partir con facilidad los dedos de la mano, todos juntos podemos hacer un puño poderoso” […]
[xvii]

“Nosotros, los indios, debíamos haber desaparecido hace mucho. Pero estamos aquí. Cada uno de nuestros hijos es un milagro”
[xviii]

Ramzey Clark, ex fiscal general de los Estados Unidos afirma:

“El presidente de los Estados Unidos, en nombre de la justicia, puede conmutar esa condena en el momento que lo desee […] Hasta que eso se produzca, cada día es un nuevo crimen, cada amanecer es un nuevo crimen […]”[xix]

Me había leído, un tiempo atrás Entierren mi corazón en Wounded Knee (Dee Brown), la tenebrosa historia de la conquista del Oeste de los Estados Unidos, contadas siempre al revés desde la pantalla grande, desde la cinematografía norteamericana.

La historia es cíclica, es un adelanto del futuro:

Oscar Wilde, apresado por sodomía en el siglo diecinueve en una Inglaterra estirada e hipócrita; Nelson Mandela, líder del Congreso Nacional Africano en una cárcel del infamante apartheid sudafricano; el cubano Orlando Cardoso Villavicencio, sometido a privaciones elementales en las cárceles somalíes durante una década que le robó su juventud…

Ahora mismo cinco cubanos en Estados Unidos –tres de ellos sentenciados a cadena perpetua- , batallan por su libertad. Lucharon contra el terrorismo. Sus nombres: Antonio Guerrero Rodríguez, Fernando González Llort, René Gonzaléz Schwerert, Gerardo Hernández Nordelo y Ramón Labañino Salazar.

Por los prisioneros sometidos a injustas penas en las cárceles de este mundo, por los juicios amañados, NO hagamos silencio.
NOTAS

Imagen tomada de http://cajamadrid.cronicasocial.com

[i] Ramzey Clark: Prefacio a la edición cubana de Escritos desde la Cárcel, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2004 / Traducción: María Teresa Ortega/ , p. 5-6.
[ii] Op.cit, p. 6
[iii] Op.cit., p. 7
[iv] SWAT: Special Weapons and Tacties Team (Grupo de ASrmas y Tácticas Especiales) grupo especial de intervención creado en los años setenta en Los Ángeles.
[v] Leonard Peltier: El silencio grita, de Carolina S., Wednesday Sept. 12, 2007 at 11.40 A,M. en http//es.wikipedia,org/wiki/Leonard Peltier
[vi] Escritos desde la cárcel, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2004. Traducción: María Teresa Ortega, p. 82. En lo adelante sólo se indicará la página
[vii] Op. cit., p. 108.
[viii] Op. cit, p. 114.
[ix] Op.cit., p. 115.
[x] Op.cit., p. 116.
[xi] Op.cit., p. 118.
[xii] Op.cit., p. 119.
[xiii] Op.cit, p.127. En este momento Leonard ya tiene más de tres décadas en prisión.
[xiv] Op.cit., p. 120.
[xv] Ibid.
[xvi] Op.cit., p. 122.
[xvii] Op.cit., p. 144
[xviii] Op.cit., p.146.
[xix] : Prefacio a la edición cubana de Escritos desde la Cárcel, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2004 / Traducción: María Teresa Ortega/ p. 10.