domingo, 2 de diciembre de 2007

LOS ROSTROS DEL OTRO MUNDO

(Valerie Vili, una maorí de Nueva Zelanda, campeona mundial de impulsión de la bala)

Reinaldo Cedeño Pineda

El mundo es una alucinación.

A algunos les parece que está allí, a solo un clic; pero fuera de Europa y Nueva York, el mundo también tiene rostros, rostros desconocidos.

El deporte y la cultura aparecen como los nuevos “descubridores”. Descubrimientos a la manera de Cristóbal Colón, que “descubrió” un continente poblado por millones; pero más nobles.

Las nuevas carabelas son las pantallas, de ordenadores o cadenas de televisión.

En un mundial juvenil de atletismo hubo desconcierto entre toda la prensa. Toda es un modo de decir, claro. La medalla y las siglas CAY....

¿Qué país era aquel?

Dicen que algunos miraron hacia El Himalaya, otros hacia Oceanía… pero las siglas pertenecían a las Islas Caimán…

¿Ah? ¿Las Islas Caimán? ¿El Caribe?

Algunos siguen pensando que El Caribe es música, palmeras y sexo.

Y el saltador Kareen Street-Thompson descubrió las Islas Caimán –con sus apenas 259 kilómetros cuadrados – para el deporte universal. Y más allá.

Entonces se acordaron de 1976, cuando toda una legión del Caribe copó las carreras en la Olimpiada de Montreal.

El trinitario Hasley Crawford fue el hombre más rápido. El jamaicano Donald Quarrie, llegó primero en el doble hectómetro. Y el cubano Alberto Juantorena hizo aquel increíble doblón dorado en 400 y 800 metros planos.

Muchos años después, Kim Collins, de Saint Kitts y Nevis –antigua San Cristóbal y Nieve– se proclamará campeón del mundo en los cien metros planos.

Era un exotismo, casi.

Una hazaña era; aunque muchos se beneficien de becas en los Estados Unidos. Y de paso beneficien a las Universidades que los acogen.

Una hazaña, cuando cuatro corredoras de Bahamas constituyeron el relevo de mujeres más veloz del mundo. Todavía alguna corre, como Chandra Sturrup.

Aún más escandaloso fue aquel boxeador superpesado en los Juegos Olímpicos de Atlanta 96.

Nadie está exento. Los propios cubanos acabamos “descubriendo” con los puños a Tonga, cuando aquel deportista enorme y obeso, eliminó a uno de los nuestros.

Y allá se fue medio mundo, al mapa, a la Internet, para descubrir en medio del Pacífico a un todo un reino en una isla de 748 kilómetros cuadrados.

Tonga entró al medallero olímpico con una histórica medalla de plata.

El deporte y la cultura, son mejores embajadores que la corbata y los discursos.

En Suecia redescubrieron a Santa Lucía. No a una santa, sino a un país.

El hecho ocurrió en 1992, cuando Derek Walcott ganó el Premio Nobel de Literatura.

El poeta, dramaturgo y profesor puso el nombre de su país en todos los despachos del planeta.

Saint Kitts y Nevis, Santa Lucía, Tonga y las Islas Caimán no parecen quedar a un clic.

Cuando, la australiana Katty Freeman se dispuso a correr en la vuelta al óvalo, corrí con ella por las pistas de Sydney 2000.

Su físico era “extraño”; su mandíbula saliente y recia; profunda su mirada. Por sus piernas corrían décadas de discriminación y resistencia.

Al colgarse el oro olímpico, desplegó una bandera de su cultura. Levantó la bandera por todos ellos. Y por todos nosotros.

Algunos no se acuerdan que en Australia, hay aborígenes. Ellos no salen en las pantallas.

La geografía cercana trae el recuerdo más reciente: Mundial de Atletismo de Osaka, 2007. Final de la impulsión de la bala.

En el último intento, una fornida neozelandesa llegó hasta los 20 metros y 54 centímetros. Nadie más que ella.

Valerie Vili es neozelandesa; pero no desciende de británicos: es maorí. De la cultura y de la raza originaria de esas islas. Y anda orgullosa de serlo. .

Nueva Zelanda era sólo un país lejano hasta que escuché la increíble voz de Kiri Te Kanawa. Hasta que Jane Campion me enseñó las olas del fin del mundo, y la excelencia, con El Piano. Es mi película favorita.

A partir de allí ando escribiendo lo que he dado en llamar Poemas del lente.

El pueblo maorí era para mí, una curiosidad, las danzas haka vista en algún documental hasta que apareció, Jinete de ballenas.

El filme se basaba en un libro del maorí Whiti Ihimaera. El abuelo Paka, jefe del pueblo, se preocupa por mantener la tradición y hallar un líder al que presupone hombre…

Sin embargo, será su nieta quien extraiga el amuleto del mar y realice la profética cabalgata sobre la ballena. Una enorme piragua tallada echada al mar, representa el lazo entre pasado y futuro….

Y todo eso me llevó hasta la historia alucinante de Janet Frame, la escritora a la que estuvieron a punto de practicarle una lobotomía

Desde Cuba hasta Nueva Zelanda hay una inmensidad. Para Cuba, Nueva Zelanda es el límite.

Asómbrese, pero hasta allá fueron los profesores cubanos con el programa de alfabetización Yo sí puedo, elogiado por la UNESCO. Se fueron hasta los pueblos maoríes. Hubiese querido estar…

La gente de islas tiene muchas coincidencias; aunque la geografía y el idioma los separen.

Ya lo dijo la cubana Dulce María Loynaz: “Una isla es un drama geográfico”. El drama del agua y de la lejanía. Y no rendirse nunca.

En la bala de Valerie Vili viajé hasta Wellington y Auckland.

El mundo es una alucinación.