miércoles, 29 de junio de 2011

Clásicos de la danza cubana / Alicia Alonso: “TUVIMOS QUE HACER EL CAMINO”





Noventa años de una bailarina mítica y una maestra activa

REINALDO CEDEÑO PINEDA


Mi primer viaje se lo debo al ballet. Mi hermana era bailarina y allá nos fuimos a encontrarla. Me sentí atrapado en una película interminable, desde la ventanilla del tren, contando árboles y casas…. Cuando al fin asomaron las llanuras, cuando el tono pardo de la tierra se tornó rojizo, llegó el anuncio: 

Bienvenidos a la ciudad agramontina… una feliz estancia.

En la casona que servía como escuela al Ballet de Camagüey, corrí por los pasillos escaleras arriba; atravesé salones, me colgué del balcón casi en el aire. Entré en un aula donde contaron las costillas de mi pobre anatomía y coroné mi juego, deslizándome por las viejas barandas, sin nada que envidiarle a filme alguno.

Nadie me pudo detener, nadie podía. Ni siquiera Vicentina de la Torre, la directora, la legendaria profesora a la que todos reverenciaban.

Corrí entre las bailarinas, corrí detrás del piano. No entendí tanto relevé, demi plié, devellopé, tanta palabra extraña. Sólo veía las ampollas, el duro taco de las zapatillas de punta y el nylon en las piernas de Aurora. 

De manos de mi hermana Esther corregí la primera impresión. Las vi una noche, sin querer tocar las tablas. Un día me llevó a ver una función de Alicia Alonso. La bailarina se miraba en el espejo corporizando a María Calas en La Diva.

2.

Durante años le buscamos a mi hermana las semejanzas con Alicia, sin importar si andaban estas tomadas por los pelos.

Tú das los besos bailando, decía mi tío Aziel.

Ahora que tengo a la diva a unos pasos quisiera decírselo, pero temo rasgar el momento. La prima ballerina assoluta nos cuenta de sus primeros pasos, cuando le decían Unguita:

―El primer ejercicio que recuerdo era en la barra, en forma de U. El profesor, Nicolái Yavorsky me puso en el centro, y la subía y la subía… entonces, llegan varias damas de la Sociedad Pro-Arte y me dicen que no era de niña decente levantar tanto la pierna. Jamás en mi vida había sentido tanta vergüenza, sentí que se me salía la sangre por los poros… Me fui corriendo para mi casa y le dije a mi mamá lo que me habían dicho, y mi mamá fue a ver al profesor:
―Profesor, ¿a qué altura están supuestas a poner las piernas, las niñas? Y él, con aquel acento suyo, inocente de todo, respondió:
―¡No, no… lo que puedan, lo que puedan!... Entonces, mi madre se vira hacia mí y me dice: Unguita, ya sabes: ¡lo que puedas, lo que puedas!

Después, en la casa, me llamó: fíjate bien, en los ensayos no subas tanto la pierna; pero si el día de la función, no subes la pierna todo lo que puedas, con quien vas a tener unas palabras es conmigo.

3. La Escuela Cubana de Ballet

Alicia Martínez, Alicia Ernestina de la Caridad Martínez del Hoyo (La Habana, 21 de diciembre de 1920), Alicia Alonso tras su matrimonio con Fernando, Alicia−Carmen: la gitana transida de amor; Alicia−Giselle: la doncella transida de locura. Comenzó a lo grande, en 1938, en Nueva York. En 1943, sustituyó a la célebre Alicia Markova y recorrió el mundo con el American Ballet Theatre. En 1948, con el esfuerzo de unos pocos, fundó un ballet con su nombre, a la larga, Ballet Nacional de Cuba. 

Nunca se rindió. No lo hizo ante su operación en la vista, ante el escaso apoyo oficial de los inicios. No se rindió ante los prejuicios que le salieron al camino. Ella, Fernando, Alberto y sus seguidores hicieron una Escuela, ante la que el mundo se inclina:

―Las escuelas de ballet tienen las mismas demandas técnicas; pero en la forma en que se enseña, dadas las experiencias diferentes que se han heredado, en la metodología, ahí están las variantes, las riquezas… Lo que ya se comprende como Escuela es el efecto que demuestra la compañía, el Ballet Nacional de Cuba que es un producto ya hecho, lo que ven todos. Usted ve una compañía rusa, una francesa, y usted nota diferencias. Por eso la crítica enseguida afirma cuando nos ve bailar: “esa es la escuela cubana”. Es que hay una personalidad, una forma de moverse, una forma de decir diferentes…


(Alicia Alonso y la joven generación del Ballet Nacional de Cuba en el Festival de Ballet de La Habana)

―La Escuela Cubana de Ballet está en la forma en que hemos asumido a los grandes clásicos, en la concepción artística y general; más particularmente, en la forma de los bailarines de decir esa concepción: en la versión teatral, en la técnica. Eso está en cada bailarín. El cubano cuando se mueve tiene un gusto de bailar, de acentuar su baile. Técnicamente, les pedía siempre a los alumnos que estuvieran con el ritmo en los pies; pero con el cuerpo, de la cintura para arriba, bailando con la melodía, que ahí está el sentir, el “habla” del bailarín. La personalidad del bailarín se expresa donde hace algo más despacio, donde pone el acento. Ahí está la individualidad, y si es hombre, en como le da la mano a la bailarina o en como la mira... 

Esa formación artística nuestra la hemos compartido, y luego, las Cuatro Joyas (1) y los que han llegado después, van a ir heredando, aprendiendo unos de otros. Y el punto final: hay una sensualidad en el hombre y la mujer cubanos que no existe en ningún otro bailarín. Es ese sentirse hombre y mujer de una forma muy particular que no se pueda asir; pero se puede sentir: Esa es la Escuela Cubana de Ballet.

―He leído que cuando una pareja de la Isla hace un pas de deux, todos saben que son cubanos. Y pienso en sus propios partenaires: Youskevitch, Esquivel, Salgado….

―Nosotros hacemos hincapié en que estén bailando siempre juntos, y eso se ha comprendido bien por los cubanos. Por lo regular, en otros lugares, hemos visto que el hombre quiere lucir por un lado y la mujer por el otro: bailan fabulosos, pero ni siquiera se han mirado. Eso es muy importante, que bailen juntos, porque es una conversación de ellos hacia el público.
4.
Alicia batió todos los récords de permanencia de una bailarina clásica. Bailó tal vez más allá de lo que podía. Bailaba el espíritu renuente al tiempo. Bailó en los teatros, en las montañas, en los centrales. Bailó en todos los continentes. Todavía en 1995 fue capaz de actuar diariamente en una gira del Ballet Nacional de Cuba por Italia. Dos años después, en el Metropolitan Ópera House neoyorquino realizó una actuación especial. Se cumplía medio siglo del estreno del célebre ballet Tema y variaciones, de George Balanchine, en el que bailarina y coreógrafo se habían lanzado a una batalla feroz que dio como resultado un clásico. Fueron sus últimas presentaciones.

Alicia Alonso pasaba largamente de los setenta años cuando bajó de la escena.


Nunca fue una mujer hermosa en el sentido clásico, la hermosura es tan difícil de definir. A lo largo de su vida, los caricaturistas han remarcado su boca alargada y su nariz… pero bastaba que pisara las tablas. La crítica intentó, muchas veces, atrapar lo inasible:

Mario Pasi: es quizás la última “divina” de nuestro tiempo (2)
Maurice Béjart: Ella es un ser eterno. (3)
Arnold Haskell: ¿Cómo puedes interpretar a Giselle, si Giselle eres tú? (4)

Ahora, cuando le pregunto sobre la preparación física, cuenta un curioso encuentro entre miembros del Ballet Nacional de Cuba y la selección nacional de halterofilia o levantamiento de pesas…

―Todo tiene que bailarse que parezca natural, que el público no tome conciencia de ese esfuerzo físico, de lo duro que es. Cuando los pesistas veían a los bailarines levantando a las muchachas, haciendo las cargadas, decían: ‘mira que fácil es’. Y yo les digo, ¿sí?, a ver. Yo les pedí: ‘ahora cárgala… y sonríe al mismo tiempo’. Aquello fue tremendo cuando intentaron hacerlo. ¡No, no es nada fácil!, lo entendieron…


(Alicia Alonso y Antonio Gades, dos mitos de la escena internacional)

Recuerdo cuando la Asamblea Provincial del Poder Popular de Santiago de Cuba le otorgó a Alicia Alonso, el Escudo de la Provincia, por su “dirección, inspiración y magisterio; por sus altos valores artísticos y humanos”. Fue la primera personalidad que lo recibió. Ella ostenta la condición de Embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO, y entre sus reconocimientos se hallan la Orden El Águila Azteca, el Premio Jean Benois de la Danza, la Orden José Martí y el Premio Irine Lidova a la obra de la vida; pero la emoción asiste, puede tocarse.
La veo solitaria en su silla, dramática, solemne. Ahora que ya no baila, que ya no puede, bailan sus manos. Su voz llena el Salón de los Vitrales de la Plaza de la Revolución Antonio Maceo:

―Es muy fuerte, es muy fuerte para mí. En la Ciudad Héroe, en este maravilloso Santiago, donde me han dicho palabras tan bellas; donde estoy pisando una tierra que está sembrada de héroes, de Patria, de Cuba. Les doy las gracias. Este es un alto, muy alto honor. Gracias…

5.

Tendría tantas cosas que decirle…

―A los bailarines de hoy, los veo muy fuertes, muy bien técnica y artísticamente, los responsables de que el Ballet Nacional de Cuba salga adelante. Los veo responsables del futuro. A veces, en algunos sitios por ahí, quieren ofrecerles la Luna… 

―Pero, el ballet se ha complicado cada vez más en el orden técnico

―El ballet es como todo en la vida, cada vez se pone más difícil. Cuando yo empecé a bailar, y ahora me refiero al hombre, aquel que pudiera hacer dos vueltas y pararse en cuarta más o menos; si agarraba a una muchacha y podía sentársela en al hombro… ya estaba dentro de la compañía. 

En la mujer, la que pudiese hacer un pirouette, un piqué en arabesque con un compañero, poner la pierna de cierto modo, y que tuviera una gracia más o menos… ya estaba dentro. ¿Fouetté?... Si hacías seis, te ponían una medalla. Así era cuando yo empecé…

Parte de esa complicación la tuve yo, que me enamoré de la danza y estaba siempre buscando lo más difícil. El Ballet Nacional de Cuba ha heredado eso. En general, en el mundo se ha heredado lo difícil de la demanda técnica y ahora la sufren… pero la gozan. Lo maravilloso es como lo van venciendo, poderse empeñar y saber que camino escoger. Ellos a su vez están poniendo pautas... 
compadezco a los que vienen detrás. Ellos, ahora, tienen una guía que no teníamos. Nosotros tuvimos que hacer el camino.

De un golpe, me recorren las ampollas en los pies de mi hermana, el nylon en las piernas de Aurora, el viaje interminable, el duro taco de las zapatillas de puntas, María Callas ante el espejo…


―Alicia, ¿algo por bailar? 

―Sí… continuar bailando. Nunca uno se queda satisfecho. Todavía yo bailo dentro, todavía mis músculos se contraen, inmediatamente reaccionan. Siento la música y hay un reflejo condicionado que lo llevo dentro todo el tiempo. Cuanto más tiempo pasa, más deseo de bailar me da. Nunca se acaba.
NOTAS:

(1) Cuatro Joyas: Calificativo reservado por el crítico ingles Arnold Haskell, luego aceptado por todos, para designar a la promoción de bailarinas cubanas formada por Loipa Araújo, Aurora Bosch y las ya desaparecidas Mirta Plá y Josefina Méndez.
(2) Joaquín Baquero: Alicia Alonso, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1984, p. 41.
(3)Ibíd.
(4) Ibíd.

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