martes, 28 de julio de 2015

SANTIAGO DE CUBA: Nuevas imágenes por sus 500 años


Santiago de Cuba acaba de festejar el 500 aniversario de la fundación de la villa y el 62 el asalto al Cuartel Moncada.  Por tal motivo, la ciudad se renueva. Aquí algunas fotografías: 

 

La calle Enramadas, “novia de nuestra ciudad” como le llamara el compositor Pedro Gómez, exhibe su nueva imagen en dos cuadras de su extensión 


 

Nuevas luminarias de procedencia china en varios puntos de la ciudad

 
 

Fuente en Martí y la Central, frente al Coppelia 



El ron salido de las bodegas santiagueras, orgullo y emblema de la región y de Cuba






Totem de Carnaval. Calle Martí


Bartolo Más: EL CARNAVAL SALE DE SUS MANOS





Reinaldo Cedeño Pineda

A Bartolo le sirve todo: una botella plástica, una semilla de pino, un pedazo de poliespuma, un cartón de huevo. La inventiva domeña a las carencias.

  Si no fuera por gente como él, los carnavales de Santiago de Cuba ―que acaban de ser declarados Patrimonio Cultural de la nación― habrían perdido hace tiempo su color.

   En su pequeño cuarto, las cosas sencillas cobran otro brillo, otro espesor. Como un maestro, sin alardes, me ilustra el proceso del papel maché: el cartón que procesa en la batidora, las capas superpuestas.  Todo, sin dejar de dar pedal en su vieja máquina Singer. Ese es su trono.

   Vive al doblar de la Iglesia de Santo Tomás, cerca de la Placita de los Mártires. Su obra, efímera y hermosa, me remite a un poema de Dulce María Loynaz. Aquellos versos están dedicados a unas manos, capaces de crear prados irreales, de emerger la primavera con un poco de goma y unas varas de lienzo.

   Estas y aquellas manos se parecen. Toda la fantasía que exhiben comparsas y carrozas, tiene que ver con él: Gorros, coronas, tiaras, farolas, petos, abanicos, muñecos. Como si el carnaval entero saliera por su puerta.

   En vez de juguetes, le pedía a los reyes, lápices de colores y pintura. Intentó entrar en ese mundo varias veces, hasta que pudo estudiar en la Academia de Artes Plásticas José Joaquín Tejada. Estudiar, y después, trabajar.

  Un día le pidieron ayuda para una carroza cuyo motivo central era un volcán. Y. el magma de la creación siguió manando. El año pasado diseñó y confeccionó elementos para una carroza y siete comparsas en el carnaval santiaguero. La Playita, La Placita, Heredia, Cultura… todos le buscan. En este 2015, trabaja con el Proyecto Sin Barreras que integra a los festejos populares, a niños con diferentes discapacidades.


  No hay asiento libre en el hogar de Bartolo Miguel Mas Tomás, pero semejante trabajo no corresponde a estos días. El artista comienza cuando comienza el año. En realidad, no para. Recibe pedidos de espectáculos teatrales, centros nocturnos, e incluso, obras audiovisuales; aunque su nombre quede, a veces, a la zaga.

   “No soy metódico, pero procuro que las cosas que hago, me queden bien Primero, diseño en mi mente. No me gusta abigarrar elementos, soy partidario de la sencillez; pero también de la alegría.

   “Me gusta la degradación de colores o su combinación: azul-naranja, rojo-verde, amarillo-violeta.  Eso me lo tengo bien aprendido. Lo que hago, da trabajo, requiere tiempo; pero me place, me realiza, lo disfruto intensamente. Cuando veo desfilar a las comparsas o veo a las bailarinas, con algo que yo hice, mi felicidad es completa”. 

   Nacido en Baracoa ―la Villa Primada―, Bartolo tiene 67 años; pero ni él ni su carácter se dan por enterados. Puedo verle amasando el papel, doblando el alambre, rizando una banda de tela. Me río cuando dice que está jubilado, que no hace nada del otro mundo.

Y algo me toca, cuando levanta la vista de su vieja máquina Singer.


 

jueves, 9 de julio de 2015

Panamericanos TORONTO 2015: ¿Y SI CUBA NO FUERA SEGUNDA?




El pluricampeón mundial de lucha, Mijáin López,  abanderado de la delegación cubana


SI QUIERES ESCRIBIR DEL LIBRO QUE MARCÓ TU VIDA; esta es la oportunidad



Reinaldo Cedeño Pineda 

Cada vez que compite un cubano, acabo exhausto. Cómo no hacerlo, si estoy en cada ippón, en cada carrera, en cada set. Llámesele como se quiera, pero es algo que me sobrepasa. No me da pena alguna confesarlo.

   En 1991, tuve la suerte de trabajar en unos Juegos Panamericanos. Cada mañana me levantaba rumbo al estadio de softbol femenino en la afueras de Santiago de Cuba. Me vi detrás del cristal. Presté mi voz como anunciante en cada uno de los partidos. Reseñé las victorias cubanas y sentí como las gradas reventaban. Jamás he podido olvidarlo.

   Nadie imaginó aquellas 140 medallas de oro. Cuba era la sede, lo que se tradujo en la posibilidad de incluirse en todas las modalidades, competir en escenarios conocidos y en el delirante apoyo del público. Por supuesto, a eso se unió la intensa preparación que presupone actuar como local en una cita múltiple. 

   Vale recordarlo, porque ahora será Canadá quien disfrute de tales ventajas. Nadie se atreva a minimizar esa condición. Naturalmente, se abultarán las cantidades de títulos y de preseas en general. 

Ojalá el jurado de los deportes de apreciación ―gimnasia artística y rítmica, nado sincronizado, clavados, y bien visto hasta uno considerado regularmente de combate como el boxeo―, abandone la tendencia a sobreproteger a los atletas de casa y ser más rigurosos con los visitantes. 

  Brasil, la próxima sede olímpica, va con una armada que incluye a estrellas universales o líderes continentales en la natación, el judo y el voleibol; así como el atletismo y el tenis de mesa. Ellos también batallarán por el subliderazgo de los Panamericanos. 

   Cali 1971, México 1975, San Juan 1979, Caracas 1983, Indianápolis 1987, La Habana 1991, Mar del Plata 1995, Winnipeg 1999, Santo Domingo 2003, Río de Janeiro 2007, Guadalajara 2011. En todos esos Juegos, Cuba ha quedado en el segundo lugar en la tabla de medallas. 

    Después de la impresionante relación, muchos hablan de un segundo lugar histórico para Cuba. Llevan razón, histórico sí; pero nadie se lo asignó a Cuba pre-competencia, no le toca por tradición. Ha sido un puesto luchado. 

   Segundo lugar quiere decir desbancar a naciones de mayor desarrollo económico, mayor cantidad de instalaciones, mayor extensión territorial y mayor cantidad de habitantes. Ha sido una hazaña que nadie puede escamotear. 

   Sin embargo, en los últimos años, han cambiado los contextos y las condiciones.  El deporte cubano se ha enfrentado a un fuerte éxodo, lo que ha lastrado sobre todo a los deportes de equipo. Una cosa es cuidar al atleta y otra es empecinarse. La autorización oficial para jugar en ligas del exterior, está en ciernes. El fogueo es insuficiente en la mayoría de los casos. 



(MANRIQUE LARDUET: Gran esperanza de la gimnasia cubana)

El béisbol se ha desangrado. El voleibol, ha pasado de la cima a segundos y terceros niveles.  Hay muchachos valiosos, que dada las circunstancias han quemado etapas.  Del polo, ni hablemos. En medio de eso, sin embargo está la luz del balonmano para damas, que pretende luchar por su clasificación olímpica. Ánimo para esas chicas.

   Atletas muy jóvenes de la Mayor de las Antillas, tendrán en Canadá sus experiencias más exigentes. Solo dos casos emblemáticos: el gimnasta Manrique Larduet y la voleibolista Melissa Vargas. Súmele a ello que varios países han fortalecido su deporte ―Colombia y México, entre ellos―, la importación de atletas y la ayuda con preparadores de otras naciones, en la que la propia Cuba ha dado su contribución. 

COMO SIEMPRE Y COMO NUNCA

    
No dudo que habrá actuaciones cubanas memorables. Nadie lo dude. La delegación continúa con grandes nombres, con medallistas olímpicos o mundiales como la judoca Idalis Ortiz, el decatleta Leonel Suárez, la pertiguista Yarisley Silva ―se aproxima un gran duelo―, el remero Ángel Fournier

También  el tirador Leuris Pupo, la ciclista Lisandra Guerra, el clavadista José Antonio Guerra, el luchador Mijaín López. Y por supuesto, los boxeadores, encabezados por Lázaro Álvarez y Julio César La Cruz.

 

   En el atletismo, donde Cuba cifra fundadas esperanzas, Pedro Pablo Pichardo con sus 18,08 metros, estableció la tercera mejor marca de todos los tiempos en el triple salto. Denia Caballero encabeza el ranking del mundo del disco (70,65) y su compañera Yaimé Pérez es tercera (67,13). La ochocentista Rose Mary Almanza, ha mejorado tres veces su récord personal hasta llevarlo a un notable 1.57.70, segundo en la lista planetaria de la temporada.

   Confío en la estirpe de los atletas cubanos, pero la lucha será recia. Como siempre y como nunca, valga la paradoja. Por eso, habrá que justipreciar cada ascenso de un cubano al podio, aunque no venga el oro. Entre los comentaristas, y muchas veces entre la propia afición, resulta un aprendizaje todavía a medio camino, una aceptación a regañadientes.

   El deporte es más que músculo y más que estrellas. Es sinónimo de alegría y de sano orgullo, de superación y de salud, de ejemplo para la juventud y de crecimiento. 

   El espíritu de triunfar merece loas, pero el chovinismo es un tósigo.  No hay hombres ni mujeres de metal, los atletas son humanos con sus glorias y falencias. Unos resisten la presión más que otros. Conozco a varios de cerca. 

   Escribo esas verdades de Perogrullo, porque he leído comentarios después de una derrota, que parecen olvidarlo. Algunos deberían meterse a una cancha o un estadio, para aprender lo que se siente.

Yo seguiré cada ippón, cada carrera y cada remate de un cubano en Toronto, sin importar si es favorito o no. 

Cuba no va rendida; pero podría no ocupar el segundo lugar en los Juegos Panamericanos. Hay que decirlo y decirlo ahora, sin que un escalón más bajo, implicare automáticamente una actuación desdeñable a nivel continental.  

Espero que los análisis, en cualquiera de los casos, sean más argumentos que pasiones. Al fin, no olvidemos que se trata de unos Juegos deportivos y no de una batalla. 


Todo se sabrá en un día histórico para la nación cubana, el 26 de julio. Y si se compite limpiamente, si se entrega todo, no cabrán los reproches.