sábado, 11 de agosto de 2018

SE LE FUE LA NEURONA a la NEURONA INTRANQUILA….




Reinaldo Cedeño Pineda


La TV CUBANA no cesa de sumar un NEGRO EXPEDIENTE hacia la imagen que construye sobre los ORIENTALES, los nacidos en el este de Cuba... Cuando parece que se ha visto todo, que va… la televisión cubana vuelve a poner lo suyo.

EL SELECTO CLUB DE LA NEURONA INTRANQUILA (Televisión cubana, 10 de agosto de 2018) es un espacio de conocimientos que suele proponer también pruebas y asociaciones de agilidad mental, por cierto algunas un tanto rebuscadas...

Pues bien, ante mi asombro y tomando un ejemplo INFELIZ preguntan acerca de un ladrón que sirve de protección en el Oriente… Respuesta… “el CACO” (por CaSco, claro está. El viejo chiste de la S ausente)

Me parecía estar escuchando un chistecillo de barrio, de corrillo, viejo y de muy mal gusto… y NO un espacio de cierta factura como este...

Braudilio Espinosa, su conductor acentúa lo dicho haciendo la observación de que resulta un cliché sobre del MODO DE HABLAR en el Oriente cubano pero oyeeeeeeeeee le zumba escuchar en un programa de televisión de corte educativo semejante cosa, a estas alturas…

Un chiste podría parecer poco, mas suele sostenerse en una red de consensos, sicologías y asociaciones. A veces resulta un monumento  a la imaginación y otras, un sablazo, Humor es ética... y ya hay tantas gotas que han derramado tantas copas y tantas palanganas de… cosas por el estilo. Cuál es el papel del asesor?, quién certifica los mejores ejemplos, sin mirar más allá de sus narices? Quién evalúa?

Hace muchos vengo escribiendo del tema. Lo he dicho aquí y allá, pero la canallada, la ignorancia, la generalización reduccionista y folclórica, la estigmatización, el IRRESPONSABLE EJERCICIO DEL PODER MEDIÁTICO, la INDIFERENCIA, el chiste falso, el látigo fácil, siempre insisten


A la hora de conformar la imagen del oriental en la televisión cubana, a veces se actúa con una ligereza de espanto, como si los orientales NO fueran (fueramos) parte del entramado espiritual y afectivo de la nación, sino otra parte de la que sí, qué caramba!... uno se puede burlar.

Ya sabemos los flacos favores que los facilismos le han hecho a la televisión y a la cultura cubana en general… Mejor no recordar algunos ni sumar otros...

sábado, 14 de julio de 2018

FIDELIDAD NO ES SILENCIO: Mis encuentros con Antonio Moltó, quien fuera presidente de la Unión de de Periodistas de Cuba





POR Reinaldo Cedeño Pineda

Haciendo Radio me arropaba las madrugadas, las voces de sus presentadores me seguían por los caminos y las guardarrayas. El gigante programa de Radio Rebelde afirmaba  (afirma) estar al ritmo de la vida. Allí escuché el nombre de Antonio Moltó Martorell por vez primera  Aprendí a admirar al director de aquel concierto de informaciones. Cuatro horas diarias, con inicio a las cinco de la mañana, resulta un reto formidable.


  Y, en sortilegio, aquella familia que entraba día por día a mi casa, llegó a Santiago de Cuba. Buscaban algunas historias del período especial y yo tenía la mía. Cumplido mi servicio social en Guantánamo a principios de los noventa (en tiempos en que un bombillo encendido  era noticia, cuatro ruedas una excentricidad y una hamburguesa la bendicion) decidí volver a mi casa. Razones familiares muy poderosas me llamaban.


  Entonces debí vender maní, pregonar por las calles de Santiago de Cuba, bajo sus soles. No tendré que decir la multitud de anécdotas que sumé como periodista manisero. Esa historia fue contada en Haciendo Radio. Una más de esa época tan tremenda. Recuerdo al santiaguero Moltó, escuchando atentamente,  con la mejilla en la mano. Recuerdo  el diálogo franco con la guantanamera Arleen Rodríguez Derivet, conductora entonces del espacio.


   Me alegré cuando fue elegido presidente de la Unión de Periodistas de Cuba, En primer lugar, lo respetaba.


  Coincidimos luego en muchas reuniones y proyectos. Quise incluir sus vivencias en el libro A Capa y espada. La aventura de la pantalla (Editorial Oriente, Fundación Caguayo, 2011). Si se hablaba de Tele Rebelde, primer canal de televisión fundado tras el triunfo de la Revolución, no debían faltar sus palabras, pues él fue uno de los artífices de la parte informativa.


  Sé que organizó algunos recuerdos de aquella épica, de aquellos soñadores que se lanzaron a conquistar la imagen de su territorio. Me leyó incluso unas líneas, mas el proceso editorial apremiaba, y en medio de tantas cosas, no le dio tiempo a terminarlo. No tuve sus palabras, pero tuve su aliento.


   Igualmente llegó su apoyo mientras tomábamos  los testimonios del asombro, el desastre, la resurrección y la solidaridad que significó el paso del huracán Sandy por terrtiorio oriental en aquella madrugada de finales de octubre de 2012. Sé de su alegría cuando tuvo en las manos La noche más larga. Sabía compartir el éxito de sus colegas.


(Antonio Moltó en la calle Heredia, sede santiaguera de la UNEAC (2014) , entregando a Rodolfo Tamayo el premio principal del Concurso Nacional de Promoción de la Lectura Caridad Pineda In Memoriam)

  Me asombré cuando lo vi en la sede de la Uneac de Santiago de Cuba.  Calle Heredia, 9 de septiembre de 2014. Premiábamos el Concurso Nacional de Promoción de la Lectura Caridad Pineda In Memoriam. Bajo la cobija de ese nombre, el de mi madre, tratábamos de incentivar la pasión por la los libros Se sentó entre el público como uno más y me hizo el honor de entregar el galardón principal. Guardo aquel gesto donde nadie me lo puede quitar.


Ser periodista, ser Quijote

  
(Antonio Moltó durante la presentación de nuestro libro SER PERIODISTA, SER QUIJOTE)
Siempre he entendido el periodismo como una vocación, como un servicio inexcusable  y lo he hecho desde una recia austeridad. Cuando en 1991 obtuve el título de Licenciado en Periodismo, lo recibí con la certeza de que un periodista no escribe para complacer a nadie. No es la primera vez que lo digo. Fidelidad no es silencio.

   Por eso, porque debía hacerlo; porque sabía que me recibiría, me fui a ver  Antonio Moltó Martorell en la sede de la Unión de Periodistas de Cuba, en el Vedado capitalino. Le solté de un tirón todo aquello que me preocupaba del periodismo cubano. La tarde ardía.

   No podré repetirlo palabra por palabra, mas temas como el llevado y traído secretismo, el tributo a tanto evento y no al análisis,  la necesidad de mayor apoyo legal a nuestro desempeño, las publicaciones alternativas, la poca compensación salarial a los periodistas, las dilatadas respuestas… fueron algunos de ellos.

  El periodismo cubano necesita una sacudida, le solté. Moltó me escuchó con respeto. Luego me expuso sus criterios y los esfuerzos de la organización que presidía. No siempre coincidimos, debo decir la verdad; pero le devolví el mismo respeto. Fue un intercambio inolvidable, intenso, de colega a colega.

  
La última vez que vi a Moltó fue en la presentación de mi libro  Ser periodista ser Quijote, dedicado a los 70 años de fundación de la Universidad de Oriente. Gracias a esa propia institución y al Proyecto Claustrofobias pudo ver la luz, justo el día de la Prensa Cubana, el 14 de marzo de 2017.  La asistencia de lujo incluía a varios Premios José Martí de Periodismo y a galardonados con el anual Juan Gualberto Gómez, además de  a mis colegas más cercanos.

   En unas pocas páginas intentaba resumir mi experiencia de un cuarto de siglo haciendo periodismo y exponer algunas ideas sobre el periodismo cultural,  la crónica,  la entrevista. Sobre la ética del periodismo, que hunde sus raíces en primera y última instancia en el reflejo de  los éxitos junto a las angustias de la población cubana. Uno no puede venir sin lo otro.

   Y de pronto, cuando ya finalizaba la presentación, Pepe Alejandro Rodríguez se apareció con un abrazo. Y Antonio Moltó se levantó para justipreciar mi modesto esfuerzo. Fue harto generoso. Su estatura humana le llevó incluso a excusarse por errores ajenos, por ajenas excrecencias que suelen salirle al paso a un periodista cuando se enfrenta a quienes solo quieren escuchar loas. No tendré como agradecerle.

   En el fondo, proyectado en la pared, como escenario de sus palabras, aparecía la cubierta de mi libro. En agosto de ese propio año, Moltó falleció. Y en más de una publicación, aquella foto tomada en la Universidad de Oriente  con la imagen de Ser periodista, ser Quijote, acompañó la consternación. No fue casualidad, fue congruencia. Los molinos suelen tener aspas filosas, pero un Quijote siempre apuesta a su cabalgadura.

TOMADO DE LA JIRIBILLA

jueves, 14 de junio de 2018

Dedicarán El elogio oportuno al periodista, poeta e investigador Reinaldo Cedeño Pineda, a propósito de su aniversario 50






Al periodista, poeta, investigador y animador cultural Reinaldo Cedeño Pineda estará dedicado, en ocasión del aniversario 50 de su natalicio, el espacio El elogio oportuno que, conducido por el periodista y crítico Fernando Rodríguez Sosa, se llevará a cabo, el jueves 21 de junio, a las cuatro de la tarde, en la Librería Fayad Jamís, en Obispo 261 entre Cuba y Aguiar, en el Centro Histórico habanero.

Autor de más de una decena de títulos, entre las obras publicadas por Cedeño Pineda aparecen el cuaderno de versos Poemas del lente, el libro de periodismo El hueso en el papel, el volumen de cuentos La edad de la insolencia y la investigación audiovisual A capa y espada, la aventura de la pantalla. 

Avalan su labor periodística y literaria, entre otros reconocimientos, los premios Nacional de Periodismo Cultural, Periodístico 26 de Julio y 1º de Mayo, VI Encuentro Iberoamericano sobre Dulce María Loynaz, Nacional de Poesía Regino Pedroso, Hermanos Loynaz de Poesía, Nacional de la Crónica Miguel Ángel de la Torre y accésit del Concurso Internacional de Cuentos Hilando Historias de Mujer de Asturias.

 

Licenciado en Periodismo y Máster en Comunicación Social por la Universidad de Oriente, Reinaldo Cedeño Pineda, quien nace en Santiago de Cuba, en 1968, creó el Concurso Caridad Pineda In Memoriam de Promoción de la Lectura y es redactor-reportero de la emisora Radio Siboney, redactor de la página web La isla y la espina y vicepresidente de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba en Santiago de Cuba.


 (El promotor, profesor y periodista  Fernando Rodriguez Sosa intercambia con Reinaldo Cedeño)

El elogio oportuno —que se propone homenajear a escritores, libros e instituciones que arriben a aniversario cerrado— toma su nombre del aforismo martiano «el elogio oportuno fomenta el mérito; y la falta del elogio oportuno lo desanima», que aparece en las páginas del periódico Patria, en abril de 1892.

Dedicado al aniversario 50 del natalicio del periodista, poeta, investigador y animador cultural Reinaldo Cedeño Pineda este espacio El elogio oportuno, el jueves 21 de junio, a las cuatro de la tarde, en la Librería Fayad Jamís, en La Habana Vieja, es con entrada libre.

 La Habana, junio 2018


Dirección de Comunicación. Instituto Cubano del Libro 



domingo, 15 de octubre de 2017

EXCLUSIVA/ PUERTO RICO tras María: “El País de nomeacuerdo”




Por: MsC. Yarimar Marrero Rodríguez

Nunca había escuchado el sonido del viento, como un grito vital, como un rugido desde la tierra que lo desgarraba todo y después del ruido la nada.

La mañana 20 de septiembre los puertorriqueños se debatían entre la histeria de los medios y la habitual incredulidad ante los avisos anuales de huracanes que nunca llegan. Apenas dos semanas antes se había anunciado el paso del Huracán Irma y pese a que este desastre natural sí afectó a países hermanos, en Puerto Rico el mayor daño fue el colapso del sistema eléctrico. 

Con la noticia del huracán María no fue la excepción, la preparación de contingencia casi siempre se vive como una fiesta, con la algarabía que presupone varios días sin escuela o trabajo, la pelea en los supermercados por arrasar con las velas, las latas de salchicha y chef boyardee, las linternas, las baterías D, las cervezas (por aquello de la imposición de la ley seca) y el consabido juego de dominó, la alegría de lo impredecible, la adrenalina del miedo ¿vendrá esta vez? pero esta vez si pasó y acabó con la incredulidad de todos y comenzó a hacernos creer en otras cosas, como nuestra fuerza para reponernos, nuestra capacidad de aguante y el renacer de la resiliencia de un pueblo.

 El desasosiego, la incertidumbre y el caos que dejó el huracán de categoría 4 , que tocó tierra por el este de la isla con vientos de 155 millas por hora y salió por un punto del norte entre los municipios de Barceloneta y Arecibo, tiene una explicación generacional y es que el puertorriqueño promedio no tiene una retrospectiva histórica de haber presenciado el embate de un ciclón como este ya que el único huracán comparable a la fuerza del azote de María fue el huracán San Felipe de categoría 5 que ocurrió en 1928, casi un siglo atrás.

 No teníamos un punto de referencia, una historia parecida a la que asirnos, una anécdota reconfortante, una leyenda de barrio que nos narrara lo sucedido, eso jugó un papel fundamental en el desconcierto colectivo.

Se dice que después de la tormenta llega la calma y en este caso cuando ese refrán hace referencia a la calma he llegado a entender que se trata más bien a la nada, esa quietud casi apacible del asombro de unos ojos que no pueden creer que perdieron su casa, ese llanto bajito que por no ser histérico y público es más profundo del dolor de ver a tu País en ruinas.

Caído el telón, comenzamos a ver a Puerto Rico desde otra óptica, la pobreza de los ancianos, niños, los deambulantes, hasta de los animales de la calle, la vulnerabilidad de los sectores más pobres con ayudas que no llegan, los pueblos que quedaron incomunicados y que días después aún estaban sin comida, el desconcierto de las personas que no tenían noticias de sus familiares tras el colapso del sistema de comunicación, los miles de  puertorriqueños que emigraron a Estados Unidos tras promesas de bienestar y ayudas, las muertes y las epidemias que comienzan a aflorar por la falta de agua potable, la pérdida de empleos, la falta del sistema eléctrico, el miedo y la desesperanza.

Comenzamos a vernos viviendo el ahora, en medio de una crisis humanitaria que no parece tener un plan de acción concreto por parte de los dirigentes del gobierno, dentro de un País que ya se había declarado en quiebra, con un estatus colonial que asfixia y que se manifiesta como un golpe en la cara cuando Estados Unidos decide qué ayudas internacionales podemos aceptar y cuáles no, con la carencia de soberanía alimentaria y una dependencia humillante que hace que del otro lado de la foto en la que Trump lanza un rollo de papel a los damnificados del huracán hayan muchas manos abiertas intentando atraparlo.


Las grandes crisis también ponen de relieve la verdadera esencia del ser humano y en ese sentido Puerto Rico es una isla con gente de corazón grande.

Muchas historias se seguirán haciendo sobre las experiencias vividas tras el paso de María, como la de mi hermano menor que  tuvo que salir huyendo de una vivienda inundada cargando en brazos a su novia de nueve 8 meses de embarazo, o de las personas que pasaron la noche pidiendo ayuda en los techos de sus viviendas tapadas por el agua, de los que perdieron la vida por el azote de un objeto contundente arrastrado por el viento, pero también se contaran las historias de los vecinos que abrieron el paso de una carretera obstruida a fuerza de machete para ayudar a su comunidad, de la solidaridad del desconocido que compartió su comida, de la brigada de voluntarios que vinieron a la Isla para aportar a la reconstrucción del País, de los meses sin luz y las formas creativas en que empezamos a compartir más con nuestros familiares, del asombro de darnos cuenta que tenemos más fortaleza y resistencia de la que creíamos tener porque al final todos tenemos algo de esa fuerza arrolladora que es capaz de transformar.

 Ojalá no pase como en el “País de nomeacuerdo” y esta vez sí nos acordemos, porque el que tiene memoria tiene vivencias, tiene soluciones y puede salir del estupor con más ahínco y se enorgullece de lo que fue, de lo que logró, el que tiene memoria sabe que formó parte de un momento histórico, que es un actor social cambiante, ojalá no olvidemos que fuimos capaces de unirnos y levantarnos. 

Desde mi ventana, mientras escribo, veo reverdecer las espigas de los árboles que quedaron en pie ¿es esta una lección? Ojalá tampoco la olvidemos. 


lunes, 28 de agosto de 2017

Eduard Encina: “La poesía trabaja con lo imposible”



Reinaldo Cedeño Pineda • Cuba         
Tomado de LA JIRIBILLA  

Cada vez que Eduard aparece, tiene algo que contar. Es un espíritu, un alambre vivo, un poeta. Trae la palabra de Cuba adentro, como un risco,  como un trino. Su selección Manigua  acaba de acreditarse el Premio de Poesía de La Gaceta. No podía ser otro el nombre…

  La niñez, suele ser oasis del tiempo, reservorio infinito de experiencias que no se repiten jamás. ¿Dónde hallar los lazos o asideros que comuniquen tu pensamiento con esos tiempos y luego, con la infancia de tus propios hijos?

  “En la niñez está el hombre completo. Mi padre se levantaba por la madrugada para ir a tumbar monte (solo por tres pesos con veinte centavos) en un lugar que le decían Las Playitas, donde solo había cansancio y manigua. La palabra manigua me es familiar, desde el nacimiento.

   “A pesar de la pobreza fui feliz, había un oasis, un gran oasis de amor  en cualquier rincón de mi casa; apenas tengo fotos de pequeño, pero sí una memoria llena de historias que entretejía mi padre, un guajiro imaginativo. Él era un poeta, pero no lo sabía. Siempre quise que me comprara un juego de pistolero, sin embargo se las arreglaba para dejarme suspirando al demostrarme que Guamá y Hatuey fueron más valientes que Triniti  o el más pinto del Oeste; enseguida nos poníamos a armar arcos y flechas con una rama de güira o palo bronco.

 “Nada más asomarse a lo que digo, o a lo que escribo y uno comprende esa resistencia, esa manera de convertir la carroña en belleza, la impotencia en solución. A mis hijos no le interesan los pistoleros, sueñan tener una tablet; apenas leen lo que escribo, pero son mejores que yo. Sin que lo supiera, hicieron una alcancía y hace muy poco comenzaron a criar dos puercos: salen de la escuela, lavan el corral y les echan comida. A ellos tampoco les importa la peste: están concentrados en convertir la mierda en dinero”.

El colega Arnoldo Fernández, tan cercano a tu obra, ha dicho que el poemario Lupus (Premio Hermanos Loynaz 2016) “apuesta a la resistencia, a las zonas de fe que necesita el ser humano para imponerse en el reino cotidiano”. ¿Puede la poesía, acaso, ennoblecer las desgarraduras? ¿Cuáles son esas zonas de fe?

 “La poesía es una llaga, una enfermedad. Los poetas no somos felices, tal vez por eso buscamos el modo de que el Otro lo sea, la imagen no es mía, es de Martí, que siempre mete su sombra telúrica en lo que escribo. La poesía es conciencia y desgarradura, lo único que hace es mostrarnos un horizonte cuando en realidad no existe, la poesía trabaja con lo imposible. Moisés no sabía lo que tenía en la mano, el poeta sí, está seguro que es un poder que logra abrir el Mar Rojo para maravilla de algunos, y también golpea contra la roca para escándalo de otros que, como al patriarca, lo excluirán de la tierra prometida.

 “Lupus es un libro para mirar raso en la familia. Es sistémico, por tanto, viene de muy adentro, a veces contra sí mismo. La poesía cubana, por un lado, parece de lágrima fácil, y por otro muestra una impotencia, una guapería de tambor, mientras más vacía, más duro suena, de ahí viene la resistencia, me parece que hay que ser consecuente con el lenguaje y con la actitud ante la realidad.

 “La poesía no sirve como bálsamo, sino como herida infestada, como pierna que hay que cortar. No creo en la idea edulcorada de la literatura en medio del caos, la poesía también es caos. Construir zonas de fe es trabajar con la memoria, despojarla de lo verborraico, lo tullido, y recuperar la libertad individual para poder participar en el sueño de todos. Una zona de fe es un territorio libre de apatía. ¿Cómo detener el desánimo, la abulia? ¿Cómo entenderse con la realidad sin participar? Esa es la resistencia”.

¿Cómo dialoga la poesía de Eduard Encina, aquella publicada en cuadernos como De ángel y perverso, El perdón del agua o Golpes bajos… con la que le ha merecido ahora mismo un galardón tan prestigioso como el Premio de Poesía de La Gaceta? ¿Abrazos o contrapunteos?

 “No había pensado en eso. Cuando los escribí, sobre todo los dos primeros, sentí esa hermosa ingenuidad de quien se acerca a una mujer seducido por su caderamen, iba a comérmela, dispuesto a chupar hasta el último huesito. Golpes bajos es otra cosa, ahí comencé un espíritu patricida, no para negar lo que había aprendido, sino para cuestionarlo, pues el camino de la poesía es diverso, ahora mismo muchos no lo entienden, pero eso no cambia nada y lo que es peor, no los hace mejores. Con Lecturas de Patmos, Lupus y estos poemas de Manigua que ganaron el Premio de La Gaceta hubo, evidentemente, un cambio de posición.

   “Después de tanto hueso y caderamen descubrí que con una mujer también se puede fundar familia y hogar. No se puede escribir con el corazón, hay que hacerlo con palabras, por tanto, hay un aprendizaje que al mismo tiempo conecta la concepción de esos textos, pero también los separa como entidades diferentes.

   “De un libro a otro hay una experiencia con el lenguaje y con la realidad, la voz se ha ido concentrando, digo lo ineludible; cuando tengo que callar, callo. Cada vez he ido acercándome más a la vox populi, exploro ahí porque me interesa reconstruir el habla de la gente, su sensibilidad, hacer potable la desidia y dialogar desde el poema como un predicador: la verdad os hará libres”.

   Soy partidario de aquellos que afirman que somos municipios del mundo, provincias del universo; mas no hay que negarlo, la lejanía de los círculos literarios y artísticos más visibles resulta un reto formidable. ¿Cuánto te ha costado tocar el país desde tu natal Baire, Oriente adentro? ¿Cuánto te han ayudado las instituciones o los premios a lograr ese reconocimiento? ¿Cuántos gritos de Baire suma tu vida?

“No se hace literatura desde una entidad geográfica, sino desde una parcela espiritual que se rompe y se cultiva en el ardor de la cotidianidad. Es cierto, resulta un reto formidable, sobre todo cuando muchos de los que viven en esos centros de poder cultural dilapidan tales ventajas y se afincan de la teta que les brindan las instituciones, como terneros que no quieren crecer, y se acostumbran a los viajecitos y la vida literaria, pero no se concentran en hacer literatura. Mientras tanto uno tiene que mantener la observancia de que la rudeza de vivir en la manigua no te haga perder concentración.

 “Lo importante es saber cuándo hay que levantar el campamento y salir de operaciones, ya sea hasta los libreros de Reynaldo García Blanco, o en la biblioteca de la prefectura de Rito Ramón Aroche en Marianao, pero siempre hay que volver a la manigua, retirarse —diría Nietzsche— hacia la montaña, a conversar con uno mismo.

 “Es cierto que hay una crisis institucional, métodos y mecanismos paralíticos que se hicieron para otro momento de la cultura y que ahora mismo son incompatibles con la realidad, a eso súmesele una creciente burocracia apoltronada en los recursos y poderes que el Estado ha puesto en sus manos, y no quiere reaccionar. Ahora, en lo que sí no caería nunca es en negar la visibilidad y la jerarquía que en mi caso me han dado esas mismas instituciones y concursos.

“Cuando gané el Premio Calendario me sentí muy representado por la AHS, hoy mismo es unos de los acontecimientos de la Feria del Libro en Cuba que más público y mejor promoción tiene. Los premios no hacen tu literatura, pero sí la ponen a dialogar en el mapa poético nacional.

 “Por mucho tiempo se hizo difícil descapitalizar los premios literarios, pero inevitablemente eso tomó otro camino, se ha abierto un abanico de posibilidades que denota cierta diversidad y se ha borrado un poco aquella imagen que parecía demasiado fatal para los ʻautores de provinciaʼ.


“Por eso tienes toda la razón en que es un reto formidable asumir esta condición. Tocar el país desde el Oriente nos obliga a ser más eficientes porque el tiempo es profundo y real, vivimos en estado de sitio, la manigua nos libera y al mismo tiempo acorrala, es una especie de cimarronaje, se baja al llano cultural por provisiones, luego hay que subir los altos de Baire para dar un grito lírico, así, tan grande como el de Saturnino Lora”.


jueves, 17 de agosto de 2017

ANNIA PORTUONDO: Una medalla partida en dos








Reinaldo Cedeño Pineda
escribanode@gmail.com


La tengo frente a mí, ahora mismo. Su traje de lunares parecía tan simple y su mirada tan serena, que dejé mis ojos en ella. La sigo mientras toma impulso, se apoya en el caballo y gira. Hago de juez desde las gradas: la caída es perfecta. Vuelve en manos libres: concierto en el tapiz. El público estalla.

   Cuando anuncian su edad, temo un error y aguardo. Diez años, repiten. ¡Diez años y es ya la mejor gimnasta de Cuba!

   Su nombre reunía curiosamente a dos de mis cantantes favoritas. Annia Linares y Omara Portuondo. Tal vez por eso lo fijé inmediatamente: Annia Portuondo. Ella alcanzará el título de Cuba en siete oportunidades.

   No me asombró cuando dos años después, en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de México en 1990, la muchacha ganó cinco medallas de oro y  una de bronce, incluido el all around o máxima acumuladora.

   En el periódico Granma del 26 de noviembre de 1990, el titular fue “Annia ya dejó su nombre grabado en la gimnástica”, mientras en la revista Bohemia del día 30, se hablaba de “Annia y su magia”. Leía cuanto publicaban sobre ella. Me convertí en su fan.

   Era muy seria en sus ejecuciones. Algún comentarista le señaló la falta de una sonrisa, de una expresión más dulce… pero la concentración era una de sus claves.

   De vuelta a los Centro-Caribe (Ponce, 1993), la cubana arrasó: seis títulos de seis posibles. Incluso, en uno de ellos ¡mereció la calificación de 10 puntos! 

   En los Panamericanos de Mar del Plata 1995, Estados Unidos acudió con una armada encabezada por la campeona mundial Shannon Miller. Sólo así  pudo vencer a la cubanita que se las arregló para ganar, no obstante, tres medallas en la final por aparatos, ocasión en la que también se abrió espacio su compañera Leyanet González.


   1996 fue el año de su consagración… y su retiro. En el Campeonato Mundial por Especialidades que tuvo lugar en Puerto Rico, el público ya la conocía y la adoptó como suya. El apoyo fue delirante.

   Según afirma más de un experto, fue la mejor en el caballo de salto, pero los jueces decidieron adelantar unas décimas a las rumanas Gina Gogean (9,800) y Simona Amanar (9,787), por sobre la Portuondo (9,756). Que una chica caribeña le arrebatase el oro a las seguidoras de la Comaneci, tal vez les pareció un sacrilegio.

   Annia Portuondo se convirtió con ese disputado metal bronceado, en el primer gimnasta cubano  ―sin distinción de sexo ―, que conquistaba una medalla en una cita del mundo. Antes que la plata de Eric López en barras paralelas en el Mundial de Gante, Bélgica en 2001. Yerran varias páginas cuando le dan la distinción a este último.

   Aunque había logrado el mérito, no fue incluida previamente en la nómina de la delegación cubana para los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996. Las autoridades deportivas de entonces, pifiaron. Los resultados en tierra boricua, fueron un campanazo que cayó sobre sus cabezas. Según la prensa, hubo gestiones para incluirla a última hora… pero ya todo era inútil.

   Annia decidió retirarse a los 18 años. Y la perdí de vista…

   Cuál no sería mi sorpresa cuando la vi aparecer en la cuna del olimpismo, en Atenas 2004. Era toda una mujer, pero conservaba intacta su prestancia. El matrimonio con el preparador Alan Hatch, no sólo le dio un nuevo apellido, sino que la sacó del retiro. De nuevo había mirado a  Cuba, a su antigua compañera Leyanet González ―longeva en ese deporte―, quien seguía cosechando lauros después de ser madre.

   Debió imponerse a trabas, a  lesiones. Tenía que demostrar su valía en su país de residencia. Representando a los Estados Unidos, logró el sueño. Sumó dos preseas de plata durante la cita griega  en la final de caballo de salto y en la competencia por equipos.

   A los  26 años, cuando ya muchas han abandonado,  Annia se convirtió en la primera gimnasta de origen latinoamericano en ganar  una medalla olímpica.

   Por la televisión aplaudí sus saltos, aplaudí su excelencia; aunque el resultado no fuese para Cuba. Y cuando tomó la carrera de impulso, en algún lugar, adiviné a la niña guantanamera de traje de lunares y mirada serena que no se rindió jamás.  



lunes, 31 de julio de 2017

La identidad cubana: la forja perpetua (V) Félix Varela, del verbo precursor al exilio heroico



Escrito por Reinaldo Cedeño Pineda

Se aprieta a los pequeños espejuelos. La energía se le adivina por encima del atuendo sacerdotal, que le cuelga más del espíritu que de la anatomía. Llegó más lejos que ninguno en la reforma de la enseñanza. Dominaba el latín a la perfección, pero decidió impartir sus clases en español. Dicen que los seminaristas se agolpaban para escuchar su prédica.


Hijo de un militar español radicado en La Habana, su niñez la pasó en San Agustín de la Florida (entonces territorio español). Tomó los hábitos muy joven y se acreditó por oposición las cátedras de Latinidad y Retórica, y la de Filosofía, en el Seminario de San Carlos en La Habana. El obispo Espada, de larga recordación en la historia y la cultura cubana, fue siempre su benefactor.


"Sus primeros pasos se encaminaron a la liberación del pensamiento, de las ataduras escolásticas y de la dependencia de los sistemas foráneos. En la medida en que se abría paso la emancipación del pensamiento fue fundamentando la emancipación política" (1)


Félix Varela y Morales (1788-1853) es el primer intelectual cubano que señaló el camino inequívoco de la independencia. Tuvo el destino de los precursores: la vida no le alcanzó para ver cómo los cubanos se lanzaban a conquistar su patria… pero sobre sus ideas se tendió la libertad.


En 1820 se restablece en España la constitución de 1812. Es diputado a las Cortes Españolas, donde aboga por un gobierno económico y político para las provincias de ultramar. Al volver al poder Fernando VII, las tinieblas se levantan sobre las ideas liberales. Varela es condenado a muerte. El cubano llega a los Estados Unidos en el estertor de 1823… y nunca más volverá a Cuba.


¿De dónde sacó un hombre de semejante nobleza, el heroísmo para enfrentarse a un gobierno empecinado y déspota? ¿Cómo soportó las cuchilladas del exilio?¿Cuántas veces ardería el padre Varela, cubanísimo, solo, como una vela en la oscuridad?


"Hablar cuando otros callan"


En los Estados Unidos desarrolla una labor política sin precedentes y publica el primer periódico revolucionario cubano: El Habanero (Filadelfia 1824-1825; Nueva York 1825-1826), que entraba a Cuba clandestinamente. Allí apareció uno de sus más célebres artículos, "Tranquilidad de la Isla de Cuba" en el cual retrata la aparente calma y cuya resonancia traspasa geografías, reta al tiempo. Así lo dejó escrito:


"(…) no es el menor sacrificio que puedo hacer por ella, el hablar cuando otros callan, unos por temor, y otros porque creen que el silencio puede, sino curar los males, por lo menos, disimularlos y quieren recrearse con la apariencia de un bienestar de que ellos mismos no aciertan a persuadirse (…)"


"Todo pacto social no es más que la renuncia de un parte de la libertad individual para sacar mayores ventajas de la protección del cuerpo social, y el gobierno es un medio de conseguirlas. Ningún gobierno tiene derechos. Los tiene sí el pueblo, para variarlo cuando él se convierta en medio de ruina, en vez de serlo de prosperidad (…) Hasta ahora el pecado político casi universal en aquella Isla, ha sido el de la indiferencia: todos han creído que con pensar en sus intereses y familia han hecho cuanto deben (…)"


"¿Pero qué?, dirán algunos, ¿es la revolución de la Isla de Cuba lo que intenta persuadir un hijo de este suelo? ¡La revolución que equivale a la ruina del país (…) ¿Es la sangre de sus compatriotas la que quiere que riegue unos campos donde ahora tranquilos y felices, recogen los frutos (…) ¡Ah! Ese será el lenguaje con que el interés momentáneo procurará callar la voz imperiosa de la razón. Mas ¿qué importa? La verdad siempre ha tenido enemigos y jamás la calumnia ha dejado de atacar a sus defensores (…)"


"Aun los más obstinados en la adhesión a España, creo que si no han perdido el sentido común confesarán que una gran parte de la población (para mí es casi toda) está por su independencia (…) Compatriotas: salvad una patria cuya suerte está en vuestras manos".


Cuando no pudo seguir publicando El Habanero, aparecieron en forma de epístola sus Cartas a Elpidio, un combate contra la impiedad, la superstición, el fanatismo. Fustiga como detestables a los deshonestos. Algunos suponen que "Elpidio" fue uno de sus discípulos (tal vez José de la Luz y Caballero). Otros suponen que es un nombre simbólico.


Varela llegó a ser vicario general de Nueva York en 1937 y murió en la Florida, en su celda monacal. Murió sin pertenencias: todas las había dado a sus feligreses. Fue honrado hasta el final y fue severo consigo mismo. De esa savia está hecho nuestro sentido de libertad y cubanía.


Sus restos descansan en el Aula Magna de la Universidad de La Habana. La máxima distinción de la cultura cubana, con suma justeza, lleva el nombre sagrado de Félix Varela.


Nota:


(1) Eduardo Torres-Cuevas: Historia del Pensamiento Cubano, Tomo I, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2004, p.339.Escrito por Reinaldo Cedeño Pineda