viernes, 25 de julio de 2014

El destino de ANTONIO PACHECO




Por Cuscó Tarradell

Hay aves como el Colibrí que dejan el hemisferio sur y cruzan más de mil kilómetros por el Golfo de México hacia el Norte. Las hormigas, genuinas austeras del reino animal, migran de sus cavidades naturales con sus crías como sucede con las legionarias cuando escasea el alimento. El ‘género Homo’ u ‘hombre Mono’-desde su origen- pobló el mundo hace miles de millones de años, dejando atrás el África que fue su cuna. Antonio Pacheco Massó ha emigrado, pidió asilo político y quieren hacer de la noticia “el gran espectáculo” en las redes sociales. 

¿Cómo sería la Humanidad que no encarara otro ideal, una razón diferente, un sacrificio nuevo, sin la búsqueda de un “modelo de felicidad”? ¿ Qué sería del hombre, incluso con la misma alegría de todos los días? Aburrido. No busque otro sinónimo. 

Créalo, Pacheco cambió de aires. Se ha jugado por él este 25 de julio un partido de bienvenida en el estadio Rome and Sligh Playground de Tampa, organizado por ex peloteros cubanos. 

Ya es oficial porque la Ley de Ajuste Cubano lo acepta. Para que esperar más tiempo. Se ha ido, o como suele correrse la voz: “se quedó”. 

Canadá fue sólo su primera alcoba antes del recalo en Estados Unidos. Ha dado un batazo largo a sus 50 años de edad. Ha picado duro y se ha extendido por la connotación de un refugio político. Le ha dolido esa “carrera empujada” a los que le gritaban en una esquina “Capitán, capitán…” en gesto jovial de reverencia; a los que le abrían las puertas del consumo, al pionero al que un día le puso una pañoleta en un acto patriótico. 

Le ha mojado los párpados a la doctora que lo cuidó durante varias noches con crisis de hipertensión arterial en el Hospital General Saturnino Lora, a los amigos firmes que dejó, a los vecinos idólatras del barrio La Ceiba donde creció en Palma Soriano, a los que le ponderaron en un estadio como pelotero y luego como manager tricampeón (2005, 2007 y 2008) con el equipo Santiago de Cuba. 

  
(El periodista Cuscó Tarradell y el capitán de capitanes de la pelota cubana, Antonio Pacheco)

A Pacheco lo conocí de cerca. Viajé con él en avión hasta la capital cubana, platicamos de alineaciones en un dugout, compartimos el ómnibus colectivo de Santiago, provocamos en un elevador a Norge Luis Vera a propinarle una lechada a Industriales, bebimos juntos unas cervezas, y me alojé frente a su habitación en el Hotel Riviera. Era el año 2006, cuando realizaba un documental a sus Avispas. Siempre, sin excepción, respondía a un estigma de hombre misterioso, con dotes de camaradería, apartado de intrigas y trances burlescos, pocas palabras, pero resuelto.

Dudo que cambie su actitud, o caiga en artimañas políticas, a no ser que así lo quiera.

Prefiero, sin andar doliente al margen de la noticia, quedarme con el hombre que nunca puso 7 ceros en una boleta de fichaje o deserción, cuando era el mejor segunda base del Team Cuba. Elijo a la Estrella que vistió las 4 letras del Equipo Nacional de Béisbol desde la categoría infantil hasta ganar la séptima Copa Mundial consecutiva con la escuadra cubana en el año 2001, por primera vez enfrentando a un equipo profesional de Estados Unidos. Opto por el recuerdo de sus saltos felinos en la intermedia para quitarle un hit al oponente. Me apropio de sus números ofensivos en 3 Olimpiadas: AVE 361-SLU 647- HR 8- H 38- CI 32. 

Para mí integrará siempre la novena de ensueño de la pelota cubana.

Mas, no quisiera que desaparecieran sus batazos en televisión. Sería duro renunciar a la imagen de aquel Pacheco que saltó del banquillo-con faja ajustada a una columna maltrecha-para darle un jonrón con bases llenas (Grand Slam) al mismísimo Pedro Luis Lazo. Y: ¡Santiago Campeón!

Aunque he pensado en ello, todavía se puede repasar la historia del béisbol o llenar un Programa Antesala con los archivos de Andrés Telemaco, Alfonso Urquiola, Lourdes Gourriel (padre), Pedro José Rodríguez, Braudilio Vinent, Víctor Mesa, Luis Giraldo Casanova, Omar Linares, Germán Mesa, Orestes Kindelán o Norge Luis Vera…  
 
Ahora dicen en una esquina, o se escucha en una mesa de dominó: “si yo hubiera sido Antonio Pacheco, me quedo en Cuba”. No duden que aquí era “un rey”; pero las necesidades humanas engordan con los años de éxito. 

No hay modelos de felicidad a imitar, sino los que el propio hombre interpreta y altera o acomoda a su conveniencia. Cuesta trabajo creérselo en esta isla del Caribe.

Tal vez Pacheco sea un ave de paso por Estados Unidos para luego estirar su vejez en Cuba. Tal vez NO…, y regrese un día en caja fúnebre o cenizas con destino: 'Cementerio Santa Ifigenia, Santiago de Cuba, la tierra abrigo'.  


Nadie puede ser absolutamente asintomático a la noticia: Antonio Pachecho pide asilo en EEUU o Ex pelotero Antonio Pacheco busca refugio en EEUU.


Eso sí, hay una enorme diferencia entre la migración del Colibrí, las hormigas y Pacheco. Los 2 primeros son “moralmente” animales centrífugos y apolíticos; pero, el hombre grande, el líder, desde su primera conquista marca patrones de conducta y sabe cuánto simboliza el sendero de una decisión. 

A Estados Unidos llegan cada año más de 100 mil inmigrantes de todas partes del mundo; no todos se quedan por aprobación de ese gobierno. Claro está, que ninguno es como Pacheco. 

CARTA a Reinaldo CEDEÑO sobre el origen de un PLAGIO y una INFAMIA


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(Esta fue una de las cubiertas del engaño, que jamás salió. Puede verse el lomo del libro y hasta algunos arreglos)

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  A propósito del artículo EDGARD GOUSSE: El infame oportunismo, y su repercusión.  MARCAR en:

 Por Elvira Orozco Vital

Santiago de Cuba, 25 de julio de 2014.-  Querido amigo. Tardé en escribirte por problemas con mi conectividad.  ETECSA hizo cambios de plataforma en el Servidor, olvidé la fecha y me quedé en el aire hasta hace unos pocos días. Pero aquí  estoy, apoyándote, esta causa justa.   Siempre he dicho que lo que nunca nadie puede robar es el talento de una persona.

Él no me  sorprende, porque calé bien hondo hace mucho tiempo, la característica de ese individuo de marras, a quien se le rendía honores, en el “Apart Hotel”  de Villa Trópico,  donde solía vivir, semanas, meses, aquí en Santiago de Cuba.

Lamento que sea haitiano, porque en Haití  nació mi abuelo materno a quien conocí apenas una pequeña. Ese es, un país sufrido y apaleado por siglos de sumisión y esclavitud, de hombres como Toussaint  Louverture, que supo revelarse y levantar una revolución, pero que contó con gobernantes entreguistas que vendieron su alma al diablo como Edgard Gousse, pero tiene buenas personas, y  entre ellas, hay gente que emigra, o gente que abochorna,  como el que se radicó en Canadá hace años, pienso que fachada tendrá en ese país este tipo que hoy es tema de análisis y confrontación.

 Supe de Edgard Gousse, a través de los comentarios que hacían algunos participantes en las fiestas que orquestaba , todo al calor de la Fiesta del Fuego y de algunos genuflexos (no voy a mencionar sus nombres) que ensalzaron su mediocridad. Supe de las promesas postergadas  por que nunca llegaron a cumplirse. Pero, siempre me mantuve lejos de su círculo.

Lo doloroso de este asunto radica en haber dedicado tanto sacrificio y entrega, para que un ladronzuelo de poca monta te haya engañado, más bien, viva engañando de la manera que lo hace.

La mentira tiene patas cortas  y esta denuncia pública llegará a muchos lares, por suerte, gracias a la tecnología moderna, que también le sirve a Edgard Gousse para engrosar suciamente su bolsillo, pero que de hecho se convertirá en su boomerang. Por lo tanto, querido amigo, en mi apreciación, no todo está perdido. Uno gana de los golpes bajos que la vida te da, que vienen de personas inescrupulosas, oportunistas y viles como Edgard Gousse.

Quien te haya leído, -como yo-, y haya seguido tu obra en materia de poesía y narrativa, o conocido de tus éxitos literarios más allá del periodismo, saben bien de tu sello personal al  escribir, tienes un estilo propio e inconfundible, que nunca disfrazará la traducción que en creole o buen francés lleve este texto, u otro subterfugio, que  haya utilizado, Edgard Gousse. Lamento que a la luz del Siglo 21, sigan sucediendo estas cosas. Pero, Cedeño, permíteme recordar este  poema de José Martí que muy bien titulara “Yugo y estrella”, que evoco aquí, aplicable a este caso:

Cuando nací, sin sol, mi madre dijo: / ¡Flor de mi seno, Homagno generoso /De mí y del mundo copia suma, /Pez que en ave y corcel y hombre se torna, / Mira estas dos, que con dolor te brindo, /Insignias de la vida: ve y escoge. /Éste, es un yugo: quien lo acepta, goza:
Hace de manso buey, y como presta / Servicio a los señores, duerme en paja
Caliente, y tiene rica y ancha avena./ Ésta, oh misterio que de mí naciste
Cual la cumbre nació de la montaña/ Ésta, que alumbra y mata, es una estrella:
Como que riega luz, los pecadores /Huyen de quien la lleva, y en la vida,
Cual un monstruo de crímenes cargado, /Todo el que lleva luz se queda solo.
Pero el hombre que al buey sin pena imita, Buey vuelve a ser, y en apagado bruto
La escala universal de nuevo empieza. El que la estrella sin temor se ciñe,
¡Como que crea, crece! Cuando al mundo/De su copa el licor vació ya el vivo:
Cuando, para manjar de la sangrienta/ Fiesta humana, sacó contento y grave
Su propio corazón: cuando a los vientos /De Norte y Sur vertió su voz sagrada
La estrella como un manto, en luz lo envuelve, / Se enciende, como a fiesta, el aire claro, /Y el vivo que a vivir no tuvo miedo, /¡Se oye que un paso más sube en la sombra! / Dame el yugo, oh mi madre, de manera/ Que puesto en él de pie, luzca en mi frente/ Mejor la estrella que ilumina y mata.

Te convoco -como hizo en su época José Martí-, a que te pares, firme sobre el Yugo,  sin miedo a que te alumbre la estrella que ilumina y mata.

 Edgard,  lleva en sí la ignominia y el descrédito. Ahora, gozará por breve tiempo de un triunfo inmerecido, pero más temprano que tarde, la vida le pasará la cuenta.

Como bien dices y cito:
“A estas alturas he visto publicado mi nombre en libros, revistas o periódicos más veces de lo que imaginé. No se trata de eso. Mi madre me enseñó desde muy joven a jamás ambicionar lo que no me pertenece, pero también a defender lo que merezco.”

Sé que no es eso lo que  lastima tu alma y espíritu, es la felonía de un Don Nadie, que ha llegado a donde está como un polizón, de barco en barco, sin pagar la travesía y un mercachifle de pacotillas. Ese es para mí, Edgard Gousse, cuya vida no tendrá un final feliz,  quién sabe, quizás este sea un desesperado y último zarpazo.

 Y los poetas noveles que no recibirán el estipendio merecido, súmense al reclamo, recuerden que en la unión está la fuerza.

VER ARTÍCULO Edgard Gousee; El infame oportunismo,  y los comentarios que suscitó.
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DEL BALLET AL BEMBÉ VA UN PASO


♣  Mención en el Concurso Nacional de la Crónica  ENRIQUE NÚÑEZ RODRÍGUEZ 2014.
 
  
Jesús García Clavijo

Hace muchos años, durante  mis estudios   para  prepararme  como ingeniero en  La Habana,   una carrera de “machos”, según algunos,   asistir a las funciones    teatrales  y de  ballet, los  sábados y domingos,  tenían cierto carácter clandestino en la beca.

   Me encontraba hospedado, fines de semana,  en  una casa de visita de la escuela de arte donde  conocí a una amiga que estudiaba danza, con quien aprendí   -que eso de apreciar el arte-  era otra cosa.

  Voy al ballet y no sé mucho de pasos, saltos ni nada; pero me gustan los colores, la técnica, la música y hasta ver a  las personas de atrás que se paran y gritan braaaavo.

   Mi amiga era becada y decidimos estrechar la amistad. Para eso debía saber de ballet,  ella era muy culta y buena en su materia,  solo quería además de amor,  ir al ballet; por eso aprendí algo de pasos, gestos y técnicas del género.   Me ponía a ver las prácticas  con gusto, pues ella estaba allí,  me gustaban realmente,   y el ballet,  porque ella me invitaba casi obligado a ir, como los delfines, si hacen bien el ejercicio le dan sus raciones de pescado...

   Ahora que analizo, yo era un delfín en esos años y no me daba cuenta.

   En las funciones, cuando los del fondo gritaban braaaaavo yo le preguntaba a mi amiga,  si estaban bien o mal orientados, ella me respondía con mucha seriedad y sin inmutarse: No,  esos son amigos. Entonces yo no aplaudía.

  Volvían a gritar braaaaavo y  yo a preguntarle si era algo genial lo que habían realizado y me respondía: Si,  son los mismos amigos,  pero ahora tienen razón.

   Así mis bravos siempre llevaban segundos de diferencia a los de los asistentes del fondo y a los que  sabían del arte.

   Como ella era muy culta, pero además con sus cosas de mujer fuerte, decidí no preguntar tanto y me pasaba con el rabillo de un  ojo mirándola y con el otro ojo miraba el baile, si ella aplaudía y gritaba yo lo hacia también,  aunque  era por solidaridad   y no por saber del género.

    Una noche, a la salida del teatro, me encontré con  Raimundo, un compañero  de la preparatoria, negro, de seis pies, boxeador, le gustaba tomar ron y tenía una pistola, con la que hacía frecuentes prácticas en los campos de tiro cercanos a la escuela. Era todo un personaje de guapería de los años sesenta, pero en el fondo era un campesino buena gente. 

De todas formas, me vio saliendo del ballet rodeado de gente rara,  según él,  y  el lunes me miraba serio en la universidad,  por lo que lo llamé aparte y le di mil explicaciones para que no regara la voz a los demás pues caería en baja en el grupo y me dijo que me fuera a otras cosas más de machos. Me prometió silencio y seguimos amigos como antes.

   Una noche me invitaron a un bembé  en Regla, al otro lado de la bahía de La Habana,  y para hacerme el más macho, se lo dije a Raimundo y me dijo que ese era un reparto malo de noche, de peligros y que si lo  invitaba  llevaría su pistola para cuidarme.  

   Raimundo practicaba la santería, pero no quería que nadie lo supiera, ni yo.

   Tres horas después de la invitación,  estábamos entrando al local de los sucesos.

   Arrancó la cosa y yo mirando los bailes, los ritos, los gallos muertos, el humo,  comienza el toque de santo y el negro Raimundo,  que era mi escolta según él,    montó un muerto, y  tuvimos que salir corriendo pues al sentirse montado por el santo,  trató de darme la pistola para guardarla y todos la vieron cuando alzó la mano con el arma,   y  a gritar y a correr por el peligro  los santeros, y nosotros.

   Se terminó el bembé  allí  mismo y a la media hora de carrera,  casi llegando al malecón,  fue que se le quitó al negro Raimundo el muerto del santo.
   Se pasó medio domingo pidiéndome de favor que no contara lo sucedido a nadie en la universidad y me dio una clase de santería que me ha servido hasta hoy.

   Favor con favor se paga, pero metí al negro en cintura y guardamos el silencio hasta que nos dimos cuenta,  casi al graduarnos, de los tontos que éramos en esos años iniciales de guajiros en La Habana.

   Raimundo se hizo santo,  lo vi años después en un mercado de la capital lleno de collares, y revivimos aquellos días, no sin antes preguntarme sonriente,  si yo estaba en un grupo de ballet en Santiago de Cuba.

   La amiga del ballet  fue de gira a EEUU y se quedó allá,   me lo dijo la  hermana años después, cuando  me la encontré de paso en el aeropuerto de Varadero donde nuestros respectivos vuelos hicieron escala por mal tiempo. Dejó la danza,  trabaja de empleada en una casa americana, más nunca he sabido de ella, pero luego de la noticia, pensé que antes de su viaje,   a pesar de que ya no éramos amigos de ballet,   nos pasamos un día en la playa con su familia, quizás se estaba despidiendo.

   La gente se despide de las formas  más variadas del mundo.

  Hace años no voy al ballet ni a un bembé y los extraño.

miércoles, 23 de julio de 2014

PRESENTARÁN LIBRO DE MEMORIAS DEL HURACÁN SANDY



El libro La noche más larga, memorias del Huracán Sandy, será presentado el próximo jueves 31 de julio a las 10.00 de la mañana  en el Salón de los Vitrales de la Plaza de la Revolución Antonio Maceo de Santiago de Cuba.

El volumen, bajo la selección del periodista y poeta Reinaldo Cedeño Pineda, explora la madrugada del 25 de octubre de 2012, cuando el territorio santiaguero resultó afectado por uno de los fenómenos naturales más devastadores de su historia.

Crónicas, testimonios y poemas relatan, al decir de su compilador, “la consternación de aquella madrugada, el no saber por donde empezar, los primeros brotes, la angustia por lograr una cobija (…) así como la voluntad recuperativa y las manos tendidas desde toda Cuba, desde otras geografías”.



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Foto: Jorge Abdala

El libro resulta un hermoso regalo de Ediciones Santiago y la Empresa de Artes Gráficas Federico Engels, así como de un equipo integrado por Lina González Madlum (edición), Marta Mosquera y José Antonio Limonta (diseño) y Javier Laffita (composición).

 La noche más larga contó con el respaldo de las máximas autoridades de la  provincia, y reúne en más de doscientas páginas, obras de 55 autores, así como un material fotográfico de excepción.    


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Foto: Miguel Rubiera

martes, 8 de julio de 2014

Edgard Gousse: EL INFAME OPORTUNISMO



  
♣ A propósito de la antología bilingüe de poesía joven cubano-haitiana CAMINOS POÉTICOS-CHEMINS POÉTIQUES  Voces nuevas de Cuba y Haití / Voix nouvelles de Cuba et d' Haiti (Editorial Tres Américas)
presentada en el XXXIV Festival del Caribe, Santiago de Cuba, el  6 de julio de 2014.

Por Reinaldo CEDEÑO Pineda

Esta es la historia de lo que nació como un hermoso proyecto y acabó convertido en una infamia. Como se trata de un libro que implica a muchos escritores, como su presentación se han hecho pública, como puedo decir con orgullo que lo ayudé a existir, aquí van estas notas. Los que me conocen saben que nunca las hubiera querido redactar.

   El haitiano-canadiense Edgard Gousse, a quien conocí por el poeta Jesús Cos Causse hace algunos años, me comisionó en casa de la inefable Marlene —compañera de muchos años de Coss― para un posible libro que abarcaría la obra de la joven poesía cubana y haitiana. Él se encargaría de la hermana isla y de 17 autores, y yo de seleccionar a otros 17 jóvenes poetas en la Mayor de las Antillas, mas la presencia especial de la núbil Libertad Dearriba.

    De aquella conversación fueron testigos José Orpí, la propia Marlene y León Estrada. Este último trabajaría a su vez en una antología general de poesía cubana. La idea era un trabajo a dos manos. El haitiano mostró incluso una posible cubierta ya hecha que mostraban a dos autores. Así quedamos en ese primer contacto, y en los posteriores.
 


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(Esta fue una de las cubiertas del engaño mostradas, que nunca llegó a realizarse. En la imagen también se incluye el lomo del libro y algunos arreglos hechos por la mano del propio Edgard Gousse)
   
En fatigosas jornadas, durante meses, robé tiempo a mi trabajo y a otras responsabilidades para honrar mi compromiso.  Primero, se dieron a conocer  las bases de manera digital e impresa —incluido el periódico Juventud Rebeldey se creó una cuenta para que los interesados enviaran sus poemas. Aquello parecía serio. Sobre la base de mi juicio, de una intensa lectura y de la sugerencia de otras personas, seleccioné y busqué autores jóvenes de valía a lo largo del país.

    Podría hacer otro volumen  de cómo logré localizar y convencer a algunos de ellos, porque se exigían  textos INÉDITOS. 

  Consulté, devolví, pedí explicaciones y hasta incluí ―a petición del mismo Gousse y con preguntas preparados por ambos— cuatro interrogantes que vinieron a complicarlo todo porque necesitó otras tantas consultas; pero esa petición también fue completada. Fue, en verdad, un trabajo de primer editor.

  Correos fueron y vinieron, llamadas fueron y regresaron desde Pinar del Río hasta Guantánamo, sin que mediara más financiamiento que el de mi menguado salario. Tuve incluso que reponer el teclado de mi computadora, que se resintió de tanto trabajo. Lo expongo no como arrepentimiento, sino para que se sepa el carácter de la contribución.

   Cada centavo lo di por bien empleado. Se trataba de la posibilidad de abrir puertas a voces nuevas de la lírica cubana. 

  Gousse seguía sumando iniciativas a la antología. La última fue una reseña crítica de cada autor. Traté de disuadirlo —no porque lo considerara intrínsecamente una mala idea―, sino por el riesgo de establecer criterios sobre la base de unos pocos poemas. En mi opinión, se actuaría de una manera impresionista, porque en algunos casos, las breves carreras de los autores aún no habían arrojado libros. Era difícil. Lo intenté, no obstante, y le envié lo escrito sobre Libertad Dearriba ―publicado en más de un sitio— y Eliécer Almaguer, mas mi partener en la antología tenía otras consideraciones, otros gustos. 

  Le dejé el camino expedito para que tomara de su mano esa parte del volumen. ¿Qué más podría hacer? Un estilo no es posible cambiarlo. En el  interín, por cierto, también decidió no seguir trabajando con Edgard Gousse, el poeta  Agustín Garzón quien le ayudaba sin descanso en la traducción.

  Le suministré entonces, escrupulosamente, todos los datos de los autores cubanos: fechas de nacimiento, direcciones postales y electrónicas, biografías, fotografías,  las respuestas a las pequeñas entrevistas autor por autor y, por supuesto, los poemas ya decantados. El núcleo de la antología estaba terminado, la papilla lista. 

     Sin embargo, CAMINOS POÉTICOS-CHEMINS POÉTIQUES  Voces nuevas de Cuba y Haití / Voix nouvelles de Cuba et d' Haiti aparece ahora como obra de un solo autor. Mi nombre —que es decir mi esfuerzo― fue remitido “al corazón profundo” del libro. Tal fue el término empleado por Gousse. Léase: un puntaje apenas visible como seleccionador, una mención en los agradecimientos. Un ninguneo. 

Ni el propio Edgard encontraba esa línea de agradecimiento en la presentación hecha este 6 de julio de la Casa del Joven Creador. El trance tragicómico movió a la risa del auditorio


No soy ningún advenedizo en materia editorial y ese despropósito nunca debió ser. Sé donde debe ir cada cosa. El aporte era capital y así debió ser reconocido. Edgard Gousse actuó como el emperador que al no ver cumplidos sus caprichos, pasa por sobre la cabeza de sus servidores. Actuó de mala fe y con una alta dosis de oportunismo, cual si tirara un hollejo luego de exprimirlo. Tengo un vecino que lo llamaría de una manera más fuerte.

   Los  autores cubanos —la mitad del libro— que están aquí son mi responsabilidad. Y también sus versos, sus datos y sus respuestas.  Una antología no existe sin antologador y sin el riesgo de su criterio. Un libro no existiría sin autores, una editorial no existiría sin autores, una imprenta no existiría sin autores.

   A estas alturas he visto publicado mi nombre en libros, revistas o periódicos más veces de lo que imaginé. No se trata de eso. Mi madre me enseñó desde muy joven a jamás ambicionar lo que no me pertenece, pero también a defender lo que merezco.

   Pudiera parecer este un capítulo particular, pero  lo más triste es que no es la primera vez que Edgard Gousse se ve envuelto en capítulos oscuros con escritores de Santiago de Cuba y muchas personas pueden atestiguarlo. Esperemos que sea la última.

   Este es un caso más, donde la nobleza y la confianza se estrellan contra el humillante poder del dinero.

   Si no leí estas notas en la propia presentación del 6 de julio, si domeñé mis demonios fue por respeto elemental a los allí presentes ―haitianos y cubanos―, a la Casa del Joven Creador, a la Asociación Hermanos Saíz y al Encuentro de Poetas del Festival del Caribe que ahora mismo encabeza Teresa Melo. Ellos NO tenían porque pagar semejante acción. 

   Quiero que sepan los poetas Maikel Rico Trujillo, Eilyn Lombard Cabrera, Miguel Cándido Francisco Reynaldo, Yannier Orestes Hechavarría Palau, Jamila Medina Ríos, Reynier Rodríguez Pérez, Eliécer Almaguer Almaguer, Moisés Mayán Fernández, Rodolfo Tamayo Castellanos, Javier Luis Mora, Yoricel Andino Castillo, Raisa Katiuska Olivera Fleitas, Ricardo Javier L. Deville,  Arlin Alberti Loforte, Yunier Serrano Rojas (Valerio). Heriberto Machado Galiana y Daniel Lienz Fariñas, que me alegra su confianza, que me enorgullece verlos en el libro.

   Temo sin embargo, que se agregue a la condición ya sabida de que no recibirán un centavo —así lo establecía la convocatoria divulgada― el que no lleguen los ejemplares a todos.  Debo confesarles que la solución escapó de mis manos. Quisiera equivocarme.

   No me he leído las críticas ni los versos de los poetas haitianos, mas a primera vista CAMINOS POÉTICOS-CHEMINS POÉTIQUES  Voces nuevas de Cuba y Haití / Voix nouvelles de Cuba et d' Haiti (Editorial Tres Américas) parece un libro hermoso. Lástima que siempre lo hermoso, no resulte lo más limpio.

ARTÍCULO RELACIONADO: 

♣ VER.   CARTA A REINALDO CEDEÑO sobre el origen de un plagio y una infamia escrita por Elvira Orozco Vital
  
 

domingo, 6 de julio de 2014

LUIS CARBONELL: El artista total





♣ Homenaje a Luis Mariano Carbonell Pullés en el panel dedicado a figuras del Caribe desaparecidas recientemente, en el que se rindió tributo también a Norman Girvan, intelectual y economista jamaicano, el Nobel colombiano Gabriel García Márquez, la cantante dominicana Sonia Silvestre, y el músico y compositor Juan Formell  /  XXXIV Festival del Caribe Teatro Heredia, Santiago de Cuba, 5 de julio de 2014.

POR Reinaldo Cedeño Pineda 

Si pudiera decirles quién fue Luis Carbonell… pero ni él mismo lo sabía. No ando buscando palabras de ocasión. Un día, una madrugada irrepetible, en el salón del aeropuerto, me confesó: “Yo no conozco a Luis Carbonell, yo aprendo con él, me sorprendo, lo ando descubriendo todavía”.

   No vengo a repetir la biografía de este hombre nacido un 26 de julio, en 1923, en estas calles. Me conmovió —me conmueve aún— su declaración de que “primero era santiaguero y después cubano”. No lo expresó una, sino mucha veces. Lo sostenía firme, la hacía flamear: era su bandera. La patria antes de ser conciencia asoma por el pequeño pedazo bajo el sol. 

   Permítaseme un salto, el primero de muchos. Después que la ciudad fuera arrasada por el huracán Sandy, vino hasta aquí para estrenar  una estampa de Santiago Carnago. Se necesitaban todas las voces, todas las manos. El artista estaba dispuesto a recoger piedras si era preciso, y así lo hizo saber a las máximas autoridades del territorio. De ese tamaño era su desprendimiento de cualquier fatuidad.

   Si me dieran a escoger una muestra de su estirpe tomaría uno de los sucesos antológicos de la discografía cubana. Cuando en 1955 se graba Esther canta a dos, tres y cuatro voces, no se hablaba de pistas y mucho menos de digitalización. Era un tributo a su amistad con Esther Borja. Se necesitaba una disciplina inquebrantable, un nivel de detalle milimétrico. Ambas cosas las tenía Luis y  las tenía la intérprete. 

  Acometió los arreglos musicales para la ocasión, el montaje de las voces, el acompañamiento pianístico (junto con Numidia Vaillant)  y la redacción de las notas. Un artista total. Años después participó en la formación del Cuarteto del Rey ―con el que debutara Pablo Milanés—; en el de Los Bucaneros, Los Cañas… Muchas agrupaciones siguieron consultándole en las décadas siguientes. 

Luis nació para enseñar, aunque no fuese derecho ni medicina como quería su madre. Y en ese camino no solo escaló, sino que supo espantar una montaña de prejuicios.     


   ¿Cómo logró aprenderse la monumental Elegía a Jesús Menéndez de Nicolás Guillén? ¿Cómo seguir al Capitán  Muerte? ¿Cómo decir Jesús / caña / Manzanillo / ejército?  También se lo pregunté.  “Estudiar”, fue su única respuesta, lacónica respuesta. Algo debió notar en mi rostro, alguna sombra, cuando decidió agregar. “En realidad son tres cosas: Estudiar, estudiar y estudiar”.

     Vivió de la poesía, lo que no puede decirse de nadie, de casi nadie. Y lo mejor, nos hizo vivir con ella. Le extrajo el zumo a cada frase, llevó cada palabra al límite.  De la cáscara a la médula descarnó el poema, y luego lo vistió, capa por capa, dando la gentil impresión de no haberlo tocado nunca.

   Pepe Biondi, el artista argentino, le confesó un día: “Usted no recita. Usted dibuja los versos, los pinta. Usted es un acuarelista de la poesía”.  Y aquel bautismo, con el aderezo antillano, la acompañó para siempre en escenarios del Caribe, América del Sur, Estados Unidos y Europa. 

   Hizo a Lorca y a Camín, a Palés Matos y a Eloy Blanco, a Tallet y a Ballagas. Hizo grandes poemas y grandes autores; pero también insufló vida a obras que no parecían mucho. Las puso a levitar. 

  Se empeñó en decir que no escribió poesía, intentó demostrárnoslo; pero ya sabemos que la palabra rodaba por la punta de sus dedos, nos recorría, nos trajinaba, nos llevaba donde quería y luego… le bastaba halar el cordel. 

   Si pudiera decirles quién fue Luis Carbonell, pero no nos hará falta.  Véanle cruzar los brazos y mecer al bebé… diente de merengue, bemba de caimito… Mirad como sube el olor de la madera, el olor a hembra, a macho y a rústico barracón…  como se dibuja el aire, como un llamado elástico hace el milagro: Fulóooo. Y como llega aquel Niño,  con guantes y to, che ché; como aplaude, como grita, como pronuncia su nombre, igual que el niño Valdés.