lunes, 20 de octubre de 2014

ENTREVISTA EXCLUSIVA / Juan Carlos Roque: CONTAR HISTORIAS CON VOZ PROPIA


 

POR Reinaldo Cedeño Pineda
Fotos: Cortesía del entrevistado

Juan  Carlos Roque García es un caballero andante, un excepcional constructor de historias. Nacido en Güira de Melena, en 1960, dejó su huella en programas como Haciendo Radio y el Noticiero Exclusivo de Radio Rebelde.  Durante casi dos décadas fue Redactor Jefe del Departamento Latinoamericano de Radio Nederland y realizador del programa multicultural Voces.


   Buena Vista Social Club: el camino del éxito (sobre Compay Segundo); Cuba, el éxodo del 80 (historias de los marielitos, 20 años después), Cartas de una madre (una anciana escribe una carta semanal a su hijo que vive en Miami) o La  reconciliación no se decreta (la huella y el horror de las dictaduras sudamericanas), entre otras obras de su autoría, han recibido reconocimientos internacionales, incluido el New York Festival.



(Juan Carlos Roque entrevista a una leyenda, Compay Segundo)

Actualmente es miembro del consejo académico de la Bienal Internacional de Radio de México, y desde Holanda se desempeña como consultor en Comunicación, a través de Roque Media Consulting  (http://roquemedia.com), que lo ha llevado a España y Ecuador; a las Romerías de Mayo (Cuba), el Centro de Producciones Radiofónicas de Buenos Aires o la Florida International University de Miami…

   Una reciente visita a La Habana y un diálogo de cubano a cubano que traspasa el océano, nos permite acercarnos a un radialista inquebrantable.

CON LA PALABRA

¿Cuándo se despierta su interés por la radio y cuándo la siente definitivamente?

   La radio llegó a mí a mediados de la década de los sesenta, siendo niño, a través del  tic tac de Radio Reloj. Tía Tata cuenta cuentos me ayudó a imaginar lo nunca visto. Lo que vino después fue casualidad: con la radio-base de mi escuela pasé de oyente a improvisador, me situé frente al micrófono con mis tímidos 13 años. Inoculado llegué a Radio Ariguanabo en San Antonio de los Baños, que me acogió como corresponsal voluntario, guionista y presentador de un programa para jóvenes…

   ¿Qué caminos le llevan a Exclusivo de Rebelde  y qué marcas le dejó?

   La radio la llevaba a cuestas. Así llegué a Radio Cadena Habana, donde encontré el secreto: contar historias. Un  día, Juan Hernández, director de Radio Rebelde, me llevó a experimentar el ritmo de la vida en esa emisora, en 1988, cuando solo tenía dos años de graduado de Periodismo en la Universidad de La Habana.

   La manera particular de contar las historias hizo que Daniel Torres me incluyera en el Noticiero Exclusivo, como titular del móvil La Calle. Dejé el laboratorio de realización radiofónica y empecé a reflejar la problemática de Cuba y su gente, en vivo. Y si hubo un programa donde me sentí periodista, al servicio de mi pueblo, fue ese.

   Coincidió que hacíamos aquel periodismo cuando en la Unión Soviética, estaba el proceso de la perestroika y glasnot, y hubo quienes nos asociaron a esas tendencias, cuando  respondíamos al  llamado proceso de rectificación de errores de Cuba, que nunca llegó a completarse. Y esa apertura que llevamos adelante, si bien era vista con buenos ojos por algunos cuadros y dirigentes de las altas esferas, a otros les molestó. 


    

(Juan Carlos Roque entrevista a tejedoras en Perú)

Radio Nederland: ¿qué caminos entretejió, qué mundos descubrió?

   Llegué a Radio Nederland en 1995, gracias a su realizador Alfonso Montealegre, que conoció mi trabajo en La Habana en 1992 y me invitó a colaborar desde Cuba, y luego con informes esporádicos desde México y Argentina. Tres años después, solicité una vacante en el departamento latinoamericano, y fui seleccionado. Fue un contrato de un año que se convirtió en indefinido, hasta el cierre de la emisora el 29 de junio de 2012.

   Esos 17 años me permitieron adentrarme en América Latina y entretejer sus sueños con los hilos de sus voces y sonidos: Investigué las desapariciones,  reflejé el sentir de afrodescendientes e indígenas,  dialogué con líderes mundiales y locales, conocí a gente humilde y sus luchas. Di voz a los que no la tenían. 
  
¿Cuál es, según su juicio autorizado, la piedra de toque de un comunicador, especialmente de un comunicador radial?

 Ya lo dice la palabra, comunicar, saber transmitir una idea por medio del lenguaje oral o escrito con la ayuda de las palabras. Lo que llamo la  habilidad de combinar las ilusiones y realidades a la hora de expresar lo que vemos y sentimos. Me atrevería a asegurar que la voz transmite un 50 por ciento de lo que decimos con las palabras. No se trata solo de tener una voz bonita, clara, agradable. No, es mucho más que eso. Es el convencimiento con que expresas las ideas. Es la personalidad detrás del que habla.

CUBA, EL MUNDO, LA RADIO

¿Cómo se ve y se siente Cuba desde Holanda?

   A Cuba se le ve exótica y distante desde Holanda. La  mayoría de las veces, se le aprecia solo por sus playas, sus mujeres, el ron, el tabaco, la buena música. Cuando un tema logra trascender, es por el lado oscuro de las cosas. En medio de  esas imágenes repetitivas, surge entonces la añoranza. A esa hora, extrañas todo: el olor a mar, a frutas tropicales, que aunque se venden, parecen haber perdido su aroma en las neveras.

   Echas de menos el ambiente de sus calles, el ajetreo de la vida diaria. Pero, lo que más hace el vacío es la ausencia de la familia, de los amigos de toda la vida. Hay cosas que no tienen sustituto. Y no es que no tenga amigos surgidos al calor de la nueva convivencia. Sencillamente, es imposible avivar la lumbre con nieve.




(Juan Carlos Roque en un curso taller en Morelia, México)

¿Cuál es la filosofía y proyección de Roque Media Consulting?

  Con Roque Media… intento dar respuesta a mis anhelos como comunicador. Quiero enseñar a los más jóvenes lo que he aprendido durante 40 años. Diseño y realizo in situ noticieros o programas de radio. Y hasta creo, reviso o adapto parrillas de programación a distancia. Pero, el eje fundamental de este proyecto es la capacitación y formación de nuevos comunicadores. Organizo talleres y cursos sobre realización radiofónica. Imparto charlas sobre el mundo de la radio.
   
¿Cree que hoy, la radio tiene un espacio, o es acaso ya un actor de reparto?

¿Cómo que actor de reparto? La radio sigue siendo protagonista junto a otros medios que vinieron después. Si bien me preocupa que casi no se vendan aparatos receptores en las tiendas,  la radio va a seguir existiendo. Y qué decir de los momentos que prueban su invencibilidad frente a otros medios: ante la ocurrencia de huracanes, después de terremotos, incluso guerras, porque no siempre la conexión vía internet estará venciendo fácilmente eventos de esa naturaleza.

  Aquí vamos a estar o estarán los que la amamos y creemos en su eterna magia, esa de la que no pueden apropiarse sus grandes competidores.


viernes, 17 de octubre de 2014

Liliana Casanella Cué: MÚSICA, EXÉGESIS Y RIESGO



(“La música es un poderosa herramienta  para conocernos a nosotros mismos,”, afirmó la investigadora Liliana Casanella Cué en lapresentación de su libro MÚSICA POPULAR BAILABLE CUBANA en el Festival MatamoroSon 2014 en su natal Santiago de Cuba)

Reinaldo Cedeño Pineda

La mulata Celestina / le ha cogido miedo al mar / porque una vez fue a nadar / y la mordió una guabina… (guaracha anónima, siglo XVIII) Es carne de masa sola /que el carnicero sujeta/ con ella forma una bola / y con un hilo la aprieta  (guaracha anónima, Siglo XIX) Las que no sean de talle gracioso/ de andar salamero con gracia especial/ esas no son cubanas (Ignacio Piñeiro, son, 1920)
 
    Salí de casa una noche aventurera / buscando ambiente de placer y de alegría… / En Catalina me encontré lo no pensado / La voz  de aquel que pregonaba así / Échale salsita (Ignacio Piñeiro, son, 1920) Mamá, yo quiero saber/ de dónde son los cantantes/ que lo' encuentro muy galantes / y los quiero conocer (Miguel Matamoros, son, 1920) Valga que hablé que si no…/ Valga que hablé que si no.. / Me coge el gallo Rufina. / Eso lo dijo el perico / cuando un gallo equivocado / lo confundió con gallina. (Ñico Saquito, guaracha, 1930) 

   Pero que bonito y sabroso / bailan el mambo los mexicanos / mueven la cintura y los hombros / igualito que los cubanos  (Benny Moré, mambo, 1950) No quiero codazos / Ni tampoco cabezazos / Lo que yo quiero es una pelea / limpia como no hay dos  (chachachá, Rafael Lay, 1950) Cuando llego yo a la fiesta / las nenas se me alborotan / dicen que yo soy candela / dicen que yo soy el diablo / y no es verdad / Cojan turno, tengan calma (Enrique Jorrín, chachachá, 1950) Esa cosa que me hiciste mami / me gustó…/ me gustó (Lilí Martínez, son, 1950) Le he dicho a María Caracoles / que no baile más mozambique / y por mucho que se lo digo / María Caracoles, tú siempre sigues (Pello El Afrokán, mozambique, 1960)

   Ay, si el niño no quiere naranja / Bríndale limón (merengue haitiano, 1980, Los Karachi) Y dicen que, / que a esa muchacha no hay / quien le ponga el freno que / que que de qué / Qué facilidad / ¡Mírala! / ¡Mírala! /Sandunguera / que tú te vas por encima del nivel (Juan Formell, songo, 1980) Puede ser muy linda, / linda por fuera / y tú no sabes si por dentro / es una escoba barrendera (Rodolfo Vaillant, guaracha–son, Estrellas Cubanas, 1980) 

    La negra no quiere / que le monten la guagua por detrás (Adalberto Álvarez, son, 1950) La vida es un circo/ todos somos payasos / escasean los magos/ todo me da asco…/ Tú cambiaste mi amor por diversiones baratas… / Tú eres una bruja, / una bruja sin sentimiento / tú eres una bruja (José Luis Cortés, timba, 1990) Búscate un temba que te mantenga / Pa´ que tu goce, pa' que tu tenga (David Calzado 1990)
   Apenas una gota de nuestro océano musical. ¿Quién? ¿Quién se atreve a ignorar que la música popular bailable es parte de esa síntesis asumida de una comunidad, el sello espiritual que deviene de choques, refundiciones y refundaciones. Es decir, nuestra identidad. 

   ¿Acaso hubiésemos existido, hubiésemos resistido sin la picardía, sin el doble sentido, sin ese gracejo criollo que encarna por excelencia la música popular bailable?


(La escritora Liliana Casanella y el presentador Reinaldo Cedeño en el Callejón del Carmen. Festival MatamoroSon Santiago de Cuba, 2014)

    Liliana Casanella Cué (Santiago de Cuba, 1965) se sumergió en esas aguas, buceó, halló luces en el mismo sustrato y emergió con este libro: Música popular bailable cubana. Letras y juicios de valor (Siglo XVIII-XX) Ediciones CIDMUD 2013, entiéndase Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana, con la edición y corrección de Charo Guerra. 


   El volumen llega avalado nada menos que  por una mención en el Premio de Musicología Casa de las Américas 2012 y por el Premio Caturo de la Fundación Fernando Ortiz 2014, otorgado al libro de mayor aporte al estudio científico de la cultura. Después de semejantes lauros, ya imaginará el lector la recia investigación contenida en estas 342 páginas. Casi no hay que decir más, pero he decidido arriesgarme, más bien solazarme
 


   Citemos en primer lugar a la propia autora, es pertinente: “La creación musical popular, como constructo activo del acontecer social y con una visión de divertimento bailable y de crónica muy definida, no puede existir al margen de la evolución sociolingüística. Tratándose de textos  concebidos para la comunicación oral (cantar, escuchar) se explica que sus principales recursos  respondan esencialmente a los principios de sonoridad, ritmo y eufonía. Desde el punto de vista estructural, el autor recure más a elementos reiterar imágenes fácilmente decodificables, de notable expresividad y plasticidad que difícilmente encontrarían validez en la poesía escrita”.


Así dicho, con semejante claridad, desde una mirada escrutadora, se acerca Liliana Casanella Cué a la música popular bailable cubana desde los mil setecientos hasta el siglo veinte. No debe olvidarse, advierte que “el material sonoro, en este caso las letras en la Música Popular Bailable Cubana, se articula sincrónicamente con representaciones sociales que adquieren relevancia en períodos concretos y crean sedimentos de significados según la escucha y el consumo”.

   Su capacidad para traspasar la mera relación de textos musicales en orden cronológico y  situarnos continuamente en los contextos sociales;  su demostración de que los acercamientos a la música popular, devienen desde “códigos clasistas, raciales y éticos”; sus revelaciones sobre los monopolios mediáticos en la producción crítica y su observación sobre los juicios meramente literarios que obvian funcionalidades discursivas y destinatarios o sobre la lenta asimilación de la dinámica creativa de esta vertiente musical  y sus transgresiones de los estilos acuñados. Ahí radican puntos  nodales del libro, aportes nada despreciables.   
   
 Música popular bailable cubana. Letras y juicios de valor (Siglo XVIII-XX) recorre los juicios de valor establecidos, primero desde los moldes europeos y la llamada música culta, sus códigos e imaginarios, los artículos y reseñas de épocas idas y épocas recientes, hasta los acercamientos y las críticas impresionistas que al acercarse a la filosofía popular contenida en los temas —mirándolas siempre desde arriba  o desde al lado―, las acuñan como música de la gentualla, música obscena o indecente, música viciosa, música bárbara, música inmoral, música chabacana, música populachera, música de negros y mulatos, como aquellas de los caleseros que a “golpe de palos sobre la tabla trasera del carruaje  los rayos de al ruedas entonan cántico infernal medio africano y medio bárbaro”.

  Para integrar en un solo corpus sus presupuestos, la autora nos asoma a un amplio abanico que deviene lo mismo de las páginas de El Regañón de La Habana, que de lejanos, desconocidos, viajeros, famosos de la música, la investigación,  el periodismo, la musicología… que escribieron sobre el tema. Abeja laboriosa que obtiene miel de toda flor. Cítense algunos nombres como los del bibliógrafo Antonio Bachiller y Morales Francisco Calcagno, Walter Goodman, Luis Casas Romero, Fernando Ortiz, María Teresa Linares, Argeliers León, Rosendo Ruiz, Helio Orovio, Leonardo Acosta, Danilo Orozco,  Alejo Carpentier, Zoila Lapique, Roberto Zurbano. 

   Estoy seguro que os asombraréis cuando lean algunos de estos párrafos. 

  Música popular bailable cubana. Letras y juicios de valor (Siglo XVIII-XX), no es la narrativa de esas valoraciones, no es la unidad de la dispersión; en todo caso, no es solo eso.  Dicho en una frase: el libro no es un  compendio, es una exégesis. Su inmersión es de tal profundidad que, de manera natural, arroja nuevos juicios valorativos, deja establecida la necesidad de un norte (otro) en las aproximaciones al tema; despeja exclusiones y elitismos, para develar su trascendencia  y pone en su justo contexto, el marcador socio-estético de nuestra música popular bailable, proa de la cultura cubana. 

  Empero, no os asustéis. El libro es capaz de seducir a críticos y al más humilde de los mortales, al bailador, al curioso. Y por si fuera poco, incluye una selección de clásicos de la música popular. 

 
(Liliana Casanella, agasajada en el Festival MatamoroSon por música en vivo. En la imagen junto a su sobrina Julieta y al bibliotecario Eduardo Delgado)


Liliana Casanella Cué, filóloga por la Universidad de Oriente, Máster en Música, mención Musicología en el Instituto Superior de Arte, autora de En defensa del texto que también tuve el honor de presentary miembro de la UNEAC y de la Asociación Cubana de Comunicadores Sociales, posee un verbo medular y  una literatura transparente. Nos introduce en la cópula de la música popular bailable en los salones de los cuarenta-cincuenta, en la timba y el son, en los cambios e ideologías de los sesenta-ochenta,  con la misma facilidad que refiere los cánones musicológicos.

  Pablo Villa advierte que “la música popular no solo expresa sentido a través del sonido, las letras y las interpretaciones sino también a través de lo que se dice de ella”. Pero tengo que decirlo, Liliana Casanella Cué me ha condenado. Aunque lo bailable no es mi fuerte —natura no me dotó particularmente con esa gracia―, cuando me arriesgue a echar un paso,   cuando escuche las descargas, cuando ose escribir, estaré abriendo mentalmente las páginas de su autoría.  
  Polémico, cuestionador, múltiple y serio. A la cultura cubana le hacía falta un libro como este. Claro, todo esto hubiera podido decirse en siete palabras: “Ese libro que escribiste, mami, me gustó”.

  Al lado de la estatua de Don Miguel Matamoros.
Santiago de Cuba,  17 de octubre de de 2014. 


sábado, 11 de octubre de 2014

(Con Fotos) LIBRO A LA CARTA con Reinaldo Cedeño


Reinaldo Cedeño entrevistado por Fernando Rodríguez  Sosa


Escrito por Viviana Reina Jorrin / OPUS HABANA

A propósito del XIV aniversario del programa cultural Libro a la carta –en su sede de la librería Fayad Jamís–, tuvo lugar el lunes 22 de septiembre un encuentro con el periodista, poeta, crítico e investigador santiaguero Reinaldo Cedeño Pineda.

A través de preguntas y respuestas, el público pudo acercarse a intimidades del escritor, quien aseguró ser «un soñador». 


Reinaldo Cedeño entrega premios a los ganadores habaneros del III Concurso Caridad Pineda In Memoriam de Promoción de la Lectura

La cita concluyó con la presentación del libro La noche más larga: Memorias del huracán Sandy –selección y prólogo de Cedeño–; la lectura de poemas de su autoría y el reconocimiento a los ganadores habaneros del III Concurso Caridad Pineda In memoriam, que, en homenaje a su madre, fundara hace tres años.



Un público de lujo en la librería Fayad Jamís


sábado, 27 de septiembre de 2014

LA TREGUA: Jesús García Clavijo / PREMIO de la Biblioteca Elvira Cape en el III Concurso Caridad Pineda In Memoriam



  


Jesús García Clavijo
 jgclavijo@nauta.cu

Evidentemente hablar sobre un libro favorito es muy difícil porque a lo largo de la vida se van teniendo de acuerdo con cada edad,  mientras más se  vive aumentan,    y llega un punto donde decidirse por uno es tarea compleja.

De  ese modo cuando niño, fue “Granos de oro” y todos  los libros de Martí, luego el “Pequeño príncipe”, después, más acá, “Adiós a las armas”, los cuentos y novelas  de Manuel Cofiño, en especial “Cuando la sangre se parece al fuego”, “El amor en los tiempos del cólera” del Gabo,  en fin, uno va entre los clásicos y los que se adaptan a las necesidades espirituales del momento.
  
De todos modos, a pesar que de muchos podría decir fueron mis favoritos, me detengo en dos que marcaron mi vida, “El amor en los tiempos del cólera” de García Márquez y “La tregua”    de Mario Benedetti. Entre ellos,  me quedaré con “La tregua”. 

El libro fue escrito al inicio de la segunda mitad del siglo pasado y parece   fue ayer que salió de la imprenta por primera vez al tratar temas tan interesantes y reales como los que encontraremos al salir a la calle mañana o lo que nos pasa ahora mismo, como cuando el día 17 de mayo Santomé le declara su amor a Avellaneda sentados en una cafetería y ella enmudece un rato y luego le dice que  ya lo sabía. Uno de los pasajes más hermosos de la historia del libro.

Escrito como un diario en los últimos meses de trabajo de un jefe de departamento en una oficina de Montevideo, Uruguay, nos asume, con las múltiples aristas de la vida y del tiempo.

El autor es capaz de atrapar al lector desde el primer día que el personaje, Martín Santomé  escribe,  y uno va viviendo lo que el autor dijo hace tantos años.

Así se tratan temas   actuales como las diferencias sexuales,  la familia, las vivencias cuando el tiempo de trabajo se va terminando y debemos ceder el espacio a otros jóvenes, cosa terrible porque vemos, como se acerca, temeraria la jubilación, con la pérdida de roles sociales y familiares, el quedarnos solos frente a las instituciones y frente a la sociedad,  la viudez,  la soledad  de los años, el envejecimiento cronológico y biológico, los últimos estertores de una juventud que se escapa, las transformaciones de nuestro cuerpo,  el amor, esa fuerza que mueve la tierra o nos la derrumba,  en el caso del libro seleccionado, un amor de pareja dispareja por la edad, pero amor,  y un final desgarrador que conmueve.

Ningún final es alentador, pero algunos son peores, como es el caso de este libro, donde se enfrentan el amor, el desamor, la felicidad  y la muerte.

En lo particular he leído varias veces “La tregua”  y me hubiera gustado hablarle a su autor, sobre este libro que marcó mi vida. Ahora siento un pesar tremendo por no haberle agradecido las cosas que fui viviendo-sufriendo  cada día.

De este libro se han realizado varias películas, dos he visto, en  la más lograda y fiel al libro, el papel principal lo interpreta Héctor Alterio como Santomé, y Avellaneda es interpretada por Ana María Picchio, ambos en la versión argentina de 1974, totalmente filmada en locaciones argentinas, que  fue nominada  al “Óscar” al año siguiente en la mejor película de habla no inglesa, en ella sus rostros eran tan intrascendentes como los imaginaba en el libro.  
 Hay una versión uruguaya y otra realizada en México, de todos modos, me gusta más leerlo en las páginas amarillas de uno de los tantos ejemplares que conservo, muchos he regalado y otros se han quedado en los lugares, donde todos los que un día amamos, dejamos nuestros pedazos de ternura. 

Martín Santomé, una persona gris, apagada, solitaria, triste, con desgano por la vida,   con una existencia marcada por la rutina del trabajo que lo aleja de sus hijos,  va transitando por las mismas etapas que el lector, o uno va transitando las etapas de Martín Santomé,  es como si el autor dijera las cosas que pueden pasar durante nuestra existencia y se cumplan.

La vida es un suspiro y hay que saber descubrir las treguas en cada momento y aprovecharlas.

Laura Avellaneda, joven, de rasgos suaves, ojos serenos, nariz fina de pelo corto color negro y piel muy clara, decidida, segura en si misma y de lo que quiere, inteligente trabajadora, amorosa y entregada,  lo saca de la etapa gris de su vida, pasa de  ser una simple empleada que llega a la oficina  al motivo de la existencia de Santomé y al final muere, no sin antes darle una tregua a la vida de ese hombre. 

El amor con Avellaneda fue la tregua que la vida le dio por un tiempo, en el cual Martín cree haber encontrado la felicidad que no había tenido desde la muerte de Isabel,  la madre de sus tres hijos. Este amor con Avellaneda fue un tiempo de felicidad, en una vida condenada a la miseria emocional.

El libro nos enseña que no importa la edad o la circunstancia en que nos encontremos, todos podemos hallar la felicidad en algo o en alguien;   me enseñó a no perder el tiempo sin aprovechar las oportunidades que la vida da, pues al desperdiciarlas, puede ser que las  pierda para siempre y luego  me arrepienta.
El mensaje que  me dejó fue ese, la esperanza de poder encontrar el lado positivo de cada cosa,  de cada minuto en la vida y de aprovecharlo, sin dejar de vivir las pequeñas  y  que el amor, cuando es explicable y lógico, deja de ser amor.  

Este libro debe ser leído, tiene muchas enseñanzas y un poco de misterio,  uno se queda esperando qué pasará hasta el momento de su jubilación cuando dice:

...se acabó la oficina. Desde mañana y hasta el día de mi muerte, el tiempo estará a mis órdenes.
Después de tanta espera, esto es el ocio.
¿Qué hacer con él?
                        
El 27 de febrero, tres nuevos empleados entraron bajo el cargo de Santomé: Alfredo Santini, Rodolfo Sierra y Laura Avellaneda, a esta última en todo el diario la describe como Avellaneda, a quien no considera una preciosura, pero es más pasable cuando ella sonríe y …

Así comienza esta historia de amor y ternuras escondidas en cada página,  y la ternura,  es terriblemente necesaria  en la vida, como el aire, la lluvia, como la primavera.


DEL AUTOR



Jesús García Clavijo (Santiago de Cuba, 1951) Poeta e investigador

El autor mereció Premio del  Concurso Luisa Pérez de Zambrana de poesía 2013 y de los Juegos Florales de Matanzas 2012. Mención en el Concurso Nacional de Poesía Regino Pedroso 2009 y en el Concurso Nacional de la Crónica Costumbrista Enrique Núñez Rodríguez en este 2014.

♣ Ver TODOS los premios, menciones y finalistas del  III Concurso Caridad Pineda In Memoriam de Promoción de la Lectura. Marque:

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ESTE ES MI MARTÍ: Ricardo Hodelín Tablada / Premio de la Unión de Historiadores (UNHIC) / III Concurso Caridad Pineda In Memoriam



Ricardo Hodelín Tablada

La vida y la obra del más universal de los cubanos ha sido reseñada por múltiples autores, muchos de estos libros nos han presentado a un Martí idealizado que roza con la apología, pero esta vez me he encontrado con un Martí diferente, yo diría verdadero. Se trata del libro “De todas partes. Perfiles de José Martí”, publicado por el Centro de Estudios Martianos, La Habana 2012, en su colección Alas de Colibrí, cuya autoría pertenece al historiador Pedro Pablo Rodríguez. Este magnífico ejemplar me hizo recordar la frase del educador brasileño Paulo Freire “leer un texto no es pasear en forma licenciosa e indolente sobre las palabras” y es que precisamente se trata de uno de esos libros capaces de atrapar al lector desde la primera página, obligándolo a pensar y a reflexionar sobre los diferentes planteos que realiza su autor.

“De todas partes. Perfiles de José Martí” es un acercamiento humano al Apóstol desde la óptica del destacado exégeta martiano. Este es un libro, donde hay mucho de aprovechable, que nos presenta una imagen vívida y real del Martí que tanto amamos. Es el Martí que yo buscaba desde hace mucho tiempo, yo diría desde siempre. Es el Martí de verdad que presentía desde que, siendo yo muy niño, leí “La Edad de Oro”. Como bien declara en los inicios el propio autor “Me he animado a entregar mi Martí, el que me he ido haciendo y rehaciendo con el paso del tiempo, desde el privilegio y la oportunidad de haber dedicado parte notable de mi vida al estudio de su vida y de su obra, especialmente a la lectura incesante, repetida una y otra vez, de sus escritos”. Y realmente lo ha logrado al presentarnos el Martí de carne y hueso, un hombre que unido a sus indiscutibles méritos históricos creció como un ser humano excepcional.

No piense usted que por tratarse de un investigador multipremiado con méritos académicos y científicos suficientes -Doctor en Ciencias Históricas, Premio Nacional de Ciencias Sociales y Humanísticas, Premio Nacional de Historia, Académico de Mérito de la Academia de Ciencias de Cuba, entre otros- encontrará aquí un texto con múltiples citas adecuadamente cotejadas, material inédito y numerosas fuentes consultadas. Pues no, he aquí un libro no académico, escrito con un lenguaje ameno, por momentos altamente poético, que nos regala a un Martí multidimensional retratado desde la pupila del también director de la Edición Crítica de las Obras completas del Maestro. Conocemos entonces al Martí padre, hijo, enamorado, amigo, viajero, revolucionario, entre otras múltiples facetas. Es un Martí que logró conmoverme la fibra noble del alma, para usar las propias palabras del Maestro y me hizo comprender que se puede ser el Héroe Nacional de Cuba y al mismo tiempo continuar amando y soñando.

He aquí un volumen trascendente; lo es en razón de la singular figura que lo motiva y de la forma fervorosa, sencilla y documentada en que se produce la exaltación del más universal de los cubanos, cuya potencia creadora traspasó los límites de esta isla del Caribe para alcanzar la cima de la gloria universal. Un hombre que ahora -despojado de todo hieratismo- nos regala el también Secretario de la Academia de la Historia de Cuba. En consecuencia conocemos detalles del Martí cubano, mexicano, guatemalteco, venezolano, bolivariano, neoyorquino, antillano, español, indio. Es admirable el contexto histórico que acompaña cada texto como por ejemplo en “El indio” donde se recuerda desde la hermosa leyenda de los indios del Orinoco, los cuales consideraban que los seres humanos nacían de la semilla de la palma moriche, hasta las reformas liberales ocurridas en Hispanoamérica durante la segunda mitad del siglo XIX que abrieron paso al avance de los aspectos socioeconómicos, culturales y científicos del que comenzó a llamarse “problema indio”.

Particularmente relevantes son los perfiles dedicados a algunos aspectos poco conocidos del héroe nacional y es aquí precisamente donde veo al Martí más cerca de nosotros. En esta arista conocemos su condición de epistológrafo donde el autor demuestra, con fundamentos convincentes, los valores literarios de sus epístolas, textos originales y singulares en los que la palabra escrita se une a la elocuencia del gesto, de la mirada, de la modulación, en un exquisito diálogo en el cual el remitente siempre está conversando con su interlocutor. Ese es el secreto de su epistolario: escribir a cada individuo, acercarse a esa persona de manera que esta sienta y comprenda cuanto había puesto de sí en esas cartas que iban dirigidas y estaban pensadas exactamente para sus destinatarios. En este aspecto referente a su literatura confidencial descubro que Martí no fue un hombre rígido, de una sola pieza, sino un cubano que, sin ceder en sus convicciones, fue un joven simpático, sufrido y solidario con sus compañeros, que como cualquier joven amaba mucho la vida y supo ganarse el respeto de sus contemporáneos.

Otro matiz poco conocido se lee en “El moderno”, donde se evidencia que fue un hombre de ciencia, divulgador de los avances tecnológicos de la época, que defendió la enseñanza científica frente a la escolástica, entusiasta difusor del uso de la electricidad, de las nuevas construcciones paradigmáticas del mundo moderno, de la industria química, de la descomposición de la luz por los pintores impresionistas y como si fuera poco conminó a los estadistas latinoamericanos a enviar personas a estudiar, en las haciendas de los Estados Unidos, cómo desarrollar una agricultura moderna que se abriese paso en los mercados internacionales. En consecuencia con lo anterior el propio Martí declaró que era precisamente en los libros de ciencia donde encontraba mayor poesía, él que sin dudas demostró con creces su alto vuelo poético.

Acertados planteos se encuentran en “El mexicano”. Si bien en el país azteca José Julián vivió en total solamente veintiséis meses, allí el prometedor adolescente de las tertulias habaneras, el estudiante agitado por el patriotismo en España, entró en el mundo intelectual por la puerta ancha, se hizo un profesional de la prensa, se convirtió en el brillante joven de vasta cultura y colorida escritura que sabía enjuiciar adecuadamente los asuntos políticos que se debatían en aquella nación. En este acápite se evidencia que no fue Manuel Mercado su único amigo mexicano, otros jóvenes dedicados a las letras, a las tablas o la pintura, también le demostraron su amistad. Y de esa amistad salió fortalecido este Martí, verdadero amigo de sus amigos.

En “El teatrista” conocemos que el entretenimiento favorito del líder cubano, además de la lectura, era el teatro. Se comentan ahí sus descripciones de los escenarios madrileños y juicios acerca de los actores y su preferencia por los tres grandes que moldearon su apreciación de la escritura teatral: Esquilo, Shakespeare y Calderón de la Barca. De sus piezas teatrales se reseñan las cuatro que se conocen: “Abdala”, publicada en el único número que circuló de “La Patria Libre”; “Adúltera”, escrita entre Madrid y Zaragoza; “Amor con amor se paga”, que fue la única que subió a las tablas, representada en el Teatro Principal de la ciudad de México y “Patria y libertad (Drama indio)”, creada en Guatemala, en solo cinco días. Se especula sobre algunos indicios de que pudo haber escrito otra obra, dedicada a Francisco Morazán, el prócer centroamericano.

Este compendio de marcada intención ética y humanista nos revela -sin desdorar el ilustre investigador que es su autor- una nueva arista de Pedro Pablo, su capacidad para convencer con una prosa poética cuidadosamente elaborada que se basa en una voz intensa a nivel idiomático, comprensible por todos y escrupulosa en su estilo. En consecuencia nos regala una exposición rica aún fascinante, relato vívido, cálido, minucioso y no tedioso, más bien apasionante del Martí que si bien supo ser maestro, periodista, orador, previsor, diplomático, conspirador, mambí, fue también un hombre que en verdad, amó mucho a pocas mujeres, pero disfrutó el privilegio de levantar pasiones inolvidables. Él que nada hacía sin ponerle toda su pasión porque como escribió “se ama apasionadamente lo que ha de ser siempre rectamente justo”.

Hay todavía otros argumentos por los que defiendo a este Martí, me refiero a la organicidad que existe entre cada uno de los tópicos abordados a pesar de su variedad, incluso en ocasiones se torna cronológico como cuando aborda el mexicano, el guatemalteco, el venezolano y el neoyorquino. Otras veces se agrupan líneas temáticas como al referirse a su condición de hijo, padre, amigo o al relatar sobre sus dotes de pensador, escritor, epistológrafo, maestro, periodista, orador, teatrista y crítico de arte. Vale destacar que los textos se acompañan de ilustraciones realizadas por diez artistas plásticos contemporáneos, todos cubanos, en una interesante mezcla de Premios Nacionales de Artes Plásticas y consagrados, con creadores más noveles. Estos dibujos muestran un mensaje coherente con el relato y en ocasiones son provocadores; ellos, unidos al cuidadoso trabajo de edición de Denia García Ronda, de diseño de Nydia Fernández Pérez y de diseño interior y composición de Vani Pedraza García, contribuyen al acabado final del libro como obra de arte. Finalmente agradezco a Pedro Pablo por haberme regalado a este, mi Martí, y le invito a usted, amigo lector, a disfrutarlo con placer y provecho.





DEL AUTOR:

Ricardo Hodelín Tablada

Doctor en Ciencias Médicas. Investigador Titular. Además de su trabajo como Neurocirujano es investigador histórico. Tiene 4 libros publicados y múltiples artículos en revistas nacionales e internacionales. Su libro Enfermedades de José Martí
(Editorial Oriente, 2007) obtuvo el Premio de la Crítica Martiana Medardo Vitier 2008. Ha obtenido otros reconocimientos entre ellos Premio Nacional de Investigación Científica de la Academia de Ciencias de Cuba 2012. Pertenece a la Sociedad Cultural José Martí y a la Unión Nacional de Historiadores de Cuba (UNHIC). El Consejo de Estado de la República de Cuba le otorgó la Orden Julio Antonio Mella.

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