viernes, 11 de septiembre de 2015

A LOS NIÑOS QUE FUIMOS, SOMOS Y SEREMOS ∕ PREMIO del CAPÍTULO NTERNACIONAL del IV Concurso Caridad Pineda In Memoriam de Promoción de la Lectura. Santiago de Cuba 2015

                                                                                     


Naciste poeta amiga, 
naciste canción de amar

Y en tu trasfondo del mar,

como el salmo de la espiga

Con sus alas Dios te abriga,

te libra de lo perverso

Eres mujer-universo,

en la ternura de niña

Y en Borinquen tu campiña,

 un gorrioncillo es tu verso



(Jaime Marcano, poeta puertorriqueño, dedicado a la niña de 7 años que alguna vez fui…)

YARIMAR MARRERO RODRÍGUEZ.  Puerto Rico

A los veinticinco años de edad, socialmente se es todo un adulto y no se suele perder el tiempo preguntándose ¿la oveja se habrá comido a la flor? ¿El inexorable olvido de un bozal estará haciendo sufrir a mi Principito?, ya que ninguna persona mayor comprenderá jamás que esto tiene tanta importancia.   Alguna vez en que yo también reflexioné “las personas mayores son ciertamente muy extrañas” escribí este verso:

Me pregunto si he crecido en retórica angustiante
Cuando ando divagante entre dudas y recelos
En un rico coqueteo entre pasado y presente
Cuando me miro de frente cosquilleante mi reflejo
Me devela que aún es cierto; sigo siendo aquella liga
Casi mujer, casi niña
De poeta; una aprendiz

Ahora dejemos las metáforas y hablemos de la aplicabilidad que indudablemente tiene para la vida leer un libro como El Principito, del francés Antoine de Saint-Exupéry;  y le ruego a mi Principito que sea indulgente conmigo si me escucho muy mayor a través de estas líneas y quizá por eso pueda caer en el error de olvidarme de lo esencial. 

Este es un manual para la vida toda, porque el llamarle meramente libro podría restarle la praxis que contiene un texto como este, pero para evitar confusiones de léxico mejor hagámonos eco de las palabras del Apóstol y llamémosle al libro “amigo”. Este amigo yo lo conocí  de niña en esa edad en que se sueña con ser adulto, luego lo retomé enamorada del que ahora será mi esposo (mucho debe haber influido la lectura de este amigo en nuestra unión imperecedera) en una de esas tardes inolvidables de malecón con una edad indefinida, porque el amor no tiene edad, y lo he retomado ahora que soy adulta y quiero recordar cómo volver a ser niña.   

Ya sea que lo hayas leído hace muchos años, que lo tengas reciente o que no lo hayas leído nunca, les revelo que siempre es una lectura diferente, que es un libro que se transformará y se hará mayor contigo, que se retoma y se vuelve a él con la certeza  de la sabiduría infinita y la complicidad que encierra en tan sólo un centenar de páginas. 

Es ese amigo al que siempre se vuelve, es ese amigo que te hace percibir más allá de los ojos, cuando comenzamos a ver sombreros, donde hay boas abiertas y boas cerradas,  ese amigo que continuamente te recuerda el camino a casa cuando se ha perdido el rumbo, porque al fin y al cabo, como dijera el Rey  vestido de purpura y armiño: “Es mucho más difícil juzgarse a sí mismo que juzgar a los demás. Si logras juzgarte bien a ti mismo, es porque eres un verdadero sabio”.  

Recientemente leía un ensayo del escritor argentino, Jorge Luis Borges, donde el autor “se arriesga a definir lo clásico con relación a la literatura” y reabre el debate en torno a esos escritos capases de traspasar los cánones del tiempo y la memoria, pero según sus argumentos no me queda claro si El Principito podría considerarse o no un clásico. Lo que sí es sabido, y no tengo que consultarlo con Borges para afirmarles, es que se ha convertido en un referente y un paradigma internacional, capaz de unir para siempre con los hilos invisibles e inviolables de la amistad, a todos aquellos que lo han leído y sonríen o lloran sin palabras con solo mirar al cielo y escuchar la risa de quinientos millones de cascabeles

Esa es una de las magias que encierra el Pequeño Príncipe en sus líneas y es uno de los sortilegios  más hermosos que te invito a descubrir, si por casualidad eres uno de los que todavía no lo ha leído;  descuida el Principito y yo esperaremos por ti, eso sí tan pronto lo haga le aseguro tendrá felicidad y también una inevitable tristeza, pero como diría la Zorra: “si uno se deja domesticar corre el riesgo de llorar un poco”.

Si aún le embarga la duda de ¿El Principito es un libro para niños o adultos? La respuesta es simple, es un libro para el niño que todos los adultos llevamos dentro o bien es un libro para el adulto que será algún día el niño que lo lee. Como quiera que se mire este libro es un tesoro y  una muestra tangente de que los milagros existen y pueden aparecerse en cualquier momento, en medio del desierto en África o en una isla del caribe, con los cabellos rubios como el trigo o transfigurado en el niño o la niña más harapiento y solo, todos son potenciales principitos y princesitas que están en busca de un amigo, al igual que nuestro pequeño preguntón, todos tienen sus problemas y preocupaciones sumamente importantes dentro de su grado de complejidad y todos buscan en el fondo ser domesticados; en realidad ¿no es eso lo que necesitamos todos, ser únicos e inolvidables para alguien?

Piense por un momento ¿cuándo fue la primera vez  que realmente nos sentimos adultos? Cuando nos consideramos serios, cuando nos vimos cargados de responsabilidades, cuando tuvimos hijos, cuando comenzamos a trabajar y a mantenernos por nosotros mismos… De seguro habrá muchas respuestas porque es más fácil recordar cuándo nos hicimos adultos que recordar el momento en que dejamos de ser niños. 

Cuando digo ser niños me refiero más a un estado mental que temporal, me refiero más bien a la vez en que dejamos de sorprendernos, de ilusionarnos, la ocasión en que por miedo al rechazo dejamos de formular una pregunta en vez de repetirla hasta cien veces con tal de recibir una respuesta, como hacía nuestro Principito, “que nunca abandonaba una pregunta una vez la había formulado”. Son estas algunas de las interrogantes que despertará en tu interior esta lectura.

 

Como todo pequeño manual, como todo libro invaluable, su verdadera impronta se encuentra en la enseñanza y la lección que nos deja para la vida. Hubo una vez un Principito que vivía en un planeta apenas más grande que él, que poseía tres volcanes que deshollinaba a diario, incluso el que estaba inactivo, “es cuestión de disciplina” te dirá si le preguntas el por qué, que vivía amenazado por la plaga de los baobabs, que amaba una flor que era única en el mundo y que un día emprendió un viaje sin regreso hacia la eternidad del amor y la amistad. Actualmente este resumen, a los adultos nos gusta hacer resúmenes, puede tener tantas lecturas.

Nuestra realidad insular podría considerarse un planeta, un asteroide cualquiera en medio de un cielo que es la inmensidad del mar, sus posesiones, muchas o pocas, son nuestras posesiones y su problema con la plaga de los baobabs, es la hierba mala que habita en el mundo, en nuestra isla, esa que queremos erradicar de raíz, como la indisciplina, la falta de caridad con el prójimo, el egoísmo, la falsedad, la pobreza, la guerra, el maltrato, todo lo que trae infelicidad. 

Por suerte el Principito contaba con una rosa a la que amaba y protegía, ¡su gran tesoro! El nuestro es la familia, los amigos, nuestras aspiraciones, nuestros valores, nuestra espiritualidad, nuestra vocación, en fin la felicidad toda que viene siempre aparejada con el sentimiento del amor.  A veces aunque tengamos una flor única, tenemos que emprender un viaje de búsqueda personal, de crecimiento, y eso hizo nuestro Caballerito en busca de amistad y descubrimiento.

Con frecuencia en el camino olvidamos lo que buscamos, en eso los niños son afortunados diría el guardagujas, y es entonces cuando sentimos la necesidad de ser domesticados. Nos topamos en el viaje con gobernantes que no tienen a quien mandar porque gobiernan pensando en sí mismos, con vanidosos que buscan admiración, con personas tan mancillados por los vicios que se transforman en cosas, corremos el riesgo de convertirnos en hombres y mujeres de negocios que le ponemos precio a lo invaluable, que buscamos poseer lo intangible y olvidamos lo invisible a los ojos. ¡Oh! pero también en el camino encontramos trabajadores incansables como el farolero, admirables por su labor y “fieles a la consigna”, que son como el pozo en medio del desierto, con amigos que nos hacen valorar lo que tenemos y completar el ciclo, comprender que es el momento de regresar a casa.

Luego de un viaje largo el Principito te dirá: “sin embargo lo que buscas podrías encontrarlo en una sola rosa o en un poco de agua” y en tu corazón sabrás la respuesta, y repetirás las palabras de la Zorra para no olvidarlas nunca “lo esencial es invisible a los ojos”,  porque lo que buscabas siempre estuvo ahí, siempre estuvo en tu interior y te llenarás de bondad hacia ti mismo y hacia los que te rodean y sembrarás rosas todas únicas, y serás responsable de los que amas, y tendrás recuerdos que te harán imaginarte a los amigos que tuviste, que tienes, que tendrás y trabajarás como el farolero sintiéndote fiel a tus convicciones y quizá algún día resolverás el problema de tu planeta acabando con la maldad y la plaga, encontrando un bozal para tu oveja y protegiendo a los que amas.

Como todo camino emprendido llega un momento en que se acaba, se cumple una meta y queda lo que fue. Recuerdo que leí una vez este proverbio: “la felicidad no es llegar a la meta, la felicidad es el camino”. En la búsqueda de la felicidad lo importante es lo que recorrimos y que hayamos sembrado lo suficiente para que alguien siga la ruta en nuestro nombre, ¡ahora todos seguimos la ruta en tu nombre Principito!

Ya dejaré de convencerlos, al final “la palabra es fuente de malentendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca…” Sin darte cuenta ha comenzado el camino hacia nuestra amistad, he dado el primer paso hacia tu domesticación, es seguro que nos reuniremos de nuevo en la páginas de este libro, así desde antes de nuestro encuentro comenzarás a ser feliz y sabrás perfectamente  a qué hora empezar a adornar tu corazón.


YARIMAR MARRERO RODRÍGUEZ (Guaynabo, Puerto Rico; 1990)
 
Licenciada en Información y Periodismo por la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras. Reside temporalmente en Cuba donde se tituló como Máster en Desarrollo Social por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales FLACSO-Cuba, adscrita a la Universidad de la Habana. 
Ha publicado ensayos, artículos, noticias y crónicas, aunque también cultiva la poesía donde ha participado en diversos festivales comprometidos con diferentes causas como el Festival Internacional Grito de Mujer contra la violencia de género y recientemente fue parte del comité organizador del maratón de poesía “33 horas de poesía por Oscar López” en apoyo a la excarcelación del preso político puertorriqueño más antiguo del hemisferio Oscar López Rivera. 
En 2014 ha publicado en la revista Estudios del Desarrollo Social: Cuba y América Latina, los ensayos: “Comparación de los planes para el desarrollo de Cuba y Puerto Rico: contraste de los paradigmas capitalista y socialista en dos países caribeños” y “El reto de los medios de comunicación como promotores de la diversidad cultural: Análisis de TeleSUR (2013)”. 
Fue galardonada con el premio internacional de ensayo Pensar a Contracorriente 2015 por su trabajo “Una mirada desde el Sur a la democratización: TeleSUR y la nueva propuesta comunicacional para América Latina”. Ha perfilado su trabajo investigativo en el análisis del aporte comunicacional que ha realizado TeleSUR y a la critica a los medios monopólicos y transnacionales sobre todo de su país.


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LEER CON EL CORAZÓN: IV Concurso Caridad Pineda In Memoriam
http://laislaylaespina.blogspot.com/2015/09/leer-con-el-corazon-iv-concurso-caridad.html

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