miércoles, 23 de septiembre de 2015

CUANDO ALGUIEN TIENE UN SUEÑO… Lidia Soca Medina / FINALISTA del IV Concurso Caridad Pineda In Memoriam, Santiago de Cuba 2015


“Cuando alguien tiene un sueño, todo el universo conspira para que pueda realizarlo”
Paulo Coelho, El Alquimista


LIDIA SOCA MEDINA 

A mis dieciocho comprendí que jamás volvería a caminar. Fue algo que mi intelecto siempre supo. Como esas nociones abstractas que repites en la escuela, pero que jamás llegas a comprender, al punto de dudar si son reales. Cuando naces con una polineuropatía degenerativa te repiten hasta el cansancio que cada vez será peor. Tus músculos se irán consumiendo, dejándote sin fuerzas, sin esperanzas… tal vez sin futuro. Pero los niños tienen el don de la eternidad: yo miraba mis piernas que pese a sus fallas aún me sostenían y como todos, también comencé a construir sueños estandarizados, de esos que la sociedad produce en serie y se nos van inoculando a través de los juegos, la tele y las costumbres.


El tiempo apareció poco después, cuando comenzaron a lloverme aparatos dolorosos, consultas y médicos lúgubres que me recetaban más desesperanza.  La mayoría de las personas no son consientes del poder de las palabras. Las dejan caer a la ligera, por mero descuido en la vida de otros sin medir las consecuencias. Dando tumbos (físicos y espirituales) pasé toda mi adolescencia intentando seguir caminos prefabricados, ser como mis compañeros, mis amigos, ¡como todo el mundo! A fin de cuentas esa es la edad de los reflejos.


Queremos parecernos siempre a alguien más, probando todas las personalidades, apariencias y circunstancias disponibles. También yo lo intenté, pero cada vez me iba de bruces contra los muros de mi propio cuerpo hasta convencerme de la verdad más amarga y extraordinaria de mi vida: soy diferente. En ese momento apareció El Alquimista, de Paulo Coelho.


Las historias de símbolos son siempre fascinantes, y tan ricas que aún no he conocido dos personas que hayan extraído un mismo significado de estas páginas. Para muchos, se trata del viaje de Santiago, un joven español que soñó con un tesoro escondido al pie de las pirámides y lo abandona todo para salir en su búsqueda. En su exótico camino a través del Sahara conoce mucha gente, pero sobre todo: aprende a conocer su propia alma que habla, vive y siente una conexión profunda con el alma de todas las cosas.


Fiel a su nombre, El Alquimista comenzó a transformarme, como quien atisba una rajadura de luz en medio de la oscuridad. Más allá de mis miedos existía otro universo donde las circunstancias no son zancadillas inútiles, sino lecciones. Aprenderlas o no depende de cada cual. No existen “castigos”, sino meras consecuencias de nuestros pensamientos y acciones. Me demostró que ya no valía preguntarse ¿por qué yo? si no: para qué yo. Para qué son estas herramientas de vida, porque vivir sin aprender es sólo un ejercicio biológico. Algo tan estéril que el hombre es la única criatura lo suficientemente estúpida para practicarlo.


Hoy vivo la vida como el milagro que es. Acepto mis limitaciones y agradezco mis capacidades como el ser único que soy, que somos todos. El Alquimista fue la brújula que me devolvió al camino y me hizo desprenderme de las sombras para buscar mi Leyenda Personal, tal como hizo su protagonista. Sobre todas las cosas me demostró que yo también podía encontrar tesoros, que no se necesitan piernas cuando te nacen alas y el único límite lo pone la voluntad. 


Desde entonces mi espíritu ha recorrido muchas veces esas arenas, bebido de sus oasis y en cada viaje mi mente se expande en busca de sueños. Todo buen libro es también un Alquimista, transforma la ignorancia en conocimiento como los antiguos creían que podía transmutar el plomo en oro. Incluso pueden también llegar a descubrir el Elixir de la Larga Vida, porque las palabras, las palabras sabias y útiles a los hombres perviven en la eternidad como las mentes de sus creadores. A Coelho, a ustedes, a cada persona que alguna vez soñó escribir una página de fe para sus semejantes: gracias.



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Premio Capítulo Internacional: A los niños que fuimos, somos y seremos de Yarimar Marrero Rodríguez.  PUERTO RICO 
SOBRE CORAZÓN. PREMIO de la Oficina del Centro de Intercambio y Referencia Iniciativas Comunitarias (CIERIC)
 
MENCIÓN ESPECIAL:  El Maestro y Margarita: UN OVNI dentro del panorama literario
MI BOMARZO: Misael Lageyre Mesa ∕ MENCIÓN del IV Concurso Caridad Pineda In Memoriam de promoción de la Lectura

EL LIBRO QUE DERRIBÓ A ARTHUR CONAN DOYLE: Maydelín Aurora Remón Ramón / MENCIÓN

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LEER CON EL CORAZÓN: IV Concurso Caridad Pineda In Memoriam
http://laislaylaespina.blogspot.com/2015/09/leer-con-el-corazon-iv-concurso-caridad.html

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