
Primer concierto del calendario 2009 en la Sala Dolores de Santiago de Cuba y toda la ciudad esperó ansiosa la aparición del joven jazzista cubano canadiense David Virelles. Con apenas 26 años, el talento y la experimentación le salen por los poros, al compartir el mismo escenario con el pintor y escultor santiaguero Alberto Lescay. La música y la pintura, varias maneras de decir y comunicar: manos prodigiosas se confundían en la armonía exquisita del sonido suave que dejaba marcas relucientes sobre el papel.
David Virelles se interesó en la música desde temprana edad gracias a la colección musical de su abuelo. Siendo un mozalbete participó en varios certámenes de la Asociación Hermanos Saíz y el Jozjazz. En el año 2001 es invitado a Canadá por la saxofonista Jane Bunnett, donde perfeccionó sus conocimientos y pudo formar su propia orquesta. Ha sido galardonado con los premios “Oscar Peterson”, “Rising Star Award”, así como los nacionales del Adolfo Guzmán.
Al tocar David emana una fuerza increíble. Sus dedos golpeaban con suave presencia las teclas del piano
. La música, ¬ veces mezclada con sintetizadores y otros efectos― transmitíaNotas duras, otras veces enérgicas pasearon repertorios conocidos y acompañaron la destreza como si el convite marcara una ilusión de encuentro en otros mundos paralelos. El joven jazzista interpretó cerca de seis piezas, al tiempo que la sala se decoraba con instantáneas del también escultor santiaguero. Parecía que el tiempo les abría un paréntesis en busca de un abrazo… Cada uno tiene sus códigos, religiones, política.
Juegos de informalidad y riqueza vespertina a la usanza de las costumbres santiagueras: padre e hijo se deleitan con los cuentos del abuelo. David ahora se mostraba en apariencia simple y clara. David Virelles vivía la música que hacía y escuchaba.
De pronto, un escorpión desata su ira, rompe esquemas y ofrece su voz como un manantial de leche fresca y miel. La ciudad que los vio nacer, es otra vez una de las motivaciones principales en esta jornada: sirve de casa, paciencia, luz… José Aquiles sale a escena y entonces padre e hijo se encuentran en la canción, que es en su lenguaje, la vida misma. Poesía que se queda en el aire.
Todavía incentivado por el arte que compone, muestra un poco más de él. Se relaciona con el público el cual le agradece su virtuosismo y lo colma de aplausos…
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