jueves, 18 de septiembre de 2008

Aquella tarde con SOLÁS



Reinaldo Cedeño Pineda
escribanode@gmail.com


Paseando las mansiones de Avenida Manduley y las frondas, después de la rotonda y la estatua de Heredia, y aún de las casas gemelas art noveau, al final de Vista Alegre, el barrio levantado por la burguesía santiaguera, está Villa Gaviota.

Justamente allí me esperaba Humberto Solás.

Si algo me quedó de aquella tarde, es la sensación inequívoca de que hablé con un caballero.

En una pequeña mesa, Solás me regalaba su experiencia en el mundo subjetivo y difícil del cine.
Conversar con él fue asistir a un develamiento. Hablaba sin apuros, dueño de cada frase. Trazaba las palabras en el aire, mientras sostenía el cigarro con el estilo de un gentleman.

Era un hombre culto, sin empalagar, y a la vez un cubano sereno.

Cuando reparé en la estética de sus filmes, en su capacidad para el detalle, la escenografía y el ambiente, Humberto me confesó que la arquitectura y la pintura eran otras de sus pasiones. Y como el séptimo arte permite combinarlo todo, Solás hizo de su obra un gran fresco de la cultura cubana.

El lente se deleitaba en el cuerpo desnudo de un esclavo, en el brocado de una silla, en el mercado de la plaza…
Solás era barroco, más que eso: buscaba dar una segunda oportunidad a las épocas idas, a los encajes, a la sutileza de los ventanales y los arcos….

Los ambientes cerrados le eran tan propicios como las galerías.

Mientras apurábamos una cerveza ─en realidad más de una─, nos deteníamos en el suceso de Cecilia, “la película escándalo” de 1981, devenida de un clásico de Villaverde, en la que Solás se permitió su propia lectura…

Y en Raquel Revuelta-Lucía, renombrada Gardenia, o bajando por la calle empedrada con la mirada vidriosa de venganza; o en Adela Legrá convertida en Manuela, a la que supo revelar su naturaleza campesina.

Solás era exacto en la selección de actores, particularmente de actrices. Sabía asomarse a la mujer, y penetrarla.

Aquella tarde, a sólo unos centímetros, me contaba de su nueva película aún en génesis, una cinta coral sobre el país, una vuelta profunda. “Barrio Cuba” sería su despedida. Sólo tengo unas líneas sujetas a la memoria, indomables. La entrevista completa anda extraviada, esperando un milagro. Gibara era un sueño, todavía.

Aquella tarde le miré a los ojos. Tenía esa mirada inconfundible de artista.

Aquella tarde hablamos de lo humano y lo divino.

Aquella tarde inacabable…