lunes, 1 de septiembre de 2008

Huracán GUSTAV: Testimonios de un desastre


Reinaldo Cedeño Pineda

(Lo que he visto hoy a través de la TV)

Las imágenes que ha dejado el huracán Gustav (categoría cuatro, con vientos medidos de hasta 340 kilómetros por horas), en un terrible 30 de agosto, son dantescas.

Para llorar.

Vi techos, paredes y casas destruidas, metales doblados como papel, torres en el suelo, cultivos aplastados y perdidos, colchones al aire, restos de ventanas, personas en sus casas en ruinas, escuelas destruidas al igual que fábricas, escuelas y otras edificaciones, equipos eléctricos dañados…

Voilaron zines y tejas. Volaron muebles. (Ayer vi un silla clavada en una puerta, como un proyectil)

Vi un amasijo de árboles caídos.

“Nada es tan desolador como el daño y la destrucción que se observa después de un huracán”, escribe en su reflexión Fidel. Tiene razón.

“Estoy hecha tierra… tengo dos muchachitas, pero sé que voy a salir adelante”, señala una señora al lado de lo poco que le ha quedado en el municipio pinareño de La Palma. Confía en la ayuda.

En el municipio Los Palacios, “más de la mitad de las viviendas, están destruidas… es una situación verdaderamente difícil”, declara el vicepresidente cubano Carlos Lage.




La fuerza de los vientos es descrita por una habitante de La Isla de la Juventud: “sentía como si los oídos se me fueran a reventar… como si tuviéramos cerca un avión”.

Lage tras un recorrido por la segunda isla del archipiélago cubano señaló a la TV que “la Isla de l a Juventud ha quedado a cielo abierto” y que “Gustav ha dejado en unas horas trabajo para muchos años”.

Nunca he ido a “la Isla”, así, a secas como le llamamos los cubanos. Quisiera estar echando una mano.

Los pacientes nefróticos fueron trasladados de inmediato hacia Ciudad de La Habana, también afectada, pero en menor orden.

Veo al jefe de una fábrica de galletas en la capital con el rostro cansado, presto a la fabricación de ese producto que se reclama con urgencia en Pinar y la Isla de la Juventud. La propia instalación ha tenido afectaciones menores, pero así y todo pondrán manos a la obra desde “las siete de la noche”.

Noel Otaño, periodista de La Isla de la Juventud en el programa Mesa Redonda, entrega testimonios de una maestra en la escuela donde se forman estudiantes extranjeros de medicina:

Profesores y alumnos "casi en un pie, tuvieron que refugiarse en el almacén, un lugar de 4x4 (metros). Algunos casi entran en pánico, pero allí estaban sus maestros”, aseguró.

Contó el traslado de los albergues al comedor y de allí al almacén, al tiempo que la cámara toma ventanales metálicos abollados y retorcidos, maletas apiladas, colchones dispuestos como se puede, gente limpiando los cristales astillados y sacando el agua.

Algunos estudiantes extranjeros narran que nunca habían visto nada igual, uno manifestó “estar muy triste porque nunca había visto tanta destrucción” pero el mensaje lo entregó una chica para sus familiares: “No se preocupen, aquí estamos sanitos”.

Veo las torres de alta tensión en el suelo, algunas estructuras desconocidas. Al menos, son ochenta entre La Habana y Pinar del Río Dicen los linieros que “esto nunca se había visto en Pinar del Río”.

En el municipio pinareño de Bahía Honda, los destrozos son grandes. Veo a la primera secretaria del Partido con los pelos de punta, dando ánimos, hablando…

Una señora declaró “que cuando aclaró, yo no conocía a Bahía Honda”.

Escucho del rescate de los tripulantes del langostero Cien en Batabanó que no pudo arribar a puerto. Los buscaron por vía aérea en cuanto se pudo. Los rescataron en la Ciénaga de Zapata. No se muestran imágenes, mas el parte se repite tres veces.

En Bahía Honda, la información ha sido persona a persona. No hay allí televisión, radio, teléfono ni electricidad. (Por Haciendo Radio, Radio Rebelde, emocionan los testimonios personales de las colegas Mirta Millán desde la Isla de la Juventud, y de Alina Cabrerra desde Pinar del Río).

Veo a la gente con ánimo, pese a todo. “Lo importante es que estamos vivos”, asegura un joven hurgando en las ruinas.

Algunos ya cargan tejas de asbesto que han llegado en rastras.

Veo naves avícolas colapsadas. Aves muertas y otras que irán a un sacrificio masivo. Casas derruidas.

Motosierras, camiones y grúas limpian las vías de ramas y troncos en gran cantidad. Militares y civiles.

Desde Villa Clara han llegado especialistas forestales. Desde Santiago de Cuba, de la empresa eléctrica…. El país entero se volcado hacia el Occidente.

Me parece estar viendo una película de catastrofismo, pero todo es cierto.

El golpe ha sido terrible. Este es el huracán más fuerte, al menos, de los últimos cincuenta años. Mea trevo a decir que de mucho más.

Me enorgullezco de mi pueblo que no se ha derrumbado. La Revolución no los abandona. He visto a una señora que albergó en su casa a 14 familias. Ella y otros. No
hubo un solo muerto en Cuba. No fue casualidad, sino la ardua preparación y la evacuación a tiempo. (Fotos Santiado Calero Periódico Guerrillero)