miércoles, 24 de septiembre de 2008

IKE. El ciclón de La CARIDAD



Antonio Desquirón Oliva
desquiron@gmail.com

(ESPECIAL para La Isla y La Espina)

Si el huracán Ike, en vez de haber pasado ahora, lo hubiera hecho antes de la Segunda Guerra Mundial, cuando esos terribles fenómenos comenzaron a nombrarse como personas, seguramente fuera conocido en Cuba como El Ciclón de la Caridad.

Coincidentemente, Ike tocó tierra cerca de Punta Lucrecia, en el norte de la cubana provincia de Holguín, el 7 de septiembre alrededor de las 10 pm; es decir, unas dos horas antes de la fiesta de la Virgen de la Caridad del Cobre, patrona católica de Cuba. Pero ahí no paran las coincidencias.

Según la leyenda, ese símbolo de cubanía que es La Caridad apareció en 1612 flotando en la bahía de Nipe durante un ciclón –o sea, cerca de donde Ike topó con Cuba-; el libro de Olga Portuondo Zúñiga reproduce la copia fotográfica de la declaración ante notario de uno de los participantes en el hecho, Juan Moreno -el “Negrito de la Virgen”-. otorgada ya al final de su vida, cuando había llegado a ser capitán de las milicias de El Cobre; y era conocido por su oposición a los abusos de los gobernadores de Santiago de Cuba con los cobreros esclavos -propiedad directa del Rey de España, que no de hacendado alguno, lo cual les procuraba ciertos derechos que los otros no tenían-.

La Portuondo, en su estudio, insiste en la conexión entre el culto católico a la Virgen y los cultos aborígenes, cuyo panteón incluía deidades femeninas muy similares en conductas, historias y atributos a los de la Caridad –la medialuna convexa de la criolla es similar a las líneas convexas, atributo femenino taíno, pues la cóncavas de la Caridad de Illescas y Sanlúcar de Barrameda aluden a la victoria sobre los invasores islámicos-.

Coincidencia de coincidencias, los taínos tenían un dios nombrado Huracán, con lo que las noticias de casas, escuelas y almacenes destruidos, inundaciones, postes eléctricos derribados y cosechas irremisiblemente perdidas, se ven inmersas con una embrollada y oscura trama de fechas, marinerías, cemíes e imágenes cristianas –creo que me apresuro: asegura el libro de la Portuondo que una restauración de los años ’70 mostró que la cabeza de la imagen actual de la Caridad está compuesta por pasta de maíz, material típico con que los aborígenes centroamericanos fabricaban sus efigies religiosas.

Después de haber visto lo usual a mi edad, no creo en las casualidades: o no existen, o no son “casuales” Con todo respeto a probables lectores, tampoco creo en la milagrería popular: somos nosotros quienes damos a las cosas los nombres y las conexiones. Es como darles raíces para que prendan en uno. Por eso preferiría que Ike se llamara “de la Caridad”.

Por una deformación, suele entenderse por caridad aquel favor que se hace por lástima. En realidad la caridad ni es un favor, ni nace de la lástima. Caridad viene del latín cáritas, o sea, el amor que se le tiene a los semejantes y al Ser Supremo. Caridad es amor. Amor por nosotros mismos como especie. Es un sentimiento profundamente ligado a la vida que existe en el mismo Ser Humano desde hace miles de años, cuando vivía errante o en cuevas.

Se ha comprobado que aquellos primitivos se cuidaban entre si, curaban sus heridas, se protegían del hambre, del frío y de todo cuanto significase daño. En muchos animales superiores actuales la caridad también existe. Se parece tanto a la solidaridad, que parecen una sola, aunque el ingrediente ideológico de esta última me hace ser más prudente y no identificarlas, no sea que los lectores más desconfiados me acusen de algo que no soy.

Pues sí, Ike me gusta muchísimo menos que Ciclón de la Caridad, Ciclón del Amor, ciclón de algo de lo que el mundo actual carece, más que de la gruesa capa que protege al planeta y día por día se agujerea y adelgaza. Me gusta pensar que el Ciclón de la Caridad es una especie de reclamo, una seña, un llamado. El momento de demostrar generosidad y amor sin condiciones previas, por encima de credos y compromisos.

Antes de condenarme por comesanto peste-a-sotana, o por canchanchán propagandista gubernamental, piensen que todo ocurre por algo. Y que todo lo que escribí está en los libros.