Mostrando entradas con la etiqueta Aquí estamos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Aquí estamos. Mostrar todas las entradas

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Entrevista con el actor Denis Ramos (Shidartha): “No hay nada comparable en el mundo a que las personas sean felices”



Toda mi vida tuve a Shidartha dentro de mí Adolfo Llauradó me abrió la caja de Pandora Nuestra sociedad está llegando a un punto donde debe llamarse a capítulo La fama va envileciendo… a los viles Nunca había visto tanta gente aplaudiendo con el corazón En la diversidad es donde está nuestra igualdad.


REINALDO CEDEÑO PINEDA


Conversé con Denis Ramos en el mismo sitio en que años atrás entrevisté a Adolfo Llauradó. La emoción es un ciclo que se repite.



Otra vez en casa de Iris Salmerón, tía del mítico actor cubano; en las alturas de Quintero, muy cerca de la Universidad de Oriente. Otra vez en Santiago de Cuba.

A sus 26 años, ha interpretado un personaje que no será fácilmente olvidado por la teleaudiencia cubana. Se trata de uno de los más prometedores actores de la escena nacional y más.

El diálogo, en la propia habitación, es intenso.

Hay silencios profundos, para tomar el aire
.

Es temprano, muy temprano...


La conversación tiene lugar antes de que el actor salga hacia la necrópolis de Santa Ifigenia. Hoy se cumplen nueve años del fallecimiento de Llauradó, el legendario intérprete de Lucía (Humberto Solás, 1968) y Retrato de Teresa (Pastor Vega, 1979).




“Adolfo fue como mi padre. Es una deuda que tenía con él y conmigo. Hace años que quería venir y no había tenido oportunidad”, me aclara.

―¿Realmente, cuánto le debes?

Adolfo creó un taller en los últimos cuatro años de su vida, La Terraza, donde daba clases a muchachos de la comunidad y yo fui de los primeros en asistir. Tuvimos una afinidad muy grande y me ayudó enormemente, como mismo ayudó a los demás; pero siempre uno va creando contactos verbales y lazos de amistad con algunas personas, a veces, sin darse cuenta. Además, él vivía frente a mi casa y casi todos los días nos veíamos.

Después, cuando entré en la ENA (Escuela Nacional de Arte) gracias a él (no porque me dio una palanca, sino porque me preparó), hicimos una gran amistad. Todos los libros que me hacían falta, él me los daba… y a partir de ahí, la comunicación se hizo más profunda y hablábamos de las cosas que estaba aprendiendo en la escuela. Me guió a tal punto que la mayoría de las herramientas que yo utilizo en la actuación, son gracias a él.

Adolfo me dejó una historia, me abrió la caja de Pandora… Me dejó tantas vivencias y tantas cosas bellas que de verdad son indescriptibles, cosas que nunca en la vida voy a vivir, pero que están ahí en el corazón y estarán siempre.

―¿Cuándo te diste cuenta que el riguroso camino de la actuación sería el camino a transitar?

Cuando era niño me gustaba la historia esa de la actuación, lo que no sabía como era. A los diez años, por cosas del destino, terminé en el taller de Humberto Rodríguez en la Casa de la Cultura de Plaza y debuté con un pequeño personaje en Yerma, de Federico García Lorca. A partir de ahí, no hice más nada de teatro, aunque sabía que me gustaba. A partir de los trece años, cuando conocí a Adolfo ahí fue que me dije… yo voy a ser actor

El Ahmed de Historia de fuego y el Shidartha de Aquí estamos tienen algunos puntos de contacto, uno de ellos la droga… ¿Cómo construir la actitud y el pensamiento de una persona enganchada con esa flagelo de la drogadicción?

Las coincidencias son pura casualidad, no porque me hayan encasillado. El físico es algo en que los directores se fijan mucho. Esto ha hecho, por ejemplo, que hiciera después el personaje del Cabo Interino que no tiene nada que ver con Ahmed ni con Shidartha.

La gente ve una similitud entre esos personajes, porque los dos consumieron droga y eran rebeldes; pero hay una diferencia muy grande. Ahmed era un adolescente con una rebeldía propia de la adolescencia, que empezaba a probar la droga, mientras Shidartha es todo lo contrario: piensa de una forma determinada y era muy difícil que alguien le pudiera cambiar su manera de ver la vida… y además se enganchó.

Con el personaje de Ahmed había estudiado bastante sobre la gente que consume droga. Claro, con Shidartha era más profundo el estudio porque ahora se trataba de un enfermo que ya tenía el vicio, que no se daba cuenta que la enfermedad progresaba constantemente… pero toda mi vida tuve a Shidartha dentro de mí.

―¿Cuáles son los lazos que unen al personaje de la ficción y al actor de carne, hueso y sentimientos que ahora mismo está frente a mí... si es que los hay, naturalmente?

Uno se conoce a sí mismo, pero cuando estás haciendo un personaje, cuando eres actor te das cuenta que hay aspectos de ti que no conocías… y así me pasó con el personaje. Lo que pensaba el personaje es lo que pienso yo, es mi filosofía de vida, aunque no consumo drogas pues no tengo nada que ver con eso.

Y es que uno tiene derecho a hacer las cosas que uno piensa y las cosas que cree que lo puedan hacer felices, sin tener miedo a nada, enfrentándose a todo. Lo único que hay que hacer es tomar decisiones.

La novela fue un trabajo especial… porque aprendí muchas cosas que no sabía: a montar patines, a tocar guitarra, aprendí sobre la danza moderna, di incluso clases de canto…

Todos los jóvenes que trabajamos en la novela Aquí estamos, tuvimos una preparación muy fuerte y eso nos ayudó a compenetrarnos bien y a hacer de esta obra una especie de enigma y de misterio en la relación de todos nosotros… a tal punto que la gente hubiera apostado perfectamente a que todos los personajes de la novela tuvimos una relación amorosa. Eso me ha pasado en la calle.

―¿Los diálogos los decía el personaje… o también, de alguna manera, los decía Denis o hubiera querido decirlo?

Ojalá hubiese sido así.

Hugo [Reyes] y Alfredo [Felipe Pérez] son dos guionistas que cuando se unen escriben un texto especial para que el actor se sienta cómodo diciéndolo; pero tienes que decirlo exactamente como ellos quieren y no puedes violar ni una coma ni una conjunción; incluso la intención ya está en el propio texto. Eso es un poco difícil. Claro, uno es quien hace el personaje… y entonces, a partir de allí, le pone alma, corazón y cuerpo. Uno es quien construye el personaje, las palabras que dice el personaje tú te apropias de ellas y… es a ti quien se te están ocurriendo.




(Denis Ramos corporiza a Shidhartha en la polémica telenovela Aquí estamos
de la TV cubana, bajo la dirección de Rafel Cheíto González y Hugo Reyes. Imagen tomada de la pantalla)



He dicho muchas cosas que tenía deseos de decir, así, todas juntas; deseos de comunicarme con el espectador, y que la gente sienta esa filosofía y esa forma de pensar.

Estoy completamente seguro (porque me ha pasado y porque lo he vivido), que digo cosas muy parecidas a esas que decía el personaje. Lo que pasa es que lo que se dice en la novela parte de un guión hecho para la televisión y tiene que ser mucho más directo.

―Como actor y como cubano, ¿hasta dónde crees que la novela tiene puntos de contacto con nuestra realidad, con un complejo, rebelde y a veces, "ïnvisible" sector de nuestra realidad?

A mí desde el principio me encantó el guión de la novela, los diálogos, como se defendieron una serie de valores que se han perdido. Creo que nuestra sociedad está llegando a un punto donde debe llamarse a capítulo. No sólo son importantes la pacotilla y el dinero, hay otras mil cosas que no existen si no hay espíritu.

La novela lleva el mensaje perfectamente bien, porque en Cuba sí hay mujeres a las que le gustan otras mujeres, sí hay hombres a los que le gustan le gustan otros hombres, sí hay muchachos que consumen droga, sí hay mujeres que están con extranjeros por dinero, sí hay delincuentes que quieren reivindicarse… hay de todo, como lo hay en todas las sociedades.

Hay novelas que no son el reflejo de ninguna sociedad, que son un invento; pero esta se empecinó, luchó, habló, dijo y actuó como se está actuando, como se está diciendo, como se está viviendo hoy. El mensaje se dio, el lo quiso ver, lo vio y el que no, como dice el profesor Calviño (1) : "no hay peor ciego... que el que no quier oír" .

Como espectador disfruté muchísimo la novela. Uno no puede separarse de lo que ha hecho por mucho que uno quiera. No es que sea paternalista, de hecho hay muchas cosas de las escenas que ahora cambiaría, pero entonces no serían ciertas... y si salió, creo que fue por algo.

―Después de la novela, vives en la cresta de la popularidad… ¿qué es lo más hermoso que te ha pasado?




Lo más hermoso… me ha pasado cuando llegué a Santiago, a la Vocacional Antonio Maceo. Creo que estaban casi todos los estudiantes, había llovido y estaban en un pasillo esperándome porque le habían dicho que iba a dar un conversatorio…

Cuando llegué… ¡la ovación de esos muchachos!… He tenido aplausos otras veces, he visto gente deseosa de verme, hay cosas preciosas que he recibido del público como "gracias por existir"… pero nada tan grande como ver la cara de esos muchachos. Nunca había visto tanta gente aplaudiendo con el corazón.

Llegar aquí a Santiago ha sido tremendo…. Yo creo que es obra del espíritu de Adolfo. Él dijo que iba estar cerca de todos nosotros para darnos felicidad y darnos ánimos. Él decía que Santiago era su país... y ahora comprendo por qué.

―La popularidad irrumpe con tanta fuerza que estremece la vida privada… ¿hasta dónde estas dispuesto a sacrificarla?




Yo decidí ser actor. Es verdad que se cae en la historia de sentirse molesto, porque uno quiere vivir su vida. A veces uno tiene deseos de comunicarse con una persona que no conoce, y no te le acercas porque eres una imagen pública y lo que puedan pensar. Yo si me acerco, yo si vivo la vida vivo la vida como quiero vivirla.

Creo que no tengo nada que temer ni nada que esconder. Y por eso me gusta que la gente se identifique con las cosas que yo hago, que la gente quiera lo que yo hago, me gusta lo que me está pasando. Llega un momento en que uno quiere encerrarse y no salir más, cada persona que se acerca a mi piensa que es la única que se me ha acercado, pero no me importa…. todo va fluyendo de una forma increíble.

―¿Tantos aplausos, acaso no van rozando la vanidad?

Hay una canción de Pablo Milanés que dice “la fama va envileciendo”… pero... va envileciendo a los viles. Yo soy el pueblo, no soy otra cosa, y seguiré siendo el pueblo, con mis diferencias, claro, porque todos somos diferentes.

En la diversidad es donde está nuestra igualdad. Somos diversos, pero en esencia somos lo mismo.

Ni la popularidad ni la fama me van a hacer cambiar mi forma de pensar. Siempre, siempre quedan esos momentos donde un niño llega y te da un beso, o una muchacha dice… que se muere por ti… donde una persona mayor que sabes que le queda poco tiempo de vida te dice que lo que hiciste es de las cosa más importantes que ha visto en la vida.

Y no hay nada, no hay nada de verdad comparable en el mundo a que las personas sean felices.

― ¿Y ahora?

Ahora preparo una obra con Carlos Díaz, Tango, de un autor polaco del año 1963, pero que parece escrita por un cubano hace tres días. Una familia que está en decadencia total, y de pronto, el más joven quiere implantar los valores; pero lo hace de una forma cruel, con abuso de poder… No sé si podrán verlo en Santiago, pero estoy haciendo todo lo posible porque se haga en el teatro Heredia.




(Adolfo Llauradó, el maestro)



―Si tuvieras que escoger un instante de tu vida, congelarlo al modo de una fotografía y ponerla frente a ti para siempre...¿cuál sería?...

Una clase de actuación con Adolfo

Hicimos un ejercicio que parece que para él fue bueno. Cuando terminó todos quedamos en silencio. Siempre nos quedábamos parados para que todo el mundo dijera lo que le pensaba del ejercicio. Nadie hablaba… Adolfo me miró y me dijo… "tú vas a ser un gran actor" . Esa fue la primera vez que escuché eso en mi vida... Fue un momento que quisiera que se repitiera siempre.

―Algo más que decir…

No creo que algo de mí sea importante como para que la gente lo sepa… ya me irán conociendo... ya sabrán quien es Denis Ramos.


NOTA:

(1) Manuel Calviño es un destacado profesor y sicólogo que conduce y escribe el programa de orientación Vale la pena (Canal Cubavisión, TV cubana)



ARTíCULO RELACIONADO

--Aquí sí estamos
http://laislaylaespina.blogspot.com/2010/09/la-experimentada-alina-rodriguez-y-la.html




lunes, 27 de septiembre de 2010

TV cubana: Aquí... SÍ estamos



(La experimentada Alina Rodríguez y la joven Camila Arteche como Cecilia. Madre e hija en un conflicto que pone a la muchacha entre la conveniencia del dinero y el descubrimiento del amor)

A propósito del artículo Aquí no estamos de Leticia Martínez Hernández, periódico Granma, 21 de septiembre de 2010/

Reinaldo Cedeño Pineda

Después de leer el comentario Aquí no estamos, basado en la novela que actualmente se transmite por el canal Cubavisión de la televisión cubana… he decidido mirar con detenimiento mi entorno más cercano.

Hace poco monté un “almendrón” de alquiler de un ex compañero de estudios. Una turba de “muchachones” borrachos hizo el viaje difícil. Sus palabras y sus ademanes no eran aptos para menores, tampoco para mayores; mas a las nueve de la noche, no tenía otra opción para llegar a casa.

Mi ex compañero ha sabido mantener andando el viejo auto de su abuelo. Ya no me conoce. No tiene a menos comentar a cuantos lugares va y cuales son sus hazañas con esta y con aquella, porque dinero tiene para eso.

Un vistazo al barrio y asoman un veterano de Girón al que alguna vez entrevisté para un programa, un locutor de radio y un colega periodista, una ex machetera que se gana la vida en el trabajo por cuenta propia, un oficial militar, un médico especialista, un muchacho que cumplió misión internacionalista en África y que no ha logrado recomponer sus nervios y muchos niños que iluminan la mañana con sus pañoletas de pioneros…

También, una familia que decidió optar por la ciudadanía española, una joven que anda en trámites para salir del país con un señor que casi le triplica la edad, una anciana de la que ninguno de sus hijos se ocupa, dos mujeres trabajadoras que comparten su vida en una pequeña casa (y a las que, por puro prejuicio, no todos saludan), un reguetonero que pone la música a todo dar, un señor que vende plátanos en su carretón, un alcohólico de poco más de treinta años, cada vez más delgado y otro de similar edad que cumplió años en prisión por asaltante.

¿Cánones de normalidad?

Acaso, por mis ojos desfila una novela cotidiana que no puedo desdibujar a voluntad. Por eso, no entiendo cuales son los cánones de normalidad que presupone el artículo Aquí no estamos.

Toda sociedad es inabarcable, esta que construimos y la de cualquier otra geografía. Si de arte hablamos, se impone escoger un fragmento de esa realidad como sustancia inspiradora. Podemos discrepar sobre el resultado de la realización, pero sería absurdo imponerle al realizador cuál segmento “levantar”.

Un desaguisado por el estilo sería reclamar en una telenovela, esta o aquella “representación”, cual si se tratase de una sesión parlamentaria, un proceso eleccionario, o una eliminatoria olímpica.

Será necesario remarcarlo: Aquí estamos es una telenovela; no un documental, un reporte periodístico ni una cámara oculta. No es una tesis doctoral. Por tanto no es su misión específica (no ha de exigírsele), retratar a toda la sociedad.

La realidad que se ve en pantalla es una realidad recreada y ficcional, NO la realidad misma. Tal es, en mi opinión, el primer extravío del artículo: se deslizan confusiones entre lo uno y lo otro.

El valor de una propuesta dramatizada, no radica en cuanto se acerque o se aleje de una realidad dada; sino en su construcción dramatúrgica, el planteamiento de las situaciones y la verosimilitud de sus personajes. Por eso, quisiera haber visto en el artículo más análisis y menos sobrevuelo de impresiones.

Aquí estamos, la novela, va dejando algunos personajes que en su humanidad, nos tocan, como Adonis (Armando Gómez) y Shidarta (Denis Ramos). La superficial Paula (Claudia Álvarez), también, aunque de diferente manera. Están bien actuados. Aquello de que estamos viendo en pantalla “una sociedad grosera porque sí, de paso mal actuada, sin matices”; resulta un frase generalizadora y reduccionista.


Sólo un ciego no vería las grandezas en nuestra sociedad (hace un tiempo, por ejemplo estuve ingresado en un hospital y pude tocarlas con mis propias manos); pero las groserías también están ahí. Y no están “porque sí”.


En el 7. Congreso de la UNEAC (2008), más de una intervención insistió en la necesidad del abordaje en los medios y el arte cubanos de la marginalidad, la discriminación racial y la diversidad sexual, temas necesitados de visibilidad y debate, como parte de una mirada integral a nuestra sociedad.



(
Denis Ramos como Shidarta, uno de los personajes centrales de la telenovela cubana)


El compositor y profesor, Roberto Valera (Premio Nacional de Música), señaló durante el citado Congreso de la UNEAC:

"(…) nos duele que después de tanto trabajo en la educación de nuestro pueblo, aún haya jóvenes así, huecos, vacíos, absolutamente idiotas. ¿Por qué junto a tanto joven valioso, producimos aún tanta escoria? (…) No podemos alardear de ser una potencia educativa porque educación no es sólo instrucción. No se trata de falta de educación formal, pues no hablamos de formalidades, sino de esencias: se trata sencillamente de mala educación. (..) ¿Qué podemos hacer específicamente escritores y artistas para ayudar a cambiar esa situación? Pienso que si tenemos los medios de difusión masiva en nuestro poder (…) debemos aprovechar todas las técnicas modernas (…) para usarlas inteligentemente (…)"

Si se introduce al espectador en ciertos ambientes, también sobreviene, indefectiblemente, el diseño exterior y el trazado sicológico de los personajes. El lenguaje es la envoltura del pensamiento. Las comparaciones pueden ser válidas como referencia, pero en el arte, no existen fórmulas únicas.

El artículo Aquí no estamos refiere en uno de sus párrafos “¿qué queremos enseñar?, sí, porque de enseñar también se trata, más allá de entretener con caras lindas, con jóvenes vestidísimos a la última moda, con escenas de sexo”.

Resulta otro planteamiento que parte de presupuestos erróneos. Una telenovela podrá eventualmente estremecer el espíritu de quien la ve sobre un hecho determinado; pero enseñar no es su papel per se. Una telenovela se mueve bajo códigos artísticos, no didácticos. Una telenovela no es un libro ni una escuela, ni puede sustituirlos. No es posible pedirle que sea un centro educativo.

Jóvenes actores encarnan los papeles centrales de la telenovela y salen bien parados de la prueba, más allá de otros resortes que seguramente les aportará su propio desarrollo. En ellos descansa la médula actoral.

Son algunos intérpretes de personajes secundarios o de apoyo los que no muestran la misma altura…

La que interpreta a la esposa del extranjero, por ejemplo, muestra un desempeño fatal. Otros actores escogidos como Armando Tomey, Roberto Perdomo y Tamara Morales, están más o menos como en otras propuestas, de cuerpo presente; pero sin aire vital. Mery Díaz, uno de los “espectros” alrededor de la veterana teatrista (Miriam Learra) luce fuera de training; aunque a decir verdad, creo que todos los espectros... sobran. Alina Rodríguez, Néstor Jiménez y Yazmín Gómez siguen mostrando su talla. Enrique Molina encarna hasta ahora un papel de hombre débil. El despertar de su personaje (todos lo esperamos) seguramente hará emerger del actor esa fuerza con que sabe colorear sus personajes.

A diferencia de otras telenovelas cubanas (escasas en los últimos años y más de una, cargada de escenas blancas que poco aportan), Aquí estamos ha logrado momentos de verdadera excelencia en el guión escrito por Hugo Reyes (codirector junto a Cheíto González) y Alfredo Felipe Pérez…

¿Algunos de ellos? El diálogo de Adonis y Shidarta cuando el primero descubre a su novia engañándole (fábula del gigante y la enana; los diálogos entre Denis (Kelvin Espinosa) y su esposa sobre el dinero y el trabajo; los diálogos entre el siquiatra y su esposa acerca de los viejos y los nuevos tiempos, la escena de un Adonis bebido y desengañado ante su padre, el diálogo de las dos lesbianas cuando una le habla a la otra de casarse o los apuntes de la joven enferma en su diario cuando ve al esposo de su madre en paños menores…

Y los personajes siguen su evolución, estemos atentos… La novela no se ha terminado.

Los que se han asomado a este blog saben que uno de los temas más recurrentes ha sido la televisión cubana. No soy de aquellos que la minimiza. Su alcance y repercusión, merece siempre la atención. Tal vez a la televisión haya que señalarle (por sólo apuntar lo más reciente) lo defraudante del promocionado espacio humorístico A todo trapo, listo para ser envuelto y tirado al escaparate… pero no me desvío del tema.

Ni inquisidores ni aguafiestas

Lo más desafortunado del artículo Aquí no estamos es la idea apuntada de “exigir responsabilidades a los que aprobaron, alentaron y pusieron en el aire esa propuesta: la Redacción especializada y las instancias de dirección de la TV”.

Me parece estar escuchando palabras de tiempos nada gloriosos. El tono inquisitorial no es sólo excesivo, sino además infértil como mecanismo para la crítica. Como alguna vez escribió Amaury Pérez, ni inquisidores ni aguafiestas...

Toda creación artística es un reto, en tanto dialoga con el espectador (no siempre de la misma manera y con la misma efectividad, claro está); pero la creación es siempre un reto hermoso y necesario.

Alfredo Guevara apuntó en Revolución es lucidez: “(…) sin ejercicio riguroso, profundo, ilustrado (…) sabio, respetuoso de la crítica, pobre será el entrenamiento mínimo que la polémica exige (…) el arte y el trabajo artístico constituye una especialidad”.

A ese pensamiento deberíamos asomarnos de modo más frecuente.

Aquí no estamos asume un tono más de reprimenda que de reflexión, liga la muestra de un hecho con su tácita aquiescencia y al abarcar demasiadas aristas, deja ideas en su esbozo, sin tocar las profundidades. Algunos términos empleados resultan francamente impropios.

No soy de los que dice “escapao” ni “te cogió el tren”, tal vez sea que ya entré en los cuarenta. De mi boca jamás saldrá un tía en vez de un compañera o un señora. Detesto la vulgaridad y el exceso de confianza, pero ambas situaciones están ahí, agazapadas o visibles, y te asaltan de diversas maneras.

No me asusta en modo alguno Aquí estamos.

No me asustan las palabras.

No me asusta que una telenovela muestre (desde una recreación con sus licencias artísticas, insisto) aspectos sobre la vulgaridad y la marginalidad en segmentos de la sociedad cubana. Es más, exponerlas a la luz pública, es lo que ha traído este debate. He escuchado opiniones en paradas y ómnibus, en casas y centros de trabajo. Y eso habrá que anotárselo desde ya a la telenovela.

Me asustaría, por el contrario, una sociedad que etiquete a las personas o que eche la basura debajo de la alfombra. Aquí estamos es una novela para la reflexión y la inquietud. De esas que siempre quisiera ver en nuestra pantalla. No creo ser el único.

..........................................................................................................................

Mientras redactaba estas líneas he recibido en el correo unas notas de alguien que se firma como Libélula. Aún cuando ha decidido firmar con un seudónimo y aunque coincidimos en ciertos aspectos, sus consideraciones me parecen sinceras y las publico a continuación En cursiva van fragmentos del artículo de Granma y a continuación, las consideraciones de Libélula, señaladas con guiones.

.................................................................................................................................


SIN CAMPANA DE CRISTAL (Apuntes de Libélula)

"Y no creo que se trate de que Cuba no esté preparada para ver reflejada su parte fea en la pequeña pantalla, como alguien me sugirió hace algunos días. Porque entonces tendría que hacer recordar aquella durísima, y excelente, Doble juego, de Rudy Mora, la novela que a golpe de astucias, perspicacias, nos mostró una sociedad poco agradable, pero cierta. Tan creíble, que pocos dejaban de ocupar puesto cuando Polito Ibáñez comenzaba a hurgar en su guitarra".

—En mi opinión es un artículo poco serio, superficial y contradictorio.

—La serie Doble juego y Aquí estamos son diferentes, en efecto. Se asumió un tratamiento diferente desde un punto de vista diferente. Cada realizador pone su impronta en la obra audiovisual.


(Armando Gómez como Adonis, una de las revelaciones de Aquí estamos)

"Es que hemos pasado del no decir nada a querer retratar, mal retratar, una sociedad que, en efecto, pudiera ser vulgar, como si no bastara vivirla, o más bien sufrirla a diario en cualquier soplo de tiempo".

¿Cuando expresa “como si no bastara vivirla o más bien sufrirla a diario”. ¿Es que, entonces, lo que le molesta es ver reflejada esa sociedad en la pantalla? ¿Quiere entonces novelas mexicanas o colombianas? ¿Pura evasión?
Reflejar la cara fea de la sociedad no es sinónimo de aupar ese comportamiento; al contrario: es provocar precisamente, ese rechazo que siente la autora del artículo.

"Sin embargo, la vulgaridad crónica, extendida y hasta televisada con tres dosis a la semana y sin "agua para destrabarla" motivan unas líneas sobre Aquí estamos, la novela que en noches alternas lanza a la cara, sin ton ni son, una sociedad grosera porque sí, de paso mal actuada, sin matices, donde el término "persona normal" casi no existe, en la que ofender a la progenitora de alguien no es un parlamento prescindible, aunque después de los créditos la insistente Aurora Basnuevo vuelva a aparecer con su "¿y cómo quedo yo?".

—El lenguaje vulgar lo emplean los personajes de una procedencia, formación o medio “vulgar” y sirve para la caracterización de los personajes. Es una condición dramatúrgica.

—El único “anormal” de la novela es el hermano de Yoyi. Los demás personajes, señora mía, no son anormales, son simplemente personajes con conflictos.

—Lo de mal actuada, habría que ver si se refiere de forma general, pues hay que destacar la actuación de varios de los jóvenes, que en ocasiones, supera a los de actores ya experimentados; tal vez porque la problemática les toca muy de cerca.

—No entiendo que quiere decir cuando escribe “ofender a la progenitora de alguien no es un parlamento prescindible”. Es una frase oscura.

—El comentario no toca otros aspectos de la puesta en pantalla que hubiese querido ver como que hay conflictos que pudieran desarrollarse más como el de Shidarta y la madre, darle más matices a la sicología de Pedro (el profesor de teatro); un poco más de ímpetu al padrastro de Mariana ( la chica enferma), etc… pero en conjunto esos detalles desaparecen ante los diálogos inteligentes, profundos y la veracidad que tiene (aunque cruda y por eso ofende a algunos).

—No señala una banda sonora excelente en función de la dramaturgia del espectáculo, desde el tema de presentación hasta el lei motiv de los personajes.

—El rechazo que provocan las situaciones y personajes de la novela es su principal logro. Hasta a la autora del artículo le produce “asquito”. ¡Que bueno!

—¿Quién dijo que no hay personajes positivos? Donde dejamos a Pedro (el profesor de teatro que hace Enrique Bueno), a Liset (que empezó a fregar platos para que su esposo puede realizarse como actor y deje las “payasadas” del cabaret); a la abuela Luz, que a pesar de sus años todavía sueña; al siquiatra de Néstor Jiménez que repele a su esposa por lo light que se ha vuelto, al padre de Adonis que trata de encaminar a su hijo; a la mamá de una de la lesbianas, tan comprensiva; a Yoyi, capaz de cuidar a su hermano y prestar su ayuda solidaria…

—¿Acaso no ha visto que el personaje de Cecilia abandonó la vida cómoda con el extranjero, por amor?

—La sociedad es un mosaico. ¿O es que siempre queremos ver el mismo lado y el mismo color?

……………………………………………………….

AQUÍ NO ESTAMOS

Leticia Martínez Hernández
/Tomado del periódico Granma, 21 de septiembre/.

Antes de poner una palabra, aclaro: no abogo por la pulcritud en el lenguaje, por aquellas frases al estilo de señoronas impasibles con espejuelos de quita y pon. Como cualquier joven de mi edad lanzo un "escapao" cuando alguien se luce, si antes no se me ocurrió un "estás en talla" aunque a algunos les parezca desentallado. También hablo de "está muerto contigo", de "te cogió el tren", de "más perdío que Carmelina". No me siento apta para decir un asere, pero no me parece mal cuando lo escucho, me sabe a cubanía, a cultura cubana, como escribió Miguel Barnet en estas mismas páginas.

Sin embargo, la vulgaridad crónica, extendida y hasta televisada con tres dosis a la semana y sin "agua para destrabarla" motivan unas líneas sobre Aquí estamos, la novela que en noches alternas lanza a la cara, sin ton ni son, una sociedad grosera porque sí, de paso mal actuada, sin matices, donde el término "persona normal" casi no existe, en la que ofender a la progenitora de alguien no es un parlamento prescindible, aunque después de los créditos la insistente Aurora Basnuevo vuelva a aparecer con su "¿y cómo quedo yo?".

Es que hemos pasado del no decir nada a querer retratar, mal retratar, una sociedad que, en efecto, pudiera ser vulgar, como si no bastara vivirla, o más bien sufrirla a diario en cualquier soplo de tiempo. Y no hablo de aprehendernos del estilo brasileño, donde las favelas están proscritas casi por decreto. Hablo de aprender a ser sutiles, de sugerir enojo usando algo más que "malas palabras", muchas veces pegadas al guión sin coherencia; de contar sobre muchachos como Adonis, pero mostrando mejores caminos que el de una novia también vulgar que le pide cambiar porque "es un fula", y entonces cualquiera en su lugar podría preguntarse para qué cambiar si el medio es como yo; de tomar con seriedad el poder de la televisión para fijar patrones que no tienen que ser necesariamente jóvenes pulcros, de encumbradas familias; de no esperar al último capítulo para pintar de rosa la deslucida sociedad que desde la primera entrega me aseguraron que allí estaba.

Y no creo que se trate de que Cuba no esté preparada para ver reflejada su parte fea en la pequeña pantalla, como alguien me sugirió hace algunos días. Porque entonces tendría que hacer recordar aquella durísima, y excelente, Doble juego, de Rudy Mora, la novela que a golpe de astucias, perspicacias, nos mostró una sociedad poco agradable, pero cierta. Tan creíble, que pocos dejaban de ocupar puesto cuando Polito Ibáñez comenzaba a hurgar en su guitarra.

Entonces pregunto si la fórmula para hacer una novela de actualidad (término de moda, o de prepararnos para lo que viene) resulta la sumatoria de maltratos, malos términos, vulgaridades. No es entendible que una hija lastime con palabras a una madre como si de beber agua se tratara, que se defienda el honor a golpes porque "eso no se le hace a un hombre, y no me aguantes que le voy a partir la cara en dos"; que un muchacho "vulgar" llore su amor, y alguien le diga "para qué tu formas to eso". En fin, ¿qué queremos enseñar?, sí, porque de enseñar también se trata, más allá de entretener con caras lindas, con jóvenes vestidísimos a la última moda, con escenas de sexo.

Evidentemente, algo no funciona bien en la programación dramática de la TV Cubana. Y no es cosa de encarar a guionistas, actores y realizadores, quienes inmersos en el proceso creativo tal vez no hayan ponderado el alcance y las carencias de su propuesta televisual. Se trata de exigir responsabilidades a los que aprobaron, alentaron y pusieron en el aire esa propuesta: la Redacción especializada y las instancias de dirección de la TV.

Mientras tanto, una profesora intenta que sus alumnos no le digan "oye mija"; mientras tanto siguen ocupando espacio en las agendas de trabajo las reuniones donde muchos se rompen la cabeza buscando la mejor fórmula de transmitir valores; mientras tanto una novela asegura que Aquí estamos, y me da por pensar que no estamos cuando a la puerta toca la vulgaridad, y le regalamos el chance de pasar.