Mostrando entradas con la etiqueta Noticiero ICAIC. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Noticiero ICAIC. Mostrar todas las entradas

viernes, 30 de enero de 2009

La SINFONÍA (inconclusa) para cine cubano de Frank Padrón


Reinaldo Cedeño Pineda
escribanode@gmail.com

¿Qué Habanas está observando Sergio desde su telescopio, cuáles está diseccionando? ¿En realidad, qué Habanas quiere encontrar? ¿Qué Habanas le miran hoy, a Sergio y a Titón, desde un catalejo puesto al revés?

Frank Padrón también sube al balcón, se quita la camisa, dirige su objetivo hacia ese país de las sombras y las luces largas, en el cual habitamos irremediablemente: el cine. Y lo hace con la autoridad de treinta años en la crítica cinematográfica, en esa profesión maldita, como él mismo dijera alguna vez; si bien no sólo es la suya la que merece tal calificativo.

Cierto juego de espejos se desliza entre esta Sinfonía Inconclusa para cine cubano de Frank Padrón y aquella Pieza Inconclusa para piano mecánico de Nikita Mijalkov, al menos en el título, que nunca será simple referencia en la cubierta; sino grito, sustancia, síntesis y latido del libro.

Valen estos destellos pues ―aunque las cintas de esas geografías que antaño inundaron nuestra pantalla, hoy parecen excomulgadas―, una línea de esencialidad en el pensamiento, es capaz de establecer los lazos entre un filme soviético y este recorrido cubanísimo por el cine que ha parido a titones, fernandos y humbertos.

Frank Padrón nos entrega con este, un libro puente. En verdad, una primera temporada, pues ya se encargará en su último capítulo ―perdón, en su última página―, de advertirnos la saga que vendrá.

La obertura valora desde sus presupuestos artísticos, la multiplicidad de la Muestra de Nuevos Realizadores, acercándonos a nombres y títulos recientes de un audiovisual alternativo, hasta hace poco “cuasi clandestino”; a un cine que toca la marginalidad, la memoria, la historia íntima; a un cine otro, cuya mirada escrutadora sobre la realidad cubana merece salir ya de marcos estrechos, de premios in situ… y reconvertirse, de cine sumergido en patrimonio de mayorías.

El autor nos participa de un largo dolly por el cine cubano de los ochenta: década entre escándalos y populismos, entre la Cecilia de Solás (1980) ―a la que se quiso escamotear magnitud, enquistados en la trinchera de la fidelidad literaria―, la vanguardia de Papeles Secundarios (Orlando Rojas, 1989), La bella del Alhambra (Pineda Barnet, 1989) y aquella hipercriticada Alicia en el pueblo de Maravillas (Daniel Díaz Torres,1990), por la cual hicimos en su momento ―yo y mis compañeros universitarios―, una cola interminable de nueve horas en el cine Cuba de la calle Enramadas…

El autor nos lega nuevas lecturas a la luz del tiempo, del tiempo que todo lo sanciona, y acaba justipreciando las valías de unos y las falencias de otros, aunque sea trastocando lo que entonces se suponía intocable.

A mi modo de ver, el ensayo “Fresas no tan silvestres” ―otro rejuego titular con Bergman―, constituye la ejecución más acabada de esta sinfonía. Frank Padrón demuestra, al asumir el abordaje del sujeto homo- bi- transexual en el audiovisual cubano, a la par de su acostumbrada apreciación estética, un calibre investigativo y periodizador bien atendible. El crítico se decanta por una búsqueda documentada e histórica del tema, desde los circunloquios iniciales y los abordajes indirectos, hasta la clarinada de Fresa y Chocolate (Alea-Tabío, 1993), desde los antecedentes en Norteamérica, América Latina y Europa hasta la evolución en Cuba después de 1959.

“Fresas no tan silvestres” ensayo finalista del Concurso Internacional Pensar a Contracorriente 2006, no se cierra exclusivamente al ámbito cinematográfico, sino que suministra elementos del marco social en los que se debate la obra artística ―los movimientos de reivindicación, la UMAP, los setenta, el SIDA, el CENESEX―, así como las resultantes de la homofobia-la polémica-la aceptación-la ausencia-el desafío.

La incursión toca también algunos productos de la pantalla chica como aquella “abrupta satanización del gay” encarnada por el personaje central de la telenovela La cara oculta de la Luna (2006).

El último movimiento del libro (molto vivace, podría decirse) es la ventana a la producción del cine nacional en el bienio 2006-2007, en el cual se incluyen algunas cintas como La edad de la peseta (Pavel Giroud), las altas y bajas de El Benny (Jorge Luis Sánchez), Madrigal (Fernando Pérez) o La pared (Alejandro Gil). Padrón se introduce en la vena de cada filme, y en su tono abarcador se arriesga ―que toda opinión irremediablemente implica riesgos― a sopesar estas entregas del séptimo arte en la Isla, en plena gestación, apenas estrenada la obra, caliente aún el plató…

Hay más en este libro: “el largo matrimonio entre cine y música”, las huellas del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, la revista Cine Cubano… pero sólo quiero amplificar una idea más tratada por el autor: el lente nacional posado en el escenario urbano capitalino, La Habana “como una verdadera obsesión del cine cubano… al punto de que muchos… hablan de un cine ‘habanero’ más que cubano”.

Me alegra que un analista de su talla ―sin complejos provincianos ni exageraciones espurias― esboce también en el cine, un asunto arduo y de largas consecuencias en casi todas las esferas: el abuso de la Imagen Habana como Imagen Cuba, erigido ya en vicio ―al que siempre se le buscan “razones” y analogías―; la suplantación, la reconversión de La Habana, no en la capital del país, sino en “el país”.


Un libro de cine es siempre un libro parlante, un libro con el que se dialoga muy de cerca ―a golpe de discrepancias/congruencias―, un libro al que se vuelve siempre. La Editorial Oriente se anota con Sinfonía Inconclusa para cine cubano de Frank Padrón ―edición de Lina González Madlum― otro aserto en la línea de publicación de volúmenes sobre la temática, que incluye, por ejemplo, las valiosas Coordenadas del cine cubano.



Sólo queda esperar que tantas concurrencias ejerzan sus buenos augurios sobre las salas oscuras de Santiago de Cuba, reducidas dramáticamente, colocadas al borde de la extinción ―tal vez habrá que seleccionar un balcón santiaguero para esperar la vuelta de Sergio con su telescopio―. Y que el autor, con la misma apostura del narrador que es, cumpla la promesa que advierte en la página 132: CONTINUARÁ.

Santiago (de Cuba), en el glorioso día del 28 de enero (de 2009)

jueves, 22 de noviembre de 2007

EL PRIMER VÍDEO CLIP DEL MUNDO



Reinaldo Cedeño Pineda

El vídeo clip es un género de la contemporaneidad, que hoy nos parece debió existir siempre… pero su aparición se debió a una evolución natural.

La polémica siempre es ardua cuando se trata de señalar a los primeros, pero un cubano, Santiago Álvarez Román, y una fecha, el 1965 son definitorias.

En ese año, el famoso artista produjo una verdadera revolución en el montaje cinematográfico con su documental NOW.

Santiago Álvarez animó un exuberante material de archivo sobre la discriminación racial en Estados Unidos: perros, policías, palos alzados, ¡rostros!, y encadenó las secuencias in crescendo, a una canción interpretada por Lena Horne.

Es un material fundacional de una forma de la visualidad.

Santiago fue director de seiscientos noticiarios cinematográficos (Noticiero ICAIC Latinoamericano) y de centenar y medio de documentales.

Frente al mar Caribe, en una tarde memorable de confesiones, en 1996; tuve la oportunidad de conversar con él sobre su pasión testimoniante. Lázara Herrera, su esposa, fue nuestra acompañante.

Now ocupó un lugar especial.

-¿Está de acuerdo en la afirmación de qué es el precursor del vídeo clip?

"Sí, pudiera decirse así, porque el documental dura apenas los seis minutos, lo mismo que la canción de Lena Horne.

“Comprobando todo lo que se hizo ese año en el mundo, todo lo que nos ha llegado, puede concluirse que fue el primer vídeo clip. No tengo a menos ni vergüenza decirlo”.

-¿Se propuso crear un nuevo estilo?

“Las estructuras de Now nacen así, como un montaje dinámico, un collage de imágenes que surgen por la propia necesidad.

“Las carencias llevan a la invención y este fue el caso de Now.

“Me hizo recordar mis experiencias sobre la discriminación racial en Estados Unidos, donde trabajé como minero en los años cuarenta".

-¿Puede acercarnos a esa historia?

"El caso es que tuve que abandonar mis estudios de medicina en Cuba. Me fui a los Estados Unidos porque no quería ser una carga, y en el trayecto de un ómnibus de Miami a Nueva York, intenté darle el asiento a una negra que llevaba a un niño en brazos.

“Muchos comenzaron a decirme horrores en inglés, y yo le dije a la negra que me diera el niño para llevarlo y le contesté a todos que...! había que matarme para quitármelo!.

"Entonces, había una ley que permitía a los negros sentarse… sólo en la parte de atrás de los ómnibus. Aquel pasaje se me quedó grabado y la oportunidad fue Now".

¿Cuánto ha filmado?

"Todo lo que se mueva, quiero filmarlo. En el documental no hay maquillaje, no se puede decir: ¡para la guerra… que la toma no quedó buena! Eso es lo difícil y lo hermoso”.

Varias de las imágenes de Santiago Álvarez, forman parte del patrimonio fílmico universal:

Las palabras del presidente chileno Salvador Allende denunciando las conspiraciones contra él (¿Cómo, por qué y para qué se asesina a un general?, 1971) y Ernesto "Che" Guevara manejando un tractor (Hasta la victoria siempre, 1968).

Igualmente, captó las imágenes del primer bombardeo norteamericano sobre la capital vietnamita (Hanoi, Martes 13; 1967) y a Ho Chi Minh jugando con los niños (79 primaveras, 1969).

-¿Mi estilo, preguntas?... “Un maremoto de secuencias trabajadas”.

Cada año, Santiago de Cuba le rinde un homenaje a su memoria en el Festival Internacional de Documentales “Santiago Álvarez”.

Cuando en 1998, muy afectado ya por el mal de Parkinson, dejó de existir, abrí el libro que aquella tarde frente al mar, puso en mis manos: El cine urgente de Santiago Álvarez, del brasileño Amir Labaki.

Allí, en su portada, había dejado escrito de su puño y letra: ¡Viva el cine documental!, como una firma, como un auto de fe…