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lunes, 9 de enero de 2012

VERDE VERDE, la última cinta de Pineda Barnet: NO APTA PARA HOMOFÓBICOS


Por Reynaldo González

(Premio Nacional de Literatura)


Esta película afronta una realidad poco divulgada y menos estudiada en nuestro medio: las torceduras psicológicas de quienes se escapan de los esquemas y viven su sexualidad de manera tortuosa, acorralados por un entorno que los desprecia antes de comprenderlos. Ellos burlan la galería de tipos establecida por el facilismo, que requiere caricaturas, no personas. Ellos no responden a los seres arquetípicos, a quienes les entregan la dádiva de la tolerancia. Se mueven en un terreno donde esa tolerancia ofende porque traduce la imperdonable altanería del sexismo machista. Se tolera lo que de alguna manera no hallamos correcto, ni compartimos; el gesto de presunta generosidad se congratula con cierta superioridad condescendiente. Es el falso «diálogo» que, desde un desprecio tamizado, se permiten con el diverso.

Los personajes de este drama no satisfacen la carnavalización tradicional sobre el homosexualismo, fiesta insulsa entre individuos superficiales que asumen el esquema del afeminamiento, quizás como reto y refugio. En la pantalla aparecen dos hombres, dos machos que participan en un juego de provocaciones, avances y retrocesos, exploración de sí mismos. Responde a un poderoso imán, no colocado fuera de ellos, porque está en ellos. Afirmándola o negándola, exploran su propia naturaleza.

Alfredo y Carlos luchan consigo mismos, se enfrentan a obstáculos que actúan de manera automática en su comportamiento. En esa sucesión de tensiones, forcejean. Sus expresiones afrontan la procaz reiteración de una pantomima social exaltadora de lo que se considera aceptable. Hasta que ceden y se entregan, no sin antes repetir los lugares comunes de convenciones que, de haberse dado la tregua de la reflexión, hubieran considerado absurdas. Pero las convenciones que los han conformado constituyen una malla sólida de impedimentos que también están en ellos y, desde sí mismos, los agreden. Si Alfredo se acepta en su dualidad sexual, no así Carlos. Ambos son como metales tan sólidos que no se flexibilizan y al impacto de lo opuesto, se rompen. Es un drama forjado en el decursar de un largo tiempo de convenciones y prejuicios. Es lo adverso que desde adentro se revuelve, enemistado. La pasión que estalla y predomina, por la carga de torpezas sacralizadas, hace que ambos personajes destruyan lo que anhelan.

La atmósfera inicial de la película, en un bar sin ubicación específica, internacional, no esquiva los tópicos del machismo en expresión cubana. El ardoroso tránsito de las situaciones posteriores también tipifica las expresiones que en nuestro medio vemos como reflejos de una contraída y extremada virilidad. De ahí el título, Verde verde: lo excesivo que teme a la quiebra, el horror de no tener asidero, los extremos que se tocan, Dime de qué alardeas y veré de qué careces. Al final, la masculinidad, llevada como una exigencia constante, sin permitirse un matiz de ligereza por miedo a perder el tino y el tono de su imagen rígida, se convierte en una representación tan asumida como el amaneramiento marica, simulación e impostación que puede convertirse en un rol tiránico y, a no dudarlo, resulta una trampa. Son los extremos tenidos como habituales, requeridos y esperados dentro de los cánones de comportamiento que la imposición sexista acepta. Estos protagonistas constituyen, precisamente, las claves que la sociedad echa en falta.

Otra diferencia es la ausencia de ternura que, sin embargo, los personajes hubieran agradecido («yo te hubiera querido», dice un personaje ante la inevitabilidad de su falencia), pero se la niegan siguiendo un comportamiento ya trazado. Esa ternura ausente deviene afán de dominio, elemento de combate. Las posiciones extremas de nuestra sociedad no les permiten matices. Alcanzan el sexo sin el obsequio de la sensualidad, al menos de una sensualidad explícita, previsible; transitan su búsqueda en un rodeo provocado desde el miedo, el reniego, una seducción-otra, como designio irrecusable. Solo de esa manera pueden afrontar los preconceptos que arrastran.

Que una película de este carácter surja en la cinematografía cubana es, a la vez, sorprendente y natural. El país que llevó la homofobia a política y praxis, sumó torpezas que se le convirtieron en persistente boomerang y ahora escala un camino arduo en las obligadas rectificaciones, recibirá esta obra como un rotundo impacto. No resultará de fácil encasillamiento, precisamente porque el argumento y su realización no se permiten el habitual aparato burlesco, no se recrea en la figura del marica endeble, destinado al escarnio tradicional en su equivocado afán de asumir un rol que lo tiraniza, Y es natural que esta película surja en Cuba como un necesario y útil tratamiento de choque.

Ahí están los elementos de un drama que subsiste a pesar de las lindes establecidas, lindes que pretenden adormecer las personalidades con un rito preconcebido. Es el rito el que va contra natura. Estos personajes, en su aparente excepcionalidad, retan el predominio de los arquetipos, pues no son tan infrecuentes como la sociedad machista quisiera. El fragmento de realidad que la película nos muestra, subyace bajo las ceremonias, impone su propio vigor, como una de las múltiples posibilidades del deseo.

Es uno de los reflejos coexistentes en la imagen social que la mirada inadvertida no percibe. Estos dos hombres también son el Hombre, cúmulo de tensas ansiedades aplazadas, que se rebelan, exigen presencia. Que estos pensamientos, y muchos más, como flechas disparadas a diversos contenidos, surjan en una primera apreciación, es muestra de una tensión dramática poderosa y una conducción de actores inusual. Es la expresión de una poesía pugnante, bajo la necesidad de aflorar y exigir reconocimiento.

Con toda intención esquivo aquí los elogios y las demasiado relamidas exaltaciones al uso, porque las conquistas y su densidad artística resultan obvias en esta película que ha redondeado Enrique Pineda Barnet. Lo hace desde una concentrada intención artística, cerrada en sí misma, como esos personajes que se buscan, se exploran, se funden en un círculo no previsto por la sociedad de tiránicos prejuicios. La tragedia que explaya la película les viene dada por la excesiva carga de concepciones adversas. Ellos viven su poética diversa, alejada del manierismo obsecuente y de la presunta «denuncia». Sin retórica, viven su mismidad. La cámara y los recursos del cine, simplemente muestran.

(Tomado de PUENTEAR, blog del cineasta Enrique Pineda Barnet http://puentear.blogspot.com/2011/12/reynaldo-gonzalez-verde-verde-no-apta.html)


miércoles, 19 de noviembre de 2008

CARACOL 2008 (II): Racismo, familias y ¿terrorismo sexual?



Reinaldo Cedeño Pineda
escribanode@gmail.com

“Los cambios de la televisión expresan los cambios de la sociedad. Nosotros no podemos pensar que una televisión va a ser no homofóbica, cuando una sociedad es profundamente homofóbica”, expresó Gisela Arandia, coordinadora del proyecto Color Cubano, durante las sesiones teóricas del Caracol 2008.

Convocado por la sección de cine radio y TV de la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba), desarrolló sus debates del 12 al 14 de noviembre últimos en la sala Rubén Martínez Villena en la propia sede nacional (La Habana)

El tema del racismo y la discriminación, pese a su eliminación a nivel estatal y social en la etapa revolucionaria, suele andar por ahí, resistente, agazapada, resurgiendo de forma más velada o más explícita en algunos ámbitos de la sociedad cubana. La propia televisión es reflejo de ello.

Los intelectuales y artistas cubanos se han referido al asunto muchas veces. De ahí, el proyecto comunitario Color Cubano de la UNEAC, dedicado “a fortalecer consensos sobre la problemática racial en Cuba”, y que ha encabezado diversas acciones socioculturales y de reflexión alrededor del tema.

“No podemos pensar que una sociedad va a tener un reconocimiento especial para la mujer, cuando siendo más de un 76 por ciento de los profesionales en Cuba... todavía se presenta una imagen de la mujer que está solamente encerrada en el ámbito pasional. ¿Y esa mujer cubana que ha construido esta sociedad… esa masa crítica, como se suele decir? No está representada”

“Cómo podemos pensar que la televisión puede entender un debate grande que tuvimos sobre un programa humorístico PUNTO G [una peculiar consulta de sexología], donde para algunos, el racismo era algo… que dependía del punto de vista de quien lo miraba.

“Estas cosas significan, no eximir a la televisión del papel que le corresponde como bien público, como una institución social que tiene el deber, la obligación, el compromiso de reflejar la vida de esta realidad”

Arandia destacó asimismo un “macropensamiento” que ha caracterizado “estos casi 50 años sobre la problemática racial”:

“Un discurso con altas y bajas que ha insistido en que el racismo y la discriminación fueron eliminadas, un macrodiscurso que no se detiene en determinadas particularidades de esta problemática. Por tanto, junto a este discurso, tenemos un imaginario social que igualmente está inmerso en esta discriminación, en ese prejuicio, en ese racismo anti negro que todavía considera al ser humano inferior”.

LAS FAMILIAS CUBANAS

Fue la profesora María del Carmen Zabala de la Universidad de La Habana, quien inició la mesa “Para que hablen LOS OTROS”, ilustrando algunas particularidades de la familia cubana, o más correctamente, LAS FAMILIAS CUBANAS.

Esbozó los conflictos y rasgos de la convivencia familiar inter generacional, se detuvo en las familias encabezadas por mujeres que muchas veces a “un gran costo emocional” y con “gran sacrificio” son capaces de satisfacer las necesidades básicas de sus componentes.

Asimismo, señaló el caso de familias compuestas por una sola persona (incluidos hombres y mujeres de la tercera edad), y la existencia de familias pobres, pese a que sus componentes pueden tener acceso a una serie de facilidades, dada las características de una sociedad socialista.

Son consideraciones a tener en cuenta en la Cuba de ahora mismo, a la hora de evaluar programas de radio y televisión, y por supuesto, de establecer estrategias en el ámbito social.

Soledad Cruz ―hace algunos años, una de las periodistas más polémicas de nuestra prensa, y luego, representante de Cuba ante la UNESCO― comentó en la mesa, el papel de las mujeres cubanas a lo largo de la historia y en nuestra sociedad actual, al tiempo que destacó el ejemplo de una luchadora de la talla de Celia Sánchez.

A posteriori me contó que ya había terminado su libro “Los amores de Celia” y lo había puesto en manos del Instituto Cubano del Libro.

“No es una biografía… sino un retrato del ser humano, de la combatiente, su familia y sus amores fundamentales, su relación especial con su papá, con Fidel y la devoción por su pueblo…”, señaló Soledad en la conversación.

Esperaremos su salida.

¿TERRORISMO SEXUAL?

El escritor Miguel Barnet (Biografía de un cimarrón, La Fuente viva, La canción de Rachel), actual presidente de la UNEAC, fue invitado a decir unas palabras.




Barnet retomó algunas de las ideas expresadas por el realizador Vicente González Castro, en el sentido de que nuestra televisión es singular, que no puede comprarse con ninguna otra.

“Le doy la razón en que la televisión no tiene comerciales ni compromisos con las transnacionales. Digamos que nuestra única transnacional es el Partido, el partido que encabezan Fidel y Raúl…

“Es la familia la que nos dice dónde está la verdad, o la aproximación a la verdad (o sea la verosimilitud), que camino seguir.

Apuntó que se había criado en la burguesía del Vedado, pero frente su casa, estaba un solar. “Y yo me iba todos los días allí, por inclinaciones mías ―no había Partido… estaban nada más Batista y los sicarios―, y mi familia jamás me dijo: ‘ve para allí’. Me lo dijo mi conciencia, mi sensibilidad me llevó allí, a aquel lugar que era un verdadero mosaico del imaginario cubano…”

“Yo también quiero que algún día cuando se trate el tema homosexual en la televisión o el cine cubano, no se trate con paternalismo, ¡por favor!, no se trate con terrorismo.

“Aquí ha habido telenovelas que han insuflado terrorismo sexual a las mujeres. Amigas mías y parientas mías, sobrinas mías me han preguntado: ¿y todos los hombres son bisexuales?

Barnet recordó la escena de una telenovela en que la protagonista, al enterarse de que su marido ha tenido una relación homosexual “se desmaya, cae en trance, lo odia… lo desprecia. Y el hombre queda relegado a algo peor que la homosexualidad o bisexualidad, queda relegado al olvido, queda como un depravado social. Y la mujeres se asustan, porque no saben si el novio que van a encontrar en la esquina, puede tener algún día una relación de ese tipo…

“Le tengo terror a ese, valga la redundancia, terrorismo sexual que a veces aparece en nuestra televisión. Vamos a tratar las cosas científicamente… vamos a tratar las cosas con honestidad, vamos a estudiar a nuestros clásicos...”

“Tengo deseos de que haya también una novela en la televisión cubana sobre la familia negra, pero no sobre esos brillantes intelectuales negros científicos…. del polo científico, ¿por qué?... una familia negra completa. ¿Por qué no tenemos una telenovela sobre la familia negra?

“Este es un tema que nos interesa mucho a todos, no se circunscribe a la televisión ni a los medios; sino que es un tema que algún día, tanto el tema de la homosexualidad como el tema del negro, debe tener un debate de mayor alance, de alcance público.

La trigésima edición del Caracol contó en su espacio teórico sobre la radio: mitos y decadencias, los programas para niños, la Internet, la telenovela, el lenguaje en los medios… y rindió homenajes al cineasta Humberto Solás y al también desaparecido director televisivo Erick Kaup, uno de los artífices del espacio “Aventuras”… pero, desafortunadamente, de eso no puedo dar detalles. No había podido llegar.

Sobre el Caracol de la UNEAC, especialmente alrededor de las telenovelas, aún nos queda tinta en el tintero.

PRIMERA PARTE:

CARACOL 2008 (I): HOMOFOBIA: ¡Para que no vuelva pasar una cosa como esta…!
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/11/caracol-2008-i-homofobia-para-que-no.html

lunes, 30 de junio de 2008

LA DIVERSIDAD SEXUAL y LOS MEDIOS (12) “Todavía están explotando demasiado lo grotesco”

Un bombardeo homosexual?

…. Vamos a partir del reconocimiento de que los medios son transmisores de cultura, transmisores de formas de de ser y hacer, porque incorporamos muchos patrones de conducta.

En este momento me parece que hay un “bombardeo homosexual”, que no hay equilibrio entre la propuesta que te están haciendo, entre lo heterosexual y la sexualidad homosexual. ¿Entonces de que diversidad me estás hablando?

Yo no veo tal diversidad, porque tú lo que me estás diciendo es que la homosexualidad es buena… y no es que sea mala. La homosexualidad no es buena ni mala, sencillamente es una variante, una alternativa; pero tú me estás diciendo que la homosexualidad es la buena práctica, es la práctica que debemos seguir y aceptar, tal vez no explícitamente, pero sí implícitamente; y si yo lo asumo como tal, entonces lo puedo incorporar perfectamente a mi sistema de regulación y hay una inducción de esta conducta sexual… ¿donde está el contrapeso?

¿Por cuantos spot que promueven la aceptación, (y si hablamos de que son medios de propagación de cultura, promueven la aceptación y el comportamiento homosexual…) podemos encontrar lo contrario, la aceptación y el comportamiento de conductas heterosexuales?

Estoy hablando de los spot de última creación, de los que están en el boom en estos momentos.

Amor entre mujeres

Sobre el tema del lesbianismo, no es tanto que sea más rechazado que el masculino. Partimos de un principio conceptual: es homosexualismo igual, el masculino y el femenino. Unos le dicen un nombre peyorativo, y otros tal vez uno menos peyorativo, más considerado al sexo femenino.

Como condicionamiento de una sociedad machista, a los hombres los podemos tratar más duro que a las mujeres, aun cuando sean mujeres que se conduzcan supuestamente “como hombres”. Tal vez es que esté más reprimido por un enfoque de género.

Cuba sigue siendo esencialmente una sociedad machista y patriarcal, aún con todos los cambios propiciados por la Revolución, y por el propio desarrollo del mundo...

Partiendo de este mismo concepto, los hombres son más activos y de más fuerza en los cambios sociales, y “aunque yo sea homosexual” sigo siendo hombre y gozando de los privilegio de esa condición”; y “aunque yo sea lesbiana”, soy mujer y sigo sufriendo las carencias que se le atribuyen a mi sexo. Por eso la forma de expresión, no se acepta igual ni se maneja igual.

A mi no me parece que el lesbianismo sea considerado como más escandaloso, desde lo social, sino que es menos ostentoso públicamente. ¿Por cuántos homosexuales hombres que tú ves, que públicamente ostentan su condición de homosexual... se encuentran la misma cantidad de mujeres que lo hacen? Ellas están más tranquilas. Y entonces se hacen menos familiarizaciones, la gente se extraña… para los medios y para la sociedad son más “invisibles”.

Por una que se sienta con las piernas abiertas, se suba el pantalón, y se pone las manos entre las piernas… hay cincuenta que se ponen faldas, se arreglan, se maquillan… y son lesbianas.

La imagen en la televisión


Comencé hablando de los spot, porque me parece que es lo que más en crisis se encuentra.

En las novelas, yo veo un elemento un poco más favorable, por supuesto, es que el medio lo permite profundizar en los aspectos sentimentales; pero definitivamente creo que todavía están explotando demasiado lo grotesco, que todavía están rozando lo increíble.

Mira, sobre la novela cubana (Polvo en el viento)… es increíble pensar en el personaje que, después que la mujer lo cogió con otro hombre, él quiera volver con ella como si no hubiera pasado nada, diciendo que fue “cosa de una noche”…

En nuestra sociedad y nuestra cultura, en mi experiencia clínica, jamás he visto ni le he escuchado a los demás algo semejante; ni lo he visto en mi experiencia humana… Me parece muy poco creíble, muy poco manejable… sí he visto que una mujer que sospeche la condición sexual de su marido, pero no lo asegura, no lo confirma, conviva con eso.

Esto de “cortarse las venas” [declaración del personaje presumiblemente bisexual de esta novela, ante el abandono de su esposa] y hacer toda una historia histérica, histriónica, es muy desacertado. Es una promoción de patrones sexuales nocivos, ya que estamos viendo al homosexual que se empastilló por no aceptar su homosexualidad. Y no creo que una persona se empastille por su homosexualidad, si no que lo hace porque no sabe manejarla.

Si vamos a hacer un analogía, eso de la representación homosexual masculina con conductas femeninas, también estás dando un mensaje, que esas son cosas de mujeres, otro mensaje nocivo…

En el caso de la novela anterior (La cara oculta de la Luna), la historia trata de un hombre que después de una relación con su esposa de muchos años, la abandona por un hombre. No digo que no pueda suceder, pero no es la norma.

Un hombre que mantenga treinta o cuarenta años de una orientación sexual, y aún cuando cabe la posibilidad de que haya una tendencia latente, se enfrenta a esa tendencia y huye como el cristiano que vio el diablo, porque median todos esos años. Y menos con un homosexual escandaloso, porque si tal vez lo hubiesen manejado de manera más sutil y creíble… tal vez al estilo de la película Brokeback Mountain.

Un macho constructor con su mujer y su hijo… encontrarse con este homosexual expansivo y dejarlo todo atrás, eso es mentira…

Por eso creo que se están manejando personajes increíbles…

Carlos (sicólogo)