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lunes, 5 de noviembre de 2007

CERCA DE GUANTÁNAMO BAY


Reinaldo Cedeño Pineda

El camino es árido hasta llegar a Caimanera. La lluvia se esconde. La maraña espinosa se enseñorea por doquier. Las rocas desnudas se aferran a la tierra mientras el mar las devora.

Caimanera es un municipio de Guantánamo, la más oriental de las provincias de Cuba.

Caimanera es la salina de Cuba. El sol reverbera en las montañas de sal. Dicen que hasta los muertos entran aquí en salmuera…pero esto no son las minas de Wieliczka.

Para llegar a Caimanera se necesita un permiso especial. Guantánamo es la única frontera terrestre de la Isla.

En un pedazo, en un enorme pedazo de su bahía, está la Base Naval de los Estados Unidos. No la escogieron al azar, es una de las más grandes bahías de bolsa del mundo.

Más de un centenar de kilómetros cuadrados (exactamente 117,6: de ellos 49,2 de tierra firme, y el resto de aguas y pantanos) arrancados a Cuba en un tratado leonino: la Enmienda Platt.

La ignominiosa Enmienda Platt, impuesta en 1902, con las cañoneras al doblar

VER ( http://www.cubagob.cu/otras_info/minfar/enmienda_platt.htm )

En diciembre de 1903, los Estados Unidos tomaron posesión del territorio de la Bahía de Guantánamo "hasta que lo necesitaren"

Guantánamo es la Vieques, la Okinawa de Cuba. Es aún nuestro Canal de Panamá, antes de que el corazón de Torrijos navegara por él.

Guantánamo está en boca de todos, no por la sal generosa de la naturaleza, ni por sus aguas; sino por la tortura.

Me aprieto a mi asiento cuando escucho y veo Gitmo, el documental de Erik Gandini y Tarik Saleh. He visto otros, terribles.

Desde la Loma de Malones, de este lado de la cerca divisoria, más acá de la franja que se conoce como “tierra de nadie”, no puedo alcanzar las celdas; pero desde La Base, así, a secas, como le decimos los cubanos… no ha llegado otra cosa que dolor.

Sino que le pregunten a la familia de Ramón López Peña, el guardafronteras asesinado en la flor. Y a tantos otros.

En la Loma de Malones hay un mirador hacia La Base. Un muro de piedras salva del abismo y sostiene un visor. Si lo prefieres, hay prismáticos.

Aquella es la playa, nos explican. Hermosa arena que se abre al Mar Caribe. Arena vedada a los guantanameros.

Ese, el atracadero de los barcos… los edificios, la planta potabilizadora, el cementerio de autos viejos… una patrulla que se mueve.

Moví el lente siguiendo la trayectoria. Mi línea visual se llenó de estrellas. La voz del guía soldado comenzó a llegarme como pasada por varios filtros, ya lejana…

Instintivamente me eché hacia atrás. El mástil de la bandera se me clavó en el pecho como una ponzoña. La bandera de Walker, no la de Whitman, el venerable anciano de East River.

Viví en Guantánamo, en la ciudad de Guantánamo, tiempos duros en mis inicios profesionales. Fueron tiempos difíciles; pero… allí dejé amigos para siempre, y ternuras inconfesables.

Como me dijo una vez el crítico de arte, Jorge Núñez Motes, Guantánamo guarda maravillas puertas adentro. Juro que más de una vez se me abrieron, que puedo nombrarlas.

Escribo esta crónica, porque Guantánamo, esa provincia de más de seis mil kilómetros cuadrados, no es la Base Naval.

Que no sea pues, Guantánamo, nombre para la maldad.

Guantánamo es una guajira. La Guajira Guantanamera que el mundo canta, inspirada por la hermosa fisonomía de una mujer de estos lares.

Guantánamo es la cuna del son desnudo, de esos ritmos primigenios y campesinos: el changüí, el nengón y el quiribá.

Es La fama del italiano Chini, anunciando las nuevas desde la cúpula del Palacio Salcines.

Guantánamo es el Zoológico de Piedra que el escultor Ángel Íñigo sacó entre las calizas y los plátanos de Yateras.

Guantánamo es Regino Boti, el poeta que amó “su parquedad catalana y sus calles rectas”. Es la aldea que cantó entre “el mar y la montaña”.

Guantánamo es la villa del Guaso, río niño y río rebelde.

Guantánamo es el parque Martí, donde se ganan amigos y amores.

Guantánamo es la Tumba Francesa Santa Catalina De Riccis, con sus trajes de reyes, con el sonido inconfundible del catá, tronco ahuecado de la tradición.

Es Tusi, legendaria maestra de coros y sus Vocecitas de Cristal.

Guantánamo es Mireya Piñeiro, tejiendo versos en lo callado de su hoguera.

Guantánamo es una novela de Ana Luz García.

El Puente Negro y sus leyendas.

Es la Sociedad La Luz, el Ateneo por donde entró a tierra cubana La Edad de Oro, la revista de José Martí para los niños de América.

Guantánamo son sus negras y sus negros de ascendencia jamaiquina y haitiana. Y su gente honrada y pobre… gente de todos los colores.

Guantánamo son los monitongos, capricho de la naturaleza labrado en la piedra por el viento.

Guantánamo son sus montañas como cuchillos, como mujeres, o como yunques.

Es Playitas, entre el mar y los peñascos, por donde desembarcó Martí, con el remo de proa.

Y Duaba, donde el titán Antonio Maceo ancló la Patria.

Guantánamo es el general Pedro Agustín Pérez, Periquito.

Es un 24 de febrero de 1895 y el alzamiento en La Confianza.

Guantánamo es la cruz de Cristóbal Colón custodiada en la iglesia Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa.

Guantánamo es la Farola, enorme viaducto arrancado a la falda de la Sierra.

Es la norteamericana Elfriede Mahler, que enamorada de la sensualidad mulata, regaló a la ciudad la compañía Danza Libre.

Es Lilí Martínez con su piano.

Y la flauta de Axel Rodríguez.

Guantánamo es la tela/agua y el canto gestual de Danza Fragmentada poniendo en escena el drama del puente de Aguilera.

Guantánamo es la fuerza del río Toa y las cayucas, barcazas tejidas por manos de hombres. Y el tibaracón, franja de arena entre la desembocadura y el mar.

Guantánamo es Félix Savón y sus puños.

Es Yumiledis Cumbá, en la mismísima Atenas, impulsando la bala hasta la gloria olímpica.

Es la tierra de Yargelis Savigne y Dayron Robles, primeros entre saltos y vallas.

Guantánamo es un mundo con sus nombres de bateyes o poblados: Jamaica, Costa Rica, El Salvador, Paraguay… hasta Egipto.

Guantánamo es la Punta de Maisí, donde termina Cuba y comienza el imperio de Yemayá; desde donde aparece, neblinosa y extensa, la costa de Haití.

Es La Máquina, poblado sacado del mismo Oeste, de apariencia terrosa y rostro humano.

Guantánamo es un desafío.

El tiempo ha pasado… pero no se me borran aquellas estrellas cerca de Guantánamo Bay; ni aquel lagarto que pasó de un lado a otro, ignorando las cercas.

Porque toda esa tierra, toda esas aguas de Guantánamo Bay, serán nuestras.

O mejor…. la bahía de Guantánamo, como se dice en español