sábado, 5 de enero de 2008

MI ROMANCE CON Алла Пугачева (ALA PUGACHOVA)



Reinaldo Cedeño Pineda

-¿Quién ha visto a un cristiano cantando en ruso?, espetó mi abuela atónita cuando le dije que iba al concierto de Ala Pugachova.

No sabía ni gota de ruso –ni mi abuela ni yo–; aunque entonces se transmitían en Cuba programas de idioma ruso, lo mismo por radio que por televisión.

El ruso me resultaba un idioma difícil, raro. Y el oído cubano se resistió siempre a repetir aquello, pero… había leído sobre ella en más de una revista Sputnik y no podía perder la oportunidad de conocer a la famosa Pugachova, o Pugacheva o Pougachiova, como también decían.

La verdad verdad es que iba por curiosidad, una curiosidad irresistible.

¿Sería verdad todo lo que se decía de ella? ¿Pura exageración o se le hacía justicia?

Me extrañó que la pusieran en el Martí, un teatro de segunda; y no en el Oriente, por donde pasaban las estrellas que venían a Santiago y que hoy está cayéndose a pedazos.

Tal vez, los organizadores de su presentación pensaban como mi abuela, y, en consecuencia, buscaron una sala de menor capacidad…

Al fin y al cabo, aquello era una excentricidad, ¿no?.... y había que cumplir con alguien que venía del país de los Soviets.

Lustré mis zapatos con esmero, me puse mi mejor camisa y allá me dispuse.

El teatro estaba abarrotado de rusos (había entonces muchos técnicos y asesores en Cuba viviendo junto a sus familias en aquellas "villas" de edificios prefabricados); pero también había cubanos... y sólo alcancé butacas en el balcón.

Delante se me sentó una niña rusa, pequeña, pero con grandes lazos rosados que me obstaculizaban divisar todo el escenario… y no esperé la primera canción: ni corto ni perezoso, di un tirón a uno de los lazos.

La madre se viró de pronto, me dijo no sé que cosa en un ruso que no hacía falta traducir, varios se viraron hacía mí…. pero logré mi objetivo. No sé como, intercambió a la niña por un varoncito más pequeño. Y los incómodos lazos desaparecieron.

La fecha exacta se me ha extraviado en la memoria. Ha de haber sido ¿en los tempranos ochenta? ¿un poco antes?… La intérprete tendría alrededor de treinta años. Más que hermosa, era impresionante.

Se me confunde si fue antes o después de su presentación que exhibieron en la Isla un documental sobre ella: “Una mujer que canta”. Un carácter fuerte se revelaba, tanto en en las tablas como en su vida privada. Eso sí, recuerdo que había sido producido por los célebres estudios Mosfilm, en 1978.

Era la primera diva internacional de la Unión Soviética.

En el teatro Martí, salió la Pugachova. Del asombro pasé a la inquietud. Me movía en el asiento incrédulo, tratando de aclimatarme a tanta energía. Lo juro, sentí deseos de gritar….

Pero… ¡¿Quien era aquella mujer?!

Desde que se asomó al escenario, cuando se plantó en él, se echó al público en el bolsillo.

Qué ruso ni que niño muerto… la Pugachova hablaba con los ojos y con los gestos. Su largo pelo rojizo era un remolino…

Se inclinaba, llevaba las manos hasta el cielo buscando alivio, abría los brazos en toda su extensión y aquellas mangas enormes que le colgaban hasta el suelo, la convertían en una mariposa blanca, en una aparición.

Tan pronto miraba desolada, sacaba un tono dulce, dulcísimo, una caricia… que soltaba una llamarada increíble, sostenida, potente; al borde del paroxismo.

Ala ya me había conquistado cuando entró en su famoso tema Arlekino…

En un sortilegio se transformaba en payaso, te encerraba en el drama mientras se encorvaba. Y yo no entendía como entendía el ruso y aquella historia del clown solitario, marcado por el desamor, aferrado a la máscara de la risa mientras su alma moría.

La Pugachova movía sus extremidades como aspas –la introducción se basada en la música folclórica rusa–, entraba a la carpa, micrófono apretado. Y se soltaba.

Sacaba una vocecilla aguda de payaso, todos reían… de pronto la tornaba grave. Luego se detenía en una interpretación a media voz mitad hablada mitad cantada, sobrevenían unas lágrimas sacadas del más allá, se lamentaba, gritaba desesperada ¡Ay Arlekino, Arlekino!, se imponía un risa irónica, tristeaba. Y volvía a reír…

Una vuelta, unos compases… y Ala era ya la Pugachova de nuevo en todo su esplendor.

Arlekino NO era UNA interpretación, era LA INTERPRETACIÓN.

Quien no ha visto Arlekino (letra de B. Barkas, música de Emil Dimitrov) se ha perdido una de esas interpretaciones antológicas que te marcan para toda la vida. He visto video de aquel tema en tres momentos: 1975, 1979 y 1982. Por eso lo he colado aquí:


No sé si fui el último en salir del teatro, pero me quedé clavado en mi butaca. No podía creer lo que había pasado.

Salí en un estado de excitación tal que caminé la ciudad largo tiempo antes de regresar.

Nadie me hizo mucho caso cuando conté aquella descarga –apenas iba saliendo de la adolescencia–. Y. debí guardármela para mí.

Arlekino la había lanzado a la fama en 1975, al ganar el Festival Orfeo de Oro de Varna, Bulgaria… ¿Cómo no hacerlo?

En 1978, con otra pieza, se adjudicó el premio Nightingale en el Festival Sopot de Polonia.

Ambos eran los encuentros más importantes de la música ligera en Europa del Este. No la mimaron: esos concursos eran recios, ¡y allí se aparecían cada voces!.

Seguí leyendo todo lo que salía sobre la Pugachova. Supe que en el Olympia de París, los empresarios le solicitaron cantar en inglés; pero ella supo llenar el salón y recibir los aplausos cantando… en ruso.

¡250 millones de discos vendidos!

Después no supe más de ella, no tenía donde. Las publicaciones soviéticas se suspendieron en Cuba a finales de los ochenta, incluso antes de la desintegración de la Unión Soviética (1991). Ahora he vuelto a saber, gracias a la Internet.

Y leo la cifra: 250 millones de copias vendidas… la solista que más ha vendido en la historia.

Algunos de mis amigos me miran incrédulos cuando les comento. Claro, ellos no alcanzaron a verla, o no quisieron…

Tras la caída de la URSS, Ala Pugachova se hizo de una emisora de radio, una revista, una discográfica, una línea de calzado y otra de perfume. Y sigo leyendo….

Es millonaria, ha sido declarada entre las personalidades más influyentes de Rusia y ayuda en una clínica de desintoxicación en Moscú.

Ha participado en varias películas y su hija actuó en el célebre filme Espantapájaros.

Sigue cantando y con éxito. Nació el 5 de abril de 1949, por lo que está al borde de los sesenta años. .

Su discografía es impresionante, desde el inicio de su carrera en 1965 hasta hoy. El sello oficial ruso Melodiya o Melodya la había lanzado. Luego grabó en Japón, Finlandia, Bulgaria, Checoslovaquia, Suecia….

En Suecia (Worl Record Music) grabó en 1985 su único disco en inglés: Watch Out que se conoció en Rusia como Alla Pugacheva en Stockholm.

Se comenta en todas partes de su participación en el Festival Eurovisión de 1997 con el tema “Prima donna”, que luego aparecerá en un sencillo en inglés.

Tal vez Occidente, embebibido en su propia fábrica de divas
 –anglosajonas, o de ascendencia latina–, no había reparado demasiado en ella. Ya sé que en los festivales artísticos salen a la luz las revelaciones; pero aquellos de corte competitivo se me parecen demasiado a un circo, con perdón.

En el Festival Eurovisión de Dublín ya no era la jovencita que ví, pero seguía firme, y excéntrica. En realidad, esa cita no estaba hecha para ella, una intérprete hecha y derecha, venida de otra tradición, aunque cantara pop.

El pop de Ala era a lo Pugachova.

Creo que no le perdonaron que cantara en ruso y no supieron bien donde ponerla. La moscovita siguió siendo una rareza… aunque como siempre, logró abrirse paso más allá de cualquier consideración del jurado.

Así lo vio, con una mezcla de desparpajo y sinceridad, el blog Diario de un Eurofan, algunos de cuyos fragmentos me permito citar:

“Posiblemente no haya intérprete rusa que (…) que haya dado tanto que hablar entre los eurofans. Sería por su cardado a lo duquesa de Alba despeinada, por su colgante que debía pesar un quintal o por su modelito (botas incluidas) de maruja recién escapada de la movida madrileña, el caso es que Alla Pugachova se hizo un hueco en el corazoncito de los eurofrikis allá por los 90.

"La canción ni es pop ni es moderna ni es festivalera. Es una canción que sólo Rusia podría haber exportado, cantada en ruso, y que quizá por esas dos razones sea por lo que me termina enterneciendo y, posiblemente, hasta agradando (sólo un poco), que no gustando para el festival. ¿No os hace gracia el final, cuando jalea, grita esos 'bravo' y nos deleita con su risa más falsa? (…)”

(VER MÁS en http://diarioeurofan.blogspot.com/2007/09/la-reina-de-la-laca.html)

Sobre sus varios matrimonios se habla bastante, la fama trae eso y más... pero siempre he creído en el respeto escrupuloso hacia la vida íntima de los demás, sin que medie el anonimato o la publicidad.

Todavía guardo, como un trofeo, un disco plástico, de esos que venían en unas revistas rusas y que por curiosidad un día compré. Cuando lo puse en mi tocadiscos –ruso, off course– salió la voz inconfundible, el estilo de la Pugachova… nada menos que con Arlekino.

Ya no hay donde tocarlo, ya no ha de servir. Es un objeto museable; pero ahí está.

En la URSS y en Rusia le otorgaron todos los galardones habidos y por haber. Tal vez pretendieron elegirla como un emblema de ciertas cosas, más allá del arte; pero ella supo sobrepasar con creces cualquier compromiso de ese tipo y colarse en el alma de la gente

No importa que no la pongan y que apenas posea grabaciones suyas. No importa que cante en ruso. No importa que algunos no la conozcan, ellos se lo pierden.

Desde aquel día en el teatro Martí, desde aquella ocasión de Arlekino, inicié un romance artístico con Ala Pugachova hasta el final. Y eso, no hay quien que me lo pueda quitar.

Fotografías tomadas de: http://abp-monolog.narod.ru/ (Russian) : Fan Site

viernes, 4 de enero de 2008

Primera boda lésbica en Cuba: MÓNICA Y ELIZABETH INTERCAMBIAN ANILLOS EN LA HABANA




La boda de Mónica y Elizabeth

LA HABANA, DALIA ACOSTA (IPS)

Las rosas, los vestidos, los velos y los guantes son blancos. Mónica y Elizabeth se dan las manos e intercambian anillos en una tarde cubana llena de simbolismos, lágrimas, risas y abrazos de aquellas personas que en los últimos dos años las apoyaron.

"Te amé desde el primer momento en que te reconocí. Eras tú la mujer que yo buscaba y yo la de tus sueños", dice Mónica, que con sólo 19 años no puede dejar de recordar los momentos difíciles pasados. "Estuvimos casi a punto de vivir bajo un puente, pero siempre hubo buenos amigos que nos ayudaron y entendieron", añade.

Elizabeth, de 28 años, minutos antes del anillo y el beso le responde: "Siempre te dije que cada día que pasa descubro algo nuevo en ti. Todavía me sorprende tu forma de enfrentarte a la vida. Te debo esta fuerza. Por ti sé hacia donde voy y lo que quiero, sé lo que significa la libertad. Eres mi novia, mi amiga y serás mi pareja".

Las imágenes, las palabras, cada momento vivido el domingo 23 de este mes han quedado en la cámara de un equipo de estudiantes del Instituto Superior de Arte (ISA) de Cuba. No es la primera boda simbólica de una pareja de lesbianas en esta isla del Caribe, pero sí la primera que se realiza con el apoyo de una institución estatal.

El Centro Nacional de Educación Sexual (Cenesex), una entidad que desde hace años impulsa políticas de comprensión hacia la diversidad sexual, cedió su patio interior para la ceremonia y la celebración posterior entre 60 amistades, estudiantes del ISA y una reducida representación institucional.

"Era lógico que le abriéramos las puertas, aunque no es un centro festivo. ¿Dónde mejor iba a poderse vivir una experiencia así?", comenta a IPS la psicóloga Norma Guillard, vicepresidenta de la sección de Diversidad Sexual de la Sociedad Cubana Multidisciplinaria de Estudios de la Sexualidad (Socumes).

Coordinadora además de un espacio de intercambio entre mujeres lesbianas y bisexuales, abierto en el Cenesex hace ya tres años, Guillard estima que la apertura a una actividad como esta boda es totalmente coherente con el quehacer de una institución que "está abierta al entendimiento y a la lucha contra la homofobia".

"Ocurrirá un hecho que cambiará nuestras vidas, también la tuya. Por eso te invitamos a formar parte de esta revolución de amor (…) Formará parte de la historia o se quedará sólo en tu recuerdo, todo depende de ti", señala la invitación entregada a IPS, hecha a mano y en papel reciclado.

Una investigación realizada a comienzos de esta década en la isla, con fines periodísticos, comprobó que el rechazo social al lesbianismo es mucho mayor del que se tiene hacia los hombres homosexuales o bisexuales. Para ellas es más difícil asumir su verdad, en el seno de la familia o a nivel social, por los roles tradicionales asignados a la mujer y a la madre.

La incomprensión puede encontrarse hasta en la misma comunidad gay, marcada evidentemente por la cultura machista dominante. El hombre puede hacer cualquier cosa con su vida y su sexualidad, piensan muchos homosexuales y bisexuales, pero otra es la apreciación cuando de mujeres se trata.

"Es un canto de amor desde la mirada de muchachas lesbianas. Intentamos buscar la sensibilidad hacia este tema desde lo que nos hace más humanos, los sentimientos, en este caso el amor", comenta a IPS Hanny Marín, estudiante de tercer año del ISA y directora del audiovisual en proceso de filmación.

La historia comenzó hace muchos años, cuando Mónica era una niña y Elizabeth visitaba a su hermano. Pasó el tiempo, cada una tomó su camino, hasta el reencuentro hace alrededor de dos años. "Yo siempre fui un libro abierto para todo el mundo, desde niña lo fui. Elizabeth no; era más reservada", cuenta Mónica.

No pocas fueron las incomprensiones que debieron enfrentar. Elizabeth sólo le dijo a su familia que tenían una fiesta. La mamá de Mónica las apoyó en todos los preparativos, pero no quiso acompañar a su hija en uno de los momentos más importantes de su vida. "Ya eso hubiera sido muy fuerte para ella", reconoce la joven a IPS.

Una propuesta de reforma legal, impulsada por el Cenesex y la Federación de Mujeres Cubanas, propone el reconocimiento de las uniones de hecho entre parejas homosexuales, la garantía de iguales derechos para parejas heterosexuales y homosexuales, el acceso a la adopción y, en el caso de las mujeres, a los servicios de fertilización asistida.

Presentada este año a las máximas instancias del país, la iniciativa podría llegar al parlamento en 2008, pero nadie puede afirmar cuanto tiempo demorará en ser votada. En tanto, el Cenesex recibió la orientación del gobernante Partido Comunista de trabajar en la preparación de la población a través de los medios de comunicación.

"Esto debería ser una cosa muy normal. Cada quien con sus gustos. Yo soy heterosexual, pero eso no impide que comprenda. Lo que está haciendo esta pareja hoy es un verdadero acto de valentía, en estos tiempos", dice a IPS Aldo Díaz, amigo de muchos años de Elizabeth y uno de los padrinos de la boda.

Díaz lee los "requerimientos indispensables" antes de sellar la unión: "que no les falte vocación, honestidad, valor e inteligencia para disfrutar lo bueno y aceptar lo malo de su pareja y de sí mismas. Desde ya hemos de ser capaces de pensar en voz alta delante de la otra mitad y este es el mejor regalo y el más importante estímulo".

"Que haya siempre en los labios un beso húmedo, en los ojos una mirada ardiente y dulce, en las manos una caricia tierna y en la mente pensamientos de afecto, admiración y preocupación por las necesidades de la otra mitad", agrega uno de los dos padrinos de la boda simbólica que, por el momento, no necesita abogados ni registros legales.

Mónica y Elizabeth confían en que llegará el día en que lo que hacen hoy pueda ser legalizado, pero para ellas ya eso será un simple trámite burocrático. "Iremos a firmar y ya. Y va a pasar porque hemos avanzado mucho en estos temas, aunque aún existan tantas incomprensiones. Nosotras somos un ejemplo de ello", dice Mónica.

(FIN/2007) DICIEMBRE


ESTACIÓN BRASIL

Reinaldo Cedeño Pineda

Me he quedado sujeto a mi butaca, asido a mi tabla salvadora, sin saber qué hacer, cuando Fernanda Montenegro-la escritora de cartas, se ha levantado sigilosa, deja atrás al niño que por fin ha encontrado a su familia después del largo viaje…

Ahora se va la madre que le ha nacido en el camino, se queda el hijo recién descubierto….

Quiero enjugar las lágrimas, quiero cambiar la historia de Estación Central de Brasil… pero la sala se apaga. Yo me quedo colgado…

Y otra vez estoy sentado y Brasil apenas dista unos metros de mí, cuando este señor, Thiago de Mello, afirma que "los martes más grises pueden convertirse en mañanas de domingo"; dice venir de la Patria del Agua, del Pulmón del Mundo, del Amazonas.

¿Qué color tendrá el cielo, qué aroma se respira, qué versos nacerán en la minúscula aldea de Barreirinha, oasis del poeta?

Sentado, sentado… mientras en la sala de conciertos la música nos mantiene en vilo, el coro crece, la orquesta revienta, que Heitor Villa-Lobos es de ébano y de marfil y habita en las manos de este pianista y suena una Bachiana…

Sentado en la sala de mi casa, al lado de mi madre mientras Lucelia- Isaura- La Esclava está atrapada entre el amor y los hierros de la ergástula, y el país llora con ella, fuera de la pantalla.

Tengo que conformarme, tengo que ver los muñecos gigantes de Pernambuco sobre las tablas del Teatro Heredia de mi ciudad, y el verde y el amarillo batiendo la cintura.

¡Y mi butaca que está prendida y no desaparece!, que no se vuelve la grada de un sambódromo…

Brasil, Brasil brasileiro ¿Cuántas veces cerca y lejos de mí?

No quiero estar más sentado cuando Ronaldo, o Ronaldinho, dos Pelé reencarnados, aniden el balón, que el mundo es un balón si hay “jogo bonito” de la canarinha, y levantarme en olas, en el Maracaná…

Levantarme, cuando Hortensia Marcari enceste el oro desde la mitad de la cancha.

Quiero estar de pie cuando pase la chica de Ipanema, mientras Jobim le adivina sus pies hundiéndose en la arena y Vinicius de Moraes le regala un poema.

Será mucho pedir, pero quiero intentarlo, subir al Corcovado, desafiar el abismo donde el Cristo Redentor abre sus brazos de granito a la bahía y los cerros, a las mansiones y favelas bajo su pedestal.

Intentar, llegarme hasta Brasilia, tocar los muros y los parques de Niemeyer mientras observo como su gente se parece a mi gente.

Y con suerte, con mucha suerte, estar sentado por única vez cuando María Bethania, traiga la rosa de los vientos en la garganta y el caballero de fina estampa, Caetano, desgrane su melancolía, y tal vez hasta Ellis Regina asome un tono desde la inmortalidad, se encarne por un segundo en Gal Costa y haga temblar al continente.

No voy a temblar si puedo dar mi voz, mi hombro a la familia de Jean Charles de Menezes, a quien las balas de la histeria le hicieron caer al lado del Big Ben.

Vengo de una ciudad que mira al mar desde el Caribe…¿Cómo serán las olas del Atlántico con los ojos de Río, Salvador de Bahía o Florianópolis?

No sé qué sueños, no sé qué tiempo… voy a pararme frente a la casa donde nació Glauber Rocha para saber cómo en su tierra en trance, en su tierra del sol, combaten Dios y el Diablo.

Dicen que sueños son, pero iré hasta la tumba de Carmen Miranda, aunque la prefiero Maria do Carmo, sin bananas a la cabeza. Y le pondré una mariposa blanca de mi Isla.

Brasil, permiso para sentarme en el parque más humilde de tu Río, a leer un poema de Andrade...A encontrarme a Gabriela, la de clavo y canela…

Permiso para darle un abrazo al primero que pase, sea hombre o mujer, y decirle en su lengua sonora, muito obrigado… aunque no lo diga perfecto, aunque piense que estoy loco, aunque no sepa que vengo de muy lejos.

Y ese día, cuando me reciba un pecho brasileño, estaré en pie.

Estação Brasil



Reinaldo Cedeño Pineda

Me he quedado fixo a minha poltrona, prendida a minha tabua salvadora, sem saber que fazer quando Fernanda Montenegro-a escritora de cartas, se tem acordado, sigilosa, deixa atrás ao menino que ao fim tem encontrado a sua familia depois da longa viagem.

Agora se vai a mãe que lhe tem nascido no caminho, fica a filho rescem descuberto..

Eu quero enxugar as lágrimas, quero cambiar a historia de Estação Central do Brasil... mas a sala apaga-se. Eu me quedo colgado, eu sou decepcionado....

E outra vez eu estou sentado e Brasil apenas dista uns metros de mim, quando este señor: Thiago de Mello, afirma que: “as terças mais grises podem-se converter em manhãs de domingo”… diz vir do país da mãe da água, o pulmão do mundo, o Amazon.

Que cor terá o céu, que aroma respira-se, que versos nascerão na minúscula aldeia de Barreirinha, oasis do poeta?

Sentado, sentado... quando no sala de concertos a música nos mantem no ar, o coro cresce, a orchestra reventa, que o Heitor Villalobos é do ébano e do marfim e mora nas mãos deste pianista e soa uma Bachiana....

Seantado na sala de minha casa, ao lado de minha mãe quando Lucelia-Isaura (A Escrava) está atrapada entre o amor e os ferros de ergástulla, e o país grita com ela, fora da tela.

Eu devo me conformar, tenho que olhar os grandes bonecos de Pernambuco sobre o cenário do teatro de Heredia de minha cidade, e o verde e o amarelo mexendo a cintura.

E minha poltrona que é travada e não desaparece, que não vira o degrau de un sambódromo.

Brasil, Brasil brasileiro quantas vezes perto e longe de mim?

Eu não quero estar mais sentado quando Ronaldo ou Ronaldinho, dois Pelé, aninhen a bola que o mundo é uma bola se há "jogo bonito” da canarinha, e me levanto em ondas, no Maracaná....

Me levantar quando Hortensia Marcario enceste o ouro desde a metade da cancha.

Eu quero estar empé quando passe a garota de Ipanema, quando Jobim lhe adivinha seus pés a afundando-se na arena e Vinicius de Moraes lhe regala um poema.

Será muito pedir, mas eu quero intentá-lo, subir o Corcovado, desafiar o abismo onde o Cristo Redentor abre a seus braços do granito à baía e aos cerros, aos mansoes e favelas debaixo do seu pedestal.

Tentar me chegar até Brasilia, para tocar os muros e as os praças de Niemeyer enquanto quando observo como sua gente se parece a minha gente.

E com sorte, com muita sorte, estar sentado pela única vez quando Maria Bethania, traga a rosa dos ventos na garganta e o cavaleiro da fina estampa, Caetano Velhoso, debulhe a sua melancolia, e talvez até Ellis Regina assome um tom desde a inmortalidade, se encarne por um segundo en Gal Costa e faza tremer o continente.

Não vou tremer se eu possso dar minha voz, meu ombro à família de Jean Charles de Menezes, a quem as balas da histeria fizeram-lhe cair ao lado do Big Ben.

Venho de uma cidade que olha ao mar desde o Caribe... Como serão as ondas do Atlántico com os olhos do Río, Salvador da baía ou do Florianópolis?.

Não sei que sonhos, não sabem que hora... vou me parar na frente á casa onde nasceu Glauber Rocha para saber como na sua Terra em trance, na sua Terra do Sol, combatem Deus o Diabo.

Dizem que os sonhos são, mas mim irei té a tumba de Carmen Miranda, aunque a prefiro Maria do Carmo, sem as bananas na cabeça. E lhe poria uma borboleta branca da minha ilha.

Brasil, licença para me sentar na parque o mais humilde para ler um poema de Andrade... para encontrar-me a Gabriela, a essa do prego e da canela...

Licença para lhe dar um abraço ao primeiro que passe, seja homem ou mulher, e lhe dizer-lhe em sua língua sonora, muito obrigado do muito... embora que não o fale perfeito, embora pense de que eu sou louco, embora não saiba que eu venho de muito longe.

E esse dia, quando me recebe um peito brasileiro eu ficarei em pé.

(TRADUCCIÓN: Leonardo Hurtado Ginel)

CRÓNICA DE LA CONQUISTA DE CANARIAS A TRAVÉS DE LAS TABLAS



José Pascual "PINI"

Escribir siempre da la posibilidad de viajar en el tiempo: hacia atrás o hacia adelante. Hacia atrás, pues siempre se parte de la experiencia vivida; y hacia adelante pues hoy escribo lo que otro leerá mañana....

Y si se trata de una crónica de viaje, es como retroceder a los tiempos de la conquista de América, cuando se viajaba en esqueléticas carabelas. Pero esta vez, será una crónica al revés; si bien la última tierra “española” que tocó Colón antes de llegar al Nuevo Mundo fue una de las Islas Canarias (todavía no conquistadas del todo), mi viaje parte de Santiago, vía Habana hasta el Jardín de las Hespérides, Islas Afortunadas, hoy Las Canarias. Estamos pues escribiendo una ACINORC ED EJAIV (tómese el trabajo de leer esta frase al revés).

Claro que no viajé en carabela, con ínfulas o pose de conquistador, sino en avión, al encuentro de una tierra que ya conocía de giras anteriores. Llevaba en las alforjas:


· Un montón de cuentos y poemas, unos propios y otros ajenos (si se puede calificar de ajenos aquello que pertenece a la humanidad) y que la experiencia de narrador oral convierte en un espectáculo titulado Farolito de luz y al que da nombre un texto del grancanario Alonso Quesada.


· Más cuentos, trucos de magia y muchas ganas de jugar con niños en un espectáculo en el que cada vez que digo “tric” ellos piden más diciendo “trac”. ¿El título? obvio: Tric- trac. Aquí los personajes y los juguetes son tapas de frascos y botellas, pedacitos de tela, papeles reciclados… todo eso que la gente tira a la basura, porque no tiene valor y que la imaginación sublima a niveles artísticos.


· Hamlet, terreno para un actor, el multipremiado y multipresentado unipersonal, que hace diez años había estrenado allí y que todavía tiene vigencia en el desastre económico y financiero en que vive el mundo.

La carta de invitación, documento primario de una larga lista de papeles y trámites engorrosos, venía del Ayuntamiento de Galdar, ciudad ya familiar para mi, y hablaba de un proyecto cultural que incluía presentaciones, conferencias, talleres de teatro; por supuesto pusimos manos a la obra… digo, a las obras. Empezaron las funciones en los colegios primarios y en los institutos de bachilleratos.

Fue el encuentro con Radio Galdar, que me abrió sus puertas para promover la historia y la cultura de Santiago de Cuba, ciudad de múltiples coincidencias con mis anfitriones: primera capital, el mismo Santo Patrón, el mismo nombre (Santiago de los Caballeros de Galdar) y con Toba y Tito hacíamos el programa Poco no es, que gracias a Internet, nos ponía en contacto con el mundo entero y contestábamos preguntas desde Colombia hasta Australia, desde Argentina hasta Chicago.

Una noche apareció Ruth, reino de Pancho y Juanfra, que era mi cuartel general: quería recibir clases de teatro y ahí mismo surgió un taller al que se incorporaron Tito, Susana y Cristina, y montamos La sed, que había estrenado ya con Calibán; Amor con amor se paga de nuestro universal Martí; y La bola de luz de Chaguito Portuondo. Nos presentamos en los barrios y en las comunidades del municipio.

Hubo una pausa y el taller se detuvo, pero no la magia. En diciembre nos fuimos por todos los barrios y las calles de Galdar para jugar, cantar y enseñar que la palabra más mágica del mundo puede ser “por favor”. En enero de 2006 nos fuimos al Hospital Infantil para que los niños internos de la Sala de Quemados y de Oncología me dieran clases de bondad y agradecimiento. Ese fue mi homenaje a Martí.

Y a otro homenaje a este cubano de ascendencia canaria, me invitó mi hermano Javier, amigo en las duras y en las maduras. Fue en la Fundación Blas Sánchez –maestro de maestros, músico y escultor, el mismo que acompañaba a Alberti en sus recitales de poesía, ese hombre joven aún en sus tantos años que tiene su casa y su corazón abierto a poetas, músicos, artistas plásticos, cuenteros, teatristas de todas las edades–, donde los tertulianos me daban sus poemas para que los leyera en voz alta y me llamaban maestro, riesgo y error porque todavía soy un aprendiz.

Marzo trae consigo el Día Internacional del Teatro, porque nací yo ese día, digo yo, y para celebrarlo estrené El discurso de Dios, con una idea “prestada” del escritor español Jardiel Poncela. Fuerte y polémica fue la presentación, pues movió público un día poco usual, jueves. Quedó bien gracias a Esther y a Juan Verona, quienes echaron el resto cada uno en lo suyo.

Tony Suárez y Claudia, los de Espacio 21, me invitan a integrarme a Yo, Mozart –una locura con músicos de la Sinfónica y del Conservatorio–. Dos funciones diarias, una detrás de la otra en una sala anexa al Auditórium, en un supuesto estudio de televisión, TELEJARTATE por nombre, donde se reunían niños y jóvenes para una transmisión a toda Europa, y lo único serio era la música del genial compositor.

Como quedaban ganas de divertirnos, vino lo de la Fiesta Canaria en el Metropole, dirigía Sigfredo. Gonzalo como peninsular recién llegado, y Pini como cubano aplatanado en Canarias, daban clases de cómo hablar y ser en las islas.

De pronto, ya no estaba entre nosotros el entrañable Carlos Paetow. En casa de Concha y Paco nos reunimos un grupo de sus amigos, y el deseo de continuar su obra de músico, folclorista, profesor e investigador, nos llevó a sentar la base de los que es hoy la Asociación Cultural Carlos Paetow, que imparte clases de español a inmigrantes, organiza talleres de cometas y juguetes con material reciclado, promueve la práctica del senderismo, ofrece clases de música, impartidas ahora por Rita, la que me llevó a retomar el Taller de Teatro y en julio que en julio presentó su carreta en las Fiestas de Santiago, cuya caseta hicimos con el taladro de Juan Eloy, quien me abrió su casa, sus libros y su pecho para compartir algo más que sol y nubes.

Con el Taller de Teatro nos lanzamos al estreno de Los mangos de Caín, que fue todo un suceso. En escena, cinco actores que en su mayoría no habían pisado nunca un escenario. Y eran 5 en escena, pero con 5 000 detrás o debajo de la puesta. Allí estaba medio pueblo y fue una fiesta de teatro.

La chispa prendió y con apremio ya estaban Pini y Fabiola montando Camino a Belén, que pusimos el 28 de Diciembre en el Teatro Guaire, y para ello llamamos la voz de Marinati, grande entre las grandes, y la pequeña Natalia, ya ganadora de premios de actuación, y a Pichichi, cantante y galán que vive en una casa moderna en el centro del pueblo, donde antes hubo un trapiche. Y un ángel que danza, cuyo nombre, este viejo cronista, haciendo gala de su edad, ha olvidado.

Pero no hay descanso: a toda carrera organizamos el Primer Encuentro de Folclor Infantil. El Guaire se llena de niños de todas las edades para rendir homenaje a Carlos Paetow y a la cultura canaria. Concha, Concepción Melián, la Presidenta, no quiere subir al escenario y hay que convencerla. Hasta el alcalde tiene que hablar y reconocer el trabajo de todos.

¿Hola? ¡Oigo!... Sí, soy Pini. Son Tony y Claudia que me llaman por teléfono para protagonizar una nueva obra: Carrasco. El recibimiento y tengo que hablar en el idioma aborigen y son octavas reales en castellano antiguo y estrenamos en el Gabinete Literario. Al final, cuatro de los asistentes, uno detrás de otro, me dan la mano y dicen lo mismo: ¡Usted es un monstruo!... ¿Tan feo me veía que todos coincidían? Es algo que a esta edad ya pone a pensar.

Quedaba poco tiempo y alguna que otra episódica intervención en la televisión me trae como sorpresa un personaje, de sólo dos minutos en cámara, en la primera telenovela canaria. Lo gracioso del caso es que los programas de “crítica rosa” se preguntaban y especulaban sobre la aparición de este nuevo personaje: ¿qué sucedería con él?, ¿qué papel jugaría en la historia? Y digo gracioso, pues esas fueron las preguntas que hice al director el día de la grabación y me dijo… que no sabía nada.

Nada que cuando se produjo la fiesta de final de rodaje o grabación, ya Pini, yo, el cronista, estaba bajo el sol ardiente de Santiago de Cuba. Me quedé con la ganas de tomarle las copas gratis a Toñín en el bar Cuasquías.

martes, 1 de enero de 2008

MEMORIA DE LAS AGUAS


Reinaldo Cedeño Pineda

Estoy aferrado a mi ventana, incrédulo. El agua cabalga sobre mil demonios, se arremolina y oscurece, desmorona la tierra. Arrasa. Estoy en el puente de la calle Aguilera. Un león colosal ruge a mis pies. Una serpiente engrosa en cada segundo.

Los bailarines son niños, danzan como niños. Tienen que impregnarnos de su juego, concentrarnos en él, halarnos de la butaca. Están despreocupados, saben que vendrá después. Giran un paraguas, giran la ronda: será la primera vez.

En el puente de Aguilera
hay una niña bordando
y hay un letrero que dice

¡Ay estos niños que juegan! Su después es una incógnita. ¡Ay estos niños que juegan! Están despreocupados. En la coreografía de la vida no hay nublados. Y cuando el sol se guarda, siguen jugando; y cuando caen agujas sobre el pavimento, siguen jugando. Giran un paraguas, giran la ronda: será la última vez.

En el puente de Aguilera
había una niña bordando
y hay un letrero que dice…


¿Qué dice el letrero? ¿Qué es un símbolo sino este paracaídas abierto y agitado, agua y mortaja? ¿Qué es la danza, sino un canto, sino enhebrar el gesto, sino dúctil el cuerpo, sino metal maleable?

¿Qué es la vida, sino estos niños jugando todavía? ¿Qué es la vida sino estos niños jugando a salvarse, con la brazada débil, corta, inútil?

Y la serpiente es ávida, ha probado el sabor de la carne virgen, la carne rota.

Estoy en la vida como en un teatro. Asisto a una función que no puedo cambiar. Estoy clavado a mi butaca, sujeto a mi ventana, prosaicamente a salvo.

El agua–paracaídas, el agua desbordada. Los cuerpos desaparecen bajo la tela–agua. Una ola roja bate en mi butaca. El dolor es un canto. Barro moldeado a sudor, el colectivo Danza Fragmentada ha sabido atrapar el drama de la vida real.

El agua–muerte. El agua–negra. El agua–mala. Los cuerpos desparecen bajo el agua, sólo queda la tela.

El río ha cambiado a la ciudad. El dolor es una lágrima.

Hay quienes se van de las tablas, y de la vida. Y duele. Duele terriblemente; pero siempre amanece en el arte, y en la vida.

(Tomado del libro El diablo y la luz, Editorial El mar y la montaña, Guantánamo, 2005)
Imagen: Cortesía Danza Fragmentada.

CUANDO MOZART ROMPIÓ LAS REJAS


Reinaldo Cedeño Pineda



Cuando acabé el libro Reto a la soledad lo apreté contra mí. Y estuve largo tiempo sin querer hablar.

Durante diez años, siete meses y un día, el cubano Orlando Cardoso Villavicencio estuvo tras las rejas de una prisión de Somalia; de 1978 hasta 1988.

La verdad es que no puedo ponerme en su lugar. No me cabe pensar que son diez años en prisión.

Allí le robaron su juventud, pues apenas tenía… ¡veinte años!... ¡veinte años!... al ser apresado en Etiopía, tras una emboscada donde resultó el único sobreviviente.

Cumplí allí una misión internacionalista como combatiente.

Lanta Buur, es otro nombre para la ignominia.

No sabía que fragmento del libro Reto a la soledad compartir con usted, si acaso aquel intento de suicidio con vidrio machacado, si aquel otro desespero por tomar el jabón que se escapa irrefrenable por el sumidero, tras varios meses sin tenerlo. O las cartas a su madre. O la entereza de cultivar vicarias, con sus pétalos minúsculos, en el no menos minúsculo pedazo de terreno.

Preferí los efectos de la música en su soledad.

Nunca más he podido escuchar a Wolfang Amadeus Mozart sin pensar en él.

“Cuando el delegado [de la Cruz Roja] me entregó aquella Walkman amarilla me parecía que estaba soñando. ¡No podía ser posible! ¡Por fin tendría música! […] ¿Qué pasaría cuando escuchara la música por primera vez? Tenía deseos de olvidarlo todo y ponerme inmediatamente a escuchar la reproductora […]

“De todo los casetes había uno de Mozart que francamente no me atraía en los más mínimo. ¿Para qué perdían su tiempo mandándome semejante música? Jamás había escuchado la música clásica y, aunque tenía interés de mejorar mi entendimiento intelectual, no era la prisión el lugar más adecuado para introducirme en ese mundo tan complejo”. […]

“Como desconocía el contenido de los casetes escogí uno al azar: Albano y Romina Power. No sabía quienes eran […]

“No pude escoger nada mejor. Francamente no sé lo que me pasó. Me puse los audífonos y encendí la reproductora […] Invadido por una fuerza invisible mi cuerpo flotó en mundos increíbles de prohibidos goces que borraron de mi existencia todo contacto con la realidad. Desparecí de Lanta Buur, de mi sufrimiento, de la soledad. La música borró de mi mente todos los males […] El contacto auditivo con el mundo social que se me negaba abrió mi entendimiento a la verdadera envergadura de la situación por la que estaba pasando, Me sentí despreciado, marginado […]

“Al mes había escuchado repetidas veces todos los casetes menos el de Mozart. Me resistí a escuchar una música alejada a mí […] Un día, aburrido de escuchar constantemente lo mismo, decidí probar suerte con Mozart. Con probar no perdía nada. […]

“Mozart no me enseñó nada la primera vez […] la música clásica no se había hecho para mí […]

“Un día decidí probar nuevamente con Mozart. […] Esta vez escuché la mitad del casete. No me atrevo a decir que me haya gustado, y no me pareció que valiera la pena escuchar la otra cara; pero hubo algo que me dejó con cierta inquietud. Después de todo pensé, no era del todo malo […] Aquel fue mi veredicto. Sin embargo pocos días después, guiado por la intriga, decidí escucharlo de nuevo.

“Esta tercera ocasión escuché el casete completo y fue más que suficiente. ¡Por fin había logrado disfrutarlo! […] Había que dejarse llevar. Era como leer una gran novela, sólo que en este caso la música me transportaba ensimismado a hermetismo de sabia iluminación. Me asusté, Era algo que nunca había experimentado. Escuché de nuevo el casete, y lo estuve repitiendo tantas veces como lo pidiera mi bienestar. Pronto Mozart se convirtió en mi favorito […]

“Pocas cosas influyeron en mi conducta como Mozart. Llegó a ser un patrón a seguir. Si luego logré introducirme en los mundos de otros famosos compositores fue gracias a él, y, más importante aún, me servía como un ejemplo del hombre que a pesar de su pobreza y las desgracias de una vida incomprensiva logró imponer a su arte la alegría y el vigor que hacen de su música un modelo de optimismo. […]

“Todos los días a una hora específica, podía escuchar el casete mientras que mi madre, en Cuba, podía hacer lo mismo. Sin dudas que se podía crear el contacto espiritual a través de un puente de amor. Así se lo comuniqué y seleccioné la hora ideal: las cinco de la tarde. […] Esta de más decir que debía existir un diálogo, y nada mejor para eso que el concierto de arpa y flauta, una de las composiciones más bellas de la música clásica.

“Desconozco la verdadera motivación del compositor al escribir aquel concierto; lo cierto es que parecía hecho para mí y mi madre expresamente. Yo era la flauta, triste, que acolchonada en dantesco entorno atravesaba la distancia para aferrarse lloroso al cuello de mi madre; mientras que esta, bajo la maestría inigualable del arpa, desgarraba de las cuerdas infinitos tentáculos desesperados asidos a mi esperanza. […]

“Llegué a depender tanto de Mozart que una ocasión, en lugar de ayudarme, terminó por lanzarme a un precipicio de peligrosas consecuencias. Pero esa fue una excepción. Siempre que me sentía triste y abatido recurría a su música y terminaba en alegría lo que comenzaba como un lamento de angustia […] Durante los próximos dos años se me envió mucha música clásica de muy buena calidad que disfrutaba infinitamente, pero jamás he podido sentir tanta pasión y tanta comprensión por una música como con la de Mozart”.


(Todos los fragmentos ha sido tomados de las páginas 236-240 del libro Reto a la soledad, Ediciones Verde Olivo, Ciudad de La Habana, 2003).