domingo, 23 de octubre de 2016

“EL ORO DE LA EDAD” de JUAN FRANCISCO BERTRÁN HURTADO / PREMIO Sociedad Cultural José Martí / V Concurso Caridad Pineda In Memoriam





La mayoría de nosotros recordamos con cariño y cierta nostalgia nuestra niñez y adolescencia. Es la etapa de la vida en que deseamos soñar y parece que la vida es eso, un sueño. Ya cuando somos jóvenes, la vida se nos presenta de otra manera, seguimos soñando, pero en hacer realidad nuestros deseos y ella nos enseña que no basta con soñarlos.

Parece un trabalenguas, pero hay una diferencia y podría decirse que en la adultez vuelven a cambiar las reglas de la vida con mayores preocupaciones y responsabilidades. Nos quedaría más tarde la vejez y ya todo es distinto. Si se ha tenido una vida útil, se seguirá soñando, si no, se deja inclusive de desear. Pero cada edad tiene su valor y hay que mirar ese valor en su verdadera dimensión. Es el oro de la edad que vivimos en esas cuatro etapas. La primera, esplendorosa, la segunda intensa como el oro que se funde, ya la tercera aquietada en su firmeza y al final un oro de otoño, acuñado como sello distintivo de una vida aprovechada y ejemplar, medalla que encanta no por su brillo sino por su quilate.  

Cuando somos niños estamos dispuestos a creer en la fantasía porque no tenemos noción de la realidad. Pero la fantasía, aunque no lo parezca, también tiene sus reglas.

Muchos escritores se han dedicado a escribir para los niños y existen maravillosos libros desde tiempos lejanos. Casi todos nos llevan a mundos fantásticos y somos compañeros de personajes dotados de increíbles dotes, pero con el tiempo nos damos cuenta que todo se esfuma, si en esas historias faltó una moraleja o enseñanza para la vida, nos quedamos apenas con un recuerdo muy inocente, que no nos sirve para ser verdaderos protagonistas de la aventura real de nuestra vida.

¿Qué quiero decir?, simplemente que los niños deben aprender desde pequeños a prepararse sin abandonar la imaginación, para enfrentar los años por venir. Que sueñen en cosas posibles, hay mucho de asombro en la vida real, nuestra naturaleza, por ejemplo. Soñar sí, pero con los pies en la Tierra.

Y esto lo aprendí con los años, al reconocer que de todos los libros que he leído hay uno en particular que me ha permitido encontrar el oro que tiene cada edad por la que mi vida ha transcurrido. Ese libro, que en principio no lo era como tal, me ha acompañado mentalmente desde que tenía diez años de edad, han pasado cinco décadas más y dentro de mí sigue viviendo ese niño curioso, optimista y dispuesto a enfrentar todos los obstáculos con la misma entereza que podría tener uno de esos personajes de leyendas. Me refiero a La Edad de Oro, escrito por nuestro querido José Martí.


Fueron en total cuatro entregas mensuales en forma de revista. El interés de Martí era ofrecer a las niñas y niños de Nuestra América diferentes historias que despertaran en ellos el afán por el conocimiento, que aprendieran a crecer bien, supieran reconocer el valor de las cosas y sobre todo defender esos valores. No faltó la fantasía pero con inteligencia. La forma en que Martí les escribió a los niños y niñas de su época debería ser la forma en que nuestros hijos aprendieran a comportarse y desenvolverse en los tiempos actuales.

Martí tuvo el propósito de continuar escribiendo estas revistas pero eran tiempos difíciles, preparaba desde los Estados Unidos  la guerra necesaria para librar a Cuba del yugo español. Por otra parte, lo que escribía no fue del todo comprendido por el editor, que quería que hablara sobre el temor a Dios, cosa que Martí no veía de esa manera. Martí aspiraba a que los niños tuvieran la capacidad de juzgar por sí mismos sin anteposiciones ni dogmas preestablecidos. Para Martí, los niños son la esperanza del Mundo  y por eso pueden entenderlo todo si se les explica, son los que saben querer y no se les puede mentir.

Yo aprendí con La Edad de Oro, ya convertido en libro gracias a Gonzalo de Quesada, fiel alumno del Maestro, diez años después de caer en Dos Ríos, luchando por la libertad de Cuba, a ser un niño despierto, sin grandes temores, deseoso de compartir lo que aprendía. Mis padres, martianos de corazón e ideas, me inculcaron igualmente esos valores que Martí reflejó en sus artículos, promovidos desde los primeros años del triunfo revolucionario de 1959 y no los he perdido.

La Edad de Oro reúne una cantidad importante de cuentos, poesías y ensayos, con un lenguaje perfectamente entendible por los pequeños. No falta como dije antes una porción de fantasía, pero no hay mojigatería ni banalidad, no se dicen las cosas de una manera fantasiosa sino hermosa y esa es la verdadera fantasía. Su libro me enseñó a entender otros libros como Corazón de Edmondo de Amicis y El Pequeño Príncipe de Antoine de Saint-Exupéry. Y es que a veces pensamos que los niños no son capaces de entender las cosas como son y los queremos sobreproteger. ¡No!, eso es fatal, ¡miremos a los animales, cómo saben enseñarles  a sus crías a defenderse! Debe existir un equilibrio que corresponde con la edad y la complejidad de lo que queremos enseñarles, pero nunca mentirles o crearles una idea equivocada. Lo que aprenden hoy repercutirá en el mañana.

Y Martí estaba seguramente pensando en su hijo cuando concibió esta idea de escribir a las niñas y niños de Nuestra América y se puede decir que del mundo entero. Quiso hablarles a todos como si estuviera hablando con su príncipe enano. Sin distancias entre ellos, tan cercanos como solo un abrazo es capaz de unir los corazones.

En Cuba, nuestros pequeños crecen muy rápido, aprenden también con rapidez. Son igualmente soñadores y crean sus fantasías, pero no se refugian en ellas, les anima la intrepidez, quieren ser en un futuro  grandes deportistas, aviadores, cosmonautas, investigadores, no superhéroes. Son despiertos y les aburre el embobecimiento de las historias que a veces observan en la televisión, aunque también existen diferentes niveles para exponer el lenguaje y argumento infantil, cuando son muy pequeños es lógico que sea más pueril, pero aún así debe ser explicado sin tanta ñoñería. Y La Edad de Oro consiguió hacerse entender por los niños y niñas de cualquier edad.

En sus hermosos textos podemos encontrar un universo de temas que sirven como herramientas para recorrer una vida completa como una aventura. Hay de curiosidad y de inteligencia, de asombro y respeto. Lecciones para cultivar el amor como la pócima fundamental contra los imposibles. Leer ese libro es como prepararse para un viaje, convencido de llegar a su final sin temor y deseando hacerlo porque allí encontraremos el premio a nuestros esfuerzos: la seguridad de haber vivido una vida útil y buena, una vida hermosa, el oro final de nuestro paso por la Tierra, que entregaremos a nuestros hijos y nietos, como un tesoro imperecedero. Por eso Martí sigue viviendo entre nosotros porque escribió para todos los tiempos y para todas las personas con total entrega y sencillez, nos iluminó el camino con la magia de su pluma y el arte para entenderlo. Los niños que leen a Martí serán siempre mejores personas.

Es admirable cómo Martí consigue en cada una de esas revistas, que a la postre se unieron como libro, presentarnos diferentes asuntos que van desde la historia universal, la fábula, culturas diferentes, leyendas… ¡un verdadero mosaico de temas!, que parecen en ocasiones demasiado serios para un niño pero que el Maestro logra hacer entender e interesar. La historia de los Tres Héroes nos conmueve por la manera en que aborda la grandeza de los hombres que dedican su vida al bien de la Humanidad, la ternura de Pilar hacia su muñeca negra, la inteligencia de Meñique. Todos y cada uno de los relatos y poemas están escritos con amor, con sinceridad y deseos de enseñar.

Nos dan luz para entender con claridad la complejidad de la vida, nos alerta y nos aconseja a avanzar atentos pero sin miedo.

En sus textos, abundan las enseñanzas para el futuro, nos recuerda el valor de lo ya andado y nos anima a vivir el presente, deseosos de aprender en cada momento. Es como invitarnos a recorrer el camino de la vida y recoger los frutos que nos alimentarán durante la travesía. Martí se nos presenta como un niño más, que ha crecido tanto como un gigante y avista a la distancia las maravillas por venir, su entusiasmo es tal que le seguimos, guiándonos por su visión a descubrir mundos, ya sea en las ruinas indias, en una exposición en Paris como por la tierra de los anamitas. Nos conduce a Homero y luego a donde El Padre Las Casas, conocemos la historia de la cuchara y el tenedor y al mismo tiempo nos asombramos cómo es posible conocer la historia del Hombre contada por las diferentes formas en que ha construido su hogar.

Es realmente un viaje ameno, interesante, dotado de poesía y lenguaje coloquial, no nos parece leer sino escuchar las asombrosas historias contadas por un hombre que en ese mismo tiempo pensaba cómo alcanzar la libertad de su Patria, tal vez con ese mismo entusiasmo y pasión que nos llevaba por el sendero luminoso de sus escritos.



La Edad de Oro representa para mí la oportunidad de encontrarme con el Maestro y esperar a una nueva propuesta de aventura fértil y animosa. La última página de cada revista se vuelve una nueva invitación para continuar, porque ha sabido estimular el deseo y el interés de seguir sin descanso nuestra vida como un viaje.

El oro de nuestra edad no se opaca con el tiempo, La Edad de Oro mantiene brillando ese oro en nuestros ojos soñadores. Nunca morirá el deseo, siempre vivirá renovado en sus palabras de oro nuestra mejor edad.


DATOS DEL AUTOR / JUAN FRANCISCO BERTRÁN HURTADO
(La Habana, 19 de diciembre 1955) Ha publicado durante treinta años historietas en diferentes revistas y publicado libros del género por las editoriales Gente Nueva,  Abril  y Pablo de la Torriente.



--TODOS LOS PREMIOS / TODAS LAS FOTOS en:  
---GRAN PREMIO: “Las cien no soledades”: Aracely Aguiar Blanco

---“Un libro: Novelas y cuentos de Voltaire”: Federico Gabriel Rudolph (Argentina) / PREMIO CAPÍTULO INTERNACIONAL / V Concurso Caridad Pineda In Memoriam

__ “Sobre EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA”: Mireya Chico Díaz / PREMIO TERCERA EDAD / V Concurso Caridad Pineda In Memoriam



domingo, 16 de octubre de 2016

(Presentación y fotos) ELLOS HACEN LA RADIO JOVEN





Reinaldo Cedeño Pineda

Otra vez  un  libro sobre la radio, otra vez; ojalá haya muchos más. Hoy es un día feliz. Alguna vez dije que la radio padece de una escandalosa orfandad de memoria, y cada intento, cada centímetro que se le arranque al olvido, a la rutina, a la desidia, es un momento para celebrar.

  El territorio santiaguero, es cuna o aliento de Félix. B Caignet, Antonio Lloga, Navarro Coello, Maricela Carbonell, Rebeca Hung, Balbuena Céspedes,  Soler Puig,  Silvio Fonseca,  Ado Sanz, Emilio Tamayo, José Julián Padilla, María Elena Calzado… Bajo su recuerdo nos cobijamos, y con el abrazo de quienes nos acompañan  ahora mismo, aquí o allá, como Noel Pérez, Marcia Castellanos, Consuelo Almaguer, Monserrat Crespo, Tamara Tong, Ileana Navarro,  Iván Clavería, Raúl Ibarra Parladé, Jorge Luis Colomé  y unos largos puntos suspensivos. Ellos merecen una oda. Sus nombres son resguardos,  son espejos. Los invoco.        

    Empero, no vengo a soslayar los facilismos con que algunos la hunden, las rutinas con que otros la rebajan;  sino a aquilatar su capacidad de emerger, de persistir,  de reiventarse frente a los que la soslayan, a festejar su permanente condición de compañía, a detenerme asombrado ante el valor de un silencio, a ovacionar su confianza irrenunciable en la altura y los colores de la palabra primigenia, de la palabra hablada, de la palabra en el albor.

   Vengo a ratificar su condición imbatible, porque ella resiste, ella está, ella permanece cuando el resto de los medios ha sido vencido…  por el huracán, por ejemplo. Pregúntesele  a un santiaguero a un baracoense. Vengo a voltear la sentencia: una palabra dicha como Dios manda, es capaz de  evocar mil imágenes.  


 (El presentador, Reinaldo Cedeño que llegó casi de milagro, y un emocionado autor, EnriquePérez Fumero)

     El profesor, radialista y periodista santiaguero Enrique Pérez Fumero, sabe de estas certezas. Por eso ha escogido una investigación sobre la materia para Ellos hacen la radio joven (Ediciones Santiago, 2016), su primer libro, su primer asombro, consecuencia de haber ganado la beca de creación El reino de este mundo, otorgada por la Asociación Hermanos Saíz (AHS).

   Desde la indagación documental, el testimonio y la reflexión, el autor ha trazado la ruta crítica, ha conformado el retrato de los primeros veinticinco años de un evento. Nacido este  del entusiasmo de un grupo, se propuso no solo estimular a  los creadores jóvenes del arte radial cubano; sino redimensionar sus logros y discutir sus falencias, convertirse en plataforma de  experiencias y ventana de experimentaciones.

   El libro asoma en su primer ensayo la génesis y necesidad del encuentro,  así como la periodización de las diferentes ediciones con sus ganadores, sus luces y altibajos. Los testimonios han requerido mucha perseverancia, y lo mejor, aquellos alcanzados han sido dejados en el espinazo, en la médula. Otras declaraciones deseadas, tal vez  resultaron esquivas o  imposibles. Al final, los libros no se acaban, se dejan.

   Aunque solo ocupe un párrafo de esta parte inicial del volumen, valga apuntar lo útil de reflexionar en torno a los excesos. Fue aquel en que una de las pioneras del “Lloga”, la talentosa Katiuska Ramos, debió salir del evento, de la radio y de la Asociación Hermanos Saíz… tras entrevistar a un representante de la iglesia ortodoxa en Cuba en la emisora CMKC. El tiempo ha pasado, el desgarrón queda. 




 (El autor autografia su libro al profesor e historiador del arte Gustavo Lloga, hijo de Antonio Lloga y uno de los testimoniantes)




  Una segunda parte de Ellos hacen la radio joven, nos hace partícipe de la obra de Antonio María Lloga Simón (Amarillas, Matanzas, 3 de noviembre de 1921-Santiago de Cuba, 5 de septiembre de 1977). Hablan sus compañeros. Hablan sus hijos, con quienes conformó en 1968 el primer noticiero infantil en la radio cubana. Pérez  Fumero se detiene en la singularidad del narrador creado por Antonio Lloga.

   Asimismo, nos aguarda la sorpresa en el testimonio de la inolvidable Maricela Carbonell, cuando nos revela que en el programa La familia del Lío (donde Lloga era director, actor y guionista), “hacíamos un sketch del que puedo decir, que salió  el famosísimo Alegrías de Sobremesa, porque Luberta se llevó de aquí la idea”. Conmueve asimismo asistir a la vivencia de un escritor radial que se traslada a sus sitios novelados, lo que habla de su rigor y voluntad de estilo.

   La coda del libro aborda la experimentación e imaginación en la radio, el “culto al número de oyentes como criterio del desarrollo cultural”, la desprofesionalización del medio y el concepto y filosofía de “radio joven”. Fotos históricas de Antonio Lloga redondean la obra.  Hubiese querido ver algunas de esa gente joven que hace la radio.

  Un  libro, sabido es, no es solo obra de su autor; emerge siempre gracias a un colectivo.  Por eso resulta inexcusable mencionar la edición de Oscar Cruz, la diagramación de Abel Sánchez Medina, el diseño de cubierta de Gabriel Cascante, la ilustración de cubierta de Dennis Gallado y la encuadernación de Marlene Silva.

  Este libro es posible gracias a estas manos. Hay otras que nos pueden parecer recientes, cercanas, mansas, pulcras incluso; pero no hay que confundir pulcritud con limpieza. La  más vil podredumbre espiritual puede habitar en ellas, y al contrario del mítico rey Midas, todo lo que tocan se vuelve lodo (usamos un vocablo generoso). 

   Tengo mis supersticiones con las manos que tocan un libro en su génesis, ustedes me sabrán perdonar. Ellos hacen la radio joven, ha tenido suerte, mucha. Emerge limpio. Cada  título merece su nobleza.

   Los mass media  necesitan mucho de esfuerzos como este. Convivimos con su rapidez, aplicamos de manera tan natural “el poder del dedo” (apagar, encender, cambiar) que en ocasiones, no se repara en que ellos no solo cuentan y refractan la novela cotidiana de la vida, sino que generan su propia historia. Es más, la historia es cada vez menos historia a secas y cada vez más “historia mediática”.

  Este libro se inscribe en la llamada “historia de la cultura”.  Ellos hacen la radio joven es el primer libro de Enrique Pérez Fumero, pero es apenas el pórtico de lo que vendrá. Su espíritu coral es una de sus marcas, me alegra esa pluralidad.

A la radio, a eso que se va pero que se queda,  le debemos más de lo que solemos admitir.

(Librería Amado Ramón. Sábado del libro, 15 de octubre  2016,  Santiago de Cuba)   

OTRAS INSTANTÁNEAS:


 Un autor feliz con su primer libro



 (La Asociación Hermanos Saíz galardona a Enrique Pérez Fumero con su Diploma 30 aniversario)





 (La asesora Tamara Tong a quien tanto  debe la radio y el Concurso Antonio Lloga In Memoriam, también distinguida  por la Asociación Hermanos Saíz. Honor a quien honor merece)


sábado, 15 de octubre de 2016

“Dile a MELQUIADES que aquí estuvo el CHE” de María Elena Elías / PREMIO UPEC / V Concurso Caridad Pineda In Memoriam 2016




Con el triunfo  de la revolución, Vilma Espín Guillois, presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas, se dio a la tarea de enviar a las campesinas a estudiar corte y costura, para luego integrarlas a las clases  y al magisterio en  la  Escuela “Ana Betancourt”, en La Habana. Para matricular en  la misma debían tener  14  años en adelante… pero yo era una niña.
 Mi madre, como presidenta de una delegación,  predicó con el ejemplo y fui una de las primeras, aun cuando los padres no querían sacar a sus hijas de su abrigo, pues la contrarrevolución decía que “les lavaban el cerebro” y las ponían  de prostitutas.
Cuando llegué a la escuela en Miramar, se percataron de que yo tenía  once años, comentaron que me retornarían  a la Sierra Maestra, a lo que contesté que  no sabía la dirección de mi casa. Me trasladaron a Mayanimar, escuela de deportes, en la especialidad de natación, y antes de finalizar el año me trasladaron otra vez a la Escuela “Ana Betancourt”. 
Al cursar el 6to grado, la maestra impartió una clase de lectura e interpretación. Utilizó como material de estudio el libro  Pasajes de la Guerra Revolucionaria escrito por  Ernesto Guevara De La Serna. Escogió la página 24 que se refería   al combate de La Plata y citó  al Che: “(…) seguimos un angosto camino transitado por pocas personas, marcado especialmente para nosotros por un campesino de la región, llamado Melquíades Elías”.  
La maestra  preguntó que si era  familia mía, a lo que  contesté que… era mi padre. Pidió que le contara sobre la guerra y narré una  anécdota acerca de un encuentro inesperado,  una imagen imborrable..
Salieron los  primeros rayos de sol. Con el rocío de la mañana, un  hombre  llegó a la casa, en Caguara, Sierra Maestra, donde mis padres hicieron el  bohío, rodeado de una cerca de palos amarrados con bejucos. Sin bajarse del mulo, llamó: Melquiades… Melquíades… ¿aquí  vive Melquíades?.. Mi  hermano mayor  respondió afirmativamente. ¿Dónde está? En  La Plata con mi mamá  ¿Tú sabes cuándo viene? –No, no sé… En medio del diálogo, nos acercamos al hombre, cuya imagen quedó en mi memoria para toda la vida.

Vestía uniforme sucio, sobresalía el  color rojizo de la tierra por encima del verde olivo, barba poco copiosa y cabello alborotado, dejando ver que no se peinaba. En mi vida no había visto un hombre tan horroroso, como si fuera poco emitió un sonido: ¡uuuuh!… con los brazos  abiertos, le hizo un gesto a mi hermano menor, quien desnudo y sin zapatos, lo  miró petrificado. El niño salió corriendo, dando gritos y se escondió   en la casa. El hombre se echó a reír, dio media vuelta a la bestia, no sin antes agregar: Dile a Melquiades que aquí estuvo el Che.

Pasaron  los años y  le pregunté a mi padre para qué lo buscaba el Che. Me  me contó que él estaba al cuidado de unas reses en La Plata y el Che quería hacer una fábrica de queso y mantequilla. 

Con esta lectura, supe que  la imagen del Che fue una de las visiones  más hermosas de mi vida. Dentro de ese uniforme sucio estaba el alma de un hombre puro, lleno de todas las  virtudes, como el encanto de la poesía,  la  medicina que cura heridas y purifica, generoso, disciplinado, valiente; y el primer guerrillero ascendido a Comandante por  Fidel Castro, un hombre  grande de la historia. Quise conocer acerca de mi padre y  el Che, a los cuales supe valorar  como a todos los que lucharon por la plena independencia de Cuba.


Mi padre fue uno de los líderes que luchó contra las compañías  norteamericanas, latifundistas que se apoderaban de las tierras de los campesinos, a quienes la guardia rural protegía. Los campesinos se encargaban de desbaratar las cercas y se enfrentaban con  revólveres, escopetas y  machetes; por este motivo la guardia rural  tenía a Melquiades Elías entre los  revolucionarios y revoltosos. Lo metieron preso en el cuartel de Pilón, con la protesta de mi madre  y muchos de los  campesinos que luchaban junto a él. Con un poco de suerte y la advertencia del sargento Lapinel de que no saliera por el camino real y buscara monte,  pudo salir vivo. Papá se mantuvo alzado mucho tiempo porque lo perseguían para matarlo, hasta que llegó Fidel a la Sierra.

 Fidel refiere en su diario, que  Eutimio Guerra  le presentó  a un campesino luchador y conocedor de la zona llamado Melquiades Elías,  quien les hizo una trocha de  72 kilómetros por el monte a punta de machete para llegar al cuartel de La Plata. Así lo corrobora Raúl Castro Ruz y los que escribieron posteriormente sobre la guerra.

 Mis padres y mis tres hermanos  participaron en la lucha de liberación, como tantos campesinos que se unieron a las tropas. Papá se incorporó en la columna 1 “José Martí” durante toda la contienda, como abastecedor de las tropas; colaboró en el  posicionamiento para la Batalla del Jigüe, entre tantas  órdenes que le asignaron Fidel y Celia Sánchez Manduley. Es el momento en que  el Che brinda la imagen en su diario de que la guerrilla se vistió de yarey.


A través de Pasajes de la guerra revolucionaria valoraré con el tiempo que mi padre tuvo en sus manos la vida de la guerrilla, compuesta por los expedicionarios del Granma que quedaron después del combate de Alegría de Pío  y  parte de la continuidad histórica  de la revolución.

 El Che con  su espíritu   internacionalista y el afán de luchar por la liberación de otras tierras del mundo se marchó de Cuba, renunció  al cargo de ministro y al grado de Comandante, en su carta de despedida  al Comandante en Jefe leída en el Primer Congreso del Partido; informaba que partía hacia otras tierras del mundo  para comenzar  una lucha tan difícil como la de Cuba. Desde entonces he querido saber más acerca de él.

Cuando  Fidel dio la noticia de  su asesinato, las calles quedaron en silencio, nuestra escuela mantuvo el duelo durante un mes, caminábamos con los brazos detrás y la cabeza baja, mirando la tierra y recordando el poema del Poeta Nacional Nicolás Guillén, “Che, Comandante amigo”: no porque hayas caído / tu luz es menos alta (…) Estás en todas partes. (…)  vivo como no te querían. Nos dejó libres para que pudiéramos estudiar, ser útiles, y saber enfrentar el futuro. Todavía  siento  que La Higuera  es un faro de luz para  América y para  los que en el mundo se levantan contra el imperialismo.

Leer el libro Pasajes de la guerra revolucionaria  influyó tanto en mí, que  trabajé y me jubilé en el Ministerio del Interior; siento que soy más humana cada día, para mí  lo primero es la sensibilidad, el amor y el decoro para encaminar cualquier  meta. 

Pasajes de la guerra revolucionaria  marcó mi destino, me dijo que la vida no es sueño,  es la realidad  que componemos. Es  acero, es flor.  La mía fue difícil por ser mujer. No le temo a nada, segura, y  sin perder la ternura, soy  capaz de navegar hacia  el horizonte. No importa su distancia.


DE LA  AUTORA / María Elena Elías Ramírez  (1952) Promotora cultural y escritora. Creadora del Proyecto La Peregrina.