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miércoles, 29 de junio de 2011

Clásicos de la danza cubana / Alicia Alonso: “TUVIMOS QUE HACER EL CAMINO”





Noventa años de una bailarina mítica y una maestra activa

REINALDO CEDEÑO PINEDA


Mi primer viaje se lo debo al ballet. Mi hermana era bailarina y allá nos fuimos a encontrarla. Me sentí atrapado en una película interminable, desde la ventanilla del tren, contando árboles y casas…. Cuando al fin asomaron las llanuras, cuando el tono pardo de la tierra se tornó rojizo, llegó el anuncio: 

Bienvenidos a la ciudad agramontina… una feliz estancia.

En la casona que servía como escuela al Ballet de Camagüey, corrí por los pasillos escaleras arriba; atravesé salones, me colgué del balcón casi en el aire. Entré en un aula donde contaron las costillas de mi pobre anatomía y coroné mi juego, deslizándome por las viejas barandas, sin nada que envidiarle a filme alguno.

Nadie me pudo detener, nadie podía. Ni siquiera Vicentina de la Torre, la directora, la legendaria profesora a la que todos reverenciaban.

Corrí entre las bailarinas, corrí detrás del piano. No entendí tanto relevé, demi plié, devellopé, tanta palabra extraña. Sólo veía las ampollas, el duro taco de las zapatillas de punta y el nylon en las piernas de Aurora. 

De manos de mi hermana Esther corregí la primera impresión. Las vi una noche, sin querer tocar las tablas. Un día me llevó a ver una función de Alicia Alonso. La bailarina se miraba en el espejo corporizando a María Calas en La Diva.

2.

Durante años le buscamos a mi hermana las semejanzas con Alicia, sin importar si andaban estas tomadas por los pelos.

Tú das los besos bailando, decía mi tío Aziel.

Ahora que tengo a la diva a unos pasos quisiera decírselo, pero temo rasgar el momento. La prima ballerina assoluta nos cuenta de sus primeros pasos, cuando le decían Unguita:

―El primer ejercicio que recuerdo era en la barra, en forma de U. El profesor, Nicolái Yavorsky me puso en el centro, y la subía y la subía… entonces, llegan varias damas de la Sociedad Pro-Arte y me dicen que no era de niña decente levantar tanto la pierna. Jamás en mi vida había sentido tanta vergüenza, sentí que se me salía la sangre por los poros… Me fui corriendo para mi casa y le dije a mi mamá lo que me habían dicho, y mi mamá fue a ver al profesor:
―Profesor, ¿a qué altura están supuestas a poner las piernas, las niñas? Y él, con aquel acento suyo, inocente de todo, respondió:
―¡No, no… lo que puedan, lo que puedan!... Entonces, mi madre se vira hacia mí y me dice: Unguita, ya sabes: ¡lo que puedas, lo que puedas!

Después, en la casa, me llamó: fíjate bien, en los ensayos no subas tanto la pierna; pero si el día de la función, no subes la pierna todo lo que puedas, con quien vas a tener unas palabras es conmigo.

3. La Escuela Cubana de Ballet

Alicia Martínez, Alicia Ernestina de la Caridad Martínez del Hoyo (La Habana, 21 de diciembre de 1920), Alicia Alonso tras su matrimonio con Fernando, Alicia−Carmen: la gitana transida de amor; Alicia−Giselle: la doncella transida de locura. Comenzó a lo grande, en 1938, en Nueva York. En 1943, sustituyó a la célebre Alicia Markova y recorrió el mundo con el American Ballet Theatre. En 1948, con el esfuerzo de unos pocos, fundó un ballet con su nombre, a la larga, Ballet Nacional de Cuba. 

Nunca se rindió. No lo hizo ante su operación en la vista, ante el escaso apoyo oficial de los inicios. No se rindió ante los prejuicios que le salieron al camino. Ella, Fernando, Alberto y sus seguidores hicieron una Escuela, ante la que el mundo se inclina:

―Las escuelas de ballet tienen las mismas demandas técnicas; pero en la forma en que se enseña, dadas las experiencias diferentes que se han heredado, en la metodología, ahí están las variantes, las riquezas… Lo que ya se comprende como Escuela es el efecto que demuestra la compañía, el Ballet Nacional de Cuba que es un producto ya hecho, lo que ven todos. Usted ve una compañía rusa, una francesa, y usted nota diferencias. Por eso la crítica enseguida afirma cuando nos ve bailar: “esa es la escuela cubana”. Es que hay una personalidad, una forma de moverse, una forma de decir diferentes…


(Alicia Alonso y la joven generación del Ballet Nacional de Cuba en el Festival de Ballet de La Habana)

―La Escuela Cubana de Ballet está en la forma en que hemos asumido a los grandes clásicos, en la concepción artística y general; más particularmente, en la forma de los bailarines de decir esa concepción: en la versión teatral, en la técnica. Eso está en cada bailarín. El cubano cuando se mueve tiene un gusto de bailar, de acentuar su baile. Técnicamente, les pedía siempre a los alumnos que estuvieran con el ritmo en los pies; pero con el cuerpo, de la cintura para arriba, bailando con la melodía, que ahí está el sentir, el “habla” del bailarín. La personalidad del bailarín se expresa donde hace algo más despacio, donde pone el acento. Ahí está la individualidad, y si es hombre, en como le da la mano a la bailarina o en como la mira... 

Esa formación artística nuestra la hemos compartido, y luego, las Cuatro Joyas (1) y los que han llegado después, van a ir heredando, aprendiendo unos de otros. Y el punto final: hay una sensualidad en el hombre y la mujer cubanos que no existe en ningún otro bailarín. Es ese sentirse hombre y mujer de una forma muy particular que no se pueda asir; pero se puede sentir: Esa es la Escuela Cubana de Ballet.

―He leído que cuando una pareja de la Isla hace un pas de deux, todos saben que son cubanos. Y pienso en sus propios partenaires: Youskevitch, Esquivel, Salgado….

―Nosotros hacemos hincapié en que estén bailando siempre juntos, y eso se ha comprendido bien por los cubanos. Por lo regular, en otros lugares, hemos visto que el hombre quiere lucir por un lado y la mujer por el otro: bailan fabulosos, pero ni siquiera se han mirado. Eso es muy importante, que bailen juntos, porque es una conversación de ellos hacia el público.
4.
Alicia batió todos los récords de permanencia de una bailarina clásica. Bailó tal vez más allá de lo que podía. Bailaba el espíritu renuente al tiempo. Bailó en los teatros, en las montañas, en los centrales. Bailó en todos los continentes. Todavía en 1995 fue capaz de actuar diariamente en una gira del Ballet Nacional de Cuba por Italia. Dos años después, en el Metropolitan Ópera House neoyorquino realizó una actuación especial. Se cumplía medio siglo del estreno del célebre ballet Tema y variaciones, de George Balanchine, en el que bailarina y coreógrafo se habían lanzado a una batalla feroz que dio como resultado un clásico. Fueron sus últimas presentaciones.

Alicia Alonso pasaba largamente de los setenta años cuando bajó de la escena.


Nunca fue una mujer hermosa en el sentido clásico, la hermosura es tan difícil de definir. A lo largo de su vida, los caricaturistas han remarcado su boca alargada y su nariz… pero bastaba que pisara las tablas. La crítica intentó, muchas veces, atrapar lo inasible:

Mario Pasi: es quizás la última “divina” de nuestro tiempo (2)
Maurice Béjart: Ella es un ser eterno. (3)
Arnold Haskell: ¿Cómo puedes interpretar a Giselle, si Giselle eres tú? (4)

Ahora, cuando le pregunto sobre la preparación física, cuenta un curioso encuentro entre miembros del Ballet Nacional de Cuba y la selección nacional de halterofilia o levantamiento de pesas…

―Todo tiene que bailarse que parezca natural, que el público no tome conciencia de ese esfuerzo físico, de lo duro que es. Cuando los pesistas veían a los bailarines levantando a las muchachas, haciendo las cargadas, decían: ‘mira que fácil es’. Y yo les digo, ¿sí?, a ver. Yo les pedí: ‘ahora cárgala… y sonríe al mismo tiempo’. Aquello fue tremendo cuando intentaron hacerlo. ¡No, no es nada fácil!, lo entendieron…


(Alicia Alonso y Antonio Gades, dos mitos de la escena internacional)

Recuerdo cuando la Asamblea Provincial del Poder Popular de Santiago de Cuba le otorgó a Alicia Alonso, el Escudo de la Provincia, por su “dirección, inspiración y magisterio; por sus altos valores artísticos y humanos”. Fue la primera personalidad que lo recibió. Ella ostenta la condición de Embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO, y entre sus reconocimientos se hallan la Orden El Águila Azteca, el Premio Jean Benois de la Danza, la Orden José Martí y el Premio Irine Lidova a la obra de la vida; pero la emoción asiste, puede tocarse.
La veo solitaria en su silla, dramática, solemne. Ahora que ya no baila, que ya no puede, bailan sus manos. Su voz llena el Salón de los Vitrales de la Plaza de la Revolución Antonio Maceo:

―Es muy fuerte, es muy fuerte para mí. En la Ciudad Héroe, en este maravilloso Santiago, donde me han dicho palabras tan bellas; donde estoy pisando una tierra que está sembrada de héroes, de Patria, de Cuba. Les doy las gracias. Este es un alto, muy alto honor. Gracias…

5.

Tendría tantas cosas que decirle…

―A los bailarines de hoy, los veo muy fuertes, muy bien técnica y artísticamente, los responsables de que el Ballet Nacional de Cuba salga adelante. Los veo responsables del futuro. A veces, en algunos sitios por ahí, quieren ofrecerles la Luna… 

―Pero, el ballet se ha complicado cada vez más en el orden técnico

―El ballet es como todo en la vida, cada vez se pone más difícil. Cuando yo empecé a bailar, y ahora me refiero al hombre, aquel que pudiera hacer dos vueltas y pararse en cuarta más o menos; si agarraba a una muchacha y podía sentársela en al hombro… ya estaba dentro de la compañía. 

En la mujer, la que pudiese hacer un pirouette, un piqué en arabesque con un compañero, poner la pierna de cierto modo, y que tuviera una gracia más o menos… ya estaba dentro. ¿Fouetté?... Si hacías seis, te ponían una medalla. Así era cuando yo empecé…

Parte de esa complicación la tuve yo, que me enamoré de la danza y estaba siempre buscando lo más difícil. El Ballet Nacional de Cuba ha heredado eso. En general, en el mundo se ha heredado lo difícil de la demanda técnica y ahora la sufren… pero la gozan. Lo maravilloso es como lo van venciendo, poderse empeñar y saber que camino escoger. Ellos a su vez están poniendo pautas... 
compadezco a los que vienen detrás. Ellos, ahora, tienen una guía que no teníamos. Nosotros tuvimos que hacer el camino.

De un golpe, me recorren las ampollas en los pies de mi hermana, el nylon en las piernas de Aurora, el viaje interminable, el duro taco de las zapatillas de puntas, María Callas ante el espejo…


―Alicia, ¿algo por bailar? 

―Sí… continuar bailando. Nunca uno se queda satisfecho. Todavía yo bailo dentro, todavía mis músculos se contraen, inmediatamente reaccionan. Siento la música y hay un reflejo condicionado que lo llevo dentro todo el tiempo. Cuanto más tiempo pasa, más deseo de bailar me da. Nunca se acaba.
NOTAS:

(1) Cuatro Joyas: Calificativo reservado por el crítico ingles Arnold Haskell, luego aceptado por todos, para designar a la promoción de bailarinas cubanas formada por Loipa Araújo, Aurora Bosch y las ya desaparecidas Mirta Plá y Josefina Méndez.
(2) Joaquín Baquero: Alicia Alonso, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1984, p. 41.
(3)Ibíd.
(4) Ibíd.

ARTÍCULO RELACIONADO:

---Clásicos de la danza cubana / Eduardo Rivero. Ogún eterno

lunes, 14 de enero de 2008

POEMAS DE LA ISLA... (y de la espina)



Reinaldo Cedeño Pineda


Una de mis frases favoritas es aquella de la Premio Cervantes, Dulce María Loynaz: “Una isla es un drama geográfico”.

Es eso, el agua siempre.

Los isleños, todos aquellos que vivimos rodeados de agua, sabemos las peculiaridades comunes de todas las ínsulas.

Un puente misterioso comunica a los seres de islas. Lo he sentido cuando me ha tocado convivir, con personas de Cabo Verde o Las Canarias, y hasta de la Isla de la Juventud, la isla pequeña de la Isla Grande, Cuba.

Algunos se afincan al pensamiento de que los isleños somos de música y sexo, que vamos por el mundo sin camisa y sin preocupaciones, prestos a entregar amor al primero, debajo de las palmeras.

Son mitos que el Primer Mundo les asignó a las islas, que no son tomadas demasiado en serio.

Algunos olvidan que el contacto de Cristóbal Colón con las islas de América, las pequeñas islas, cambió el mundo.

En las islas se preparan fiestas y hoteles al lado del mar, para satisfacer a los turistas…

Y luego, seguimos, para bailar o llorar, para amar dentro de las islas. El mar no nos preocupa, no lo imaginamos, no es un anhelo; ni el sol. Siempre están.

El mar no es el infinito, es un límite.

Aquí tenemos, desde la poesía, visiones múltiples sobre la Mayor de las Antillas… pero en su hondura, van hablando de cualquier isla de este planeta.

ISLA

Reinaldo Cedeño Pineda

La Isla se me escapa por la boca
es un suspiro
un rasguño en la piedra.
Cuando quiero asirla escapa con ala de ángel
cuando quiero dejarla me hundo en la arena
Isla mínima / semilla en el pico de un pájaro
Isla gigante / hormiga con un destino a cuestas
Isla de azúcar y de agua
Isla de los cien caudillos y las mil flechas
cerca de las murallas de Antonelli
un joven saca su tigre al viento
libera el pez amarillo
monta cachumbambé / alcanza el cielo.
La Isla sube hasta el Pico real
deja su corazón entre la niebla / ¡ay, Isla!
ojos de niño
no me mires
una guadaña castra mis venas
el sol arrastra
los moluscos / el estiércol
en un charco de luz hila la historia
un caballo bicéfalo.

Los corderos alzan la vista
La Isla espera.

(Los corderos alzan la vista, 2005)



POEMA CI

Dulce María Loynaz

La criatura de isla paréceme, no sé por qué, una criatura distinta. Más leve, más sutil,
más sensitiva.
Si es flor, no la sujeta la raíz; si es pájaro, su cuerpo deja un hueco en el viento; si es
niño, juega a veces con un petrel, con una nube…
La criatura de isla trasciende siempre al mar que la rodea y al que no la rodea.
Va al mar, viene del mar y mares pequeñitos se amansan en su pecho, duermen a su calor, como palomas.
Los ríos de la isla son más ligeros que los otros ríos.
Las piedras de la isla parece que van a salir volando…
Ella es toda de aire y de agua fina. Un recuerdo de sal, de horizontes perdidos, la
traspasa en cada ola, y una espuma de barco naufragado le ciñe la cintura, le
estremece la yema de las alas…
Tierra firme llamaban los antiguos a todo lo que no fuera isla. La isla es, pues, lo menos
firme, lo menos tierra de La Tierra.

(Poemas sin nombre, 1953)



ELOGIO DE UN POETA A SU ISLA ANTILANA
(Fragmentos)

Ernesto Víctor Matute

Traigo mi Isla debajo del brazo
Y todos me preguntan:
¿Es un cocodrilo verde?
Yo digo que sí. Y, me sonrío.
Eternamente verde,
Crucero entre las dos Américas,
mi Isla es una gota de esmeraldas
ceñida por los mares
y en ella baja a prolongarse el cielo.
……………………………………
Mi Isla tiene un verde limpio
La Luna baja a sus riachuelos
a lavarse la cara
y a perfumarse el pelo.
En los frescos valles de mi Isla
Hay fuego de perfumes
Y éxtasis de románticas palmeras
……………………………………
Nuestra criolla sí. Sabe el ungüento
de la palabra dulce
y prestigia el amor en sus caderas.
Te da un beso, y suspira. Te da otro,
y se entrega,
pero en el hilo de la voz callada
palpita la ancha voz del Universo.
¿Cuánto vale tu Isla? Pues mira
para los que nacimos en ella
casi no vale nada,
pleitamos sin razón y sin sentido
y cualquiera se adueña de la tierra.
Para mí vale más que las glorias de España
y que el oro del Norte
N i la abandono, ni la insulto, ni la vendo.
Traigo mi Isla debajo del brazo
y a nadie se la entrego.
¡Quién ha visto que un hombre con orgullo
quiera vender su cocodrilo verde!

(Vientos de Proa, 1948)




UN LARGO LAGARTO VERDE

Nicolás Guillén

Por al Mar de las Antillas
(que también Caribe llaman)
batida por olas duras
y ornado de espumas blandas,
bajo el sol que la persigue
y el viento que la rechaza,
cantando a lágrima viva
navega Cuba en su mapa:
un largo lagarto verde,
con ojos de piedra y agua.

Alta corona de azúcar
le tejen agudas cañas:
no por coronada libre
sí de su corona esclava:
reina del manto hacia fuera,
del manto adentro, vasalla,
triste como la más triste
navega Cuba en su mapa:
un largo lagarto verde,
con ojos de piedra y agua.

Junto a la orilla del mar
tú que estás en fija guardia,
fíjate, guardián marino,
en la punta de las lanzas
y en el trueno de las olas
y en el grito de las llamas
y en el lagarto despierto
sacar las uñas del mapa:
un largo lagarto verde
con ojos de piedra y agua.

(La paloma de vuelo popular, 1958)




LA ISLA EN PESO

Virgilio Piñera

La maldita circunstancia del agua por todas partes
me obliga a sentarme en la mesa del café.
Si no pensara que el agua me rodea como un cáncer
hubiera podido dormir a pierna suelta.
Mientras los muchachos se despojaban de sus ropas para nadar
doce personas morían en un cuarto por compresión.
Cuando en la madrugada la pordiosera resbala en el agua
en el preciso momento en el que se lava uno de sus pezones,
me acostumbro al hedor del puerto,
me acostumbro a la misma mujer que invariablemente masturba,
noche a noche, al soldado de guardia, en medio del sueño de los
peces.
…………………………………………………
Las historias eternas frente a la historia de una vez del sol,
las eternas historias de estas tierras paridoras de bufones
y cotorras,
las eternas historias de los negros que fueron,
y de los blancos que no fueron,
o al revés o como os parezca mejor,
las eternas historias blancas, negras, amarillas, rojas, azules
-toda la gama cromática reventando encima de mi cabeza
en llamas-
la eterna historia de la sonrisa del europeo
llegando para apretar las tetas de mi madre.
El horroroso paseo circular
el tenebroso juego de los pies sobre la arena circular,
el envenenado movimiento del talón que rehúye el abanico del erizo,
los siniestros manglares, como un cinturón canceroso,
dan vuelta a la isla,
los manglares y la fétida arena
aprietan los riñones de los moradores de la isla.
……………………………………………….
En esta isla lo primero que la noche hace es despertar el olfato:
Todas las aletas de todas las narices olfatean el aire
buscando una flor invisible;
lo noche se pone a moler millares de pétalos,
la noche se cruza de meridianos y paralelos de olor,
los cuerpos se encuentran en el olor,
se reconocen en este olor único que nuestra noche sabe provocar;
el olor lleva la batuta de las cosas que pasan por la noche,
el olor entre en el baile se aprieta contra el güiro,
el olor sale por la boca de los instrumentos musicales,
se posa en el pie de los bailadores,
el corro de los presentes devora cantidades de olor,
abre las puerta y las parejas se suman a la noche.

La noche es un mango, es una piña, es un jazmín
…………………………………………………..
Bajo la lluvia, bajo el olor, bajo todo lo que es una realidad,
un pueblo se hace y se deshace dejando los testimonios:
un velorio, un guateque, una mano, un crimen,
revueltos, confundidos, fundidos en la resaca perpetua
haciendo leves saludos, enseñando los dientes, golpeando
sus riñones
un pueblo desciende resuelto en enormes postas de abono,
sintiendo cómo el agua lo rodea por todas partes,
más abajo, más abajo, y el mar picando sus espaldas;
un pueblo permanece junto a su bestia en la hora de partir,
aullando en el mar, devorando frutas, sacrificando animales,
siempre más abajo, hasta saber el peso de su isla:
el peso de una isla en el amor de un pueblo.

(La isla en peso, 1943)




ISLA
(Fragmentos)

Rolando Escardó

Esta isla es una montaña sobre la que vivo.
La madre solemne
empujó hacia los mares estas rocas.
En el tiempo desconocido que no se nombra
en el límite que no se escribe
sucediéndose los deslaves
las profundas grietas:
-gargantas hasta los fuegos blancos-
llega la hora de mi nacimiento en esta isla:
-planeta ardiendo en el cielo-
llega la hora de mi nacimiento
y también la de mis muertes
pues al mundo he venido a instalarme.
¿Por qué esos labios se abren como túneles a los que no bajo?
Yo sé que el hombre es un rumbo que se instala
sé estas cosas y otras más que no hablo
pero yo puedo darme con los puños en el pecho
feliz de esta Revolución que me da dientes
aunque de todo soy culpable
de todas esas muertes soy culpable
y no me arrepienten los conjuros
que en el triángulo de fuego he provocado.
……………………………………………
No creáis en mis palabras
soy uno de tantos locos que hablan
y no me comprenderéis
no creáis mis palabras
esta isla es una montaña
sobre la que vivo…

(1961)




POEMA CXXIV
(Fragmentos)

Dulce María Loynaz

Isla mía ¡qué bella eres y que dulce!... Tu cielo es un cielo vivo, todavía como un calor de ángel, como un envés de estrella. Tu mar es el último refugio de los delfines antiguos y de las sirenas desmaradas.
Vértebras de cobre tienen tus serranías, y mágicos crepúsculos se encienden bajo el fanal de tu aire.
Descanso de gaviotas y petreles, avemaría de navegantes, antesala de América: hay en ti la ternura de las cosas pequeñas y el señorío de las grandes cosas.
Sigues siendo la tierra más hermosa que ojos humanos contemplaron. Sigues siendo la novia de Colón, la benjamina bien amada, el Paraíso Encontrado.
Eres, a un tiempo mismo, sencilla y altiva como Hatuey; ardiente y casta como Guarina.
Eres deleitosa como la fruta de tus árboles, como la palabra de tu Apóstol.
Hueles a pomarrosa y a jazmín; hueles a tierra limpia, a mar, a cielo.
………………………………………………………………………………..
Tú eres por excelencia la muy cordial, la muy gentil. Tú te ofreces a todos aromática y graciosa como una taza de café; pero no te vendes a nadie.
Te desangras a veces como los pelícanos eucarísticos; pero nunca, como las sordas criaturas de las tinieblas, sorbiste sangre de otras criaturas.
Isla esbelta y juncal, yo te amaría aunque hubieras sido otra mi tierra, pues también te aman los que bajaron del Septentrión brumoso, o del vergel mediterráneo, o del lejano país del loto.
Isla mía, Isla fragante, flor de islas: tenme siempre, náceme siempre, deshoja una por una todas mis fugas.
Y guárdame la última, bajo un poco de arena soleada… ¡A la orilla del golfo donde todos los años hacen su misterioso nido los ciclones!

(Poemas sin nombre, 1953)




lunes, 3 de diciembre de 2007

ALICIA ALONSO: UNA LEYENDA UNIVERSAL DE LA DANZA


Reinaldo Cedeño Pineda

Ya no baila; pero batió todos los récords de permanencia de una bailarina clásica. Tal vez bailó más de lo aconsejable; la pasión, el espíritu, la demoraban.

Todavía en 1995 fue capaz de actuar diariamente en una gira del Ballet Nacional de Cuba por Italia.


Dos años después, en el Metropolitan de Nueva York realizó una actuación especial. Se cumplía medio siglo del estreno del célebre ballet Tema y variaciones, de George Balanchine.


Fueron sus últimas presentaciones. Alicia Alonso pasaba largamente de los setenta años.


Tema y variaciones, afirman, fue toda una batalla entre la entonces joven bailarina del American Ballet Theatre y el reconocido coreógrafo.

Balanchine complicaba los pasos y los giros, retando a la Alonso; mas esta aceptaba el reto una y otra vez, con la misma disposición. La conjunción de maestrías convirtió a la obra en parte de la historia de la danza..


Ya no baila, aunque no sé. La he visto sentada, bailando con los ojos. Conmueve cuando danza con las manos.


Alicia Alonso nunca fue una mujer hermosa. A lo largo de su vida los caricaturistas han remarcado su boca alargada y su nariz. Sin embargo, bastaba que pisara las tablas para verle las alas.


Tuvo ejecuciones brillantes, mas lo singular en ella, fue su interpretación. Ahí quedan, insuperables, la gitana en el ruedo de Carmen, o la transida locura de Giselle.


Bailaba de la mente a los pies, y su estilo romántico detenía el tiempo.


La crítica intentó traducir esas sensaciones con palabras:


Mario Pasi: Es la última divina de nuestro tiempo.


Maurice Béjart: Ella es un ser eterno.


Arnold Haskell: ¿Cómo puedes interpretar a Giselle, si Giselle eres tú?


Había comenzado a lo grande, en 1938, en Nueva York. Recorrió el mundo como prima ballerina con el American Ballet Theatre, y en 1948, con el esfuerzo de unos pocos, fundó un ballet con su nombre, que a la larga sería el Ballet Nacional de Cuba.

Nunca se rindió. No lo hizo ante su operación visual o el escaso apoyo oficial de los inicios; ni ante los prejuicios culturales o sexuales que le salieron al camino, a ella y a su compañía.

Bailó en las montañas, en los centrales y en los teatros. Sus coreografías de los clásicos, forman parte del repertorio activo de varias compañías del orbe.

Embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO, entre sus reconocimientos se hallan la Orden El Águila Azteca, el Premio Benois de la Danza, la Orden José Martí y el Premio Irine Lidova a la obra de la vida.

Y, ahora, la tengo frente a mí. Una octogenaria, una leyenda. Apenas tengo unos minutos para conversar con la última divina.

En el mundo se habla de Escuela Cubana de Ballet… se refieren a un “modo particular” de asumir la danza clásica en un país caribeño. ¿Dónde hallar realmente estas singularidades?

“Las escuelas de ballet en el mundo tiene las mismas demandas técnicas; pero en la forma en que se enseña, dadas las experiencias diferentes que se han heredado, en la metodología, ahí están las variantes, las riquezas…

“Lo otro, lo que ya se comprende como Escuela es el efecto que demuestra la compañía, el Ballet Nacional de Cuba que es un producto ya hecho, lo que ven todos.

“Usted ve una compañía rusa, una francesa, y usted nota diferencias. Por eso la crítica enseguida afirma cuando nos ve bailar: “esa es la escuela cubana. Es que hay una personalidad, una forma de moverse, una forma de decir diferentes.

“La escuela está en la forma en que hemos asumido los grandes clásicos. En la concepción artística y general; más particularmente en la forma de los bailarines de decir esa concepción: en la versión teatral, la técnica.

“Eso está en cada bailarín. El cubano cuando se mueve tiene un gusto de bailar, de acentuar su baile.

“Técnicamente, les pedía siempre a los alumnos que estuvieran con el ritmo en los pies; pero con el cuerpo, de la cintura para arriba, bailando con la melodía, que ahí está el sentir, el “habla” del bailarín.

“La personalidad del bailarín se expresa donde hace algo más despacio, donde pone el acento. Ahí está la individualidad, y si es hombre, en como le da la mano a la bailarina o como la mira.

“Y el punto final: hay una sensualidad en el hombre y la mujer cubanos que no existe en ningún otro bailarín. Es ese sentirse hombre y mujer, una forma muy particular que no se pueda agarrar; pero se puede sentir: Esa es la Escuela Cubana de Ballet.

“Esa formación artística nuestra la hemos compartido, y luego, las Cuatro Joyas. [i] Y los que han llegado después, van a ir heredando, aprendiendo unos de otros”.

Pero, el ballet de sus inicios… no se parece al de estos tiempos…

“Sí, creo que se les ha puesto muy difícil a los bailarines de hoy. El ballet es como todo en la vida, cada vez se pone más difícil.

“Cuando yo empecé a bailar, y ahora me refiero al hombre, aquel que pudiera hacer dos vueltas y pararse en cuarta más o menos… si agarraba a una muchacha y podía sentársela en al hombro, ya estaba dentro de la compañía…

“En la mujer, la que pudiese hacer un pirouette, un piqué en arabesque con un compañero, poner la pierna de cierto modo, y que tuviera una gracia más o menos… ya estaba dentro. ¿Fuoutté? Si hacías seis, te ponían una medalla. Así era cuando yo empecé.

“Luego, las cosas se fueron complicando. Parte de esa complicación técnica la tuve yo, que me enamoré de la danza y estaba siempre buscando lo más difícil. El Ballet Nacional de Cuba ha heredado eso.

“En general, en el mundo se ha heredado lo difícil de la demanda técnica y ahora la sufren, pero la gozan. Lo maravilloso es como lo van venciendo, poderse empeñar y saber que camino escoger. Nosotros tuvimos que hacer ese camino”.

¿Ballet: Técnica o arte?

“El cuerpo del bailarín, naturalmente forma parte de lo que están bailando, no pueden ser bailarines automáticos, hay que expresar ese arte que sienten, decir la historia.

“La técnica es tan fuerte que a veces uno se enamora; pero hay que tener cuidado y enamorarse de los dos: la técnica y el arte”.


¿Qué lugar ocupa la preparación física?


“Todo tiene que bailarse que parezca natural, que el público no tome conciencia de ese esfuerzo físico, de lo duro que es.


“Esa experiencia la tuvimos con unos levantadores de pesas del equipo nacional. Cuando veían a los bailarines levantando a las muchachas, haciendo las cargadas, decían: mira que fácil es…

“Y yo les digo, ¿sí?... a ver. Y aquello fue tremendo cuando intentaron hacerlo Y yo les pedí: ahora cárgala y sonríe al mismo tiempo… No, no es tan fácil. Lo entendieron…”.

¿Realmente, le faltó algo por bailar?


“Sí, continuar bailando. Nunca uno se queda satisfecho.


“Todavía yo bailo dentro, todavía mis músculos se contraen, inmediatamente reaccionan. Siento la música y hay un reflejo condicionado que lo llevo dentro todo el tiempo”.

“Todavía no lo he bailado todo. Cuanto más tiempo pasa, más deseo de bailar me da. Nunca se acaba”.


[i] Cuatro Joyas . Calificativo reservado por el critico Arnold Haskell a la promoción de bailarinas cubanas formada por Loipa Araújo, Aurora Bosch y las ya desaparecidas Mirta Plá y Josefina Méndez).