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jueves, 21 de julio de 2011

TV Cubana de verano: ¿El batazo del año?


EL BATAZO DEL AÑO, un espacio de participación deportiva que linda con la frivolidad y el efectismo más fatuo


Eric Caraballoso Díaz

(Tomado de Radio Siboney Digital)

Dos semanas pueden ser poco tiempo para hacerse de un criterio cabal, analíticamente integrador sobre algo o alguien, pero como primera impresión muchas veces resultan suficientes. Y mi primera impresión de la programación veraniega de la televisión cubana no es precisamente buena.

Confieso que cuando leía las informaciones preliminares sobre lo que se televisaría este verano sentí un temprano entusiasmo. Más de 50 espacios de estreno, una disminución significativa de las retransmisiones, una atención especial a los programas infantiles y un privilegio del horario nocturno, fueron algunos de los argumentos presentados por los diseñadores de la programación. Pero tras 15 días de esperanza, he terminado por decepcionarme nuevamente.

Quizás alguien pueda acusarme de absoluto o tremendista, de falto de fe, pero las decepciones que acostumbra a provocar en muchos la televisión nacional no es cosa de dos semanas ni de una temporada veraniega. Tampoco sería justo no reconocer la buena intención de ofrecer propuestas de varios géneros y para todos los públicos, de ocupar un extenso horario de transmisiones y multiplicar perfiles y objetivos. Pero, como siempre decía mi abuelita, de buenas intenciones…

La televisión, no puede perderse de vista, es instrucción, información, pero también –y en gran medida- entretenimiento. Y si en esta programación de verano tal función continúa descansando en la mar de series y novelas extranjeras, -algunas de indiscutible calidad como la multipremiada Esposas desesperadas y el policíaco El escudo- con todo lo que ello implica, entonces, ¿qué diferencia, fuera de la ampliación de los horarios, tiene la misma con respecto a la que se transmite el resto de año?

Recuerdo como una época dorada aquellos años en los que el verano servía para estrenar buenas series cubanas, humorísticos de lujo, aventuras, dramatizados unitarios como los recordados teleplay o los cuentos. Ahora enciendo el televisor y me encuentro programas como El batazo del año, un espacio de participación deportiva que linda con la frivolidad y el efectismo más fatuo, y donde el conocimiento, su supuesto principal valor, parece sometido a los movimientos de cadera de las animadoras. O como Los Zuperhéroes, un programa humorístico que apenas consigue esbozar –por no decir forzar- sonrisas, por muy conocidos y reputados que sean sus protagonistas.

Ni siquiera el arranque de la muy esperada segunda temporada del también humorístico Deja que yo te cuente parece llegar al tope de momentos anteriores. Algo le falta para explotar, para desatar la carcajada, aunque su constante apuesta por la reflexión y la crítica inteligente sigan haciendo de este espacio un necesario rara avis.

Otra vez Cuadro a cuadro saca la cara por los cinematográficos exclusivos del verano, el resto ni a sus talones. Pero, como fórmula ya repetida, el espacio que muestra los vasos comunicantes entre los comics y el séptimo arte, tiene ya el sabor de los caminos transitados. Sus realizadores, entonces, apuestan por un cambio de imagen, por un contemporáneo tratamiento de la imagen, que les ayude a mantener la frescura.

Entre los infantiles, Qué come, qué dice prometía más de lo que ha resultado ser. La cotidianidad de la boca de un niño, protagonizada por sus dientes, no por su declarada intención de enseñar entreteniendo alcanzan el agradable aliento que todo programa de este corte necesita. Y aún más, si se compara –las comparaciones son inevitables- con antecesores del abolengo de La sombrilla amarilla y Claro, Clarita.

Otras novedades, como el programa de entrevistas Eco de mujer, conducido por la muy de moda actriz Blanca Rosa Blanco-; Famosos del musical, centrado en la historia de ese afamado género de Broadway; y ¿Y usted qué cree?, dedicado a conversar sobre música con la conducción del pianista Ulises Hernández; merecen una mirada más atenta, más sistemática: un voto de confianza.

Así que, mientras sigo haciendo zapping entre los cinco canales de la TV cubana, no me queda otra que esperar un cambio en las próximas semanas y prometer un próximo –y quisiera menos cáustico- comentario. Pero en cualquier caso, no puedo olvidar la frase que tanto repetían los estudiantes de Psicología en mis años de Universidad: “nunca habrá una segunda oportunidad para causar una primera buena impresión”.

(Nombre original : Televisión cubana: de “buenas” impresiones y programaciones de verano)



lunes, 31 de mayo de 2010

V Olimpiada del Deporte Cubano: Excelencias y chapucerías


El clavadista José Antonio Guerra junto a Jenkler Aguirre protagonizó uno de los momentos inolvidables de la V Olimpiada del deporte cubano.

Reinaldo Cedeño Pineda
escribanode@gmail.com

Haber visto una final electrizante como la de plataforma entre José Antonio Guerra y Jenkler Aguirre, los excelentes duelos del ciclismo entre cubanos y venezolanos, los ippones y ganchos de los medallistas mundiales del judo y el boxeo, el disco de Yarelis Barrios y el cronometraje electrónico de vuelta a la piscina del Complejo Baraguá… son razones para la alegría en la V Olimpiada del Deporte Cubano, recién concluida.

La no asistencia de Cuba a los Juegos Centroamericanos y del Caribe en Mayagüez por razones ya conocidas, tendrá su precio —sobre todo en los deportes colectivos y de apreciación— y aunque el evento no podrá suplir esta ausencia, resulta un loable esfuerzo por insertar una competición múltiple en el panorama de 2010, mucho más si se tiene en cuenta la situación económica global, pero…

Una cosa es la competencia en sí y otra su reflejo en la pantalla chica, a la zaga de las excelencias deportivas. Somos exigentes porque así nos lo han enseñado, porque desde hace muchos años se realizan en Cuba transmisiones deportivas de digna factura.

Sin embargo, esta vez se desaprovechó el calibre de varias competencias y más de una irrregularidad asomó en la cobertura; en franco contraste con las transmisiones de Radio Rebelde que merecen el reconocimiento de los oyentes, así como el sitio de la V Olimpiada en Internet, el boletín digital JIT (sea dicho, muchos toman sus referencias; pero no siempre citan la fuente) y la página Bola de Nudillos de José Raúl Castillo.

Pero, volvamos a la Olimpiada vista en la televisión cubana…

Un solo deporte colectivo en la pantalla

Una Olimpiada donde no se transmitió ni béisbol, ni softbol, ni fútbol, ni futsal, ni voleibol ni baloncesto ni hockey...

Poco balance en las disciplinas transmitidas, es el primer apunte. Mientras pudieron verse todas las modalidades del clavados: individuales y sincronizadas, desde un metro, desde tres, desde la plataforma, tanto masculinas como femeninas (nada en contra de los saltos ornamentales, pero en esa materia hay bastante desigualdad de calidades); sólo se transmitió un deporte colectivo: el polo acuático (desde Santiago de Cuba).

Por cierto, nuestra televisión nacional insiste en no dar oportunidad alguna a los narradores de las localidades. En ese tema, Radio Rebelde volvió a sentar cátedra, con la narración del futsal (fútbol sala) desde Las Tunas, a cargo de Albert Blanco y Ernesto Merino, especialistas anfitriones, que se desempeñaron a gran altura.

La narración deportiva cubana anda urgida de nuevas voces y de nuevas perspectivas. Por otro lado, he visto crecida en esta Olimpiada una tendencia nada agradable: aquellos que dan las victorias por sentadas mucho antes que acabe una modalidad transmitida, lo cual acaba con las expectativas del televidente, subvalora al resto de los participantes e incluso, rebaja el nivel de las competencias, donde "ya se sabe" quien va a ganar..

Cierta vez, Renier González declaró que los narradores cubanos eran "los mejores del mundo", por asumir muchos deportes. Creo en la especialización. Discrepé entonces y lo ratifico ahora: el vedettismo, da resultados a muy pocos y la narración no es la excepción... Un único deporte colectivo, repito ¿Quién ha visto la transmisión de una competencia múltiple sin imégenes del baloncesto, el voleibol o el balonmano por sólo citar algunos deportes?

El torneo de softbol femenino con la participación de la selección de Venezuela (sexta olímpica) y sus partidos con los equipos cubanos, hubiera sido una opción apetecible, mas tampoco estuvo en pantalla.

También esperé infructuosamente ver, por ejemplo, el torneo de béisbol femenino (con Puerto Rico, Venezuela y las tres selecciones cubanas), lo que hubiera agregado personalidad propia y novedad al certamen.

Me quedé con las ganas de apreciar el futsal, que merece a gritos un poco de imagen por su condición de finalista de los últimos cuatro mundiales (todo un sueño para nuestro fútbol once) y por los buenos partidos escenificados, según las transmisiones de. Rebelde.

Tal vez hubiera sido ocasión para haber apreciado algún partido de badminton o una hermosa jornada de equitación, por ejemplo, pero también fueron oportunidades perdidas… En cuanto a la natación, puede ser estimulante para la Comisión Nacional del deporte apreciar la cantera de niños y adolescentes con que cuenta (y ojalá adelantemos en las piscinas, falta nos hace), mas tener que ver hasta cuatro series de una misma modalidad fue aburrido, abusivo y más propio de un control interno. En todo caso, la televisión no puede mandar en esas decisiones; pero si puede (y debe) preservar el espectáculo, limitando las transmisiones a las finales A.

No hace falta decir más.

Es entendible que la cercanía del Complejo de Piscinas Baraguá y del Velódromo Reinaldo Paseiro (ambos ubicados en la capital) haya influido en su extensa cobertura… pero no haber transmitido los deportes colectivos con pelota (cuatro de ellos efectuados en Ciego de Ávila), más allá de cualquier consideración material, fue una decisión lamentable.

Chapucerías

Varias irregularidades signaron las transmisiones televisivas. Algunas en verdad, no las había visto con anterioridad.

En el polo acuático, ocurrió algo inusitado. En uno de los partidos grabados, justo cuando se cobraba un penalty… ¡oh!... el casette se corrió hacia delante… ¡y así siguió la transmisión tan campante!

En la gimnasia artística, una luminosidad omnipresente dañó la transmisión. Hubo ejercicios que costó verlos y en el caso de las barras paralelas, hizo crisis. Las cámaras se reubicaban una y otra vez, hasta que lograron solucionarlo… avanzada ya la final por aparatos.

¿Improvisación, mala dirección, insuficiente evaluación del escenario de competencia o escenario inadecuado para una transmisión televisiva de calidad?

Por otro lado, los dislates en la narración deportiva de Marcial Hernández ya pasan de castaño oscuro. Empecé a tomar notas de ellos, hasta que francamente me cansé.

Basta recordar algunos: se refirió a una gimnasta que “hacía su salida de la viga”, cuando a ojos luces se había caído, de otra gimnasta en las finales de la rítmica que consiguió la misma nota y allá va el narrador a decir que averiguará como se dirime el primer lugar en estos casos, cuando es sabido que en ese deporte es muy normal otorgar más de una medalla de oro o de otro color.

En el ciclismo, todo se salvó por Renier, porque lo mismo se refería a que estábamos en al contrarreloj individual cuando… se corría la colectiva, que daba como ganador a un ciclista nacional cuando era obvio visualmente que había ganado un venezolano, se perdía con la atleta que se quedaba en determinada modalidad, o cambiaba el tiempo o la nota dada…

La transmisión de la competencia de pesas a cargo de la TV de Holguín (donde conozco a excelentes profesionales) denotó falta de creatividad. Un torneo deportivo es un espectáculo en sí mismo y la cámara no ha de limitarse a dar testimonio visual, sino a construirlo y reforzarlo; mucho más en el caso de la halterofilia que suele ser estática.

De ahí el reto. En mi opinión faltó preparación para asumir este deporte y una recia mano directriz. La transmisión se tornó monótona y reiterativa. A modo de relleno, al menor parpadeo, la cámara se dirigía, una y otra vez al público de manera indiscriminada. Fue un recurso que se agotó en sí mismo y no hubo capacidad para recrear nuevos enfoques.

Sabida la coincidencia de algunas pruebas del atletismo, ya es hora de que la televisión
(sobre todo si es grabada, tal cual el caso) se adapte a esa condición y ofrezca imágenes menos incompletas, erráticas o centradas en una sola figura. Aquí sin embargo, es preciso anotar el alto nivel de la narración, encabezado por Sergio Ortega.

Por lo visto, el estadio de atletismo anda urgido de tratar el área de campo (un césped muy maltratado o inexistente) con el mismo cuidado que su flamante pista.

A diferencia de otros juegos múltiples, apenas se insistió con entrevistas a las figuras más sobresalientes, como complemento indispensable de las transmisiones.

Por último, las reflexiones sobre el triunfo de Occidentales. Si en ese colectivo estaban buena parte de las figuras de nuestras preselecciones nacionales, ¿en realidad alguien con dos dedos de frente, manejó la posibilidad de que otra selección sería la ganadora?

Por eso me cuesta trabajo entender los términos de Daniel Palacios en Juventud Rebelde cuando se refirió a que “el equipo Occidentales abrumó al resto”. Parodiando a García Márquez, colega, esta era la crónica de un triunfo anunciado, una verdadera perogrullada.

El público cubano es conocedor. La V Olimpiada del Deporte Cubano fue un esfuerzo soberano que mereció una cobertura televisiva de mayor rigor.

Al respetable hay que respetarlo. Siempre.

jueves, 9 de octubre de 2008

TV CUBANA (II): Una pausa para Sin tregua


(Arletty Roquefuentes en el espacio “Sin Tregua”… La conducción pasa por momentos nada felices en la TV cubana con algunos que “pintan” bien pero dicen mal, que parecen disparar en vez de hablar y que han hecho de la ligereza un verdadero tributo…)

Reinaldo Cedeño Pineda
escribanode@gmail.com

La televisión es un calidoscopio de programas con sus destinatarios y horarios específicos, características ―entre otras― que moldean la concepción de una propuesta.

Aunque en radio y televisión, un espacio es siempre resultado del trabajo colectivo, toca al director organizar y controlar el desempeño técnico-artístico del equipo de realización. Y si requiere la presencia de un conductor, tiene la última palabra para exigir el tono, la intención, las pausas y las transiciones requeridas…

Esto no quiere decir que el animador resulte un ente pasivo, al contrario: ha de aportar ―junto al dominio de la lengua y la articulación―, su propia dosis de originalidad, carisma y estilo.

Es suficiente...

Lo que pudiera parecer una verdad de Perogrullo (para los iniciados), se me antoja introducción necesaria para analizar el programa SIN TREGUA, transmitido los lunes en la noche, por el canal Cubavisión, dedicado a la campaña antivectorial.

Parto de un concepto: no hay programas grandes ni pequeños. Hay programas que interesan (o al menos están diseñados para que interesen) a un sector más específico, y otros, a un sector más general. Cada uno tiene su público.

De ahí, este análisis de SIN TREGUA, porque no importa su brevedad en pantalla, es eso: un programa. Y aquí tenemos un sólo propósito: reflexionar alrededor de él.

SIN TREGUA

El programa supo escoger muy bien su nombre, porque no puede haber tregua en el enfrentamiento a los vectores que conviven en nuestro entorno (específicamente el mosquito Aedes Aegypti) y que tanto daño causan.

Sin embargo, este es el caso en que una idea loable se tuerce en su salida al aire.

La campaña antivectorial ―como todo tema que implica la salud―, es un tema serio. En consecuencia, su planteamiento artístico, ha de responder a ese objetivo; pero, lamentablemente, es palpable el desfasaje entre una cosa y otra.

La conductora, Arletty Roquefuentes, no ha encontrado el tono justo ni la intención adecuada; o se ha extraviado la concepción del director Jesús Otaño. Por suerte, hay ya camino andado por ambos, y esa experiencia ―estoy seguro―, puede aportar en el ajuste de ópticas y consideraciones.

El programa se ha referido a muchos temas de graves consecuencias para la población. Tomemos sólo dos de ellos: el autofocal familiar (revisión de los posibles criaderos de mosquitos en las viviendas) o las medidas tras el paso del huracán, y otros por el estilo….

Como resultado, esas exposiciones, requieren una dosis de sobriedad, sin que ello interfiera en la comunicación familiar en que intenta moverse el espacio…

Lo hago más explícito para despejar cualquier duda:

El coloquialismo es la interrelación, no el exceso. Lo serio no es sinónimo de lo aburrido. La sobriedad no es el acartonamiento, no es el tono docto ni el didactismo (hay en demasía en nuestra TV) ni el tono fúnebre, por supuesto. Es el equilibrio, el tono justo, la medida, la mesura, la elegancia natural sin afectación; es sobre todo el saber cómo se dice lo qué se dice.

En dos palabras: Sin Tregua es un programa para la familia, pero no es una fiesta. Busca la comunicación, pero no puede sacrificar la seriedad. Pretende el desenfado, pero no debe colocarse al borde de la euforia.

Tal vez, Arletty Roquefuentes deba reservar su tono cuasi feriado para otros espacios, pues aquí resulta incongruente, no conduce, más bien desdice.

Admito que un programa breve como este y ceñido a un ambiente conocido (la cuadra, la casa), no es el ideal para el lucimiento en pantalla. Quizá no pueda pedírsele un “espectáculo”, mas por eso mismo requiere de una alta dosis creativa en la conformación de su visualidad, para insertar planos o crear atmósferas más atractivas sin falsear la realidad.

En general creo que la conducción pasa por momentos nada felices en la TV cubana con algunos que “pintan” bien pero dicen mal, que parecen disparar en vez de hablar, que han hecho de la ligereza un verdadero tributo (fracturas culturales por el medio)... pero este será tema para otra ocasión.

SIN TREGUA debe darse una pausa reflexiva.

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