sábado, 9 de julio de 2011

MASTURBACIÓN MASCULINA y SEXO SEGURO


Manuel Lescay Céspedes


La mitología popular alega que la práctica masturbatoria hace aparecer pecas en la cara, pelos en la palma de las manos, acné, descalcificación ósea, crecimiento de verrugas; lleva a que se sequen los testículos, o se caiga el clítoris (en el caso de las mujeres), o se reblandezca el cerebro. Un educador alemán aconsejaba a sus colegas que enfrentaran ante un espejo a un adolescente sorprendido en actitud masturbatoria y le dijeran: “Ësta es tu imagen de la muerte, el vicio te llevará a la tumba”. Con razón Michel Foucault postulaba que “el sexo del colegial llegó a ser un problema público durante el siglo XVIII”. Así nace el concepto, en las ciencias médicas, de locura masturbatoria, definida académicamente por el psiquiatra alemán Krafft-Ebbing (1886), quien difundió la idea de que estaba en la base de ciertos cuadros psicóticos.

La masturbación, definida como la autoestimulación genital a solas, responde a una pulsión, a una necesidad de reconocimiento corporal o de satisfacción del deseo a través de caricias en los genitales. No me refiero solamente a la etapa de la pubertad: también la vemos en los niños muy pequeños, que incluyen el hecho de tocarse entre sus juegos más recurrentes. Hay quienes piensan que esta actividad en los pequeños debería….

(Trabajo premiado en el I Simposio Internacional de Masculinidad, Santiago de Cuba 23-25 junio 2011)

ARTÍCULO COMPLETO en http://lapolemicacontinua.blogspot.com/2011/07/i-simposio-internacional-de.html

jueves, 7 de julio de 2011

Voleibol cubano: Las HAZAÑAS y las NECEDADES



Reinaldo Cedeño Pineda


El equipo de voleibol masculino de Cuba ha logrado la hazaña: estar en la final de la Liga Mundial 2011.

Lo digo, porque un colectivo que en 2010 se erigió como subtitular del mundo, y que ahora se presenta sin tres de sus titulares (Roberlandy Simón, el mejor central del mundo, el atacador auxiliar Yoandy Leal y el pasador Raydel Hierrezuelo) y con un banca de debutantes, ha tenido que reinventarse en tiempo récord.

Cómo escatimar aplausos al guerrero Henry Bell y a Wilfredo León, el capitán de 17 años, incluso al juvenil central Dariel Albo.

Lo digo, porque han tenido que remontar la crónica falta de topes de los voleibolistas cubanos y de los deportes colectivos de la Isla en general en los últimos años (tales como el baloncesto, el balonmano y el polo acuático), un tema que hemos abordado en otras ocasiones.

Lo digo, porque han jugado todos sus partidos fuera de casa.

La Liga Nacional de Voleibol es una excelente idea (aún con mucho por mejorar y con otro tanto que empeñarse en su diseño mediático), pero resulta apenas un curita para la preparación de los atletas cubanos que necesitan TOPAR HABITUALMENTE al máximo nivel.

La derrota inicial frente a Sudcorea en esta Liga 2011 (sin que cometamos el error de muchos comentaristas que suelen subestimar a los rivales y dar por hecha la victoria) se debió en buena parte a esta carencia de juegos y de team work.

Nunca aplaudiré posiciones como las de Taimaris Agüero que representando al equipo de Italia remató contra Cuba en una Copa Mundial. La traición es una cosa y la necedad, otra.

No veo deshonor alguno en recibir una compensación económica acorde con el talento demostrado y con el esfuerzo que se traduce en alegrías y entretenimiento para los demás.

Conozco a muchos artistas cubanos que han hecho música o telenovelas en otros países. Algunos han decidido fijar residencia en esas naciones. Otros están de vuelta entregándonos su arte en la Isla. Cada quien escoge su camino.

Al fin y al cabo, participar en la propia Liga Mundial de Voleibol como en la Liga de Diamante del Atletismo competiciones que entregan premios en metálico y en las que participan los deportistas cubanos, es el reconocimiento tácito de que no es posible aislarnos de los sistemas competitivos de este mundo nuestro.

El presidente cubano ha llamado a eliminar el secretismo. No es posible ocultarlo. Es ya larga la lista de voleibolistas cubanos que en la última década han abandonado las filas de la selección nacional y del país. Conservar un equipo cubano por largo tiempo, se ha vuelto un dolor de cabeza.

A mi modo de ver, es una sangría evitable, si se logran ciertas regulaciones y aperturas. Además, ya existen experiencias previas como la participación de peloteros cubanos en Japón y de las voleibolistas en la liga de Rusia.

Sin renunciar a los valores de justicia social que nos identifican y a una soberanía inalienable, la sociedad cubana vive ahora mismo una etapa de transformaciones y de apego a una praxis racional.

Cuba cuenta con un material humano de excelencia en el voleibol masculino que los ha llevado a ser en los años recientes vicetitulares del orbe, subcampeones mundiales juveniles y campeones olímpicos de la juventud. Es una demostración del serio y abnegado trabajo de técnicos y escuelas en Cuba, pese a cualquier circunstancia económica.

Son deportistas que ya han demostrado sus facultades y que, en su desarrollo, precisan de un techo alto para demostrar lo aprendido.

A mi modo de ver, la dirección de la Federación Cubana y el deporte en general se halla ante tres caminos: o crea una VERDADERA liga de voleibol en el país, o inserta a algunos de sus excelentes atletas en las que ya existen, o se tendrá que RESIGNAR a competir con un déficit de preparación y con los equipos constantemente renovados, por más que contemos siempre con el probado coraje de los deportistas de la Mayor de las Antillas de los que tanto nos enorgullecemos.

ARTÍCULO RELACIONADO:

Cuba: crisis en los deportes colectivos

http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/08/cuba-crisis-en-los-deportes-colectivos.html

Deporte cubano. Heridas y curitas

http://laespinadelolimpo.blogspot.com/2009/10/deporte-cubano-heridas-y-curitas.html

Béisbol cubano. Los mitos y las pasiones

http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/10/bisbol-cubano-los-mitos-y-las-pasiones.html

Deportistas olímpicos bajo otra bandera

http://laespinadelolimpo.blogspot.com/2008/08/bajo-otra-bandera.html

lunes, 4 de julio de 2011

Yo fui un niño y tuve una canción



Palabras de bienvenida Encuentro de Poetas del Caribe y El Mundo “Jesús Cos Causse” / 4-8 julio 2011 / XXXI Festival del Caribe, Santiago de Cuba


Reinaldo Cedeño Pineda


El profesor hizo la señal inconfundible y me vi frente al aula, puntero en mano. Sin reponerme aún de la sorpresa, localicé en el viejo mapa las islas de Cabo Verde, cerca de la costa norte del África.

—Son estas… estas islas pequeñitas, respondí con desgano.

—Son islas esparcidas por la mano de Dios, me corrigió Augusto, de pie, con todo su orgullo acentuado en portugués.

En la noche, la también caboverdiana Anita me invitó a bailar la morna: la diáspora, el amor, el mar por todas partes. En su cintura y en la voz de Cesaria Évora supe que mi compañero de estudios tenía razón. En esas islas estaba la mano de Dios.

Desde entonces, llevó aprendida la lección.

En ese mismo Océano, siguiendo la ruta de los veleros, hay otras islas tocadas por la gracia. Ante una de ellas, Rodrigo gritó ¡Tierra! y Colón conectó dos mundos ¿Cómo pueden ser pequeñas las islas donde nacieron Walcott y Naipul, Martí y Lola Rodríguez de Tió, Bradwhite y Mac Kay, Roumain y Cesaire, Lamming y Lasana M. Sekou, uno de nuestros ilustres invitados que llega desde San Martín.

En este mismo espacio, bajo estos colores me sobrecogí algunos años atrás ante la exhibición del sable de Toussaint Louverture. Los siglos tocándome en el hombro Y alrededor de la vidriera, El Caribe de infinitas mixturas. El Caribe más allá de las Antillas y Barlovento.

El Caribe aún en el Amazonas, en la patria del agua de Thiago de Mello, con un girasol en la solapa en los martes más grises. El Caribe como fuego inextinguible en el Sur… vuelvo al Sur como se vuelve siempre al amor… El Caribe en los mares del Norte, aún en los canales de Venecia. El Caribe rebelde, viajero, inusitado, sin fronteras, como lo pintó Nicolás Guillén:


Este animal

marítimo y enigmático

tiene una blanca cresta de cristal,

el lomo azul, la cola verde,

vientre de compacto coral,

grises aletas de ciclón.


En Santiago de Cuba nació ayer, en 1803, un poeta que vivió en Venezuela, Santo Domingo, La Florida, que murió en México. Desde sus versos proféticos José María Heredia, estaba inventando la patria… en aterradora soledad.

La poesía acaba siempre adelantándose, siempre definiendo al Océano y al tiempo. Basta una gota, basta un segundo.

En el ir y venir de mi profesión me encontré una mañana con Dulce María Loynaz, Premio Cervantes 1992. Allí, resguardada tras la cancela del Vedado, lirio con mente de ceiba, le escuché decir: la poesía hay que sacarla si es preciso del más allá.

La vida me reservó una velada con Carilda Oliver Labra.

—¿Qué es lo único que no debe hacerse en materia de poesía?, le pregunté.

—Ignorarla, me respondió la novia de Cuba. Poesía es lo que nos salva. Sin poesía no habría puentes ni pirámides, remarcó.

No me es posible darles la bienvenida a la cuna de Heredia y de Maceo, a esta ciudad que sabe mirar a los ojos, a este Encuentro de Poetas del Caribe y el Mundo, sin hablar de Jesús, de Jesús Cos Causse. Me parece que va entrar por esa puerta, que ya entra, generoso, con su estampa de Quijote.


La poesía le llegó primero por las victrolas de la esquina antes que por los libros. Asistí a más de una tertulia en su casa, escuché poemas de recién llegados y de viejos amigos, venidos de todas partes. Solo después he sabido valorar el privilegio que me daba como algo natural, el privilegio de sus palabras en mi breve cuaderno. Temo que nunca pude tener a mi alcance la gratitud que debía. Esta ha de ser la ocasión: gracias Jesús por tu poesía, gracias Cos por tu amistad, gracias Jesús Cos Causse por cobijarnos aquí y ahora, bajo tu nombre.

Soy otra vez un adolescente. Me asomo a las últimas páginas de mi libro de Secundaria Básica, a su poema dedicado a Abel Santamaría. El poeta transido ante el héroe. El estudiante transido ante el poeta:


Cuando me arrancaron los ojos

la voz de mi madre comenzó a confundirse con la pólvora del combate

las palomas volaron asustadas y el barquito de papel

se rompió con la caída de la sangre

yo fui un niño y tuve una canción.


(Salón de los Vitrales, Plaza de la Revolución Antonio Maceo. Santiago de Cuba, 4 de julio de 2011)

…………………………………………………..

Poema de uno de los invitados, Kasi Seghor (Trinidad Tobago)

TODO EL MUNDO SABE

(Fragmentos / Traducción al español)


Todo el mundo sabe

quién es chino

quién es sirio

quién es libanés

Todo el mundo sabe

quién es indio

pero nadie sabe mi nombre.

Todo el mundo sabe

que tengo una nariz y una oreja

la textura de mi pelo

quién es blanco, quién es rubio

Todo el mundo sabe

que no me importa nada

que nadie sabe mi nombre.

Todo el mundo sabe

que querida María estás llena de gracia

que Adán y Eva comenzaron esta raza

el color de la cara de Michael Jackson

Todo el mundo sabe

como ponerme en mi lugar

llamándome por otro nombre.

---PROGRAMA COMPLETO DEL ENCUENTRO DE POETAS DEL CARIBE Y EL MUNDO “Jesús Cos Causse”/ 4-8 julio 2011.

CLIC en http://laislaylaespina.blogspot.com/2011/07/encuentro-deencuentro-de-poetas-del.html

domingo, 3 de julio de 2011

Encuentro de Poetas del Caribe y el Mundo JESÚS COS CAUSSE 4-8 de julio 2011


XXXI Festival del Caribe

Dedicado a Trinidad y Tobago

Encuentro de Poetas del Caribe y el Mundo “Jesús Cos Causse”

4 al 8 de julio de 2011

Poetas internacionales

Saint-Martin: Lasana M. Sekou; México: María Soledad Lomeli Barragán, Ilse Guadalupe Díaz Márquez, Eduardo Torres Fernández, David Rivera Rivera, Felipe de Jesús Sarabia Salmerón, Pablo Aldaco, Jorge Contreras; Argentina: Cristina Araoz, Adela Margarita Salas, Juan Carlos Siárez, Guillermo Furlong Franco; República Dominicana: Mateo Morrison, María Luisa Frías, Cornelio Hernández, Ramón Perdomo; Bolivia: Iris Kylla Ticona Vaca; Puerto Rico: Pedro Amador; Brasil: Newton Aguilar

Programa

9:00 a 9:00 pm. Lecturas de Enramadas
en Festival
(Calle Enramadas):

9:00 am. Inicio de las ventas; 11:00 am. Sábado del Libro: El pequeño, poemas en prosa, de George Bataille, con su traductor Oscar Cruz; presenta: Alicia García. (Librería Ateneo); 1:00 pm. Trueque de libros, a cargo de Reynaldo García Blanco (portal de la librería Renacimiento); 3:00 pm. Inauguración de la peña Mundo de Papel, proyecto de origami de la escritora Mirna Figueredo (librería Renacimiento); 5:00 pm. Casa del Alibi, peña de poesía con su anfitrión Oscar Cruz, invitado: Antonio Desquirón Oliva.
(Librería Ateneo), 8:30 pm. Peña del Menú
con el trovador José Aquiles e invitados
(Centro Cultural Prat Puig).

Lunes 4 de julio

10:30 am. Inauguración del Encuentro. Palabras inaugurales a cargo del escritor y periodista Reinaldo Cedeño Pineda. Intervención de representantes de países participantes. Comunicación del escritor Rafael Carralero: convocatoria e Encuentro de Poetas de las Redes Sociales. Performance poético del artista Janosky. (Salón de los Vitrales, Plaza de la Revolución). 3:00 pm. Lectura con poetas de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC): Marino Wilson Jay, Efraín Nedereau, Antonio Desquirón, Raúl Ibarra Parladé, León Estrada, Teresa Melo, Reynaldo García Blanco, Reinaldo Cedeño, Oscar Cruz y Eduard Encina. (Casa Museo Heredia). 4:00 pm. Palabras cruzadas. Eduardo Torres Fernández, Pablo Aldaco, Jorge Contreras (México); Juan Carlos Siárez (Argentina); Marcial Lorenzo Escudero, Rodolfo Tamayo, Leandro Báez, Javier Mora y Jorge Labañino (Cuba) (Casa Museo Heredia).

5:00 pm. Palabras cruzadas. Lectura de
María Luisa Frías, Cornelio Hernández y Ramón Perdomo (República Dominicana); Newton Aguilar (Brasil); Nancy Pullés Méndez, Deyni Terry Abreu, Nadia Ocaña, Belkis Crespo, Adelsa Labañino y Carlos Valerino (Cuba)
(Casa Museo Heredia)

Martes 5 de julio

Lugar: Sede de la UNEAC, calle Heredia

9:30 am. Bienvenida a los poetas invitados por la investigadora Daysi Cué, presidenta de Literatura de la UNEAC. 10:00 am. Encuentro con el poeta y editor de San Martín, Lasana M. Sekou. 10:30 am. Presentación de revistas literarias y culturales: Ventana Sur, SiC, Caserón, La Noria (coordinador: Reinier Rodríguez Pérez) 11:00 am. Presentación de títulos de poesía de Ediciones Santiago con sus autores: Como un tiempo lejano, de Ramón Muñiz; Como días partidos al centro, de Beatriz Blanco Pérez,
11:30 am
. Palabra de poeta: Pedro Amador (Puerto Rico), Cristina Araoz, Adela Margarita Salas (Argentina); Iris Kyla Ticona Vaca (Bolivia), Rafael Carballosa Batista, José Orpí, Jorge Matos, Agustín Garzón, Yulier Canuto y Eduardo Montalbán. (Cuba). 5:00 pm. Desfile
inaugural
del 31 Festival del Caribe

Miércoles 6 de julio

10:00 am. Poesía en origami; proyecto de la escritora Mirna Figueredo. Invitadas: María Soledad Lomeli Barragán e Ilse Guadalupe Díaz Márquez (México); Sandra de la Cruz, María Elena Domínguez (Cuba). Sala de Oncohematología del Hospital Infantil Sur. (Donación de libros de literatura infantil y juvenil); 10:00 am. Poetas en la Fábrica de Tabacos de La Alameda: Cornelio Hernández y María Luisa Frías (República Dominicana), Juan Carlos Siarez (Argentina); Pablo Aldaco, Jorge Contreras (México); Eduardo Montalbán, Néstor Leliebre y Alberto Cutié (Cuba). 10:00 am. Poesía para la vida, con los escritores para niños y jóvenes Newton Aguilar (Brasil); José Orpí, Nancy Pullés Méndez, Deyni Terry Abreu, Nadia Ocaña, Carmen Candiot y María Antonia Castro: Hogar de niños sin amparo familiar. (Donación de libros de literatura infantil y juvenil); 1:30 pm. Poesía de viaje: visita a la comunidad artística El Oasis:Fiesta guajira (poetas acreditados).

Jueves 7 de julio

10:00 am. Poesía escrita por mujeres: México: Ilse Guadalupe Díaz Márquez; Argentina: Cristina Araoz, Adela Margarita Salas; Bolivia: Iris Kylla Ticona Vaca; República Dominicana: María Luisa Frías; Cuba: Carmen Candiot, Mirna Figueredo, Érika Castellanos (Centro Cultural Prat Puig); 11:00 am. Nuevas voces: Anabel Lorenzo, Sandra Lidia Paz, Alexis Pagán, Juan Carlos Alvear, Yorisel Andino y Miguel C. Reynaldo; coordinador: Daniel Liens. (Centro Cultural Prat Puig); 3:00 pm. Revista Oral La Palma Escrita, con su anfitrión Reynaldo García Blanco e invitados: Francisco Javier Uribe Castro, Eduardo Torres Fernández, David Rivera Rivera, Felipe de Jesús Sarabia Salmerón (México) (Patio de Los Dos Abuelos, plaza de Marte). 6:00 pm. Peña comunitaria de Oscar Sintes (Calle 19, no. 159, esq. Manduley, Reparto Vista Alegre).

Viernes 8 de julio

10:00 am. Puentes cruzados: narrativa y poesía: María Soledad Lomeli (México), Gizeh Portuondo, Rainer M, Alicia García, Oscar Montoto. Coordinador: Manuel Gómez Morales (Librería Ateneo Amado Ramón, calle Enramadas); 11:00 am. Palabras cruzadas: David Rivera Rivera, Felipe de Jesús Sarabia Salmerón (México), Reinier Rodríguez, Juan Carlos Veranes, Aneyansis Bandera, Demián Rabilero y Jorge Aroche (Cuba) (Librería Ateneo).
3:00 pm
. La Casa invita: lectura de Sandra
de la Cruz, María Antonia Castro, Armando Palma, Alberto Cutié Rodríguez. Lectura de poemas inéditos de Jesús Cos Causse, a cargo
de Ada Galano. (Librería Ateneo).;
4:00 pm
. Presentación
de Sin Fronteras, antología de poetas latinoamericanos y del Caribe, edición de Universidad del estado de Hidalgo, México, en su 50 aniversario, por Guillermo Furlong Franco (Argentina) y Reynaldo García Blanco (Librería Ateneo)

8:00 pm. Clausura del Encuentro. Concierto de trova con José Aquiles y Adriana Aseff. Convocatoria al Encuentro de Poetas
del Caribe y el Mundo 2012 dedicado a Martinica. Lugar: Sede de la Fundación Caguayo, reparto Vista Alegre

Auspiciado por: Festival del Caribe, Centro de Promoción José Soler Puig del Centro Provincial del Libro y Filial Provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC).

Presidente fundador: Jesús Cos Causse

Coordinadores: Teresa Melo/ Reynaldo García Blanco

Grupo organizador: León Estrada, Marquelis Vega,
Oscar Cruz, Vivian Tornés, Nadia Lozada, Yannielis Montero y Miguel Giraudy

Producción: Yuslema Alvarez

Sede organizadora durante el Festival:

Librería Ateneo Amado Ramón

Calle Enramadas, no. 356, Santiago de Cuba

Tel. 624264, 625907

Contactos: Teresa Melo: tdmelo@cultstgo.cult.cu

Reynaldo García Blanco: centrosoler@cultstgo.cult.cu


---PALABRAS DE BIENVENIDA ENCUENTRO DE POETAS EL CARIBE Y EL MUNDO Santiago de Cuba 4-8 julio 2011 XXXI Festival del Caribe.

http://laislaylaespina.blogspot.com/2011/07/palabras-de-bienvenida-encuentro-de.html



miércoles, 29 de junio de 2011

Clásicos de la danza cubana/ Eduardo Rivero: OGÚN ETERNO






(Eduardo Rivero, una imagen antológica: el Ogún de
Suite yoruba)

Las confesiones de un maestro del baile y la coreografía, cuyo legado integra algunas de las páginas más brillantes en la historia de la danza afrocaribeña.


REINALDO CEDEÑO PINEDA


Nigeria adentro, Universidad de Ifé, país yoruba. La bailarina se alza, muestra el rostro. Un clamor de asombro se levanta: ¡The mask, the mask! / La máscara, la máscara. La máscara de marfil, símbolo de la realeza divina de Benin ha cobrado vida en Okantomí. Los años han pasado, pero el creador de esta obra sigue incólume.

El vapor de las calles, las flores generosas de la acacia, el hervidero de gente como hormigas, y más allá, donde se pierde la vista, las montañas. Santiago de Cuba asoma desde el apartamento de Eduardo Rivero Walker, Premio Nacional de Danza.

Esta mañana en las alturas, nos aguarda un viaje por el río de la tradición, el canto libre del movimiento, la suprema síntesis.


Mulato

Nací en San Isidro, el 13 de octubre de 1936, pero muy pronto me fui para el reparto Buena Vista, en Marianao. Me crié en un entorno jamaicano. Mi familia, por parte de madre, era toda de Jamaica: mi mamá Casandra, mi abuela, mis tías. Por mi abuela, Myriam Caroline Hutchinson, conocí a Marcus Garvey. Ella era muy musical, cantaba himnos patrióticos de Etiopía y otros lugares, que yo no sabía lo que significaban entonces. Yo era el único varón, con cuatro hermanas, y era el menor. Fue una niñez pobre, pero de sueños, con costumbres de gran educación. Nuestra mesa tendría un mantel pobre, pero siempre estaba limpio.

¿Cómo recuerda su primer contacto con la danza?

De todos aquellos muchachos y muchachas, de amigos como Arnaldo Patterson, que nos íbamos a recorrer las calles de La Habana —sobre todo de La Habana Vieja— cuando todavía éramos adolescentes, en esa etapa de los sueños; nos fuimos quedando unidos los que nos interesábamos por la danza. Cuando vuelvo la memoria atrás, me doy cuenta de que todo ocurrió por selección natural. Conocí a Manuel Ángel Márquez, que vivía cerca y que ya tenía conocimientos de danza. Él me habló de Igor Youskevitch, de Gene Kelly, de Tamara Toumanova... Fue Márquez quien me lleva al Conservatorio Municipal de La Habana, donde matriculé en 1953, en la Escuela de Ballet, donde estuve seis años.

Mi primera profesora de ballet fue Josefina Elósegui quien me dio los cimientos, también estudié con Marta González Mora y Esther María Núñez de Villavicencio que era entonces bailarina del ballet de Alicia Alonso. Mi profesora de quinto y sexto años, Clara Roche influyó mucho en mí, con toda su exigencia técnica. Tomé clases en la escuela y luego en su estudio privado. Ese es el lugar donde me sorprende el triunfo de la Revolución. En aquella escuela, vi por primera vez a Jorge Lefebre, quien luego fuera ese gran coreógrafo y amigo, siempre con su andar erguido y elegante.

Parece contradictorio que después de una preparación clásica de ballet, el camino se bifurcara hacia la danza moderna y el folclor…

La profesora Clara Roche fue mi último vínculo con el ballet. Fue una gran preparación, pero en realidad nunca pensé ser bailarín clásico. El mundo en que me desenvolvía en esa etapa de mi vida, estaba muy alejado del ballet. Además yo era negro, era pobre, y hay que saber qué era eso entonces. Yo me hacía mi propia zapatilla y tenía que buscarme la malla, no sé ni donde. En el lugar donde estaba la Sociedad ProArte, donde estaba el ballet, los pobres y los negros casi no podían caminar por allí.

En el 1959, me encontré por primera vez con el maestro Ramiro Guerra. Tenía un programa de televisión donde hacía cosas de danza realmente muy interesantes. Era lo que a mí me hubiera gustado hacer, sin soñar que podía. Entre los bailarines que utilizaba entonces estaban Eduardo Recalt y Joaquín Vanegas. No tuve una audición como tal, sino que me tocó hacer un ensayo del próximo programa. Él quedó complacido y me dijo que me quedaría dentro del elenco del programa. Sabiamente tomó mi nombre y mi dirección, pero a la semana siguiente me viene una invitación para el Cabaret Venecia de Santa Clara y yo abandono aquello, porque en aquel momento… ¡80 pesos semanales era una fortuna!.

Al Venecia me lleva un señor llamado Henry Bell que hacía los espectáculos de Ernesto Lecuona. Yo había bailado algunas coreografías sobre piezas del maestro. En el cabaret trabajé como tres meses, con un elenco por donde pasaron Natalia Herrera, Miguel de Gonzalo y otros. Primero hacía cosas de pequeño grupo y solos también. Allí me envían el telegrama que Ramiro manda a mi casa, para integrar el Departamento de Danza del Teatro Nacional de Cuba, luego Conjunto Nacional de Danza Moderna, Danza Nacional de Cuba y hoy Danza Contemporánea.

El 18 de febrero de 1960 con coreografía de Ramiro Guerra y música de Amadeo Roldan, Eduardo Rivero hace su primer protagónico para esa Compañía

La obra Mulato era una especie de Cecilia Valdés a la inversa. Fue una de las primeras obras de la Compañía y marcó las coreografías de Ramiro. Fueron los años de Mambí, del propio Guerra; de La vida de las abejas y Estudio de las aguas de Doris Humphrey y montadas por Lorna Burdsall. También de Concerto Grosso. Ya no sólo se trataba de mi maestro, sino de uno mismo interpretando a su manera el lirismo de otro coreógrafo. Creo que Ramiro define su estilo danzario con Chacona en 1966.

Hablamos de un nombre mítico en la danza cubana. A estas alturas, cuando otros reverencian su propia trayectoria, cuando el alumno ha pasado a ser maestro, ¿qué marcas persisten en su vida y su obra, de aquellas enseñanzas de Ramiro Guerra?

Él es todo en la danza, mi maestro, mi guía. Lo venero como algo sobrenatural. Fue mi formador como intelectual, no sólo en la danza, sino también en la historia, la apreciación de la pintura, la formación integral como bailarín. Formó mi conciencia artística.

Era de una disciplina férrea, rígida, a veces cruel. Yo no lo comprendía al principio, como joven al fin. A veces me preguntaba si la tenía cogida conmigo, pero con el tiempo me di cuenta que lo hacía como parte de mi proceso de formación. Cuando logré entender todo eso, Ramiro fue mi Dios y lo será siempre. Lo respeto muchísimo. Cuando hice la obra Ceremonial de la danza, la dediqué a mi entrañable maestro Ramiro Guerra.

Ramiro me enseñó que solo después de un conocimiento amplio se puede improvisar ampliamente, y entonces decidir si empiezas en el suelo, en el espacio o en la barra. Hay que saber con qué comienzas, cuál es el desarrollo y cómo vas a terminar. Me enseñó a impartir clases. Lo que hoy se estudia en el ISA (Instituto Superior de Arte), lo dábamos nosotros día a día con Ramiro Guerra. Él también me inculcó la paciencia que debe tener un maestro y la disciplina consigo mismo, porque si no se tiene primero para uno, no es posible exigirla a los demás.

En coreografía me enseñó a partir de un sólido dominio del tema, que hay que tratar de saberlo todo, la historia, el ambiente, el carácter. Por eso cuando tuve que hacer el papel de Creonte me fui a la biblioteca y al museo para estudiar a fondo la cultura griega.


Suite Yoruba / Okantomí



El machete de Ogún y el hacha de Changó entrechocan en la pelea de Suite Yoruba. Brilla el metal filoso. El brazo de Rivero es la rama movida por el huracán. El documental Historia de un ballet (1962) de José Massip dejó en el celuloide la fuerza de ese instante. Nadie lo ha bailado después.

Historia de un ballet se filmó en el Teatro Nacional y en los estudios del ICAIC. Para hacerlo, tuvimos que repetir infinidad de veces. La primera vez que vi el documental fue en el cine. Ver reflejada aquella imagen en la pantalla fue impresionante. Sabía que era una cosa grande, impactante. En ese momento, pasé inadvertido; pero con los años, el público me reconoció.

Fue la obra que más bailé en todo mi vida. Incluso existe un folleto que se refiere a cuanto había bailado ese personaje: más de 500 veces, y lo seguí bailando después. Era una pieza de danza moderna con amplias posibilidades para desarrollar la expresividad. Pude darle mis características al personaje y eso dio pie a mi trabajo coreográfico posterior.

Primero era solamente la coreografía de Ramiro Guerra, pero ya en los setenta y los ochenta, el personaje de Ogún era Eduardo Rivero, con su movimiento del torso, del brazo, de la cadera: con las ondulaciones y toda esa dinámica. Bailaba la pelea con Santiago Alfonso, quien primero hizo a Changó; y aunque luego hubo otros, nadie lo hizo como él. Pocas veces tuve que dejar de hacer el personaje y fui madurando, crecí, me desarrollé junto a él.

Hay toques que excitan a los bailarines y a la gente. Ese era el toque de Jesús Pérez, conocido por Obba Ilu. No sé que había en él, pero cuando lo tocaba, yo me transfiguraba. Inés González me daba un grito y todo eso me transporta. La danza entraba en éxtasis.

Lo bailé por última vez en Grecia. Esa vez se intentó compartirlo con Rubén Rodríguez, todo un nombre en la danza; pero él apenas pudo bailarlo. Por alguna razón dijo que no lo podía hacer. Nunca más se puso Suite Yoruba hasta que muchos años después, en su propia cuerda, lo asumió la compañía Danza Libre de Guantánamo.

Le propongo revisitar esas interpretaciones ¿Qué elementos modificaría si lo volviera a bailar?

A veces, sueño que bailo. Soñé que estaba bailando en un espectáculo de mi maestro Ramiro Guerra, y yo me quedaba en el aire como levitando. Si volviera a bailar Ogún, impondría un poco de la sabiduría que el tiempo me ha dado. Yo hablo y gesticulo las manos, eso también es bailar. Me encanta caminar, y te juro que, en ocasiones, siento que estoy bailando; o al ir vestido de una forma, le aplico a cada movimiento un sentir muy profundo.

Las décadas del sesenta y el setenta, revelaron al Eduardo Rivero bailarín. Ocupa un puesto cimero en la más importante compañía danzaria de su tipo en el país, como solista, como integrante del cuerpo de baile. Su ductilidad en Orfeo Antillano, llenó de flores su camerino en la Unión Soviética. Reunió admiradores que le seguían de una ciudad a otra. En la India, al bailar Dúo a Lam, los aplausos se rindieron a su sensualidad y excelencia.


(Dúo a Lam, coreografía del maestro Eduardo Rivero dedicada al pintor Wifredo Lam. En la imagen junto a Silvia Merle)


A principios de los setenta, Ramiro Guerra debe dejar la Compañía. La cultura cubana empezaba a vivir la triste etapa que Ambrosio Fornet bautizara como el quinquenio gris: la parametración, la homofobia y el ostracismo pulsaron espacios con la razón. En tales circunstancias, Eduardo Rivero asumió un difícil liderazgo artístico que incluyó nuevas coreografías aunque en el mismo espíritu de la Compañía. El 20 de febrero de 1970, el público expectante se enfrenta en el teatro Mella a Okantomí / Con todo mi corazón, original de Eduardo Rivero.

Cuando decidí hacer coreografías lo hice con movimientos, gestos y música que correspondieran a una etapa de antes de la esclavitud. Yo estudié como Ramiro coreografiaba, para que fueran épocas y temas distintos a los que él me hizo bailar a mí. Por eso estudié mis ancestros. En Okantomí sale un hombre casi desnudo y hace un señalamiento a su masculinidad, a su fuerza. El hombre hace señas con sus puños como si fueran sus genitales, su cuerpo entero se convierte por un momento en un pene gigante que penetra en el aro que sostiene la mujer. Son elementos que se utilizan para enfatizar la sensualidad y el erotismo de las esculturas y las tallas africanas.

Yo tuve la oportunidad de ir a Londres y fui a buscar la máscara de marfil en que está inspirada la cara de Okantomí, me fui a las catacumbas. Recuerdo que tenía casi el tamaño de mi antebrazo. Cuando me la pusieron en la mano no sabía si arrodillarme, si ponérmela en la cara, en la cabeza, en el pecho, si besarla, no sé. Le hice una reverencia y como tributo, le di un beso en la frente a la máscara.

Cuando se estrenó Okantomí La primera vez la gente se puso a murmurar. Era un movimiento muy grotesco, muy animalesco: un hombre en cuclillas, casi en cuatro patas… y la gente no lo entendió al principio. A medida que fue pasando el tiempo se hizo un silencio sobrecogedor y cuando cayó el telón, la gente quedó asombrada. En el debut bailaron Ernestina Quintana y Pablo Trujillo y después lo hicieron muchos otros. Hubo ocasiones en que yo mismo bailé la pieza. Y fue la primera vez en que salía escena casi desnudo, en un soporte.


Súlkary, clásico de la danza cubana


Teatro García Lorca. La Habana. 13 de mayo de 1971. Música yoruba. Estreno mundial de Súlkary.

La obra surgió de algo muy colectivo: los bailarines, los cantantes, Danza Nacional de Cuba era una gran familia donde compartíamos las ideas. A músicos como Regino Jiménez, Jesús Pérez, Ángel Bolaños, Orestes Suárez, siempre les contaba mis cosas. Ellos me cantaban, con un toque, unas palmadas. Súlkary se formó así, con el apoyo de Pablo Trujillo, de Luz María Collazo, Ernestina Quintana, Nereyda Doncel, Isidro Rolando...

La coreografía surgió mucho después. Comenzó, cuando quise ahondar mis conocimientos de la cultura africana. Ya estaba Okantomí, con la vitalidad, la belleza plástica de las tallas y esculturas en marfil y bronce de Ifé y Benin. En Súlkary decidí ir a Egipto, a las pinturas rupestres, a las tallas africanas. Fusioné figuras que yo había podido ver: esculturas, tallas, cabezales, bastones de mando, asientos ceremoniales; también los grandes peinados, las líneas y los dibujos. Hay elementos de una cueva del Sahara (Haut-Mertouteh, en las montañas Hoggar, en Argelia) en las cabezas y los gestos. Tomé elementos de los sitiales y tronos, con los brazos extendidos y las palmas vueltas hacia arriba. Yo quería mover las esculturas.



(Súlkary, un compendio de excelencia, raíces e investigación)


Esta obra requiere canto, baile y música. Era un compendio de todo: la acción, el vestuario, la coreografía, los intérpretes. También, el diseño de luces, su reflejo en aquellos cuerpos negros. Creo que esa integralidad fue la regla de oro de Súlkary. Luego se ha hecho, por ejemplo con la Dance National Company of Jamaica, y el Ballet Español de Cuba, en esta última ocasión con tres bailarinas blancas de ese colectivo, y tres bailarines negros de Teatro de la Danza del Caribe.

No sólo se hizo con mucho amor, sino con mucho conocimiento. Tuve que estudiar muchísimo sobre el origen de la cultura africana y la gestualidad del cubano, no únicamente para Súlkary, sino también para Okantomí. En Nigeria yo pude escuchar a gente que comentaba: “mira, así bailaban nuestros abuelos, nuestros antepasados”. Y no lo digo para darme golpes en el pecho, fue algo que ocurrió de verdad. Es un orgullo sano, es un honor.

Súlkary me tomó mucho tiempo, no se hizo ni en quince ni en veinte días. No sólo fue el trabajo de investigación, sino pasar todo ese cosmos cultural de la clase técnica de coreografía.

Para hacer los trabajos coreográficos, yo tenía que impartir clases, ejercicios y movimientos. De ahí que la ondulación del torso, de los brazos y otras peculiaridades, pasaran al método de toda nuestra forma de enseñanza. Eso pasó a la Escuela Nacional de Danza Moderna, viene desde la época de Ramiro Guerra; pero después eso se consolida, se logra un aporte sustancial y contundente. Es de los elementos que distingue a la técnica cubana del resto.

Cuando ha bailado sus propias coreografías, ¿hasta donde las respeta y se exige lo mismo que suele pedir a los demás?

Quien me ensayó Okantomí fue Pablo Trujillo, y por supuesto, me hacía hacer cosas que yo había creado. Yo le decía a veces: “Pero, no pudo hacer eso”… y me di cuenta de cómo hacía padecer a los bailarines.

¿Cómo se va de la idea a la concreción, de la mente al movimiento, de las líneas a todo el diseño general de una obra?

Todo es una cadena de acciones, una concatenación de hechos. Por ejemplo, en el espectáculo clausura (Cimarrón) de la Feria Internacional del Libro, en el Castillo del Morro santiaguero, uno debe tener en cuenta ese entorno, ese monumento arquitectónico que es el Morro, ese misterio de la puesta del sol. Ese espectáculo, sobre todo el final, cuando el bailarín convertido en cimarrón lanza la cadena, me dio la oportunidad de hacer un solo para Reinaldo Hernández, un bailarín de unas condiciones físicas excepcionales, a quien le decían Michael, porque imitaba inicialmente a Michael Jackson. Tuve que trabajar muy duro para formarlo, porque lo descubrí cuando era jardinero.

Esa fue la idea, la inspiración para hacer una obra danzaria, que su piel recogiera la luz que había en ese atardecer. Y mostrarlo con todo aquel pelo crudo, en toda su exhuberancia física. Todo eso está en la coreografía creada para esa ocasión, en la que sale desnudo. Para el teatro, en un entorno diferente, esa propia coreografía requirió otras variantes.

Cada vez que yo puedo, tengo al diseñador de luces al lado mío. Es muy importante. Destellos, por ejemplo, la hice expresamente para la línea de la Compañía Teatro de la Danza del Caribe. Aunque está inspirada en la obra escultórica de Augusto Rodin, está pensada en ellos, en cada uno. Fue pensada para el lirismo de Darwin Matute, en el físico de Michael, en la expresividad alada de Yamilia Prevals y en Arturo Castillo, muy impresionista y muy personal. Me ha preocupado por ir transmitiendo mis conocimientos. El maestro siempre está en proceso de formación.


Santiago de Cuba, el Caribe


El sello pedagógico y artístico de Eduardo Rivero se ha extendido por el mundo. En su trayectoria se apunta la formación de las compañías National Performing of Granada, la Compañía de Danza Okantomí en Barcelona y la National Performing de Belice. Su relación con la Dance National Company of Jamaica que dirige el honorable señor Rex Nettleford ha sido amplia y sostenida.

El 20 de septiembre de 1988, funda en Santiago de Cuba, la Compañía Teatro de la Danza del Caribe. No ha de olvidarse la inspiración y el apoyo de figuras como Eduardo Toural, Miguel Ángel Botalín, Joel James, y por supuesto, de María Elena Castiñeira, entonces al frente de la Dirección Provincial de Cultura.

Convertida a la vuelta de los años, en una de las compañías danzarias más prestigiosas del país, su arte ha paseado por Iberoamérica, el Caribe y Europa.

Santiago de Cuba es como el centro del Caribe, por su situación geográfica y toda la mezcla de culturas y razas, acentuadas en esta parte oriental. Teatro, porque el mundo caribeño, está lleno de una inmensa teatralidad, desde las creencias más arraigadas hasta nuestra cotidianidad. Y Caribe, naturalmente, por toda esa influencia. Nos pareció lo más justo y lo más exacto.

No sé si yo encontré a Santiago o Santiago me encontró a mí, pero Santiago se quedó prendido en mi corazón. Empecé a ver sus rincones y sus calles, sus balcones, sus techos, sus parques, su pueblo, que es distinto a otras partes de Cuba y del mundo.

La línea danzaria caribeña no puede olvidar nuestra voluptuosidad. No somos ni europeos, ni asiáticos. Hay contrastes de pigmentación y se refleja el hombre del Caribe, pero tampoco somos africanos, y eso tiene que estar en el arte, en la danza. Para ingresar en nuestra Compañía, hay que tener una técnica y un estilo muy definido, buscarlo, para que entronque con nuestras raíces. El bailarín de acá es expresivo, lírico, dramático. Tiene que haber una ondulación con dinámicas fuertes, movimiento constante, y ser capaces también de una suavidad súbita o sostenida. Para bailar es imprescindible la fuerza, la plasticidad, la línea estética; pero también la vehemencia, la vocación y eso lo tratamos de ver.


(Magia de Aplausos, un documental de Carlos Fernández sobre el maestro Eduardo Rivero)


En la compañía Teatro de la Danza del Caribe, está sintetizado todo cuanto aprendí. No trato de hacer nada que no conozca. Para reflejar la idiosincrasia del Caribe, y no sólo de Cuba, hay que tener muy en cuenta la iluminación caribeña, no tiene que ver nada con la londinense. Aquí estamos llenos de sol y de mucha claridad. También de una sonoridad que marca toda nuestra atmósfera.

Yo disfruto mucho los mercados de Santiago de Cuba, como la gente vende, o como te da la mano con mucha fuerza. Cada pueblo tiene su olor, y el olor de Santiago de Cuba es muy agradable. En la isla de Granada, yo me iba desde las cuatro de la mañana a ver como se armaba el mercado, con sus grandes carretillas y su gente. Recuerdo a un negro, tan sólo con una pequeña trusa, con un racimo de plátanos al hombro tan grande como él. Todo eso es un espectáculo y no tiene nada que ver con un mercado europeo. Ahí está nuestra sensualidad, basta ver a una santiaguera moviéndose. A una persona del Caribe, incluso al sentarse, se le desborda el eros.

El mar circunda a Belice City y las personas son muy comunicativas. Está la cultura garífona: no se sabe si son negros o aborígenes, con rasgos asiáticos, pómulos salientes, piel muy oscura, pelo lacio; otros de pelo crudo, piel colorada, rasgos negroides. Hay comidas suculentas y una peculiar forma de hablar. Ese es el Caribe, esa mezcla. Esa es nuestra suerte.

Una compañía danzaria es resultado de muchas voluntades y desvelos. ¿Cómo ha logrado salvaguardar en las sucesivas generaciones de Teatro de la Danza del Caribe, ese espíritu de creación colectiva?

La disciplina primero. Si llegas tarde, no tienes derecho a la clase ni al ensayo, y si no hay ensayo no puedes bailar. Hay bailarines que han sido excluidos de la Compañía por eso. Por supuesto, son esenciales la dedicación, la entrega, la memoria y el sentido de captación de las correcciones para no repetir los mismos errores al día siguiente. Sólo así es posible elevar el nivel técnico de los intérpretes, y de acuerdo a ese aprendizaje, ir asignando responsabilidades y papeles. Trabajo con otra generación de bailarines muy jóvenes y ya se aprecian los resultados.

No alcanza con lo que la naturaleza te dio, si no se pule, se limpia y se define. Ocurre lo mismo en otros campos de la vida: Dayron Robles, Ana Fidelia Quirot o Alberto Juantorena, sin un rigor de disciplina muy fuerte, no hubieran llegado a lo que son.

Eduardo Rivero ha merecido las distinciones más importantes de la cultura cubana, pero no le definen los títulos, sino la claridad de sus conceptos y su condición humana. A su lado, una persona, Xiomara Oliva Bauzá, calladamente, ha seguido todos sus éxitos…

Guamara Oliva era bailarina de la Compañía Danza Nacional de Cuba y viajaba con nosotros a muchos lugares. En la década del sesenta, en una función con un público muy agresivo, yo cerraba con la obra Mulato, y requirió un esfuerzo de concentración tal, que cuando cerró el telón me desmayé. Cuando volví en mí, quien estaba al lado mío cuidándome era Xiomara, hermana de Guamara. Desde entonces puse atención en ella, no pensando nunca que pudiéramos ser novios.

En 1961 regresé de Europa con un regalo para su familia y uno para ella. Ella guarda aún el estuche de aquellos bombones. Empezamos a tener cercanías y no casamos en el año 1964. Mi primer hijo nació 9 meses y 8 días después. En toda esa etapa de mi carrera, Xiomara me cuidaba muchísimo. Cuando yo tenía función ella dormía en su cuarto y yo en el mío. Me arropaba el cuerpo, las piernas. Se iba conmigo a todas las giras. Ahora yo la cuido tanto como ella a mí, ahora que ya somos personas muy mayores.


La última vez que Eduardo Rivero subió a las tablas como bailarín, fue en el 30 Aniversario de la Compañía Danza Nacional de Cuba, en 1989. Ramiro Guerra hizo una selección de algunas de sus obras, y Rivero bailó Orfeo Antillano. Avanzó desde el vestíbulo del teatro Mella. Avanzó su ímpetu fiel. El público le tributó una ovación inolvidable. El espectáculo se detuvo un instante y Eduardo pudo despedirse con un saludo largo y agradecido. Su propio nieto, Amós Rivero Acosta, va dejando su huella en el mundo de la danza.

¿Cómo asumió ese momento en que dejó de bailar?

No soy ni un bailarín frustrado, ni pienso que dejé las tablas. Yo nunca he pensado que abandoné la danza. Sigo bailando, en el cuerpo y la mente de mis bailarines.

Al filo del mediodía, compartimos un plato familiar de arroz con cerdo, sabe a gloria. El abrazo. La llamada del piso 17. Descienden mis notas y mi cuerpo. Mis ojos se han quedado allí, por donde la ciudad asoma sus montañas.


NOTA:


--Las imágenes de Orfeo Antillano y Dúo a Lam, cedidas en exclusiva del archivo personal del bailarín para esta publicación


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Clásicos de la danza cubana / Alicia Alonso: “TUVIMOS QUE HACER EL CAMINO”





Noventa años de una bailarina mítica y una maestra activa

REINALDO CEDEÑO PINEDA


Mi primer viaje se lo debo al ballet. Mi hermana era bailarina y allá nos fuimos a encontrarla. Me sentí atrapado en una película interminable, desde la ventanilla del tren, contando árboles y casas…. Cuando al fin asomaron las llanuras, cuando el tono pardo de la tierra se tornó rojizo, llegó el anuncio: 

Bienvenidos a la ciudad agramontina… una feliz estancia.

En la casona que servía como escuela al Ballet de Camagüey, corrí por los pasillos escaleras arriba; atravesé salones, me colgué del balcón casi en el aire. Entré en un aula donde contaron las costillas de mi pobre anatomía y coroné mi juego, deslizándome por las viejas barandas, sin nada que envidiarle a filme alguno.

Nadie me pudo detener, nadie podía. Ni siquiera Vicentina de la Torre, la directora, la legendaria profesora a la que todos reverenciaban.

Corrí entre las bailarinas, corrí detrás del piano. No entendí tanto relevé, demi plié, devellopé, tanta palabra extraña. Sólo veía las ampollas, el duro taco de las zapatillas de punta y el nylon en las piernas de Aurora. 

De manos de mi hermana Esther corregí la primera impresión. Las vi una noche, sin querer tocar las tablas. Un día me llevó a ver una función de Alicia Alonso. La bailarina se miraba en el espejo corporizando a María Calas en La Diva.

2.

Durante años le buscamos a mi hermana las semejanzas con Alicia, sin importar si andaban estas tomadas por los pelos.

Tú das los besos bailando, decía mi tío Aziel.

Ahora que tengo a la diva a unos pasos quisiera decírselo, pero temo rasgar el momento. La prima ballerina assoluta nos cuenta de sus primeros pasos, cuando le decían Unguita:

―El primer ejercicio que recuerdo era en la barra, en forma de U. El profesor, Nicolái Yavorsky me puso en el centro, y la subía y la subía… entonces, llegan varias damas de la Sociedad Pro-Arte y me dicen que no era de niña decente levantar tanto la pierna. Jamás en mi vida había sentido tanta vergüenza, sentí que se me salía la sangre por los poros… Me fui corriendo para mi casa y le dije a mi mamá lo que me habían dicho, y mi mamá fue a ver al profesor:
―Profesor, ¿a qué altura están supuestas a poner las piernas, las niñas? Y él, con aquel acento suyo, inocente de todo, respondió:
―¡No, no… lo que puedan, lo que puedan!... Entonces, mi madre se vira hacia mí y me dice: Unguita, ya sabes: ¡lo que puedas, lo que puedas!

Después, en la casa, me llamó: fíjate bien, en los ensayos no subas tanto la pierna; pero si el día de la función, no subes la pierna todo lo que puedas, con quien vas a tener unas palabras es conmigo.

3. La Escuela Cubana de Ballet

Alicia Martínez, Alicia Ernestina de la Caridad Martínez del Hoyo (La Habana, 21 de diciembre de 1920), Alicia Alonso tras su matrimonio con Fernando, Alicia−Carmen: la gitana transida de amor; Alicia−Giselle: la doncella transida de locura. Comenzó a lo grande, en 1938, en Nueva York. En 1943, sustituyó a la célebre Alicia Markova y recorrió el mundo con el American Ballet Theatre. En 1948, con el esfuerzo de unos pocos, fundó un ballet con su nombre, a la larga, Ballet Nacional de Cuba. 

Nunca se rindió. No lo hizo ante su operación en la vista, ante el escaso apoyo oficial de los inicios. No se rindió ante los prejuicios que le salieron al camino. Ella, Fernando, Alberto y sus seguidores hicieron una Escuela, ante la que el mundo se inclina:

―Las escuelas de ballet tienen las mismas demandas técnicas; pero en la forma en que se enseña, dadas las experiencias diferentes que se han heredado, en la metodología, ahí están las variantes, las riquezas… Lo que ya se comprende como Escuela es el efecto que demuestra la compañía, el Ballet Nacional de Cuba que es un producto ya hecho, lo que ven todos. Usted ve una compañía rusa, una francesa, y usted nota diferencias. Por eso la crítica enseguida afirma cuando nos ve bailar: “esa es la escuela cubana”. Es que hay una personalidad, una forma de moverse, una forma de decir diferentes…


(Alicia Alonso y la joven generación del Ballet Nacional de Cuba en el Festival de Ballet de La Habana)

―La Escuela Cubana de Ballet está en la forma en que hemos asumido a los grandes clásicos, en la concepción artística y general; más particularmente, en la forma de los bailarines de decir esa concepción: en la versión teatral, en la técnica. Eso está en cada bailarín. El cubano cuando se mueve tiene un gusto de bailar, de acentuar su baile. Técnicamente, les pedía siempre a los alumnos que estuvieran con el ritmo en los pies; pero con el cuerpo, de la cintura para arriba, bailando con la melodía, que ahí está el sentir, el “habla” del bailarín. La personalidad del bailarín se expresa donde hace algo más despacio, donde pone el acento. Ahí está la individualidad, y si es hombre, en como le da la mano a la bailarina o en como la mira... 

Esa formación artística nuestra la hemos compartido, y luego, las Cuatro Joyas (1) y los que han llegado después, van a ir heredando, aprendiendo unos de otros. Y el punto final: hay una sensualidad en el hombre y la mujer cubanos que no existe en ningún otro bailarín. Es ese sentirse hombre y mujer de una forma muy particular que no se pueda asir; pero se puede sentir: Esa es la Escuela Cubana de Ballet.

―He leído que cuando una pareja de la Isla hace un pas de deux, todos saben que son cubanos. Y pienso en sus propios partenaires: Youskevitch, Esquivel, Salgado….

―Nosotros hacemos hincapié en que estén bailando siempre juntos, y eso se ha comprendido bien por los cubanos. Por lo regular, en otros lugares, hemos visto que el hombre quiere lucir por un lado y la mujer por el otro: bailan fabulosos, pero ni siquiera se han mirado. Eso es muy importante, que bailen juntos, porque es una conversación de ellos hacia el público.
4.
Alicia batió todos los récords de permanencia de una bailarina clásica. Bailó tal vez más allá de lo que podía. Bailaba el espíritu renuente al tiempo. Bailó en los teatros, en las montañas, en los centrales. Bailó en todos los continentes. Todavía en 1995 fue capaz de actuar diariamente en una gira del Ballet Nacional de Cuba por Italia. Dos años después, en el Metropolitan Ópera House neoyorquino realizó una actuación especial. Se cumplía medio siglo del estreno del célebre ballet Tema y variaciones, de George Balanchine, en el que bailarina y coreógrafo se habían lanzado a una batalla feroz que dio como resultado un clásico. Fueron sus últimas presentaciones.

Alicia Alonso pasaba largamente de los setenta años cuando bajó de la escena.


Nunca fue una mujer hermosa en el sentido clásico, la hermosura es tan difícil de definir. A lo largo de su vida, los caricaturistas han remarcado su boca alargada y su nariz… pero bastaba que pisara las tablas. La crítica intentó, muchas veces, atrapar lo inasible:

Mario Pasi: es quizás la última “divina” de nuestro tiempo (2)
Maurice Béjart: Ella es un ser eterno. (3)
Arnold Haskell: ¿Cómo puedes interpretar a Giselle, si Giselle eres tú? (4)

Ahora, cuando le pregunto sobre la preparación física, cuenta un curioso encuentro entre miembros del Ballet Nacional de Cuba y la selección nacional de halterofilia o levantamiento de pesas…

―Todo tiene que bailarse que parezca natural, que el público no tome conciencia de ese esfuerzo físico, de lo duro que es. Cuando los pesistas veían a los bailarines levantando a las muchachas, haciendo las cargadas, decían: ‘mira que fácil es’. Y yo les digo, ¿sí?, a ver. Yo les pedí: ‘ahora cárgala… y sonríe al mismo tiempo’. Aquello fue tremendo cuando intentaron hacerlo. ¡No, no es nada fácil!, lo entendieron…


(Alicia Alonso y Antonio Gades, dos mitos de la escena internacional)

Recuerdo cuando la Asamblea Provincial del Poder Popular de Santiago de Cuba le otorgó a Alicia Alonso, el Escudo de la Provincia, por su “dirección, inspiración y magisterio; por sus altos valores artísticos y humanos”. Fue la primera personalidad que lo recibió. Ella ostenta la condición de Embajadora de Buena Voluntad de la UNESCO, y entre sus reconocimientos se hallan la Orden El Águila Azteca, el Premio Jean Benois de la Danza, la Orden José Martí y el Premio Irine Lidova a la obra de la vida; pero la emoción asiste, puede tocarse.
La veo solitaria en su silla, dramática, solemne. Ahora que ya no baila, que ya no puede, bailan sus manos. Su voz llena el Salón de los Vitrales de la Plaza de la Revolución Antonio Maceo:

―Es muy fuerte, es muy fuerte para mí. En la Ciudad Héroe, en este maravilloso Santiago, donde me han dicho palabras tan bellas; donde estoy pisando una tierra que está sembrada de héroes, de Patria, de Cuba. Les doy las gracias. Este es un alto, muy alto honor. Gracias…

5.

Tendría tantas cosas que decirle…

―A los bailarines de hoy, los veo muy fuertes, muy bien técnica y artísticamente, los responsables de que el Ballet Nacional de Cuba salga adelante. Los veo responsables del futuro. A veces, en algunos sitios por ahí, quieren ofrecerles la Luna… 

―Pero, el ballet se ha complicado cada vez más en el orden técnico

―El ballet es como todo en la vida, cada vez se pone más difícil. Cuando yo empecé a bailar, y ahora me refiero al hombre, aquel que pudiera hacer dos vueltas y pararse en cuarta más o menos; si agarraba a una muchacha y podía sentársela en al hombro… ya estaba dentro de la compañía. 

En la mujer, la que pudiese hacer un pirouette, un piqué en arabesque con un compañero, poner la pierna de cierto modo, y que tuviera una gracia más o menos… ya estaba dentro. ¿Fouetté?... Si hacías seis, te ponían una medalla. Así era cuando yo empecé…

Parte de esa complicación la tuve yo, que me enamoré de la danza y estaba siempre buscando lo más difícil. El Ballet Nacional de Cuba ha heredado eso. En general, en el mundo se ha heredado lo difícil de la demanda técnica y ahora la sufren… pero la gozan. Lo maravilloso es como lo van venciendo, poderse empeñar y saber que camino escoger. Ellos a su vez están poniendo pautas... 
compadezco a los que vienen detrás. Ellos, ahora, tienen una guía que no teníamos. Nosotros tuvimos que hacer el camino.

De un golpe, me recorren las ampollas en los pies de mi hermana, el nylon en las piernas de Aurora, el viaje interminable, el duro taco de las zapatillas de puntas, María Callas ante el espejo…


―Alicia, ¿algo por bailar? 

―Sí… continuar bailando. Nunca uno se queda satisfecho. Todavía yo bailo dentro, todavía mis músculos se contraen, inmediatamente reaccionan. Siento la música y hay un reflejo condicionado que lo llevo dentro todo el tiempo. Cuanto más tiempo pasa, más deseo de bailar me da. Nunca se acaba.
NOTAS:

(1) Cuatro Joyas: Calificativo reservado por el crítico ingles Arnold Haskell, luego aceptado por todos, para designar a la promoción de bailarinas cubanas formada por Loipa Araújo, Aurora Bosch y las ya desaparecidas Mirta Plá y Josefina Méndez.
(2) Joaquín Baquero: Alicia Alonso, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1984, p. 41.
(3)Ibíd.
(4) Ibíd.

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