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lunes, 14 de diciembre de 2009

Revista SIC N. 43: Sobre el camino de los (des)encuentros


Reinaldo Cedeño Pineda
escribanode@gmail.com

Alguien dijo que la realidad acaba poniéndole cola a la fantasía. No sé quién lo dijo ni acaso importe. Será como aquello de que los cubanos si no llegamos nos pasamos, que alguien dijo que dijo Máximo Gómez; pero que nadie ha leído.

Desenredándome de los diretes, toda esta didascalia la ha provocado el N. 43 de nuestra Revista SIC, nuestra porque desde Santiago de Cuba plantea un diálogo sobre esos creadores que nos encontramos día a día en las polvorientas calles santiagueras, en las soleadas calles; con los artistas que de tan tercos no han dejado de soñar, de soñarnos, de encontrarnos.

De encuentros y desencuentros (pilotes del mismo puente) tratan estas líneas, paralelismo entre las letras y la realidad. Nada es más real que el libro de nuestra propia vida, más extenso o más breve, según el don que se nos dispuso o el tiempo que nos fue dado.

El primer encuentro es el de la guantanamera Mireya Piñeiro con Fina García Marruz. Por conocer a Mireya, puedo verla asomada al volumen Hablar de la poesía, inflamada en el diálogo con la poeta y ensayista, como quien teje versos en lo callado de la hoguera —como Boti tallaba su diamante en su aldea—. Y luego, me la imagino leve, ante la Fina física y mortal ―que viene de sus años, de una fina manera de sosegar al Cintio conferencista—, y apenas le regala a la desconocida una formalidad amable que el tiempo disolvió de sus recuerdos. Pero los desencuentros pueden ser feraces cuando en el ademán se adivina el viento, cuando se escucha el callado estruendo de lo que no se dijo…

Eso es el ensayo “La poética de Fina García Marruz… como pretexto” de Mireya Piñeiro, un entresijo para hablarnos de todo, de ella misma —que el tangible individuo es más importante que la abstracta humanidad—; para decirnos, evocarnos acaso, la serenidad de la poesía, su augusta e inacabable reserva, su volcán; para tocar a Virgilio y al Benny, a los “origenistas”, guiados por el cayado de Lezama, y a Fina al fin, que cuenta como la habrá maldecido aquel ladrón que arrebata su bolso para encontrarse con cinco centavos y un manojo de cuartillas.

Mireya Piñeiro Ortigosa, otra vez, con una filigrana.


Aida Bahr —refugiada bajo las dos iniciales de su nombre— abre las páginas a la narrativa de Lourdes González con Las edades transparentes y Gleyvis Coro Montaner con La burbuja, Premio de la Crítica y Premio UNEAC, respectivamente. Son dos generaciones, dos temperamentos y dos geografías.

La una, desarrolla su trama en un central azucarero oriental a inicios de la década del setenta y la otra, ubica la acción en Minas de Matahambre en la primera década del siglo XX. Barh nos remarca “la raigambre poética, la prosa con verdadera delectación” de Lourdes; y “el lenguaje conciso y casi nervioso” de Gleyvis, ambas —nos advierte― con personajes complejos y coherentes que desbrozan camino entre escaceses y mezquindades, represiones y envidias, entre sueños y terquedades (otra vez la palabrita), porque la reseña y las novelas, hablan de la Cuba verdadera.

El profesor (y martiano confeso), Arnoldo Fernández Verdecia nos entrega el paso, más bien el eco de Guillermo Vidal en Contramaestre, en su curiosa teoría de la “guillermomanía”. De sus deslumbres ante el autor de Matarile, de su aferramiento tenaz al terruño natal, de la certeza de que “las palabras son lo único que nos queda, lo único que no emigra, lo único que permanece”.

A seguidas Yunier Riquenes García, que ya no necesita presentación, vuelve sobre alguien que conoce muy bien, el narrador Jorge Luis Hernández, que es hablar de Soler, de Santiago y de sus circunstancias. Al comentar su libro El relumbre del Oro, se detiene en cuentos como “El esfumador” y “Memoria”, en la visión de un santiaguero ante la caída del Muro de Berlín, y en la ficción de alguien que se despierta un día para descubrir que todo su mundo ha cambiado de manera dramática.

Regocija encontrar asimismo, un acercamiento a la poesía de Reynaldo García Blanco. La exégesis de Yanetsy Pino nos entrega algunas de sus claves poéticas: la expresión de lo innombrable y el diálogo con la otredad, la reescritura desmitificadora de los grandes héroes y el rejuego del tiempo y el espacio, que le permiten al poeta ubicarse en cualquier época y abaixar las velas. Presumo que se trata de la síntesis de un trabajo más amplio, porque el método y la academia asoman; pero en todo caso, resulta el acercamiento a un escritor convertido ya en una voz imprescindible de la poesía cubana contemporánea.

La poesía de Eliécer Barreto Aguilera, antecede al cuento de “Decía Carlos”, de Emerio Medina, antecedente de un libro de próxima aparición. Lenguaje minimal, con la fuerza de un brote. No me resisto a transcribir un breve fragmento: “Yo hacía mis cosas con Lisandra también. Se lo dije a Carlos cuando estábamos en el balcón. Se lo dije para que viera que yo también podía hacer mis cosas…”.

Un libro de Jorge Ibarra Cuesta es siempre una buena nueva, afirma el investigador Rodolfo Sarracino, a propósito de Encrucijadas de la guerra prolongada, lectura sobre la coyuntura histórica que representó el fin de la Guerra de los Diez años y los hechos que condujeron al Pacto del Zanjón y a la Protesta de Baraguá, el rostro bifronte de un mismo tiempo. El artículo destaca lo que el autor llama “civilismo a ultranza” y se acerca al microuniverso de aquella etapa, a sus yerros, sus excesos, sus hombres y sus glorias.

¿Imaginan al guionista de Ladrón de bicicletas y Humberto D en la terraza del Hotel Casa Granda? Tal es el recuerdo del que nos hace partícipe Raúl Ibarra Parladé. Es un alarde de la memoria que recoje en la bruma casi, aquel instante en que se encontró con el adalid del neorrealismo italiano. No sé porque me viene a la memoria el encuentro de Ricardo Repilado con Lorca. Será por que ambas confesiones son muy sinceras, aún con ellos mismos. Y no digo más.

Sólo que la revista nos ofrece una fotografía del también guionista de la cinta cubana El joven rebelde, asido a un tridente —como un personaje él mismo, ni como un labriego ni como Neptuno―; sino al modo de un viajero impenitente a punto de llegar (o tal vez de partir) detenido un instante como una concesión muy especial.

Luego vendrá aquella exploración sobre el periodismo cultural (“Periodismo cultural es CRITERIO”) que hice a propósito del décimo aniversario de esta publicación y que SIC tuvo a bien no dejar en la oralidad del momento. En verdad es una mirada frente al espejo.

Una mirada desde el ardor y el desafío que representa el trabajo diario ante las subjetividades de la creación y su multiplicidad infinita; ante los retos de decodificar y hacer comunes, los lenguajes de una escena teatral, un acorde o un trazo de pincel; a partir del difícil equilibrio de la opinión, ejercida casi instantáneamente, con la obra recién salida del horno, sin el beneficio reflexivo de la distancia.

La personalidad de Erick Grass “un nombre y apellidos raros para marcar con palabras sonoras el decursar de una vida”, según apunta él mismo, se revela en el trabajo más extenso de este número. El director de arte, vestuarista y escenógrafo que ha puesto su mano en cintas como Miel para Oshún (Humberto Solás), El Benny (Jorge Luis Sánchez) o Madrigal (Fernando Pérez) con sus experiencias y visiones. Es el cineasta Carlos Barba quien lo trae hasta nosotros, pero —aunque se afirme en blanco y negro― en rigor, no se trata esta de una entrevista: es una descarga, una introspección y un pretexto. Ya advertí cual era la marca de SIC 43.

Finalmente, la revista toca algunos de los eventos que han reunido en la ciudad a lo mejor de la oralidad durante la VII Bienal (Zaylen Clavería) y el IX Taller y Concurso Antonio Lloga in Memoriam. La radio, siempre cercana, pero siempre preterida, padeciendo la orfandad escandalosa de memoria, sujeta aquí al menos, un momento de su trayectoria. Ojalá sea luz para artículos similares. Como siempre, la publicación nos reserva su contracubierta a un creador de las artes plásticas, esta vez con las imágenes captadas por el lente de Silveira.

Aquí les dejo la revista SIC N. 43 (Editorial Oriente, Santiago de Cuba, julio-agosto-septiembre 2009), sometida, como otras, a los avatares de la impresión; pero siempre enhiesta. Martí afirmó que “leer una buena revista es como leer decenas de buenos libros”. Y, una vez más, tuvo razón.

// NOTA:
Esta presentación debió ser leída el 14 de diciembre de 2009, Día del Trabajador de la Cultura, en el Taller Cultural "Luis Díaz Oduardo"; pero el momento aguardado llegó tardío y sobre todo mal formulado. No suelo perder tiempo ―en el apremio de tantas cosas por hacer— buscando responsables para hecho tan nimio. Sólo que, como las palabras escritas a solicitud de la Editorial Oriente, quedaron en el papel, sin estrenar, aquí las dejo. Por elemental coherencia.//

lunes, 4 de agosto de 2008

RADIO SIBONEY: 40 años de música y COMPAÑÍA (II)



Reinaldo Cedeño Pineda
(REPORTAJE ESPECIAL)



Radio Siboney cuenta con voces autorizadas que hicieron su historia, que hacen el presente…

Casa radial especializada en música instrumental ligera, con función cultural, transmite completamente en vivo durante 19 horas (de seis de la mañana a una de la madrugada) por la frecuencia 90.5 de la FM estéreo.

Es la única planta radial de su tipo fuera de la capital del país. Santiago de Cuba y el sistema radial cubano se enorgullecen de su permanencia.




(José Julián Padilla Sánchez, Artista de Mérito de la Radio. Una de las voces autorizadas en la realización musical radiofónica en Cuba)


Una de esas voces autorizadas es la de José Julián Padilla Sánchez, Artista de Mérito de la Radio Cubana y merecedor de la Distinción por la Cultura Nacional. Medio centenar de premios en su haber le avalan, reconocimientos logrados a partir de su consagración en el arte radiofónico musical. [1]

“Comencé en Radio Mambí de manera voluntaria con un espacio de jazz, y hace 29 años que trabajo en Radio Siboney, en la cual he sido director, productor musical y escritor de dos programas especializados: El mundo de la música y Semblanza Musical.

“El primero fue dedicado a enaltecer los valores de la música sinfónica y de cámara, en tanto Semblanza se ocupaba de la música coral, de ópera y zarzuela. Durante unos quince años estuve con un colectivo muy profesional: la locutora Kenia María González y María Elena Pineda como grabadora, así como con Miguel Ortega en algunas ocasiones.

“En todos esos años, pudimos hacer ciclos de música culta, coral, sinfónica; ciclos de estilos y autores, una diversidad de ofertas estético musicales con grandes orquestas y directores.

“Aunque ya no están en el aire, cumplieron el cometido de brindar, desde una emisora municipal, propuestas de alta factura, en una ciudad como Santiago, con Orquesta Sinfónica, agrupaciones de cámara, sala de concierto y conservatorios”.

Será bueno recordar asimismo los aportes del tenor Daniel Vázquez quien durante un tiempo escribió los programas Escenario lírico y Cancionero coral, que distinguieron a la emisora con su autoridad y música propia.

Si el micrófono es pasión ahí está Kenia María González. Aunque entró a la radio en 1980 desde otras especialidades, fue la locución quien la sedujo definitivamente. En 1996 se integra oficialmente al colectivo de Radio Siboney.

“La locución presupone para mí un gran compromiso en la vida y el arte. Este controvertido oficio es necesario que lleve sus parámetros técnicos, pero no se pueden olvidar la personalidad y el sello. Ahí está la posibilidad de comunicar, de hacer ver a través de la palabra.

“El locutor es un enlace entre la radio y el que escucha, no un pasivo lector de lo que está escrito. En Radio Siboney, es alguien que personaliza lo que dice.

“No podría explicarte con palabras lo que sucede en mi cuando leo textos de alto nivel cultural, humano, musical… La palabra deja de ser letra, palabra seca y fría, para convertirse en sentimiento.

“Un locutor es aquel que convierte la idea en verdad”.

Más jóvenes en edad, pero ya ricos en experiencias, Zulima Nicolau Lahera y Misael Lageyre Mesa también tienen historias que contar.

Ambos comenzaron a principios de los noventa, alcanzaron la licenciatura en Arte de los Medios de Comunicación Audiovisuales en el Instituto Superior de Arte (Holguín) y han seguido una senda constante en sus propuestas.

“Radio Siboney es parte importante de mi vida como profesional y en el ámbito personal. En primera instancia, porque es el medio radial lo que más se emparenta con mi forma de ser, con mi personalidad”, explica Zulima.




(Equipo de la revista Música y algo más, espejo de la cultura en Santiago de Cuba. Zulima Nicolau dirige con mano segura a su equipo: la operadora Josefa Hernández, y Kenia María González del otro lado del cristal)



“Siboney está en consonancia con la parte de la cultura que amo y defiendo: la de mayor sensibilidad y compromisos con mis ideas artísticas y espirituales. Además, porque es la música instrumental ligera algo que disfruto profundamente”.

Locutora durante algo más una década, Zulima se caracteriza por su seguridad. Dirige desde el 2004, Música y algo más, programa de variedades, espejo de lo que ocurre en la cultura santiaguera, con sus noticias y protagonistas.

La realizadora encabeza los colectivos del noticiero Entrearte y de Iluminados para la sabiduría. Se trata este último de una de los más novedosos programas, dedicado a la música en función terapéutica y escrito por la periodista Aimé Sosa Pompa.

“En mis años de experiencia he sido partícipe del crecimiento y desarrollo de Radio Siboney. Aunque se encuentra en un momento de renovación y reajuste de perfil, pienso que debe por encima de todo, salvar lo logrado y preservar lo valioso del diseño actual”.

Misael Lageyre entró a este universo como realizador de sonido y allí se mantuvo durante diez años. Su tesis de graduación (1998) fue al mismo tiempo, el diseño sonoro de la emisora.

Sus programas −ora desde la dirección, ora desde la escritura− se caracterizan por su distinción musical y el rigor de su puesta en bocina.

“Tuve la oportunidad de crear un nuevo espacio: En todos los sentidos, un variado de ciencias, tecnología, curiosidades, reflexiones… que me permitió poner en práctica conocimientos y ganas un tanto personales”

Este joven, que recibiera en 1997 el premio del Festival Internacional Imago (especialidad radio), halló aquí algo más valioso:

“Radio Siboney es mi otro hogar, donde me siento a gusto y donde las relaciones humanas y profesionales me llenan espiritualmente. Los oyentes se han vuelto amigos que se preocupan por todo.


(El colectivo del nuevo programa Estación 90.5 integrado por la locutora Kenia María González -a la izquierda-, el director Misael Lageyre y la operadora Josefa Hernández)


“Un nuevo programa: Estación 90.5 dedicado a la música universal, lo demuestra. He logrado con este nuevo proyecto una mayor comunicación con quienes dan verdadero sentido a nuestro trabajo”

Desde la asesoría, también puede opinar Ana Gloria Cámbara Cuba, tras 18 años de labor:

“El trabajo de las asesoras en Radio Siboney es muy peculiar, porque contrario a lo que pudiera pensarse, la singularidad de la emisora exige de mucha autopreparación, entre otras cosas por la característica del oyente: conocedor, estudioso y exigente.

“Un dato ambiguo que el asesor no detecte, el oyente fácilmente lo percibe y está en disposición de dialogar y debatir sobre la programación.

“El asesor dictamina, aconseja, discrepa, analiza, confronta, es amigo compañero y sobre todo crece espiritualmente para él y para los demás.”

Por supuesto, en este recuento nadie podrá olvidar a la desenfadada locutora Felita Martínez, todo un carácter en el micrófono. Su voz identificó la radioemisora durante dos décadas.

Tampoco a Lucía Dalis Mustelier, ejemplo desde la locución o la dirección, a pesar de sus severas minusvalías físicas. Con sus deditos sabía enlazar música y voces. Era pequeña como una semilla, pero volvía grande lo que tocaba.

En su propia casa nos sentamos un día, para diseñar el primer noticiero en la historia de la emisora ("Entrearte") que salió al aire el 2 de febrero de 2001. Mucho se le debe a ella que la revista Música y algo más ganara en espesor cultural.

“Perdí mi nombre y me convertí en Radio Siboney”

Un día a mediados de los setenta, llegó desde Radio Baraguá en Palma Soriano… y se quedó en Siboney para siempre.

Gisela Gaínza es una dama. Lo supe desde la primera vez que la vi en la fonoteca, entre cintas y estantes. Ahora mismo dirige además el espacio dominical “Contigo en casa” y participa como escritora.



(Gisela Gaínza, locutora por varios años y actual fonotecaria)


La elegancia también la acompañó en los micrófonos:

“Descubrí la importancia de una buena comunicación, el saber llegar a las personas con palabras sencillas. Una vez conocí a un oyente que había perdido a su madre, y me dijo que yo era muy importante para él, que cada vez que escuchaba la radio, sabía que yo estaba allí.

“Son esas cosas por las que uno se dice después: valió la pena tanto sacrificio, tantas horas, valió la pena todo lo que hicimos por un salario tan modesto. Hemos acompañado a toda una generación de oyentes, les hemos enseñado a amar la música instrumental”.

Sin embargo, en medio del período especial, las circunstancias del país la tocaron. Y exigente consigo misma, decidió pasar de la cabina a la fonoteca:

“Aquí se concentra la memoria musical de la emisora, es su corazón, y más en una como esta. Alguien tiene que cuidarla, que preservarla. Sólo lamento los pocos recursos que tengo a mi alcance que no me han permitido hacer lo que hubiese querido”.

−Durante una década fuiste la voz que identificó la emisora. ¿No asusta un poco eso, qué se siente?

“Escucharme como la voz que identificaba el esfuerzo, el trabajo y la entrega de tantos compañeros… siempre emociona. No sabía donde me iba a meter, porque siempre estuve un poco insatisfecha con lo que hice.

“Tal vez haya que estar adentro para sentirlo, pero era una mezcla de alegría, pena, orgullo, y mucho compromiso. En el barrio, en la bodega, en el consultorio... te reconocen, saben que eres tú. La imagen que yo daba era también la de la emisora, y eso es algo muy serio.

“Yo dejé de ser Gisela, perdí mi nombre para ser… Radio Siboney”.

Buenas nuevas en el siglo XXI

Ser fiel a la tradición no es apegarse a las cenizas, sino a la vitalidad.


(Taiyana Garbey, uno de los nuevos talentos de la locución)


Así lo demuestran algunos de los más jóvenes talentos de esta casa radial: el operador de sonidos Ismael Perdomo −sensibilidad y precisión−; así como Taiyana Garbey, poseedora de un cálido timbre, y María Esther Ortiz, voz de la revista nocturna Hallazgos.

Sólo la disciplina y la constancia, les abrirán los espacios que su calidad ya les avizora.

Radio Siboney recibió el nuevo siglo con buenas noticias.

Hay un antes y un después para esta casa de radio. A su programación se incorporó un colectivo periodístico que permite a la emisora insertarse con verdadera profundidad en el espacio cultural de su entorno, en su actualidad y trascendencia.



(Reinaldo Cedeño Pineda, al frente del colectivo de periodistas de Radio Siboney)


La especialización de esta planta radial en el mundo cultural, exige un diseño creador en el aspecto informativo, y ahora mismo se trabaja para incorporar noticias culturales y el sonido de Siboney al ciberespacio.

Por esa razón, se ha privilegiado no sólo la cobertura múltiple de eventos (La Fiesta del Fuego, Boleros de Oro, Festival de la Trova…), sino además la crítica artística y literaria, las entrevistas a personalidades, la valoración de estrenos y conciertos. La música habita en un lugar esencial de su espectro, pero un amplio abanico de sucesos artísticos encuentra eco en sus reportes.



(Los reporteros de esta casa de radio tiene ante sí el imperativo de ejercer la crítica artística y cultural de manera cotidiana De izquierda a derecha: Eric Caraballoso, Aimé Sosa Pompa -de pie- y Maritza Mora. Al centro, la locutora Taiyana Garbey)


Cuando se inauguró en 1989 la Sala de Conciertos Dolores, una de las de mejor acústica del país, Radio Siboney estuvo allí.

La emisora ha transmitido en vivo (y en exclusivo) eventos como los Festivales Internacionales de Coros y ha grabado in situ conciertos y presentaciones. Es una línea de enriquecimiento de su patrimonio musical y de proyección que debe recuperar.

CMDV tiene un público comprometido. De esas filas salió un día Juan Enrique Saavedra, devoto de la historia, escritor del espacio Raíces de mi ciudad, director hoy de una propuesta dominical. Su amor continúa incólume:

“Esta emisora tiene la virtud de la galanura y la fineza, de transmitir cultura viva, de ayudar a vivir combatiendo el estrés y la melancolía”.

Radio Siboney tiene un público fiel. Por eso a Esperanza Pubillones Sánchez (Pampi), una de las oyentes habituales, sólo tuve que hacerle una pregunta:

−¿Por qué escucha Radio Siboney?

“Porque me proporciona música y compañía. El slogan que ustedes tienen, se cumple con lo que hacen. La música me ayuda, me entretiene y me sosiega. Las voces son un toque de compañía. Con ustedes, nunca me siento sola”.


Notas:

[1] José Julián Padilla Sánchez nació en Santiago de Cuba el 8 de enero de 1940. Comenzó en la tradición musical familiar (nieto de Pepe Sánchez, autor del primer bolero) y realizó luego estudios de piano, clarinete y saxofón. Acompañó a grandes figuras de la música cubana desde diferentes orquestas. Mantiene hace un cuarto de siglo el programa Ritmos del Caribe en la emisora CMKC, cadena provincial de Santiago de Cuba. Fue productor discográfico de un título legendario: “La música de Pepe Sánchez”, y de figuras de la talla de El Guayabero, Ñico Saquito y Luis Carbonell.

VER Primera parte:
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/08/radio-siboney-40-aos-de-msica-y-compaa.html