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jueves, 11 de marzo de 2010

BLOGUEROS DEL SOL: Nace un blog sobre el Oriente de Cuba


La posibilidad de tocar de una sola vez el panorama múltiple y creativo del Oriente cubano, desde la crónica cotidiana y personal, es la apuesta del sitio BLOGUEROS DEL SOL (http://bdelsol.blogspot.com/ ) en red desde el 5 de marzo de 2010.

BLOGUEROS DEL SOL lo conforman soñadores inveterados, creedores en la fuerza de la palabra. Tercos (y tercas, claro). Gente que pone el hombro y la voz, que siempre se puede un poco más. Profesionales de la radio, la televisión y la prensa escrita que viven y trabajan, que caen y se levantan.

Gente de todos los días. Quijotes y quijotesas. Gente del campo y la ciudad. Gente que ama su terruño sin aldeanismos: que cada municipio, es un municipio del mundo. Gente sin etiquetas. Gente que habita por donde primero amanece en Cuba.

Gente que defiende su Isla toda.

Es una concertación voluntaria y común en busca de perfeccionar la interrelación entre sus miembros, cercanos naturalmente; aportar visibilidad al esfuerzo colectivo y diverso del país, desde el Oriente de Cuba, y buscar un mayor número de lectores, con la intención de expandir la cultura e identidad cubanas.

BLOGUEROS DEL SOL se construye a partir de la actualización automática y de una selección de artículos, crónicas y relatos de los siguientes sitios:

--El sitio de Iris (Iris Hernández Rodríguez, LAS TUNAS)
http://iriscuba.blogspot.com/

--CUBA JUAN (Juan Morales Agüero, LAS TUNAS)
http://juansobe.blogspot.com/

--De la alpinia y otros malas hierbas (Coral Vázquez, SANTIAGO DE CUBA) http://delaalpiniayotrasmalashierbas.blogspot.com/

--Guamo (Benigno Rodríguez; GUAMÁ, SANTIAGO DE CUBA)
http://coralito-guamo.blogspot.com/

---Historias de Vida (Mabel Pozo Ramírez, GUANTÁNAMO)
http://mabelpozo.wordpress.com/

---Isla Mía de Todos (Yunior García Ginarte; BAYAMO; GRANMA) http://varioscriterios.blogspot.com/

---Caracol de agua (Arnoldo Fernández, Contramaestre, SANTIAGO DE CUBA) http://caracoldeagua-arnoldo.blogspot.com/

---Infodeportivas (José Raúl Castillo, SANTIAGO DE CUBA) http://infodeportivas.blogspot.com

---FLASH CUBA (Amauris Betancourt, HOLGUÍN) http://www.mauroflash.blogspot.com/

---La isla... y LA ESPINA (Reinaldo Cedeño Pineda, Santiago de Cuba) http://laislaylaespina.blogspot.com
EL ORIENTE DE CUBA lo integran las provincias de Las Tunas, Holguín, Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo.

CUBA es un solo pueblo de San Antonio (Pinar del Río) a Maisí (Guantánamo).

Se aceptan propuestas de integración y colaboraciones.

BLOGUEROS DEL SOL

lunes, 3 de diciembre de 2007

DONDE LOS CORAZONES SON MÁS ABIERTOS: Dulce María Loynaz en Santiago de Cuba



Reinaldo Cedeño Pineda

Al tacto, contenido el aliento para no salir de la pequeña página, en su sillón secular… los trazos de una mano anciana. En el corazón del Vedado capitalino, Dulce María Loynaz le escribe a un santiaguero:



A Reinaldo Cedeño que viene de la tierra donde las palmas son más altas y los corazones más abiertos.



Era el 19 de septiembre de 1994.

Aunque alguien lo ha dicho –y tal vez no le falte razón– que una dedicatoria resulta la frase más difícil del mundo, soy testigo de que a la Premio Cervantes pareció brotarle instantáneamente.

A un carácter como el suyo, ajeno a la lisonja vana, nada le obligaba a semejante declaración. Hubiera sido presuntuoso considerarla la cortesía hacia un desconocido.

De Martí bebió seguramente su frase lapidaria sobre las palmas más altas, pero… ¿dónde hallar la génesis de los “corazones más abiertos”?

Tendría que viajar casi mil kilómetros y media centuria atrás….

1942


Dulce María era entonces viajera detenida para nombrar las cosas, aunque también el mundo solía ir a su encuentro, o al de su familia, como lo harían Lorca y Juan Ramón Jiménez. Ya había visitado Estados Unidos; ya había escrito en Luxor, tras el asombro y las arenas su "Carta de Amor a Tut-Ank-Amen".

Incluso, Santiago de Cuba había tocado su puerta en la persona de Lourdes Bertrand y su exquisita reseña “Cartas a Marisabel”, publicada en el periódico de circulación oriental Diario de Cuba del 25 de mayo de 1938. Mucha congruencia habrá en tan temprana fecha con un ambiente y una energía que acompañaron a la poetisa hasta el final:



Supongamos por unos minutos que has estado conmigo en casa de la señora de Quesada, como es conocida socialmente Mercedes Loynaz, nombre verdadero, jurídico de la poetisa Dulce María Loynaz […]

Hemos llegado a la casa a través de una alameda de bambúes […] Se expande en los contornos un sustancioso olor a aroma vegetal […] En el umbral de un salón dorado y verde, la voz íntima de la poetisa.


_Bienvenidos en nombre de la Poesía.

Detesta la publicidad y conseguir de ella una composición inédita es como ganarle una pulgada al mar […] pero conmigo fue gentilísima en dedicarme algunos ejemplares autografiados y darme otra para el DIARIO…

Todo allí, jardín, animales y cosas parecen raramente influenciados por la sensación de recogimiento, sigilo, trasluz y de sutileza que emana de ella; pero bajo esa piel suya pálida como ninguna, seda de un matiz impar […] bajo esa piel de feminismo lánguido se advierte el claustro de las más íntimas pasiones.

[…] Y allí, bajo la lluvia de las enredaderas rabiosamente pálida junto a la verja, la dejamos con una cadena entra las manos.
[1]




Esas impresiones son tomadas desde la distancia, cuando Dulce apenas comenzaba, aunque vengan ya envueltas en un halo de inmaterialidad, de misterio.

En su isla, acariciaba las piedras de Trinidad, la que “está en el limbo […] con un miedo oscuro, inconfesable de que […] se desvanezca, de que se dispone sus casas en niebla y sus calles en humo”.[2] A Bayamo, le encontró razones en medio de un aguacero para llamarle “ciudad de sombras y de agua”.[3]

Desde ese último lugar, llegaron a Santiago de Cuba, Dulce María y su pequeña comitiva, para despertar del silencio en una ciudad sonora por excelencia.

Por supuesto, Carlos Manuel –en la lucidez de su esquizofrenia– iría la volante que era su cetro, y las distancias constituían una cuestión de honor, un reto a vencer, cuanto más rápido mejor.

“La máquina bajo su dominio parecía un ser vivo, un grande y dócil animal amaestrado […] Fue así como nos conocimos la Isla palmo a palmo, pues estas excursiones ni siquiera parecían fatigarle”.[4]

Estaban muy lejos entonces, aquellos años de amurallamiento y olvido, en los que sólo el cariño de Pinar del Río sabría devolverles la patria…

Ahora es apenas, 1942.

Su amiga Angélica Busquet, toda una belleza de la época, “la de voz perfecta para bordar versos”[5], será depositaria de sus confesiones en una carta. El sol le sale al camino. La primera vista parece esquiva: “[…] aquí estoy en Santiago de Cuba. Hace calor y polvo, el mar se esconde”.[6]

Repuesta de la canícula, habrá cubierto su cabeza meticulosamente, con devoción, cuando parte rumbo a El Cobre, hasta el santuario de la Virgen de la Caridad. Ante ella se hinca. Se estremece.

Un sobrecogimiento de tal magnitud no pasa inadvertido; pero no se nubla una sinceridad a toda costa como la que ella practicaba. Al contrario, la cubanía se le desborda, con la agudeza de los escogidos. Allí está la huella de sus múltiples viajes y de sus ojos cansados de otras arquitecturas.

No ha lugar la irreverencia. La poeta, la patriota y la devora, se unen en un solo haz:



Han hecho una iglesia maciza y fría en todo semejante a los santuarios que abundan en Europa. Yo la hubiera hecho de la misma piedra de la montaña, le hubiera arrancado al monte las lajas verdosas estriadas de plata y la iglesia hubiera brillado al sol. Como una joya. En vez de la decoración de pámpanos y espigas, hubiera puesto en el altar, piñas labradas en el mármol y frutas tropicales. [7]



El cementerio Santa Ifigenia aparece como otro sitio imprescindible en la estancia santiaguera de la Loynaz. Ante los restos del Apóstol, llega solemne, con el tributo de su silencio. La mirada queda en la bandera, luego va a la piedra.

No existía aún el actual mausoleo –inaugurado en 1951–, sino apenas “un recuadro de mampostería rematado por una cubierta inclinada […] un pequeño templete de filiación clásica, con pilastras adosadas en sus esquinas […] Su frente lucía un frontón decorado con una estrella de cinco puntas en alto relieve.”[8]

Además pudo ver el pequeño busto martiano, obra del artista italiano Ugo Luisi. Lo primero pertenecía al 1907, mientras la escultura fue colocada en 1913…

El tiempo había hecho lo suyo.

A este lugar se asoma Dulce María, para dejar el testimonio de su clarividencia:



Hoy fui a la tumba de Martí. Tenía su ramo de flores y su bandera. Tenía también cuatro rosales de rosas blancas que crecen bien y se cubren de flores. Realmente no hace falta más nada. Allí por lo menos.

Te digo esto porque he oído criticar con ira esta tumba por pobre y desteñida. Son indudables las dos cosas, pero no sé por qué, me parece que a él le hubiera gustado.

Ya sé que nos toca a nosotros honrar a Martí, pero hay tantas maneras de hacerlo… Sólo que tal vez la más fácil sea poner en el presupuesto un masacote de mármol.
[9]


Si algo hubiese que agregar, apúntese que, Dulce, cubana de ley, hija de un general de la independencia que ha conocido a Martí en la guerra y en la ternura, no podrá dejar de entrever el estado de relegación en que la obra del Maestro ha caído.

Era la época del Martí deificado e inasible, mientras su pensamiento era acuchillado. Sólo los intelectuales de vanguardia intentaban rescatarle, estoicamente.

Una flor en el pelo

A la historia y el misticismo, Dulce María une una satisfacción más íntima, menos insondable, y seguramente menos explícita. También escribirá a su amiga Angélica desde Santiago de Cuba:

“Creo que estaré aquí unos días más, no sé cuantos; quisiera que fueran muchos. Me vestiría de muselina blanca y me pondría una flor en el pelo, pero tal vez ya no tenga tiempo […] Que cosa tan terrible. El Tiempo siempre, ya ves, el Enemigo.”[10]

He desandado muchas páginas de la prensa santiaguera de 1942. Fue un año pródigo en informaciones sobre la Segunda Guerra Mundial y la visita del mejor pianista del mundo entonces, Arthur Rubinstein; pero ni un letra sobre la Loynaz.

Tampoco hay rastros en archivos que he visto por obra de milagro, y otras fuentes posibles, parecen haber desaparecido para siempre.

Extraño es. No era Dulce todavía la afamada escritora del Premio Cervantes, mas ya había publicado su primer poemario: Versos; aparecía junto a aquella casta de seres singularísimos que eran sus hermanos en La poesía cubana en 1936, antología de Juan Ramón Jiménez.

Por si fuera poco, era la hija de quien era, Enrique Loynaz del Castillo, el autor del Himno Invasor. Era una mujer ya casada, con su primo Enrique de Quesada Loynaz, de quien se elogiaba su broncínea belleza.

Fue su esposo, el San Miguel Arcángel de los versos de Dulce, pero también su Otelo. La escritora sentía sus impulsos coartados, sus alas estrechas “mientras ordenaba las vituallas en la despensa […] o repasaba los calcetines de mi esposo.”[11]

Aquel matrimonio se desatará en 1943, al año siguiente del recorrido por el oriente cubano.

Las pistas de aquella visita han de comprenderse en el pacto de los Loynaz con el silencio. En todo caso, los cronistas sociales, tan conspicuos entonces, se perdieron su agosto.

Tal vez a estas alturas, lo medular no esté en hallar las cuentas de la historia una a una; sino en encontrar el hilo resistente que las sostiene.

Lo más importante es su propio juicio, de puño y letra, dedicada a una amiga, en ese ambiente tan diferente del destino público, donde la conveniencia o el comedimiento suele sopesar cada línea.

Una interrogante queda en el aire, más de una:

¿Cuándo se transmutó el Santiago de calor y polvo, en el deseo expresado de quedarse por muchos días?

¿Qué fineza, qué sacudimiento se le apareció a Dulce María Loynaz que le hace despojarse de su naturaleza severa, ríspida… y mostrarse casi la borde de la euforia?

¿Cómo aquilatar aquella vehemencia de muselina y flor al pelo, cuando la autora ya frisaba los cuarenta años?

¿Sería apenas la metáfora emocionada hacia un lugar caro en el sentimiento; aunque lejano en la geografía?

Santiago de Cuba dejó en Dulce María Loynaz una huella sensible y no serían suficientes para borrarla, la media centuria de una visita, ni el estrecho círculo de los nonagenarios en que ya vivía.

El 19 de septiembre de 1994, en la austeridad de su hogar, aún le alcanzaban las manos para la ternura.

En el libro que le extendía un santiaguero, dejaba un mensaje de amor para este pedazo de la isla, para Santiago de Cuba: la tierra donde las palmas son más altas y los corazones más abiertos.

Notas


[1] Lourdes Bertrand: “Cartas a Marisabel” en Diario de Cuba, Santiago de Cuba, 25 de mayo de 1938, p.2
[2] Dulce María Loynaz: Cartas que no se extraviaron, Valladolid´-Pinar del Río, Fundación Jorge Guillén-Fundación Hermanos Loynaz, 1997, p.65. Trinidad, fue la tercera villa fundada en Cuba bajo el gobierno español, en 1514. La ciudad conserva, casi intactas, plazas antiguas, calles empedradas, casonas de alto puntal y enormes puertas, techumbre de tejas de barro…. con estilos arquitectónicos provenientes de la España colonial, sobre todo, Andalucía y Canarias. Se ubica en la provincia central cubana de Sancti Spiritus.
[3] Ibid., p.79.
[4] Dulce María Loynaz: Fe de vida. La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2000, p. 185.
[5] Ibid,.p.187.
[6] Dulce María Loynaz. Cartas que no se extraviaron, p. 78
[7] Ibid.
[8] Omar López y Aida Morales: Piedras imperecederas, Santiago de Cuba, Editorial Oriente, 1999, p.78.
[9] Dulce María Loynaz. Cartas que…, p.78.
[10] Ibid
[11] Dulce María Loynaz: Fe de vida, p.190.

viernes, 19 de octubre de 2007

20 de octubre: EL DÍA EN QUE LA PATRIA ENTRÓ CANTANDO

Reinaldo Cedeño Pineda

Era hacendado, poeta, maestro, ajedrecista, políglota… pero ante todo, cubano. Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo (1819-1874), se vistió de paño impecable e hizo tocar la campana de su ingenio La Demajagua, en el Oriente de la Isla.

10 de octubre de 1868: la historia recoge el hecho como El Grito de Yara; era el campanazo a la conciencia nacional. Y más de cuatro siglos de yugo español se conmovieron.

Ante una dotación de negros, asombrada, dio la oportunidad de dejar de ser esclavos y pasar a ser cubanos.

Las acciones militares se sucedieron tras la proclama de libertad, y los patriotas poco a poco, se unieron. El 18 de octubre estaban ya a las puertas de la ciudad de Bayamo y la guarnición española, capituló dos días después.

El pueblo de esa ciudad estalló en vivas y el himno “La Bayamesa” dejó escuchar sus compases… pero faltaba la letra.

Frente a la Plaza de la Iglesia Mayor, un espacio que hoy se denomina Plaza del Himno Nacional, el clamor unánime exige a Pedro Figueredo Cisneros (1819-1870), más conocido por Perucho, que ponga la letra a la marcha que él mismo había compuesto.

Cuenta la tradición popular que montado en su caballo y bajo un rapto de inspiración, escribió aquellos versos (octavas reales), inicialmente con seis estrofas; aunque luego se escogieran sólo las dos primeras como Himno Nacional.

Algunos historiadores afirman que ya aquellas estrofas las tenía en la mente su autor, y que sólo esperaba la ocasión ideal para darlas a conocer… y ¿cuándo mejor que ahora?

Allí mismo, con unas pocas copias y desbordados de ardor, se entonaron en público por primera vez sus notas:

Himno Nacional de Cuba

Al combate corred bayameses
que la patria os contempla orgullosa;
no temáis una muerte gloriosa
que morir por la patria es vivir.

En cadenas, vivir es vivir
en afrenta y oprobio sumidos.
Del clarín escuchad el sonido,
¡A las armas, valientes, corred!

Ese día, 20 de octubre de 1868, fue escogido como Día de la Cultura Nacional, una conmemoración con carácter oficial desde 1980.

Se habían unido excepcionalmente en una sola jornada, la poesía y la música a la decisión de libertad de todo un pueblo.

El momento resultaba un crisol, o al modo de decir de la doctora Graziela Pogolotti, fue: el día en que la nacionalidad entró cantando”.

La historia de “La Bayamesa”

No por casualidad el escenario de esa gesta fue Bayamo.

Incluso antes, el 13 de agosto de 1867, en el bufete de Perucho Figueredo se habían reunido el rico hacendado Francisco Vicente Aguilera (1821-1877) y Francisco Maceo Osorio (1829-1873), para discutir los planes del movimiento conspirativo.

En aquella ocasión, tras quedar aprobado el Comité Revolucionario concebido por Aguilera, Maceo Osorio pidió a su anfitrión:

-Pues bien, ahora te toca a ti que eres músico, componer nuestra Marsellesa.

En la madrugada del 14, ya estaba lista la partitura musical del Himno de Bayamo, que tal fue su título original. Se inspiraba en La Marsellesa, considerada símbolo universal de la rebeldía.

Correspondió a Manuel Muñoz Cedeño, maestro y director de orquesta, la orquestación del himno. Y luego de varios días, sólo quedaba estrenar, pero…

La oportunidad se presentó durante una festividad religiosa efectuada en Bayamo y cuando sonó, el propio gobernador estalló en cólera y llamó a su autor. Este buscó, la salida exacta para lo que se presentaba como un problema:

-Señor Gobernador: No me equivoco al asegurar, como aseguro, que no es usted músico, por lo tanto nada autoriza a usted para decirme que es un canto patriótico.

El jefe militar español replicó:

-Dice usted bien no soy músico, pero tengo la seguridad de que no me engaño. Puede usted retirarse con esa certidumbre.

Hemos de imaginar cuanta satisfacción embargaría a Figueredo, cuando hasta el enemigo había captado el espíritu de su música.

La partitura original del himno se extravió durante la guerra; pero la tradición oral lo mantuvo vivo, aunque su interpretación sufriría las lógicas modificaciones del tiempo.

Ser cultos para ser libres

Cuba tiene en José Martí (1853-1895) a su más alto paradigma, y bajo sus ideas se desarrolla la cultura nacional; especialmente bajo una breve sentencia de gran espesor simbólico: “Ser cultos es el único modo de ser libres”.

La cultura rebasa con mucho a una manifestación artística dada y es el alma misma de una nación, cuyo espíritu de resistencia y de rebeldía es tal vez su marca más distintiva. Y sin que la alegría natural se empañe ante las dificultades, que ha de verse a un pueblo derramado detrás de la corneta y el tambor.

La cultura cubana es por definición, el reflejo de su gente innovadora y solidaria. Y se hace dentro y fuera de la Isla; aunque seguramente en este día habrá que recordar algunos nombres ilustres:

José María Heredia, que buscaba las “palmas deliciosas” de su patria en el exilio; Alejo Carpentier y su asombro ante lo maravilloso de la realidad americana.

Nicolás Guillén y sus poemas mulatos, Guillermo Cabrera Infante, como un tigre triste desde la distancia, y Lezama Lima, construyendo su Paradiso del lenguaje.

Alicia Alonso, que regaló al mundo la última gran escuela de baile clásico, desde el movimiento sensual del Caribe.

Rita Montaner, “La única”, con su lunar y su gracia, pregonando El manisero y acompañada al piano por el Bola.

Virgilio Piñera levantando La Isla en peso.

Tomás Gutiérrez Alea, con su cine crítico de Memorias del Subdesarrrollo y el canto fílmico a la tolerancia de Fresa y Chocolate.

Cecilia Valdés atravesando la plaza para saludar a Cirilo Villaverde y a Gonzalo Roig.

Wifredo Lam, entra con sus símbolos en La Jungla del Tercer Mundo.

Roberto Fabelo saca del pincel un mundo animado de seres mágicos.

Y la Isla, musical por antonomasia, bailando al Son de la Loma de Matamoros, con Celia Cruz y Benny Moré.

Escuchando el bolero tardío e inmortal de Ibrahim Ferrer, la trova eterna de Compay Segundo, la trova nueva de Silvio Rodríguez, la guajira Guantanamera

Ernesto Lecuona que toca La Comparsa.

Mambises y rebeldes, hincados ante la Virgen de la Caridad de El Cobre.

Y Dulce María Loynaz, cantándole a su Isla que a todos se entrega “aromática y graciosa como una taza de café”; pero a nadie se vende.