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martes, 15 de abril de 2008

Mediodía en TV: OTRA VUELTA DE TUERCA



(El joven conductor Abel Álvarez. Foto tomada de la TV)


Reinaldo Cedeño Pineda


A finales del pasado año, publiqué en este mismo blog, y luego en el de la TV Cubana, un comentario sobre Mediodía en TV, programa-cartelera del canal Cubavisión que conduce Abel Álvarez.

Mediodía en TV: Manzana de dos sabores −nombre del artículo−, decía, entre otras cosas:

“Todo gira en torno a su conductor principal, el joven y carismático Abel Álvarez. Su simpatía puede haberle sacado de algún aprieto, pero su preparación se resiente con demasiada frecuencia. En ocasiones, la dosis de improvisación es tal, que saltan a la luz apremios y descuidos en el trabajo de mesa, graves en un espacio que por su frecuencia diaria, se presenta bien exigente.

“Harina de otro costal es el desdoblamiento del conductor en entrevistador, mucho más si es en vivo y en la televisión. Improvisar, ya se sabe, no es inventar, sino recrear lo ya sabido. Una entrevista es un intercambio de saberes y no una festinada interrogante de último momento. Son verdades de Perogrullo que parecen haberse extraviado ante las cámaras….

“La idea de que cada locutor identifique y defienda a cada canal, es una de las singularidades del programa… Sin embargo, la espontaneidad y el intercambio establecido entre ellos que pudo ser un sello, se ha transformado, a fuerza de abuso, en un vicio. Se utilizan códigos cerrados que sobrepasan el marco referencial del televidente (más propios para hablarse por interno); se empantanan en consideraciones triviales que se desenredan por obra de milagro…”

(Ver COMENTARIO COMPLETO en: http://laislaylaespina.blogspot.com/2007/09/medioda-en-tv-una-manzana-de-dos.html Y en http://www.tvcubana.icrt.cu/?mod=noticias&id=320 )

Varios juicios ha motivado este comentario. Haber movido la opinión −aunque sea una pizca− es una razón legítima para su sostén. Y para regresar.

Entre estos juicios se halla el del propio conductor del espacio Abel Álvarez, que mucho agradezco, sin importar que se halle en las antípodas del mío: “Sólo le escribo para decir que es una pena que el sitio nuestro, el de la TV en Cuba, sea un espacio para desacreditar a nuestra propia TV”.

Sin embargo, vale apuntar que para eso precisamente están sitios como estos −y la prensa toda−: para mirarse por dentro con equilibrio, lejos de una autocomplacencia que suele resultar nociva; sin pena alguna por ello.

Aunque en el reciente 7. Congreso de la UNEAC −tuve el honor de ser delegado− mucho se habló del producto televisivo actual y del espacio ganado por la frivolidad, la televisión cubana es todo un mundo, con diversos niveles de calidades y propuestas; en consecuencia, sería irresponsable echarlo todo en un mismo saco.

Es bien riesgoso, por eso, abrogarse el derecho de “ser la televisión”. Someter a crítica un programa específico no es hacerlo con “la televisión”. Y aquí no hay margen alguno para la confusión.

La conducción es el eje de un programa como Mediodía en TV. Y en esa medida, exige concentración, preparación y dominio, cualidades que tantas veces siguen esquivas.

El desconocimiento lleva a la falta de jerarquía. La falta de jerarquía lleva a un sempiterno tono feriado. El tono feriado va de la mano de la irreverencia y la frivolidad. Es una cadena maldita que, lamentablemente, no acaba de hallar fin en Mediodía en TV.

Las “referencias sólidas” en materia cultural por las que abogaba el Ministro de Cultura en el Congreso, son pilares que no pueden descuidarse ni un momento, porque son el sustrato que permite discernir el oropel del oro, el folletín de la novela, el rostro agraciado de la expresividad diciente; el show televisivo (de horóscopos, intimidades y viajes), de una propuesta rica y matizada, pero igual de aportadora y seria.

Como Mediodía en TV sigue moviéndose a lo largo de todo el país, de festival en festival; hay que pedirle altura, hay que seguirle, hay que valorarle sopesadamente, porque el respeto y la responsabilidad ante la cultura así lo exigen.

Lo he dicho en muchos foros, en el mismo Congreso de la UNEAC y aquí lo reitero:

Los medios de la televisión nacional no pueden actuar como eternos “colonizadores”, secuestrar la imagen del país y suplantarla con referentes solamente capitalinos.

En esa materia no vale la política del centro y la periferia. Por eso, no es cuestión de agradecer a ningún programa que se abra a todo el país como un “mérito” ni un “favor”; sino que se precisa un cambio de filosofía: concertar esfuerzos para que desde las provincias, se conforme un canal de transmisión cotidiano, pensado y verdaderamente nacional.

Pero, mientras la reticencia se deshiela, mientras las sinrazones caen, creo sinceramente que a estas alturas, la función de ventana a la cultura nacional, merecerían cumplirla otros espacios de la TV de alcance nacional (con una estructura más honda, donde las intervenciones no funcionen a modo de cortina entre la cartelera de un canal y del otro), con otros equipos y conductores de mayor solidez, para bien de la cultura cubana.

No puede uno pasearse por el país, una y otra vez, a manera de “descubridor”, con extraviadas ideas de la jerarquía cultural de los entrevistados, y posarse a ras sobre la cultura, bien sea desde sus regiones, su trascendencia o sus figuras.

Uno no tiene por qué saberlo todo y conocer a todos −aunque un conductor debe preocuparse muy mucho por la constante superación− mas para ello, precisamente, está la preparación ante cada emisión. Una preparación sine qua non, asumida de manera cotidiana, con humildad y seriedad.

A mediodía en TV le falta una asesoría rigurosa. Y una dirección menos cómplice y más educativa.

Presumo, que tal vez a Abel Álvarez, se le deja hacer. No le niego el talento natural que muestra, ni la energía, ni el rostro fresco; no le niego las posibilidades que podría alcanzar; mas hoy por hoy, acaso esos excesos de funciones, ese dejarle hacer, le robe el tiempo insoslayable para un mayor detenimiento, una mejor preparación. Los que no le señalan a tiempo sus carencias y limitaciones, acabarán dañándole.

A todo esto se le han sumado otros cambios, como el de la bisoña Amelia Flores.

Es una lástima. A esta promesa, quizás se le haya apurado en responsabilidades; porque si bien en su programa “Quédate conmigo” de la TV yumurina se mostraba dueña en su cuerda de desenfado; aquí no ha encontrado su centro. Se muestra endeble, insegura y, a veces, se proyecta con frases y poses rayanas en la tontería y la adulación.

Retomo lo que dije en aquel primer comentario:

Mediodía en TV ha de tener los oídos atentos. La popularidad devenida del rigor merece las palmas. El populismo devenido de las concesiones, es una pedrada”.

ARTÍCULOS RELACIONADOS (antes y después):

---Mediodía en TV: Manzana de dos sabores:
http://laislaylaespina.blogspot.com/2007/09/medioda-en-tv-una-manzana-de-dos.html

---Mediodía en TV: Otra vuelta de tuerca
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/04/medioda-en-tv-otra-vuelta-de-tuerca.html

---Mediodía en TV: La polémica completa:
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/05/medioda-en-tv-la-polmica-completa.html

---Abel Álvarez, Carlos Barba y cierto correo de México:
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/07/abel-lvarez-carlos-barba-y-cierto.html

--Mediodía en TV revisitado (octubre 2008)
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/10/tv-cubana-iii-medioda-en-tv-revisitado.html

viernes, 19 de octubre de 2007

20 de octubre: EL DÍA EN QUE LA PATRIA ENTRÓ CANTANDO

Reinaldo Cedeño Pineda

Era hacendado, poeta, maestro, ajedrecista, políglota… pero ante todo, cubano. Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo (1819-1874), se vistió de paño impecable e hizo tocar la campana de su ingenio La Demajagua, en el Oriente de la Isla.

10 de octubre de 1868: la historia recoge el hecho como El Grito de Yara; era el campanazo a la conciencia nacional. Y más de cuatro siglos de yugo español se conmovieron.

Ante una dotación de negros, asombrada, dio la oportunidad de dejar de ser esclavos y pasar a ser cubanos.

Las acciones militares se sucedieron tras la proclama de libertad, y los patriotas poco a poco, se unieron. El 18 de octubre estaban ya a las puertas de la ciudad de Bayamo y la guarnición española, capituló dos días después.

El pueblo de esa ciudad estalló en vivas y el himno “La Bayamesa” dejó escuchar sus compases… pero faltaba la letra.

Frente a la Plaza de la Iglesia Mayor, un espacio que hoy se denomina Plaza del Himno Nacional, el clamor unánime exige a Pedro Figueredo Cisneros (1819-1870), más conocido por Perucho, que ponga la letra a la marcha que él mismo había compuesto.

Cuenta la tradición popular que montado en su caballo y bajo un rapto de inspiración, escribió aquellos versos (octavas reales), inicialmente con seis estrofas; aunque luego se escogieran sólo las dos primeras como Himno Nacional.

Algunos historiadores afirman que ya aquellas estrofas las tenía en la mente su autor, y que sólo esperaba la ocasión ideal para darlas a conocer… y ¿cuándo mejor que ahora?

Allí mismo, con unas pocas copias y desbordados de ardor, se entonaron en público por primera vez sus notas:

Himno Nacional de Cuba

Al combate corred bayameses
que la patria os contempla orgullosa;
no temáis una muerte gloriosa
que morir por la patria es vivir.

En cadenas, vivir es vivir
en afrenta y oprobio sumidos.
Del clarín escuchad el sonido,
¡A las armas, valientes, corred!

Ese día, 20 de octubre de 1868, fue escogido como Día de la Cultura Nacional, una conmemoración con carácter oficial desde 1980.

Se habían unido excepcionalmente en una sola jornada, la poesía y la música a la decisión de libertad de todo un pueblo.

El momento resultaba un crisol, o al modo de decir de la doctora Graziela Pogolotti, fue: el día en que la nacionalidad entró cantando”.

La historia de “La Bayamesa”

No por casualidad el escenario de esa gesta fue Bayamo.

Incluso antes, el 13 de agosto de 1867, en el bufete de Perucho Figueredo se habían reunido el rico hacendado Francisco Vicente Aguilera (1821-1877) y Francisco Maceo Osorio (1829-1873), para discutir los planes del movimiento conspirativo.

En aquella ocasión, tras quedar aprobado el Comité Revolucionario concebido por Aguilera, Maceo Osorio pidió a su anfitrión:

-Pues bien, ahora te toca a ti que eres músico, componer nuestra Marsellesa.

En la madrugada del 14, ya estaba lista la partitura musical del Himno de Bayamo, que tal fue su título original. Se inspiraba en La Marsellesa, considerada símbolo universal de la rebeldía.

Correspondió a Manuel Muñoz Cedeño, maestro y director de orquesta, la orquestación del himno. Y luego de varios días, sólo quedaba estrenar, pero…

La oportunidad se presentó durante una festividad religiosa efectuada en Bayamo y cuando sonó, el propio gobernador estalló en cólera y llamó a su autor. Este buscó, la salida exacta para lo que se presentaba como un problema:

-Señor Gobernador: No me equivoco al asegurar, como aseguro, que no es usted músico, por lo tanto nada autoriza a usted para decirme que es un canto patriótico.

El jefe militar español replicó:

-Dice usted bien no soy músico, pero tengo la seguridad de que no me engaño. Puede usted retirarse con esa certidumbre.

Hemos de imaginar cuanta satisfacción embargaría a Figueredo, cuando hasta el enemigo había captado el espíritu de su música.

La partitura original del himno se extravió durante la guerra; pero la tradición oral lo mantuvo vivo, aunque su interpretación sufriría las lógicas modificaciones del tiempo.

Ser cultos para ser libres

Cuba tiene en José Martí (1853-1895) a su más alto paradigma, y bajo sus ideas se desarrolla la cultura nacional; especialmente bajo una breve sentencia de gran espesor simbólico: “Ser cultos es el único modo de ser libres”.

La cultura rebasa con mucho a una manifestación artística dada y es el alma misma de una nación, cuyo espíritu de resistencia y de rebeldía es tal vez su marca más distintiva. Y sin que la alegría natural se empañe ante las dificultades, que ha de verse a un pueblo derramado detrás de la corneta y el tambor.

La cultura cubana es por definición, el reflejo de su gente innovadora y solidaria. Y se hace dentro y fuera de la Isla; aunque seguramente en este día habrá que recordar algunos nombres ilustres:

José María Heredia, que buscaba las “palmas deliciosas” de su patria en el exilio; Alejo Carpentier y su asombro ante lo maravilloso de la realidad americana.

Nicolás Guillén y sus poemas mulatos, Guillermo Cabrera Infante, como un tigre triste desde la distancia, y Lezama Lima, construyendo su Paradiso del lenguaje.

Alicia Alonso, que regaló al mundo la última gran escuela de baile clásico, desde el movimiento sensual del Caribe.

Rita Montaner, “La única”, con su lunar y su gracia, pregonando El manisero y acompañada al piano por el Bola.

Virgilio Piñera levantando La Isla en peso.

Tomás Gutiérrez Alea, con su cine crítico de Memorias del Subdesarrrollo y el canto fílmico a la tolerancia de Fresa y Chocolate.

Cecilia Valdés atravesando la plaza para saludar a Cirilo Villaverde y a Gonzalo Roig.

Wifredo Lam, entra con sus símbolos en La Jungla del Tercer Mundo.

Roberto Fabelo saca del pincel un mundo animado de seres mágicos.

Y la Isla, musical por antonomasia, bailando al Son de la Loma de Matamoros, con Celia Cruz y Benny Moré.

Escuchando el bolero tardío e inmortal de Ibrahim Ferrer, la trova eterna de Compay Segundo, la trova nueva de Silvio Rodríguez, la guajira Guantanamera

Ernesto Lecuona que toca La Comparsa.

Mambises y rebeldes, hincados ante la Virgen de la Caridad de El Cobre.

Y Dulce María Loynaz, cantándole a su Isla que a todos se entrega “aromática y graciosa como una taza de café”; pero a nadie se vende.