
Reinaldo Cedeño Pineda
escribanode@gmail.com
Atónito me quedé este domingo 28 de marzo de 2010, con la decisión de la reunión de árbitros en el estadio Latinoamericano y el juego Industriales-Villa Clara.
Aferrados a las reglas establecidas por la Comisión Nacional de Béisbol de que una jugada de apreciación es irrevocable, los encargados de impartir justicia RATIFICARON UN EVIDENTE ERROR, delante de un estadio repleto (más de 50 mil personas) y de millones de televidentes.
El árbitro de segunda base, pifió. No vio que el jugador de Villa Clara tocó a Malleta (Industriales), al menos un metro antes de llegar a la almohadilla.
Que no estaba situado en la línea visual adecuada, puede ser admisible. Que se haya equivocado, también… PERO que una reunión de árbitros tras la protesta de Eduardo Martín (el manager de Villa Clara) haya ratificado el error, es un ESCÁNDALO, UNA INJUSTICIA y UN DISPARATE, que de seguir así puede ensombrecer el desarrollo del béisbol cubano, teniendo en cuenta que no es esta la primera vez.
Tiene razón el narrador Roberto Pacheco, quien comentó el hecho por la emisora Radio Rebelde: Si las reglas las creamos nosotros, ¿a quién hay que esperar para cambiarlas? Vuelva a tener razón al decir que lo mejor que pudo pasar es que ganara Villa Clara, porque de haber sucedido lo contrario hubiera sido esa, una victoria manchada. Y no le falta a mi colega José Raúl Castillo cuando afirmó que el hecho entró en "el capítulo del absurdo".
¿Cuántas veces nos hemos quejado de decisiones arbitrales escandalosas que nos han perjudicado en el escenario internacional? ¿Es que vamos a permitirlas en casa?
Amén de los comentarios que la jugada ha causado y de la excelente fotografía del periódico Granma, creo que se debe dedicar un aparte al tema, por sus largas consecuencias.
En el propio periódico, Sigfredo Barros fustiga "la actitud antideportiva del antesalista Ramón Lunar, quien fue expulsado después de faltarle el respeto a uno de los árbitros". No sé que dijo. La indisciplina es sancionable, ninguna duda... pero una mala decisión arbitral actúa como una provocación y desencadena actitudes como esta. Vamos, ¿quién es el primero que falta el respeto?
El problema se está advirtiendo hace mucho tiempo y parece haber oídos sordos. Modestamente nos hemos referido al hecho más de una vez. Ahora, está la crisis, y es que todo lo que se contiene se desborda.
Existe mucha reticencia y mucha justificación. “Son humanos”, suelen decir algunos comentaristas. ¿Y es que no resulta igualmente humano, rectificar?
En la repetición de la TV se pudo apreciar con cuanta atención siguió la jugada el árbitro de primera base. ¿Es que él u otro no pudo aportar su mirada y su experiencia para que un evidente error fuese corregido?
La Comisión Nacional de Béisbol está abocada a revisar CON URGENCIA esta o cualquier regla que permitan que un error no pueda ser rectificado, que abran el camino a la injusticia y no permitan su reparación.
A los cubanos, al deporte cubano y al béisbol, semejantes reglas NO NOS SIRVEN.
El camino está bifurcado en estos momentos, hay que reencontrar las sendas entre las reglas y la justicia
Y si hay que sentar un precedente, que se siente. Y si hay que cambiar, que se cambie. Sin miedo alguno. No por capricho, sino por el bien del béisbol, pasión y orgullo de los cubanos
¿Acaso, importan más las reglas que la justicia? ¿La defensa a ultranza de una decisión o el juego de béisbol? ¿La realidad o el papel?
Los aficionados y el deporte cubano no pueden permitirse semejante cosa, que traspasa la pasión por la pelota y que entronca con nuestra manera de ser. Ninguna injusticia, en cualquier ámbito, nos resulta indiferente.
Muy mal quedó Higinio Vélez, máximo responsable del béisbol cubano, respaldando la decisión de los árbitros, justificando las sacrosantas reglas que han demostrado tener resquicios y sembrando de obstáculos el camino al uso eventual de la cámara lenta ante jugadas de este cariz.
No es cuestión ahora de crucificar a los árbitros, que los hay muy buenos y muy serios. Ni a la Comisión, sino exigirles que hagan lo suyo. ¿Quién no se ha equivocado alguna vez? Es cuestión de sentarse con serenidad y compromiso, con racionalidad y limpieza…
El árbitro es autoridad; pero la defensa del arbitraje JAMÁS debe pasar por la ratificación de un error.
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