miércoles, 3 de noviembre de 2010

Entrevista con el actor Denis Ramos (Shidartha): “No hay nada comparable en el mundo a que las personas sean felices”



Toda mi vida tuve a Shidartha dentro de mí Adolfo Llauradó me abrió la caja de Pandora Nuestra sociedad está llegando a un punto donde debe llamarse a capítulo La fama va envileciendo… a los viles Nunca había visto tanta gente aplaudiendo con el corazón En la diversidad es donde está nuestra igualdad.


REINALDO CEDEÑO PINEDA


Conversé con Denis Ramos en el mismo sitio en que años atrás entrevisté a Adolfo Llauradó. La emoción es un ciclo que se repite.



Otra vez en casa de Iris Salmerón, tía del mítico actor cubano; en las alturas de Quintero, muy cerca de la Universidad de Oriente. Otra vez en Santiago de Cuba.

A sus 26 años, ha interpretado un personaje que no será fácilmente olvidado por la teleaudiencia cubana. Se trata de uno de los más prometedores actores de la escena nacional y más.

El diálogo, en la propia habitación, es intenso.

Hay silencios profundos, para tomar el aire
.

Es temprano, muy temprano...


La conversación tiene lugar antes de que el actor salga hacia la necrópolis de Santa Ifigenia. Hoy se cumplen nueve años del fallecimiento de Llauradó, el legendario intérprete de Lucía (Humberto Solás, 1968) y Retrato de Teresa (Pastor Vega, 1979).




“Adolfo fue como mi padre. Es una deuda que tenía con él y conmigo. Hace años que quería venir y no había tenido oportunidad”, me aclara.

―¿Realmente, cuánto le debes?

Adolfo creó un taller en los últimos cuatro años de su vida, La Terraza, donde daba clases a muchachos de la comunidad y yo fui de los primeros en asistir. Tuvimos una afinidad muy grande y me ayudó enormemente, como mismo ayudó a los demás; pero siempre uno va creando contactos verbales y lazos de amistad con algunas personas, a veces, sin darse cuenta. Además, él vivía frente a mi casa y casi todos los días nos veíamos.

Después, cuando entré en la ENA (Escuela Nacional de Arte) gracias a él (no porque me dio una palanca, sino porque me preparó), hicimos una gran amistad. Todos los libros que me hacían falta, él me los daba… y a partir de ahí, la comunicación se hizo más profunda y hablábamos de las cosas que estaba aprendiendo en la escuela. Me guió a tal punto que la mayoría de las herramientas que yo utilizo en la actuación, son gracias a él.

Adolfo me dejó una historia, me abrió la caja de Pandora… Me dejó tantas vivencias y tantas cosas bellas que de verdad son indescriptibles, cosas que nunca en la vida voy a vivir, pero que están ahí en el corazón y estarán siempre.

―¿Cuándo te diste cuenta que el riguroso camino de la actuación sería el camino a transitar?

Cuando era niño me gustaba la historia esa de la actuación, lo que no sabía como era. A los diez años, por cosas del destino, terminé en el taller de Humberto Rodríguez en la Casa de la Cultura de Plaza y debuté con un pequeño personaje en Yerma, de Federico García Lorca. A partir de ahí, no hice más nada de teatro, aunque sabía que me gustaba. A partir de los trece años, cuando conocí a Adolfo ahí fue que me dije… yo voy a ser actor

El Ahmed de Historia de fuego y el Shidartha de Aquí estamos tienen algunos puntos de contacto, uno de ellos la droga… ¿Cómo construir la actitud y el pensamiento de una persona enganchada con esa flagelo de la drogadicción?

Las coincidencias son pura casualidad, no porque me hayan encasillado. El físico es algo en que los directores se fijan mucho. Esto ha hecho, por ejemplo, que hiciera después el personaje del Cabo Interino que no tiene nada que ver con Ahmed ni con Shidartha.

La gente ve una similitud entre esos personajes, porque los dos consumieron droga y eran rebeldes; pero hay una diferencia muy grande. Ahmed era un adolescente con una rebeldía propia de la adolescencia, que empezaba a probar la droga, mientras Shidartha es todo lo contrario: piensa de una forma determinada y era muy difícil que alguien le pudiera cambiar su manera de ver la vida… y además se enganchó.

Con el personaje de Ahmed había estudiado bastante sobre la gente que consume droga. Claro, con Shidartha era más profundo el estudio porque ahora se trataba de un enfermo que ya tenía el vicio, que no se daba cuenta que la enfermedad progresaba constantemente… pero toda mi vida tuve a Shidartha dentro de mí.

―¿Cuáles son los lazos que unen al personaje de la ficción y al actor de carne, hueso y sentimientos que ahora mismo está frente a mí... si es que los hay, naturalmente?

Uno se conoce a sí mismo, pero cuando estás haciendo un personaje, cuando eres actor te das cuenta que hay aspectos de ti que no conocías… y así me pasó con el personaje. Lo que pensaba el personaje es lo que pienso yo, es mi filosofía de vida, aunque no consumo drogas pues no tengo nada que ver con eso.

Y es que uno tiene derecho a hacer las cosas que uno piensa y las cosas que cree que lo puedan hacer felices, sin tener miedo a nada, enfrentándose a todo. Lo único que hay que hacer es tomar decisiones.

La novela fue un trabajo especial… porque aprendí muchas cosas que no sabía: a montar patines, a tocar guitarra, aprendí sobre la danza moderna, di incluso clases de canto…

Todos los jóvenes que trabajamos en la novela Aquí estamos, tuvimos una preparación muy fuerte y eso nos ayudó a compenetrarnos bien y a hacer de esta obra una especie de enigma y de misterio en la relación de todos nosotros… a tal punto que la gente hubiera apostado perfectamente a que todos los personajes de la novela tuvimos una relación amorosa. Eso me ha pasado en la calle.

―¿Los diálogos los decía el personaje… o también, de alguna manera, los decía Denis o hubiera querido decirlo?

Ojalá hubiese sido así.

Hugo [Reyes] y Alfredo [Felipe Pérez] son dos guionistas que cuando se unen escriben un texto especial para que el actor se sienta cómodo diciéndolo; pero tienes que decirlo exactamente como ellos quieren y no puedes violar ni una coma ni una conjunción; incluso la intención ya está en el propio texto. Eso es un poco difícil. Claro, uno es quien hace el personaje… y entonces, a partir de allí, le pone alma, corazón y cuerpo. Uno es quien construye el personaje, las palabras que dice el personaje tú te apropias de ellas y… es a ti quien se te están ocurriendo.




(Denis Ramos corporiza a Shidhartha en la polémica telenovela Aquí estamos
de la TV cubana, bajo la dirección de Rafel Cheíto González y Hugo Reyes. Imagen tomada de la pantalla)



He dicho muchas cosas que tenía deseos de decir, así, todas juntas; deseos de comunicarme con el espectador, y que la gente sienta esa filosofía y esa forma de pensar.

Estoy completamente seguro (porque me ha pasado y porque lo he vivido), que digo cosas muy parecidas a esas que decía el personaje. Lo que pasa es que lo que se dice en la novela parte de un guión hecho para la televisión y tiene que ser mucho más directo.

―Como actor y como cubano, ¿hasta dónde crees que la novela tiene puntos de contacto con nuestra realidad, con un complejo, rebelde y a veces, "ïnvisible" sector de nuestra realidad?

A mí desde el principio me encantó el guión de la novela, los diálogos, como se defendieron una serie de valores que se han perdido. Creo que nuestra sociedad está llegando a un punto donde debe llamarse a capítulo. No sólo son importantes la pacotilla y el dinero, hay otras mil cosas que no existen si no hay espíritu.

La novela lleva el mensaje perfectamente bien, porque en Cuba sí hay mujeres a las que le gustan otras mujeres, sí hay hombres a los que le gustan le gustan otros hombres, sí hay muchachos que consumen droga, sí hay mujeres que están con extranjeros por dinero, sí hay delincuentes que quieren reivindicarse… hay de todo, como lo hay en todas las sociedades.

Hay novelas que no son el reflejo de ninguna sociedad, que son un invento; pero esta se empecinó, luchó, habló, dijo y actuó como se está actuando, como se está diciendo, como se está viviendo hoy. El mensaje se dio, el lo quiso ver, lo vio y el que no, como dice el profesor Calviño (1) : "no hay peor ciego... que el que no quier oír" .

Como espectador disfruté muchísimo la novela. Uno no puede separarse de lo que ha hecho por mucho que uno quiera. No es que sea paternalista, de hecho hay muchas cosas de las escenas que ahora cambiaría, pero entonces no serían ciertas... y si salió, creo que fue por algo.

―Después de la novela, vives en la cresta de la popularidad… ¿qué es lo más hermoso que te ha pasado?




Lo más hermoso… me ha pasado cuando llegué a Santiago, a la Vocacional Antonio Maceo. Creo que estaban casi todos los estudiantes, había llovido y estaban en un pasillo esperándome porque le habían dicho que iba a dar un conversatorio…

Cuando llegué… ¡la ovación de esos muchachos!… He tenido aplausos otras veces, he visto gente deseosa de verme, hay cosas preciosas que he recibido del público como "gracias por existir"… pero nada tan grande como ver la cara de esos muchachos. Nunca había visto tanta gente aplaudiendo con el corazón.

Llegar aquí a Santiago ha sido tremendo…. Yo creo que es obra del espíritu de Adolfo. Él dijo que iba estar cerca de todos nosotros para darnos felicidad y darnos ánimos. Él decía que Santiago era su país... y ahora comprendo por qué.

―La popularidad irrumpe con tanta fuerza que estremece la vida privada… ¿hasta dónde estas dispuesto a sacrificarla?




Yo decidí ser actor. Es verdad que se cae en la historia de sentirse molesto, porque uno quiere vivir su vida. A veces uno tiene deseos de comunicarse con una persona que no conoce, y no te le acercas porque eres una imagen pública y lo que puedan pensar. Yo si me acerco, yo si vivo la vida vivo la vida como quiero vivirla.

Creo que no tengo nada que temer ni nada que esconder. Y por eso me gusta que la gente se identifique con las cosas que yo hago, que la gente quiera lo que yo hago, me gusta lo que me está pasando. Llega un momento en que uno quiere encerrarse y no salir más, cada persona que se acerca a mi piensa que es la única que se me ha acercado, pero no me importa…. todo va fluyendo de una forma increíble.

―¿Tantos aplausos, acaso no van rozando la vanidad?

Hay una canción de Pablo Milanés que dice “la fama va envileciendo”… pero... va envileciendo a los viles. Yo soy el pueblo, no soy otra cosa, y seguiré siendo el pueblo, con mis diferencias, claro, porque todos somos diferentes.

En la diversidad es donde está nuestra igualdad. Somos diversos, pero en esencia somos lo mismo.

Ni la popularidad ni la fama me van a hacer cambiar mi forma de pensar. Siempre, siempre quedan esos momentos donde un niño llega y te da un beso, o una muchacha dice… que se muere por ti… donde una persona mayor que sabes que le queda poco tiempo de vida te dice que lo que hiciste es de las cosa más importantes que ha visto en la vida.

Y no hay nada, no hay nada de verdad comparable en el mundo a que las personas sean felices.

― ¿Y ahora?

Ahora preparo una obra con Carlos Díaz, Tango, de un autor polaco del año 1963, pero que parece escrita por un cubano hace tres días. Una familia que está en decadencia total, y de pronto, el más joven quiere implantar los valores; pero lo hace de una forma cruel, con abuso de poder… No sé si podrán verlo en Santiago, pero estoy haciendo todo lo posible porque se haga en el teatro Heredia.




(Adolfo Llauradó, el maestro)



―Si tuvieras que escoger un instante de tu vida, congelarlo al modo de una fotografía y ponerla frente a ti para siempre...¿cuál sería?...

Una clase de actuación con Adolfo

Hicimos un ejercicio que parece que para él fue bueno. Cuando terminó todos quedamos en silencio. Siempre nos quedábamos parados para que todo el mundo dijera lo que le pensaba del ejercicio. Nadie hablaba… Adolfo me miró y me dijo… "tú vas a ser un gran actor" . Esa fue la primera vez que escuché eso en mi vida... Fue un momento que quisiera que se repitiera siempre.

―Algo más que decir…

No creo que algo de mí sea importante como para que la gente lo sepa… ya me irán conociendo... ya sabrán quien es Denis Ramos.


NOTA:

(1) Manuel Calviño es un destacado profesor y sicólogo que conduce y escribe el programa de orientación Vale la pena (Canal Cubavisión, TV cubana)



ARTíCULO RELACIONADO

--Aquí sí estamos
http://laislaylaespina.blogspot.com/2010/09/la-experimentada-alina-rodriguez-y-la.html




DESATAR EL TIEMPO: Poemas de Yolanda Franco Sagué


Desatar el tiempo

La reja no deja atrapado el desvarío,
porque a saltos la razón se va de fiesta.
En un banco olvidado mi risa trepa
y aguarda postrera entre los dedos.
Gime el deseo lentamente
disfruta con el rocío
vistiéndole los miedos.
Es necesario desatar el tiempo
cuando libera al mundo sus quieros torpes
y la ciudad flamea como mi cuerpo.


Solo credo y razón

Se inventaba un par de remos
o un par de alas
desde que fue reto el horizonte
y mi sombra aún protegía su sombra.
No logré descifrar crucigramas
en el rostro que partía.
He aguardado en las horas del abismo
donde contaba historias,
responderlos acertijos de sus rumbos.
El tiempo no es aliado.
Un barco de papel carenó en otra playa
y desgarró sus velas.


En el límite del tiempo


Emigra mi efigie por el tiempo
sus misterios trepan de hito en hito,
sorprendidos.
Soy un duende que reta a otro duende,
no temo a las escaramuzas
ni al polvo de los acertijos,
estreno el equilibrio
entre sombras y gatos trasnochados.
Una libélula transita por el límite
del tiempo
cuando la sin razón eterniza
y el amor se entrega con la lluvia
golpeando la ventana ajena.


Arco tensado

Fragmentada por inusitados laberintos
cree todos los artificios
y me hace ánade saltando de abismo.
Provoco una contienda
y germino en pedestal de vidrio,
esparciendo graffitis como señales.
Y reinvento caminos
con el arco tensado.



Redacción infantil de Tele Rebelde (Santiago de Cuba) YOLANDA FRANCO, primera sentada, de izquierda a derecha. EL RESTO: De pie: Esperancita Hidalgo, Ervin Artigas, Aida Quintana, Omaida Bridón, Nancy Reina del Campo y Dargel Marrero. Sentadas: Yolanda, Maritza Pozo, Ana Gloria Buduén, Dania Domenech y Marlene Calzado.



Yolanda Franco, primera a la derecha en el homenaje a la poeta cubano-argentina Juanita Pochet Cala en la sede de la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba) en Santiago de Cuba. //Acompañada de Jesús García Clavijo, Reinaldo Cedeño, Nadia Ocaña, Juanita Pochet, José Orpí y Daysi Cué.

YOLANDA MIRTA FRANCO SAGUÉ ( Santiago de Cuba) Instructora de Arte. Poeta. Maestra primaria. Jefa de la Redacción Infantil Juvenil de Tele Rebelde/Tele Turquino durante dos décadas. Miembro del Taller Literario José María Heredia y del Ancón Literario de su ciudad natal. Creadora de la Peña Artístico Literaria Minerva. Su poesía integra la antología cubano-guatemalteca: Del quetzal al tocororo (2009) y ha aparecido en diversas publicaciones, entre ellas la revista AIR (Málaga, España)

martes, 2 de noviembre de 2010

Orlando Concepción: Quijote de tierra adentro



Reinaldo Cedeño Pineda

Nunca le dije cuanto admiraba su fe, su permanencia.

Quiero pensar que lo dejé entrever en nuestros encuentros casuales, literarios, aquí y allá. O acaso, no hizo falta.

Más de una vez me escribió al periódico Sierra Maestra, donde entonces trabajaba. A puño y letra, su rasgo enorme...

La última vez le vi frente a la emisora Radio Grito de Baire. Contramaestre, noviembre de 2008. Encuentro Orígenes. Orlando nos dio la bienvenida, antes de irnos al río y la montaña.

Y nos contó de la revista, del antiguo central América, de Feo y de Lezama.

Verle era quererle… si se miraba bien.

Quijote de tierra adentro.

Los que admiramos hasta los libros que no escribió, estamos desolados.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

--Orlando Concepción ha muerto

http://caracoldeagua-arnoldo.blogspot.com/2010/11/orlando-concepcion-ha-muerto.html

--Orlando Concepción: Un eterno Sísifo entre la literatura y el periodismo

http://caracoldeagua-arnoldo.blogspot.com/2010/11/orlando-concepcion-un-eterno-sisifo-en.html

---Contramaestre / Orígenes: Poesía en la montaña

http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/11/orgenes-poesa-en-la-montaa.html

Imagen tomado del blog Caracol de Agua de Arnoldo Fernández

lunes, 1 de noviembre de 2010

Dos crónicas de este blog, finalistas del Concurso Nacional de Crónica



La noticia me sorprende y, por supuesto, me alegra. Por partida doble.

Dos crónicas aparecidas en este blog La isla y la espina, bajo la firma de este servidor, Reinaldo Cedeño Pineda, resultaron finalistas del IV Encuentro Nacional de la Crónica Miguel Ángel de la Torre que se desarrollará entre el 11 y el 13 de noviembre próximo en la hermosa ciudad cubana de Cienfuegos.

Estas son “Almeida es un canto”, dedicada a la labor como músico de Juan Almeida Bosque y “Nadia la que escribe con la voz”, sobre la labor de Nadia Lozada como narradora oral.

La primera de ellas, fueron también las palabras de la gala homenaje dedicada Almeida a principios de este año en la sala de conciertos Dolores.

Para quienes la quieran volver a leer o para quienes no la han leído aquí está el Link y debajo la información.

La buena noticia la quiero compartir con los amigos, con los colegas, con los seguidores de este blog y con los recién llegados.


VER CRÓNICAS en http://laislaylaespina.blogspot.com/2010/02/nadia-la-que-escribe-con-la-voz.html



Elegidos los finalistas del IV concurso nacional de crónicas Miguel Ángel de la Torre/ Cienfuegos

Lunes, 01 de Noviembre de 2010 09:21

Un total de dieciocho son los trabajos finalistas que concursarán en la fase final del IV Concurso Nacional de Crónicas, como parte del quinto encuentro de cultivadores de ese género que convoca anualmente la delegación de Unión de Periodistas de Cuba (UPEC) en la provincia de Cienfuegos, al centro – sur de la Isla.

El jurado analizó 95 obras pertenecientes a 36 medios de prensa de 9 provincias, en todas las formas de la realización periodística: prensa escrita 23, radio 33, televisión 9, periodismo digital 15 y los estudiantes de periodismo de tres universidades con 15.

Tras una primera sesión de trabajo, el Jurado seleccionó en radio a: Abuela, de Danae Águila Gutiérrez, Radio Ciudad del Mar; Sostenido por la fe, de Lianet Santana Milián, Radio Ciudad del Mar; Naturaleza, de Danae Águila Gutiérrez, Radio Ciudad del Mar, y Nélida Portieles, carpintera y artista, de Arelys García, Radio Sancti Spíritus.

En la categoría correspondientes a los estudiantes de periodismo, las crónicas finalistas son: Alita de cucaracha, de Maydolis Gómez Samón, Universidad de la Habana; El Cobre, de la caridad, de Carla Gloria Colomé Santiago, Universidad de la Habana; Todos los caminos conducen al Vedado, de Carlos Manuel Álvarez, Universidad de la Habana, y Memorias de Cuba Socialista, de Jesús Adonis Martínez Peña, Universidad de la Habana.

En Prensa Escrita: Las huellas de Pedro Moreno en el Malecón habanero, de Adolfo Silva Silva, corresponsal de la AIN en Camagüey; Esos cordeles de nuestra transparencia, de Alina Perera Robbio, Juventud Rebelde; Tristán, fabricante de estrellas, de Yansulier García Álvarez, de Cienfuegos, y Esteban, de Jesús Arencibia Lorenzo, publicado en Alma Mater.

En periodismo digital: La Coubre: postales desde el abismo", de Antonio Enríquez González, de Cienfuegos, Nadia, la que escribe con la voz, de Reinaldo Cedeño Pineda, Radio Siboney de Santiago de Cuba; Almeida es un canto, también de Reinaldo Cedeño Pineda, y La fama de los famosos, de Ramón Barreras Ferrán, corresponsal del periódico Trabajadores en Cienfuegos.

En televisión: Graffitis a orillas del mar, de Ismary Barcia Leyva de Perlavisión, Cienfuegos, y La letra de la cordura, de Maydolis Garcés Remón, Golfovisión, Manzanillo, Granma.

El jurado estuvo compuesto por Luis Sexto Sánchez, premio nacional de periodismo José Martí 2009, como presidente; Demetrio Villaurrutia Zulueta, periodista y realizador de Radio Rebelde; Alina Rosell Chong, directora del semanario Cinco de Septiembre de Cienfuegos; Francisco González Navarro, periodista, corresponsal de Prensa Latina en Cienfuegos, y Omar George Carpi, realizador de televisión, telecentro Perlavisión de la provincia de Cienfuegos.


miércoles, 27 de octubre de 2010

Periodismo cultural es CRITERIO


(El pintor Lawrence Zúñiga entrevistado por Reinaldo Cedeño)

Conferencia impartida por Reinaldo Cedeño Pineda en la Universidad de Oriente /Estudiantes de Periodismo, 5. año / 26 de octubre de 2010.

“El periodismo es hacer el amor con las palabras”, respondí una vez a un colega, y casi veinte años después de haber comenzado mi trabajo, le respondería lo mismo. Y no es que el acto de amor, como el de escribir, sea siempre perfecto: unas veces se alcanza el orgasmo, otras la decepción, pero uno nunca deja de intentarlo, una y otra vez. Que se marque al que no ame para que la pena lo convierta, como dijo El Maestro.

Desventurado quien no sea capaz de agregar cada vez algún color, en el amor y en la escritura. Las palabras tienen colores y tiene olores, como la piel. Y no hay malas ni buenas, sólo aquellas que se necesitan en el justo momento. La diferencia entre una palabra exacta y una buena es la misma que entre una luciérnaga y un relámpago.

Ante un martillazo sobrevendrá una palabra muy distinta a la de un abrazo. ¡Cuidado!, una sola palabra, puede salvarte la vida.

Las palabras te buscan: sólo hay que tener el oído dispuesto para escuchar el “callado estruendo” del que hablara Lezama.

Respondería lo mismo a ese colega que me interrogó sobre la esencia del periodismo… pero ahora pienso más en término de periodista que de periodismo. Las singularidades son el único camino de las generalidades. Cada quien es su propio diamante y ha de tallarse a sí mismo, de ahí dependerá la luz… apropiándonos de la metáfora de Regino Boti.

Permítaseme aún la recurrencia a una figura deportiva: así como cada árbitro de béisbol tiene su propia zona de strike, cada periodista tiene “su periodismo”, es decir sus propias formulaciones para aprehender un hecho o un diálogo, codificarlo y transmitirlo a los públicos, sean estos mayoritarios o especializados.

Sabido es que unos conectan jonrón y otros… se ponchan

Por eso no vengo aquí a dar consejos los consejos son flechas tiradas al aire, vengo a hablar de experiencias.

Pocas veces he visto escrito lo que a estas alturas sostengo. El periodista no es un “cargo técnico” como se empeñan en considerar algunos calificadores, no es un componedor de palabras ni una rueda dentada de tal o cual institución.

El periodista es por antonomasia un artista. Su materia no es el escenario, el pentagrama, ni el gesto, sino las letras, las ideas y la opinión. Y aún con la disciplina de un obrero, el periodista nunca deja de ser un artista.

Nadie puede comer “fruta”, escribió el autor de Dialéctica de la naturaleza (Federico Engels). Lo que a primera vista pudiera parecer un desaguisado se convierte en una certeza cuando damos paso a la explicación… porque mirándolo bien, “la fruta” no existe. Lo que existe es la manzana, la uva, o la guayaba; “fruta” es apenas un concepto, un constructo elaborado a partir de un pensamiento y la síntesis de determinados atributos.

Un periodista ha de tener muy claro sus conceptos, aquellos que les sirve la academia y los que perfila en su práctica… para no probar cualquier “fruta”. Por el camino, los conceptos se refunden y refundan. Algunos se ratifican y otros se corrigen, amplían, modernizan o derogan; pero han de estar ahí, como escudos.

APUNTES Y DEFINICIONES

Periodismo cultural es un término que traza el puente entre dos conceptos. Tomemos por ejemplo el del periodista e investigador argentino Jorge Rivera:

“Periodismo cultural es una zona compleja y heterogénea de medios, géneros y productos que abordan con propósitos creativos, críticos, reproductivos o divulgatorios los terrenos de las "bellas artes", "las bellas letras", las corrientes del pensamiento, las ciencias sociales y humanas, la llamada cultura popular y muchos otros aspectos que tienen que ver con la producción, circulación y consumo de bienes simbólicos, sin importar su origen o destinación estamental". (1)

Resulta un concepto tan abarcador como un elástico e incluye términos como “bella artes” y “bellas letras” que darían para un largo debate…

Sería una perogrullada hablar aquí de conceptos de periodismo; pero creo menester un apunte sobre el término cultura tal cual se emplea en esta relación. Aunque suele admitirse modernamente que cultura “es todo” toda la herencia material y espiritual creada; al menos en nuestro país, el término cultural se refiere esencialmente a la creación artística: artes, espectáculos y afines.

Así pues, si hablamos en materia periodística, cultura más que “un sector”, es una palabra escogida para designar varios sectores, un universo multiforme, que al tener como objeto la producción espiritual trabaja constantemente con las subjetividades de la creación.

El periodismo como todo acto de creación él mismo, está cargado de subjetividades: desde el ojo que mira y capta un fragmento de la realidad hasta la estructura gramatical y sintáctica escogida; y por supuesto las mediaciones culturales, ideológicas, familiares… y de otras índoles. (La edición de una entrevista, por ejemplo, es un puro acto subjetivo donde se decantan unas frases y se ponderan otras)

Así, en esa compleja red de subjetividades trabaja el periodismo cultural, lo cual constituye en verdad un reto formidable.

Iván Tubau en su Teoría y práctica del periodismo cultural define que: “Periodismo cultural es la forma de conocer y difundir los productos culturales de una sociedad a través de los medios masivos de comunicación”. (2)

A nuestro entender, continúa siendo un concepto poco específico.

Entendemos por periodismo cultural, no la cobertura efímera de un evento o la breve declaración tomada al paso aún cuando se trate de un suceso artístico o de las palabras de una personalidad de ese ámbito.

El periodismo cultural alcanza su expresión definitiva cuando la aproximación a la figura o el hecho artístico parte del examen y como resultante es capaz de generar una obra sustentable en sí misma. No es aquello que se mueve alrededor del hecho, sino su exégesis. No es la letra sino la llama.

El periodismo cultural trabaja, no sobre datos elementales y el reflejo instantáneo, sino sobre la investigación, la resonancia y la reflexión del hecho.

Cuando se toman como ejemplos paradigmáticos del periodismo cultural cubano a José Martí, José Antonio Fernández de Castro, Guy Pérez Cisneros, José María Chacón y Calvo, Alejo Carpentier y Luis Suardíaz, por ejemplo; es fácil darse cuenta que el grueso de su obra (cuando no toda ella) se desarrollo en publicaciones impresas y revista especializadas.

Sin que pretenda ni pueda rebajar en modo alguno el valor de la palabra escrita, el sustrato del periodismo cultural no radica en el soporte ni su rasero en la extensión. Bien cabría imaginarse al autor de La Edad de Oro ante un micrófono dando su juicio sobre una exposición de pintura o la lectura de un libro ¿Había rebajado por ello la calidad de sus ideas?

El oralista Adolfo Colombres afirmó que la palabra escrita subió al carro de la palabra hablada mucho después. Todo signo de puntuación es una convención. Un signo de admiración o unos puntos suspensivos son acercamientos muy relativos a lo que se dijo en una conversación, a sus matices y modismos.

Toca al periodista interpretar cada uno de ellos, pues, no pocas veces se enfrentará al traslado de la oralidad a la escrituridad. Y deberá sostener el espíritu de esa conversación. O de la escrituridad a la oralidad, cuando deba poner en antena las ideas que ha vestido al papel.

No importa en que medio se trabaje. El periodista se enfrenta cotidianamente a ese rejuego, a ese trasbase de escrituridad-oralidad y viceversa.

El periodismo cultural se mueve en dos ámbitos esenciales: periódicos, noticieros televisivos y espacios radiales (a cargo mayormente de periodistas); y revistas culturales a las que se suman críticos, ensayistas e investigadores; sin que unos excluyan a los otros.

La revista cultural acaba nucleando entrega tras entrega la opinión de intelectuales y artistas que le dotan de una opinión coral y autorizada. Para algunos, ese revistero es el gran legitimador la crítica artística en Cuba, por sus posibilidades de extensión y por la gran tradición que se remonta al temprano siglo diecinueve… pero en los tiempos que corren, sería absurdo restar importancia a la visualidad y la electrónica.

No soy de los que creen en la etiquetas ni en los espacios vedados, lo importante no es dónde, sino cómo se labra el espacio para la opinión.

Si se procuran los elementos medulares y se afina el juicio, en cualquier espacio puede ejercerse una crítica artística, sino óptima, al menos responsable.

El “espacio cultural” en los medios siempre existe. Cuando en otras esferas la crítica es aún un largo déficit en el periodismo cubano, en el medio cultural resulta un reclamo.

Puede que algunos evaluadores o decisores, que algunos mecanismos conspiren contra un periodismo más interpretativo, pero que la opinión aparezca constreñida o sacrificada depende también del desaprovechamiento, la falta de autoridad y la servidumbre más al eventismo que a la profundidad.

Y lamentablemente responde igualmente a la falta de estrategias personales e institucionales para adquirir herramientas que permitan ejercer una crítica más especializada.

LOS MEDIOS, LOS MITOS y LAS ENTREVISTAS

Se afirma una y otra vez que un medio no eclipsa al otro sino que todos se complementan…. Tal vez eso sea más cierto que nunca en el mundo interconectado de hoy, donde los lenguajes se han integrado… Pero bien, no hay que negar las especificidades y posibilidades de cada medio.

Escojamos a la televisión, por ejemplo. La bondad de la imagen es innegable, pero la exigencia de la síntesis deja fuera, en no pocas ocasiones, elementos valorativos de importancia para acercarnos a la obra de arte. Aquella frase de que “una imagen vale más que mil palabras” suele ser un comodín tras el que se escudan la falta de iniciativa, el facilismo y el desconocimiento. Tal vez habría que retocar la frase: "una imagen evoca más de mil palabras".

Aquel que sucumbe ante el imperio de la visualidad, que entrega sus argumentos a la idea de que acaso basta con lo que entra por el ojo, suele mostrarnos un paisaje al que le falta el aire; enseña, pero no toca; roza, pero no estremece.

La radio es inmediata y ubicua, pero exige el manejo intenso y adecuado de sus recursos específicos para “hacer ver” una escena cinematográfica o un paso de ballet. La música, las intenciones, las declaraciones de apoyo, las inflexiones y los argumentos han de convertirse en un haz único.

Muchas veces la inmediatez se toma como pretexto y tras ellas se esconde la falta de elementos de apreciación estética para asumir un juicio crítico que trascienda lo meramente informativo.

El periódico se somete al quebradero de cabeza de su distribución espacial. A mi modo de ver, lo que impide la valoración de una pieza o un espectáculo, o una entrevista de profundidad, más que el espacio físico es la falta de jerarquización del hecho cultural, que transforma las páginas en verdaderas carteleras. Otra vez, por supuesto, estamos hablando de conceptos.

Los periódicos se transforman en material de archivo. Podrán consultarse a posteriori... mas arrastrarán consigo todas sus carencias.

Uno de los géneros más difíciles, hermosos y recurrentes; más explotados, maltratados, y hasta
a violados es la entrevista.


(Sonia Franco y Reinaldo Cedeño entrevistan al actor Sergio Corrieri)

Primero están las palabras que no pasan de ser breves declaraciones y que “se venden” como entrevistas. Luego el extravío de los conceptos: la entrevista es un intercambio de saberes, no uno que pregunta y uno que responde. A la entrevista no se va a enterarse de lo que hizo la persona, sino a compartirlo. Una entrevista nunca parte del desconocimiento total, sino que busca la precisión y la ampliación de esos aspectos. Un micrófono no es una pasarela.

Si en el ámbito de todo el periodismo estos son pilares a observar, en el periodismo cultural se convierte en un factor sine qua non.

El periodista se enfrenta a diario con creadores consagrados o noveles de diferentes manifestaciones y ha de rehuir de las preguntas decantadas que merecerían ya una larga jubilación.

Un entrevistador debe enrumbarse hacia interrogantes que exploren nuevos caminos, que expresen más que detalles descriptivos de un hecho, la esencia misma de su creación; más que las significaciones de un galardón, la habilidad o el esfuerzo que encarnan; más que la repetida biografía de una personalidad, su espíritu.


(Francis Castillo y Reinaldo Cedeño entrevistan al escritor Carlos Esquivel)

Una entrevista no es una meta a cumplir, ni los minutos a llenar para un reporte noticioso de un programa. Una entrevista es un toma y daca. No vale la pena aquella entrevista que no toque al entrevistado… hasta que se derrame.

UN RETO FORMIDABLE

No conozco fórmulas para transformar la descarga de una obra musical, un estilo, un trazo de pincel, o el movimiento del cuerpo en palabras… Tal vez ese proceso de la emoción al razonamiento es lo que el célebre coreógrafo ruso Mijaíl Fokin sintetizara con pocas palabras: “Un arte inflama al otro”

Así, un periodista “inflamado” al contacto con una exposición o la intensidad de un pasacalle, deberá auxiliarse no sólo de lo que vio o creyó ver, sino del estudio previo o posterior como sustrato inexcusable y del laboreo infinito de la palabra.

A ese factor dual pudiéramos llamarle voluntad de apreciación y voluntad de estilo. La primera dota de argumentos, juicios, referencias, elementos técnicos y herramientas de apreciación por todas las vías posibles (bien la lectura de textos especializados y generales, bien la entrevista o la misma experiencia como espectador).

La voluntad de estilo es una forja que singularizará la reseña, la entrevista o el artículo a partir del repertorio lingüístico e imaginativo escogido.

El terror a la metáfora o al juicio no caben en el periodismo cultural. Los tropos no son un recurso literario, sino un recurso de la lengua, tan lícitos como cualquier otro. La metáfora bien empleada lejos de ser un mero adorno o una zona oscura, agrega, redondea, eleva, ilumina.

La opinión en materia de periodismo cultural es piedra de toque. El periodista ha de asumir que cada opinión es un riesgo. Cada criterio emitido llevará asimismo a la emisión de otros criterios, que podrán ser congruentes o discrepantes. La polémica es un intercambio no un duelo a sablazos. No vale la pena cuando se esgrime contra la persona y no contra sus ideas.

El eterno dilema entre la opinión pública y la opinión publicada sólo halla cauce cuando la pluralidad de criterios es vista como un elemento natural, fértil e insustituible.

La opinión alcanzará altura si los juicios parten no de la epidermis ni del capricho, sino desde el conocimiento y la argumentación.

La opinión especializada, por su parte, exige trazar un discurso paralelo, analizar cada parte detenidamente, explorar los caminos del creador y sus antecedentes, sintetizar, y al fin, entregar una valoración propia sin el beneficio esclarecedor de la distancia, muchas veces con la obra recién salida del horno, por así decirlo.

Se trata de una deconstrución analítica y de una nueva construcción, del análisis y la síntesis, de lo que dijera Martí: “ni aprobación bondadosa ni ira insultante…examen y consejo”.

Alfredo Guevara en su libro Revolución es lucidez, ha escrito que: “El trabajo artístico supone una larga, paciente y compleja elaboración y un proceso de asimilación y sedimentación […] (3)

“[…] la crítica la encarnan hombres y mujeres a quienes reclamo lo mismo que a los realizadores, cultura rigurosa y profunda, verdadera información y autonomía de pensamiento […] (4)

“[…] por eso se hace necesario […] rechazar la sospecha como método y evitar las descripciones facilistas y caricaturescas, las excomuniones”. (5)

Un periodista emite su criterio; más no es juez ni inquisidor. No se trata de vencer sino de convencer.

CIERTAS CONSTANTES

Prometí no dar consejos y a eso me abrazo. Sólo para esta ocasión, me atrevo a remarcar algunos aspectos que me han sido útiles en el camino de la valoración, sin que eso constituya decálogo alguno.

Escribir es responsabilidad y la responsabilidad parte del conocimiento. Es una terna muy efectiva a la hora de ejercer cualquier criterio.

EL POR QUÉ. Pregunta clásica del periodismo. Una de las más útiles. Hay que preguntarse detenidamente, ¿Por qué me detengo en esta obra? ¿Por qué entrevisto a esta persona? De esa respuesta dependerán las estrategias subsiguientes.

El título del artículo no es un simple encabezamiento. Es la vitrina, la sustancia, la esencia y el latido del artículo. En el mundo de los titulares de prensa, suelen ser muy efectivos aquellos que inmediatamente evocan una imagen, que pueden verse.

En mis estudios sobre el tema he tomado algunos de la prensa iberoamericana y europea. Por ejemplo:

--Oh Pushkin, el pato Donald camina por Moscú (A propósito de la caída de la Unión Soviética y de la “invasión” de productos norteamericanos a ese territorio)

--El Día que a Dios le partieron las piernas (La descalificación de Diego Armando Maradona en el Mundial de Fútbol por consumo de droga)

---La mujer más triste del mundo (la crónica del paso de una enana y artista por la Cuba decimonónica)

---Mi romance con la última divina (entrevista a Alicia Alonso)

---París se derrite (la formulación de este título salva de la rutina un tema climático que se refriere a “altas temperaturas” en París, de algo más de treinta grados)

--Siete puñales en el corazón de América ( Fidel sobre la decisión de Colombia de abrir sus bases militares a Estados Unidos)

¿Por qué el título de un artículo o una entrevista ha de ser menos que el de una ópera o un filme? Resulta que nuestra ópera y nuestra cinta, es el artículo.

La apreciación de toda obra artística requiere EQUILIBRIO, en los juicios y en los términos, ni pedestres ni galácticos. Pasión es intensidad no desborde.

Un crítico, un periodista, aún cuando utilice un mínimo de códigos estéticos propios de la obra que trate, nunca puede enajenarse de los públicos ni mostrar un falsa erudición que lo incomunique.

Hay que desentrañar y atrapar las marcas esenciales de la obra, aquella sin las cuales no se podría ejercer la opinión.

El periodista cultural debe buscar que historia humana hay detrás de la obra.

Aquel que valora una pieza artística ha de procurar los rasgos estilísticos del autor y sus antecedentes; así como la corriente, la época y la cultura en que se inscriben el autor y su obra. Esa aproximación aportará elementos nada despreciables ala hora de emitir el criterio.

Ese sustrato permitirá alcanzar una densidad a la hora de valorar. (Sitúese, por ejemplo ante una pieza del cine del chino Zhang Yimou o una del cine de Francis Ford Coppola).

El detalle resulta siempre muy importante como rasgo de apoyo. No sólo singulariza la propuesta textual, sino que es fiel reflejo de la capacidad de observación y análisis, además de agregar al corpus valorativo un grado de sutileza que un lector atento no dejará de notar.

Los premios no han de ignorarse, pero no debemos obnubilarnos ante ellos. La opinión deslumbrada ante un galardón pierde la brújula.

Se puede valorar con una palabra, una línea, un párrafo o todo un ensayo. Todo depende del conocimiento, la intencionalidad y el interés.

El final ha de ser como un disparo. Su resonancia quedará, tanto si hablamos de un texto escrito como de un texto hablado. Una frase epifonemática y sintética redondeará el artículo, será "la golndrina en la cúpula de la Torre Effiel".

Sólo apuntes, repito.

EL PERIODISMO ES PARTE DEL HECHO CULTURAL

El acercamiento a una obra artística debe hacerse no desde criterios jurídicos, políticos ni económicos; sino, en primer lugar, desde criterios estéticos.

Una obra de arte puede tener más o menos contacto con la realidad (no está sustentada en el aire); pero es siempre una realidad recreada, nunca la realidad misma. Su “artisticidad” no se acrecienta o se diluye a medida que se acerque o se aleje de esa realidad reflejada, sino en los valores artísticos que encarne.

La “realidad a secas” no existe. La realidad es inabarcable y múltiple. Como un fotógrafo selecciona un encuadre y escoge una toma dentro de un paisaje, el escritor selecciona una parte de esa realidad. Así es más propio afirmar que el periodista y el artista, ambos trabajan sobre “realidades seleccionadas” o “realidades construidas”.

Parecerían obviedades estas apreciaciones, si aún no se leyeran o escucharan ejemplos como el del artículo “Aquí no estamos” sobre la última telenovela cubana en pantalla, aparecido en el periódico Granma del 21 de septiembre de 2010. // CLIC EN: http://laislaylaespina.blogspot.com/2010/09/la-experimentada-alina-rodriguez-y-la.html)

En su libro Como apreciar la música, el escritor norteamericano Aaron Copland, destaca tres niveles de apreciación: el gusto (el más primario, pero tantas veces decisivo), la expresividad (la exploración de aquellas ideas que pretende transmitir la obra) y el conocimiento técnico (el nivel más especializado y complejo). En esos caminos se desliza el periodismo cultural.

No es posible pedir a un periodista que sea especialista en todas y cada una de las manifestaciones artísticas... pero sí ha de exigírsele un conocimiento suficiente de los rasgos decisivos de la materia artística en cuestión y de las singularidades de la obra artística a tratar.

Sin esas condiciones el juicio expresado será endeble, anémico e infértil, y entonces de ninguna manera podrá hablarse de periodismo cultural, sino de su sombra.

EL HECHO CULTURAL NO ES la presentación de una obra, sino un PROCESO de CONSTRUCCIÓN CREATIVA al que se integran de manera natural, artistas, críticos y espectadores como un trinomio que se presupone una y otra vez.

El periodismo cultural se convierte no en un elemento sucedáneo o ajeno; sino en componente esencial de dicho proceso. Sin él, la obra artística queda en los elegidos que la vieron, se consume en sí misma.

El periodismo cultural es esa resonancia. Periodismo cultural es criterio.

NOTAS

(1) RIVERA, Jorge B.: El periodismo cultural. Paidós Estudios de Comunicación. Buenos Aires. 1995.

/2) TUBAU, Iván: Teoría y práctica del periodismo cultural. Editorial ATE Textos de Periodismo. Barcelona, España, 1982.

(3) Alfredo Guevara: Revolución es lucidez, Ediciones ICAIC, La Habana 1998, p. 173.

(4) Ibíd., p. 130.

(5) Ibíd., p. 168.

viernes, 22 de octubre de 2010

ESTAMPILLAS DE CORREO

Jesús García Clavijo

Cuando niño pasaba horas mirando las estampillas de correo de los sobres que un tío de mi mamá dejaba en la casa de otra tía, donde me crié toda mi infancia. Después coleccioné estampillas -uno siempre colecciona algo en su vida-, pero dejé de hacerlo al ingresar en los estudios secundarios que exigían tiempo y las estampillas pasaron a un cajón que se perdió, luego de acompañarme durante largos años.

Muchas cosas terminan perdidas sin darnos cuenta, a pesar del tiempo y su importancia.

Una mañana fui al correo a comprar estampillas para mi padre -que las usaba en su trabajo- y recordaba aquellas de mi infancia.

Hay recuerdos difíciles de saltar.

Allí -esa mañana- pensando en estampillas conocí a Maura, que estaba en las mismas gestiones y sola como yo.

Maura se convirtió en algo importante para mí, siempre alegre, complaciente y puntual, con su cara de virgen y su cuerpo menudo como su vida.

Las mañanas con Maura eran fiestas, terminábamos mirando por la ventana un árbol que intentaba ser de limón y nunca supimos finalmente de qué era, porque solo nos interesaba todo el amor que sentíamos, hablando de cosas importantes -como identificar los insectos que subían irremediablemente por el tronco de la planta- o el silencio de mirar el techo largo rato, siguiendo la luz y sus horarios.

A veces, saltaba de la cama, reía, actuaba como en un gran teatro, abría las sombrillas, los abanicos, pintaba mariposas en las paredes, palomas en el aire, dejaba besos en el espejo con las notas de “Amor eterno” y “Soy feliz”, que al final borraba para que nadie lo supiera y nos envidiara la vida.

Se ponía mis camisas –el azul le quedaba mejor con su piel morena y su pelo revuelto y oloroso a mar o yerbas sagradas- después entraba en calma, se sentaba en mis rodillas y me decía: Hablemos de nosotros como si fuéramos a ser lo que quisiéramos y no lo que podemos como siempre pasa. Me miraba entonces largamente, tratando de hacer cada momento, eterno.

Nuestro tiempo -todo el tiempo- vivió en ese cuarto, ninguno quiso otra cosa más que transcurrir en esas paredes donde decía mis textos -mirándola desnuda como si escuchara con la piel- y ella, con los ojos de quien descubre algo nuevo o tiene un sentimiento de ahora y después, o siente cosas como nunca antes.

Es difícil conocer los misterios de una mujer, cuando escucha más allá de los oídos.

Pasaron muchos años de amor -porque cuando nos volvimos a ver - pareció que era ayer que nos habíamos despedido, la última vez, arrancándole una rama al limonero de la ventana y un pedazo a la montaña que se podía sentir - cuando me sorprendía con una caricia indiscutiblemente de ella- y sus ojos y su voz eran únicos en la tierra.

Si uno se encuentra con el amor, el tiempo toma otras dimensiones.

Imaginé como sería la vida, si se abrieran todas las sombrillas de la tierra y el cielo se llenara de mariposas con su risa.

Ahora -cuando la tecnología nos aleja de las estampillas de correo- añoro aquellos años de mi infancia -donde el tío de mi madre dejaba los sobres- y yo las coleccionaba, o quizás me preparaba para coleccionar recuerdos.

Uno nunca sabe, y algunos se pegan en la vida y no se borran, ni van para un cajón olvidados por el tiempo.

Hay mujeres tremendas -que se quedan en nosotros- como estampillas de correos.

Septiembre 2010

La vida sigue igual


Jesús García Clavijo

irenec@medired.scu.sld.cu

El 23 de enero de 1911 quedó abierto definitivamente el puente del parque Almendares, por la avenida 23 del Vedado (según un artículo del periódico Juventud Rebelde, domingo 11 de abril del 2010, página 9). Antes de llegar a la punta del mismo, existió el BRAC (Buró de Represión Anticomunista), donde fueron torturados y asesinados muchos jóvenes revolucionarios antes de 1959.

Ahora, en ese lugar hay un parque y en el centro crece un flamboyán.

En un concurso 26 de julio, Manuel Cofiño López fue premio con un libro que se llama Tiempo de cambio, casi me lo supe de memoria como todos sus cuentos y novelas. Uno de los cuentos del libro se llama “Donde ahora crece un flamboyán” y fue por donde supe la historia de ese parque.

Conocí a Manuel Cofiño López, perseguía la presentación de sus libros y tenía curiosidad por saber quien escribía tan lindo. Gordito, no muy alto, medio calvo, joven, sonriente y buena gente. Cofiño era mi autor preferido de esos años de amores con Ramona.

Murió joven -no pudo defenderse de un artículo que apareció en una revista-, donde aseguraban que plagió un cuento. Es una lástima que no hayan reeditado sus obras, son pura poesía. Todo muy sencillo como deben ser las cosas imprescindibles.

En ese mismo parque -debajo del mismo flamboyán-, en el banco que da de espaldas a la calle 23, Ramona me dio el si -en esa época se usaba eso todavía-. Hoy se acortan las gestiones y los trámites sexuales.

Ramona trabajaba cerca del parque, pero vivía en un reparto muy lejos. Realmente vivía más lejos, era de Guantánamo -la provincia más oriental de Cuba-, pero ya estaba parando con una tía en la capital de todos los cubanos, de la cual no ha vuelto más.

En esos primeros años de Revolución, se hizo un plan de hacer escuelas para mujeres campesinas en La Habana y prepararlas en diferentes esferas de la vida. Toda la Quinta Avenida se llenó de campesinas muy jóvenes y lindas que usaban uniformes de acuerdo a lo que estudiaban y era hermoso recorrer sus calles en las tardes, cuando salían de clases.

Entonces los nombres eran normales: Marta, Carmen, Rosa… no como ahora tan difíciles, tanto que uno nunca llega a entenderlos ni a recordarlos: Yuniesqui, Yaumara, Yurisnelquis… en fin, eso no importa, pero sí sé que todos le decían Cebolla a Ramona y así también le decía yo. Nunca le pregunté por qué ese sobrenombre… pero Cebolla era una mujer muy hermosa y tenía medio batallón tras ella.

Lo que me costaba ir a verla al reparto donde vivía (pero Cebolla… era Cebolla y a esa edad uno no mira las distancias) no importaba, y yo era el hombre más feliz del mundo con mi Cebolla por La Rampa, paseando por malecón o metidos en un cine -luego, fuimos a otros lugares más adecuados para otros menesteres-… pero los inicios fueron así.

Por ella tenía un fuerte rival, Pedro -compañero de la carrera- de muchas posibilidades económicas por su familia pequeñoburguesa y además era de La Habana, aspectos que me ponían en franca desventaja -automóvil incluido-, donde el padre lo recogía religiosamente a la salida de la escuela.

Ramona se quedó conmigo y me creí el “duro” de la carrera y eso afianzó mi confianza en el amor y en los poemas que dedicaba junto a mis tertulias literarias que creía le gustaban a mi compañera. No duró mucho.

La historia de Cebolla vino porque me puse a oír música y salió Julio Iglesias con una canción que se llama La vida sigue igual -esa fue una película de aquellos años de Cebolla que rompió taquillas, luego la vi y no me pareció tan buena… la película-; pero en aquellos días cebollinos me venía bien el melodrama y las canciones de Julio Iglesias.

Entonces mientras reescucho La vida sigue igual, con Cebolla al lado, regresé a La Habana y a esos años lindos de la juventud.

Esos años, esas canciones y esos recuerdos, quise compartirlos con ustedes, porque quizás a alguno también le guste la canción y la recuerden.

Supe de Ramona por diferentes vías, pues manteníamos la misma especialidad laboral y eran frecuentes los encuentros hasta que perdimos el contacto y muchos años después volví a verla en su casa, por mediación de un amigo común…

Aclaramos cosas del pasado y recordamos esos tiempos de la escuela, del parque y los libros de Cofiño que dejaron gran influencia en mí -lo aclaro, no sea que me digan que plagié también uno de sus cuentos.

Quedamos de vernos en la noche después que ella saliera del trabajo. Me defraudo cuando encuentro a los amigos de entonces… además del último parte de los muertos, veo el tiempo que no siento pasar.

Uno regresa a una ciudad y se da cuenta que nunca se fue. Como muchas veces regresa a una mujer que no se ha ido todavía.

Cuando hablé por teléfono con ella fue distinto, su voz pareció juvenil como en aquellos días, alegre, cómplice y curiosa.

El tiempo, sus formas no serían las mismas –pensaba-, ni sus senos aquellos que dibujaba imaginando. Tampoco debo ser lo mismo.

Me confundieron sus conceptos mucho tiempo -la vida para ella tenía tonalidades distintas- y no me importaban mucho con tal de sentir la confianza y la paz que ella me daba y sentía. Los recuerdos son gigantes que nos superan muchas veces.

Su sonrisa de primer año o su cuerpo de tercero, o su despedida de graduados, su cuerpo… ¿Por qué uno siempre anda pensando en el cuerpo?

Realmente no ha cambiado tanto -la pensaba desgastada, pero es la misma-, los mismos ojos y los mismos senos punzantes de las clases de inglés.

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-Vivo sola, -me dijo- no te extrañes, a veces las mujeres lindas, como decías, somos las más desgraciadas. No tuve suerte y ya vez, trabajo y más trabajo, y ese reloj, para decirme que 24 horas pueden ser muchas, o ninguna. Llamaste con el mismo tono jodedor de la universidad.

-Te equivocas, allí era el más serio, recuerda que nunca tuve suerte con las novias…

-¿Y yo? Nunca supe qué fui para ti.

-No importa, vine a verte después de tantos años y no para reproches. Cuéntame de tu vida.

-Antes no te gustaban los "cuéntame tu vida", lo recuerdo bien.

-Mañana regreso a mi ciudad y La Habana se queda lo mismo que antes, casi vacía, casi fría, casi sola.

-Como yo. Conservo tus almanaques todavía. Miro tu letra y recuerdo la mano debajo de las mesas en la biblioteca. Pedro me jodió la vida, además de joderte a ti.

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Ramona me dejó una noche de sábado por Pedro, se casó con él y tuvieron una hija -se llama como ella- y vive con el padre fuera de la Isla. No le guardo rencor, fue su elección aunque no le fuera bien. Nadie predice el futuro.

Toda su vida se le complicó en un silencio enorme y un aislamiento del mundo, hasta esa noche que la volví a ver y se desahogó en confesiones que reanudaron una amistad que no debió terminar nunca.

El mundo es pequeño cuando el amor descubre.

Ramona -la más linda del aula, la más inteligente de la clase, la muchacha de los senos dibujables, la penosa de las colas- que escondía la cara cuando pedían el último; la de los tres años de espera y dos extraordinarios en inglés; estaba como antes, rodeada de misterios, con las ideas en los jueves de pase -sus piernas abiertas, con la miel rodando entre sus muslos- mordisqueándose el dorso de una mano y la otra rozando lentamente, mi mente y sus rodillas.

Menos mal que el 23 de enero de 1911 quedó abierto definitivamente el puente del parque Almendares, por la avenida 23 del Vedado, porque si no, ¿dónde me hubiera sentado con Ramona a guardar tantos recuerdos?

Mayo 2010