jueves, 25 de noviembre de 2010

Joseph Julián Bravo... artes plásticas en Cuba antes de TADEO CHIRINO


Antonio Desquirón Oliva

Sabemos que el primer pintor cubano de firmó una obra suya fue el santiaguero Tadeo Chirinos (1717-1791), con su Virgen de la Luz pintada cuatro años antes de su muerte.

El texto La Virgen de la Caridad del Cobre, símbolo de Cubanía, de la historiadora Dra. Olga Portuondo Zúñiga, muestra una imagen de la Virgen dibujada por el santiaguero J.J.B., Capellán Beneficiado del santuario de El Cobre, quien la realizó a mano alzada para su texto Aparición Prodigiosa de la Ýnclita Ymagen de la Caridad, de 1766 (Archivo General de Indias, S. VI, p. 32, p. 32).

Joseph Julián Bravo, que tal es el nombre del dibujante.... Era Capellán Beneficiado del Santuario. Poseía tierras en usufructo. Su familia era muy grande y poseía numerosos esclavos. En 1762, Bravo acababa de adquirir una posesión nombrada Quiebra Botija… Él era uno de los usufructuarios de las “tierras realengas” de las inmediaciones de Santiago del Prado [El Cobre] y empleó su historia para validar los deslindes [Portuondo Zúñiga, Dra. Olga, Ob Cit. Ed. Aualarga, Madrid, 2002, pp 36, 124, 125,].

Según el libro de la doctora Portuondo, el original de este libro se encuentra bajo la custodia del Sr. Arzobispo de Santiago de Cuba [p. 36]

Bravo pertenecía a una familia poderosa y era capellán, es decir, no vivía de su habilidad manual como Chirinos. Además, hablamos de un dibujo, no de una pintura: el axioma de Tadeo Chirinos como primer pintor cubano que firma una obra suya, permanece.

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---Serie sobre el poblado de Cuabitas

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---Del Cobre, la caridad

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UN mal dagnóstico


Jesús García Clavijo

Como casi todos, tuve dos abuelos. Don Manuel por mi padre - mi abuelo blanco - y Abelardo por mi madre - mi abuelo mulato – ambos, dos personajes del barrio donde los conocí y vivo.

Don Manuel era de Orense en España y realmente guardo pocos recuerdos del, tendría 9 años cuando murió - en una cama cuidado por mi madre - luego de un accidente con casi 90 años - después de asegurar que mi hermano era un santo y yo era un diablo - y mi abuelo Abelardo, según él de origen francés – debió ser de los de Haití - del que si guardo muchos recuerdos, murió, como todo un hombre bebedor, fiel al cáncer de páncreas que se lo llevó en tres días.

Virílmente - se despidió de mí - antes de entrar a morir en la misma cama donde mi madre lo había hecho poco tiempo antes.

Hay coincidencias terribles en la muerte.

Ambos abuelos estuvieron su entrada en mi memoria en los finales de la lucha revolucionaria de los finales de los años 50. Don Manuel con mi hermano menor cargado - en la puerta de la casa de mis padres - mientras a solo metros se desataba una lucha a tiros entre un camión del ejército y un auto de jóvenes revolucionarios, repitiendo que en España era peor.

Mi abuelo Abelardo caía – frecuentemente - por un barranco de más de 30 metros de altura, donde se ascendía por una escalera estrecha, incrustada en la misma montaña que daba a la casa de Emilia, de donde lo traían (a mi abuela o al hospital) indistintamente - de acuerdo a la gravedad de la caída - y que suponía, pasarme una madrugada en los hospitales cuidándolo, sin otras consecuencias para su salud.

Mi abuela (siempre en su lugar de esposa) decía que se había caído en la casa de Emilia y Emilia decía que ella respetaba a mi abuela y no podía estar en el hospital donde le correspondía a la esposa. Entonces, era yo el designado como su nieto mayor, para cumplir esos menesteres, donde intercambiábamos las historias más Garcíamarquianas de la tierra.

Una tarde dos jóvenes revolucionarios corrían por los pasillos del hospital infantil donde trabajaba mi madre (a metros de casa) perseguidos a tiros por los esbirros de la dictadura, mi madre me empujó debajo de una camilla de curas donde permanecí casi media hora y desde donde pude ver los pies de los jóvenes y las botas de sus perseguidores.

Por lo general esos últimos años de revolución, me tocó pasarlos debajo de camas y colchones, pues no había una noche de paz en esa época y allá van los muchachos para el piso hasta que dejen de sonar los disparos - para mí esa época fue de aprender a mirar hacia arriba siempre - y no hay día que lo olvide.

Los jóvenes de la tarde del hospital se lanzaron por una ventana muy alta que daba para la casa de Emilia, lo que me dio a pensar que Emilia era revolucionaria, sin que jamás lo confirmara. Cada vez que iba a ver a Emilia recordaba esa tarde.

Emilia fue una mujer muy importante en la vida de mis abuelos maternos, y así vivieron toda su vida - siendo indiferentes al mismo tiempo - conoció a mi abuelo muy joven, quien la trajo a Santiago de Cuba (desde el campo donde vivía) y así duraron toda la vida en un cuadrado amoroso - la escalera de 30 metros, la del barranco - hacía la otra arista de la figura.

Lo que sí supe siempre fue que mi abuelo estaba dispuesto a morir de una caída por las escaleras de tierra y Emilia a morir de amor por él.

Mis abuelos eran enfermeros. Antes existían varios tipos de enfermeros, ellos eran no graduados, mi madre también lo fue, pero graduada. De ese modo mi abuelo cuidaba enfermos, se llamaba “una especial”, o sea luego de su trabajo - lo mismo que mi abuela Ana María - por la noche, iban contratados a cuidar enfermos en los hospitales privados o en las casas de los mismos, casi siempre enfermos en estado terminal, lo que aun vivo el paciente, debían irse viendo otras posibilidades de empleo en caso de quedar “vacante” en la madrugada o el día posterior.

Por lo general los familiares le regalaban las pertenencias del difunto o la difunta a los enfermeros de la especial, de ese modo recuerdo a mi abuelo siempre muy bien vestido – con esas ropas - que hasta yo usé sin saber su procedencia.

Todo transcurría muy bien en sus vidas antes del triunfo revolucionario del 59 - las especiales - le daban ciertas posibilidades de mejorar el día, la semana o el mes, en dependencia del aguante del enfermo, tiempo que también, aseguraba una relación más o menos estrecha con la familia - que le proporcionaba cierta fama de buenos cuidadores a mis abuelos, más a mi abuelo - pues mi abuela Ana María, asumió mi crianza con mi tía Lola, para que mi mamá estudiara, se graduara y pudiera ser más útil a la familia, ella también agarró alguna especial, pero mejor pagada por su nivel profesional.

De ese modo y durante muchos años, se mantuvo la fama de buen cuidador de mi abuelo quien seguía en las especiales.

Un día - esto me lo cuenta él - le toca cuidar un enfermo muy rico que tenía toda la dentadura con una prótesis de oro, el enfermo debía morir pronto pues su estado era de mal pronóstico, sin embargo - como suele suceder - se alargó todo y mi abuelo - que además era mi amigo y mi maestro de la vida - le fue cogiendo cariño al enfermo y el enfermo a él, haciéndose buenos amigos y contándose sus intimidades de última voluntad, hasta que un día al enfermo le dio un paro cardiaco, mi abuelo le cerró los ojos, lo tapó con la sábana, avisó a los familiares y se retiró, como estaba establecido, al dejar el “cadáver” listo para los trámites legales del momento, no sin antes llevarse la dentadura de oro del “difunto”.

Horas después los familiares se presentaron en la casa de mi abuelo buscándolo y todos pensábamos que era para la entrega de las pertenencias del fallecido, pero mi abuelo no estaba y volvieron como a la media hora, a tanta insistencia mi abuela, luego de haberle dado el pésame en la primera visita, le preguntó los motivos de la imperiosa necesidad de ver a mi abuelo a lo que los familiares le respondieron:

- Mire señora, el paciente no puede comer nada desde que su esposo se fue con todos sus dientes.

De ese modo subí yo por primera vez las escaleras de la casa de Emilia, por donde mi abuelo ya había pasado lleno de regalos para la familia y con algunos traguitos de más.

Años después, al recordar eso en el cuerpo de urgencias del hospital - luego de haberse caído por las escaleras de Emilia - mi abuelo muy serio me juró, ante la inminente muerte suya al amanecer - según él - que los dientes se los había regalado el paciente como acto de última voluntad por los servicios prestados y la amistad que los unía.

No creo que me mintiera en sus últimos minutos, por lo que opino que los dientes regalados fue verdad.

Al amanecer, le dieron el alta, luego de habérsele pasado la borrachera, me dijo camino a casa, con su cara de pícaro y santo:

- Yo no uso dientes de oro, no podía dejarte nada de última voluntad anoche.

Mi abuelo era tremendo buena gente y siempre tenía una sonrisa en los labios, pero jamás me dijo como resolvió aquel problema de la comida del paciente resucitado y la fama que le quedó, luego de su mal diagnóstico.

Septiembre 2010

lunes, 22 de noviembre de 2010

NOVIEMBRE 18


Jesús García Clavijo

irenec@medired.scu.sld.cu

Hoy nací -18 de noviembre- y con esa justificación festejamos en casa tres acontecimientos importantes: mi cumple, la exposición de una novel artista de la plástica (Irenita García Cruz) y el reciente Premio Nacional de Crónica (digital) de Reinaldo Cedeño Pineda.

Cedeño no estaba por razones ajenas a su voluntad -esto no puede faltar- pero todos comimos igual y lo recordamos más, tanto, que una de las asistentes al salir abrazó a un transeúnte pensando que era Cedeño que llegaba, y el hombre asombrado por el abrazo, beso y felicidades, se fue agradecido por el gesto y pensando que algo le estaba haciendo daño a la gente en Santiago.

Conste que no se ofrecieron bebidas alcohólicas.

Irenita dio su autógrafo a los presentes en su exposición que todos halagaron y recordarán por mucho tiempo.

Eso me llevó a las fiestas de mi niñez -buena por cierto-, rodeada de cariños, gustos, viajes y fiestas -quien tenía dinero la pasaba bien por lo general- y mi padre tenía, facilitándole sus relaciones con altas esferas sociales de la isla y siendo todo un personaje en la provincia -aclaro lejos de la política- aspectos que solo trataba a solas con los más allegados que no éramos muchos.

Una de las familias más influyentes en todas las esferas de la región era la familia equis, y cubrían prácticamente todo el oriente cubano en sus diferentes ramas y hasta parte de La Habana. Vivían cerca de casa y eran muy amigos de mis padres, por lo tanto, allá van los muchachos a todas las fiestas de grandes, donde siempre, cuando íbamos a la casa de equis, estaba la niña Fe vestida bellamente en medio del salón, con un lazo del mismo color que su vestido en la cabeza y todos debíamos, (por educación según normas de mis padres) celebrar a la niña que no crecía en tantos años de fiestas, porque Fe era el punto débil de la familia equis, era enana y sus padres la llenaron de todos mimos y gustos durante sus vidas, sin prever los después.

El tiempo pasa y se fueron sus padres de este mundo, Fe se quedó sola, abandonada, tirada por las calles como una vagabunda, pidiendo limosnas y así murió toda la fortuna de esa familia de mi infancia.

De ella me acordaba hoy cuando todos halagaban a Irenita, sinceramente, nadie por compromiso, pero la mente es así y así llegó esa estampa de mi infancia, cuando a Fe se le prolongó el ayuno de sus padres.

El ayuno de los padres va dejando un gran vacío.

Cedeño llegó al otro día, los premiados son gente importante, y me hizo servirle (dos veces) el menú del día anterior, festejando entre comentarios y alegrías su bien merecido premio que todos sentimos como nuestro y festejamos por él.

Todavía va quedando la alegría del encuentro, donde además se estrenó un nuevo trago analcohólico con el nombre de “Noviembre 18”, (se ofrece la receta a solicitud personal).

También me acordé de mis padres que se conocieron en un hospital donde mi abuelo por parte de padre, estaba ingresado debido a un accidente de tránsito.

En ese mismo hospital nacería yo dos años después.

Mi mamá era enfermera, mi papá un enamorado eterno, y como todo enamorado, estaba herido de amor cuando conoció a mi mamá, que era una cura, para todas las enfermedades del alma.

Siempre hablo bien de mis padres por lo sinvergüenzas que fueron para la época, aspecto que agradezco eternamente. Hoy se les llamaría adelantados.

El embarazo de mi madre fue un semi escándalo que se tapó con la boda, cuando yo tenía dos meses en su barriga, por lo que aparezco en todos los controles como sietemesino.

Para colmo fui cesárea porque era muy grande y no salía, lo que trajo ciertos comentarios, que la familia se apuró en decir que fue por otros problemas.

Coincidentemente nací en noviembre, al parecer como saludo al encuentro de mis padres en el hospital.

Por todo esto soy un sietemesino que nací casi con dientes, corriendo y con ciertos guiños de las comadres de esos tiempos.

Soy un sietemesino agradecido.

Agradecido sobre todo por nacer de unos padres tan maravilloso, un día de noviembre que llovía y mi abuela me fue a recoger, con un solecito tenue que dejaba los motivos, hasta llegar a este día -donde nos reunimos tanta gente buena- para festejar el premio de Reinaldo, los dibujos de mi hija y el parto de mi madre.

Debiera hoy ser aquel noviembre, pensaba, -medio frío- para que mis padres me abracen todo el día.


domingo, 21 de noviembre de 2010

Aproximación a la identidad Cubana


Reinaldo Cedeño Pineda

Continuamos nuestra investigación sobre la cultura y el ser cubano...

Asumimos, de manera general, que identidad es la síntesis de los rasgos más comunes que se han convertido en patrimonio de la mayoría de una comunidad. La Identidad Cubana es el resumen de la historia, las luchas y los sueños de todos los cubanos a través del tiempo. En consecuencia, no es algo terminado, es un proceso en constante refundación.

Más allá de los conceptos, los cubanos portamos con honor la condición de ser familiares, solidarios, creativos, capaces de dar un beso o de extender la mano… y nos emocionamos al encontrarnos en algún lugar con un amigo, al ver las palmas reales, al comer un buen congrí con un pedazo de cerdo asado y yuca con mojo, al escuchar La guantanamera...

Ser cubanos es, en primer lugar, un querer serlo por encima de cualquier circunstancia.

Si es cubano, dondequiera que esté, podrá aportarnos sus experiencias sobre como ver y conservar lo cubano. Si ha visitado Cuba también tendrá sus vivencias.

¿Se anima a compartirlas? Déjanos tu comentario...

Artículo relacionado:

--Serie CULTURA e IDENTIDAD CUBANA (de 1492 hasta nuestros días)

http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/01/cultura-e-identidad-cubana-v-que.html

viernes, 19 de noviembre de 2010

CHAT



Reinaldo Cedeño Pineda



¿Qué hacer si un rostro de café y de madrugada se asoma a tu PC?

si no es juego / si sales trasquilado

si la gloria se anda escribiendo en la pantalla

si los juncos se enredan en tus pies.

Las calles de siempre resultarán estrechas (y más sucias)

mañana no leerás los titulares

Uno se aprieta / se inventa unos minutos

pero es la hora

Y si das clic…

el mundo se te apaga.

jueves, 18 de noviembre de 2010

El Cobre, de la caridad


Carla Gloria Colomé Santiago

carla.colome@fcom.uh.cu

Finalista del Concurso Nacional de Crónicas Miguel Ángel de la Torre, Cienfuegos 2010.

Aquel lugar de Santiago huele a paz. Y huele a otras tantas cosas…

En América no solo se buscó plata y oro en Potosí o en Minas Gerais. Y no todos los lugares donde se buscó plata y oro en América terminaron siendo sitio de rezos y liturgias. En Santiago de Cuba quienes buscaron trozos de suerte hace 470 años- quién sabe si a cambio de sus propios trozos- quizás no pensaron si quiera en la ayuda del cielo. Tal vez creyeron que el cielo era incapaz de hacer algo por ellos. Hoy, en el mismo lugar donde se buscó, se asoma un santuario. Ese lugar aún tiene olor a historia.

Ni oro, ni plata. No sé si suerte. Todo lo que se conoce es de un yacimiento de cobre. Cobre que ha dado a muchos trabajo, a tantos comida, a otros esperanza. Cobre que alquiló su nombre: primero a un lugar, luego a una virgen. Cobre de El Cobre. Y a pesar de los años y de tantos que van y huelen, todavía se siente el aroma a cobre.

Basta un buen olfato para reconocer a los que llegan, los que se van, los curiosos, los afuera, los de adentro. Desde que hace alrededor de cuatrocientos años coronaron la iglesia de aquellos mineros con la Virgen de la Caridad, de la Caridad del Cobre, se respira una especie de mezcla rara: una rara fusión de fe, con gotas de superstición, rastros de fanatismo y pizcas de hipocresía. Y tal parece que la virgen no lo siente. Ella allí, con esa calma que desespera, con los ojos dibujados hacia quién sabe dónde, y sus atuendos no de cobre, sino del oro que nunca encontraron. Es la misma virgen que escucha a los que le creen, a los que nunca le han creído, a quienes lloran, a los que ya no tienen qué llorar… La Patrona de Cuba, que lo mismo recibe flores, que ruegos, que blasfemias. Cómplice de las más disímiles miradas, de los más desaforados desenfrenos. Virgen de súplicas en inglés, en español, en francés, de súplicas mudas.

Y al Cobre fue un día. A conocer. Y del Cobre me llevé una piedra. Cinco pesos me costó. Y al llegar, un caballo y su dueño hicieron el favor de trasladarme hacia el santuario. Tres pesos me costó. Y frente al santuario me dijeron que lo mejor era tener una virgen en casa. Para quienes pagaban más había unas; para quienes tenían mucho que pedir y poco que dar, otras. Yo era uno de esos. Y después de la virgen, oraciones en trozos de papel para los que lo faltara iniciativa. En papelitos con rezos no gasté. Y más tarde tuve hambre, y aunque cualquiera puede pensar que en ese lugar de Santiago no hay consuelo para un estómago vacío, lo llené con casi veinte pesos. Del Cobre me fui con una copia de la virgen, con un pedazo de piedra, con la barriga llena y con los bolsillos repletos, de esperanza. Es entonces cuando se huele a confusión.

A confusión, a cobre, a rareza, a historia. A todo esto se huele en el santuario. A paz, cuando hoy es tan difícil de encontrar, y quién sabe a cuántas otras cosas.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

---EL LUGAR MÁS SAGRADO DE CUBA: El Santuario de la Virgen de la Caridad

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---CRÓNICAS DEL CONCURSO NACIONAL DE CRÓNICAS

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martes, 16 de noviembre de 2010

CRÓNICAS del Concurso Nacional de Crónicas Miguel Ángel de la Torre / 11-13 noviembre / Cienfuegos 2010.

(El Prado cienfueguero y la estatua de Benny Moré)

---Esteban… de Jesús Arencibia

http://laislaylaespina.blogspot.com/2010/11/esteban.html

--Perla de Crónicas: Crónica sobre el Concurso Nacional de Crónicas

http://laislaylaespina.blogspot.com/2010/11/perla-de-cronicas.html

--Crónicas íntimas… Reinaldo Cedeño Pineda

http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/10/crnicas-ntimas-la-seorita-alina.html

(Patio del Museo Cienfuegos)

--Almeida es un canto y Nadia, la que escribe con la voz

http://laislaylaespina.blogspot.com/2010/02/nadia-la-que-escribe-con-la-voz.html

---Memorias de Cuba Socialista... Jesús Adonis Martínez Peña.

http://laislaylaespina.blogspot.com/2010/11/memorias-de-cuba-socialista.html

--Alitas de cucaracha... Maydelín Gómez Samón

http://laislaylaespina.blogspot.com/2010/11/alitas-de-cucaracha.html

--Declaración Virtual... Carlos Manuel Álvarez

http://laislaylaespina.blogspot.com/2010/11/el-autor-fue-ganador-del-concurso.html

--El Cobre, de la caridad

http://laislaylaespina.blogspot.com/2010/11/el-cobre-de-la-caridad.html

(Una vista desde el Palacio Valle)