lunes, 1 de julio de 2013

Sábado del libro / POEMAS DEL LENTE en Santiago de Cuba


 

(El escritor Reinaldo Cedeño junto al crítico de cine, Adonis Vargas y la flautista Mercedes González Baldazarriz, quien regaló a los asistentes una interpretación del tema central de la cinta Casablanca)

Reinaldo Cedeño Pineda
escribanode@gmail.com

Reunir a los amigos, siempre me conmociona. Uno nunca sabe si habrá una próxima vez. Y no queda más que dar las gracias, muy fuerte, muy dentro.

Fue así este Sábado del Libro.

Librería Amado Ramón Sánchez, Enramadas, Santiago de Cuba. 29 de junio. Presentación del libro POEMAS DEL LENTE, Premio Hermanos Loynaz.


Habla Yunier Riquenes:

“Pero ¿qué ha hecho ahora Reinaldo Cedeño? ¿qué fe lo asiste o lo persigue? ¿en qué camino anda?. Ahora anda por nuevos caminos (…). Cedeño penetra en el cine para volver a contar, para volver a decir, para volver a emocionarse.

“(…) un libro para releer el cine, un lectura desde el cine hacia lo que somos, hacia nuestras prohiciones: pero aclaro, Cedeño dice desde lo que es, desde lo que escribe: PROHIBIDO PROHIBIR y sueña sin temor alguno. Un fotograma, una escena un paralelismo es este un libro que juega intencionadamente con el séptimo arte”.

Le escucho apretado contra el aire.

Mercedes González Baldazarriz, integrante de la Orquesta Sinfónica de Oriente, regala una exclusiva: el tema inmortal de la cinta Casablanca. Su flauta y su cariño.

Luego vendrá el recital: fragmentos de películas, fotogramas y poemas: Scarlett OHara, Sor Juana Inés de la Cruz, Inteligencia artificial, Plegarias por Bobby, La vida es silbar….

CUBA VALDÉS

Yo puedo olvidar tus olvidos    Cuba
tengo tatuado tu nombre en mi espalda   
no permito que nadie me lo toque
ni siquiera la muchacha caída del globo
                                                              la muchacha del más allá.
Yo no me canso Cuba Valdés    yo no me canso
pero traigo mis propios caminos
Julia tiene miedo
Mariana tiene miedo
Elpidio espera una señal.

No hay tiempo de contemplar los caracoles sobre los muros del malecón
ya no se  puede decir doble moral ni sexo
sin que alguien caiga en las calles de La Habana.
Mariana sujeta la seda de Giselle
                                            y echa a correr
Julia deja el último bostezo
                                            y echa a correr
Elpidio escucha la señal
                                           y echa a correr bajo la lluvia
el día cuatro    a las cuatro y cuarenta y cuatro de la tarde.
Y un  silbido se levanta en medio de la plaza.


Tras los versos dedicados a Brokeback Mountain, Esteban Aguilar, sangre de mi sangre y hoy por hoy uno de los grandes bailarines de danza contemporánea en Cuba, danza su coreografía El hombre del abanico.

Canto un fragmento del poema dedicado a La flor congelada.

A mi lado, Rainer maneja el proyector.

El poeta José Orpí desbordó la sorpresa regalándome dos décimas que titula ENDECASÍLABOS DEL LENTE. Lee el papel de su puño y letra.



Quisiera regalarte un viejo piano
O ¡mamá, la gardenia de Lucía!
Una flor congelada, algún tranvía
Que se pierde en las calles del verano
Belleza, irrealidad del tiempo humano
Que no permite al deseo delirante
Hallar la luz su piélago distante
Aunque rojas linternas lo iluminen
Considera el augur absurdo crimen
Esparcir las cenizas del diamante.

Aunque todo un papel nos muestre el hueso
Lo que el viento se lleva es pura escarcha
La noria de la imagen sigue en marcha
Y arrastra junto a si un fardo espeso
Vida y pasión que asoman en un beso
Y se confunden en un mismo afluente:
Drama y ficción, un tiempo diferente.
Por eso hoy reconozco en estos versos
La dichosa otredad de los diversos
Modos en que tu luz atrapa el lente.

Luego, los autógrafos: las frases más difíciles del mundo. Tengo delante a escritores, periodistas, críticos, profesores, gente de la peña, amigos..


(Entre colegas: Reinaldo Cedeño y Nereyda Barceló)

Este sábado también se agasaja a los escritores que cumplieron años en mayo y junio. Hoy es el del poeta e investigador León Estrada, el autor del Diccionario de Escritores Santiagueros..


No tengo manos para abrazarles, en especial al Centro de Promoción Literaria José Soler Puig y la librería Amado Ramón, que es decir Vivian, Markelis, Rainer, Milagros…  quienes me han apoyado en todo.

Por supuesto, el abrazo a Pedro Martínez Arcos (Radio Rebelde), Miguel Ángel Gaínza (periódico Sierra Maestra), Salvador Virgilí (CMKC), Mileydis Ochoa (Radio Mambí) y Zulima Nicolau ( Radio Siboney) por la promoción en sus programas.

29 de junio de 2013: Un sábado sin sol, pero con mucha luz.


Lamentablemente no pudo exhibirse el cartel diseñado para la ocasión por Demián Rabilero, dada la inoperancia de  la cadena TRIMAGEN en Santiago de Cuba que no cumple con el plazo pactado, aunque cobra por adelantado, eso sí..



El 28 de junio tuvimos el honor de presentar el propio libro y ofrecer un minirecital en en la jornada inaugural del  X Simposio Nacional  y II Internacional de Masculinidad y VIH en el teatro Heredia.



 El  venidero 4 de julio a las 5.00 p.m. estaré presentando POEMAS DEL LENTE en la ciudad de Holguín, en el Café Literario de Manuel Garcíae Verdecia, en la sede de la UNEAC. 

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CUERPOS de un deseo DIFERENTE






Jesús Dueñas Becerra

No tales los árboles que no
 sean iguales a los tuyos […]
Avicena

El poeta, crítico y ensayista Norge Espinosa es el autor del volumen Cuerpos de un deseo diferente. Notas sobre homoerotismo, espacio social y cultura en Cuba, publicado por Ediciones Matanzas, y presentado por el crítico y ensayista Víctor Fowler, en el contexto de la VI Jornada Cubana de Lucha contra la Homofobia.

Los defensores a ultranza de la vigente programación socio-cultural (el hombre tiene que ser macho, varón, masculino, mientras que  la mujer, femenina al ciento por ciento y dócil a los requerimientos fálicos), estoy seguro de que calificarán el discurso anti machista y anti homofóbico del talentoso intelectual villaclareño como de incisivo, corrosivo, desafiante y provocador.

Nada más lejos de la realidad ni de la verdadera intención del principal artífice de una de las más fructíferas incursiones en un tema que —por lo complejo de su tratamiento en el ámbito artístico-literario— había estado más o menos vedado para los creadores audiovisuales, escritores y profesionales de la prensa, quienes si se atrevían a filmar o escribir sobre ese polémico asunto corrían el riesgo de ser condenados a un limbo editorial o desaparecer —como por arte de la peor magia— del mundo mediático insular.

El discurso utilizado por Norge Espinosa en ese libro, que recoge un conjunto de artículos, crónicas y ensayos sobre homoerotismo, espacio social y cultura en la mayor isla de las Antillas, se sustenta en un soporte histórico y teórico-conceptual por excelencia, así como en un enfoque eminentemente ético-humanista. Quien lo dude, solo tiene que hojear las páginas de ese texto, devenido un acercamiento al movimiento teatral en la Isla, aproximaciones literarias y cinematográficas, análisis del pensamiento y la vida gay, así como eventos homofóbicos, que tienen como gancho literario la experiencia homoerótica de un adolescente de 17 años de edad, que puede ser cualquier chico o chica que vive, ama, crea y sueña en nuestro verde caimán.

En realidad, ese joven —cuyos conflictos emocionales generados no por su orientación sexual, sino por el rechazo de que es objeto en el seno de la sociedad machista y homofóbica en que desenvuelve sus actividades habituales— constituye el hilo conductor de esa audaz aventura poético-literaria.

Norge Espinosa, quien con su laureado poema “Vestido de novia” sale a la palestra pública, admite que él puede ser ese adolescente que sufrió en carne propia las mordidas perpetradas por un ambiente adverso u hostil a la orientación sexual diferente del otro o no yo.

Las documentadas reflexiones acerca de los acontecimientos relatados en Cuerpos de un deseo… acompañan a íconos de la música cubana y textos poéticos antológicos.
Con apoyo en el work in progress, el lector —convertido en cómplice del autor— podrá completar información, así como valorar —desde una óptica básicamente objetivo-subjetiva— poemas, ensayos y artículos que han dialogado a lo largo de más de dos décadas con el momento socio-histórico en que surgieron, para interrogar, cuestionar, el cuerpo social de la nación, a la vez que evaluar luces y sombras de una sociedad en tránsito, signada por las más disímiles complejidades.

El enfoque histórico de ese volumen está dado, en lo fundamental, por no sepultar en el olvido y traer al aquí y el ahora —no por resentimiento ni mucho menos por ajuste de cuentas, sino porque esa época oscura de nuestro devenir como nación no puede ni debe borrarse de un plumazo— las persecuciones, humillaciones y acorralamiento de que fueron víctimas las personas —incluidos intelectuales y artistas de sólido prestigio en el país— por tener una orientación sexual homoerótica que, en los primeros años de la alborada revolucionaria y hasta hace solo un lustro, era percibida como una desviación enfermiza o viciosa, no solo desde el punto de vista sexual, sino también como expresión de diversionismo ideológico. Hasta se llegó a proclamar que ser gay equivalía a estar en el bando opuesto a los que amamos y defendemos la Revolución hasta con nuestra propia sangre…, si fuera necesario.

Esa “cacería de brujas”, similar a las que llevara a cabo la Inquisición en plena Edad Media, condicionó las tristemente célebres depuraciones universitarias, a las que se alude en dicho volumen, donde —por otro lado— se destaca el loable trabajo desarrollado durante años por la M.Sc. Mariela Castro Espín, directora del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) y su entusiasta equipo de profesionales de la sexología, la psicología y la psiquiatría, cuya misión no es tratar a personas con comportamiento homoerótico, sino a pacientes con infecciones de transmisión sexual (incluido el hasta ahora letal VIH-SIDA) que hayan podido adquirir durante sus prácticas homo o bisexuales.

Al igual que Norge Espinosa, denuncio y condeno muchos de los tabúes y prejuicios que todavía persisten alrededor de los hombres y mujeres con conducta homo, bi o transgénero; actitudes inconsecuentes, hijas naturales del “marabú mental” que le impiden a quien las adopta aceptar al otro con orientación sexual diferente, amarlo como es, no como quisiera que fuera, ni siquiera como debiera ser, y por último, respetar su inviolable condición humana.
  
Antes de finalizar me agradaría precisar el hecho de que no solo el cuerpo debe ser objeto y sujeto de deseo erótico, sino que la libido (apetito sexual), dirigida a la persona homo, bi o heterosexual debe estar mediatizada por el amor (decisión libre y responsable adoptada por el soberano de la creación), así como por el culto a la dignidad humana del prójimo.

Fuente: www.cubaliteraria.cu  (Incitaciones)   

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miércoles, 26 de junio de 2013

EL VOLEIBOL CUBANO en la PICOTA



 

Reinaldo Cedeño Pineda

¨Hay que atender mejor a los voleibolistas. Cuando uno se siente olvidado se decepciona. No es posible que entrenes, compitas, obtengas resultados y no te reconozcan como corresponde. Por eso la gente se va. Ganamos el bronce en la pasada Liga y no volvimos a jugar hasta ahora. Por ese camino no nos recuperaremos¨.

Lea de nuevo.

Así se expresó Rolando Cepeda, uno de los pocos, poquísimos que queda de aquel equipo subcampeón del mundo en 2010, en declaraciones al periódico Trabajadores

 ¿Qué se puede agregar después de eso?

La baja del estelar Wilfredo León y compañía, es apenas el capítulo más reciente. La sangría es larga desde comienzos del siglo: Ángel Dennis, Ramón Gato, Ihosvany Hernández, Leonel Marshall, Yasser Romero, Maykel Sánchez, Osmany Juantorena, Raidel Poey, Osmany Camejo, Robertlandy Simón, Fernando Hernández…

También las chicas: Magaly Carvajal, Nancy Carrillo, Daimí Ramírez,  Rosir Calderón, Kenia Carcasés, Giselle de la Caridad Silva, Wilma Salas…

Yo NUNCA remataría contra mi patria como vi hacer a Taimaris Agüero por el equipo de voli femenino de Italia, PERO se impone un ANÁLISIS profundo, realista e impostergable por parte de la Federación Cubana de Voleibol y por la máxima dirección del INDER (Instituto Nacional de Deporte, Educación Física y Recreación) sobre la situación actual.

¿Tendremos que vivir la noria macabra y permanente de ver desarmarse al equipo e intentar rearmar otro con juveniles y suplentes cada vez que ocurra esta sangría, en vez de atajar las causas que motivan esas bajas? 

 ¿Quién le pone el cascabel al gato?

Fijémonos en el actual colectivo de voleibol que nos representa en la Liga Mundial. No ha podido ganar ningún juego. Son talentosos, pero inexpertos. Apurados en su desempeño, con una mayoría que apenas frisa los 20 años. 

Los deportes colectivos en Cuba (sin participar en ligas o clubes, con muy pocas oportunidades de topes) han entrado en una decadencia absoluta. Ya en los últimos Juegos Olímpicos, la Mayor de las Antillas no tuvo ninguna representación.

¨No es posible que entrenes, compitas, obtengas resultados y no te reconozcan como corresponde. Por eso la gente se va¨.


No lo digo yo.

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Víctor Mesa, entre la impunidad y el debate





Eric Caraballoso Díaz

A fuerza de ser díscolo, de provocar con sus excesos a tirios y troyanos, Víctor Mesa se ha convertido para Cuba en un mal necesario. Sus explosiones, tan estrepitosas como la del volcán Krakatoa, han sacudido los cimientos, no del beisbol cubano como algunos han querido ver –Víctor no pasa de ser un síntoma, nunca la raíz–­, sino del debate público en la mayor isla del Caribe. Y lo han hecho principalmente para bien.

No digo que vaya a cambiar mucho, ni siquiera que vaya a cambiar nada, pero solo por el hecho de desperezar esa adormecida entelequia que ha sido por años la opinión pública nacional, el fenómeno Víctor Mesa merece una lectura más feliz. La controversia, iniciada incluso antes de que fuera nombrado director del equipo Cuba de pelota para el Clásico Mundial, ha saltado el listón de lo estrechamente deportivo para instalarse en terrenos como la ética y la permisividad social, con salpicaduras incluidas al tantas e infructuosas veces cuestionado periodismo cubano. 

El clímax de esta historia con tintes novelescos, atizada por la rivalidad del también director del equipo Matanzas con el cátcher villaclareño Ariel Pestano, llegó ciertamente con los play off de la ya concluida 52 Serie Nacional, y hasta amenazó con hurtarle el protagonismo a la discusión del título deportivo en sí. Por momentos, los espectadores, camarógrafos y periodistas parecían más interesados en los gestos de Víctor Mesa en el terreno, o en sus palabras y desplantes en las conferencias de prensa, que en el desenlace mismo de los juegos. Y, en honor a la verdad, él se mostró casi siempre dispuesto a complacer sus morbosas apetencias.

Hacia Víctor se enfilaron entonces y se siguen enfilando todos los cañones. Únicamente los matanceros, agradecidos por hacer de su hasta hace dos años desmotivada y perdedora novena un equipo calificado y luchador, han roto lanzas a su lado. Ellos y algún que otro seguidor incondicional del otrora estelar center field con el 32 en la espalda, que –dicho sea todo– hay más de uno. No obstante, tengo la impresión de que aun estos se han mostrado más tímidos en los últimos tiempos, menos incondicionales.

Y no es para menos. Tantos han sido los desenfrenos de Víctor Mesa, tantas sus respuestas desafiantes y poses autocráticas, que deja muy poco margen a la defensa. Su tozudez y volatilidad, sus decisiones controvertidas, su encono hacia el más mínimo esbozo de crítica, han deteriorado tanto su imagen pública como el fatídico iceberg descalabró al Titanic. Solo que a diferencia del desafortunado capitán del transatlántico, el mentor matancero no encaró de repente al iceberg en medio de la bruma, sino que, sabiéndolo cada vez más cerca, no hizo nada por desviar su rumbo, e incluso en ocasiones pareció acelerar los motores justo en su dirección. 

No quiero, sin embargo, hacer más leña del árbol caído. El propio Víctor se ha encargado de echar suficiente tierra sobre sí mismo y sobre quienes, a pesar de los riesgos visibles desde el principio y luego confirmados con creces por su cuando menos polémica actitud, han seguido apañándolo, han seguido apostándole todas sus monedas, más por obstinación que por cordura o inteligencia. Prefiero, por el contrario, enfocarme en el aspecto más positivo que, al menos en mi opinión, ha suscitado toda esta historia.



Y es que al margen de sus presumibles cualidades como director de beisbol, como estratega removedor del estatismo imperante en la pelota cubana, como motivador de sus atletas y promotor –según sus propias palabras– de una mentalidad de triunfo, ha sido su capacidad como generador del debate público lo que ha terminado por encumbrar nacionalmente a Víctor Mesa. Porque aunque en Cuba siempre se ha discutido de pelota, y mucho, incluso hasta los extremos de la vehemencia, pocas veces estos debates han alcanzado las dimensiones de ahora. 

Tal vez los casos más cercanos en el tiempo sean las últimas finales entre Industriales y Santiago de Cuba, cuando, con el vergonzoso grito de ¡palestinos! como eco de una acendrada intolerancia, la pelota devino –una vez más– en terreno ­–no tan– simbólico para dirimir históricas diferencias regionales. Pero aun en aquellas ocasiones, aunque el debate trascendió el marco deportivo y sus adyacentes, y llegó incluso a espacios de producción intelectual –recuerdo un excelente artículo del ensayista Jorge Fornet en La Gaceta de Cuba–, las conclusiones no pasaron mayormente de una crítica colectiva a los exaltados, de aplicar el extintor al denigrante combustible del regionalismo.

Esta vez la situación resulta diferente. No se trata de antiguas divergencias revividas, de oposiciones con sedimentos simbólicos y culturales alimentados por más de un siglo. No. Al cuestionarse a Víctor Mesa, por sus posturas autocráticas y exabruptos, se discute del presente desde el presente. Con él no solo se cuestiona al hombre y al director de pelota que es, sino a todo el sistema que ahora mismo lo soporta. Puede que todo haya comenzado por la interpretación de un toque de bola o un robo de base, de un strike u otra jugada de apreciación, pero el irrespeto de Víctor a los demás –árbitros, periodistas, espectadores–, e incluso a lo establecido, y la impunidad con que manifiesta ese irrespeto, han terminado por llevar el debate más allá de sí mismo, más allá del beisbol. 

La piedra angular del debate no es, por tanto, su para muchos incoherente filosofía beisbolera, sus tácticas al parecer más asentadas en impulsos que en concienzudas reflexiones, o sus rigurosos métodos de dirección. Ni siquiera su derecho a la defensa de tales métodos, tácticas y filosofía, que sin dudas lo tiene. Lo cuestionable, lo cuestionado, el blanco de tantas y tantas flechas lanzadas hacia él en las últimas semanas, es la forma –fuera de toda forma– en que suele ejercitar ese derecho, y –peor aún– el silencio cómplice, indolente, permisivo, de quienes, por sus cargos y responsabilidades, deberían censurarlo.

¿Cuáles son los porqués de ese silencio? ¿Qué ponen en evidencia sobre el funcionamiento de las estructuras deportivas, su dirigencia, y, por extensión, sobre la institucionalidad de la sociedad cubana en su conjunto? ¿Cómo repercuten en la credibilidad y sostenibilidad de esas propias estructuras y los argumentos y disposiciones que las amparan? ¿En qué medida pueden ser cuestionadas dichas estructuras, pública y masivamente, es decir, puestas a debate más allá de espacios insuficientes y regulados –como las dos páginas destinadas a las cartas de la población en el periódico Granma de los viernes– sin que ello suponga otro silencio como respuesta? Estas son algunas de las muchas preguntas que no solo yo me he hecho al calor del fenómeno Víctor Mesa.  

No nos llamemos tampoco a engaños. El mentor de Matanzas no es el único indisciplinado consentido en este país, ni siquiera en la pelota; pero, al menos en esta última se ha convertido en el paradigma indiscutido, en el punto culminante. Quien explota muchas veces y a la vista de todos termina por convertirse, con toda lógica, en sinónimo de dinamita. Por eso acapara tantos, en mi opinión incluso –y a pesar de todo lo que he dicho hasta ahora– excesivos, argumentos en su contra, tantas críticas de aliento revanchista, por eso su nombre cebó carteles en los estadios y motivó la catarsis de no pocos fanáticos. 

Los medios de prensa también han desempeñado su papel en esta polémica, un papel a ratos contradictorio. Mientras unos lo auparon desde el inicio, y luego hicieron mutis ante sus erupciones e insolencias, o apelaron lo más a generalizaciones y a miradas salomónicas al estilo del Víctor bueno y el Víctor malo; otros lo satanizaron, lo hostigaron en demasía, dándole más relevancia de la que realmente merecía y convirtiéndose, al menos desde la perspectiva del propio enjuiciado, en sus antagonistas naturales en esta historia. 



Faltó, sin embargo, al menos como norma, el análisis más profundo, la observación menos epidérmica y contextual, que superara el accionar de Víctor Mesa y se adentrara en las causas e implicaciones de su comportamiento –y el de otros–, no solo para el deporte, sino para la sociedad cubana en general. Mucho más ricos, por participativos, fueron los foros propiciados por estos mismos medios de prensa en sus versiones digitales –en especial en Juventud Rebelde y Cubadebate–, espacios en los que los foristas opinaban a partir del artículo publicado y saltaban sin tapujos a las aristas más peliagudas del tema, defendiendo por encima de todo su propio criterio. Lástima que este prometedor debate haya ocurrido en un medio como Internet, tan poco accesible para la mayoría de los cubanos que viven ahora mismo en la isla.

Con el fin de la Serie Nacional, el eco de las discusiones sobre Víctor y la impunidad de sus excesos se ha ido apagando. Nuevos aspectos, unos estrictamente deportivos –como la conformación del próximo equipo Cuba– y otros de más amplio significado –como el visto bueno oficial a la contratación de peloteros cubanos en el exterior– ocupan ahora la atención de fanáticos y periodistas. El fenómeno Víctor Mesa no debería, sin embargo, quedar en el olvido. Su capacidad para alentar el debate, para mover los ánimos y avivar las ideas, demuestra la necesidad latente en la sociedad cubana de fomentar espacios de polémica y  concertación social, de cultivar con mayor conciencia y convicción la cultura del debate. En ello está mucho más en juego que el desenlace de un campeonato de pelota.