Mostrando entradas con la etiqueta Lorca. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Lorca. Mostrar todas las entradas

jueves, 29 de diciembre de 2011

LAS FRASES MÁS INTENSAS para recibir el 2012




Esta hermosa imagen cedida por mi amigo TONY IGLESIAS y estas frases son mi manera de recibir este 2012 junto a los amigos, a los de siempre, ae los que el destino me ha deparado en fechas recientes, a los inolvidables que están lejos, a los que vendrán. Pienso en tantos nombres.

La Isla y la Espina les deja un abrazo y estas palabras. Creo en ellas.

(…) la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas.

JACK KEROUAC


El día más bello: hoy.

La cosa más fácil: equivocarse.

El obstáculo más grande: El miedo.

El error mayor: abandonarse.

La raíz de todos los males: El egoísmo.

La distracción más bella: El trabajo

La peor derrota: El desaliento.

Los mejores profesores: Los niños.

La primera necesidad: comunicarse.

Lo que más hace feliz: Ser útil a los demás.

El misterio más grande: La muerte.

El peor defecto: El mal humor.

La persona más peligrosa: La mentirosa.

El sentimiento más ruin: El rencor.

El regalo más bello: El perdón.

Lo más imprescindible: El hogar.

La ruta más rápida: El camino más correcto.

La sensación más grata: La paz interior.

El resguardo más eficaz: La sonrisa.

El mejor remedio: El optimismo.

La mayor satisfacción: El deber cumplido.

La fuerza más potente del mundo: La fe.´

Las personas más necesarias: Los padres.

Lo más bello de todo: El amor.


MADRE TERESA DE CALCUTA


Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo.

ABRAHAM LINCOLN


Que mi amor me salve: Cuando me pregunten, que él responda por mí

DULCE MARÍA LOYNAZ


¡Qué esfuerzo!

¡Qué esfuerzo del caballo por ser perro!

¡Qué esfuerzo del perro por ser golondrina!

¡Qué esfuerzo de la golondrina por ser abeja!

¡Qué esfuerzo de la abeja por ser caballo!...

FEDERICO GARCÍA LORCA


lunes, 3 de noviembre de 2008

Una PELÍCULA sobre las relaciones entre LORCA y DALÍ



La película del cineasta inglés que habla sobre la relación que sostuvieron el escritor y el pintor, se presentó en el Festival de Valladolid.

Para el director británico Paul Morrison, Federico García Lorca y Salvador Dalí tuvieron una relación que abarcó los planos intelectuales, creativos y afectivos de sus respectivas vidas y esto es justamente lo que retrata en su película "Sin límites"( Little ashes).

Además del supuesto vínculo homosexual entre los dos creadores -y que Morrison no evade en el filme- el cineasta busca reflejar las mutuas influencias sobre sus respectivas obras, opinó Javier Beltrán, que interpreta a García Lorca en la cinta.

La película fue proyectada en la sección Punto de Encuentro dentro del programa del Festival de Valladolid. Beltrán también opinó que "Aunque la homosexualidad entre ambos es algo que está ahí y basta con abrir tres o cuatro libros para comprobarlo porque nunca se ha escondido, el director ha pretendido huir del morbo por el morbo con el consenso de todos los actores. Han sido dos personajes muy importantes como para que se les trate con banalidad”.

A decir del actor, “Sin límites” no es la historia de dos personas, sino un intento de conocer más profundamente la obra de dos creadores a través de su vida, sobre todo en la etapa en que conocieron hasta cuando el poeta fue fusilado en Granada. Dar a conocer lo lorquiano en la obra de Salvador Dalí y lo daliniano en la de Federico García Lorca es la propuesta de la película.

Los escenarios de la película estuvieron situados en el casco antiguo de Barcelona, donde se ambientó al Madrid de los veinte y en Cadaqués (Gerona), donde los artistas pasaron unas vacaciones juntos.

(POR VALENTINA. Tomado de http://www.universogay.com/, 2 de noviembre 2008)

jueves, 18 de septiembre de 2008

Exhumarán a LORCA


El poeta fue fusilado en 1936.

España se dispone a abrir la fosa donde según diversos testigos descansan los restos del poeta y dramaturgo Federico García Lorca.

Sus descendientes, que durante años se negaron a la exhumación del poeta, cedieron finalmente tras la intervención en el caso del popular juez Baltasar Garzón.

La decisión se enmarca en el caso abierto recientemente por la justicia española para identificar a los desaparecidos durante la Guerra Civil y el gobierno de facto de Francisco Franco, como señala Steve Kingston de la BBC.

Se cree que Lorca yace enterrado junto a otros tres militantes republicanos cerca de un olivo en un parque de Granada, al sur de España.

Exhumación

Los admiradores del autor de "Romancero Gitano" podrán confirmar finalmente si ese es el lugar donde fue enterrado 72 años después de su asesinato a manos de facciones nacionalistas.

Lorca fue fusilado en 1936 durante los primeros meses del conflicto y se cree que lo enterraron junto al maestro Dióscoro Galindo y el banderillero Francisco Galadí, cuyos familiares sí han hecho expreso su deseo de remover el lugar en busca de sus antepasados para enterrarlos debidamente.

Garzón ordenó a los gobiernos y parroquias locales abrir sus archivos en los que figuran las miles de personas desaparecidas durante la Guerra Civil española (1936-39).

Durante años se pensó que Lorca está enterrado junto a un olivo en un parque de Granada.

La medida tiene como objetivo identificar a los miles de desaparecidos durante la guerra y la dictadura franquista.

Una vez sea aprobada, se podrá proceder a desenterrar los restos del poeta.

Se estima que en el lugar yacen también cerca de mil represaliados por las facciones nacionalistas.

Laura García Lorca, sobrina del autor, dijo que la familia no impedirá la exhumación de sus restos pero expresó sus temores de que el hecho se convierta en un espectáculo.

La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica lleva años solicitando la identificación de los restos de Lorca, así como al resto de las víctimas de la guerra.

Así también lo reclama el académico irlandés Ian Gibson, quién identificó la supuesta ubicación del cuerpo de Lorca a través de sus investigaciones sobre la vida del dramaturgo y poeta.

(Redacción BBC Mundo)

lunes, 3 de diciembre de 2007

DONDE LOS CORAZONES SON MÁS ABIERTOS: Dulce María Loynaz en Santiago de Cuba



Reinaldo Cedeño Pineda

Al tacto, contenido el aliento para no salir de la pequeña página, en su sillón secular… los trazos de una mano anciana. En el corazón del Vedado capitalino, Dulce María Loynaz le escribe a un santiaguero:



A Reinaldo Cedeño que viene de la tierra donde las palmas son más altas y los corazones más abiertos.



Era el 19 de septiembre de 1994.

Aunque alguien lo ha dicho –y tal vez no le falte razón– que una dedicatoria resulta la frase más difícil del mundo, soy testigo de que a la Premio Cervantes pareció brotarle instantáneamente.

A un carácter como el suyo, ajeno a la lisonja vana, nada le obligaba a semejante declaración. Hubiera sido presuntuoso considerarla la cortesía hacia un desconocido.

De Martí bebió seguramente su frase lapidaria sobre las palmas más altas, pero… ¿dónde hallar la génesis de los “corazones más abiertos”?

Tendría que viajar casi mil kilómetros y media centuria atrás….

1942


Dulce María era entonces viajera detenida para nombrar las cosas, aunque también el mundo solía ir a su encuentro, o al de su familia, como lo harían Lorca y Juan Ramón Jiménez. Ya había visitado Estados Unidos; ya había escrito en Luxor, tras el asombro y las arenas su "Carta de Amor a Tut-Ank-Amen".

Incluso, Santiago de Cuba había tocado su puerta en la persona de Lourdes Bertrand y su exquisita reseña “Cartas a Marisabel”, publicada en el periódico de circulación oriental Diario de Cuba del 25 de mayo de 1938. Mucha congruencia habrá en tan temprana fecha con un ambiente y una energía que acompañaron a la poetisa hasta el final:



Supongamos por unos minutos que has estado conmigo en casa de la señora de Quesada, como es conocida socialmente Mercedes Loynaz, nombre verdadero, jurídico de la poetisa Dulce María Loynaz […]

Hemos llegado a la casa a través de una alameda de bambúes […] Se expande en los contornos un sustancioso olor a aroma vegetal […] En el umbral de un salón dorado y verde, la voz íntima de la poetisa.


_Bienvenidos en nombre de la Poesía.

Detesta la publicidad y conseguir de ella una composición inédita es como ganarle una pulgada al mar […] pero conmigo fue gentilísima en dedicarme algunos ejemplares autografiados y darme otra para el DIARIO…

Todo allí, jardín, animales y cosas parecen raramente influenciados por la sensación de recogimiento, sigilo, trasluz y de sutileza que emana de ella; pero bajo esa piel suya pálida como ninguna, seda de un matiz impar […] bajo esa piel de feminismo lánguido se advierte el claustro de las más íntimas pasiones.

[…] Y allí, bajo la lluvia de las enredaderas rabiosamente pálida junto a la verja, la dejamos con una cadena entra las manos.
[1]




Esas impresiones son tomadas desde la distancia, cuando Dulce apenas comenzaba, aunque vengan ya envueltas en un halo de inmaterialidad, de misterio.

En su isla, acariciaba las piedras de Trinidad, la que “está en el limbo […] con un miedo oscuro, inconfesable de que […] se desvanezca, de que se dispone sus casas en niebla y sus calles en humo”.[2] A Bayamo, le encontró razones en medio de un aguacero para llamarle “ciudad de sombras y de agua”.[3]

Desde ese último lugar, llegaron a Santiago de Cuba, Dulce María y su pequeña comitiva, para despertar del silencio en una ciudad sonora por excelencia.

Por supuesto, Carlos Manuel –en la lucidez de su esquizofrenia– iría la volante que era su cetro, y las distancias constituían una cuestión de honor, un reto a vencer, cuanto más rápido mejor.

“La máquina bajo su dominio parecía un ser vivo, un grande y dócil animal amaestrado […] Fue así como nos conocimos la Isla palmo a palmo, pues estas excursiones ni siquiera parecían fatigarle”.[4]

Estaban muy lejos entonces, aquellos años de amurallamiento y olvido, en los que sólo el cariño de Pinar del Río sabría devolverles la patria…

Ahora es apenas, 1942.

Su amiga Angélica Busquet, toda una belleza de la época, “la de voz perfecta para bordar versos”[5], será depositaria de sus confesiones en una carta. El sol le sale al camino. La primera vista parece esquiva: “[…] aquí estoy en Santiago de Cuba. Hace calor y polvo, el mar se esconde”.[6]

Repuesta de la canícula, habrá cubierto su cabeza meticulosamente, con devoción, cuando parte rumbo a El Cobre, hasta el santuario de la Virgen de la Caridad. Ante ella se hinca. Se estremece.

Un sobrecogimiento de tal magnitud no pasa inadvertido; pero no se nubla una sinceridad a toda costa como la que ella practicaba. Al contrario, la cubanía se le desborda, con la agudeza de los escogidos. Allí está la huella de sus múltiples viajes y de sus ojos cansados de otras arquitecturas.

No ha lugar la irreverencia. La poeta, la patriota y la devora, se unen en un solo haz:



Han hecho una iglesia maciza y fría en todo semejante a los santuarios que abundan en Europa. Yo la hubiera hecho de la misma piedra de la montaña, le hubiera arrancado al monte las lajas verdosas estriadas de plata y la iglesia hubiera brillado al sol. Como una joya. En vez de la decoración de pámpanos y espigas, hubiera puesto en el altar, piñas labradas en el mármol y frutas tropicales. [7]



El cementerio Santa Ifigenia aparece como otro sitio imprescindible en la estancia santiaguera de la Loynaz. Ante los restos del Apóstol, llega solemne, con el tributo de su silencio. La mirada queda en la bandera, luego va a la piedra.

No existía aún el actual mausoleo –inaugurado en 1951–, sino apenas “un recuadro de mampostería rematado por una cubierta inclinada […] un pequeño templete de filiación clásica, con pilastras adosadas en sus esquinas […] Su frente lucía un frontón decorado con una estrella de cinco puntas en alto relieve.”[8]

Además pudo ver el pequeño busto martiano, obra del artista italiano Ugo Luisi. Lo primero pertenecía al 1907, mientras la escultura fue colocada en 1913…

El tiempo había hecho lo suyo.

A este lugar se asoma Dulce María, para dejar el testimonio de su clarividencia:



Hoy fui a la tumba de Martí. Tenía su ramo de flores y su bandera. Tenía también cuatro rosales de rosas blancas que crecen bien y se cubren de flores. Realmente no hace falta más nada. Allí por lo menos.

Te digo esto porque he oído criticar con ira esta tumba por pobre y desteñida. Son indudables las dos cosas, pero no sé por qué, me parece que a él le hubiera gustado.

Ya sé que nos toca a nosotros honrar a Martí, pero hay tantas maneras de hacerlo… Sólo que tal vez la más fácil sea poner en el presupuesto un masacote de mármol.
[9]


Si algo hubiese que agregar, apúntese que, Dulce, cubana de ley, hija de un general de la independencia que ha conocido a Martí en la guerra y en la ternura, no podrá dejar de entrever el estado de relegación en que la obra del Maestro ha caído.

Era la época del Martí deificado e inasible, mientras su pensamiento era acuchillado. Sólo los intelectuales de vanguardia intentaban rescatarle, estoicamente.

Una flor en el pelo

A la historia y el misticismo, Dulce María une una satisfacción más íntima, menos insondable, y seguramente menos explícita. También escribirá a su amiga Angélica desde Santiago de Cuba:

“Creo que estaré aquí unos días más, no sé cuantos; quisiera que fueran muchos. Me vestiría de muselina blanca y me pondría una flor en el pelo, pero tal vez ya no tenga tiempo […] Que cosa tan terrible. El Tiempo siempre, ya ves, el Enemigo.”[10]

He desandado muchas páginas de la prensa santiaguera de 1942. Fue un año pródigo en informaciones sobre la Segunda Guerra Mundial y la visita del mejor pianista del mundo entonces, Arthur Rubinstein; pero ni un letra sobre la Loynaz.

Tampoco hay rastros en archivos que he visto por obra de milagro, y otras fuentes posibles, parecen haber desaparecido para siempre.

Extraño es. No era Dulce todavía la afamada escritora del Premio Cervantes, mas ya había publicado su primer poemario: Versos; aparecía junto a aquella casta de seres singularísimos que eran sus hermanos en La poesía cubana en 1936, antología de Juan Ramón Jiménez.

Por si fuera poco, era la hija de quien era, Enrique Loynaz del Castillo, el autor del Himno Invasor. Era una mujer ya casada, con su primo Enrique de Quesada Loynaz, de quien se elogiaba su broncínea belleza.

Fue su esposo, el San Miguel Arcángel de los versos de Dulce, pero también su Otelo. La escritora sentía sus impulsos coartados, sus alas estrechas “mientras ordenaba las vituallas en la despensa […] o repasaba los calcetines de mi esposo.”[11]

Aquel matrimonio se desatará en 1943, al año siguiente del recorrido por el oriente cubano.

Las pistas de aquella visita han de comprenderse en el pacto de los Loynaz con el silencio. En todo caso, los cronistas sociales, tan conspicuos entonces, se perdieron su agosto.

Tal vez a estas alturas, lo medular no esté en hallar las cuentas de la historia una a una; sino en encontrar el hilo resistente que las sostiene.

Lo más importante es su propio juicio, de puño y letra, dedicada a una amiga, en ese ambiente tan diferente del destino público, donde la conveniencia o el comedimiento suele sopesar cada línea.

Una interrogante queda en el aire, más de una:

¿Cuándo se transmutó el Santiago de calor y polvo, en el deseo expresado de quedarse por muchos días?

¿Qué fineza, qué sacudimiento se le apareció a Dulce María Loynaz que le hace despojarse de su naturaleza severa, ríspida… y mostrarse casi la borde de la euforia?

¿Cómo aquilatar aquella vehemencia de muselina y flor al pelo, cuando la autora ya frisaba los cuarenta años?

¿Sería apenas la metáfora emocionada hacia un lugar caro en el sentimiento; aunque lejano en la geografía?

Santiago de Cuba dejó en Dulce María Loynaz una huella sensible y no serían suficientes para borrarla, la media centuria de una visita, ni el estrecho círculo de los nonagenarios en que ya vivía.

El 19 de septiembre de 1994, en la austeridad de su hogar, aún le alcanzaban las manos para la ternura.

En el libro que le extendía un santiaguero, dejaba un mensaje de amor para este pedazo de la isla, para Santiago de Cuba: la tierra donde las palmas son más altas y los corazones más abiertos.

Notas


[1] Lourdes Bertrand: “Cartas a Marisabel” en Diario de Cuba, Santiago de Cuba, 25 de mayo de 1938, p.2
[2] Dulce María Loynaz: Cartas que no se extraviaron, Valladolid´-Pinar del Río, Fundación Jorge Guillén-Fundación Hermanos Loynaz, 1997, p.65. Trinidad, fue la tercera villa fundada en Cuba bajo el gobierno español, en 1514. La ciudad conserva, casi intactas, plazas antiguas, calles empedradas, casonas de alto puntal y enormes puertas, techumbre de tejas de barro…. con estilos arquitectónicos provenientes de la España colonial, sobre todo, Andalucía y Canarias. Se ubica en la provincia central cubana de Sancti Spiritus.
[3] Ibid., p.79.
[4] Dulce María Loynaz: Fe de vida. La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2000, p. 185.
[5] Ibid,.p.187.
[6] Dulce María Loynaz. Cartas que no se extraviaron, p. 78
[7] Ibid.
[8] Omar López y Aida Morales: Piedras imperecederas, Santiago de Cuba, Editorial Oriente, 1999, p.78.
[9] Dulce María Loynaz. Cartas que…, p.78.
[10] Ibid
[11] Dulce María Loynaz: Fe de vida, p.190.

domingo, 21 de octubre de 2007

Noche de cien ladridos y una lágrima


Federico García Lorca en Santiago de Cuba: Una historia tenazmente negada

Reinaldo Cedeño Pineda

Se habrán inundado de luz aquellos ojos de aceituna del poeta… mientras contemplaba el paisaje del Valle del Yumurí, en el occidente cubano...

¿Quién le advertiría que no era todo, que debía visitar el Oriente de la Isla? ¿Qué argumentos le harían desafiar tantos kilómetros, cuando era tan reverenciado en La Habana?

A su regreso al hotel, su genio inflamado fue capaz de visitar la ciudad… con la imago. Desgranó, tal vez, los versos más universales que se le hayan escrito: Son, aunque otros lo conocen como Son de negros en Cuba, o por su estribillo, Iré a Santiago.

El poema anda cargado de ardor y sobre todo, de símbolos. Su valor se acrecienta hasta la infinitud, no olvidemos que se trata de un extranjero que no conocía la ciudad.

La metáfora supo adelantarse a una aventura que algunos negaron fervientemente, pero que no podía dejar de hacer.

“El coche de agua negra” que tanta curiosidad ha despertado no es más que una locomotora activada por carbón: imagen clemente, capaz de ennoblecer el incómodo viaje…

Hablamos de 1930.

“La rubia cabeza de Fonseca” era una de esas figuras de las estampillas de las cajas de tabaco, elaboradas con tanto primor.

Una vez en tierra oriental cubana, pronunció la conferencia "Mecánica de la nueva poesía" en la Escuela Normal para Maestros e incluso, en reverencia suprema, fue explicando los versos de su "Iré a Santiago":

Cuando llegue la luna llena
iré a Santiago de Cuba
iré a Santiago

¡Oh cintura caliente y gota de madera!
Iré a Santiago
¡Arpa de troncos vivos, caimán, flor de tabaco!
Iré a Santiago.

Aunque no pudo asistir a dicha conferencia porque apenas era un muchacho, el intelectual Ricardo Repilado (1916-2003) manifestó, poco antes de su fallecimiento, otros detalles de la asistencia de Lorca a Santiago de Cuba.

La polémica despejada... y un testigo

Profesor universitario por largos años, su ensayística literaria y sus textos son de obligada referencia. Nacido el 14 de junio de 1916, a Ricardo Repilado la vida le deparó una oportunidad única, casi por casualidad.
Era vecino de los Henríquez Ureña, dominicanos de larga huella en la cultura cubana, y...

“Éramos muy amigos de los nietos y sobrinos-nietos del doctor Henríquez y Carvajal, y todos le llamábamos "Pa' Pancho". Una tarde estábamos visitando allí, cerca del patio, y en la terraza había una tertulia porque parecía haber una visita.

"Mi hermano y yo, y otro amigo, nos dirigimos a la casa para oír la conversación, sentados en los escalones. Camila nos hizo señas de que nos fuéramos, pero no le hicimos caso porque encontramos a aquel hombre muy simpático, hablaba muy animadamente; y cuando se reía, se reía de verdad”.

“Max había llevado a Federico con su padre para que éste le recetara algo para el estómago. Sin embargo, él no parecía sentirse muy mal, porque se reía mucho, contaba muchos cuentos, y a nosotros nos fascinó.

"Yo no sabía quién era; entonces, me acerqué un poquito a Camila y le pregunté: "¿Quién es este paciente?", y ella me dijo: "un poeta español", y yo insistí: "¿y cómo se llama?"

―Federico García Lorca ―me respondió.

“A mí el nombre, entonces, no me dijo mucho. Yo era un buen lector... pero era un muchacho. Poco tiempo después ya Lorca era el poeta del día, el poeta sensacional que todo el mundo estaba leyendo... Cuando se pusieron de pie, prudentemente, nosotros tres nos largamos de allí... no fuera a ser que nos regañaran”.

“Tengo que reconocer que nunca estuve tan cerca de un genio como aquel día, pero no lo supe, no me di cuenta, no sabía. Dicen que cojeaba un poquito, pero yo no lo ví caminar, no lo puedo asegurar.
"Sigo creyendo que es un genio, hoy es más grande que nunca para mí y para el mundo, porque su martirologio lo hizo eterno”.

Las nuevas fechas

Una de las causas de la negativa de algunos a admitir la visita de Lorca a Santiago fue la afirmación de que no existían reportes en la prensa. La investigación ha demostrado lo incompleto de aquel supuesto, pues con cierto espíritu chovinista, sólo se revisaron las publicaciones de La Habana.

Hasta ahora se tenía abril como la fecha, pero la paciencia del investigador santiaguero Ernesto Cardone va despejando el camino. En El Diario de Cuba, periódico santiaguero, encontró claras referencias a la conferencia, dictada en el Pabellón Barceló de la Escuela Normal los días primero y 2 de junio de 1930. En esta última fecha aparece en la página cinco con el título "La conferencia de García Lorca":

"Ayer llegó a esta ciudad el notable poeta andaluz Federico García Lorca, que esta noche ofrecerá una interesante conferencia bajo los auspicios de la Institución Hispano Cubana de Cultura a las 9 y 15 en la Escuela Normal..."

Por si fuera poco, en la sección "De la vida social", escrita por Cliserio Romero en otro diario local, La Independencia, en la edición correspondiente al miércoles 4 de junio de 1930 puede leerse:

"En la noche de ayer tuvo efecto en la Escuela Normal una interesante conferencia llevada a efecto por la entusiasta Institución Hispano Cubana de Cultura. El amplio centro docente se vio pletórico de concurrencia selecta y distinguida, y ocupó la tribuna el distinguido intelectual señor García Lorca, que pronunció brillante conferencia esmaltada por párrafos hermosísimos".

"Fue muy aplaudido el valioso conferencista".

Por supuesto, en la ciudad no sólo habló de poesía. Una fotografía lo tomó en el puerto de Boniato, mirador natural de la Sierra de Boniato, parte de la cordillera de la Sierra Maestra.
Algunos biógrafos aseguran que también supo de amores en la ciudad, de amores viriles. Sea o no, Santiago de Cuba supo acoger al poeta andaluz, como ella sabe, con hospitalidad y calidez, sin temor de mirar a los ojos.

Del verso al canto.. del canto al verso

Los años saltaron épocas, la historia se entrecruzó cuando el compositor Roberto Valera depositó en manos de Electo Silva (ambos Premio Nacional de Música) y de su coro Orfeón Santiago los versos lorquianos de "Iré a Santiago" en una nota antológica del 30 de marzo de 1970:

"Te envío este son, un "Iré a Santiago más", para añadir a los muchos que basándose en ese poema de Lorca deben haberse compuesto, con la esperanza de que te guste. Si "montas" este son, tómate con él las mismas libertades de si se tratara de música tuya: lo importante es que suene "sabroso", y eso, tratándose de música cubana para coro, nadie como tú para lograrlo".

El contenido del envío no durmió un instante.

En el Festival de Coros de ese propio año, en Santiago de Cuba, ocurriría el estreno. Desde entonces el poema supo volar y se ha convertido en un himno universal, un canto a Cuba desde el alma gitana.

Y como un juego de espejos, el canto inflamó de vuelta a la poesía:
LA NOCHE DE FEDERICO

Reinaldo Cedeño Pineda

¡Oh noche de melaza y aceituna!
Guadalquivir fuera del cauce
noche de tétano y sablazo
noche de búho con el pico azul
noche de espejos
noche de lepra y daga.
Noche para sacar la esquirla
erizos voladores
noche de fin del mundo
noche pétrea
impía

Noche de cien ladridos
y una lágrima.