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lunes, 15 de marzo de 2010

Mis colegas, los Premios Gloria Cuadras y la prensa digital


Premios Gloria Cuadras otorgados al mejor desempeño periodístico del año 2009 en Santiago de Cuba.

En la instantánea: Marlene Montoya (de la Agencia de Información Nacional, AIN, en la categoría de prensa escrita), Betty Beatón Ruiz (CMKC, en radio), Reinaldo Cedeño Pineda (Radio Siboney, en prensa digital) y Anolvis Cuscó Tarradell (Tele Turquino, en televisión). Falta, Francisco Velázquez (“Paco”) del periódico Sierra Maestra, galardonado en prensa gráfica. / Fotografía: Miguel Ángel Gaínza.

Reinaldo Cedeño Pineda
escribanode@gmail.com

Lo mejor que tiene un premio es cuando te llaman los amigos para compartir tu alegría.

Cuando un galardón lleva el nombre de una luchadora como Gloria Cuadras, cuando se recibe junto a otros colegas, sabe aún mejor.

A Marlene Montoya Maza la conocí en las aulas universitarias. Fue mi profesora de la asignatura Agencia de Noticias. Este febrero cumplió 28 años de trabajo.

La Agencia de Información Nacional mantiene en sus despachos, una exigente apuesta por la rapidez de la noticia, la claridad y la multiplicidad de las coberturas.

Marlene es una hormiguita.

Sus trabajos me los he encontrado en El Economista, en el semanario Opciones, en el portal CubaTravel, en la página Cubasi o en CMKC digital, en el periódico Granma, en Bohemia, en un servicio televisivo de noticias...

Incluso cuando las informaciones van sin su nombre, cuando reporta la AIN desde Santiago de Cuba, Marlene está allí.

“Paco” fue el diseñador de los diplomas del Premio Gloria Cuadras.

¿Cómo se habrá sentido cuando el jurado decidió otorgarle el galardón en prensa gráfica y recibió el diploma diseñado por él mismo?

Conserva su imaginación intacta, el espíritu joven. Siempre tiene una chanza a punto.

Por sus manos pasan los artículos y las entrevistas, las noticias y los reportajes —por las suyas y por la Osmay Dilou―. Su departamento de diseño es el gran embudo. Es el “constructor” de las páginas del Sierra Maestra.

Tal vez, Betty Beatón no se acuerde de un encuentro casual que yo no he olvidado. Fue hace algunos años en la calle Enramadas (en la cantada calle Enramadas). Llegábamos de nuestras primeras experiencias profesionales: ella de la emisora Radio 8SF del municipio Segundo Frente (toda una escuela); yo, del periódico Venceremos de Guantánamo.

Cumplido el servicio social, procurábamos acercarnos a nuestros respectivos hogares. Vivíamos ese interregno en que se busca un nuevo centro de trabajo. Entonces parecía difícil… y nos deseamos suerte.

Como colegas coincidimos en el periódico Sierra Maestra durante un lustro. Fui su lector.

Extraño aquellos comentarios suyos, particularmente sobre el sector del turismo, o sobre comercio y gastronomía. Cada palabra tenía su valor.

Curiosamente hemos seguido caminos similares: la radio (con sus urgencias y sus cercanías). Desde la emisora provincial CMKC Radio Revolución, ella sigue con la misma energía.

Anolvis Cuscó es el bisoño de los premiados. Desde su primera práctica como estudiante en el periódico, le asomó el talento.

Su presencia se va haciendo habitual en los espacios informativos de la televisión cubana, desde Santiago de Cuba.

Hay un toque original en sus reportes: ora en el enfoque, ora en las imágenes, ora en los comienzos.

Le han precedido otros con reconocimiento. Se trata pues el suyo, de un reto exigente (un reto profesional y humano), que ambos garantizan el camino del crecimiento.

Los Premios Gloria Cuadras fueron entregados en la sala de conciertos Dolores, espacio de una de las mejores acústicas del país.

La ceremonia precedió a un concierto de la Orquesta Sinfónica de Oriente (bajo la dirección de Daria Abreu) y a la excelente interpretación del tenor Leonardo Borges.

El jurado estuvo presidido por Joel Mourlot Mercaderes e integrado además por Isabel Rivera García, Israel Hernández Planas y Dania Sánchez Parra.

A la velada asistió el presidente de la Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP), el argentino Juan Carlos Camaño.


Otro galardón inesperado fue el abrazo de Francisco Rodríguez Cruz, Premio Juan Gualberto Gómez en prensa escrita. Periodista del semanario Trabajadores, lo conocí a través del blog (Paquito el de Cuba http://paquitoeldecuba.wordpress.com/) Le admiro por su verbo, por la asunción de todas sus verdades.

(Sólo dos líneas para el otro premiado, al que trato todos los días de conocer un poco más.

Nunca imaginé que el periodismo digital crease adictos. Palabra de bloguero. Me he sorprendido dedicando a la actualización, el tiempo que no tengo. La interactividad y el alcance, son mágicos).

El 14 de marzo es el Día de la Prensa Cubana. En 1892 apareció el periódico Patria dirigido por José Martí.

Este de 2010 comenzó como un día hermoso (y digo comenzó, porque el final fue marcado por el fallecimiento, víctima de un paro cardíaco, del periodista guatemalteco Carlos Enrique Wer García, invitado a las actividades de la jornada).

En la mañana, un colectivo seleccionado de Radio Siboney (la directora de la casa radial, María Mercedes Besse; la locutora Kenia María González; la directora de programas, Zulima Nicolau Lahera y un servidor) junto a otros artistas de Radio Mambí, habíamos asistido al reconocimiento del municipio y a un agasajo cerca de las montañas.

La naturaleza repara.

Como siempre, con su verbo encendido, El Maestro definió al que ama esta profesión: “No hay monarca como un periodista honrado”.

Ojalá alguna vez rocemos esa altura.

ARTÍCULOS RELACIONADOS:

Ser periodista http://laislaylaespina.blogspot.com/2007/10/ser-periodista.html

Ahhh!! El Título http://www.latecla.cu/bd/estilo/eltitulo_reinaldo.htm

Escribir es hacer el amor con las palabras

sábado, 13 de octubre de 2007

El secuestro de GARCÍA MÁRQUEZ


Reinaldo Cedeño Pineda

Repté por entre las piernas de un centenar de personas, empujé con desesperación, hasta que pude alzarme en el estrecho cerco que mis colegas, y los admiradores insospechados, salidos de todas partes, le habían tendido a Gabriel García Márquez.

El Festival del Caribe había concluido su gala inaugural.

Me había dedicado -el oficio manda- a buscar cuanta entrevista hubiese, a hurgar en su etapa periodística, a reinventarme la simbología de varias de sus obras. Recordé la ferviente exposición de una de esas profesoras inolvidables, cuando hablaba del señor de Aracataca… y volví sobre las hojas de Cien años…, El general…, El amor en los tiempos del cólera.

En mi agenda se agolpaban las preguntas sobre cine latinoamericano, el lenguaje y sus “escandalosas” propuestas… y ahora el Nobel estaba frente a mí…

Era el redactor de la sección cultural del periódico Sierra Maestra de Santiago de Cuba, entonces. Había decidido que la entrevista con el Gabo, tomaría toda la página, si era preciso…. No faltaba más.

El Teatro Heredia ardía este 3 de julio de 1996.

El escritor aplaudía la gala inaugural que había incluido al coro Orfeón Santiago con temas de la isla de Mompos. En otras jornadas sabríamos de la autenticidad de una hija de esta ínsula: Toto La Momposina… pero ahora García Márquez por contestar:

-Me siento en Santiago de forma estupenda, con música y palabras familiares. Tenía ya unos días sin venir a Santiago, unos días como unos nueve años…

Clandestino en Santiago

Ser periodista es un asombro. Ya les dije, alcé la pequeña grabadora como pude, pero la competencia de aquel enjambre de buscadores de autógrafos en libros, papeles… y servilletas, hacía de la pregunta un imposible. Apenas se escuchaba.

Di el estirón de mi vida para poder recoger su testimonio, toqué su hombro, casi lo derribo...

Gabriel García Márquez pudiera pasar inadvertido como cualquier mortal, si no fuera quien es. El retrato no salía de lo común: labios carnosos, lentes acomodados sobre un rostro con no sé que de ausencia, la veta de los años quizá. Y un cierto aire, mitad reflexivo, mitad asustadizo.

Todo el mundo preguntaba a la vez, mientras el Premio Nobel giraba la cabeza, desconcertado. Afloraba una risa sosa, displicente… insulsa si se me apura; arma tal vez contra aquel “ataque” que le recibirá por doquiera que vaya.

Luego de lamentables interrogantes, contestadas a medias, por pura cortesía… sobrevino la pregunta sobre Colombia, que al fin y al cabo era el país al que se dedicaba la cita:

-Colombia es Colombia. Nos preciamos de tener playas y mares, tierras en los dos Océanos; pero yo personalmente estoy en el Caribe, y quiero creer que Colombia está en el Caribe, aunque todos los colombianos no lo sientan igual.

La caótica conferencia de prensa parecía tomar el cauce indicado, cuando saltó la pregunta de qué significaba Cuba para el continente, y sobrevino la respuesta medular:

-Cuba... ahora, en estos momentos: la barrera que ha impedido que los Estados Unidos estén en la Patagonia

La empatía se iba haciendo, la línea caribeña iba entremezclándose y aquello empezaba a tornase la conversación con un viejo amigo. Repasé otras preguntas en mi mente, pero…

En un abrir y cerrar de ojos, alguien abrió una brecha en el gentío, tomó de brazos al escritor, lo empujó –lo juro-, abrió rápidamente la puerta de cristal. Lo introdujo en un coche negro que salió despedido… ¿hacia dónde? Alguien masculló que no quería entrevistas, que después… ¿Después de qué?...

García Márquez había sido secuestrado en nuestras narices.

De nada valieron el estupor y las protestas, cuando el auto maldito y aquel improvisado “guardaespalda”, de cuyo nombre no quiero acordarme, partieron.

Quiero pensar que fue exceso de celos al cuidarlo… pero he maldecido mil veces al señor salido de Macondo. Aquella escena se me quedó clavada cual una foto fija, imposible de retocar, absurda. Mi página completa, se volvió apenas… una crónica de nueve párrafos, mientras los reportes radiales no sobrepasaron el minuto.

Dicen que en la noche, la noche siempre, se paseó de “incógnito” por el centro de la ciudad, que visitó la Casa de la Trova -¿cómo no hacerlo?-… y que nadie pudo arrancarle una entrevista en regla.

Dicen tantas cosas.

Sin embargo, un colega -cuando la nave del rapto lo hubo devuelto- hiló frases dichas por el Nobel al pasar por las calles santiagueras. Dios me perdone, siempre he creído que acabó aplicando la receta a su mismísimo creador, aquel consejo garcíamarquiano de que el secreto del periodismo está… en fabular. Y publicó un reporte… sui géneris.

Santiago de Cuba es la ciudad de las sorpresas y las visitas relámpago, como las de Federico García Lorca en 1930 -tenazmente negada-, o la del ex Beatle, Paul McCartney, en los inicios de este milenio.

Espero que la ciudad le haya asomado a García Márquez, no sus lances macondianos, sino sus luces... ¿será?

Fermina Daza y Florentino Ariza, tejiendo un amor octogenario; el patriarca deshojando su otoño, la Mamá Grande, el laberinto, Aracataca y las tristes putas… todos son parte de nuestra memoria. Y eso, no hay secuestro, no hay abdución que me lo quite.