jueves, 5 de febrero de 2009

AMARGAS LÁGRIMAS DESDE OTRO CUARTO (II) Carne trémula en este cuarto, ¿y en el otro?


Yasser Alberto Cortiña Martínez
jazzlibrafgl@yahoo.es

Junto a mí un señor se seca las lágrimas y dice que la vida es una mierda y que todos deberíamos morir el mismo día en que nacemos. Se queja porque con 43 años todavía no tiene un techo propio y la casa de su suegra se ha tornado un infierno con el nuevo hijo que vino del interior. “Mijo, estamos tan solos en el mundo”. Dio una palmada a mi hombro y se fue del parque.

Aquello estuvo por muchos días ahí, late que late en mis sienes. ¿Realmente la soledad se ha convertido en la puerta, en el ahora, en el por qué? Y confundido me dediqué a lo mío: ver primero los espectáculos y luego tratar de reseñarlos para que la maestra asuma mi interés por la asignatura y por fin tener nuevas críticas para la carpeta.

Uno de esos sábados de diciembre, llegué hasta la Plaza Vieja a ver un espectáculo que se presentaba en el Instituto Cubano del Libro, en el Palacio del Segundo Cabo. El otro cuarto, del polaco Zbigniew Herbert en una versión de Carlos Díaz.

El otro cuarto, que nombrecito aquel.

Imaginé cualquier cantidad de historias aparejadas a este título y casi todas se conectaban con la sexualidad, o con nacimientos, o con fallecimientos, o con gritos de un alma desesperada que busca la salida de sus inestabilidades. Tal vez porque todas mis consideraciones se conectaban con la historia de Herbert, no me asombró tanto lo que vi en escena.

Una historia que se teje desde esa vida que rodea al que nace o muere a nuestro lado. Una calle donde dos quieren cada tramo. Otros egoístas como Petra, como tú y como yo, que desean por encima de cualquier obstáculo. Algo así como: “Yo primero, y el que venga atrás que se joda”.

De ahí que estos caracteres se recreen en un espacio en desorden, que incita a la mueca, al asco, a la lástima. Un cuarto sin rumbo fijo pero con angustias recurrentes. Un sitio que cierra la esperanza a dos seres sin destino.

Crece la nada alrededor de ellos. Nace una urdimbre apócrifa o diacrónica, azul o amarilla, difícil o tranquila. Ella y Él. Dos que buscan una brecha en lo mismo para escapar o para lograr ser de una vez y por todas. Dos enajenados, dos cabezas huecas, dos que no saben amar o que aman de manera distinta, dos viejos pánicos de una existencia donde realidad y fantasía se pierden, dos polvos, dos rayas, dos amigos, dos agonizantes en la carretera, dos perdidos en una noche sucia.

Inquietantes seres que se ríen de ti y de mí en los juegos creados para dilatar las presiones que le privan hasta de las ganas sexuales, y que desean la fatalidad de la de al lado para ser felices. Él y Ella que se mueven entre líneas crueles, grotescas y farsescas. Se suben al vuelo de tu vida desde las canciones o el papelito para que escribas lo que más deseas.

En ellos de nuevo la soledad. Otra vez las lágrimas, que no salen afuera, pero laceran el alma. Se llora porque no se tiene y se tiene lo que no se quiere. “Uno quiere tener algo, eso protege cuando el hombre está desnudo…”, dice él y uno piensa.

El otro cuarto intenta crear nuevas alineaciones en el espectador que asiste a cada presentación. Del trabajo con lo espontáneo, con lo que ocurre de improviso, nace una nueva obra cada noche. La sonrisa que no pudiste aguantar, la mirada irónica que se lanzó sin permiso, el bostezo, tus zapatos rojos chillones… todo es aprovechado en favor de enriquecer un texto que llamaría de alguna manera canovacio. Sí, como en la Conmmedia dell´Arte. Los actores tratan de que tus energías permeen el espectáculo, de que te sientas protagonista, de que decidas de alguna forma.

No hay fronteras cuando se busca desesperadamente. El único límite para Él y Ella es la muerte de la que aún vive en el otro cuarto. Hasta una carta surge como posibilidad de no peder el derecho a ese espacio que ni les pertenece. Todo por uno.

Desde la música hasta el propio texto y les caracterizaciones hacen de la puesta en escena una gran descarga o tertulia de noche donde todos ríen y los que no, recuerdan a su vecina Juanita o al libretero Eduardo.

Una cosa muy cierta hay aquí y es el retrato de la Cuba que nos pertenece en estos momentos. Si en Las amargas lágrimas de Petra Von Kant valoré un intento por ubicar sin tratar de situar tanto, en el otro cuarto sí me parece intencional la caracterización del lugar donde se arma la historia. La clara alusión a la Virgen del Cobre, las clásicas canciones de santería, de la vieja trova, de la nueva, el juego del dominó, la mulata que pinta uñas para ganarse la vida y que además se deja abrazar por un fanatismo religioso que en muchas ocasiones no la deja vivir, y el cubano que
re- pregunta cuando entrarán los americanos o si entrarán a pesar del coraje que tenemos, habla con claridad de nosotros.

Es la isla, es La Habana Vieja, es Chicharrones pero no por eso los conflictos que encierran a estos personajes se alejan de la universalidad. De hecho creo que solo desde esta perspectiva fue posible hacer los arreglos dramatúrgicos. En cualquier parte de este planeta, ya sean emigrantes o nativos, hay quien lucha por apropiarse de un espacio o mejor de un techo ―que muchas veces no le pertenece― para sobrevivir a los cambios, al hambre, a la guerra y a las deportaciones. Y fíjense si es así, que podríamos pensar en los ocupa, que todo el tiempo van haciéndose dueños del lugar que encuentran deshabitado. Es un problema global, como lo es también la indolencia, la falta de cariño ―al menos verdadero― y la incomprensión.

El otro cuarto es una oda a los necesitados, a la marginalidad, a la crueldad de lo que nos ha tocado vivir a muchos. Humor negro, tablazos, y las prohibiciones impuestas por nuestra censura. He ahí otros caminos que nacen y crecen en el cuarto y en el de al lado. El desarrollo nos toca buscarlo a nosotros. Cuando llega lo que uno quiere, ¿qué pasa?, ¿qué sentimos?, ¿cuál será el recorrido a partir de este momento?

Luego de lágrimas, y paredes,…. ¿Hable con usted?

En estas líneas van dos mundos diferentes, con miradas distintas pero con una misma égida. Carlos Díaz y su poética se encuentran en ambos espectáculos pues si bien uno responde al glamour, las maneras y amaneramientos, fetichismos y desmedido travestismo, juegos sexuales y musical a lo Pedro Almodóvar ―cosas que lo han caracterizado―; el otro niega el esplendor del vestuario o la fastuosidad de la escenografía para resumir el glamour en unos zapatos dorados que ayudarán a invocar un santo. “Un santo cabaretero”, dice ella. Un santo que es la poética del público, diría yo. No por gusto en ella vive el musical, la espectacularidad, la majestuosidad de las anteriores mujeres que Carlos a llevado a la escena, lo que desde un mundo, no más elevado, sino otro.

“De poetas y de locos todos tenemos un poco” y Petra tiene tanto de Él y de Ella como estos poseen de aquella. La primera avanza a contra corriente para lograr lo que anhela. Lucha por sus objetivos y empuja para no darse golpes hasta que se ve atrapada en sus propias enredaderas. Segura, difícil, sola, desvergonzada. No sabe del amor hasta que la come por dentro he ignora a los que quiere por una que ni importancia le otorga.

Los del cuarto de la Habana Vieja están seguros de lo que desean pero no de lo que harán con eso. Solos en su propia intriga muerden la frivolidad que edifican. Se ríen del mundo para olvidar sus penas y ni siquiera funcionan en la intimidad. Descuidan lo básico para pedir por la muerte de otros e ignoran lo que es sentir de verdad amor en carne propia.

A ambos espectáculos si bien los separa la fastuosidad a simple vista, los aúna la negación de ella misma. La opulencia de Las amargas lágrimas…. encuentra otro sentido en El otro cuarto. Los degenerados pánicos de Herbert entienden por glamour al color amarillo, o la música de los ´70, o compartir con la gente del barrio, o tener una casa para ellos solos. Coinciden estas historias en la “intimidad” de un cuarto y en que vale más lo que se halla afuera. El abigarramiento de la escena con ropas, cosméticos, botellas, cuadros y luces en la casa de Petra, se rescribe en papeles, elementos de plásticos, paredes pintadas y ofrendas a los santos, en el tugurio de los otros. Lo importante más allá de pulcritud o valor de una cosa sobre otra es la existencia de una realidad caótica y dura para ambas “mansiones”. Tanto en el Trianón como en el palacio del Segundo Cabo, el público se integra a la puesta en escena de manera viva. Si bien en el primero de los casos los asistentes a la sala son solo espectadores pero coquetean con la escenografía y sus sonrisas musicalizan las escenas, en el segundo de los ejemplos el respetable es abordado por los actores para que baile con ellos, o dé sus opiniones, o juegue dominó, o se pinte las uñas con Ella , o a que cante simplemente.

Marlen determina un entreacto cuando canta y se acaricia con la sábana de Petra. Ella, desde un túmulo, canta y divide en dos partes la obra. El musical ofrece otro lazo de contacto y recuerdo a Almodóvar y la importancia que tiene la música en sus películas. Maritza Paredes, Caetano Veloso, Gael García Vernal o Miguel Bossé han cantado en sus filmes y la plasticidad de sus interpretaciones se activó ante las propuestas de Carlos Díaz.

Somos tan hijos de la tristeza como ellos, tan padres del dolor y tan seguidores del egoísmo. He aquí otra pauta que los relaciona: de alguna u otra manera es imposible no verse ante determinado pasaje de las historias. Algo se rememora, algo se reprocha o a alguien, algo nace con las lágrimas o con la frívola sonrisa para ser tan pánicos y extremistas como ellos.

Hay cuartos en todas direcciones para nosotros, que viven en la distancia o la cercanía, en dependencia de como se vea. Hay otros pánicos que nos tocan y otras sonrisas que se nos cuajan. Somos tan desesperados como Ella y Él o como Fassbinder y Herbert, o el mismo Díaz. Muchos estamos igualmente perdidos en noches y urdimbres, y lloramos amargas lágrimas o desesperadas alegrías. Me parece que cada cual derrama lágrimas desde el otro cuarto y juega a ser mejor e intenta no equivocarse pero: “hay tanta estrechez,” –como dijera Ella– “que a uno se le atoran las cosas en la garganta”. Lo difícil no está en sacarlo de ahí sino en tener la seguridad que el resultado será el correcto.

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---AMARGAS LÁGRIMAS DESDE OTRO CUARTO (I) Lágrimas y un ataque de nervios
http://laislaylaespina.blogspot.com/2009/02/amargas-lagrimas-desde-otro-cuarto-i.html

AMARGAS LÁGRIMAS DESDE OTRO CUARTO (I) Lágrimas y un ataque de nervios


Cuando el /amor me vence,/ La noche / cierra mis ojos
(La Dama del Velo, Réquiem por Yarini de Carlos Felipe)

¿Sabes? Cada vez /tengo más miedo/ Estamos tan solos.
(Petra, Las amargas lágrimas de Petra Von Kant de Rainer Werner Fassbinder )


Yasser Alberto Cortiña Martínez
jazzlibrafgl@yahoo.es


Otra vez Carlos Díaz junto a un espectáculo inquietante. Nuevamente atrapa con sus guiños glamurosos y cálidos donde los actores juegan a poner en juego sus condiciones sexuales y él dialoga desde este presupuesto al mundo.

El Trianón cede su espacio a las amargas lágrimas de Petra von Kant. Su lunetario y escena se transforman en la mansión de la inigualable señora creada por Rainer Werner Fassbinder en 1972. La auténtica Petra, la que podría definirse así misma como una mezcla de avenidas, barras y corazones.

El público asiste a una convocatoria distinta. La señora von Kant es la huella de una sociedad decadente, frívola e inestable. Es la palabra sincera que se oculta y la caricia hueca que se lanza. No es en la Cuba donde vive ni creo que sea realmente en la Alemania. Pienso que coexiste en el interior de todos, los colores de todos, los amaneramientos de todos, ante las decisiones definitivas.

El Trianón otra vez y Carlos Díaz con la cena para sus noches. Las colas, las lágrimas, las sonrisas, la gente de La Habana que espera un Caleb desnudo o un Georbis travestido y se encuentran con una historia de otra latitud pero con tanto de esta, y de otras, que ríen de forma desmedida y piensan seguro en que escaparán de sus compromisos el próximo fin de semana, para estar aquí de nuevo.

Las amargas lágrimas de Petra von Kant. Una puesta enriquecida por una poética sólida. Una historia que encuentra en el recreo de este director teatral, vientos y matices muy interesantes. Hay soltura en el lenguaje, fuerza en las interpretaciones, universalidad en la concepción del espectáculo.

La cama y la pasarela responden a dos importantes repasos, a mi manera de ver. Petra desea con fuerza, la pasión es su encrucijada, el calor es su sentido si le interesa algo de veras, el frío su salida para los torpes criterios, la ironía su mejor baraja. ¿Qué mejor lugar para todo esto que una cama? La moda su vida, sus versos, su meta de cada día, lo que es, lo que la hace admirable, lo que la defiende de todos pero lo que no la exonera del amor. ¿Qué mejor que una pasarela?

La cama como dispositivo para la seducción, las confesiones amorosas, la evocación del ideal masculino y el desgarramiento por el abandono. Es la sede donde todos los personajes reclaman algo a la vida. Petra su existencia como mujer, creadora, amante. Karin la realización de sus frivolidades y apetencias materiales. La consumación de un juego sucio que rige la Kant sin saber que solo es un accesorio. Sidonie que oculta su deseo por Petra tras las confesiones de un amor frío, edificado sobre lo tradicional y donde a luz clara faltan músculos. Gabriela pasea su inocente anhelo de saborear un chico y cree en una madre perdida, incapaz de comprender, pues como mujer valen más sus caminos. Marlen se siente libre, ve dormir a Petra y la ama. El lecho se vuelve un sueño y el trasiego con las sábanas, sus olores, texturas, la hacen sentir realizada. Ahí yace también la diseñadora. Valeria está más distante de las tentaciones a que invita la cama. Solo en alguna que otra ocasión se deja caer sobre ella pero el objeto de atención vive allí y por eso el sentido de sus declaraciones busca el imponente objeto. Pierre es intocable en el lecho donde todo se concreta. Camina, no dice. Provoca, denuncia.

Por su parte, la pasarela funciona como espacio de recorrido para el gran desfile en el que siempre se sumergen los actantes. Es la venta de ellos mismos ante la imagen pública. Es la entrada imponente a la mansión von Kant y es el resumen de Petra. No por gusto Pierre aparece como enigma por ella y cada enfrentamiento de la protagonista hallará aquí un asidero inigualable para su representación. Recordemos aquel momento en que por primera vez aparece Karim, se detiene un escaso segundo y marca su arribo, o cuando al salir definitivamente de la vida de Petra hace lo mismo y es Marlen quien le sale al paso. La pasarela es el comercial, el pretexto para creerse superior, es la huida, es la semilla.

Pasarela y cama se intercambian funciones y elevan la puesta. La intimidad o el escándalo hallan sitio en ambos, atrapan hasta las sonrisas de los que espectan y la mansión extiende su territorio.

Las pautas que marcan estos elementos en el espectáculo dan a la historia de la diseñadora, una mirada más atractiva y la liberan de consideraciones marcadamente geográficas o situacionales. Aquí o allá, Petra o Channel o Freisas, puede contar con una cama para sus distracciones y con una pasarela para sus recepciones. De ahí que los personajes caminen todo el tiempo como si respondieran a un desfile de modas, o como si se hallaran vendiendo la ropa y los accesorios que llevan. ¿No pasa mucho de esto hoy en día con las personas sean o no del mundo Fashion?

“Sidonie, querida, cada cual tiene que vivir sus propias experiencias”, dice Petra y se convierten sus palabras en el acierto que debieran tener tantos ahora mismo en el universo. Tal vez por ello es desprendida de los otros y al enamorarse olvida su condición, esa que tanto se ha cuidado en edificar, para centrar sus energías en la congoja que la envuelve. “Yo no soy histérica, yo sufro”. Y lo disfruta, lo siente. Vive cada trozo de ella que se pierde entre el sentimiento no correspondido. Karin Thimm es su purgante y no le importa. La quiere a pesar de caer, a pesar de arrodillarse e implorar. “¡Dios mío¡ estoy hecha mierda” . Lo sabe pero sigue. Destruye, embiste contra todos, no asume las confusiones de la hija. “Petra es más mujer que madre”, de seguro diría mi abuela. ¿Tiene razón? Puede ser relativo. De cualquier manera ese descenso es también el pago por su yoísmo.

Observando a la Kant evoco a Miranda Prisley, la dama de El diablo se viste de Prada. Son dos señoras de la moda, dos frías y calculadoras mujeres, dos egoístas. Ambas modelos de vidas supuestamente impenetrables, pero que sucumbieron al amor. Dependientes de una mano, que en algún momento les deja al acecho de sus propios desplantes, para abordar su futuro de otra manera. Tanto Marlen como Andrea Sacks creen en la sinceridad del alma de sus jefas hasta que se ven atrapadas en la frivolidad de sus existencias. Cuando Andrea es obligada a sentirse en un plano gris, deja a Miranda y regala su teléfono a la fuente. Marlen es ubicada en el mismo lugar de Karin cuando Petra le quita la peluca. El trato hacia ella devota y amante compañera, va por el mismo camino y no se permite esta igualdad. Petra y Miranda sucumbieron al amor. Después continuan sus vidas sin importar dolores.

Petra von Kant es una mujer sola. Es un alma que acude a la negación de lo que siente para crear una imagen. Pisa firme, gira con mirada de tigre para impactar, busca sumir a los otros en su puño y creyó que no vería la existencia desde la otra orilla. “Todo es muy distinto visto desde este lado…” expresa al estar allí. Al que le tocó le tocó ¿no? Sí, le correspondía ahora pasar por lo que a los otros y gozarlo. Mas ella es digna. Lo vive y lo rebasa cuando se ha cumplido lo que dijo a Karin antes partir: “Algún día te vas a dar cuenta, pero ese día ya será tarde”.

Esta creadora del estilo es un gran personaje. Es como la Luz Marina de Virgilio o la María Antonia de Eugenio o la Santa Camila de José Ramón Brene. Mujeres de fuertes consideraciones y que por alcanzar su propósito van contra la vida misma. Petra es lo más grande y de carne nos la presenta un hombre. Ella se construye poco a poco y se desconstruye para finalmente ser la mujer sin reparos de siempre. Fassbinder regala a las artes un personaje muy rico y de una precisa construcción. Carlos Díaz la materializa desde una pluralidad. Además con el juego de los sexos busca darle existencia a la virilidad que hay en el amor de la diseñadora y catapultar la feminidad. Es hacer de Petra también un Petra. Es ubicar esta pasión gay en los dos registros. Es ir más allá otra vez y ganar. Si Petra se viera…. que digo, sé que Petra está agradecida.

De actor que hace de mujer a lesbiana con acentuados rasgos viriles; de mujer definida y segura a mujer enamorada y lacrimosa que pierde hasta su orientación para denunciar un amor imposible; de señora sin salida a mujer resuelta. He aquí una de las grandes motivaciones que ofrece Carlos Díaz con su espectáculo. Petra von Kant se erige en escena y se deshace traicionada por la pasión, lo que nos acerca a un plano de verosimilitud sorprendente. Se edifica desde el movimiento, el verbo, el maquillaje, el vestuario y la limpieza. Dice mucho esto, entonces, del trabajo meticuloso con que se creó el personaje, tanto por parte del director como del actor.


Fernando Hechavarría: Petra von Kant, se encuentra ante uno de los personajes más importantes de su carrera y brilla en un registro tan difícil porque no hablamos de un travesti o un transexual sino de una mujer. Juega con sobriedad en los diversos planos de existencia en que se ve envuelta la diseñadora. Actor, mujer segura y atrevida, mujer que ama a otra mujer, mujer que llora por otra mujer y no entiende de consejos, mujer que asume la pérdida y echa para adelante en la vida. La organicidad es tan marcada que más allá de las sonrisas, exacerba la atención y el reclamo de un mayor tiempo en la escena. “No se parecía en nada a mi Nacho capitán” Y eso es genial señora – le dije a la del comentario. Eso dice mucho de la profesionalidad y el tamaño que alcanza una labor como la que presenciamos.

En Las amargas lágrimas de Petra von Kant se destaca también el cuidado en la gestualidad, y en los movimientos que responden a ese sentido Fashion que inquieta la vida de Petra. Cada mano, cada mirada, cada giro, cada desplazamiento, posee un sentido que enriquece la puesta en escena. Todo está conectado. Desde la forma en que se sirve hasta la manera en que fuma Petra y el regalo para nada insignificante que ha llevado Sidonie. Petra von Kant vive una realidad de luces, colores y telas. Su ambiente es conmovedor, su casa es sofocante. Toda llena de ropas, bebidas, accesorios. Una mansión caótica que habla de una vida sin respiro.

Estos son caminos y sensaciones que en estos días me han hecho vivir diferente. Tal vez por eso busqué a Petra hasta en la madre de mi mejor amigo y le puse en algún momento el rostro de la que me trajo al mundo. Una impresión acalorada y millones de lágrimas de Jim Tony para PETRA VON KANT. Un brindis por sus lágrimas y un aplauso para su ataque de nervios. ///
SEGUNDA PARTE: ---Carne trémula en este cuarto, y en el otro?

domingo, 1 de febrero de 2009

RADIO CUBANA: Controversia entre la palabra y la no palabra


Reinaldo Cedeño Pineda
escribanode@gmail.com

Cada cierto tiempo alguien se aparece con un anuncio apocalíptico o con una “verdad absoluta”, como si se la hubiera revelado el mismo Dios. Aquella frase de que “Una imagen vale más que mil palabras”, es una de ellas. Su expresión es radicalmente reaccionaria, porque subestima a la palabra, la minimiza y la ningunea.

La expresión, sin embargo, no resiste un análisis a profundidad por varias razones, sobre todo por una: para anunciar el predominio de la imagen, para transmitir este mensaje… curiosamente no se pudo prescindir de adverbios, sustantivos, pronombres y verbos: es decir, de las palabras.

En segundo lugar, una imagen sin palabra alguna, por espectacular o evocadora que sea ―piénsese en algunas fotografías tan famosas como la niña quemada por napalm en Vietnam, que avanza despavorida con los brazos abiertos; el Che de Korda mirando al horizonte, las faldas levantadas de Marylin―, aún esas estarán siempre sujetas a determinadas precisiones.

¿Quién tomó la imagen?, ¿Cuándo lo hizo?, ¿A propósito de qué? ¿A qué hora? ¿En qué lugar de este mundo?...

Una imagen que ahora mismo puede ser pura actualidad, mañana necesitará un pie, un párrafo, una historia. Toda imagen es una historia sintetizada, una historia contenida, el latido de una historia, el pórtico de ella.

Por si fuera poco, una imagen está sujeta a las subjetividades, mediaciones culturales y percepciones del individuo.

La famosa serie de uno de los fotógrafos más famosos del siglo XX, el norteamericano Robert Mapplethorpe (1946-1989): un hombre plegado sobre sí en diferentes ángulos ―un hombre negro y desnudo― al que en un segundo plano se le observa el miembro viril; o aquella otra de de un hombre blanco de espaldas, dividido a la mitad por una marca de luz y sombra, los músculos marcados y las piernas semiabiertas… es para unos el sumum del arte fotográfico, el erotismo trabajado, el descubrimiento de una nueva sensualidad. En cambio, continúa siendo para otros, una imagen pornográfica y más de una galería, más de un país la ha rechazado.

Seguramente no los verá igual una mujer que un hombre, una persona de orientación heterosexual que otra de orientación homosexual, una persona de estudios universitarios que un analfabeto, eso por no entrar en el campo de los ateísmos y de las religiones.

Los conceptos ―que el caso citado pudieran ser erotismo, sensualidad, pornografía― no son barrera para el pensamiento humano. El pensamiento humano los sobrepasa y crea los suyos propios. Al fin y al cabo un concepto es una síntesis, una abstracción que un humano o un grupo de ellos, nos legó.

Un documental sobre un hombre en faldas o una fotografía del hecho nada tendrá que ver si es tomada en Santiago de Cuba ―ya presumimos que podría pasar― que en Escocia ―y su tradición de los kilts―.

A la Gioconda de DaVinci se le han buscado cuantos misterios se puede imaginar, se le ha medido incluso que por ciento tiene de indiferencia, de alegría, de sensualidad; se ha dicho incluso que tras aquella sonrisa se escuda un hombre…

Las pinturas de Rubens son un hito en la historia del arte, pero a la luz de hoy aquellas mujeres fofas, tal vez se hubieran quedado sin nadie que las pintara, a no ser que el colombiano Botero hiciera de ella una de sus esculturas gigantes.

Una imagen depende siempre de los ojos de quien la mire.

UNA PALABRA SALVA

Habrá que rectificar aquel anuncio apocalíptico. Una palabra, un palabra ―con todas sus intenciones y dicha como Dios manda― evoca mil imágenes. Ese poder de sugerencia es precisamente el sostén de la radio a la que se le anunció la muerte tantas veces; pero que cada vez está más cercana de la gente.

¿La televisión versus la radio, por encima de ella? Tampoco.

No abundamos aquí sobre la penetración de la radio, la bondad de su señal, o su poder de ubicuidad, porque eso ya se ha dicho. Nadie podrá negar las virtudes de la visualidad televisiva, sólo que esta, a la vez que nos amplía la perspectiva, nos distrae de la idea que se transmite y que supuestamente quiere fijar, con una multitud de elementos sucedáneos.

Alberto Cortés se vestía siempre de negro. Afirmaba el célebre intérprete argentino que de otra forma la gente se distraía de sus canciones.

Un colgante moviéndose, es suficiente para perder el hilo de una conversación, o un rostro hermoso que nos impacta, o “el último grito de la moda” de una camisa o un peinado. ¡Oye, qué vieja está fulana, qué delgado está fulanito!, ¿dé quien será la pintura detrás de la locutora?… y así una infinitud de situaciones nos apartan de la idea transmitida… todo eso, válido sólo para personas videntes, claro está.

Un especialista en la oralidad como el colombiano Adolfo Colombres ha precisado que antes de la escritura estuvo la palabra desnuda, cantarina, la palabra ágrafa. La escrituridad montó en su carro a la palabra hablada y la empujó por el mundo.

Lo escrito busca siempre su origen primitivo. Lo escrito es lo hablado sostenido en el papel, lo escrito lleva aquel callado estruendo del que hablara Lezama. ¿Cuántas veces no habremos leído en voz alta los signos trazados por nuestra propia mano o las palabras tecleadas en una pantalla, para detectar algo que anda mal?

Aunque lo escrito tiene “sentido de eternidad” ―ahí están las tablillas mesopotámicas y los papiros egipcios―, unas comillas jamás podrán reflejar la infinitud de matices que acompañan la cadena hablada. No hay signo de admiración o de interrogación, no hay puntos suspensivos que pueden acercarse la euforia, la tristeza, las suspensiones… que una persona dejó entrever en una conversación.

Los signos de puntuación ―no hay que obviarlo― son apenas una convención, un acuerdo social que intenta acercarse al lenguaje hablado. Es sólo la interpretación de un texto escrito, lo que hace que esas letras se levanten. Bien lo saben locutores, conductores, comentaristas, declamadores, maestros de ceremonia, despedidores de duelo y periodistas.

La locución es pues, el acto de convertir en verdad lo que se escribe, me dijo un día una experimentada locutora. Es la letra reconvertida en su semilla.

Una sola palabra hablada puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte, físicamente hablamos: ¡Cuidado!

Una palabra hablada puede ser la diferencia entre la vida y la muerte, espiritualmente hablamos: “Te amo”.

A La Palabra predicada con palabras ―a la fe despertada por las palabras― se han confiado muchas religiones con siglos de subsistencia.

No hay palabras buenas ni malas per se. Cada palabra pervive por su uso, y muere sin esta. Cada palabra tiene su circunstancia. ¿Quién se atreve a calificar de obscena la palabra, la exacta palabra que decimos cuando nos damos un martillazo o cuando recibimos un susto inesperado?

En cierta ocasión un griot africano ―uno de esos juglares que va de pueblo en pueblo con sus leyendas y sabidurías a cuestas― sorprendió a todos en una conferencia cuando habló de la no-palabra. Por ello, los africanos entienden la frase huera, vacua, carente de significado, adormecedora, pura articulación.

Frente al papel en blanco, el micrófono o la cámara, hemos de evitar por todos los medios, la no-palabra: la filosofada de segundo orden, el discurso vacío, el floreo, la desesperación por llenar los minutos, la verborrea…

Ve uno tantas cosas diariamente, que se pregunta quien ganará la controversia: ¿la palabra o la no- palabra?

LAS DOS MITADES DE LA RADIO

Se equivocan los que afirman que la radio es el imperio de la palabra hablada. Esa es una apreciación superficial. La radio es mitad hablada y… mitad escrita. La “literatura radial” es una “forma especial” de escribir que ha llevar en sí los códigos propios y los destinatarios, casi siempre inmediatos… pero de ese acápite hablaremos en otra ocasión.

Los encargados de evaluar esa “literatura radial” necesitan una sacudida. Y otra, los encargados de evaluarlos a ellos. En muchos programas del área "no dramatizada", la presencia de los asesores es cuestionable. Allí subsisten demasiadas complicidades e insuficiencias, sobre todo demasiada permisibilidad. Todo ese sistema organizativo, obsoleto, necesita una sacudida monumental, porque a su sombra nacieron y viven todas estos vicios. Siempre me he cuestionado que un programa de radio se evalúe por su guión, y me lo seguiré cuestionando. Un guión presupone a los artistas que le darán vida (actores, locutores, operadores de sonido, musicalizadores, efectistas…) y sin ellos no tendrá razón de ser, será papel mojado.

Un programa que sólo puede realizarse con su puesta en bocina, con una armónica coordinación de todos sus elementos, jamás debería evaluarse por un guión “en frío”. Eso no quiere decir, sin embargo, que no justipreciemos el papel (esencial) del escritor de radio, el escritor de palabras escritas que tendrán que ser habladas a posteriori.

Para organizarlo todo, lo primero que se ha de organizar son las ideas. Las ideas “viajan” de la mente a las palabras. Al fin y al cabo el lenguaje, es la envoltura del pensamiento. Apenas estoy ajustando el calibre de aquello (y aquellos) que sueñan por la oreja, como diría Joaquín Borges Triana.

Las palabras acaban atrapadas en el guión. El actor, el periodista, el conductor… acaba transmitiendo sus ideas a través de la palabra hablada que antes ha sido pensada y puesta por escrito. La palabra vuelva siempre a su remoto origen: el habla. La palabra existe para ser hablada. Parece un trabalenguas, pero no lo es.

Una palabra no es simplemente una palabra: una palabra es la expresión de un pensamiento, una palabra nos viste mejor que cualquier traje, porque tipifica inmediatamente a quien la porta. Una palabra define.

La expresión radial es una cadena de intenciones, cuyo eslabón inicial es la palabra. En lo que algunos llaman “la era de la visualidad”, el poder de la palabra hablada sigue incólume.

viernes, 30 de enero de 2009

La SINFONÍA (inconclusa) para cine cubano de Frank Padrón


Reinaldo Cedeño Pineda
escribanode@gmail.com

¿Qué Habanas está observando Sergio desde su telescopio, cuáles está diseccionando? ¿En realidad, qué Habanas quiere encontrar? ¿Qué Habanas le miran hoy, a Sergio y a Titón, desde un catalejo puesto al revés?

Frank Padrón también sube al balcón, se quita la camisa, dirige su objetivo hacia ese país de las sombras y las luces largas, en el cual habitamos irremediablemente: el cine. Y lo hace con la autoridad de treinta años en la crítica cinematográfica, en esa profesión maldita, como él mismo dijera alguna vez; si bien no sólo es la suya la que merece tal calificativo.

Cierto juego de espejos se desliza entre esta Sinfonía Inconclusa para cine cubano de Frank Padrón y aquella Pieza Inconclusa para piano mecánico de Nikita Mijalkov, al menos en el título, que nunca será simple referencia en la cubierta; sino grito, sustancia, síntesis y latido del libro.

Valen estos destellos pues ―aunque las cintas de esas geografías que antaño inundaron nuestra pantalla, hoy parecen excomulgadas―, una línea de esencialidad en el pensamiento, es capaz de establecer los lazos entre un filme soviético y este recorrido cubanísimo por el cine que ha parido a titones, fernandos y humbertos.

Frank Padrón nos entrega con este, un libro puente. En verdad, una primera temporada, pues ya se encargará en su último capítulo ―perdón, en su última página―, de advertirnos la saga que vendrá.

La obertura valora desde sus presupuestos artísticos, la multiplicidad de la Muestra de Nuevos Realizadores, acercándonos a nombres y títulos recientes de un audiovisual alternativo, hasta hace poco “cuasi clandestino”; a un cine que toca la marginalidad, la memoria, la historia íntima; a un cine otro, cuya mirada escrutadora sobre la realidad cubana merece salir ya de marcos estrechos, de premios in situ… y reconvertirse, de cine sumergido en patrimonio de mayorías.

El autor nos participa de un largo dolly por el cine cubano de los ochenta: década entre escándalos y populismos, entre la Cecilia de Solás (1980) ―a la que se quiso escamotear magnitud, enquistados en la trinchera de la fidelidad literaria―, la vanguardia de Papeles Secundarios (Orlando Rojas, 1989), La bella del Alhambra (Pineda Barnet, 1989) y aquella hipercriticada Alicia en el pueblo de Maravillas (Daniel Díaz Torres,1990), por la cual hicimos en su momento ―yo y mis compañeros universitarios―, una cola interminable de nueve horas en el cine Cuba de la calle Enramadas…

El autor nos lega nuevas lecturas a la luz del tiempo, del tiempo que todo lo sanciona, y acaba justipreciando las valías de unos y las falencias de otros, aunque sea trastocando lo que entonces se suponía intocable.

A mi modo de ver, el ensayo “Fresas no tan silvestres” ―otro rejuego titular con Bergman―, constituye la ejecución más acabada de esta sinfonía. Frank Padrón demuestra, al asumir el abordaje del sujeto homo- bi- transexual en el audiovisual cubano, a la par de su acostumbrada apreciación estética, un calibre investigativo y periodizador bien atendible. El crítico se decanta por una búsqueda documentada e histórica del tema, desde los circunloquios iniciales y los abordajes indirectos, hasta la clarinada de Fresa y Chocolate (Alea-Tabío, 1993), desde los antecedentes en Norteamérica, América Latina y Europa hasta la evolución en Cuba después de 1959.

“Fresas no tan silvestres” ensayo finalista del Concurso Internacional Pensar a Contracorriente 2006, no se cierra exclusivamente al ámbito cinematográfico, sino que suministra elementos del marco social en los que se debate la obra artística ―los movimientos de reivindicación, la UMAP, los setenta, el SIDA, el CENESEX―, así como las resultantes de la homofobia-la polémica-la aceptación-la ausencia-el desafío.

La incursión toca también algunos productos de la pantalla chica como aquella “abrupta satanización del gay” encarnada por el personaje central de la telenovela La cara oculta de la Luna (2006).

El último movimiento del libro (molto vivace, podría decirse) es la ventana a la producción del cine nacional en el bienio 2006-2007, en el cual se incluyen algunas cintas como La edad de la peseta (Pavel Giroud), las altas y bajas de El Benny (Jorge Luis Sánchez), Madrigal (Fernando Pérez) o La pared (Alejandro Gil). Padrón se introduce en la vena de cada filme, y en su tono abarcador se arriesga ―que toda opinión irremediablemente implica riesgos― a sopesar estas entregas del séptimo arte en la Isla, en plena gestación, apenas estrenada la obra, caliente aún el plató…

Hay más en este libro: “el largo matrimonio entre cine y música”, las huellas del Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC, la revista Cine Cubano… pero sólo quiero amplificar una idea más tratada por el autor: el lente nacional posado en el escenario urbano capitalino, La Habana “como una verdadera obsesión del cine cubano… al punto de que muchos… hablan de un cine ‘habanero’ más que cubano”.

Me alegra que un analista de su talla ―sin complejos provincianos ni exageraciones espurias― esboce también en el cine, un asunto arduo y de largas consecuencias en casi todas las esferas: el abuso de la Imagen Habana como Imagen Cuba, erigido ya en vicio ―al que siempre se le buscan “razones” y analogías―; la suplantación, la reconversión de La Habana, no en la capital del país, sino en “el país”.


Un libro de cine es siempre un libro parlante, un libro con el que se dialoga muy de cerca ―a golpe de discrepancias/congruencias―, un libro al que se vuelve siempre. La Editorial Oriente se anota con Sinfonía Inconclusa para cine cubano de Frank Padrón ―edición de Lina González Madlum― otro aserto en la línea de publicación de volúmenes sobre la temática, que incluye, por ejemplo, las valiosas Coordenadas del cine cubano.



Sólo queda esperar que tantas concurrencias ejerzan sus buenos augurios sobre las salas oscuras de Santiago de Cuba, reducidas dramáticamente, colocadas al borde de la extinción ―tal vez habrá que seleccionar un balcón santiaguero para esperar la vuelta de Sergio con su telescopio―. Y que el autor, con la misma apostura del narrador que es, cumpla la promesa que advierte en la página 132: CONTINUARÁ.

Santiago (de Cuba), en el glorioso día del 28 de enero (de 2009)

lunes, 26 de enero de 2009

PEÑA MINERVA: No hay edad para la alegría


Reinaldo Cedeño Pineda
escribanode@gmail.com

Este 24 de enero de 2008 quiero marcarlo en mi agenda como un día feliz. (En la imagen, la juvenil octogenaria María Esther Rivas recitando el poema Yugo y Estrella)

“Monumentos que caminan” llamó José Martí a los ancianos. La reverencia ante las canas, ennoblece. Crece uno cuando ve el ímpetu reverdecido, la alegría irrenunciable, la poesía… Y es que no hay edades para la alegría.

¿Cuántos años sumarían los asistentes ―las asistentes en su mayoría― a la Peña Minerva en la Casa de los Abuelos Corazones Contentos, en el Reparto Sueño de Santiago de Cuba?


Muchos seguramente.... pero aquí se extrae del pasado, esencia para el presente. Este 24 de enero asistí a este círculo cargado de energías que encabeza la entusiasta Yolanda Franco Sagué, quien hoy jubilada, se desempeñó como instructora de arte, maestra, trabajadora de la televisión… y no ha renunciado a su activismo cultural.

En sus balances, con sus canas, son flores engalanadas, como penachos de nieve en las altas montañas.

La Peña Minerva rindió homenaje a José Martí, adelantándose al 156 aniversario de su natalicio (28 de enero de 1853).

La profesora y escritora Gladys Horruitiner (A la derecha. En la foto aparece además la profesora Silvia Santos) comentó sobre la efeméride y su conmemoración en la época republicana. Tuvimos el lujo de ver, además, un ejemplar del periódico El MUNDO, justamente del 28 de enero de 1953.


La premiada escritora para niños, Ana Belkis Luna Beatón (varias veces galardonada en el concurso La Edad de Oro), comentó el eros leve en algunos versos sencillos martianos ( la acompaña en la foto, la poetisa María Antonia Castro)

Por tus ojos encendidos
Y lo mal puesto de un broche,
Pensé que estuviste anoche
Jugando a juegos prohibidos

María Esther Rivas, la indomable María Esther entregó como sólo ella sabe desde la declamación Yugo y Estrella, todo un himno.

Teresa Madlum, museóloga jubilada, ferviente martiana, destacó la eticidad y la vigencia del pensamiento martiano.


Caridad Pineda Anglada, maestra jubilada, leyó sus décimas, incluida las que intercambiaron ella y la poeta chilena Bárbara Calderón en la red. Leímos a dúo, porque esta maestra que escribe es mi madre. Y ando orgulloso de esto.

La trovadora, Carmen Álvarez (toda una artista en la manipulación de muñecos en la televisión), entregó poemas musicalizados de Martí, y “La era está pariendo un corazón”, de Silvio Rodríguez.

Tengo el honor de haber sido invitado ―mediados los oficios de la poeta Belkis Crespo y de la propia Yolanda―, de haber estrenado algunas crónicas íntimas, como las dedicadas a mis bisabuelos. Y de que aquellas manos venerables me hayan aplaudido. No tengo como agradecer.

Un pequeño brindis, al final.

La próxima Peña Minerva está dedicada al amor. Será el sábado 6 de febrero a las cuatro de la tarde. Lugar: Casa de los Abuelos Corazones Contentos, Avenida de Céspedes entre K y L, Reparto Sueño, Santiago de Cuba.

Apoyaré la idea de un boletín que el grupo quiere fundar.

―¿Y si alguien quiere acudir, Yolanda?
―Sólo tiene que asistir y decir… quiero participar.

jueves, 15 de enero de 2009

TOM de FINLANDIA: El lápiz de APOLO



Reinaldo Cedeño Pineda
escribanode@gmail.com


No tuvo iguales con la tinta y el lápiz. Su estudio de la anatomía masculina resulta emblemático en la historia de las artes gráficas. Creó íconos eróticos que inflamaron y traspasaron el arte mismo. Se llamaba Touko Laaksonen y el mundo lo conoció como Tom de Finlandia.


Asomarse a su obra, exige una perspectiva abierta, libre de prejuicios para que el artista se devele ante nuestros ojos con toda su maestría.


Dibujó a leñadores, vaqueros, soldados, policías, motoristas, marineros…


Los dibujó como nadie. Sus puntos de fuga y volumen son impresionantes. Sombras y líneas que trazan a unos personajes inolvidables.

Tom de Finlandia es la perfección del arte homoerótico, visto desde la utopía artística.


Pintó a hombres vestidos de cuero, super musculados, con “pantalones y camisetas entalladas gloriosamente en puntos estratégicos de la anatomía viril” [1], con órganos sexuales desbordados, en plena posición erótica. Pintó a negros y a blancos... en bares, bosques, saunas... siempre libres y sin afectación. Pintó sobre todo un sueño, y como todo artista raigal y fundador, su trascendencia...


Sus figuras podrán erotizar a más de uno ―lo que no es ningún demérito, claro está― pero su valor no radica en el morbo, sino en una estética construida desde la esencialidad.







La propuesta estética de Tom de Finlandia, aún cuando se halla fusionado con el eros ―el erotismo desbocado muchas veces―, en su excelencia, lo sobrepasa con largueza. El arte es ARTE, sin apellidos.

Arte legítimo que exploró una zona tabú, redimensionó el eros homo, lo liberó del ghetto y le dotó de referencias que recobran cada vez nuevos significados.


El muchacho deslumbrado


Nació en Kaarina, Finlandia el 8 de mayo de 1920 y murió en Helsinki el 7 de noviembre de 1991. Estudió arte en la capital, Helsinki y “allí comenzó a dibujar a los varoniles trabajadores finlandeses que tanto le atraían”. [2]

El mundo militar le entra de primera mano: fue soldado en la Segunda Guerra Mundial, y ese contacto también queda marcado en su obra. Tras apagarse los tambores de la guerra, trabaja en publicidad y sus dibujos van ganado espesor: “hombres avasalladores por su desmesurada masculinidad y de escenas homo fuertes pero empapadas de un aire de teatralidad” [3]


Touko adquirió su universal seudónimo cuando envió sus dibujos a la revista americana Physique Pictorial (1957) bajo el seudónimo de Tom de Finlandia “para evitar problemas de discriminación en su país de origen”. [4]


Luego vendrán sus álbumes cómicos y eróticos, sus muestras… El personaje del marino Kake le alcanza notoriedad.


La lucha por los derechos del colectivo homosexual en los años siguientes, relanzaron su obra, expuestas en medio mundo.
La línea de Tom de Finlandia es aprovechada en la industria de la moda, especialmente la perfumería, el arte del cabello y la ropa masculina (camisetas y chaquetas de cuero). Numerosas pasarelas y casas han adoptado modelos a su estilo…

Durante el 2008, la galería Espacio Mínimo de Madrid, exhibió obras de Tom, y estas fueron algunas de las palabras:


“Si la anterior exposición se centraba exclusivamente en los dibujos preparatorios de sus publicaciones, realizados a lápiz y que muestran la rapidez y frescura de su ejecución, el título de la nueva exposición, Masterpieces, nos da pistas sobre su contenido: piezas maestras de su producción, la gran mayoría solamente para su exhibición y no para la venta” [4]


En la ciudad estadounidense de Los Ángeles, se preservan valiosos fondos del artista en la colección permanente de la Fundación Tom of Finland (creada por él) y obras suyas se atesoran en el Museo de Arte Moderno de San Francisco y el Kiasma de Helsinki.

Su influencia, no parece conocer fin, aunque todavía ante él se levantan ciertos muros… que acabarán abriéndose a su talento excepcional.

NOTAS:




[1] y [3] Miguel Alonso Hernández Victoria: “Tom de Finlandia el imaginario de la masculinidad ruda” http://www.enkidumagazine.com/art/2004/080504/E_001_080504.htm

[2] Tom de Finlandia: http://es.wikipedia.org/wiki/Tom_de_Finlandia


[4] Masterpieces Tom of Finland. Galería Espacio Mínimo.(ARTE10) www.arte10.com/noticias/propuesta-441.html


TRADUCCIÓN AL INGLÉS: Leonard Alfred Mbago Echavarría

http://laislaylaespina.blogspot.com/2011/11/tom-of-finland-apolos-pencil-tom-de.html





 La industria de la moda y le modelaje se inspira una y otra vez  en Tom de Finlandia


 

LA MIRADA que estremeció al cine cubano




Reinaldo Cedeño Pineda
escribanode@gmail.com

Es puro desafío. Su mirada descarna. Casi no se le puede sostener de frente…y sin embargo, en los labios, anda posada toda la juventud, toda la pasión...

La Lucía de los sesenta, la Lucía (1968) de Solás encarnada por Adela Legrá, protegida del sol y de la sal, en plena batalla por su liberación como mujer, es sin dudas uno de los rostros del cine cubano.

Un radialista apasionado como Lázaro Sarmiento (en su excelente blog Buena suerte viviendo) preguntaba cuál era el rostro del cine cubano… ¿Y es qué acaso hay uno solo?

Cuarenta años distan de esta imagen, pero Adela no puede sujetarse al papel, su energía se le sale por los poros.

Este es sólo un intento. Y esta, la historia de una mirada que estremeció al cine cubano… de primera mano, con su protagonista:

“Humberto [Solás] siempre tuvo en mente hacer la película Lucía en Gibara y sus alrededores, y allí se hizo. Lo único que yo sé que se cambió fue lo de las salinas, porque la locación era en Caimanera, pero había pasado un ciclón, un temporal, y se había deteriorado el lugar. No se pudo filmar allá. Yo estaba muy contenta de que se filmara allí, porque era Caimanera, donde yo me había criado y me iba a sentir en mi tierra… pero se filmó en Nuevitas...

“La escena final de las salinas fue violenta, aquello fue… apoteósico. No sé si era el mismo ciclón, pero las cabañas que había, estaban demolidas, los colchones eran sal y agua, las cabañas estaban llenas de cangrejos, había un solo ventilador, todo daba pena… y al otro día, vino el agotamiento. Yo me sentía agotada, pero no lo expresaba.

“Y entonces Humberto quería que se me viera en la mirada, que lo viviera… y no me salía. Fue tanta y tanta la insistencia… porque yo estaba toda quemada del día anterior, las piernas y los pies estaban todos quemados, como si fuera una quemadura cuando te revientas una ampolla… te puedes imaginar el ardor.

“El día anterior habíamos empezado a filmar escenas de las salinas… y al otro día había que ponerse la misma ropa, aquellas mismas botas de agua, que me quedaban grandes, me rozaban, ¡imagínate tú! Yo soy una que no puedo poner los pies en el piso. Ya todo el mundo estaba tirado por el piso y era como las doce del día en una salina, y yo le dije: ‛pero tú quieres que yo corra, que yo corra de verdad… ¡¿Seguro que quieres que yo corra?!’ Y agarré, me quité todo aquello… y empecé a correr…

“Las salinas tienen una barrera donde van dejando lo que sacan del agua. Imagínate mis pies sobre aquellas cosas, pero yo no las sentía… Y entonces decían: ¡Ay, mi madre, se fue para La Habana esta mujer! El de la iluminación; Rafael, iba detrás de mí en un jeep, porque dicen que lo que veían de mí era un puntito, te puedes imaginar a qué distancia yo corrí… Cuando yo regreso, me desmayo, me desmayo con la cabeza para el agua… me hubiera ahogado. Me llevan para recuperarme.

“Cuando llega la maquillista, me pone una toalla, el sombrero normal, y viene a retocarme. Y Humberto dice: ‛¡No, no la toques que eso es lo que yo quería!’ Era yo mirándolo a él. Esa foto que creen que era lo que yo quería hacerle al actor, no era al actor… sino al director: quería comérmelo vivo…”

(Fragmento de la conversación sostenida con Adela Legrá a petición de la revista Cine Cubano ―en una colaboración para al colega Magda Resik―, en su propia casa en Cuabitas, en las afueras de Santiago de Cuba, a finales de 2008. Fue un día inolvidable, un día sincero. Y por si fuera poco tomé café cosechado en su patio, por sus propias manos.)

ARTÍCULOS RELACIONADOS:

---La tarde inacabable con Humberto Solás (Reinaldo Cedeño)
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/09/aquella-tarde-con-humberto-sols.html

---El estreno de Lucía (Antonio Desquirón)
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/10/el-estreno-de-luca.html

---El abrazo de una diva (Adrián Quintero)
http://convozpropiabril.blogspot.com/2008/10/40-aos-del-filme-luca-el-abrazo-de-una.html