viernes, 1 de octubre de 2010

De un amor y una sonrisa



Jesús García Clavijo
irenec@medired.scu.sld.cu

No sé si soy de otra ciudad, siempre escribo de La Habana. Las ciudades marcan y uno no se da cuenta y las bordea.

Santiago tiene otro tiempo. El tiempo siempre es un personaje como la lluvia, el amor, las dudas.

En La Habana estudié con Graciela -siempre se reía-, un día me dijo eran los nervios y no por burlarse de mi.

Era muy joven como yo -los dos acabábamos de llegar de un viaje junto a otros muchachos- a estudiar a la capital y nos hicimos novios una noche cerca de un parque donde vivía. Graciela era un poema -además de gustarle la poesía- que según me dijo muchos años después -en Casa de las Américas- era por mí, antes no había reparado en los versos ni otras cosas.

Era muy inteligente y hoy ocupa un cargo muy importante en un centro de desarrollo investigativo del país, pero pongo su nombre porque me autorizó aun sin saber que diría de ella en este relato. Estaba segura que nada feo saldría de los recuerdos de esos tiempos.
En el año 2000 estaba presente cuando me entregaron un premio y me dijo -siempre riéndose- que ella lo sentía como propio.

Así era, al menos -lo sentíamos los dos- a pesar del tiempo, sigue tan linda como cuando llegamos a La Habana. El tiempo no ha pasado por ella. Allí estaba su esposo y no sentí celos cuando me dio la mano y me dijo que ya me conocía. No quise saber los detalles. Quizás Graciela…

Graciela es un gran recuerdo.

Paso por el parque de 19 y me acuerdo de ella, de otras noches -otros tiempos y otra gente- pero es por ella que doblo esas esquinas y repaso el texto como un poema nuevo.

Graciela fue un poco más que mi novia sin darse cuenta y lo peor es que yo tampoco.

Ahora la pienso, como un ángel bueno.

Miraba sus dientes lindos, su sonrisa a medias y su ingenuidad a flor de piel.

Es raro como se recuerdan las cosas por las partes -nunca se es un todo en la memoria- cuando tenía su edad no me detuve a pensar en los detalles ni en las partes que ahora retengo como mapa de su piel sobre la cama. Como su andar por la ciudad, de donde soy y de la que escribo menos que de La Habana.

Uno deja lugares y después necesita volver como si el pasado atara -como si fuese más importante-, o necesario. Es mejor quedarse donde nace el amor, la paz, el sentimiento.

El amor es un axioma, debe dejarse libre, vivirse sin importar diferencias. Nunca se sabe el final de las cuentas; es una suerte. El momento de amar, otra cosa.

Es la ciudad que provoca, la poesía y los encuentros, las esquinas donde paso y doblo cada vez que la recuerdo -cada vez que repito lo que me dijo de espaldas en la cama- cuando mis manos hacían su figura y reparaban en sus contornos. Como si besara sus ojos mientras camino mi ciudad, y su frente siguiera desnuda, y su sonrisa a medias besando cada esquina y sus dientes lindos con su ingenuidad a cuestas retorciéndose entre mis piernas.

Todos los poemas tiene su historia y no se cuentan para que cada uno haga la poesía del momento en que la vive -este tiene muchas, por eso va solo así- tiene de cada una de las personas que ven en el amor una alegría de cualquier forma y en la risa, la coraza de no dejarnos vencer por las nostalgias diarias y las trampas de la vida.

Amen siempre -y estén junto a su amor, con una sonrisa- uno olvida los contornos, sus lunares y sus formas, pero nunca olvida la ternura y la alegría que alguien nos dio algún día.
Yo, no las olvido. No es lo mismo.

Siempre -ante una mujer desnuda, más que sexo, apreciaba la obra poética de su cuerpo- en cada parte la mujer tiene motivos, y los hombres debieran verlos y escribirlos, pero más sentirlos.

Cada acto de amor debe ser una poesía -lo es-, pero algunos no se dan cuenta y las desperdician.

Les dejo el poema abajo para que lo lean algún día. El poema es un recurso necesario.


No sé, si soy de otra ciudad, siempre escribo de La Habana, las ciudades marcan y Santiago tiene otro tiempo. El tiempo siempre es un personaje como la lluvia -como ella y su inocencia-, como ella y la ternura, como ella y yo, doblando las esquinas.

(Abril 2010)


De un amor y la sonrisa

No puedo escribir sin estar en tu sonrisa
aunque detrás todo el mar se me confunda.
No puedo sin pensar en tus contornos
mientras toco los bordes que transpiran.
Hoy camino entre tu cuerpo
porque no puedo escribir
sin pensar en tu sonrisa
cuando esquirlas de tu vientre me penetran
en puntillas, unos segundos
en el punto sensible que culmina.
Hoy no duermo en tus caderas si suspiras
y la tarde y los dioses y las aguas
y tu cuerpo revolcado entre la brisa que descubres
mientras beso
palmo a palmo tus rodillas
y mis dedos se confunden
y de prisa, pienso y sueño, peregrino
insomne feliz cuando palpitas y te estiras
y me atas entre dientes y caricias.
Pero así no puedo, amor
dormir sin tu olor, ni tu sonrisa.

--- LOS RELATOS Y POEMAS DE JESÚS GARCÍA CLAVIJO
http://laislaylaespina.blogspot.com/2010/10/de-un-amor-y-una-sonrisa.html