viernes, 15 de octubre de 2010

Aquiles Jorge: un artista de élite… espiritual


Enrique Pérez Fumero

(Estudiante de Periodismo)

Sumario:

Amor por la música. Intercambio misterioso con el público. Élite de sensibilidad y pensamiento es la que a mí me interesa.

¿Quién al caminar por las calles de Santiago de Cuba no se ha encontrado alguna vez con el guitarrista concertista Aquiles Jorge? Simulara un señorón con aire en la solapa y nariz respingada; pero no. Habla claro, espontáneamente. Se sienta a compartir con cualquiera sin importar lugares ni horarios. Hombre, artista y amigo se dan la mano…

¿Cómo se fusionan en ti vocación y acordes de guitarra?

La vocación siempre estuvo, como le pasa a todo el mundo que ha estudiado arte; en mi caso fue un poco sui géneris, porque inicialmente me incliné por el ballet. ¡Primera vez que digo esto! Eso fue en los años 70… imagínate el tabú que existía con la familia y un hombre en el ballet. Después estudié Artes Plásticas y por último me decidí por la música y alcancé a estudiar la guitarra de concierto, labor que desempeño en la actualidad.

¿De qué forma un guitarrista concertista como tú, se hace camino en una ciudad donde bullen tantas expresiones artísticas y musicales al mismo tiempo?

Estudiando, luchando, sufriendo y manteniéndose… Es muy difícil en realidad, pero por encima de todo está el amor que tú tengas por la música y la confianza en ti mismo. Yo he trabajado y he sufrido muchísimo, pero te repito, la única forma es trabajar, trabajar y trabajar. Cuando el resto de los artistas se presentan una vez al mes, yo me puedo presentar hasta cuatro veces al día y eso indudablemente te va creando una correspondencia con el público. ¡Y no me refiero a un público en específico! Porque me puedo presentar tanto en la Universidad de Oriente como en una fábrica. En consecuencia, soy uno de los músicos más solicitados en la dirección de la Sala de Conciertos Dolores. No es que yo sea “bueno”, porque no tiene sentido que te lo diga, pero he aceptado tantas presentaciones en busca de difundir mi arte, mi cultura —la que yo pienso que es genuina, tanto cubana como internacional, y la mía propia— al punto de tener un público que me sigue y por eso todos los conciertos se llenan.

En tus conciertos sucede una especie de sinergia entre tú el público. Incluso una vez presencié en la Sala Dolores que tiraste el instrumento al piso y con el pie rasgabas las cuerdas de tu guitarra y más allá del ruido estridente que producía, la gente aplaudía. ¿Cómo se puede lograr esto? ¿En qué medida Aguiles Jorge compromete su canción con lo que dice o lo que siente?

Te confieso que a veces me asombro de lo que he logrado en el público, porque a partir de la guitarra clásica o la música instrumental, no se esperan tantas reacciones en las personas. La guitarra clásica es más solemne, intimista. Te puedo hablar de techos, rejas, vitrales, epílogos… que son piezas muy líricas y cuando recibo la ovación del auditorio me quedo perplejo…

— ¿Qué he hecho? No merezco esto.

Yo más que músico o guitarrista, me considero un artista. Pienso que tengo mucho que aprender, a pesar de ir en camino a la madurez, pero en realidad me considero un artista. Cuando yo me paro en un escenario es para complacerme a mí mismo y también al público. Es cierto, hay un intercambio entre las personas y yo que en realidad es un misterio. A veces, he estado un mes sin tocar el instrumento, sin estudiar para nada; he llegado frío al escenario y al interpretar una pieza quedo insatisfecho.

— Dios mío, este público se ha molestado en venir a verme y yo no estoy tocando con la calidad que ellos esperan.

Sin embargo, es un misterio para mí. Tal vez, la respuesta esté en el intercambio de espiritualidad. ¡Por supuesto, tiene que ser con un público especial, un público de élite! Yo me refiero a una élite de espíritu, no de dinero o de posición social; es decir, una élite de sensibilidad y pensamiento que es la que a mí me interesa. Hace un tiempo contacté con unos psicólogos y con el departamento de Biofísica de la Universidad de Oriente a través del doctor Eloy Álvarez, para hacer un proyecto entre ambas instituciones. Es tanto lo que siento cuando toco el instrumento y la reacción visible en el público que quise que me conectaran electrodos en la cabeza y en los brazos, para proyectar toda la energía eléctrica del cerebro y los brazos en un programa computarizado que ellos diseñaron y de ahí poder mezclarlo con imágenes artísticas…

A la hora de tocar el instrumento, más que la técnica, es la emoción y el sentimiento. Muchas veces improviso en la medida de lo que voy sintiendo.

¿Cómo a partir de tu música honras la memoria de Vilma Espín Gillois?

Con la sencillez, el lirismo y la honradez. Es una música transparente, como mismo yo la vi a ella hace unos años; nos conocimos aquí mismo, en el lugar donde hoy está enclavado el Memorial Vilma Espín Gillois, y según como la vi, así es la música que trato de hacerle. Por eso hice la propuesta artística de este evento que se celebrará la semana que viene. Evento que incluye el lanzamiento del libro Vilma Espín, la flor más universal de la Revolución cubana de la escritora Ligia Trujillo. Será en tres lugares diferentes. En la Universidad de Oriente, el día 6 a las 8 de la mañana; en el parque Frank País a las cinco de la tarde y el último en el Memorial a las tres de la tarde.

¿Lo clásico de Esteban Salas, el son de Matamoros, la trova de Compay Segundo o la música experimental que tú puedes hacer?

Estos artistas son mis ídolos, porque nosotros somos el resultado del trabajo que ellos hicieron. Ellos son los padres de la cultura cubana. Yo he estado en lugares europeos, el llamado Primer Mundo, y parte de lo que se conoce de la cultura cubana son los compositores santiagueros: Eliades Ochoa, Compay Segundo, La Familia Valera Miranda, ellos son el espejo donde yo me miro.

¿Si alguien te dice que tú no tocas música tradicional cubana porque prefieres inmiscuirte en tus propias temas… qué le contestarías?

Tiene toda la razón… es cierto. Aunque puedo hacerlo porque estuve trabajando durante varios años para la Universidad de California en unos cursos de verano que se hacían a través del Ministerio de Cultura y de hecho tuve que enseñar música tradicional santiaguera. Ahí, por obligación, tuve que introducirme en los misterios de esa música santiaguera que es muy compleja y rica.