lunes, 1 de septiembre de 2014

Para despedir al caminante: JOSÉ JULIÁN AGUILERA VICENTE




(El maestro José Julián Aguilera Vicente conversa con Reinaldo Cedeño durante la inauguración de la galería del Cardiocentro de Santiago de Cuba) 

POR Reinaldo Cedeño Pineda

En alas de una libélula, cabalga un hombre de madera. La ciudad deja escuchar sus campanas, inclina sus montañas. Le arrancaron un pedazo a Santiago, a la ciudad con apellido de país. Le quitaron una franja. Un  hueco negro amenaza con engullir la luz... pero no teman: ahí viene El Caminante con sus ojos de girasol.

   ¿Es qué no veis como asoma por las nubes y los naranjos? ¿Es que no oís su voz como emerge de la piedra, como renace asido a los barrotes, como sujeta la lluvia en una gota fina, minúscula, imposible? ¿Es qué no veis como vibra la madera en sus manos, con un sonido dulce y antiguo como si fuera un chelo?

  ¿Quién es el hombre de dos tintas? ¿Quién devasta la roca? ¿Qué muchacha le espera  en Padre Pico?

   ¿Dónde te fuiste ahora, caminante, travieso, señero, humilde, enamorado, padre?

   No hagas que me refugie en el papel. Sigue dándome la mano, búscame un modo. Sigue contándome de tus alumnos, del gato de alabastro, de tu carretilla con pesos de a uno. Sigue hablándome de la huelga, de tu primera clase en la Academia. Sigue haciendo pintar a Josefina.

   No les des vacaciones a ninguno.

 Ahora yo soy El Caminante. Nosotros somos El Caminante. Nuestros pasos nunca más estarán solos. La tierra es más firme y más profunda. Tú eres el polvo del camino que bate el viento, la cáscara de la fruta. Tú eres el terrón que cubre la semilla.

   Voy con Caridad de un lado, y contigo del otro.

   Tengo ganas de gritar tu nombre José Julián Aguilera Vicente, pero mi silencio es mi talismán, es un estruendo, es una catedral.

  Corta el melón más hermoso para la cena de hoy. Pinta un pedazo de cielo para cobijarnos. No nos dejes hundir en el dolor o la desesperanza, porque tú nunca te hundiste.

 Perdona estas palabras, inútiles y pobres, para decirte gracias. Y perdona que no te diga adiós, sino te quiero.

 (Pronunciadas en el Taller Aguilera, ante sus cenizas.  30 de agosto 2014 /  NUNCA las hubiera querido escribir)