jueves, 26 de febrero de 2009

YO PUBLIO: Cuando un pintor se desnuda



“Entré detrás de ella a la habitación, tembloroso y asustado. Estaba sorprendido de su piel tan blanca, de sus senos bien dibujados y del triángulo oscuro entre sus muslos. No era una foto de revista, era una mujer de verdad, y no reaccionaba como lo imaginé en mis fantasías, en las que me veía en cueros, con la pinga parada, abrazando impetuoso, y tocándole las tetas y el bollo a aquella puta que se abría de patas para recibirme. Por el contrario, fue ella la que avanzó hacia mí y me abrazó, sorprendida de que yo temblara tanto. Mientras me pedía que me relajara, que aquello le sucedía a todos los que se iniciaban, me fue quitando la ropa, y me dio pena que me viera tan feo y flaco y con aquello muerto. Me llevó hasta la cama, me hizo acostar, comenzó a acariciarme el cuerpo hasta llegar allá abajo, y logró despertar al niño dormido, para mi tranquilidad y contento. Después pasó un brazo por encima de mi pecho, tomó un condón de la mesita de noche e inclinándose me lo puso. Se acostó boca arriba y yo me acosté encima, tratando de metérsela sin saber como, hasta que ella con una mano me guió y sentí, sorprendido, que la iba penetrando, rodeándome de algo cálido y húmedo. Se movió un poco debajo de mí y quise penetrarla más, pero no pude. Lo que siempre pensé que me llevaría mucho tiempo terminó en aquel instante, y ella me justificó al decirme que era natural por ser la primera vez que lo hacía.
“Beba se retiró a un rincón del cuarto, se sentó en un banquito, y tomando una palangana comenzó a echarse agua allá abajo, con la mayor naturalidad, mientras yo me vestía. Le pagué un peso y ella gentilmente me acompañó hasta la puerta ―¿me dio un beso en la mejilla?―, y me pidió que volviera a verla”

Tal es el descubrimiento del sexo femenino por el pintor cubano Raúl Martínez (1 de abril de 1927-2 de abril de 1995), en su volumen YO PUBLIO (Arte Cubano/Letras Cubanas) una de las propuestas imprescindibles de la itinerante Feria del Libro en Cuba.

En el prólogo, el Premio Nacional de Literatura Antón Arrufat señala:

“Este libro es un vencimiento personal. Pocos, repito, han luchado como Raúl Martínez por rehacerse y hacerse. Las páginas de su Yo, Publio, en este aspecto son, como en otros, estremecedoras.

“Dos palabras podrían definir este aspecto, estas palabras son “maravilla” y “tenacidad”. Maravilla le causa el mundo a sus sentidos irritados, alertas, a sus ojos miopes, a su afán de vivir experiencias y participar de mundos desconocidos, como dice con frecuencia en este libro. Su encuentro con el paisaje de su pueblo natal, de mano de su padre, que aún no lo desdeña como hará luego, maravilla de las cosas que lo rodean, maravilla de los cuerpos de los muchachos que le plantean interrogantes misteriosos a un niño que todavía anda trazando su yo, maravilla de la transparencia de la lluvia sobre la hoja de una planta, maravilla de los libros y las imágenes, del propio enigma de su persona que irá descubriendo paso a paso, descubriendo e inventándose, maravilla de las tardes en el cine, de la pintura del Giotto y de Botticelli, de los retratos con el óleo chorreado que pintaba Francis Bacon. Maravilla del descubrimiento del sexo, descrito en una de las páginas más admirables y memorables de la escritura cubana, cuando se acuesta por primera vez en su vida, no con un muchacho como debieron suponer sus censores, lo que hará después, sino con una prostituta joven. Tiene entonces 15 años y va a un prostíbulo habanero —ya su familia se ha trasladado a vivir a La Capital, dejando su casa de madera, las noches plagadas de cocuyos y la triste indigencia de la existencia campesina de aquellos años”.




EL ENCUENTRO CON SU PROPIO SEXO

Una sinceridad de Raúl Martínez en YO PUBLIO, que no conoce límites, sin las hipocresías tan comunes, es siempre reverenciable. Así, asistimos al muchacho se le revela el interés por su propio sexo, de pronto, en medio de un maizal.

“Frente a mi maravillosa casa había un bohío que tenía al lado un gran sembrado de maíz. Yo solía caminar por allí a recoger del suelo caracoles, con los que jugábamos más tarde mi hermano y yo. Un día que andaba buscándolos afanosamente en el sembrado, me tropecé de pronto con un niño más alto que yo que me miraba sonriente. Estaba desnudo. Lo que más me llamó la atención fue lo que le colgaba entre las piernas. Su sexo en erección sobresalía entre ellas, haciendo imposible que yo dejara de mirarlo con una curiosidad incontrolable. ¿No sabía que yo también tenía uno parecido a aquel entre mis propias piernas? Pero era evidente, por la sorpresa que recibí, que aún no me había dado cuenta de eso. También he pensado que aquel niño debía de haber tenido algunos años más que yo y poseía un mayor desarrollo sexual. No importa ahora nada de lo que pensé o pude haber pensado, porque parece que pasé de la observación a un conocimiento más directo sobre aquella erección que estaba frente a mí. Es posible que algo desconocido hiciera que mis manos comprobaran lo que vía mis ojos. Es posible que sin malicia ―que no podía tener a una edad tan temprana― agarrara aquello, movido más por la curiosidad que por deseo sexual alguno. Lo que sí recuerdo y no he olvidado jamás, es a la campesina que nos sorprendió de pronto, y que daba gritos desaforados, y decía malas palabras, acusándome, posiblemente, de degenerado. Lo que en realidad dijo no lo recuerdo, pero lo que no he olvidado de aquel incidente fue la fijación que quedó en mi de lo que había visto y hecho, y que tanto influyó después en mi vida”.

YO PUBLIO es un libro grueso (cerca de 500 páginas) y generoso, cuyas páginas se navegan con placer, un viaje hacia otras épocas (con sus miserias, sus épicas y sus excesos), un viaje hacia uno mismo, un viaje interior hacia la creación y el sustento de uno de los pilares de las artes plásticas en Cuba. Y es, en esta segunda edición, uno de los regalos de la Feria del Libro.

1 comentario:

Carla dijo...

Me dieron ganas de leer el libro...muy interesante!