domingo, 25 de septiembre de 2016

“El libro que me enseñó a hablar con las piedras” de Esperanza Jardines Peacok/ FINALISTA / V Concurso Caridad Pineda In Memoriam 2016






Hoy comienzo a escribir como el agua de río al paso de la corriente. En el patio de una escuela muchos niños y niñas juegan alegremente. Una alumna entra al aula, la maestra que está sentada en su mesa le hace una señal. Diga usted, le dice. ¿Puedes hacerme un favor? Parece que anoche sucedió algo y esos libros cayeron, acomódalos de mayor a menor.


   La pequeña comenzó su actividad curioseando algunas páginas, estaba entretenida y de pronto se quedó pensativa… La maestra se percató: ¿Qué haces?, le dijo. Nada. Es quéYa sé, te gusta ese, si terminas pronto y bien, lo puedes tomar prestado.


   Al llegar a su casa, se quita el uniforme y comienza a leer, pero enseguida escucha una voz que le dice: oye muchacha, deja de leer esas novelas de Corín Tellado y ven ayudarme. No es una novela, mami, es un libro que la maestra me prestó. Todos los días al salir de la escuela deseaba llegar pronto a casa para seguir leyendo.


   Al cabo de unos días cuando terminé de leerlo, fui a entregarlo. La maestra me dijo: quédate con él, sé que te ha gustado mucho. Era La edad de Oro de José Martí. Ese fue el libro que marco mi vida.


  Allí comprendí que la educación comienza en la cuna y debe transcurrir a través de toda la vida. Con un lenguaje claro, sencillo, el autor expresa hechos importantes de héroes de nuestras América, Bolívar de Venezuela, Hidalgo de México y San Martín el padre de la República Argentina; estos hombres lucharon por la libertad de los pueblos, además de enseñarles a amar el trabajo. 


  “Libertad es el derecho que tiene todo hombre a ser honrado y a pensar y hablar sin hipocresía”. También escribe que “el niño que no piensa en lo que sucede alrededor; no será un hombre honrado”, con frases claras como esta, Martí orienta a los pequeños como deben querer a los héroes y luchar por la Patria.


   En mi carrera como Maestra Makarenko,  tuve una experiencia que no olvidaré mientras exista. Estudiando en Minas de Frio, una mañana invernal con pertinaz llovizna, recibimos de forma inesperada la noticia; oímos un silbido en el aire y los estudiantes gritábamos, corríamos. ¡Es Fidel, es Fidel! Alguien dijo: ¡Viene bajando por Mompié! Yo salí con el grupo que quiso alcanzarlo. A lo lejos vi su estatura de Gigante. Tuve el honor de conocerlo y conversar con él. Esta ha sido la clase de Historia más emocionante y enriquecedora que he tenido. A través de los años he recopilado fotos y datos relacionados con los valientes hombres que han luchado por Cuba y otros pueblos.


   El maestro debe impartir clases dinámicas, explicar, utilizar medios de enseñanzas y convencer con su conocimiento al estudiante de qué es cierto lo que dice, pero para lograrlo debe haber tenido vivencias, porque nadie es capaz de hacer amar lo que no ama, ni de dar lo que no tiene. Eso también lo aprendí del libro cuando era niña y luego lo apliqué en mi trabajo.


   Del cuento de magia “Meñique”, hace ver con acciones lo sabichoso, la curiosidad del pequeñín, que quiere saberlo todo, la inteligencia y el talento; no tener miedo y tratar de hacer el bien, porque así se es bueno. Esa magia la apliqué más tarde, cuando al graduarme, mi prueba de fuego fue en El Cuartón Solongo, de Matías, al darle clases a niños de 1ro a 6to grado y por la noche todos los niveles de Educación de adultos; allí los campesinos que fueron muy solidarios conmigo.





   Cuando una maestra imparte clases en un aula de 4to grado, todas las asignaturas a más de 40 niños, tiene que aplicar magia e imaginación ¿No lo crees? El saber y la práctica valen mucho y se aprenden leyendo de todo. La vida es una escuela donde cada día se aprende algo nuevo y provechoso. Alguien expresó un día que cada adulto lleva un niño dentro, y es cierto, recuerdo a veces los juegos de mi infancia, la inocencia y felicidad al hacerlo: el juego del burro, la gallinita ciega, los escondidos, la señorita, etc. El juego en sí, hace que los pequeños se relacionen y respetan las normas que deben seguirse.


    “Los niños debían juntarse una vez por lo menos a la semana para ver a quien podían hacerle algún bien todos juntos”, estas palabras de Martí tienen un mensaje importante, bello pensamiento del hombre de La edad de Oro. La familia debe  estar unida y fortalecer los lazos de amistad con otras personas. En mi vida he tratado de ayudar a aquellos que se encuentran a mí alrededor, dar un consejo a cualquiera que lo necesite; eso también me lo enseño este cuaderno.


   Durante mi estancia en Topes de Collantes, un profesor de Biología llamó a los alumnos que dirigíamos el aula y nos entregó unas preguntas: apréndanselas todas, dijo. Aquí emulábamos en todos los sentidos, y se llevaba una dura lucha contra el fraude académico. Comprendimos que algo no estaba bien. Decidimos ir a la dirección, pero ¿Quién hablaba?: ¡Yo!, dije. Toqué la puerta, saludé y expuse lo que pensábamos. El Director aclaró lo que podía sucederme si no era cierto. Se comunicó con la cátedra de Biología y efectivamente, era la prueba final.


   En la plaza pública reconocieron mi actitud. Varios días después, la prueba final de español contenía estas palabras: “Cuando hay hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres”, enseguida recordé que lo había leído en aquel hermoso libro que me regaló mi maestra. A través de mi existencia he tenido que ser valiente, fuerte,  educada. Tomar decisiones difíciles para seguir adelante. 


   Algunos familiares ayudaron en mi crianza, pero no podré olvidar nunca a mi madre que cuidando ancianos en casas, fue capaz de inculcarme muchas cosas buenas que me marcaron para siempre. En mi carrera de 6 años solo pudo ir a Minas una vez. Fui capaz de trazarme metas en la vida como fue estudiar y cuando tuviera mis hijos luchar por ellos para que también fueran algo en su futuro, lo logré. Aprendí también a tener como ejemplo lo que había leído nunca he sido ambiciosa, ni envidiosa; pero no conformista pues, uno debe trazarse metas y lograr cumplirlas.


    
Cuando  Martí  escribe Los niños debían echarse a llorar cuando ha pasado el día sin que aprendan algo nuevo, sin que sirvan de algo” es cierto porque siempre se puede aprender más y más; los libros tienen en sí una riqueza infinita dentro. Debemos leer mucho, mucho de todo para conocer más del mundo y los hombres.
   Por la mañana al salir a la calle, le doy los buenos días al que pasa a mi lado; con una sonrisa sé que mi mañana será más agradable y también para aquellos que lo perciben. Tal vez ese saludo sea un aliento para alguien que le falta el aire.


   Muchas veces he leído el cuento de Piedad. Cuánta enseñanza tiene sus páginas. Hay quien piensa que no se debe hablar solo. Pero los niños tienen ese don, si a veces  no hay otro niño a su lado, tienen un juguete preferido y a él le cuenta sus preocupaciones y anhelos, aunque tenga todo lo mejor a su alrededor. El juguete preferido de Piedad era Leonor, su Muñeca Negra. Casi siempre para las niñas una muñeca de trapo echa por nuestra madre o abuela en otros lejanos, era el juguete que más querían. Pilar conversa con ella “te quiero mucho porque no te quieren; tus ojos son los que quiero yo; ellos me dicen que me quieres”.  Como quería ser maestra, mi juguete preferido eran unas piedras ¿te ríes? pues sí; les hablaba y decía como debían comportarse, además, les enseñaba a ellas lo que aprendí en clases.


   La lectura de este libro a través del tiempo me ha permitido poner en práctica ese mensaje que trasmite y orienta. ¡Qué feliz se siente una niña o una mujer, cuando recibe una flor! A mí cuando me la regalan, después de un tiempecito la guardo en un libro, pienso que allí está más segura y a veces cuando leo y encuentro una, vienen a mi mente bellos recuerdos.


  En mi paso por Topes,  éramos cerca de 7000 estudiantes; una de las tareas que realizamos fue sembrar árboles frutales y maderables, para así cuidar más la naturaleza. ¡Qué belleza natural se podrá ver hoy, al oír la música de los pájaros en libertad y el susurro de las ramas cuando el viento las saluda!


   A nosotros nos llevaron al lugar donde fueron asesinados Manuel Ascunce  y Pedro Lantigua, en una mata de Flamboyán. Nuestro uniforme era verde y la manga de la blusa o camisa, llevaba una franja mandarina. A veces, a lo lejos, oíamos los tiros de los milicianos o de los contrarrevolucionarios en la lucha contra bandidos en las montañas del Escambray. 


   Un día avisaron que mi mamá estaba enferma en Santiago. Sé que me embarcaron en una guagua vestida de uniforme. En un momento determinado me dijeron que estábamos en Bayamo; allí quedé, no recuerdo mucho, pero fui a parar a manzanillo. Me percaté que unos hombres querían hacerme daño. Pedí auxilio muchas veces; después un policía me llevó hasta el Hospital Provincial de Santiago.


   Luego que mi madre mejoró, regresé a la escuela. Tenía que repetir el año, aquello fue duro, pero aprobé y me dieron el traslado para Tarará, de esta manera fui capaz de sobreponerme y ver hecho realidad mi sueño de ser maestra. A al recordar estos años me pregunto, a veces una sonrisa  asoma a mis labios; pues en II Frente, Mayarí Arriba, dirigí un centro escolar nocturno (René Ramos Latour) de Educación de adultos. Pues a mi pequeña hija no le probaba el círculo infantil. Trabajaba de 7 a 11 de la noche. Mi familia me ayudaba.


  Vivía sola en el aeropuerto. Tenía que pasar un puente colgante con ella y sus pertenencias. Una noche resbalé, sólo me quedé con ella en brazos, no me quedó otra alternativa que sentarme y esperar a que alguien pasara y recibir ayuda. Así fue.
   Algunas noches, cuando la soledad me acompaña, recuerdo a mi maestra que de forma casual puso ante mis ojos aquel libro de páginas amarillentas que iluminaron mi existencia. Haber leído La Edad de Oro, me ayudó a conocer que en situaciones difíciles; uno mismo tiene que tomar la decisión correcta como lo hicieron aquellos hombres en su momento. 




DE LA AUTORA / ESPERANZA JARDINES PEACOK

(1948.  Vive en Contramaestre, municipio de Santiago de Cuba) Miembro del grupo literario Café Bonaparte y del Taller Municipal Raúl Gómez García de Contramaestre. Ha obtenido varios premios en diversos eventos y concursos, entre los que se encuentran: 2do Premio en cuento para niños en el Encuentro Municipal de Talleres Literarios, 2009. Primer Premio en Cuento y Poesía para niños, 2010. 3er Premio en Cuento para adulto y Poesía,  2014)



--TODOS LOS PREMIOS / TODAS LAS FOTOS en:  
---GRAN PREMIO: “Las cien no soledades”: Aracely Aguiar Blanco
---“Un libro: Novelas y cuentos de Voltaire”: Federico Gabriel Rudolph (Argentina) / PREMIO CAPÍTULO INTERNACIONAL / V Concurso Caridad Pineda In Memoriam
__ “Sobre EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA”: Mireya Chico Díaz / PREMIO TERCERA EDAD / V Concurso Caridad Pineda In Memoriam