sábado, 24 de septiembre de 2016

“Cachorro de León” de Frank Lugones / MENCIÓN / Concurso Caridad Pineda In Memoriam de Promoción de la Lectura 2016



    
                                  


A Ivonne Galiano, por el sueño
 A Eduardo Heras, por la certeza

Acababa de llegar a Ciudad de la Habana. El reloj marcaba una cercanía mínima a las dos de la madrugada y no tuve más remedio que esperar en la Terminal hasta que amaneciera. Caminé unos tres kilómetros embobado con las construcciones, los parques, el tránsito incesante y el bullicio de la urbanidad. ¡Estaba en la capital de todos los cubanos! Una gloria diría, sí, una gloria. 


   Después de unas cuantas preguntas logré llegar a Fe del Valle, residencia que acogería a los veinte estudiantes del grupo nacional para el Curso de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Subí al piso tercero por indicación de la camarera y, ya en la habitación, solté el maletín y caí sobre la cama como una piedra. Fueron catorce horas de viaje y una larga madrugada, nada mejor que un buen colchón para ese recio antecedente.


   Desperté con el ruido, ya estaban allí jóvenes de casi todas las provincias. Pávido salí del cuarto y me saludaron como si me conocieran de la vida entera. Nos sentamos en el lobby y después de las presentaciones formales comenzaron a hacer los planes para la semana. Entre unos tragos de vodka logré amortiguar un poco los nervios, ¡todos lo notaron! Es bastante difícil para un guajiro de los montes de Mayarí, llegar de súbito a un lugar tan lleno de rarezas; aunque el raro era yo, creo. 


   Siempre quise ser escritor, gustaba de moldear los eventos y hacer que las cosas sucedan a mi modo. Entre libros me enmarqué en una soledad inherente. Los pocos amigos me tildaban de una vejez prematura por aborrecer la estridencia del reguetón y considerar un lujo las tardes de té y tertulia. No tuve mucha ayuda, pero comencé a participar en algún que otro concurso para lograrlo. Cuando me llamaron del Centro Onelio fue como si de aquel auricular se hiciera un camino para mí. Conocería a mucha gente del medio, aprendería la técnica y sería alumno de Eduardo Heras León, a quien consideré excelso desde mis lecturas principiantes de Los pasos en la hierba, Cuestión de principios...


 

  
Poco a poco la vergüenza y la introversión se fueron saliendo de mí sin que lo notara. Todos se encargaron de ello. Las clases, las salidas nocturnas y el amor incondicional me fueron haciendo uno más de "la gran familia del Centro Onelio", como decía la señorita Ivonne. Hasta aquel día.


  Era la sección de la tarde del veintidós de enero. En el aula el profesor Eduardo comenzó a contar un pasaje de su vida, una especie de narración oral a la que le prestamos una atención inmutable. 


  "Me acerqué a la fila por curiosidad, como todo cubano que ve una cola..." La admiración se apoderó de mi más que cualquier otro sentimiento mientras escuchaba a aquel hombre medio mestizo y medio chino, hacernos semejante relato. "Dentro todo era superior, algo así como mágico: la decoración, la música, los olores..." El aula sufrió una metamorfosis: las paredes desaparecieron, en su lugar una balaustrada sellaba el cuadrilátero y hermosas enredaderas salían de las jardineras con helechos hasta formar, en lo alto, un techo de hojas verdes que dejaba ver a intervalos trozos de cielo; se podía escuchar con claridad una suave melodía de violines, sentir el olor caliente de los hornos y las pizzas y los espaguetis untados de salsas humeantes.  


   "Pensé que estaba viviendo un sueño, en el menú había lasagna, sorrentinos, tortillinis... -para ustedes esto son cosas extrañas, pero para mí fue una bendición-; por un momento creí que el camarero, gentil y persuasivo, se aparecería con una pizza ácida y quemada después de mi pedido, pero no fue así..." El profesor Eduardo habló con tanta exactitud que mi paladar degustó el queso, las aceitunas, los raviolis; creo que todos nos tragamos indistintamente la abundante saliva que sosteníamos en la boca. "Pero lo más connotativo fue la botella de Lacryma Christi, siempre fue mi tinto predilecto y ya lo pensaba extinto..." Y en el aula probamos la bebida de modo que no se puede explicar sin violar las normas de la sobriedad. 


    "La siguiente semana fui, pero no había tal pizzería, pregunté a algunas personas que estaban cerca y me dieron por loco; entonces decidí no contarle sobre esto a nadie para evitar poner a criterio libre mi cordura, debió haber sido una ficción solidificada por el deseo y el recuerdo de los buenos tiempos..." Sentí una marcada desilusión, mis compañeros y yo nos miramos como tratando de escapar de la sorpresa. "Hasta hace unos pocos años, en una reunión informal, uno de los presentes contó que le había ocurrido lo mismo en la calle Consulado, era definitivamente aquel sitio; en ese momento no dije nada relacionado con mi experiencia anterior en la pizzería misteriosa, pero me dispuse a escribirlo; es el cuento que le da nombre a mi último libro: Dolce vita."    


  La clase concluyó y algunos de mis compañeros y yo, bajo la tutela de un avezado en el laberíntico medio capitalino, nos dispusimos a obtener el libro. ¡Fue una verdadera odisea! Visitamos tantas librerías que es imposible recordar el número exacto. Hasta que al fin, en la esquina de Infanta y San Lázaro, encontramos una que tenía varios ejemplares a la venta. Cada uno compró el suyo y regresamos a la residencia.


  Eran las diez y tanto cuando logré, con mil y una justificaciones, evitar la salida nocturna. Casi todos se fueron a aventurar por la Habana. Subí a la azotea y, acompañado únicamente por la soledad, comencé a leer el libro. Cada cuartilla se hizo un mito. La sucesión de cuentos me inyectó una fuerza extraña, y en las últimas páginas la Dolce vita solidificó mi intención de ser, tal vez algún día, un cachorro de León.


  No sé cuando llegaron mis compañeros. La claridad del día me sorprendió repitiendo las páginas. Bajé las escaleras y ya todos se alistaban para la jornada matutina. Llegamos al aula y el profesor Eduardo estaba ahí, como siempre, puntual y alegre. Yo me quedé en la puerta unos segundos poseído por una inercia inexplicable. Caminé unos pasos. Frente a él coloque el libro sobre el buró, imponente, sin valor siquiera para levantar la mirada del suelo o decir una palabra. Me temblaban las piernas y hasta el alma diría, si, hasta el alma. El interpretó mi silencio, tomó la pluma y escribió pausadamente sobre la primera página

Ya todo acabó. Ahora estoy en mi mundo verde haciendo poesía con el sonido que produce el arado al sajar la tierra e inventándome historias en las que los bohíos son castillos y las cabras y los bueyes los humanos más perfectos. Probablemente Eduardo Heras León no me recuerde. No sabe que es Dolce vita el primer libro que un autor dedicó para mí. Que encontré entre sus líneas los pilares, el ímpetu, las ganas interminables de hacerme en el arte de las letras.



  Cada vez que tomo un lápiz y un montón de papeles en blanco, antes de escribir, abro su libro en la primera página y lo dejo ahí, sobre la mesa, hablándome. Y es su dedicatoria manuscrita la magia en la que me hundo hacia una sobria certeza.




 DEL AUTOR / Frank Lugones Cuenca (Mayarí, Holguín, 1984)

Graduado en Geodesia y Cartografía. Miembro del Taller Literario José María Heredia. Ha obtenido premios en el concurso provincial León de León y Lengua de Pájaro en los años 2011, 2012, 2013 y 2014, en varios géneros. Premio nacional Sigifredo Álvarez Conesa, 2012, en cuento. Mención en los Juegos Florales Santiago de Cuba, 2015 y 2016. Finalista en el concurso Caridad Pineda in memoriam, 2014. Graduado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso, 2014.




-TODOS LOS PREMIOS / TODAS LAS FOTOS en: 
---GRAN PREMIO: “Las cien no soledades”: Aracely Aguiar Blanco
---“Un libro: Novelas y cuentos de Voltaire”: Federico Gabriel Rudolph (Argentina) / PREMIO CAPÍTULO INTERNACIONAL / V Concurso Caridad Pineda In Memoriam

---“EL LIBRO QUE ME TOCÓ VIVIR” de Yecenia Ramírez Sosa / Premio AUTOR NOVEL y trabajo más premiado / V Concurso Caridad Pineda In Memoriam 2016
__ “Sobre EL INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA”: Mireya Chico Díaz / PREMIO TERCERA EDAD / V Concurso Caridad Pineda In Memoriam
http://laislaylaespina.blogspot.com/2016/09/sobre-el-ingenioso-hidalgo-don-quijote.html