miércoles, 3 de octubre de 2007

EL DÍA QUE CONVERSÉ CON LA LUNA





Rayén Kvyeh, embajadora de un pueblo legendario






(Diálogo con una mapuche)

Reinaldo Cedeño Pineda

Es una werken, una mensajera de la gente de la tierra…

Al pasar, tras las balaustradas, escuché una lengua extraña, un acento jamás escuchado. Y decidí entrar a la tertulia, una de esas tardes en las que el Sol se enamora de la ciudad de Santiago de Cuba.

La curiosidad es un flechazo.

Estaba con su chariwe, faja de lana ceñida a la frente. Una rareza imponente, ojos de aquellos que se han sentado a solas con la vida.

Ojos de otro mundo.

Y el poema: Mapu Ñuke… Mapu Ñuke...

-Por favor, ¿qué quiere decir?…
-Madre Tierra.
-¿?
-Soy mapuche
-¿?
-Araucana… así nos pusieron los colonizadores, agregó ante mi perplejidad.

Como una ráfaga pasaron por mi memoria, el mítico Caupolicán con el tronco a la espalda. Lautaro y su pica. Guacolda y Colocolo, la epopeya cantada por Ercilla…

Esta mujer tiene la voz como el río Bío Bío, que trae el agua helada de los picachos andinos hasta el Pacífico.

Esta mujer te filtra el alma con la mirada.

-Hasta yo misma he olvidado mi nombre. Mi nombre en español, se evaporó. Soy RAYÉN KVYEH, en mapuche… quiere decir “Flor de Luna”, porque nací en primavera.

Todos los días, no se sienta la historia de América a tu lado.

Nació en el país más largo del mundo, Chile; pero a su gente la han dejado el Sur del Sur: desde Temuco hasta Chiloé, la isla de pescadores y niebla.

A su pueblo lo diezmaron, lo partieron entre Argentina y Chile; pero su existencia es una rebeldía.

El vocablo mapuche está formado por mapu (tierra) y che (gente). Son gente de la tierra.

Ser mapuche es un milagro.

Antes de que “la conciencia ecológica” tocara el alma, antes de los grandes desastres… ellos apostaron por la tierra, con el homenaje de la ceremonia del gijatun, donde su pueblo se comunica con el espíritu de la naturaleza y sus antepasados. Y con la labor cotidiana de sus manos.

Los pueblos originarios son los primeros ecologistas de América.

Su pueblo tiene una lengua oral que en su propio país algunos han querido barrer. Para otros, queda el esfuerzo heroico para dotarla de una gramática, a contrapelo de la tradición arraigada en las comunidades... sobre todo… de la desidia, la invisibilidad, el ninguneo.

Ser mapuche, es esta mujer con ojos de siglo, sus poemas épicos:

Irrumpirá la aurora con su arco iris de colores
Y te enseñaremos quiénes somos los hijos de la tierra

Rayen es una werken, una mensajera. Ha viajado por Europa y América llevando el mensaje de su gente.

Dice que su pueblo es capaz de darlo todo por amistad o por amor.

-Cuanto más mundo he visto, más mapuche soy.

Cuando canta el ave sagrada, no se aventura a salir. Cuando los longos, los ancianos, dictan su filosofía… palidece y asiente.

Al otorgársele la Placa Conmemorativa José María Heredia -aquel poeta que se inventó la patria "en una aterradora soledad"- durante el Taller Internacional de Poesía en Santiago de Cuba , afirmó estar como en su ruka, casa de madera y junquillos, sin divisiones; bajo el árbol milenario del pewén.

Y agradeció en su lengua: Wvne Coyvn Ñi Kvyeh: Luna de los primeros brotes.

Rayen no entiende porque atentan contra la Madre Tierra.

Ha fundado la Casa de Arte Mapuche y la revista Mapu Ñuke. Y toma un pincel fino para pintar rostros y volcanes.

Cuando regresé del asombro, de la entrevista, de la tertulia, de la amistad… me miró fijo. Me dijo, bajito, que tenía los ojos helados como los volcanes de su tierra.

Nuevas lunas se avizoran para el pueblo mapuche; mas es sabio esperar.

El pueblo mapuche es una asignatura pendiente.

Los mapuches son como los lagos pequeños, donde cabe una lágrima; como los mares del Sur, con las olas indomables de la esperanza