sábado, 22 de septiembre de 2012

CARMEN




Dariela Gámez Paz


 Palabras de elogio a la periodista Carmen Bonne Castelneaux de Radio Mambí. Peña Letras Compartidas, Biblioteca Elvira Cape, 21 de septiembre de 2012. Santiago de Cuba

NO imaginan lo difícil que me ha sido escribir esto. Probablemente todo se deba a mi habitual finalismo, la presión añadida por la altura del presentador o el motivo del homenaje. Al final, el resultado han sido estas oraciones torpes que tal vez sirvan para cualquier cosa, menos para halagar a quien hoy lo merece.

En un principio, pensé contarles de la periodista de Radio Mambí, la editora del sitio web de la emisora. Contarles algunas de sus locuras, sus comicidades, su inagotable locuacidad o su carácter regañón; explicarles detalladamente que no hay reunión en que ella no nos recuerde a todos que esta es la era de una sola redacción donde se combinan la analógica y la digital, y que todo sucede en un momento histórico concreto; pero todo eso lo deseché por simple y mal escrito.

Al final, nunca encontré las palabras ni exactas ni elegantes, ni siquiera alguna bonita, y ya con el tiempo en mi contra decidí otra cosa. Por eso, les pido permiso para cambiar el discurso y en vez de hablarle sobre ella, hacerlo con ella. En el momento en que estaba redactando, 8.00 p.m., eso iba a ser lo más real y sentido posible.

Carmen, quiero agradecerle por convertirse en el ángel guardián de los recién graduados de la emisora, porque detrás de esa primera impresión de mujer dura que me mostró cuando entré en Radio Mambí en el ya lejano 2010, estaba su alma noble, altruista, desprendida y servicial que he tenido el privilegio de ver en estos dos años.

Gracias también por mostrarme una vez más que es ser justo, que tener siempre la razón no es una buena costumbre, que el reconocimiento siempre impulsa y gratifica, y que a quien se quiere bien, se elogia en público y se regaña a solas.

Tal vez estas oraciones no sean lo suficientemente elegantes, ni están a la altura de este homenaje que bien merecido tiene; pero espero que sepa reconocer que por encima de cualquier elogio que alguien pueda hacerle, siempre tendrá mi agradecimiento y respeto.

Ojalá todos los recién graduados tengan su Carmen. Afortunadamente, yo tengo la mía.


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