domingo, 6 de octubre de 2013

Eric Caraballoso Díaz: De la RADIO a la RADIO

 
♣ Entrevista al director y guionista del programa De la radio a la radio, premio al  mejor espacio cultural del Festival Internacional de la Radio y la Televisión Cuba 2013.

Por Reinaldo Cedeño Pineda


Le admiro su serenidad, su disciplina. Su profesionalismo se adivinaba desde los tiempos de estudiante, y el tiempo no ha hecho más que acendrarlo. No fue difícil profetizar esta vez su éxito: el programa  llegaba avalado por varios galardones en eventos como el Festival de la Radio Joven Antonio Lloga in Memoriam, y  el hilo exquisito de su construcción, descansa en una investigación ante la que hay que quitarse el sombrero.

 Y eso es, apenas, un adelanto de lo que vendrá…

—¿Soñaste  alguna vez trabajar en la radio, o fue un camino de circunstancias?

Siendo sincero, la radio nunca estuvo entre mis primeras opciones. Siempre preferí la prensa escrita, más afín a mis intereses creativos, a mi gusto natural por la escritura. Sí había trabajado en ella como estudiante, durante las prácticas laborales, y también en la radio base de la Universidad, y no puedo decirte que no me gustó lo que hice entonces, que no me atrajo  la idea de estar frente al micrófono. Pero como periodista, la verdad, tenía otros intereses. Sin embargo, la vida me condujo por este camino, primero como guionista, luego ya como reportero y redactor de Radio Siboney, y ya en la emisora una cosa fue llevando a la otra.

—La radio sufre de una notable orfandad de memoria y tu programa De la radio a la radio contribuye precisamente a rescatar hitos de la radio en Santiago de Cuba, y por ende, en el país. ¿Qué tesis sostiene el programa y cual resultó su estrategia de realización?

De la radio a la radio no pretende ser otra cosa que un homenaje a los noventa años del medio radial en Cuba, a través de un recorrido por diferentes momentos y figuras de este propio medio en Santiago. No había porqué hacer la historia ya conocida, que enfatiza en lo realizado principalmente en La Habana. Santiago de Cuba tiene suficientes hitos y artistas relevantes como para ir a buscar más allá, sobre todo si se tiene en cuenta que este fue un programa hecho para ser transmitido y, por ende, escuchado en la urbe santiaguera.

No es un problema de chovinismo, sino de justicia. Por eso, junto a la referencia ineludible a nombres de la relevancia de Félix B.Caignet y Luis Carbonell, tomé el testimonio de reconocidos radialistas de Santiago, como los Premios Nacionales José Armando Guzmán Cabrales, Julián Ercilio Navarro Coello, Rebeca Hung y Noel Pérez, y también de otras figuras menos conocidas pero igualmente consagradas como el ya desaparecido efectista Gerardo Gómez Mederos, Yayo, de CMKC; y la editora y grabadora de Radio Siboney María Elena Pineda. En sus palabras, en sus consejos y anécdotas, está el homenaje a todos los que han hecho y hacen radio en Santiago.

—Como parte de un proyecto de la Fundación Caguayo para las Artes Monumentales y Aplicadas para saludar los 500 años de fundación de Santiago de Cuba, ya está en proceso editorial un volumen de tu autoría sobre la historia de la radio en Santiago de Cuba. ¿Cómo asumes tu participación en tal proyecto? ¿Qué experiencias y angustias te aportó la investigación y cuándo podremos tener en la mano el volumen resultante?

Investigar sobre la historia radial de Santiago de Cuba fue un reto mayúsculo, sobre todo porque había muy pocos antecedentes, todo estaba disperso, o perdido, y además, por características propias del proyecto de la Fundación Caguayo, debía hacerlo en un tiempo limitado, y pensando en un volumen de páginas igualmente limitado.  Así que tuve que ser lo más práctico posible, y apelar a los recursos que tenía a mano y a mi entrenamiento como periodista. Por eso el testimonio es la herramienta básica que utilicé en la investigación, complementado con alguna búsqueda bibliográfica y hemerográfica.

No había tiempo para hacer un levantamiento profundo de archivos, lo mismo dentro que fuera de Santiago, ni tampoco para entrevistar a todos radialistas que me hubiera gustado, algo que considero una carencia y que deberá ser suplida en próximos trabajos míos o de otros investigadores. De todas formas la idea era abrir un camino por el que otros puedan seguir, porque realmente la historia de la radio es muy rica y pretender abarcarla en un único libro es una ingenuidad y una herejía. Por eso, en la misma introducción del libro, que dicho sea de paso está ahora en proceso de edición y debe estar listo para fines de año o quizás inicios del año que viene, aclaro que no se trata de la historia de la radio santiaguera, sino acaso de algunas de sus memorias.

—Con frecuencia aflora una vieja discusión alrededor de la radio: el considerarla como  una manifestación artística legítima con sus valores propios, y de otro lado, los que la consideran un canal de transmisión de información y de manifestaciones artísticas ya elaboradas. De acuerdo  a su experiencia, ¿en qué lado se inscribe y sobre qué argumentos se sostiene?

Decir que la radio por sí misma es arte, me parece tan descabellado como decir que todo cuadro, o toda película, o todo libro, lo es. Que alguien haga algo con la idea de que se convierta en arte no significa que así sea. En el caso de la radio, esta transmite programas que son en esencia productos comunicativos, con cuyo fin en primera instancia es precisamente decir, comunicar, y si, por la forma en que se realizan y los recursos que emplean, alcanzan un nivel estético que puede definirlos como arte pues mucho mejor.

Lo ideal es que la preocupación estética siempre esté presente, lo mismo en los dramatizados, donde es más fácil suponerla, que en los informativos, pero ello no quiere decir que deba renunciarse a la propia naturaleza del medio, a su intención comunicativa y su eficacia. Tampoco se puede perder de vista el carácter casi industrial del medio, la radio no se detiene, tiene que cumplir con una parrilla de programación, no puede esperar a que un director o un guionista se inspire, o que los locutores estén siempre igual de afinados.

Por eso es más fácil presumir el carácter artístico de los programas hechos no para el diario, sino para un concurso o para una circunstancia especial, porque en ellos suele ponerse el extra que a menudo falta en la programación habitual. Pero juzgar a los creadores, a las emisoras, y al medio en general por esos programas, es también un engaño. La verdadera radio es la que hace todos los días.

—Radio Siboney es una emisora  dedicada en exclusiva a la información cultural y la música instrumental ¿Cuánto puede aportar una casa radial de carácter municipal y con estas singularidades, al disfrute y apreciación de nuestra cultura cubana en medio del amplio espectro de la radiodifusión en Cuba?

Radio Siboney es un caso excepcional, y está bien que así sea. Todo no puede ser la misma fórmula, con programas parecidos, con información parecida, con voces parecidas, tanto que a veces uno pasa de una emisora a otra, de una provincia a otra, y apenas nota la diferencia. Radio Siboney, por su tono y naturaleza, no intenta ser sino que es diferente, y aunque lo que haga sea perfectible, su singularidad la distingue en el amplio pero mimético panorama de la radio cubana.

Una de sus columnas vertebrales es sin dudas el abordaje de la cultura, no solo como contenido sino también formalmente, y en ello el empleo de la música es fundamental. Su intención de ir hacia la profundidad y no hacia la epidermis, de abarcar un espectro más amplio de temas culturales, con una mirada que busca la especialización, enriquece para bien su propuesta radial a los oyentes.

—¿Qué lugar deja el periodismo a otros facetas de Eric, como la de narrador, que incluso le ha llevado al Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso?

El periodismo es absorbente, como lo es la propia vida, con sus circunstancias y avatares. Y para hacer algo más se necesita tiempo y voluntad, y no siempre estos vienen de la mano. Escribo literatura menos de lo que quisiera, a veces menos de lo que pudiera. También tengo que dedicar tiempo a otra escritura, la de guiones, que me garantiza complementar el necesario sustento. Y ya en la radio, pues me han nacido otras inquietudes creativas vinculadas ya no a la escritura sino a la realización en sentido general, como la que condujo al propio programa De la radio a la radio.

En cuanto a la narrativa, tengo varios proyectos inacabados, que trabajo con calma, entre otras cosas porque ese es mi ritmo para la literatura, corrijo mucho, rectifico mucho, releo mucho y avanzo poco, pero trato de estar satisfecho con lo que termino. Apuro no tengo.

—¿Hacia que aires gira ahora mismo la rosa náutica de tu destino profesional? ¿Te atreves a contarlo?

Pienso seguir en la radio, en Radio Siboney. Aquí me siento bien profesional y personalmente, y eso es lo más importante. Sigo haciendo periodismo, escribiendo guiones, y también narrativa, a mi paso. Es posible que cuando salga finalmente el libro sobre la radio santiaguera acometa con más impulso otro proyecto.

En la lista de espera está otro posible libro, sobre la emisora santiaguera CMKR, desaparecida tras el triunfo de la Revolución, un tema que se desprendió de la investigación primera y sobre el que ya realicé mi tesis de maestría. También hay una idea, igualmente vinculada a la historia a la radio, para un posible doctorado. Y ya tengo uno o dos proyectos en la cabeza para otros programas o documentales radiales. Por ahí anda la cosa.

 

DEL GANADOR / Eric Caraballoso Díaz (Camagüey, 1976) Periodista, narrador y realizador radial. Graduado de Comunicación Social en la Universidad de Oriente. Máster en Cultura Latinoamericana. Graduado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Miembro de la Asociación Hermanos Saíz. Actualmente trabaja en la emisora Radio Siboney.