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sábado, 4 de julio de 2009

El arquetipo del "oriental" en la TV cubana



(Un resumen de este artículo, publicado en el semanario La calle del medio., N.7. noviembre de 2008, ganó MENCIÓN en el Concurso Nacional de Periodismo 26 de julio, 2009 de la Unión de Periodistas de Cuba, UPEC)

Reinaldo Cedeño Pineda
escribanode@gmail.com


La invisibilidad es una de las más terribles formas de la discriminación. Duerme agazapada en el desconocimiento, bebe de su propio veneno y legitima sus códigos, convirtiendo la exclusión en la norma.

Vivimos no sólo en el siglo de la comunicación, sino sobre todo, en el de la visualidad.

Por doquier, la imagen −y todas sus variantes− asalta con su enorme poder; la imagen y el movimiento, en una simbiosis sin la cual ya no sería posible imaginar la contemporaneidad.

El cinematógrafo de los Lumiere ha sido más importante para la humanidad que el ascenso a la luna. Es más, esa hazaña, sólo pudo ser aquilatada gracias al lente que la acercó a los hogares del mundo. Los avances posteriores en tal sentido (la televisión, la transmisión vía satélite, las imágenes vía Internet) no han hecho más que reafirmarlo.

La conformación −cotidiana y acumulativa− de nuestro sustrato cultural, corresponde más de lo que se suele aceptar a la pantalla doméstica, a la realidad que esta recorta. En tal sentido, las estadísticas alrededor de cuántas horas y cuáles son las vías de aprehensión del mundo circundante, pueden revelarse escandalosas.

El lente cumple sus propias leyes. Entre las consecuencias más inmediatas de la visualidad, se hallan el efecto de prestigio, la legitimación de autoridad y la fijación de valores, cánones y referentes; todo a escalas insospechadas, imposibles de lograr por otra vía.

Por supuesto, nuestro país no anda −no puede andar− ajeno a tales asertos; pero entre las jerarquías culturales y los valores que se desearía apuntalar, y los que en ocasiones van ocupando la pantalla, se han extraviado ciertos caminos. La Cuba del último medio siglo nunca ha rebajado su televisión a la condición de simple vehículo de enajenación; pero en la crítica radical ―entendida como ese ir a las raíces martiano― radica uno de los factores para su salud.

La Imagen Cuba y la televisión “nacional”

Para entrar en materia, no obstante, es necesario esbozar todavía uno de los conceptos más difíciles de asir: el de identidad nacional.

El “ser nacional” es la asunción de un concepto sicológico de representación, más allá de posiciones geográficas y kilómetros cuadrados. Esa representación asumida ha de convertirse en carne y savia de todas sus partes de manera irrenunciable, como la raíz sostiene al árbol y el tronco “representa” a sus propias ramas.

Lo “nacional” no es un atributo que se ha tomado a manera de garantía o de gracia divina; sino una expresión de carácter inclusivo, sin cuya manifestación se diluye, pierde la razón de su existencia y pasa a convertirse en una caricatura de sí misma.

Todo concepto es una síntesis, una generalización que antes ha hecho el análisis de sus partes para descubrir sus vasos comunicantes. Acudo entonces, a una de las definiciones más completas sobre identidad nacional, la del investigador Fernando Martínez Heredia, Premio Nacional de Ciencias Sociales 2006:

La identidad nacional es hija de una lenta y prolongadísima acumulación de rasgos, tomados, creados, reelaborados o recreados, de la vida cotidiana, los materiales míticos, las creencias, las expresiones artísticas y los conocimientos adquiridos de numerosas etnias, de sus choques, relaciones y fundiciones, de comunidades locales y regiones que compusieron el país. (1)

Así, la conversión de “lo nacional” en “lo habanero”, con el desconocimiento de las “relaciones y funciones”, con la negación de las “comunidades locales y regiones” (a las cuales debería presuponer y de las cuales debería nutrirse) es una clara corrupción del concepto.

El hogar, el barrio, el municipio, la provincia, la región… son los primeros espacios vitales que se advierten y que comienzan a formar parte del patrimonio personal y afectivo del ser humano.

El concepto de país es difícil de asir en las primeras edades, y el “terruño” es el lugar desde el cual ―en un proceso de educación, influencias, asimilación y sedimento― comenzamos a ser cubanos.

No habrá que confundir región con regionalismo: chovinismo desbordado, vicio descalificatorio del que advirtió Martí desde finales del siglo diecinueve: “Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea”. (2)

El regionalismo fue un pesado fardo que marcó la guerra de independencia contra España y exacerbarlo de cualquier forma ―la ausencia, el menosprecio, la deformación, la preeminencia― se presenta como una irresponsabilidad temeraria.

Los medios de prensa suelen acudir a códigos preestablecidos: fórmulas lingüísticas y enunciados que resumen un acontecimiento. Tal es el caso, por ejemplo, de las concentraciones o desfiles que sólo tienen lugar en la capital: se anuncia que “un millón de habaneros en representación de toda Cuba, acudirán hoy a…” Similares pautas son manejadas por la prensa foránea, al referirse a “declaraciones de La Habana” en lugar de “declaraciones del gobierno de la República de Cuba”. Es la clásica sinécdoque, tropo de la lengua en que se toma la parte por el todo.

Sin embargo, ninguna metáfora ni recurso de la lengua basta para legitimar el abuso de la “visualidad Habana” como “visualidad Cuba”, es decir La Habana vista no como la cabeza del país, sino como “el país”. En la práctica se ha convertido en una suplantación. Así, queda secuestrada la multiplicidad de la nación, se castran los referentes visuales de una parte y con él, sus protagonistas, modos, costumbres y escenarios.

El problema sería de menor cuantía si esto se reservase al ámbito teórico; mas su expresión práctica ―a manera de un cáncer―, va tomando cuerpo y empieza a dejar amargas consecuencias en los más diversos ámbitos; sobre todo en uno impensable: la discriminación.

Me resisto a no contar la anécdota: Después de muchos años, volví a ver en La Habana a mi ex compañero de estudios, Ayman, y decidí que no había mejor manera de celebrarlo que ir al estadio Latinoamericano a ver un clásico de la pelota cubana: Industriales−Santiago de Cuba. Y allá nos fuimos.

Todo iba bien… hasta que empezaron los gritos de “palestino, palestino” dirigidos a los aficionados orientales y a los jugadores visitantes. Ayman nació en Palestina y ha recorrido medio mundo en contra de su voluntad. Es muy sensible al tema.

Ser palestino para él es un orgullo irrenunciable, y por más que le expliqué la reasignación de significados, la migración interna y las pasiones que desata el deporte… tuvimos que irnos antes de finalizar el noveno inning. No entendió que un término que le resulta sagrado fuera usado con matiz despectivo… y mucho me costó que pasara la página.

En una dinámica asociativa relacionada con las dificultades de vivienda y asentamiento, el oriental emigrado hacia la capital, devino en “palestino”. Siguiendo la derivación, todo “oriental” en La Habana es considerado “un palestino” o “un posible palestino”, y de allí emergen ―casi por rutina―, las imágenes y los pareceres.

El arquetipo per se del “oriental” construido por la televisión cubana es ese “emigrado oriental”. El esquema suele ir acompañado de toques marginales y de comentarios desdeñosos o satíricos sobre su origen, cual si se tratase de una minusvalía, o de un error a subsanar. Más de uno se presta a estos reduccionismos.

De un plumazo, las series cubanas han desaparecido a “los orientales otros” que viven, trabajan, padecen, aman y mueren en el Este de la Isla; o a los orientales profesionales que viven en La Habana.

El lente nacional ha de darse prisa por calibrar esas miradas y abrirse asimismo a otras ópticas como las exhibidas en los Encuentros de Jóvenes Realizadores ―Buscándote Havana de Alina Rodríguez Abreu, es apenas uno de ellos― que aún esperan por su difusión en la pantalla doméstica.

En el tema de la migración de Oriente a Occidente (y la migración interna en general) subsisten en nuestros medios de difusión masiva, espacios ausentes, mucho folclor y poco análisis.

Otro vocablo para designar la geografía no capitalina (“el interior”) revela una cuota discriminatoria por el estilo, además de portar al mismo tiempo, trampas geográficas y anacronismos. Aunque su uso aparece ya en el decimonónico Diccionario provincial casi razonado de vozes y frases cubanas de Esteban Pichardo, no hay que olvidar que la herencia llega de una época de Habana intramuros/ extramuros, de los difíciles y lentos viajes “tierra adentro” a caballo… de los que nos separan largamente más de una centuria.

Laa condición de La Habana como hermosa ciudad de puerto y mares, es compartida por varias de las urbanizaciones de la Isla, y ninguna provincia cubana está ausente del contacto con el Caribe. Luego, esa dicotomía interior/exterior (el “exterior” que se supondría como lógica antinomia del “interior”) no tiene en Cuba razones que la asistan ni reales asideros.

Aunque figuraciones por el estilo no son privativas de nuestro país ―pues las capitales de las naciones del Tercer Mundo suelen ser las “vitrinas de la nación” y reservan para sí una centralización de poderes de la cual emanan instituciones y opciones únicas― valdría la pena estudiar el fenómeno más allá de lo anecdótico, el “palestinaje” y los “interiores”.

¿Cuándo comenzó el proceso de “habanización” o “habano-centrismo” de la cultura cubana? ¿Qué consecuencias sicológicas, migratorias, culturales y sociales ha tenido? ¿Cuánto ha contribuido a reforzarlo nuestra televisión en los últimos años?

El 7. Congreso de la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba) dejó sentada las preocupaciones de sus miembros por "las crecientes manifestaciones despectivas hacia las personas de la región oriental del país"(3)
Es el reconocimiento tácito a la existencia de un problema, un primer paso que presupone un segundo: la búsqueda de soluciones.

El país “otro”

Si bien, de ninguna manera se le podrá endilgar a la televisión cubana ser la causante de un fenómeno que lleva en sí varios entramados; su reflejo acrítico y la recurrencia facilista a los arquetipos, lo ha redimensionado. De forma contraproducente, existe una marcada reticencia a admitir el fenómeno, o al menos a admitirlo en su dimensión real: es la discriminación invisible.

El aplastante peso de la visualidad habanera acaba convirtiendo en raros los modos de actuar o de ser no capitalinos. De esta manera, ante la falta de costumbre visual, “lo diferente” comienza a ser, poco a poco, “lo inferior”.

Lo más lacerante de todo es la omisión, que hurta del reconocimiento de la nación a quien echa su vida en su pedazo de patria, y no permite jerarquizar vidas y obras que potencialmente serían espejo para toda la nación. En consecuencia, aparece su contraparte: se abre paso a propuestas de menor relevancia, cuya difusión responde más a la cercanía geográfica que al nivel cualitativo. Ejemplos sobran.

La invisibilidad crea un círculo del infierno: no estás en la televisión porque no te conozco; como no te conozco, no estás en la televisión. No es posible querer lo que no se conoce. La invisibilidad es un crimen al alma misma de la nación.

Las estrategia sostenidas hasta hoy para paliar estas ausencias son, a mi modo de ver, muy limitadas, fragmentarias e inconsecuentes: la llegada a una provincia, de festival en festival, de algunos programas de la “televisión nacional” con sus equipos técnicos y artísticos; ese modo de actuación, esos “tres minutos de fama” otorgados a los “artistas de provincia” por la mirada descubridora llegada desde la capital, no puede ser la vía.

La programación informativa, especialmente el Noticiero Nacional de Televisión, se “alimenta” de reportes periodísticos que llegan desde muchos lugares del país. Es cierto. Lamentablemente ese esfuerzo, no pocas veces, queda rebajado por el olvido de la dramaturgia informativa. Esta es sustituida por el camino trillado, el ángulo decantado, la poca humanización de la noticia.

El espectáculo noticioso queda disminuido de tal forma que ninguna estructuración interna del noticiario puede salvarlo (a pesar del diseño artístico que la experiencia de avezados como Roberto Ferguson suelen proponer). En ocasiones, cuando se trata de celebraciones o conmemoraciones a lo largo del país, los reportes para la emisión estelar padecen de una lamentable falta de personalidad e imaginación: la visualidad se tiñe del mismo color.

Sin embargo ―y pese a esos señalamientos― vale apuntar que la programación informativa ha sido capaz de escudriñar en los rincones del país y enriquecer nuestro conocimiento del archipiélago; mientras en otras áreas existe un verdadero desconcierto.

Ahí están algunos programas variados o culturales: no se aprovechan los mecanismos creados de tributación informativa (los despachos de la Agencia de Información Nacional, las direcciones provinciales de cultura y sus departamentos de divulgación, por ejemplo). ¿No se levanta un teléfono, no se crean lazos propios?

Y allá va más de lo sabido: el conductor lee su “nota cultural” que se refiere en exclusiva a la actividad de tal anfiteatro, de tal casa de cultura de La Habana…

Si bien en la capital viven uno de cada cinco cubanos, las otras cuatro quintas partes de los televidentes no podrán disfrutar de estas propuestas por obvias razones.

La subvaloración del destinatario y la falta de una conciencia verdaderamente nacional son dos de los errores más comunes de algunos programas de la televisión cubana que se emiten desde la capital. Reconstruir esa conciencia es uno de sus grandes retos.

Los dramatizados, son punto y aparte.

Los cubanos podremos disfrutar las series foráneas, pero no hay que confundirse: nos gustan las nuestras, con nuestros artistas, nuestros directores y nuestros escenarios. Somos exigentes, porque así nos lo han enseñado, mas no me referiré al océano de las repeticiones ―ni a como se defrauda a la audiencia en espacios como la telenovela o las aventuras―; sino a ciertas ofertas que se han detenido en el tiempo.

Me he preguntado si, acaso, algunos escritores y directores no han sobrepasado aquello de “los personajes típicos” y “las circunstancias típicas”― cuando todo no es más que una entelequia, una fabricación intelectual―.

¿Y los asesores? Creo sinceramente que la asesoría es la gran asignatura pendiente en la radio y la televisión cubanas.

Se actúa como si la mirada habanera desde sitios capitalinos examinara “la otredad” del país desde cierta altura, recortara los personajes a su parecer y acabara convirtiendo los espacios en una pasarela de parodias: el oriental, el pinareño, el guajiro, el negro…

Miremos las últimas propuestas: el oriental que “no se vuelve atrás por nada del mundo”, la vieja tía que llega “desde lejos”, el bombero decimista hazmerreír del colectivo; la guajira paridora y refranera, la joven oportunista y ladrona, o el pueblo imaginado monte adentro donde la gente se mueve entre la torpeza y la payasada…

Podría decirse que al fin y al cabo, la guajira Lucrecia y su familia (telenovela Oh, La Habana) y la joven también campesina (Mónica de Polvo en el viento), no son todo Oriente: es verdad.

La circunstancia que les asigna ese carácter de representación de toda una región, es precisamente la ausencia de personas comunes no capitalinas en los seriados cubanos; y sobre todo, la recurrencia a los “guajiros tipos”/“orientales tipos”, ficciones que acaban creyéndose como realidades.

Si bien Oriente ha mantenido su identidad regional ―más allá de la división política administrativa de 1976― perdóneseme la perogrullada: orientales hay de todo tipo… pero los que “interesan” y los que “se ven” salen de un mismo molde.

En las series cubanas ―es curioso― la región central del país, no tiene personajes, casi “no existe”. Oriente es “la gran loma”: no hay orientales citadinos, los escogidos siempre son montañeses.

Se escribe sobre lugares de los que sólo se tiene una somera idea, y se representa a su gente con igual ligereza. El látigo humorístico se detiene en sus espaldas, casi con saña. Es increíble que aún se hagan guiños al guajiro de Romance del Palmar de Ramón Peón, que guardaba el dinero en la funda del machete.

Las series dramatizadas cubanas están urgidas de salir del escenario habanero, desandar otras calles, conversar con otros cubanos… para retomar el pulso de la nación.

Hacia una nueva visualidad

Al hablar de la “visualidad nacional”, algunos han tomado como ejemplo la Serie Nacional de Béisbol. Ahí está un ejemplo de política televisiva que cada año convierte en “nacionales” desde la pantalla a los “peloteros villaclareños” o a los “peloteros pineros, pinareños o santiagueros”. Las cámaras van a ellos… pero lo que debía ser regla es una excepción. Incluso allí ―hombres aparte― el déficit visual continúa: ¿dónde está la diferencia esencial entre un estadio y otro?

La cultura cubana es, por definición, una cultura de resistencia, de cimarronaje, una cultura tercermundista erguida frente a la hegemonía europeo-norteamericana. La Casa de Las Américas, el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano, la presidencia del Movimiento de Países No Alineados… son muestra de esa vocación.

Por eso, se presenta como una inconsecuencia ese diálogo centro−periferia como relación entre la capital y las provincias en nuestros medios masivos.

Es hora de saltar relaciones verticales en demasía, racismos culturales y prejuicios sostenidos que han secuestrado la Imagen Cuba a parte de los cubanos.

La televisión está urgida igualmente de otras voces autorizadas que tributen al pensamiento nacional y cuyo ámbito, proyección y experiencia vital salgan del circuito habanero.

Lo mejor de todo es que, ese secuestro de la imagen cubana, hoy por hoy, no puede sostenerse en falta de capacidad profesional ni en dificultades técnicas insalvables, porque mucho se ha trabajado en la superación profesional, en la dotación de equipos para emisoras y telecentros, tanto provinciales como municipales.

Una sola muestra: Primada Visión (telecentro de Baracoa de reciente creación) fue quien llevó a Cuba y al mundo las impactantes imágenes de las penetraciones del mar en esa ciudad cuando el huracán Ike.

La propia transmisión de las tribunas abiertas reveló la existencia de un talento vasto en todo el país, la capacidad organizativa de los territorios y las posibilidades de colaboración técnico-artística entre estos y la capital.

Hace cuarenta años se fundó Tele Rebelde en Santiago de Cuba. Hablar con sus fundadores (capitalinos y santiagueros) es un viaje hermoso a la memoria, a la pasión… y también al dolor. Cuando en 1986 fue reconvertido en canal territorial (Tele Turquino), y no en el canal nacional que debió ser… se fracturó la posibilidad de establecer referentes visuales no habaneros de forma permanente para toda la Isla.

El cuadro dramático de Tele Rebelde ―formado con no poco sacrificio y entusiasmo― se diluyó, o emigró. Ni siquiera podremos imaginar cuanto se perdió. Aunque se ha seguido trabajando, la pregunta de las razones para aquella decisión, sigue en el aire, cual un fantasma errante.

Tele Rebelde desde Santiago de Cuba fue la gran oportunidad perdida de ampliar la visualidad cubana.

A mi modo de ver, urge explorar varios caminos hacia una nueva visualidad cubana, y también hacia una nueva sonoridad, no olvidarlo.

A la palabra “nacional” hay que recuperarle su significado.

Hoy por hoy, brillan en nuestra televisión algunas de las menciones y propaganda de bien público, por lo que sería conveniente servirse de ellas para abordar de manera creadora esas “crecientes manifestaciones despectivas hacia las personas de la región oriental”. Sería un gran servicio al país.

Un signo positivo ha sido la selección de programas de canales provinciales que se transmiten para todo el país, pero es necesario perfilar tal gestión, garantizar que las propuestas escogidas alcancen la calidad requerida, sin que dupliquen estéticas ni propósitos (como parece ocurrir en los programas juveniles). No es suficiente escoger: hay que estimular esas producciones, repensarlas para el destinatario nacional, y apoyarlas cuando sea menester, sin que eso signifique suplantar a los especialistas de cada región.

Hay que estudiar la posibilidad de reconvertir uno de los canales de alcance nacional ―o al menos algunas de sus horas― en el espacio que acoja el talento desarrollado en otras ciudades de Cuba, en su ámbito, con sus actores, técnicos y presentadores.

El personal técnico artístico de los telecentros está por lo general subutilizado, marginadas sus propuestas a las horas de paso y ávido de hacer. Esa idea toca a la puerta de los canales educativos, que no acaban de concretar su perfil y se han convertido en repetidores de espacios de otros canales o en transmisores de enlatados foráneos.

Estamos tan habituados a que grupos y solistas de jerarquía residentes en provincias, vayan al encuentro de las “cámaras nacionales” que no advertimos la cuota de inconsecuencia que portan estos viajes ―casi siempre esporádicos, breves y complejos― dada la carencial realidad cubana. Estamos viendo las cosas al revés.

Son las “cámaras nacionales” las que deben enfocar al artista en sus escenarios habituales, tal como se hace con la pelota, a lo largo de la nación. Espectáculos culturales no menos dignos que el béisbol, podrían recibir similar tratamiento, junto al de la grabación y la transmisión a posteriori para todo el país.

Tal vez, algunos no han valorado suficientemente los aportes de la Televisión Serrana. Sin miradas paternalistas, in situ, los documentales de esta propuesta experimental ―con un buen número de galardones― significaron una renovación del rostro y el paisaje cubano desde las comunidades serranas de la provincia Granma. Sin desconocer sus singularidades, es preciso revisitar la médula de esa experiencia y trazar desde allí estrategias actuales y más amplias, que exploren nuevos espacios.

El panorama musical cubano necesita también aire fresco en el orden visual, y para ello tendrá que salir del circuito de los mismos grupos, los mismos estudios y los mismos intérpretes.

Aunque en todos los sitios no haya iguales condiciones, existe más de un teatro, más de un estudio en el país que podría acoger a los artistas de su territorio (y su entorno más próximo), y desde allí proyectarlos nacionalmente, sin necesidad de tocar las puertas de 23 y M. La racionalidad de los recursos y la pluralidad de las opciones así lo aconsejan.

No creo que alguien ponga en duda que la televisión se ha convertido para una buena parte de los cubanos, en columna vertebral de su diversión: la más barata, asequible y permanente, y de ahí su exigente encargo social.

Es hora de abrir los goznes, hora de que el lente nacional redescubra a un país de cuatro letras, extendido de San Antonio a Maisí y que se llama CUBA.

NOTAS:

(1) Fernando Martínez Heredia: “El horno de los noventa”, en La Gaceta de Cuba, N.5, La Habana, septiembre-octubre, 1998, p.4.
(2) José Martí: “Nuestra América” en Obras Escogidas, T II, Editorial de Ciencias Sociales, La habana, 1992, p. 480. (Artículo publicado originalmente en La Revista Ilustrada de Nueva York, 1 de enero de 1891).
(3) Documentos de la Comisión Cultura y Sociedad, en el 7.Congreso de la UNEAC, efectuado del 1 al 4 de abril de 2008 en el Palacio de las Convenciones de La Habana.


---Ganadores del Concurso Nacional de Periodismo 26 de Julio 2009.


domingo, 3 de mayo de 2009

Las POLÉMICAS de La ISLA y LA ESPINA


POLEMIZAR es un intercambio de saberes, no un combate a sablazos: LA ISLA y LA ESPINA seguirá con su pluralidad de opiniones, congruentes, encontradas, matizadas…siempre dentro del respeto; aunque algunas opiniones son sumamente apasionadas....

Estas son algunas de las que han levantado mayor cantidad de comentarios:

Un micrófono no es una pasarela
Sobre la eliminación del equipo Industriales: Serie Nacional de Béisbol
http://laislaylaespina.blogspot.com/2009/04/el-silencio-azul-eliminado-industriales.html

Sobre la cinta cubana CIUDAD En ROJO
http://laislaylaespina.blogspot.com/2009/04/ciudad-en-rojo-sobran-balas-y-faltan.html

Varios programas de la televisión cubana: Los puntos sobre las ies
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/11/tv-cubana-los-puntos-sobre-las-es-todos.html

Las repeticiones en la TV cubana y la novela Las huérfanas de la Obrapía: LA IMPIEDAD de LAS HUÉRFANAS y el OCÉANO de las REPETICIONES
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/10/tv-cubana-i-la-impiedad-de-las-hurfanas.html

La diversidad sexual y su tratamiento en los medios masivos
http://lapolemicacontinua.blogspot.com/2008/07/en-desarrollo-la-polmica-la-diversidad.html

El humor en la tv cubana y los orientales como objeto de risa: DE LA PIFIA a LA INFAMIA
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/11/tv-cubana-donde-hay-hombres-no-hay.html

MEDIODIA en TV. La polémica completa
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/05/medioda-en-tv-la-polmica-completa.html

Abel Álvarez, Carlos Barba y cierto correo de México http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/07/abel-lvarez-carlos-barba-y-cierto.html

lunes, 27 de octubre de 2008

A ROMPER EL COCO: Risa o desconocimiento



Julio Mitjans

Trabajar para la cultura es una responsabilidad estratégica, en estos tiempos en que todo se desvirtúa, hoy que la más eficaz forma de colonización se materializa desde la expoliación de cuanto hecho cultural propicie espacios de reconocimiento y encuentro de diferencias compartidas, imponiéndoles criterios de mercado, y perspectivas desideologizantes: digo así porque lo que se ataca es la idea de quiénes somos, lo que hemos sido, y lo que seremos.

El párrafo anterior no es un teque ni una reflexión a priori, el motivo, la espina que me impulsa es un programa de la televisión cubana que se encarga de acercarse a la cultura caribeña, o mirarla, o hacer una lectura de este complejo sistema de expresiones culturales; me arriesgo, si es que en su objetivo ha estado el criterio de que el Caribe es una identidad múltiple e interconectada, un sistema.

El programa en cuestión es “A romper el Coco”, que realizado desde la realidad cubana resulta un producto que no entiendo, y me pregunto, es Cuba el país del Caribe que debe devolver una imagen como la que propone la redacción de programas musicales del ICRT, y la directora del espacio, cada domingo a las 8:30 pm.

Las preguntas me aturden, son muchas cosas que no puedo comprender, y más de un cuestionamiento me lleva a la contradicción: que tipo pensamiento estético es el que domina en el ICRT que nadie se percata del ridículo, de la falta de respeto, y el desconocimiento que caracteriza a la propuesta televisiva: vemos una puesta en escena del Caribe a imagen y semejanza de lo que se haría para vender un paraíso turístico, alejado de la realidad de la vida de la gente, mujeres que bailan para el que se paga unas vacaciones bajo el ardiente sol del caribe, un hombre tanto o más que inútil con trenzas incluidas para reafirmar la nota folklórica, acaso en el caribe solo se vive en la costa, acaso todos somos rastafaris, nuestras mujeres siempre están dispuestas a bailar para el primero o el que mejor pague sus vacaciones, yo quisiera que alguien me respondiese esto.

En este país, que por política del estado convoca a la fiesta del Fuego, espacio de confluencias y reflexiones, acerca de las dinámicas socioculturales distintivas de los pueblos caribeños, no puedo entender cómo es que un programa de televisión en horario estelar se quede a medio camino entre lo que debe ser y lo que no debe ser, digo a medio camino, porque que yo recuerde nunca hemos tenido en los medios de difusión masiva un programa que nos haga mirar al Caribe como fuente de identidad, pero insisto en la espina que me acompaña y no deja sosiego, por qué en mis islas la molicie, la dejadez, esos seres caribeños salidos de un espectáculo folklorista de los años cincuenta, inauténtico, falso, chato, demasiada brisa para el sudor del Caribe profundo, esa nota escapista no muestra lo que somos, me pregunto la TV cubana no se estará permeando de la visión facilista de los peores espectáculos realizados para el turismo.

En cuanto a lo programado para este espacio, es un punto en el cual debemos detenernos porque aquí está uno de sus mayores desaciertos, no parto de dudar de la calidad de agrupaciones que conforman el universo de la música popular bailable cubana, y es aquí donde se impone el alto, en el cómo se ha presentado; quien ve el programa puede pensar que esas son las única expresiones caribeñas, que ellas son toda su historia, y lo repito el Caribe es algo más, siempre la música ha sido un espacio dentro de las expresiones artísticas desde el cual se ha ido construyendo esa identidad diversa e interconectada que es el Caribe hoy, “A romper…” ha desconocido esto y le falta profundidad a su propuesta, se queda en la superficie, en al evidencia de la falsía, de lo banal, hay un Caribe múltiple, vivo, que nos estamos perdiendo que pudiéramos verlo en su relación con las expresiones más contemporáneas de la cultura cubana, que han sido la sabia nutricia de nuestros días. Hablo de investigar de conocer, de saber que en nuestra isla hay 67 modalidades del son, de saber que Nengón – Quiribá son dos modalidades del complejo del son que en la región oriental aún se cultivan, que la Tumba francesa es un hecho viviente, como lo es la Cinta comunidad del Caribe anglófono en Ciego de Ávila, por solo citar unos pocas expresiones del patrimonio cultural vivo.

Que diríamos del reggae, es la única expresión de la música jamaicana, cómo veríamos a nuestros hermanos de borinquen, los dominicanos, y a los haitianos que aún siguen llegando a Cuba estos últimos, me pregunto: si es interés del ICRT que todo ese acervo cultural se desconozca y sea presentado desde una óptica en la que solo se destaca lo que le interesa a una mirada superficial que termina haciendo pacto con las formas menos felices de la avalancha globalizadora.

Cuando vamos hablar de identidades hay que ser profundos, investigar, no podemos ir con premuras, y complacernos con la risa que logramos provocar porque, el buen rato a costa del desconocimiento es deformación, es traición a nuestro ser de cada día, es pactar con la banalización de nuestras vidas a costa de nuestro patrimonio vivo, y lo peor, que no solo el patrimonio cubano es el que está en juego.

Lo que reclamo es responsabilidad creadora, no repetir las edulcoradas formas de una cultura estandarizante en la que no hay lugar para mirarnos atentamente y disfrutar con lo que somos, con nuestros negros, nuestros mestizos, con el dolor transido de alegría, felicidad que desemboca en el acto de vivir, en las fuerzas que hacen de estos pueblos un arco tenso desde Bridgestown y después del estrecho de Yucatán se adentra en tierra firme para hacer del Caribe un fluir mediterráneo al que nos debemos por idiosincrasia, porque de el cada día brotan los manantiales de nuestro crisol.

Tomado de (http://www.casasdecultura.cult.cu/ )

martes, 21 de octubre de 2008

TV CUBANA (IV) HUMOR: Los fantasmas no pueden vivir del cuento


Reinaldo Cedeño Pineda
escribanode@gmail.com

Decía Jorge Mañach en su célebre ensayo “Indagación al choteo” que la “vis cómica” es una de esas singularidades que definen al cubano. Y aunque han pasado los años, esa capacidad de reírnos ―incluso de las dificultades propias―, sigue incólume.

Claro, del chiste callejero a la puesta en pantalla, por obvias razones, se recorre un largo trecho. En las últimas semanas, la televisión cubana ha incorporado dos programas: “Donde hay hombre no hay fantasmas” (noche de lunes) y “Vivir del cuento” (tarde dominical).

Estos apunten continúan la mirada sobre la televisión cubana.

Una colega, Osmaira González, escribió que el humor en “Donde hay hombres no hay fantasmas” se ha vuelto simplón. Es la palabra exacta, porque el humor podrá traernos carcajadas, pero es algo muy serio.

Los personajes están mal diseñados, o parecen construidos con ligereza tal que actores de experiencia no sólo lucen caricaturescos (lo que en materia de humor pudiera ser viable) sino a media máquina, sin cuerda y sin aire. Ni siquiera lo salvan la incombustible Zenia Marabal o Irela Bravo.



El dueto de los fantasmas no funciona: Losada anda cual marinero fuera de borda. Diana Rosa remeda a aquel serial hispano “Aladina”, mas con una diferencia marcada: no convence. La química actoral entre ambos, no existe. Los constantes chistes sobre las base de alusiones sexuales se han consumido a sí mismos, por reiterados y poco imaginativos. En algunas situaciones, sus diálogos (y hasta su presencia) francamente sobran.

Mario Aguirre ha resucitado el personaje de la anciana Regla, a petición de la propia directora; mas le he visto alcanzar mejores dividendos en otras ocasiones. Sin que falte algún que otro lance chispeante, la sobreactuación le va ganando la partida.

“Donde hay hombre son hay fantasmas” cuenta con la mano directriz de Lolina Cuadras, quien años ha, estuvo al frente de todo un clásico del humorismo televisivo en Cuba: “Detrás de la fachada”. Su experiencia es sobrada… y esperaba más.

Sin embargo, creo que más que la dirección de actores, el fallo del espacio se halla en el guión. En lo visto hasta ahora, el hilo dramatúrgico se agrieta (escribe Carlos Torrens) los chistes parecen suspendidos aquí y allá, sin un hilo resistente; las situaciones son por lo general rebuscadas y falsas, los personaje no se sostienen, y la risa ―invitada de oro― va faltando. La mano asesora (Carlos Fundora) se ha mostrado endeble, es dificil hacer otra inferencia cuando se ha visto… lo que se ha visto.

Por su parte, los domingos, toca a nuestra puerta “Vivir del cuento”. Desconozco a ciencia cierta las razones por las cuales cesó la transmisión de “Los amigos de Pepito”, pero la nueva propuesta no le adelanta.

Otra vez se trata de un programa de participación, aunque no hay presentador como en aquel, sino diversas situaciones humorísticas entre los personajes. Como espacio se ha tomado una supuesta casa, mas el ir de aquí para allá y de allá para acá, va otorgándole cierta rareza en la visualidad que en vez de contribuir a su concreción humorística, la caotiza.

Tal vez hubiera sido mejor romper con “Los amigos de Pepito” (sin la competencia que tanto le recuerda y con parte de su mismo elenco) y plantar una propuesta diferente…

Luis Silva (Pánfilo) es una de las revelaciones más frescas del humor cubano, y su protagonismo en “Vivir del cuento” se agradece… No puede decirse lo mismo de la Jáuregui (Cuqui La Mora de Jura decir la verdad) que esta vez no ha logrado marcar su personaje con verosimilitud y con la comicidad que indudablemente posee. Sobre ellos va recayendo el peso de los guiones, urgidos de mayor organicidad y soltura. La armonía dramatúrgica es imprescindible, por lo que será preciso discernir con cuidado a los actores que se invitan al espacio, y que a modo de autoridad evalúan a los concursantes.

Clave se presenta la selección de los aficionados… pero la suerte no le ha sonreído demasiado a “Vivir del cuento”: ¿Poco de dónde escoger? ¿Problemas de selección? ¿Agotamiento? ¿Necesidad de buscar más allá de La Rampa? Son preguntas que seguramente el tiempo se encargará de responder.

Ojalá las semanas entrantes esos programas nos sorprendan, porque en materia de televisión… nadie puede vivir del cuento, ni los fantasmas.

---TV CUBANA (I) La impiedad de las huérfanas y el océano de las repeticiones
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/10/tv-cubana-i-la-impiedad-de-las-hurfanas.html

---TV CUBANA (II) Una pausa para “SIN TREGUA”
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/10/tv-cubana-i-una-pausa-para-sin-tregua.html

---TV cubana (III) MEDIODÍA EN TV revisitado:
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/10/tv-cubana-iii-medioda-en-tv-revisitado.html

miércoles, 8 de octubre de 2008

TV CUBANA (I): La impiedad de LAS HUÉRFANAS… y el OCÉANO de las repeticiones



Reinaldo Cedeño Pineda
escribanode@gmail.com

No es la primera vez que en horario estelar de la TV Cubana, en el espacio de la telenovela, la nueva producción no puede estar a tiempo… y se echa manos a una retransmisión. Tal vez sería un suceso trivial sino fuera porque este se apunta como un nuevo naufragio en el OCÉANO de las repeticiones.

Aplaudí cuando se extendió la programación y surgieron los nuevos canales: fue un esfuerzo como para quitarnos el sombrero. Aplaudí cuando se decidió en fechas recientes reiterar varios capítulos de las series cubanas o foráneas, a tenor de las severas afectaciones eléctricas del huracán IKE. Era justo.

Las retransmisiones de series y telenovelas en horario madrugada-matutino es una vía que se puede hallar en otras televisoras del mundo. A ella tiene acceso un público más limitado ― por razones laborales o de estudio―, y finalmente resulta una opción de la que no he escuchado queja alguna.

AHORA… repetir la telenovela en el HORARIO ESTELAR es harina de otro costal.

Reiterar una obra dramática de la que ya se conoce todo y escamotearle a la familia cubana esa cuota de esparcimiento a la hora más esperada del día, es poco menos que una bofetada; mucho más cuando no se ha dado explicación alguna..

La telenovela no es un programa más, es toda una institución

Sus raíces se hunden precisamente en la historia de la cultura cubana (El derecho de nacer de Félix B. Caignet). La telenovela es un fenómeno social que ha sustituido (al menos en Cuba) a la ya casi preterida costumbre de compartir la mesa. Digo más, la telenovela es el plato fuerte. Es ella misma y lo que la rodea: los comentarios, los intercambios intergeneracionales y la sobremesa.

No creo que alguien ponga en duda que la televisión es ahora mismo ―para una buena parte de los cubanos― columna vertebral de su diversión: la más barata, asequible y permanente. De ahí que su encargo social se redimensione, y que la telenovela sea una de sus joyas.

La telenovela es un código que los años han asentado. Un código que, aunque no escrito, tiene sus exigencias. A las nueve, a las nueve y treinta de la noche todo se condiciona en una casa, todo se apura o se pospone hasta en el barrio, para estar libre… porque es la hora de la telenovela.

No soy un “telenovelero” furibundo, pero las veo con frecuencia. Mi familia me habla de los tramas y de los enredos, yo hablo con ellos. Se comenta en los centros de trabajo, se especula, siempre aparece el que ya la ha visto, el que sabe el final, se forman los ¿será o no será?…

No descubro nada ni exagero, no “divinizo” a la telenovela; pero esta se ha convertido en un puente de comunicación. Y es, a todas luces, la madre de las series televisivas.

Las telenovelas en Cuba hace tiempo dejaron de ser patrimonio exclusivo de señoras y señoritas, de amas de casa y de abuelas, para convertirse en espacio de la familia toda.

Los cubanos podremos disfrutar de películas y series extranjeras (algunas muy seguidas en horas de la madrugada), pero amamos y defendemos lo nuestro, queremos ver las nuestras, con nuestras historias, nuestros escenarios y nuestros actores. Tenemos una cultura de resistencia que es ya parte de nuestra identidad, y somos exigentes, porque así nos formaron.

Por eso muchos se sentaron (nos sentamos) frente al televisor para volver a ver (y los más jóvenes por primera vez) un serial como En silencio ha tenido que ser, todo un clásico de la televisión…

Alguien me ha dicho que es justo que otras generaciones conozcan lo que se hizo hace algunos años, y a sus actores. Me he persignado. Una cosa es repetir una serie de algunos capítulos (o una película) y otra muy diferente, reiterar un culebrón durante meses. La guitarra y el violín podrán tener cuerdas, pero no suenen igual.

Por eso, creo que esta vez, la programación dramática de la televisión cubana le ha fallado a su público.

¿Retransmisiones o soluciones?

En el 7. Congreso de la UNEAC, un actor de la estatura de Enrique Molina cuestionó “las retransmisiones como solución” por el descrédito que conllevan para la propia televisión, por la molestia que causan al público, y por el abandono que impulsan hacia otras opciones, cuantas veces peores.

He visto como los medios alternativos se van convirtiendo, poco a poco, en medios cada vez más masivos. Y el intercambio de series… de todas las calidades.

Hablo de telenovela por no hacerlo de otros espacios como Aventuras. A este le cae como anillo aquel verso: ayer maravilla fui… hoy sombra de mí no soy. Es otro lugar que la televisión cubana ha cedido, otro que se ha sumado a las repeticiones, y a las repeticiones de las repeticiones. Ya van dos… aunque en verdad, la lista ha engrosado considerablemente.

Vivimos en Cuba ― en la Cuba que defendemos y soñamos―. Hoy nos enfrentamos a grandes desafíos y necesariamente han de establecerse prioridades; pero…las repeticiones de la TV no son hijas de los huracanes.

La televisión no se hará con pocos recursos, cierto es; mas no creo que esté allí la única causa. Allí hay también subjetividades y calidades por analizar.

Creo que se ha malgastado tiempo y recursos ―recursos que se han entregado― en más de una propuesta fallida, que de haber sido sometida a un riguroso análisis desde su origen, nunca hubiese ganado la pantalla. Ahora mismo hay varios ejemplos que pretendemos analizar a posteriori.

Algunos se sentarán estoicamente otra vez a ver Las Huérfanas de la Obrapía, tras llegar del trabajo, o tras cocinar y fregar. Observarán si Fulanito “está igualito”, o “si Menganita se ha puesto más vieja”. Muchos lo harán porque no tienen otra cosa que hacer. Los desmemoriados cogerán el hilo y desenredarán todas las tramas después de unos capítulos… ¡ah sí, chica!… Otros encenderán los videos, los que tengan..

Y todos ahí, huérfanos, sin piedad, esperando la próxima… telenovela. ///
Artículos relacionados:

domingo, 13 de julio de 2008

TELE REBELDE 40 años: Historia de una pasión (I)


(Algunos de los fundadores de Tele Rebelde, reunidos en el estudio uno. De izquierda a derecha: Enrique Bonne, Jesús Cabrera y Ernesto Matos)


Reinaldo Cedeño Pineda
escribanode@gmail.com


El 22 de julio de 1968, Santiago de Cuba vivía un acontecimiento trascendental. Desde el oriente de la Isla, por primera vez, salía una señal de televisión. La imagen del país comenzaba a ser integralmente cubana.

Tele Rebelde nació el 22 de julio de 1968, en un espacio dentro de los propios muros del otrora Cuartel Moncada, declarado al triunfo de la Revolución Cubana, Centro Escolar 26 de julio. Una nueva historia sobre la historia contenida.

Esa etapa fundacional, con sus tanteos, anécdotas y aprendizajes; los recuerdos imborrables, el desarrollo y las emociones… todo se junta tras cuatro décadas.

Tengo cuarenta años, lo mismo que cumple en el canal. Nací con él, recuerdo mucho de sus rostros y programas. Crecí a la par de Tele Rebelde, queriéndole y criticándole…

En una decisión que continúa siendo muy controversial, los estudios fundacionales de Tele Rebelde (canal que se había fundido en 1979 con su similar canal 2, conservando los mejores espacios originales), se reconvirtieron en Tele Turquino (16 de abril de 1986). Su señal se redujo entonces a la cobertura de la provincia de Santiago de Cuba. Incluso, se perdió el nombre, que hoy ostenta un canal de cobertura nacional que se transmite desde La Habana.

Lo principal no es la herida abierta aún por la que continúan manando muchos fundadores de Tele Rebelde −porque mucha obra se ha hecho después de eso−, sino la desintegración de un elenco dramático que había dejado ya una obra valiosa hecha, y cuyos integrantes han demostrado a posteriori su valía desde la pantalla chica, el teatro y el cine. Sería una larga lista…

Creo que sobre todo, se perdió la excepcional oportunidad de brindar al país una programación coherente y organizada desde un escenario no capitalino, uno de los serios defectos de la actual visualidad cubana.

La necesidad de dichos referentes −lo he dicho en cuanto escenario he podido− es un imperativo de la imagen cubana, urgida de legitimar las historias, los personajes, las calles y los modos de otras regiones del país no habaneras, para que la condición capitalina no suplante a la de la nación toda.

Pero esta no es una historia trunca ni amarga, todo lo contrario: es la historia de una pasión.

Este primer capítulo parte del encuentro que ha propiciado la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba) de Santiago de Cuba, en el mismísimo estudio uno de Tele Rebelde (Tele Turquino), el sábado 12 de julio de 2008.

Capítulo a capítulo, he decidido armar este rompecabezas. Y entendí que es mi deber hacerlo a partir del testimonio de los que hicieron y hacen la televisión en Santiago de Cuba…


Capítulo I "La Fundación" 1.1: Jesús Cabrera, el organizador


Más conocido por “Chucho”, Jesús Cabrera Acosta es fundador de la televisón cubana, y su asesoría ha estado presente además en la fundación de la televisión de Colombia, Angola, Nicaragua y en fechas más recientes, participó en trabajos de colaboración en Venezuela. Ha merecido diferentes premios y distinciones, entre ellas el Premio Nacional de Televisión por la obra de la vida.

Muchos le recuerdan. Ahora que habla del pasado, con la autoridad del que ha vivido, anda mirando el presente con firmeza. Y declara después de tantos años que espera “morir trabajando en la televisión”...



(Jesús Cabrera, artífice y organizador de la creación de Tele Rebelde en Santiago de Cuba en 1968)


“Cuando yo llegué a Santiago, en mayo de 1968, localicé a tres personas. En primer lugar a Bonne [1], que me encontré en la preparación de un carnaval, a Soler Puig [2], para mi el mejor escritor de todos los tiempos en Santiago de Cuba, y a Muñiz [3]. Sin esas tres personas, nada hubiéramos podido hacer los 68 compañeros que llegamos, y este grupo se le unión un compañero con un valor increíble, Ernesto Matos. Él era el delegado oficial del ICRT (Instituto Cubano de Radio y Televisión) para cumplir la misma misión que yo tenía.

“En ese momento que nos envían, la televisión capitalista que nosotros heredamos era muy deficiente. Incluso, los Mestre [4] no podían llegar a Santiago de Cuba de Cuba, ni siquiera a Holguín. Llegaba con problemas normalmente con problemas de feeding en el sonido y en la imagen… hasta Camagüey [5].

“Sucedía que la televisión se veía en Santiago de Cuba, pero no en Holguín ni en Guantánamo. En Santiago se veía un día después lo que ocurría en La Habana, porque se mandaba ese día por la mañana en avión, los kinescopios [6]

“Cuando triunfa la Revolución, el edificio de la televisión [en la Habana] fue objeto de un sabotaje que quemó todo el quinto piso y junto con él, el master, se quemó el kinescopio. Eso trajo como consecuencia de que Santiago de Cuba se quedó sin televisión.

“Y nos dan la tarea a nosotros que por un problema político… En el año 1968, aquí habían muchos problemas. Había unas “skodas” [7] que funcionaban cuando podían, había once cines y nueve o diez estaban rotos, había mucha escasez de todo…. El verdadero período especial se vivió en Santiago de Cuba, del 1965 hasta los setenta…

“Por eso motivo, es la importancia del proyecto de Tele Rebelde en ese momento. La importancia politica, social, humana, cultural… Había que hacerlo, y eso se nos encomendó a un grupo de compañeros, y gracias al esfuerzo de los compañeros de Santiago de Cuba, el gobierno, el Partido… a hombres como Matos [8] que se dedicaron por entero a resolver muchos problemas…

“Empezamos la programación muy ambiciosa. Todo se hacía en vivo. No habían muebles, vestuario ni había comida. No pasábamos hambre gracias al esfuerzo de algunos compañeros y gracias al espíritu santo… Todo eso sucedió, y la televisión salió aquí antes del tiempo solicitado por le revolución. Se solicitó para el 26 de julio [9] y salimos el 22 de julio.

“En este estudio (no siempre estuve de acuerdo con que estuviera aquí, porque esto era un teatro, y no me parecía lo más adecuado) trabajaba 24 horas. Traje un grupito de La Habana que proyectaba la programación, éramos ocho y estábamos entonces en el hotel Venus. Algunas veces, Suaritos [10] que era dependiente cerca, nos guardaba seis o siete pizzas, y cuando no alcanzábamos nos íbamos para El Club 300 a tomarnos un batido y un pozuelito de spaguettis, de ensalada…

“Todo ese esfuerzo se hizo con un amor increíble. Eran días enteros trabajando: por la mañana veníamos aquí, y por la tarde en el hotel Venus, nos la pasábamos proyectando lo que íbamos a hacer. Pudo realizarse todo, porque permeamos de este amor y de interés a todo el que venía aquí. Trajimos a los mejores de La Habana, pero también logramos a los mejores de aquí. Por la noche, volvíamos aquí, al canal, a las clases.

“Cuando nos fuimos, cuando pensé que ya no era necesario, porque debía hacer otras cosas dejamos a todo el mundo con conocimientos profesionales. No lo digo para que me lo agradezcan, sino para que recuerden todo el sacrificio que se hizo, toda la buena voluntad…

“Toda esa buena voluntad fue posible con mucho cariño y amor. Así es como yo aspiro a que se haga la televisión, como yo quiero que le televisión nacional coja ese rumbo, pero aún hay mucho desconcierto. La televisión es mejor cuando se organiza más, cuando los que trabajan en ella sienten amor por ella, cuando escogen a las personas adecuadas…

“Hay anécdotas muy simpáticas… Me siento muy agradecido, y no menciono a los que no están para que no se pongan tristes… Gracias”

Notas:

[1] Enrique Bonne (San Luis, Oriente, 15 de junio de 1926). Importante músico y compositor cubano. Se vinculó durante años a los festejos del carnaval, dirigió “Bonne y sus tambores”, la agrupación musical más grande Cuba. Su más célebre intérprete fue Pacho Alonso. Entre sus conocidos temas destacan Que me digan feo, Hasta Santiago a pie, No quiero piedras en mi camino, Dame la mano y otros.

[2] José Soler Puig (Santiago de Cuba, 1916-1996) Considerado el novelista de la revolución cubana. Entre sus obras destaca Bertillón 166, sobre la lucha en le clandestinaje de finales de los cincuenta, traducida a más de cuarenta idiomas y Premio Casa de las Américas 1960. La crítica literaria afirma que su obra más importante es El pan dormido.

[3] Francisco Muñiz Mallorquín (La Habana, 20 de febrero de 1923. Se vinculó como aficionado con la actriz Enriqueta Sierra y comenzó como escritor en una pequeña emisora de radio, en el programa La biblioteca del espacio cuyo locutor era Manolo Ortega. Jefe de transmisión de Unión Radio, fue testigo excepcional de la fundación de la televisión cubana el 24 de octubre de 1950. Dirigió y escribió varios espacios en Unión Radio Televisión, Telemundo y CMQ, en este último con La Familia Pilón. Con su experiencia como publicista, fue uno de los primeros productores-directores de comerciales en Cuba. Fundó Tele Rebelde y la escuela de capacitación del ICR en Holguín. Se acogió a la jubilación en 1988 y actualmente escribe sus memorias. Durante su vida dirigió a grandes estrellas de la radio, la televisión y se vinculó a los máximos dirigentes de la Revolución.

[4] Los Mestre Espinosa. Familia que encabezada por Goar Mestre edificó Radiocentro (23 y M, La Habana, sede actual de los estudios centrales de la televisión cubana). El inicio de la televisión en Cuba fue una “batalla” entre Gaspar Pumarejo (dueño de Unión Radio Televisión, Canal 4) el primero que lanzó al aire la señal, el 24 de octubre de 1950. Y Goar Mestre que en diciembre de ese propio año puso al aire CMQ Televisión (Canal 6).

[5] Camagüey. La provincia más grande de Cuba, cuya capital (centro histórico) ha sido recientemente declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad. Está ubicada geográficamente en los límites de la antigua provincia de Oriente (actual territorio de Las Tunas). La nueva división político administrativa de 1976 convirtió a Oriente en cinco provincias: Granma, Santiago de Cuba, Guantánamo, Las Tunas y Holguín.

[6]. Kinescopio: Nombre dado a la copia de un material originalmente transmitido por la televisión. Se hacía con película de 16 mm, y fue sustituido por le video tape.

[7] skodas. Marca de los ómnibus usados en esa época, procedentes de la antigua Checoslovaquia. Eran muy fuertes, pero también muy calurosos, porque no estaban adaptados para nuestro clima.

[8] Ernesto Matos, fundador de Tele Rebelde.

[9] 26 de julio: Día de la Rebeldía Nacional. En esa fecha de 1953, un movimiento organizado encabezado por Fidel Castro asaltó la segunda fortaleza militar de Cuba, el Cuartel Moncada. Aunque representó entonces un revés militar, estremeció la conciencia del país, e inició una etapa decisiva en la lucha insurreccional cubana.

[10] José Suárez Mosqueda. De esa relación con el grupo fundador de Tele Rebelde, devino su incorporación al naciente canal, donde trabajó largos años como coordinador.

martes, 25 de septiembre de 2007

Mediodía en TV: Una manzana de dos sabores


Reinaldo Cedeño Pineda

Al programa Mediodía en TV de la televisión cubana (canal CubaVisión) es hora de darle un campanazo, por lo que pudiera ser, y por lo que es, una manzana de dos sabores que escamotea su lado jugoso, mostrando su parte magra.

Tal vez en otras geografías extrañe dedicar todo un análisis a un programa-cartelera; pero en Cuba no lo es de ningún modo, sobre todo porque la pantalla chica queda a los cubanos como una de las vías de entretenimiento al alcance.

Mediodía… ha buscado ser portavoz de la realidad cultural más allá del Vedado habanero, moviéndose en toda la Isla, un loable propósito que muchos deberían seguir en bien de la representatividad de la cultura cubana; pero donde está la virtud, se hallan los lunares…

Mientras más se desconoce un lugar, más se necesita tocar la médula de las cosas, de manera que los minutos de imagen sobrepasen la epidermis y sean fértiles. Lamentablemente, a Mediodía…, aún le queda un trecho, un largo trecho por andar.

Todo gira en torno a su conductor principal, el joven Abel Álvarez. Su simpatía puede haberle sacado de algún aprieto, pero su preparación se resiente con demasiada frecuencia. En ocasiones, la dosis de improvisación es tal, que saltan a la luz apremios y descuidos en el trabajo de mesa, graves en un espacio que por su frecuencia diaria, se presenta bien exigente.

¿Por qué insistir entonces en el guión y la conducción en manos de la misma persona?

Harina de otro costal es el desdoblamiento del conductor en entrevistador, mucho más si es en vivo y en la televisión.

Improvisar, ya se sabe, no es inventar, sino recrear lo ya sabido. Una entrevista es un intercambio de saberes y no una festinada interrogante de último momento. Son verdades de Perogrullo que parecen haberse extraviado ante las cámaras, cuando el programa se dio el lujo durante el verano (julio-agosto) de invitar a figuras de nuestra cultura.

El conductor dejó escapar oportunidades increíbles para la confesión o el diálogo. Las grandezas resbalaron entre las trivialidades. Se abrió paso a preguntas irrelevantes, ocurrencias ad libitum, y… por qué no decirlo, tonterías en las que se suplanta lo medular y se le pregunta al invitado sobre si ha ido a este o aquel lugar, en el mejor de los casos...

En ocasiones, el entrevistado se presentó como un descubridor obnubilado ante referentes no capitalinos, ausentes de nuestra pantalla “nacional”.

El programa en el cual invitó a Rosita Fornés, es ya tristemente célebre. El citado conductor declaró con mucha soltura que José Martí, nuestro héroe nacional, y la vedette eran del mismo signo zodiacal, cual si tratase de todo un descubrimiento.

Un ejemplo reciente: sus programas alrededor del Concurso de Radio Antonio Lloga, en Santiago de Cuba, son un muestrario de todo lo que no se debe hacer: preguntas que escapan del conocimiento del entrevistado, desconocimiento del tema, expectativas sobre documentos que no ocuparon luego los planos adecuados en el lente, y largos puntos suspensivos…

La idea de que cada locutor identifique y defienda a cada canal, es una de las singularidades del programa. Niro de la Rúa, Yumié Rodríguez y Laritza Camacho son artistas de experiencia que se han desempeñado con soltura; no así Daimí Crespo, sobreactuada en ocasiones, fuera de una cuerda desenfadada que no parece ser la suya.

Sin embargo, la espontaneidad y el intercambio establecido entre ellos que pudo ser un sello, se ha transformado, a fuerza de abuso, en un vicio. Se utilizan códigos cerrados que sobrepasan el marco referencial del televidente (más propios para hablarse por interno); se empantanan en consideraciones triviales que se desenredan por obra de milagro, el elogio al último peinado… y se han agregado, poco a poco, regalos y ciertos saludos remarcados en pantalla, de aquí y allá, que más parecen un guiño a ventajas o favores que otra cosa.

Ténganse en cuenta que en Cuba no se usan Sponsors ni hay programas jaboneros.Mediodía en TV no es un programa aburrido, tiene además la audiencia garantizada de todo espacio de su tipo; pero le falta una mano directriz capaz de reencontrar su punto de equilibrio, y una asesoría seria.

Mediodía en TV ha de tener los oídos atentos y debe cerrarse a estéticas de folletín.

La popularidad devenida del rigor merece las palmas. El populismo devenido de las concesiones, es una pedrada.

ARTÍCULOS RELACIONADOS (después):

---Mediodía en TV: Manzana de dos sabores:
http://laislaylaespina.blogspot.com/2007/09/medioda-en-tv-una-manzana-de-dos.html

---Mediodía en TV: Otra vuelta de tuerca
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/04/medioda-en-tv-otra-vuelta-de-tuerca.html

---Mediodía en TV: La polémica completa:
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/05/medioda-en-tv-la-polmica-completa.html

--Mediodía en TV revisitado (octubre 2008)
http://laislaylaespina.blogspot.com/2008/10/tv-cubana-iii-medioda-en-tv-revisitado.html