sábado, 8 de marzo de 2008

LA TEMIBLE PREGUNTA DE ANTÓN ARRUFAT*

(El autor del blog junto al prestigioso autor de Los siete contra Tebas)


Reinaldo Cedeño Pineda

Soy un fanático de los títulos. Tanto, que me empeñé en mi tesis de maestría en buscar un método para hacerlos mejor. Sé que es un trabajo arduo; pero no cejo: en el interín ando posando los ojos y la mente en cuanto título me sale al camino. Ya me resulta algo familiar, instintivo.

¿Qué harás después de mí?, es de esos que inmediatamente te da un latigazo, un alumbramiento súbito… pero antes de abrir sus páginas, a fuer de sincero, debo decir que Antón Arrufat fue para mí, durante mucho tiempo, una larga sombra, un misterio.

Sus obras me llegaban sólo por referencias de terceros, incluso en mi etapa universitaria ¿Mala suerte?, ¿silencios?... Las librerías permanecían esquivas, hasta que un día un amigo puso ante mí Los siete contra Tebas, emergida al fin del cerco de los ígnaros o los malévolos, o de ambos.

El azar quiso que este santiaguero, en fechas recientes, pudiera asistir en La Habana, al estreno de la obra por Mefisto Teatro… cuarenta años después de escrita.

Me sobrecogí ante la certeza de una declaración escuchada en el teatro Mella: “Pudo ser este un homenaje póstumo”…

Aplaudí, más que una puesta todavía por debajo del original literario, la fidelidad de Antón Arrufat, allí presente, aquí presente.

Y es que no concibo acercarme a la obra de un autor sin haber bebido un trozo de su vida.

Así, cerrado el camino de los desencuentros, asumo este como un momento excepcional, donde vengo más a escuchar que a decir, aunque las reglas de las presentaciones me exijan algunos criterios.

¿Qué harás después de mí? (Editorial Letras Cubanas, 2007), es un libro rescatado de veinte años atrás, que no será nada en la metáfora gardeliana, pero la vida anda siempre enmendándole.

Es un muestrario de cuentos que se escriben en diferente época, ocho cuentos donde el autor desgrana personajes profundamente reflexivos, en ambientes cerrados por las costumbres y los límites geográficos; en un tono sereno, cáustico a las veces; menos experimental que obras posteriores, pero igual de auténtico.

Así, he tomado un pequeño cuchillo para rasgar la tapia y descubrir las grandes raíces de la ceiba levantando la casa…

He decidido tomar distancia de aquella mujer que me mira desde la ventana no vaya a ser que pretenda cambiar mi traje por su vestido azul…

He salido de la casa solariega, de las tejas, las goteras y el patio, del abrazo de la madre hasta un bungalow de Nueva Gerona, hasta el río Las Casas, para vivir el drama de la toronja y de la isla, de Eloísa escapando con Gerardo…

Hay muchos “Gerardos” y “Eloísas” en este mundo. Y sobre todo, muchas islas mentales.

Hay una vieja discusión entre lo real y lo imaginado: si acaso los límites de la imaginación se acaban en lo imaginado, o si lo palpable pone siempre cola a la fantasía… Sea de una forma o de otra, cada autor a manera de un Dios crea sus casas y sus moradores.

A partir de ahora, si alguien te pregunta ¿Qué harás después de mí?.... Ten mucho cuidado.

(Palabras de presentación al volumen ¿Qué harás después de mi? de Antón Arrufat en la Feria Internacional del Libro. Santiago de Cuba, 8 de febrero de 2008)

"La literatura en Cuba tiene una preponderancia insopechada" (Antón Arrufat)

Este 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, se presentaron en el santiaguero teatro Heredia, varios libros de Arrufat y de una de las analistas más notables de la cultura cubana, la doctora Graciela Pogolotti.

Entre ellos, el anteriormente citado y “Polémicas culturales de los 60” de la Pogolotti.

A ambos se les dedica la Feria, que concluirá este domingo precisamente en Santiago de Cuba, tras haber recorrido 42 sitios de toda la Isla.

El ensayista, poeta y dramaturgo -que nació en esta ciudad en 1935 y aún adolescente se traslada con su familia a la capital- intercambió con un nutrido público reunido:

“El acto de escribir es solitario. El escritor está solo, a veces, abruptamente solo… pero hablo de esa especie de soledad creadora. No estoy haciendo un elogio de la soledad al modo de los existencialistas, pero si estoy analizando esa soledad.

“Esa soledad se quiebra, se anula, con la participación del lector, con la cercanía física de lector; o sea, con la comprobación de que están comprando un libro de uno, que tal vez lo lean, y sobre todo con la relación que se establece de conversación.

“Hablo de esa conversación que hacen los lectores cuando no son escritores también. Es un comentario corto, pero que a uno le interesa mucho”.

El Premio Nacional de Literatura 2000, abundó sobre la comunicación con los lectores, con anécdotas, bromas y reflexiones:

“Cuando un lector le dice a uno: leí su libro… lo boté en la basura, lo cual es muy estimulante para un autor sin duda…. Por lo menos a mi me interesa que me digan algo malo de mis libros, que ya eso no me lo dicen, porque en fin, la fama pesa mucho en el juicio de los demás. Siempre es bueno, un grano de sal en los juicios sobre tu obra…”

El escritor narró una anécdota de una lectora que le abordó en la noche, cerca de la casa donde ha estado en estos, sus días santiagueros:

“Que alguien tenga la ilusión de acercarse en estos momentos a un escritor, momentos en que la literatura en el mundo declina; que alguien como esta muchacha que debe tener 15 ó 16 años corra a través de un reparto, detrás de uno para pedirle que le firme un libro…

“Eso solamente puede ocurrir en el siglo diecinueve, no en Cuba, en Europa donde la literatura tenía una preponderancia, y en estos momentos en Cuba, la literatura tiene una preponderancia completamente insospechada”.

Su humor, sus ademanes de caballero, y su autoridad literaria, llenaron una tarde memorable.
La versión cinematográfica de Los siete contra Tebas (bajo la dirección de Enrique Álvarez, cuya estética densa nunca me ha convencido) será uno de los acontecimientos en el cierre de la Feria, en Santiago de Cuba.